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¡Qué vacilón!

New Orleans Mardi Gras parade on Canal Street,...
Mardi Gras, New Orleans ca. 1890.

Y si se trata de continuar escribiendo para sobrevivir, para no caer en la trampa del estupor, pues, aquí vamos de nuevo, amigas y amigos, mi gente.

Y si como decía en mi entrada anterior, lo que está mal está mal y así hay que decirlo, hay muchas cosas que en los primeros días del 2012—OK, ya sé que vienen desde mucho antes, pero bueno…—ha estado y están y estarán mal.  Como eso de “arrimarse” para utilizar servicios de agua y electricidad sin pagar por los mismos, en una residencia construida sin los debidos permisos gubernamentales (cosa que parece ser común entre quienes tienen—y hasta algunos que han tenido—el privilegio que da el poder, y que se creen que lo pueden hacer, pues, porque pueden hacerlo).  O eso de que quienes tienen la responsabilidad de llamar a capítulo a quienes se apartan de las sanas normas de convivencia, las mismas que nos requieren a los demás cumplir con nuestra responsabilidad de pagar el costo—cada vez más descaradamente alto—de dichos servicios, se cieguen ante la realidad y opten por no ver falta alguna en esa clase de conducta, y hasta la justifican para sí mismos, porque pueden hacerlo.

Pero eso sí: cuídate de ser cualquier “pelagatos” de por ahí, porque con la misma boca de comer te dicen que cumplas con tu responsabilidad, que no hagas lo que hacen (que no van a querer admitir que lo hacen), o si no… ¡la claje ‘e castigo que te espera!

Y también está mal que cada esquina de Puerto Rico se convierta en territorio de pandillas, como se pretende hacer con muchas de las instituciones que a quien únicamente se deben es al pueblo, a la gente, sin distinción de clase, religión, creencias, etc.  Que le guste a quien le guste, es lo que se está viendo actualmente en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, desde que se empezó a tomar el mismo como un botín de guerra de los políticos.  De ambos bandos, que total, da lo mismo unos que otros—aún cuando los magistrados identificados ideológicamente con una derecha conservadora que imita de forma pésima a su contraparte estadounidense (y no hay que abundar mucho en ello para saber a qué partido me refiero), son más burdos y evidentes en eso.  Y también está mal que esos mismos jueces, porque entienden que lo pueden hacer, se busquen cuanta artimaña hay para no tener que responder a la hora de rendir cuentas de sus actos.

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero a mí me parece que para esta clase de gente, la función de regir los destinos de un país no es algo que se tome muy en serio que digamos.  Es como si fuera cualquier otra cosa—que bien podría llamarse “vacilón”, “chiste”, “relajo”, o como lo llamó en una ocasión el líder “vitalicio” del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), “una bachata”.  (Y aquí tengo que pedir que me disculpen mis lectores y lectoras en la República Dominicana, si se ven ofendidos con esa usanza del nombre de esa música tan rítmica y pegajosa, que también gusta mucho aquí en Puerto Rico.)  Es como algo de lo que se pueden burlar, sin miedo alguno a que los sorprendan en pifia y entonces venga “el lloro y el crujir de dientes”.

Eso sí, no tod@s en Puerto Rico se pueden dar el lujo de que l@s sorprendan en una situación indiscreta y salir sin un rasguño, con suerte, o como dice la expresión idiomática estadounidense, “to come up smelling like roses” (frase que utilicé en una entrada anterior).  De eso puede dar fe Gricel Mamery (en Twitter: @GMamery), la anfitriona radial y televisiva que se vio en medio de una controversia cuando la fotografiaron hace unas semanas en las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan), edición del 2012, mientras un supuesto “amigo” de ella—uno de esos pseudoperiodistas latinoamericanos del ramo de “espectáculos y estilos de vida”—le levantaba la blusa (presumo que sin el consentimiento de ella) para que el mundo viera… esteeeeeeeeee… la belleza que ella llevaba por dentro.  Gracias a Dios que ella llevaba puesto su ajustador (o en buen español boricua, el brassiere), porque de lo contrario… la gente se hubiera creído que estaba en New Orleans en pleno Mardi Gras.  (A aquéllos de ustedes que han estado allí: por favor, no se hagan los inocentes, que ustedes saben a qué me refiero.)  Como consecuencia, ella perdió su empleo en un programa nocturno de variedades en la televisora gubernamental.  Y todo, por no tomarse en serio su responsabilidad como figura pública en una sociedad que (aunque no lo parezca) no ha dejado de ser conservadora.  Y todo, por haberse ido de vacilón, sin prever el problema en el que se iba a meter.

Y a ella, ¿quién la iba a defender?  (Por favor, no me contesten ésa.)  Nadie “tiró la toalla” por ella, como lo haría el buen entrenador boxístico cuando ve a su pupilo en serios problemas y quiere evitarle un mayor castigo (aunque ello signifique lastimar el ego del susodicho pupilo, que tal vez querrá seguir agarrando golpes, aunque sea para perder).  No, ella no es una legisladora a la que agarraron en manejos turbios, en un robo de servicios públicos de luz y agua (aunque se quiera hacer ver que eso no es necesariamente ilegal, aunque es más bien inmoral), o agrediendo a su pareja, o evadiendo su responsabilidad de mantener a sus hijos porque se siente superior al resto de nosotros, porque se cree por encima de la ley, porque es “un@ de los nuestros” y—por el bien del partido—hay que defenderlo a como dé lugar.  Hay que tirarle la toalla.

Francamente, no es mucho ni bueno lo que yo puedo esperar de gente así.  No es nada positivo.  Enfrentarse a las leyes promulgadas por “los otros” y prevalecer porque se ven favorecidos ahora (pero—y sigo insistiendo—ay de quien no está en “su reino”, para ese infeliz será el castigo).  Promulgar nuevas leyes y normas que los favorezcan, que les permitan abusar de la confianza que se les depositó, sin temor al castigo y a pasar la vergüenza… ¡ésa, la vergüenza, es para los demás!

Triste es decirlo, pero con eso es con lo que hay que lidiar día tras día.  Con eso y con sus consecuencias.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ciao!

LDB

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El cuento de la tortuga en el poste

Tortuga Morrocoy
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, mi gente, mientras buscaba esta mañana cómo organizarme para escribir la próxima entrada, me encontré con un mensaje en uno de los grupos de discusión de usenet que leo a menudo, y quiero compartirlo con ustedes:

LA TORTUGA EN EL POSTE

Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso.  Se sienta en un banco… al lado hay un señor de más edad y, naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y finalmente sobre los políticos.

El señor le dice al joven: “¿Sabe?  LOS POLÍTICOS, SON COMO UNA TORTUGA EN UN POSTE.”

Después de un breve lapso, el joven responde: “No comprendo bien la analogía…  ¿Qué significa eso, señor?”

Entonces, el señor le explica: “Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio, ¿qué se te ocurre?”

Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación:

“Primero: No entenderás cómo llegó ahí.

“Segundo: No podrás creer que esté ahí.

“Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí.

“Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí.

“Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí.

“Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar.”

EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES, HAGÁMOSLO BIEN, TRATEMOS DE QUE NINGÚN ANIMAL SUBA AL POSTE.

(Adaptado del grupo de discusión: chile.rec.humor.)

Yo no sé cómo lo vean, pero este cuento se me parece bastante a la realidad que vemos todos los días en Puerto Rico, protagonizada por una gran cantidad de “tortugas equilibristas”.  Gente que un@ no entiende cómo es que llega a posiciones de poder para las que no dan la talla (¡y cuida’o que lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo!), que ante sus hechos un@ tiene que sentir incredulidad (ya que los mismos no parecen guardar un vínculo con la realidad), que no se pudieron haber trepado solos (después de todo, mientras haya quien caiga bajo su hechizo…), que ciertamente no deberían estar ocupando las posiciones que ocupan (especialmente si no se van a dedicar a nada útil y sí a payasear, a comportarse deshonestamente y a un larguísimo “et cetera”), y que hacen que uno sea consciente de que no deben estar allí y que debe haber gente que se deba a quienes la eligieron, que estén dispuestos a servir a su gente, y no a despojarla de lo que le ha costado tanto trabajo, sudor y sacrificio.

De nuevo, yo no sé cómo lo vean, pero a mí me parece que esto NO ES pura coincidencia.  Así que sirva esto como advertencia para tod@s nosotr@s.  Una advertencia que nos mueva a buscar nuevas alternativas, a pensar bien antes de depositar nuestra confianza en quienes nos quieren representar, a estar seguros de que tomamos la decisión correcta.

Aún estamos a tiempo para eso.  Después, no nos lamentemos de las consecuencias.

Y con eso los dejo de momento.  Nos vemos de nuevo ya mismito, ¿OK?

LDB