Una medida de productividad

¡Saludos, mi gente!  Supongo que me echaron de menos… (¡Ja!  ¡Las ganas de que así fuese!)

Han pasado muchas otras cosas desde la entrada anterior.  Que si el afán de borrar de un plumazo todas las salvaguardas ambientales existentes para dar paso a desarrollos que no son precisamente ejemplos de sostenibilidad (y vean el comentario a la entrada anterior para saber de qué se trata esta vez), que si los presuntos vínculos de algunos políticos con figuras presuntamente ligadas al trasiego de drogas, que si salieron unos niños y adolescentes de un residencial público de Ponce (sur de Puerto Rico) en un vídeo de YouTube escenificando la realidad de día en día en la batalla por los “puntos” de venta de drogas (con todo y sus consecuencias), que si el espíritu de Joseph McCarthy asomó su rostro para condenar el que el régimen venezolano trate de “financiar” la lucha por la independencia de Puerto Rico (y como siempre, “tirando la línea” pero escondiendo la mano… o la evidencia, si es que la misma existe), que si el alcalde de San Juan entorpeció una incursión policial en un cafetín rural porque dicha incursión fue encabezada por policías “corruptos” (por el mero hecho de haber sido escoltas de la ex-gobernadora Sila Calderón, del bando contrario) que querían “hacerle daño”…

Sin olvidar la crisis económica actual en el gobierno de Puerto Rico y cómo se está manejando la misma… bien o mal… o ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario…

Es más, creo que lo que me trae aquí hoy viene bastante a cuento de la situación económica actual, además de ser una de esas cosas livianas que les traigo de vez en cuando en este blog (como dice la línea bajo el título en el encabezado de la página) para que se me alegren la vida—especialmente ahora que las Navidades están a la vuelta de la esquina—y no les dé un infarto o algo así.  (Y gracias a Dios… o al Ser Supremo o Fuerza Suprema en la que cada quien crea… a mí no me ha sucedido nada de eso, pero me sigo cuidando, por si las moscas.)  Pero voy a dejar que sea la gente de Noticias Locas la que les explique de qué se trata esto:

Un sitio calcula cuánto dinero le cuesta a su empleador el tiempo que Ud. invierte en hacer caca.

Caca Laboral (Noticias Locas, 16 de noviembre de 2009)

¡EXACTAMENTE COMO LO ESTÁN LEYENDO!

Según el artículo en cuestión, se trata de un sitio web cuyo propósito es establecer cuánto le cuesta a las empresas el tiempo que sus empleados emplean… esteeeeee… en la ingente labor de eliminar los desechos corporales sólidos durante horas laborables (y no hace falta explicar lo que significan las últimas tres palabras).  El sitio web en cuestión cuenta con dos calculadoras: una para medir cuánto cuesta una… esteeeeeeeeee… una “sesión” en particular, y otra para cotizar estas… esteeeeeeeeee… estas “sesiones”, o sea, para calcular cuánto le cuestan las mismas a la empresa, en términos del sueldo del empleado.  Así, por ejemplo, un individuo que cobra US$10 la hora y hace lo que los estadounidenses llaman number two durante media hora cada día de su semana laboral (suponiendo que el individuo trabaja cinco días a la semana, a razón de ocho horas laborables por día), al cabo de un año le acaba costando a la empresa unos US$1300.

Cuando leí el artículo, una de las primeras cosas que me pregunté fue si los miembros del comité que redactó las recomendaciones que nos tienen en este momento donde estamos (el CAREF) tomó en consideración lo que le cuesta a una agencia de gobierno que sus empleados pasen un buen rato (digamos, su buena media hora) “en ésas” durante las siete y media u ocho horas de su trabajo.  Digo, hay que recordar que se está empleando un tiempo valioso para eso, un tiempo que bien se pudiera aprovechar para adelantar trabajos, o para emprender nuevas encomiendas, o simplemente para ser más productivos en nuestro lugar de trabajo.  Y si se toma en consideración el ejemplo en el párrafo anterior, aplicado a los aproximadamente 27000 despedidos del gobierno (incluidos los que se supone que se vayan en enero próximo, pero a los que el gobierno quiere sacar antes, a como dé lugar), estaríamos hablando de por lo menos US$35100000.  (Interesante, ¿no?)

Yo no sé cómo ustedes lo vean, pero creo que algo como esto debería abrir nuevas posibilidades para la solución de nuestra crisis económica y fiscal.  Y una de esas posibilidades es hacer este mismo ejercicio con los que dicen ser nuestros líderes en el poder ejecutivo y en la legislatura.  Es más, yo creo que se debe llevar a cabo un estudio en el que se determine cuánto le cuesta a esa sufrida entidad que conocemos como “el pueblo de Puerto Rico”—que en última instancia, es EL JEFE (así, en mayúsculas y con énfasis) de estos que se hacen llamar sus líderes—en tiempo y salarios (incluidos per diems y otras concesiones y privilegios) las veces que éstos hacen number two en horas laborables (por ejemplo, mientras la Cámara de Representantes o el Senado están en sesión) durante el año fiscal, y que esa cantidad de dinero se aplique contra el déficit presupuestario para salir de la crisis lo antes posible, y si acaso, atajar la posibilidad de que haya que despedir a los pobres empleados públicos, los que están—como siempre—en la rueda de abajo, los mismos que se creyeron el mito de la seguridad de empleo en el gobierno… ¡y miren ahora dónde están!

(Yo creo que esto podría complementar mi sugerencia del año pasado, de crear la nueva tradición de los caganers de Puerto Rico.  Digo, son más o menos dos variaciones sobre el mismo tema…  😉  )

No sé si algún economista se anime a hacer un estudio así, pero para lo que en realidad sirven nuestros políticos (de los tres partidos, PNP, PPD y PIP… OK, añadamos los del PPR para completar la mezcla—¡todos son la misma cosa!), tal vez sea la mejor contribución que éstos puedan hacerle al pueblo que los puso (¿inocentemente?) donde están.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Sí, porque escribir esta entrada me está dejando con ganas de… esteeeeeeeeee… de hacer mi aportación a la recuperación económica y fiscal de Puerto Rico.)  Cuídense mucho y pórtense bien.  Bye!


P.S. (20 de noviembre de 2009 @ 05:51 UTC -04:00)  OOOOOOOOOOPS!  En mi prisa por… eeeeeh… irme a hacer mi contribución a la recuperación económica y fiscal de Puerto Rico—aunque no desde mi lugar de trabajo, como he visto que hacen algunos de mis compañeros de trabajo (que hasta aprovechan para hacer uso allí de su teléfono celular, lo que evidentemente conflige con la más importante de las archifamosas seis reglas para el uso del celular en la oficina)—olvidé incluir el nombre y el URL de la página a la que Noticias Locas dirige a quienes estén interesados en hacer el ejercicio del que trata su artículo.  Así que en cumplimiento con mi deber patriótico—y si es así, ¡qué bien se siente ser patriota!—, aquí les dejo la información que se me olvidó: Work Poop (que nombre más sugestivo, ¿no?)


LDB

La hora de la amargura ha llegado

¡Hola, mi gente!  Aquí estoy de regreso, semana y pico después de batallar con una infección que me tenía loco… ¡pero no es lo que ustedes se imaginan!  Resulta que de manera extraña, algún tipo de malware que no voy a mencionar (o si quieren, piensen en un caballo más famoso que Camarero, Secretariat, el caballo blanco de Napoleón o hasta el emblemático caballo de ajedrez de Paladin—aunque igual de impredecible que este último) se coló en el disco duro de mi computadora, especialmente en el directorio donde reside el sistema operativo Windows Vista, y me dejó un saldo de 48456 archivos infectados.  Ello me ocasionó pasar varios días rompiéndome la cabeza (¡no se preocupen, no es para tanto!), tratando de encontrar la manera de atajar todas esas infecciones y eliminar de mi sistema al malware responsable de las mismas.  Y me alegra decirles que apenas lo pude lograr la madrugada del domingo 27… ¡a las 05:36 UTC-04:00, después de 17 horas y media de correrle un programa altamente recomendado para manejar el spyware y otras amenazas!  (Yo no quiero ver cuando llegue la cuenta de electricidad de mi casa… ¡pero no había otra manera!  Ya resolveré de alguna manera…)

Así que habiendo sacado del medio ese “problemita”, pasemos a lo que nos trae hasta aquí, shall we?  (Y si alguien quiere saber los detalles de lo que me pasó, para que no le pase lo mismo, por favor me escribe a mi dirección electrónica… o fíjese en las etiquetas de esta entrada.)

Enigüei, el 25 de septiembre de 2009—justo a la puerta de un fin de semana normal y caluroso (¡!)—se produjo el anuncio más esperado, pero no necesariamente por las razones correctas o deseadas: Apenas un minuto antes de las 14:00 UTC –04:00 de ese día, el gobierno de Puerto Rico anunció la emisión de 16970 cartas de despido de servidores públicos, como parte de la “estrategia” del gobierno de Puerto Rico para atajar su crisis fiscal.  Por si a alguien se le ha olvidado de qué se trata, le recuerdo seguidamente que hace algún tiempo en este blog me refería a…

Una "tormenta perfecta" en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico…  […]  Y lo que (el gobernador Luis G. Fortuño Bruset) describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, "¡hay que economizar… cueste lo que cueste!"). Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de "cuadrar" los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!
La hora del sacrificio (8 de marzo de 2009) (énfasis añadido intencionalmente)

¿O qué tal esto?

Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.
Mar en calma y (no tan próspero) viaje (23 de marzo de 2009 ) (énfasis añadido también con toda la intención)

Sin embargo, dice el gobierno que del total de esas cesantías, se proyecta reclutar nuevamente a unos 1000 empleados para ejercer funciones de cobradores de impuestos (Good luck on that!) o para hacer limpieza en las escuelas públicas.  Así que comoquiera 15970 servidores públicos puertorriqueños—principalmente padres y madres de familia que se tragaron el cuento de la “seguridad de empleo en el gobierno”—se tendrán que ir a la calle para el 6 de noviembre de este año.

Súmelos a los 10401 que se fueron (¿los ‘fueron’?) en la ronda de despidos y renuncias ‘voluntarias’ de junio pasado, y tendrá 26371 víctimas de una situación que nunca debió ocurrir.

Son 26371 seres humanos que tendrán que ver cómo se las arreglan para cumplir con sus responsabilidades económicas—la hipoteca de la casa, el préstamo del carro, y si sigo no acabo—a la vez que le llevan el sustento a sus familias.  Son 26371 potenciales candidatos a empleo que tendrán que andar para aquí y para allá cargando con un resumé y una carta de presentación, tocando a cuanta puerta puedan tocar, aunque sea para pedir empleo barriendo pisos por menos del nuevo salario mínimo federal, o vendiendo mercancía barata en alguna tienda de pueblo pequeño, u ofreciendo “papitas, onion rings o apple pie” en algún restaurante de comida ligera.  Después de todo, se supone que ahora—según el gobierno—la empresa privada es “la cura” de todos los males de la economía puertorriqueña, ¿no?  Sabe Dios cuántos de estos 26371 tendrán la iniciativa y el interés de organizar su propia empresa, de ofrecer algún servicio diferente e innovador, algo que nadie más puede ofrecer en Puerto Rico en estos momentos.  Tal vez muchos de ellos quieran regresar a la universidad a hacerse de otra carrera, aunque sea distinta a aquella para la cuya preparación pasaron tanto trabajo.

¿Cuántos de estos 26371 se cansarán de darse golpes contra la muralla que tienen ante sí y emigrarán?  ¿Volveremos a ver un éxodo como el de los tiempos de dos de mis tías (los 1950s), que emigraron con sus esposos a la Nueva Inglaterra, en busca de un futuro mejor para sus hijos?  (Aunque les aclaro que esta estrategia funcionó bien en el caso de mis tías, ya que ambas trabajaron duro y supieron criar bien a sus hijos, y éstos han levantado sus propias familias, con dignidad y respeto.  Y yo me siento orgulloso de que todos ellos sean parte de mis lazos familiares.)  ¿Y qué encontrarán los que lleguen hasta allí?  Si creen que la suerte les va a caer del cielo… quiera Dios que la decepción no sea tan fuerte.

¿Y qué ocurrirá con aquell@s que sin entrar por la puerta del infierno han aceptado fatalistamente aquella admonición de “abandonad toda esperanza”?  ¿Cuántos se sumirán en la desesperación, o recurrirán al vicio—llámese del alcohol, llámese de las drogas, llámese como se quiera llamar—para poder aliviar su dolor, para escapar de una realidad agobiante?  ¿Cuántas de estas 26371 personas recurrirán al delito para poder conseguir el dinero que les ayude a satisfacer sus necesidades?  Y más importante aún, ¿cómo se afectará el resto de la sociedad puertorriqueña por una acción de la trascendencia de esta que se acaba de tomar?

Lamento mucho decir esto, pero me sospecho que a los responsables de tomar las decisiones que nos han traído hasta aquí, no les importa su responsabilidad, consigo mismos como individuos y con la sociedad a la que dicen que quieren rescatar de la negligencia económica del pasado.  Y en cuanto a las consecuencias de sus acciones… ¡que el de atrás sea el que lo arregle, que para eso no es de los “agraciados”!


Si se preguntan, en mi lugar de trabajo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA), las fatídicas cartas de despido no vinieron a entregarse sino hasta el lunes 28.  Día en el que vi algo más o menos parecido a lo que vi y sentí unos meses atrás, cuando…

Después de las renuncias “involuntariamente voluntarias” de empleados públicos en Puerto Rico, ha llegado el momento para los despidos “voluntariamente involuntarios”….  (Y)a se ha iniciado el despido de varios de los empleados irregulares, transitorios y por contrato que fueron reclutados en años recientes.  (Y aun si alguno de ellos fue reclutado en violación a la ley que prohíbe reclutar personal en el gobierno pocos meses antes de las elecciones, debe quedar claro que no es su culpa.)  Y eso es algo que me tiene un tanto apenado, porque muchos de los que se nos van de esta manera son jóvenes de cuyo talento y dedicación he sido testigo…
Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella (31 de mayo de 2009)

Sin embargo, en esta ocasión no fueron únicamente los jóvenes que apenas estaban empezando a despuntar en su desempeño profesional.  Hoy vi llorar a personas a quienes he conocido de mucho tiempo en el DRNA, personas que siempre han mostrado dedicación a su trabajo, personas cuyo profesionalismo es y será siempre incuestionable… y que han sucumbido a la incapacidad de un sistema político que no tiene las salvaguardas adecuadas para evitar estas situaciones, y a la incompetencia de quienes tienen en sus manos evitar que dichas situaciones ocurran.  Hoy vuelvo a temer por lo que suceda con est@s compañer@s de trabajo, como cuando tuvimos que sufrir juntos el cierre gubernamental de mayo de 2006, un trago amargo cuyas lecciones parece que quienes debían aprenderlas no las han querido aprender (o no les conviene aprenderlas).  Y vuelvo a sentirme como que nada que yo pueda decir o hacer ayudará a aliviar esta crisis.

Debe ser que en este momento siento lo que los especialistas estadounidenses en conducta humana denominan como “la culpa del sobreviviente”, como si me pareciera injusto que gente prometedora como ésta tenga que sucumbir ante una crisis de la que no tienen culpa, y dejarnos en el camino a nosotros, los “veteranos” en estas lides, en momentos en los que más los necesitamos.  Pero bueno, así es la vida, y lo mejor que puedo hacer desde aquí es darles las gracias por el tiempo que estuvieron con nosotros, desearles a tod@s ell@s la mejor de las suertes, y recordarles que cuando nos necesiten… ¡pa’ eso estamos!
También de "Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella" (y nuevamente, el énfasis está puesto ahí con toda la intención, ¿OK?)

Y como a mi juicio, la historia tiene el mal hábito de repetirse, ésta no va a ser la excepción.


¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, pero sobre todo, no pierdan la esperanza, que es lo último que debe perderse, ¿OK?


ACTUALIZACIÓN (30 DE SEPTIEMBRE DE 2009, 05:23 UTC -04:00): Añado un par de cosas:

  1. Las cartas de despido en el DRNA no se repartieron el mismo viernes como se esperaba, sino que fue el lunes siguiente.  Los despidos en todo el DRNA ascendieron a 280.
  2. Y en la mañana de ayer (29 de septiembre) tuvimos en el DRNA un anticipo de lo que está por venir—y no precisamente lo mejor—cuando se recibió una llamada telefónica que anunciaba la supuesta colocación de un artefacto explosivo.  Afortunadamente, la búsqueda policial no encontró ninguno, pero de más está decir la molestia que eso nos ha ocasionado, sumado al desasosiego que ya impera en la agencia con los 280 despidos.  Y yo me pregunto: ¿ES ESTO REALMENTE NECESARIO?  ¿Será ésta la constante durante los próximos días… o meses… o durante los años que (se supone) esté en vigencia la ley que nos trajo a esta situación?

Como decían antes en los noticiarios de radio (o “los informativos”, como últimamente alguna gente insiste en llamarlos)… "Seguiremos informando."


LDB

La hora del sacrificio

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo estamos?

Pues a juzgar por lo que el gobernador de Puerto Rico, Hon. Luis G. Fortuño Bruset, dijo el martes 3 de marzo de 2009 en un mensaje a todo el país, en Puerto Rico estamos muy mal.  Muy, pero que muy mal.  Una “tormenta perfecta” en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico… whatever was the meaning of the phrase I’ve just uttered! En lo que al gobierno se refiere, no hay más que ver la admisión que el propio primer ejecutivo hace al comienzo de su mensaje:

En estos 60 días, hemos descubierto que el déficit fiscal que encontramos es CUATRO VECES mayor que el que nos dijeron… de hecho, el déficit es de más de $3,200 millones de dólares… proporcionalmente el más alto en toda la Nación.

¿Verdad que suena aterrador?  Y lo que él describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, “¡hay que economizar… cueste lo que cueste!”).  Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de “cuadrar” los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!

Y tan tremendo es el lío, que el riesgo que corre Puerto Rico es que las casas de corretaje estadounidense que evalúan el crédito de nuestro país decidan que no se nos dé más crédito.  Y entonces, ¿qué sucederá con la realización de las obras públicas que hacen falta en estos momentos, así como la atención a la salud de la gente (especialmente aquélla que no se puede dar el lujo que se dan algunos(as) de atenderse en una sala de emergencias… ¡hasta para un uñero!) y la atención que tan urgentemente necesitan nuestros complejos problemas sociales?

Más que aterrador, suena deprimente, ¿no?  Y ésa es la parte del “cómo fue que nos metimos en este lío”.  Así que lo próximo que debe venir es el “cómo salimos de ahí”, ¿no?

Aquí es donde entra la medicina amarga de la que hablábamos no hace mucho.  Aparte de algunas medidas de ayuda que dependerán de lo que le toca a Puerto Rico del stimulus package firmado el otro día por el presidente Obama (y como ustedes entenderán, no me voy a detener en esto por lo que resta de esta entrada), el gobernador habló de que se había recortado la cantidad de contratos con asesores (muchos de los cuales también tenían asignado un vehículo oficial con chofer), abogados externos, agencias de publicidad, etc.; se había recortado la cantidad de puestos “de confianza” y disminuido los sueldos “demasiado altos” de los que se quedan en esa categoría (para mí que eso último es tomar al perro por las patas traseras para descubrir… esteeeeeeeeee… ustedes saben a qué me refiero); se habrían eliminado los teléfonos celulares oficiales, las tarjetas de crédito oficiales (que se prestan muchísimo al abuso, como el de un alcalde que utilizó una para jugar en un casino en el extranjero) y los vehículos oficiales (me imagino que se refiere a los de aquellos funcionarios públicos para los cuales ese privilegio no se justifica); y hasta se disminuyó el sueldo del gobernador (en un 10%) y de los jefes de las agencias (en un 5%).

Digo, no es que nada de eso esté mal.  Además, ¿no es eso en lo que yo he estado insistiendo por mucho tiempo?  Todo sea por “dar el ejemplo”.

Pero (¿por qué siempre tiene que haber un “pero”?) donde la puerca entorcha el rabo es en el papel que desempeñamos “los demás” actores en esta tragicomedia.  Los mismos que “no tienen la culpa” de esta crisis (¡no! ¿quién dijo?).

En Puerto Rico tenemos 300,000 empleados públicos, proporcionalmente muchísimos más que ningún estado de la Unión.  Peor aún, la nómina gubernamental se disparó de $3,748 millones de dólares en el 2001 a $5,528 millones de dólares en el 2009. . . .

(Aproveche ahora y tenga a la mano una caja de pañuelos faciales de su marca favorita, porque aquí viene la parte emotiva…)

Pero el empleado público no tiene la culpa de los desmadres administrativos de los que estaban a cargo. Considero que los empleados públicos son servidores leales y responsables, padres y madres de familia que se ganan el pan de cada día con esfuerzo y dedicación. Ustedes no tienen la culpa de que los que estaban a cargo del gobierno fueran incapaces de desarrollar nuestra economía creando más oportunidades de empleo en el sector privado.

(Conmovedor, ¿no?  Por cierto, el énfasis es mío, y lo hice con toda intención.  En cuanto a los violines… no me pregunten de dónde salieron, que yo no me di cuenta.)

Aparte de que se congelarían los aumentos en los sueldos, beneficios marginales y otro tipo de compensación de los empleados públicos por los próximos dos años fiscales (2009–2010 y 2010–2011), los artífices de las medidas económicas presentadas por el gobernador (el CAREF, al que me referí anteriormente) tienen la noción de que eso “no es suficiente” para salir de la crisis.  Por lo que las “soluciones” que se proponen no son exactamente las más fáciles de asimilar.  Primero, se  ofrecería una opción de retiro voluntario, que permitiría al empleado público que la ejerza obtener un incentivo y alternativas de readiestramiento y capacitación, o de reempleo en el sector privado o en organizaciones sin fines de lucro.  (OK, a mí me parece bien, con la cantidad de gente en el gobierno que deberían irse retirando YA.  Y eso, que cada día veo en mi lugar de trabajo gente que sólo piensa en retirarse lo antes posible, ante el ambiente enrarecido en el que pasan sus días supuestamente productivos, pero ya ése es otro tema.)  Y a los empleados que hayan cumplido 20 años en el gobierno, se les permitirá acogerse voluntariamente a la reducción permanente de su jornada laboral, a razón de un día laborable por quincena.

¿Vamos bien hasta ahí?  Lo malo es que aun si hubiese una gran cantidad de “voluntarios” que se acojan a esas alternativas, ello no será suficiente para aliviar la crisis (otra vez el mantra de los genios que desarrollaron el plan).  Y ahí es donde entra en escena la versión gubernamental del “Plan B” (y por favor, saque de nuevo su caja de pañuelos faciales):

De no haber alcanzado nuestra meta de ahorros con esta fase voluntaria, comenzaremos una transición ordenada de empleados de su actual empleo en el gobierno.  No te puedo anticipar la cantidad exacta de los empleados que se verán afectados porque el número dependerá de los ahorros en gastos operacionales, la congelación de salarios y demás beneficios, y del número de empleados que se acojan a los programas voluntarios.  Pero te soy franco, la cantidad puede ser significativa y me temo que pueden exceder los 30,000 empleados.

(Nuevamente, el énfasis es mío y con toda intención.)

¿No será eso darle la razón al que fue secretario de gobernación en la administración anterior, Jorge Silva Puras, cuando dijo que en el mundo de hoy, no hay seguridad de empleo para nadie (ni siquiera en el gobierno)?  Aun si se siguiera un proceso “ordenado” como el que el señor Fortuño implica en la cita anterior, el que se iniciaría con el despido de los empleados de menor antigüedad (ustedes saben, los últimos en llegar y los primeros en irse) y al que se extenderían las mismas opciones de readiestramiento, capacitación y reempleo que se están proponiendo para la fase “voluntaria” inicial, a mí me parece que se está tratando de una manera demasiado drástica un problema de gigantismo gubernamental que NUNCA debió haberse permitido que ocurriera.  Además, ¿no fue para evitar esto que se impuso el IVU?

A mi entender, hay mejores maneras de atender esa situación, que no conlleven el despido masivo de empleados públicos.  Por ejemplo, algo en lo que yo siempre insisto es que las agencias públicas deben asegurar que su capital humano sea ubicado en las áreas de trabajo en las que sus destrezas, conocimientos y capacidades puedan ser más útiles, y que a la vez hagan que dichas áreas de trabajo operen más eficientemente.  Y eso es algo que no vemos a diario en muchas agencias públicas… ¡incluida aquélla para la que yo trabajo!  (Y todavía me pregunto qué le cuesta a una agencia de gobierno en Puerto Rico hacer algo así de sencillo.)

Total, a grandes rasgos, esto es lo que trae el llamado “plan de recuperación económica y fiscal” del que habló el señor Fortuño el martes pasado.  Y me parece que entre sus consecuencias estará revolver el avispero social, como ya lo están demostrando muchas de las uniones obreras del país (especialmente las que representan a los servidores públicos), que están alzando desde ya su voz de protesta.  ¿Y qué puede ganar una administración gubernamental—como dije, la que sea—con provocar ese hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero bueno, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien… ¡y que Dios nos encuentre confesados!

(Por cierto, ¿le importaría prestarme su cajita de pañuelos faciales?  Me temo que la voy a necesitar pronto…)

LDB

Historia de Dos Lideres: Los Primeros Dias

¡Saludos, mi gente!

Y llegó el mes de febrero, como suele suceder después de que termina el mes de enero—digo, a menos que a la nueva legislatura de Puerto Rico le dé con legislar para que de ahora en adelante el año conste únicamente de los meses de diciembre y enero, para así tener unas Navidades que duren todo el año y seguir con la francachela y la bebelata y todo lo demás.  La verdad es que el mes que nos acaba de dejar ha traído cosas interesantes, como el advenimiento de nuevas administraciones en Puerto Rico y los Estados Unidos.  Administraciones que, a mi modo de ver, se han caracterizado más por las diferencias en estilo que por los logros que cada una ha podido realizar hasta el momento.

Así, por ejemplo, vemos cómo el nuevo presidente de los EE.UU., Barack H. Obama, se ha dado a la tarea de tratar de deshacer tanto como sea posible los entuertos en los que su antecesor, George W. Bush, sumió a esa nación durante los ocho años que la Constitución estadounidense le permitió estar en el poder.  Y ciertamente me deja sorprendido ver cómo el nuevo presidente ha “sacado pecho” en los primeros 11 días de su mandato: firmando directrices como la que ordena una congelación de los beneficios económicos de los alcahuetes y soplapotes ejecutivos, o como aquélla que busca reivindicar a la mujer en la paga igual por la labor que realiza, con relación a su contraparte masculino; ordenando el cierre del campamento penal en la Bahía de Guantánamo (Cuba), donde se encuentran todavía centenares de los detenidos como “sospechosos” de actos terroristas, esperando por la justicia que decida hacer en su día un gobierno que “no tortura a sus prisioneros” (¡no, si el waterboarding no hace ná’!); buscando tender de nuevo los puentes de fraternidad mundial que durante esos mismos ocho años han estado rotos, sobre todo con aquellos países que—con o sin culpa—han estado marcados por las acciones de individuos que creen tener la sartén religiosa agarrada por el mango… ¡y el mango también!

Y ciertamente, es una tarea bastante pesada la que el nuevo mandatario estadounidense ha tenido que emprender, en tanto haya que tratar de deshacer todo el daño causado por la administración de su antecesor.  Una administración que queriendo responder a un fuerte agravio—o sea, a la agresión infame de la que los EE.UU. fueron objeto el 11 de septiembre de 2001—ejerció la dudosa opción de disponer de quien en otro contexto (la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980) fuese un aliado (Saddam Hussein), con la excusa de que en su país (Irak) se guardaban armas de destrucción masiva y se apoyaba el terrorismo islámico.  Al mismo tiempo, en el proceso se vieron gravemente afectadas la confianza de todo un pueblo en sus figuras de autoridad y sus instituciones, así como su don más preciado: la libertad.  ¿Y todo para qué?  ¿Para que alguien sacara una ganancia de esa tragedia?  (Y no hay que ir muy lejos para entender a qué me refiero…)

Mientras tanto, en Puerto Rico ya llevamos aproximadamente un mes con el nuevo gobernador, Luis G. Fortuño Bruset, otrora director de turismo de Puerto Rico y quien hasta el año pasado fuera el Resident Commisioner, o sea, el representante-sin-voto que Puerto Rico envía al Congreso estadounidense en cada elección federal.  Si bien su elección es lo que yo considero un ejemplo de supervivencia política, si tenemos en cuenta que ha podido salir a flote de algunos malos ratos provocados por elementos dentro de su propio partido (como el caso de la palabrota con la que alguien “adornó” una foto suya a finales del año 2005), a veces parece como si todavía estuviera tratando de ver qué hace ahora que está al mando del país.  Ya a los 30 días de iniciado su mandato, su capacidad de liderato (o falta de la misma) se está poniendo bajo la lupa, con varios ejemplos.  Nombramientos de funcionarios que han sido objeto de dudas en el pasado como el “nuevo” Secretario de Educación, Carlos Chardón (quien ocupó el mismo puesto hace unos 30 años) o el de Salud, Dr. Jaime Rivera Dueño—y ciertamente las cosas en Puerto Rico han cambiado bastante desde la incumbencia original de ambos funcionarios; o nombramientos sobre los cuales la duda es menos reciente, como el que fuese designado originalmente para el Departamento de la Familia, que tuvo que renunciar a su aspiración luego de que se divulgaran presuntos conflictos de interés, entre los cuales está el haber intervenido como abogado en el juicio contra un acusado por violar sexualmente a una menor de edad… y eso, que todo ese asunto ha sido despachado por el propio gobierno como “un error inocente” (¿así los llaman ahora?).

(Por cierto, el acusado en el caso al que me acabo de referir fue encontrado culpable apenas anteayer—30 de enero de 2009—del delito por el cual fue acusado.  Me imagino que esto sería “otro moretón en el ojo”—los estadounidenses lo dicen expresivamente como another black eye—para el ahora ex-funcionario designado.)

Y ni hablar de la aparente actitud de “siéntate a esperar” en cuanto a las recomendaciones del grupo al que él encomendó estudiar posibles soluciones a la crisis económica de Puerto Rico (el CAREF, al que me referí un par de entradas atrás), las que él insiste en que “son sólo recomendaciones”…  Por supuesto, si sólo son recomendaciones, bien que podría ponerlas en vigor o bien que no.  Pero de que ya hay inquietud en ciertos sectores de nuestra sociedad, la hay.  Los líderes sindicales no están de acuerdo con que se demore la implantación de las cláusulas económicas de sus convenios colectivos hasta el año fiscal 2011–2012.  Las compañías de telefonía celular que operan en Puerto Rico no están de acuerdo con que se imponga a sus usuarios (incluido quien les escribe) un arbitrio de US$0.01 por minuto de transmisión de voz (aunque no de datos o de fax)…  Pero por otro lado, hay alcaldes, presidentes de corporaciones… y algunos vicepresidentes también (como decía aquel viejo anuncio comercial del ron Bacardí Añejo)… que se aumentan el sueldo o se retiran con una bonificación jugosa, porque diz que nunca se tomaron vacaciones ni días por enfermedad.

Así, más o menos, es como van las cosas en estos primeros días de ambos gobernantes.  Uno, decidido y arrojado, dispuesto a emprender desde ya una tarea que sabe que es difícil, pero que alguien tiene que hacer.  El otro… esteeeeeeeeee… habrá que esperar a ver qué sucede con él.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

P.S. Para que se entretengan un poco, les quiero dejar esta vez con algo que encontré ayer a través del portal del periódico Primera Hora.  Se trata de un cortometraje de apenas siete minutos, protagonizado por Emanuel “Sunshine” Logroño—definitivamente uno de los mejores comediantes de Puerto Rico al día de hoy.  El corto que ven abajo es un ejemplo del humor negro al que Logroño nos tiene acostumbrados, en el que se retratan aspectos particulares de la sociedad puertorriqueña contemporánea.  Así que sin más preámbulo… siéntense… relájense… y disfruten (¿?) de…

Natural “Boricua” Killer (ADVERTENCIA: CONTIENE LENGUAJE FUERTE)

LDB