A río revuelto, ganancia de… ¿buitres?

Poverty
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OK, yo sé que el refrán no dice así, que dice “ganancia de pescadores”.  Pero parece que en el lío revelado esta semana, sobre el aparente vaciamiento del fondo conocido como el “Fideicomiso Perpetuo para las Comunidades Especiales”, ha habido tanta pesca como para romper las nasas.  Pesca a la que ha contribuido la garata entre “niños chiquitos” protagonizada por la ex-gobernadora Sila M. Calderón y su sucesor en esa poltrona (y “Resident Commissioner” bajo los años de su mandato), el ex-gobernador Aníbal Acevedo Vilá (uno de los miembros del fracasado experimento de “gobierno compartido” que—en conjunto con una legislatura rival cargada de incompetencia y falta de carácter—trajo los 14 días de “vacaciones forzadas” que 95,000 empleados públicos tuvimos que pasar en la calle en mayo de 2006, y que elevaron a la categoría de “mito” la seguridad de empleo en el servicio público puertorriqueño… y gústele a quien le guste, yo no pienso “pasar la página” sobre eso, ni mientras este blog esté en pie, ni mientras viva).  Y todo, debido a unos documentos que son parte de una investigación federal sobre el destino de unos fondos que se habían separado para un fin noble: dar apoyo a las iniciativas para el desarrollo de las comunidades pobres, para que las mismas pudieran superarse y vivir dentro del clima de bienestar al que tod@s tenemos derecho.

Ciertamente, no abonó para nada el que la ex-gobernadora se sintiera supuestamente “amenazada” cuando su sucesor le advirtió que habría de divulgar algunos de esos documentos (copia de los cuales le envió con dicha advertencia) y tuviera que salir corriendo a pedir protección de la fiscalía estadounidense en San Juan…  Digo, a menos que eso fuera algún reconocimiento de incompetencia o falta de capacidad o algo por el estilo.  Bueno, tal vez falta de capacidad para prever que si no se implantaban los debidos controles desde el principio, el fondo se podía prestar para manipulaciones, para que quienes no debían meter las manos al “pote” las metieran, o para que esos fondos se utilizaran en cosas que no eran aquéllas para las que se creó ese fideicomiso.

Y según están las cosas en este momento, no me sorprendería que esa falta de previsión de las consecuencias produjo lo que ocurrió con los fondos del fideicomiso—lo cual todavía debe tener a algunas personas inescrupulosas salivando como los famosos perros de Pavlov.  (Y esas personas saben quiénes son.)

Pero dejando de lado esa garata infantil, ¿dónde deja esto a las mismas comunidades a las que se le prometieron “villas y castillos”?  (No, mi gente, no es para tanto…)  O sea, a estas comunidades se les prometió mejorar sus condiciones de vida, se les prometió darle las herramientas con las cuales desarrollar su potencial, con las cuales se liberarían del clientelismo y de las dádivas de los políticos (sean del PNP o del PPD, da lo mismo), con las cuales podrían finalmente “echar pa’lante” (sin que ahora vengan los de “El Gran Combo” a tratar de demostrar que aún son relevantes en el quehacer musical boricua, reescribiendo—con ayuda del Banco Popular de Puerto Rico—su éxito de finales de la década de 1970, “Y no hago más na’” [letra], para trocar la imagen del vago vividor dependiente de las ayudas federales por la del trabajador que no se detiene en su empeño de ser productivo y vivir con dignidad… discúlpenme, ¿dónde yo estaba?).

¿Y qué están recibiendo las comunidades especiales a cambio de esas promesas?  …  …  …  OK, no me contesten tod@s a la vez.  …  …  …  No se oye, no se oye, no se oye… …  …

A mí me parece que lo que están recibiendo son sólo mentiras, promesas de una vida mejor que no acaban de cumplirse, que tal vez se tarden “un tiempito” en llegar.  (Y eso, que hay quien dice—medio en broma, medio en serio—que alguna de nuestra gente pobre todavía está esperando… ¡la “nueva vida” que don Luis A. Ferré prometió en su campaña electoral de 1968!  Y de eso a la fecha en que escribo ya van 43 años.  La verdad es que hay que tener una paciencia…)

Promesas que no acabarán de cumplirse, mientras se deje que un fondo como el Fideicomiso “Perpetuo” de las Comunidades Especiales languidezca como el animal moribundo, al tiempo que los buitres (conocidos o desconocidos, da lo mismo) lo sobrevuelan en círculos, esperando el momento oportuno para saciarse.

Pero eso no importará, mientras haya quien pierda su tiempo en una garata como la que desafortunadamente protagonizan ambos ex-incumbentes.  Y en la que de todos modos, ambos tienen responsabilidad.

Cualquiera diría que no hay suficiente madurez en el liderato político de Puerto Rico para dar el frente a los problemas apremiantes.  Total, ése es el ejemplo que los políticos nos dan cada día; tal vez deberían aprender de las mismas comunidades a las que pretenden poner de rodillas.  Pero ya eso es mucho pedir.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
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Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

La hora de la amargura ha llegado

¡Hola, mi gente!  Aquí estoy de regreso, semana y pico después de batallar con una infección que me tenía loco… ¡pero no es lo que ustedes se imaginan!  Resulta que de manera extraña, algún tipo de malware que no voy a mencionar (o si quieren, piensen en un caballo más famoso que Camarero, Secretariat, el caballo blanco de Napoleón o hasta el emblemático caballo de ajedrez de Paladin—aunque igual de impredecible que este último) se coló en el disco duro de mi computadora, especialmente en el directorio donde reside el sistema operativo Windows Vista, y me dejó un saldo de 48456 archivos infectados.  Ello me ocasionó pasar varios días rompiéndome la cabeza (¡no se preocupen, no es para tanto!), tratando de encontrar la manera de atajar todas esas infecciones y eliminar de mi sistema al malware responsable de las mismas.  Y me alegra decirles que apenas lo pude lograr la madrugada del domingo 27… ¡a las 05:36 UTC-04:00, después de 17 horas y media de correrle un programa altamente recomendado para manejar el spyware y otras amenazas!  (Yo no quiero ver cuando llegue la cuenta de electricidad de mi casa… ¡pero no había otra manera!  Ya resolveré de alguna manera…)

Así que habiendo sacado del medio ese “problemita”, pasemos a lo que nos trae hasta aquí, shall we?  (Y si alguien quiere saber los detalles de lo que me pasó, para que no le pase lo mismo, por favor me escribe a mi dirección electrónica… o fíjese en las etiquetas de esta entrada.)

Enigüei, el 25 de septiembre de 2009—justo a la puerta de un fin de semana normal y caluroso (¡!)—se produjo el anuncio más esperado, pero no necesariamente por las razones correctas o deseadas: Apenas un minuto antes de las 14:00 UTC –04:00 de ese día, el gobierno de Puerto Rico anunció la emisión de 16970 cartas de despido de servidores públicos, como parte de la “estrategia” del gobierno de Puerto Rico para atajar su crisis fiscal.  Por si a alguien se le ha olvidado de qué se trata, le recuerdo seguidamente que hace algún tiempo en este blog me refería a…

Una "tormenta perfecta" en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico…  […]  Y lo que (el gobernador Luis G. Fortuño Bruset) describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, "¡hay que economizar… cueste lo que cueste!"). Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de "cuadrar" los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!
La hora del sacrificio (8 de marzo de 2009) (énfasis añadido intencionalmente)

¿O qué tal esto?

Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.
Mar en calma y (no tan próspero) viaje (23 de marzo de 2009 ) (énfasis añadido también con toda la intención)

Sin embargo, dice el gobierno que del total de esas cesantías, se proyecta reclutar nuevamente a unos 1000 empleados para ejercer funciones de cobradores de impuestos (Good luck on that!) o para hacer limpieza en las escuelas públicas.  Así que comoquiera 15970 servidores públicos puertorriqueños—principalmente padres y madres de familia que se tragaron el cuento de la “seguridad de empleo en el gobierno”—se tendrán que ir a la calle para el 6 de noviembre de este año.

Súmelos a los 10401 que se fueron (¿los ‘fueron’?) en la ronda de despidos y renuncias ‘voluntarias’ de junio pasado, y tendrá 26371 víctimas de una situación que nunca debió ocurrir.

Son 26371 seres humanos que tendrán que ver cómo se las arreglan para cumplir con sus responsabilidades económicas—la hipoteca de la casa, el préstamo del carro, y si sigo no acabo—a la vez que le llevan el sustento a sus familias.  Son 26371 potenciales candidatos a empleo que tendrán que andar para aquí y para allá cargando con un resumé y una carta de presentación, tocando a cuanta puerta puedan tocar, aunque sea para pedir empleo barriendo pisos por menos del nuevo salario mínimo federal, o vendiendo mercancía barata en alguna tienda de pueblo pequeño, u ofreciendo “papitas, onion rings o apple pie” en algún restaurante de comida ligera.  Después de todo, se supone que ahora—según el gobierno—la empresa privada es “la cura” de todos los males de la economía puertorriqueña, ¿no?  Sabe Dios cuántos de estos 26371 tendrán la iniciativa y el interés de organizar su propia empresa, de ofrecer algún servicio diferente e innovador, algo que nadie más puede ofrecer en Puerto Rico en estos momentos.  Tal vez muchos de ellos quieran regresar a la universidad a hacerse de otra carrera, aunque sea distinta a aquella para la cuya preparación pasaron tanto trabajo.

¿Cuántos de estos 26371 se cansarán de darse golpes contra la muralla que tienen ante sí y emigrarán?  ¿Volveremos a ver un éxodo como el de los tiempos de dos de mis tías (los 1950s), que emigraron con sus esposos a la Nueva Inglaterra, en busca de un futuro mejor para sus hijos?  (Aunque les aclaro que esta estrategia funcionó bien en el caso de mis tías, ya que ambas trabajaron duro y supieron criar bien a sus hijos, y éstos han levantado sus propias familias, con dignidad y respeto.  Y yo me siento orgulloso de que todos ellos sean parte de mis lazos familiares.)  ¿Y qué encontrarán los que lleguen hasta allí?  Si creen que la suerte les va a caer del cielo… quiera Dios que la decepción no sea tan fuerte.

¿Y qué ocurrirá con aquell@s que sin entrar por la puerta del infierno han aceptado fatalistamente aquella admonición de “abandonad toda esperanza”?  ¿Cuántos se sumirán en la desesperación, o recurrirán al vicio—llámese del alcohol, llámese de las drogas, llámese como se quiera llamar—para poder aliviar su dolor, para escapar de una realidad agobiante?  ¿Cuántas de estas 26371 personas recurrirán al delito para poder conseguir el dinero que les ayude a satisfacer sus necesidades?  Y más importante aún, ¿cómo se afectará el resto de la sociedad puertorriqueña por una acción de la trascendencia de esta que se acaba de tomar?

Lamento mucho decir esto, pero me sospecho que a los responsables de tomar las decisiones que nos han traído hasta aquí, no les importa su responsabilidad, consigo mismos como individuos y con la sociedad a la que dicen que quieren rescatar de la negligencia económica del pasado.  Y en cuanto a las consecuencias de sus acciones… ¡que el de atrás sea el que lo arregle, que para eso no es de los “agraciados”!


Si se preguntan, en mi lugar de trabajo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA), las fatídicas cartas de despido no vinieron a entregarse sino hasta el lunes 28.  Día en el que vi algo más o menos parecido a lo que vi y sentí unos meses atrás, cuando…

Después de las renuncias “involuntariamente voluntarias” de empleados públicos en Puerto Rico, ha llegado el momento para los despidos “voluntariamente involuntarios”….  (Y)a se ha iniciado el despido de varios de los empleados irregulares, transitorios y por contrato que fueron reclutados en años recientes.  (Y aun si alguno de ellos fue reclutado en violación a la ley que prohíbe reclutar personal en el gobierno pocos meses antes de las elecciones, debe quedar claro que no es su culpa.)  Y eso es algo que me tiene un tanto apenado, porque muchos de los que se nos van de esta manera son jóvenes de cuyo talento y dedicación he sido testigo…
Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella (31 de mayo de 2009)

Sin embargo, en esta ocasión no fueron únicamente los jóvenes que apenas estaban empezando a despuntar en su desempeño profesional.  Hoy vi llorar a personas a quienes he conocido de mucho tiempo en el DRNA, personas que siempre han mostrado dedicación a su trabajo, personas cuyo profesionalismo es y será siempre incuestionable… y que han sucumbido a la incapacidad de un sistema político que no tiene las salvaguardas adecuadas para evitar estas situaciones, y a la incompetencia de quienes tienen en sus manos evitar que dichas situaciones ocurran.  Hoy vuelvo a temer por lo que suceda con est@s compañer@s de trabajo, como cuando tuvimos que sufrir juntos el cierre gubernamental de mayo de 2006, un trago amargo cuyas lecciones parece que quienes debían aprenderlas no las han querido aprender (o no les conviene aprenderlas).  Y vuelvo a sentirme como que nada que yo pueda decir o hacer ayudará a aliviar esta crisis.

Debe ser que en este momento siento lo que los especialistas estadounidenses en conducta humana denominan como “la culpa del sobreviviente”, como si me pareciera injusto que gente prometedora como ésta tenga que sucumbir ante una crisis de la que no tienen culpa, y dejarnos en el camino a nosotros, los “veteranos” en estas lides, en momentos en los que más los necesitamos.  Pero bueno, así es la vida, y lo mejor que puedo hacer desde aquí es darles las gracias por el tiempo que estuvieron con nosotros, desearles a tod@s ell@s la mejor de las suertes, y recordarles que cuando nos necesiten… ¡pa’ eso estamos!
También de "Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella" (y nuevamente, el énfasis está puesto ahí con toda la intención, ¿OK?)

Y como a mi juicio, la historia tiene el mal hábito de repetirse, ésta no va a ser la excepción.


¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, pero sobre todo, no pierdan la esperanza, que es lo último que debe perderse, ¿OK?


ACTUALIZACIÓN (30 DE SEPTIEMBRE DE 2009, 05:23 UTC -04:00): Añado un par de cosas:

  1. Las cartas de despido en el DRNA no se repartieron el mismo viernes como se esperaba, sino que fue el lunes siguiente.  Los despidos en todo el DRNA ascendieron a 280.
  2. Y en la mañana de ayer (29 de septiembre) tuvimos en el DRNA un anticipo de lo que está por venir—y no precisamente lo mejor—cuando se recibió una llamada telefónica que anunciaba la supuesta colocación de un artefacto explosivo.  Afortunadamente, la búsqueda policial no encontró ninguno, pero de más está decir la molestia que eso nos ha ocasionado, sumado al desasosiego que ya impera en la agencia con los 280 despidos.  Y yo me pregunto: ¿ES ESTO REALMENTE NECESARIO?  ¿Será ésta la constante durante los próximos días… o meses… o durante los años que (se supone) esté en vigencia la ley que nos trajo a esta situación?

Como decían antes en los noticiarios de radio (o “los informativos”, como últimamente alguna gente insiste en llamarlos)… "Seguiremos informando."


LDB

Deja vu otra vez?

¡Saludos, mi gente!  No se asusten, no me he desaparecido…  Total, que no creo que lo haga, y mucho menos con las cosas como están, pero qué se va a hacer…

Ahora bien, una cosa que sí he estado haciendo en estos días es aprovechar para poner etiquetas (o sea, tags) a todas las 300-y-pico de entradas de este blog, para quienes quieran buscar qué fue lo que escribí en alguna entrada anterior sobre X o Y tema.  (De hecho, a la fecha en que escribo esto, sólo me falta etiquetar muchas de las entradas de 2005 y 2006.)  Y una de las cosas que más me ha llamado la atención mientras repaso las entradas viejas para etiquetarlas es cómo se tiende a repetir el antagonismo entre los funcionarios que elegimos cada cuatro años para que rijan los destinos de nuestro país (ya sean del PPD o del PNP) y los sectores de nuestra sociedad que siempre llevan las de perder cuando se toman decisiones antipáticas.

Lo vimos cuando el cierre gubernamental de mayo de 2006, e igual lo estamos viendo en 2009, cuando se están proponiendo proyectos legislativos que—en muchos casos—resultan ser la antítesis de lo que debe ser una buena medida de gobierno democrático (como la ley que anularía de facto el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña y la que impone una onerosa fianza para el que ose impugnar la legalidad de un permiso de desarrollo—o más bien, la falta de esa legalidad).  Medidas para las que se rechaza en principio cualquier gesto de buena voluntad para ofrecer alternativas que, sin ser tan drásticas, permitan obtener el resultado que se quiere obtener (como las que proponen algunos de nuestros líderes sindicales, por ejemplo)… ¡sólo para que al final del proceso quienes rechazaron esas alternativas quieran “escuchar” a quienes las propusieron en su momento!  Y escribo “escuchar” entre comillas, con toda intención, porque quienes están llamados a escuchar no escuchan con el ánimo de rectificar injusticias y enmendar un rumbo que comoquiera está trazado, sino que lo hacen por compromiso, como para decirle a quienes les llevan la contraria ideológica…

Pueden sugerir lo que se les ocurra, cualquier cosa, y yo cumpliré con hacer el ejercicio de “escucharlos”, pero los míos son los que mandan aquí y ya la suerte está echada.

Con un cuadro como ése, ¿qué hacer?  Tal vez convocar al pueblo una marcha en protesta por la imposición de leyes antidemocráticas cuyas secuelas serían devastadoras para el bienestar de los ciudadanos.  Algo así como la marcha que se efectuó el 5 de junio de 2009, desde la entrada a la isleta de San Juan hasta el Capitóilet Capitolio.  Una marcha en la que cientos de miles de puertorriqueños manifestaron su descontento, un sentir de molestia por el derrotero que sigue nuestro país en las presentes circunstancias.  Un sentir que debería ser escuchado por quienes tienen en sus manos la solución para evitar un impacto adverso de las medidas propuestas… ¡siempre y cuando no “se juyan” de allí—y de su responsabilidad con el mismo colectivo que los puso donde están—antes de que lleguen los manifestantes!  (¿Tanto es el miedo que les tienen?)

Debe ser que en los pasillos por los que corre el poder cada día, hay un caso crónico de lo que los estadounidenses llaman, an attitude problem.  Y yo creo que ése es un problema que hay que atender, el de la actitud de que “como yo soy quien manda aquí, voy a hacer lo que me dé la gana y tú te tienes que quedar callado y tomar el golpe”.  (Y no hace falta decir quién expresa esa actitud; lleguen ustedes a sus propias conclusiones.)  Actitud que no resuelve ninguno de los problemas que ya existen—más los que se avecinan—y que puede tener consecuencias más serias.  Consecuencias que no serán beneficiosas para nadie. . . ¡ABSOLUTAMENTE, PARA NADIE!

Y entonces yo me pregunto, ¿será que ante la realidad de hoy en día, el concepto “democracia” significa algo muy diferente a lo que desarrollaron los antiguos griegos—e incluso, lo que mis maestros y profesores me enseñaron en la escuela y en la universidad?  Yo me resisto a aceptar eso.  Yo quiero creer que eso no es así.

Pero así son las cosas.  Y así seguirán siendo.  Y no cambiarán mucho, ni de aquí a un año, ni de aquí a dos años, ni de aquí a diez años, ni de aquí a…

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


DEDICATORIA: Quiero dedicar esta entrada de mi blog a un compañero de trabajo, de los que se abren paso a través de la vida, venciendo todos los escollos que la misma le pone, para buscar la excelencia en su quehacer profesional, y en el proceso ayudar a otros a conocer—y apreciar—la belleza del mundo que nos rodea.

A pesar de que su nombre sonaba foráneo, no podía haber mejor puertorriqueño que él.  Gracias a su esfuerzo y dedicación, se han iniciado esfuerzos dirigidos a la rehabilitación de los arrecifes de coral en nuestras costas, a través de un programa de arrecifes artificiales.  (Y de hecho, gracias a él cambió mi noción—muy equivocada, por cierto—de que en Puerto Rico no se estaba haciendo un esfuerzo serio en esa dirección, más allá de la colocación de llantas vacías en el piso marino—práctica que hoy en día, ningún experto recomienda por el impacto nocivo de la acción corrosiva de la sal de mar sobre las llantas, y que ha sido abandonada en favor del uso de otros materiales que cumplan el mismo propósito.)

Pero también se dice que no todo puede ser el trabajo (¡y díganmelo a mí!).  Siempre recordaremos su alegría cuando compartía con nuestros compañeros en las fiestas navideñas, por ejemplo.

En fin, la clase de persona cuya partida hacia el infinito—como consecuencia de un accidente de buceo, ocurrido unos ocho días antes de la fecha en que escribo esta entrada—se hace a veces muy difícil de entender.  Pero así son las cosas, y hoy estamos aquí, pero mañana, ¡quién sabe dónde estaremos!

Desde aquí, mi lamento por el deceso del compañero y amigo James H. Timber Giboyeaux, y mis condolencias y solidaridad para sus familiares y para quienes nos quedamos aquí—porque no hay más remedio—en el empeño de continuar la obra que él comenzó en su breve paso por este mundo.

¡Que tengas un buen viaje hacia la eternidad, James!


LDB

Mar en calma y (no tan) prospero viaje

¡Saludos, mi gente!

Leo con detenimiento la Ley 7 del día 9 de marzo de 2009, la cual lleva el título de “Ley Especial Declarando (sic) Emergencia Fiscal y Estableciendo (otra vez, sic) Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”.  Específicamente, el Capítulo III de esa ley, el que habla de las medidas de “reducción de gastos” en el gobierno de Puerto Rico, a las que me refería la vez pasada.

Y con toda franqueza, lo que leí me ha dejado bastante sorprendido.  Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.

Por supuesto, no ha faltado quien ha tratado de ayudarnos a entender esto “en arroz y habichuelas”.  Supongamos que usted es el capitán de un barco que lleva carga y pasajeros, de los cuales debe llevar una cantidad más o menos limitada—digamos, 250 personas (sin contar la tripulación—ésa NUNCA está de más… y menos en el caso que nos ocupa).  Sin embargo, usted ha dejado entrar más de tres veces esa cantidad de pasajeros (o sea, hay un total de 800 pasajeros) . . . y para colmo de males, está enfrentando un tiempo tormentoso y la nave se está arriesgando a zozobrar como el avión de la teleserie Lost.  Usted se ve entonces en la disyuntiva de reducir la cantidad de pasajeros abordo de la nave, aunque sea para salvar la carga (¿?).

Así que si seguimos el modelo esbozado por la Ley 7 de 2009—y establecemos como meta que la nave llegue a puerto seguro con la cantidad de 250 pasajeros, más la carga—, usted empieza por ofrecerle a sus pasajeros abandonar “voluntariamente” la nave en alta mar, a cambio de lo cual les dará como “incentivo” . . . ¡un lindo chaleco salvavidas con el emblema de la compañía dueña de la nave!  (Ya me imagino el comentario: . . . and all I’ve got is this lousy life jacket!).  O en vez de eso, que por cada quince horas se monten por una hora en un bote salvavidas.

Dependiendo de cuántos tontos picaron el anzuelo cuántos “voluntarios” aceptaron hacer ese sacrificio, usted verifica si está cumpliendo con la meta de 250 pasajeros.  Veamos:

  1. De los 800 pasajeros que había en la nave, digamos que 120 abandonaron “voluntariamente” la nave y se tiraron al mar embravecido, luciendo el lindo chaleco salvavidas con el logo de la compañía matriz de la nave (800 – 120 = 680).
  2. De los 680 que quedan, digamos que otros 195 están se dando una “gozadita” por una hora (de cada quince) en los botes salvavidas (680 – 195 = 485).  Y entonces usted nota que aún no cumple con el objetivo que se trazó, o sea,
  3. Usted todavía tiene 235 pasajeros de más en la nave (485 – 250 = 235), y sigue arriesgándose a no llegar a puerto seguro con la carga que lleva la nave (y que no me venga nadie con que ésa no es la prioridad).  ¿Qué hacer entonces?
  4. Ah, pues recurra al “plan B”: Usted tiene que sacar los 235 pasajeros que están de más, hasta que llegue a los 250.  Empiece por los 175 que abordaron la nave en las escalas más recientes (485 – 175 = 310).  ¡Ah!  Y no se olvide del lindo chaleco salvavidas como incentivo.
  5. ¿Que todavía tiene pasajeros de más?  ¿Y que éstos están entre los primeros que abordaron la nave en el puerto de partida?  Pues ni modo, ésos se van también, con todo y los lindos chalecos salvavidas (310 – 60 = 250).

Y si entendí esto correctamente, se supone que ahí se detenga la cosa, cuando sólo haya 250 pasajeros y se pueda llevar la carga a puerto seguro.  (Traducido al caso real, eso será cuando se logre una economía de US$2 000 000 000.)  Pero a lo mejor resulta que como dice el mantra de los originadores de este plan de “rescate económico”, eso no será suficiente . . . ¿y entonces, qué?

(Y antes de que se me olvide, hay algo muy importante: La decisión que usted tome como capitán de la nave es final y firme, y ninguno de los pasajeros podrá discutírsela, por más razón que tenga.  En mi libro, eso se llama “salirse con la suya”.)

Pero bueno, la cosa es que ya ha dado inicio el conteo regresivo para que se vean los efectos de la Ley 7 de 2009.  Y demás está decir que al día en que escribo esta entrada reinan la confusión, la especulación y la incertidumbre entre los empleados públicos que se verán potencialmente afectados, muchos de los cuales están buscando desde ya las maneras de enfrentar una posible cesantía (claro está, si es que eso les toca como suerte).  Y eso es algo que estoy viendo todos los días en mi lugar de trabajo. Y me temo que ésa será la norma por los próximos meses.

Es más, ahora que lo pienso, había un ambiente más o menos parecido cuando se empezaba a plantear lo del cierre gubernamental de mayo del 2006… Así que como decía el gran filósofo pelotero estadounidense, Yogi Berra,

It’s déjà vu all over again!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


P.S. Hasta este fin de semana que acaba de concluir, no había tenido la oportunidad de chequear lo que me llama la atención en mis suscripciones de Bloglines.com.  Pero esta vez me puse al día, especialmente con una variedad de artículos dedicados a destacar el papel que están desempeñando últimamente los llamados “nuevos medios” como la Internet en la provisión de información al público; cómo los aprovechó (y los sigue aprovechando) la administración estadounidense del presidente Obama, aun desde que éste era candidato a la presidencia; y cómo se están afectando varios de los medios tradicionales, como los periódicos.  Así que valdría la pena que se dieran una vueltita por allí.


NOTA: En la mañana de hoy (23 de marzo de 2009), Puerto Rico despertó con la triste noticia del fallecimiento (en la tarde del día anterior) de la que se conoció como “la dama de la comedia en Puerto Rico”, Awilda Carbia Benítez; tenía 71 años de edad al morir de un paro respiratorio.  Actriz y comediante de extensa trayectoria en la radio, la televisión y el teatro puertorriqueños, se distinguió en los años más recientes por sus “Desconciertos”, en los cuales imitaba a figuras públicas de gran prominencia (en la política y la farándula, dos áreas que comoquiera uno no sabe dónde termina una y empieza la otra, pero ya ése es otro tema).  Interesantemente, el deceso se produce dos meses después del de don Tommy Muñiz, productor con el cual ella despuntó como comediante y actriz, y cinco años después del de don José Miguel Agrelot (ver: ¡Ajaaaaaaaaaa!), con quien también despuntó en el difícil arte de hacer reír.  No en balde, al anunciar el deceso, el cantante y productor Edgardo Huertas (cuya página en YouTube.com, que mencioné en una ocasión anterior, contiene vídeos de Awilda Carbia) lo expresó de esta manera:

Tommy Muñiz llamó.  Necesita a Awilda Carbia para hacer un sketch con (José Miguel) Agrelot.

¡BUEN VIAJE, AWILDA!  Y QUE ALLÁ ARRIBA PUEDAS ALEGRAR A LAS HUESTES CELESTIALES, COMO NOS HAS ALEGRADO AQUÍ EN LA TIERRA.

FUENTES: De luto la comedia y ‘Por mis venas estaba el artistaje’ (El Nuevo Día, 23 de marzo de 2009).


LDB