Te puede pasar a ti también

Ya casi han pasado 2 semanas desde que ocurrió lo impensable, que alguien tuviera el atrevimiento de ensañarse contra el orden y la ley en Puerto Rico.  Dos semanas desde que una representante del Ministerio Público se convirtiera en víctima de un acto criminal.  Y para colmo, casi a la puerta de su casa, donde la esperaba su familia, donde podía sentirse protegida del desquicio del mundo exterior, donde ella se podía sentir en paz consigo misma y con la vida.

Mientras escribo esto, vamos para 2 semanas desde el asesinato a balazos de la fiscal Francelis Ortiz Pagán, justo cuando llegaba a su casa de practicar su oficio.  Un oficio en el que ella estaba despuntando, como acusadora contra elementos criminales de alto riesgo para una sociedad puertorriqueña que se precia de ser civilizada.  Un oficio arriesgado, de esos que hacen que quien lo practique tenga que ser cautelos@.  Pero que alguien tiene que hacer por el bien de este país.

Y aun así, ocurrió lo impensable comoquiera.

De inmediato, la conmoción y la especulación fueron la orden del día.  Que si fue algún delincuente que dio la orden para que la mataran, así como lo hubiese dispuesto en su tiempo Pablo Escobar en Colombia.  O como le alcancé a escuchar decir a un chismoso en mi lugar de trabajo (¡y tod@s tenemos uno de ésos bocabajo en nuestros lugares de trabajo!), que en el lucimiento de su ignorancia dijo que había sido el esposo de ella—quien resulta ser otro abogado altamente reconocido en Puerto Rico—que la había mandado a matar.  Y eso, ¿para qué?  ¿Para dejar huérfana intencionalmente a una niña de poca edad—que como quiera tendrá que llevar la dolorosa carga de haber perdido a su madre de una manera tan cruel?  La verdad es que para insinuar una cosa como ésa hay que ser…

Total, que al final resultó que se trató de un intento de robo violento del vehículo de la infortunada y que resultó en violencia, al no poderse lograr el objetivo de despojarla de su vehículo.  Y todo, porque a uno de los sospechosos se le antojó el vehículo en el que ella iba.  Ni que fuera un trofeo de caza, aunque de todos modos, como lo confesaba el mismo sospechoso hace unos días, de eso se trataba, de salir de noche en busca de autos que robar, sin importar a quién se los quitaban.

Y eso lo hace muy espantoso.  Porque pone de manifiesto lo grave que es el problema de criminalidad en Puerto Rico.  Un problema con el que gobierno que viene y gobierno que va han estado lidiando sin resultados que valgan la pena.  O del que tal vez se beneficia tácitamente, como aquella hipótesis que mencioné en una ocasión anterior.

Pero lo más espantoso es que pone de relieve esa frase que nos viene desde tiempo inmemorial: puede ocurrirle a cualquiera.  No importa si eres rico o pobre.  Hombre o mujer.  Obrero o profesional.  Persona sola que tal vez no tenga alguien que la apoye, o aquélla que tiene un hogar y una familia que la espera.

De hecho, aunque a mí personalmente no me ha sucedido algo tan fuerte como lo de la fiscal asesinada (excepto por 2 ocasiones en las que me han robado vehículos que he tenido), en mi entorno personal ha sucedido.  Yo conozco de por lo menos alguien muy allegado a mí que tuvo que pasar por la horrible experiencia de ser secuestrad_ (y escribo esa palabra así intencionalmente, espero que entiendan el por qué) durante un robo violento de su vehículo, que afortunadamente sobrevivió y por el que actualmente hay una persona convicta y encarcelada.  Y déjenme decirles, no es fácil lidiar con una experiencia como ésa, y algunas personas que la han vivido no salen muy bien de la misma.  Pero esa persona muy allegada a mí sobrevivió y está haciendo su vida, tan en paz como le sea posible.

Porque vivir en paz en el Puerto Rico de hoy en día se está volviendo imposible.  Y más cuando se tiene que salir a la calle sin saber si se regresará a la casa san@ y salv@, expuest@ a verse—sin querer—en medio de un tiroteo entre carros, o en el lugar de trabajo o en algún lugar público supuestamente seguro—como en el caso de la joven que recién había dado a luz en un hospital de Mayagüez, sólo para morir acuchillada por un adicto que se puso una bata de médico para engañar a medio mundo y buscarse “la cura”.

Así es como nos tienen a los que estamos en la rueda de abajo.

Mientras tanto, la partidocracia portoricensis se entretiene tratando de perpetuarse y de poner obstáculos a quienes no la favorecen, las arcas del país se siguen vaciando en una caída libre hacia el abismo y se sigue tratando de perpetuar una situación política a la que se le ha visto la costura.  ¡Y a Dios que reparta suerte!

En lugar del cierre habitual de la entrada, lo que me resta por hoy es desearle un buen viaje a la fiscal Ortiz, en la esperanza de que lo poco que hubiese podido lograr a lo largo de su carrera haya sido de beneficio para una sociedad agobiada como la nuestra, y que dondequiera que ella esté, tenga la satisfacción de que habrá justicia.  Costará mucho trabajo, sudor y sacrificio, pero no dudo en que se logrará.

¡Que así sea!

LDB

El confinado cuatrocientos sesenta y seis del sesenta y cuatro

English: Young Nelson Mandela. This photo date...
English: Young Nelson Mandela. This photo dates from 1937. South Africa protect the copyright of photographs for 50 years from their first publication. See . Since this image would have been PD in South Africa in 1996, when the URAA took effect, this image is PD in the U.S. Image source: http://www.anc.org.za/people/mandela/index.html (Photo credit: Wikipedia)

Ocurrió justo en la víspera de mi cumpleaños 55, casi dos semanas después de que el mundo recordara los 50 años del asesinato del presidente Kennedy.

Esa tarde, cuando ya la noticia más o menos seria estaba por dar paso a otro tipo de noticia menos seria (o para quienes no capten la ironía puertorriqueña implicada: cuando los principales noticiarios de la televisión estaban por terminar su edición vespertina para dar paso a la basura chismográfica que domina el atardecer televisivo del boricua promedio, desde los tiempos de la conocida muñeca… ¿he mencionado nombre yooooo?), una noticia lamentable había comenzado a circular: Nelson Rolihlahla Mandela, el hombre al que yo llamé en otra ocasión en este blog, “un alma noble” (aunque hubiera preferido no utilizarlo en una comparación con alguien que no debe atreverse ni a llegarle a los tobillos), había alcanzado su meta, había culminado su largo camino hacia la libertad a los 95 años de edad.

Ciertamente, los hechos de la vida de Mandela me dan más que suficiente razón para haberlo descrito así en este blog.  Luchador incansable por los derechos de la población nativa del África del Sur (nombre que prefiero personalmente por encima del de “Sudáfrica”), que una minoría blanca pretendió pisotear a través del abusivo ordenamiento público conocido como “apartheid”.  Lucha que lo llevó de ser un abogado de derechos civiles a ser un líder que abogaba, como Gandhi, por la resistencia no violenta, para incluso abogar por la lucha armada como medio para conseguir sus objetivos, y de ahí a ser un confinado marcado con el número cuatrocientos sesenta y seis del (mil novecientos) sesenta y cuatro.  Número que le acompañaría por unos 27 años, 18 de ellos en una notoria cárcel de ésas que podrían pasar por “la isla de los condenados” en cualquier melodrama televisivo de los de la “vieja escuela” (¿Palmerola o Mario Pabón, anyone?), de ésas que no buscan rehabilitar al delincuente, sino minarle su voluntad y derrotar su espíritu.  Para entonces vivir para ver su libertad y convertirse en una figura que unió a su propio pueblo, negros y blancos, nativos y extranjeros (y sus descendientes)—y ganarse el cariño y el respeto de la mayor parte del mundo en el proceso.  Incluso el reconocimiento de la Academia Sueca al otorgarle el Premio Nobel de la PAZ (así, con mayúsculas), reconocimiento que pudo mantener con dignidad y honra, a diferencia de uno que otro de quienes recibieron ese reconocimiento después que él.

Así que más o menos, el desborde de cariño, respeto y admiración fue lo que se vio durante los 10 días de luto oficial que vivieron los africanos del sur, ante la mirada del resto del mundo—salvo por un par de notas discordantes como la del “selfie” del presidente Obama con los primeros ministros británico (David Cameron) y danesa (Helle Thorning Schmidt) (ante la cara de seriedad de la primera dama estadounidense, porque se trata de un acto fúnebre, ¡‘dito sea Dios!; apuesto a que su esposo dormiría esa noche en “la cocina” del “Air Force 1”) y la del presunto “intérprete de lenguaje de señas” que parecía estar jugando a las “charadas” (además de que Dios sabrá la de cosas impublicables que habrá expresado ese individuo—digo, yo no conozco ni papa del lenguaje estadounidense de señas, ASL, ni mucho menos otro lenguaje similar para saber lo que él expresó en realidad), luego de ver “ángeles” u otros “entes sobrenaturales” entrando al estadio donde se hizo la ceremonia.

Pero más allá de eso, lo importante es que ahora queda un legado, tanto para los africanos del sur como para el resto del mundo.  Un legado de firmeza en las convicciones, de buscar aquello que debe unir—más bien, une—a los seres humanos, sin esa distinción artificial resultante de cómo vemos el color de la piel del otro, o de dónde procede, o cómo es su cultura o su ideario político, o si es hombre o mujer, o si habiendo nacido hombre o mujer tiene otras inclinaciones (siempre que las mismas no sean hacia cosas verdaderamente abominables—y ésa es una raya que hay que tirar de todos modos), o si cree en Dios o en una Fuerza Suprema, o incluso si no cree.

Un legado que siempre se verá bajo amenaza de quienes no ven la vida con ese mismo espíritu.  De quienes pretenden mantener vivas las cosas que dividen a los seres humanos.  De quienes pretenden explotar los miedos de l@s incaut@s hacia “el otro”—se llame “mujer”, “negro”, “latino” o “hispano”, “chino” u otro tipo de asiático (total, hay quien no distingue unos de otros), “homosexual” o “lesbiana” o “bisexual” o “transexual” o “transgénero” (y también hay quien pinta a todos éstos con el mismo brochazo)… se llame como se llame—para adelantar sus propias agendas en lo político, en lo religioso, en lo social.  Bajo amenaza de quienes no creen en la justicia social.

Pero aún así, es un legado del que podemos tod@s aprender algo, si nos lo proponemos.  Y que podemos aplicar en nuestras vidas, si queremos.  Y que podemos seguir propagando y extendiendo, si aceptamos esa misión que. después de todo, será para el bien de quienes sigan nuestros pasos ahora, y de quienes seguirán sus pasos después.

Y es un legado de justicia, de persistencia, y sobre todo, de unión.  UNIÓN para enfrentar las dificultades que encontramos a lo largo del camino.  UNIÓN para prevalecer, más allá de las pequeñas diferencias, en busca del bienestar de todos.  UNIÓN para lograr una vida mejor, un futuro mejor.

De mi parte, yo estoy seguro que mientras escribo estas líneas, el espíritu de Nelson Mandela estará sonriendo sobre este mundo, y sobre el África del Sur que tanto amó y por cuya libertad del racismo institucionalizado luchó tanto.  Total, muy a pesar de los pesares, y de haber estado 27 años de confinado, con el número cuatrocientos sesenta y seis del (mil novecientos) sesenta y cuatro, en muchas de las imágenes de su vida se le veía con una sonrisa.

Y yo me atrevo a pensar que la sonrisa que él luce ahora será de satisfacción, por haber cumplido su misión en la vida.  Porque al final de su largo camino, él alcanzó la libertad.

¡Hasta siempre, “Madiba”!

P.S. Les dejo aquí los enlaces a su biografía, vía Wikipedia (en español y en inglés) y a la Fundación Nelson Mandela, por si están interesad@s.

LDB

Superman deja a Luisa Lane por la Mujer Maravilla – El Nuevo Día

Who Is Wonder Woman?
Who Is Wonder Woman? (Photo credit: Wikipedia)

Mientras tanto, en otras noticias…

Superman deja a Luisa Lane por la Mujer Maravilla – El Nuevo Día.

Cualquiera diría que nuestros amigos en el periódico más importante de Puerto Rico están tan cansados de informarnos sobre las payasadas diarias de nuestros políticos, al punto de que ahora tenemos que enterarnos de los bochinches de los superhéroes.

Yo lo lamento mucho, pero…  Esto es un trabajo para… la conocida muñeca chismosa… ¿he mencionado nombre yooooooooo?

Pero bueno, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y aunque no me gusta el chisme… ¡yo apruebo esta entrada!

P.S. (en caso de que Luisa Lane esté leyendo esto): “Baby“, yo estoy disponible 24/7.  Olvídate de Superman y dame un “call“, que yo te resuelvo…  😉

¡Qué vacilón!

New Orleans Mardi Gras parade on Canal Street,...
Mardi Gras, New Orleans ca. 1890.

Y si se trata de continuar escribiendo para sobrevivir, para no caer en la trampa del estupor, pues, aquí vamos de nuevo, amigas y amigos, mi gente.

Y si como decía en mi entrada anterior, lo que está mal está mal y así hay que decirlo, hay muchas cosas que en los primeros días del 2012—OK, ya sé que vienen desde mucho antes, pero bueno…—ha estado y están y estarán mal.  Como eso de “arrimarse” para utilizar servicios de agua y electricidad sin pagar por los mismos, en una residencia construida sin los debidos permisos gubernamentales (cosa que parece ser común entre quienes tienen—y hasta algunos que han tenido—el privilegio que da el poder, y que se creen que lo pueden hacer, pues, porque pueden hacerlo).  O eso de que quienes tienen la responsabilidad de llamar a capítulo a quienes se apartan de las sanas normas de convivencia, las mismas que nos requieren a los demás cumplir con nuestra responsabilidad de pagar el costo—cada vez más descaradamente alto—de dichos servicios, se cieguen ante la realidad y opten por no ver falta alguna en esa clase de conducta, y hasta la justifican para sí mismos, porque pueden hacerlo.

Pero eso sí: cuídate de ser cualquier “pelagatos” de por ahí, porque con la misma boca de comer te dicen que cumplas con tu responsabilidad, que no hagas lo que hacen (que no van a querer admitir que lo hacen), o si no… ¡la claje ‘e castigo que te espera!

Y también está mal que cada esquina de Puerto Rico se convierta en territorio de pandillas, como se pretende hacer con muchas de las instituciones que a quien únicamente se deben es al pueblo, a la gente, sin distinción de clase, religión, creencias, etc.  Que le guste a quien le guste, es lo que se está viendo actualmente en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, desde que se empezó a tomar el mismo como un botín de guerra de los políticos.  De ambos bandos, que total, da lo mismo unos que otros—aún cuando los magistrados identificados ideológicamente con una derecha conservadora que imita de forma pésima a su contraparte estadounidense (y no hay que abundar mucho en ello para saber a qué partido me refiero), son más burdos y evidentes en eso.  Y también está mal que esos mismos jueces, porque entienden que lo pueden hacer, se busquen cuanta artimaña hay para no tener que responder a la hora de rendir cuentas de sus actos.

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero a mí me parece que para esta clase de gente, la función de regir los destinos de un país no es algo que se tome muy en serio que digamos.  Es como si fuera cualquier otra cosa—que bien podría llamarse “vacilón”, “chiste”, “relajo”, o como lo llamó en una ocasión el líder “vitalicio” del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), “una bachata”.  (Y aquí tengo que pedir que me disculpen mis lectores y lectoras en la República Dominicana, si se ven ofendidos con esa usanza del nombre de esa música tan rítmica y pegajosa, que también gusta mucho aquí en Puerto Rico.)  Es como algo de lo que se pueden burlar, sin miedo alguno a que los sorprendan en pifia y entonces venga “el lloro y el crujir de dientes”.

Eso sí, no tod@s en Puerto Rico se pueden dar el lujo de que l@s sorprendan en una situación indiscreta y salir sin un rasguño, con suerte, o como dice la expresión idiomática estadounidense, “to come up smelling like roses” (frase que utilicé en una entrada anterior).  De eso puede dar fe Gricel Mamery (en Twitter: @GMamery), la anfitriona radial y televisiva que se vio en medio de una controversia cuando la fotografiaron hace unas semanas en las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan), edición del 2012, mientras un supuesto “amigo” de ella—uno de esos pseudoperiodistas latinoamericanos del ramo de “espectáculos y estilos de vida”—le levantaba la blusa (presumo que sin el consentimiento de ella) para que el mundo viera… esteeeeeeeeee… la belleza que ella llevaba por dentro.  Gracias a Dios que ella llevaba puesto su ajustador (o en buen español boricua, el brassiere), porque de lo contrario… la gente se hubiera creído que estaba en New Orleans en pleno Mardi Gras.  (A aquéllos de ustedes que han estado allí: por favor, no se hagan los inocentes, que ustedes saben a qué me refiero.)  Como consecuencia, ella perdió su empleo en un programa nocturno de variedades en la televisora gubernamental.  Y todo, por no tomarse en serio su responsabilidad como figura pública en una sociedad que (aunque no lo parezca) no ha dejado de ser conservadora.  Y todo, por haberse ido de vacilón, sin prever el problema en el que se iba a meter.

Y a ella, ¿quién la iba a defender?  (Por favor, no me contesten ésa.)  Nadie “tiró la toalla” por ella, como lo haría el buen entrenador boxístico cuando ve a su pupilo en serios problemas y quiere evitarle un mayor castigo (aunque ello signifique lastimar el ego del susodicho pupilo, que tal vez querrá seguir agarrando golpes, aunque sea para perder).  No, ella no es una legisladora a la que agarraron en manejos turbios, en un robo de servicios públicos de luz y agua (aunque se quiera hacer ver que eso no es necesariamente ilegal, aunque es más bien inmoral), o agrediendo a su pareja, o evadiendo su responsabilidad de mantener a sus hijos porque se siente superior al resto de nosotros, porque se cree por encima de la ley, porque es “un@ de los nuestros” y—por el bien del partido—hay que defenderlo a como dé lugar.  Hay que tirarle la toalla.

Francamente, no es mucho ni bueno lo que yo puedo esperar de gente así.  No es nada positivo.  Enfrentarse a las leyes promulgadas por “los otros” y prevalecer porque se ven favorecidos ahora (pero—y sigo insistiendo—ay de quien no está en “su reino”, para ese infeliz será el castigo).  Promulgar nuevas leyes y normas que los favorezcan, que les permitan abusar de la confianza que se les depositó, sin temor al castigo y a pasar la vergüenza… ¡ésa, la vergüenza, es para los demás!

Triste es decirlo, pero con eso es con lo que hay que lidiar día tras día.  Con eso y con sus consecuencias.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ciao!

LDB

¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
Image via Wikipedia

Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB