Yo no me quito, yo me quedo

English: Silhouette of an airplane to the left
English: Silhouette of an airplane to the left (Photo credit: Wikipedia)

Durante mucho tiempo he visto cómo la gente reacciona a una crisis como la que venimos viviendo por las últimas 4 décadas—puede ser que por más tiempo—en Puerto Rico.  Crisis que nace de la ineptitud y la complacencia con la que se ha manejado la vida pública en este país.  Servicios públicos deficientes, una infraestructura que clama a gritos porque se le dé la debida atención, un cuadro de salud mental que mete mucho miedo, una descomposición social que fomenta la violencia contra todo y contra tod@s, y una clase política que se cree que le vamos a estar riendo las gracias eternamente, mientras una prensa mayormente sensacionalista prefiere no cuestionar—¿no será que de un tiempo a esta parte no se atreve a cuestionar?—y más bien adormece a l@s espectadores(as) con el último chisme del conocido cantante sexualmente enfermito o la conocida modelo-empresaria-icono.

(Como decía la conocida muñeca chismosa de ingrata recordación… “¿he mencionado nombres yoooooooooo?”)

¿Y de qué manera se ha preferido reaccionar a todo este cuadro pésimo?  Muchas personas han dicho que ya no aguantan más y están dispuestas a irse.  A buscar otros horizontes, principalmente en los Estados Unidos.  Donde hay mayores y mejores oportunidades y las condiciones de vida son mejores.

Pero déjenme aclarar algo antes de seguir: No es mi intención juzgar negativamente a quienes piensan de esa manera—tal vez porque si lo hago y me equivoco, tendría que tragarme mis propias palabras.  Total, tod@s tenemos en nuestra propia familia a alguien que se ha sentido derrotado porque sus esfuerzos le han sido “recompensados” con desprecio, desdén, puertas cerradas a sus aspiraciones, etc.  En mi familia ha sido así por bastante tiempo.  Parientes que han tenido que emigrar de los campos a la gran urbe en el norte, a trabajar cosechando las bendiciones de la madre tierra o haciendo puntadas a máquina con hilo y aguja.  O que han emigrado porque las oportunidades de desarrollo profesional no han llegado como lo deseaban, y han tenido que empacar sus sueños y esperanzas en la misma maleta que sus ropas—y por razones que no vienen al caso, sólo voy a decir que ese último caso me toca bastante de cerca.

Así que entonces, ¿qué es lo que queda ante todo este desastre?  O más bien, ¿quienes son los que se quedan—o más bien, nos quedamos?  Nos quedamos quienes tratamos de aguantar como podemos el embate de la ola de mediocridad que nos permea.  Nos quedamos las víctimas propiciatorias de los sacrificios de sus líderes, de aquell@s en quienes—más mal que bien—depositamos la confianza.

Nos quedamos aquí l@s que podemos elegir entre seguir siendo víctimas… o salirnos de ese papel.

Pero entonces, ¿cómo salir de ese papel?  ¿Qué tal si nos quedamos aquí y luchamos por recuperar lo que nos corresponde, particularmente nuestra dignidad, que tanto ha sido pisoteada?

Como lo indiqué arriba, no deseo juzgar a quien se vea en la disyuntiva de irse vs. quedarse.  Sé que no es nada fácil para quien se vea en esa situación.  Ni para mí fue fácil cuando en aras del tan ansiado progreso profesional que había visto en otr@s, quise irme a estudiar un doctorado en ecología en State College, Pennsylvania, allá para agosto de 1990 (¡experiencia de la que sólo duré 11 días!).  Adaptarme a una realidad diferente fue para mí un golpe muy fuerte, además de que las circunstancias que me hubieran ayudado a aguantar ese cantazo no se dieron como yo esperaba.  Y lo peor de ello fue que yo estaba solo.  Solo.  Sin el apoyo de nadie que entendiera la situación por la que pasaba y me hubiera ayudado a hacer más tolerable esa transición en mi vida.  (Aunque valga aclarar que algunos de mis potenciales compañeros de universidad, angloparlantes, hicieron lo que pudieron por ayudar, aunque eso no fuese suficiente.  Pero no me quejo y les agradeceré eternamente por lo que les estuvo a su alcance hacer.)

Así que podrán imaginarse mi alivio al regresar a mi terruño a finales de ese mes, cuando me dije que había regresado a donde tenía que estar, y que cumplir mi misión en la vida no me requería ir más allá de mi grado de maestría en ciencias en biología, que con eso ya estaba más que preparado para lo que me tocaba hacer.  (Por supuesto, también fue un alivio que la carta de renuncia que yo había presentado a mi puesto, la cual entraba en efecto por esos mismos días, fuera dejada sin efecto—pero eso ya es otra historia.)  Y esa misión es simple y sencillamente la de ayudar a poner de pie a mi país, no de rodillas como lo tienen quienes creen que lo pueden tener así por siempre.

Pero volviendo al tema, ¿qué podemos hacer para cumplir con esa misión?  Para empezar, debemos unirnos todos, los que nos quedamos, más allá de las mezquindades que nos inculcan los políticos y algunas figuras públicas cada día.  Debemos generar nuevas ideas, debemos mirar más allá de nuestras narices, más allá de los confines que nos limitan.  A lo mejor en el este del Caribe, o en América del Sur, o en Europa, o África, o quién sabe dónde más, hacen cosas que tal vez nos podrían dar ideas que podamos implantar aquí—y quién sabe si hasta las podamos mejorar en el proceso.  Debemos ser más conscientes de las decisiones que tomamos, y de en quienes confiamos para que dirijan nuestros destinos.  Sobre todo, debemos cuestionar lo que tenemos en estos momentos,  Debemos poner siempre en duda todo lo que nos dicen quienes dicen estar haciendo las cosas “por nuestro bien”, por un lado, mientras que por otro lado buscan su propio bien—y eso último, lo sabemos, y tal vez ell@s saben (aunque no lo quieran admitir) que lo sabemos.  Debemos exigir que cada quien se haga responsable de sus acciones, que no se escondan cobardemente detrás de argumentos manoseados para no hacer las cosas que hay que hacer.  O para hacer cosas que enajenen a quienes no encajan con su estrecha visión particular de cómo deben ser las cosas.

La verdad es que quienes nos quedamos tenemos una tarea enorme por delante.  Una tarea que requiere esfuerzo y sacrificio.  Una tarea para la que tenemos una responsabilidad, con nosotr@s mism@s y con nuestra sociedad, por lo que hay que estar presente para cumplir con la misma.

De mi parte, yo pienso seguir cumpliendo con mi responsabilidad y con mi deber.  Y por ello es que afirmo que…

Yo no me quito.  Eso no está en mi plan de vida.  YO ME QUEDO.

Y ya que yo no me voy a quitar… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Cuestión de generosidad

Wi-Fi Alliance logo
Wi-Fi Alliance logo (Photo credit: Wikipedia)

A tod@s nos gusta que nos hagan regalos, especialmente en ocasiones especiales como en nuestro cumpleaños o en Navidad (y aquell@s que no necesariamente creen en el motivo por el que realmente se celebra la Navidad… bueno, no creo que vayan a refutar esto).  Pero a veces, algunos regalos pueden llevar a la duda—aunque eso, en realidad, es una de esas cosas que, como dice el refrán, hay que tomarlas de quien vengan.  Y si vienen de políticos a los que de momento se les despierta el ánimo de la generosidad—sobre todo, en un año de elecciones generales, como aquél en el que estamos cuando escribo esto (2012)—, pues hay que tomarlas con el proverbial grano de sal.

Por supuesto, no creo que yo esté descubriendo el Amazonas con lo que acabo de señalar.  Porque esa generosidad es algo tradicional en muchos países en el mundo.  De hecho, si ustedes hacen en este momento una búsqueda en Google, usando la secuencia “regalar neveras a cambio de votos”, encontrarán entre otros resultados que eso se ha estado dando mucho en Venezuela y en la República Dominicana en tiempos recientes (y hago esta mención sin ánimo de ofender a mis lectores/lectoras y hermanos/hermanas venezolanos y dominicanos—ustedes también son mis amigas y amigos, mi gente).  Principalmente, el objeto de este tipo de muestra de “afecto” por parte de los políticos es uno de tantos enseres eléctricos (que creo que en otros países hispanohablantes, sobre todo en España, los llaman “electrodomésticos”) que hacen que la vida hogareña sea más fácil—digo yo, se supone que así sea—, como un refrigerador o nevera, o como una estufa.  O sea, algo que vaya dirigido a atender una necesidad apremiante de un sector de la comunidad… especialmente aquel sector de la comunidad cuyo respaldo electoral es la necesidad apremiante de quienes quieren aferrarse al poder.

(O sea, algo así como… “yo me porto bien contigo, tú te portas bien conmigo” Guiño )

Y por supuesto, Puerto Rico tampoco ha escapado a esta “tradición”, especialmente durante los tiempos en los que los perros se amarraban con longaniza.  Digo, cuántas historias no vengo escuchando desde mis tiempos de escuela, años luz atrás, de que los políticos iban por los campos de mi tierra ofreciendo neveras y estufas a la gente humilde, a cambio de que les favorecieran con su voto en las elecciones de esos años (principalmente, si mi recuerdo es correcto, hacia las décadas de 1920 y 1930).  Eso sí, habría que ver si muchos de esos jíbaros “de enantes” habrán sido lo suficientemente “aguza’os” para quedarse con el enser (electrodoméstico)—digo, a quién le amarga un dulce—sin tener que comprometer su dignidad y vender su conciencia a un político que comoquiera lo iba a dejar en la misma situación de pobreza en la que lo había encontrado.

Residencial Público Luis Lloréns Torres, entre San Juan y Carolina, Puerto Rico.
Residencial Público Luis Lloréns Torres, entre San Juan y Carolina, Puerto Rico.

Bueno, la cosa es que esto fue lo que me vino a la mente cuando hace un par de semanas, el Alcalde de San Juan, Hon. Jorge A. Santini (PNP) (a quien recordamos en este blog por esto, esto y esto, así como por la famosa—o infame—tarjeta de Navidad 2011) anunció que a partir de ahora, el municipio que él dirige estará proveyendo acceso gratuito a la Internet vía WiFi en el residencial público Luis Lloréns Torres, el residencial público de mayor extensión geográfica en todo Puerto Rico.  Digo, yo me imagino que existe una necesidad de que la gente de los caseríos—la misma a la que Catalino “Tite” Curet Alonso (1926–2003) exaltó en su guaguancó “Pa’ los caseríos”—pueda acceder a toda la riqueza de información disponible a través de la “red de redes”, aunque habría que ver cómo va a acceder a la misma (más allá de quienes hayan aprovechado la oferta más reciente del “smartphone” 3G o 4G con “lo último en la avenida”).

(Por cierto, eso último es algo que los muchachones de El Ñame han ponderado detenidamente.)

Eso sí, valga aclarar algo: A pesar de que mucho del furor ocasionado por el despliegue de generosidad del incumbente municipal estadoísta pudiera verse con un dejo de prejuicio, ése no es mi propósito en esta entrada de mi blog.  Yo en particular, como alguien que ha sido entusiasta de la Internet y la “world wide web” desde finales de 1996—y que ha sido entusiasta de los blogs desde antes de que mi blog naciera en el 2003—, no creo que deba privarse a nadie de tener acceso a la Internet, de reclamar su parcela en la “autopista de la información”.  Es más, ni siquiera tendría que esperarse por una iniciativa del alcalde Santini, o de ningún otro político para los efectos.  De hecho, una cosa que a mí me gustaría ver sería un junte de las seis cinco proveedoras de telefonía celular en Puerto Rico ahora mismo—Claro PR, AT&T, T-Mobile, Open Mobile (antes la filial de Movistar) y Sprint—que permita ofrecer servicio de Internet vía WiFi en áreas que así lo necesiten, hasta en los caseríos.  Digo, para mí eso sería una buena iniciativa, o como decimos aquí en Puerto Rico, “un palo”.  Tal vez deberían animarse y hacer algo así en los próximos años, si quieren ganarse el favor de la gente (y en el proceso, nuevos clientes de ser el caso).

Pero lo importante, como mencioné al comienzo de la entrada, es tomar las cosas de quien venga.  Y para mí, una iniciativa como esa sería mejor atendida por las empresas que manejan directamente ese recurso que por políticos a la caza de votos.  Es más, déjenme repasar algo que escribí una vez:

“Total, cuando la gente de los caseríos y las áreas de pobreza económica y social cuenta para los seudolíderes del país, es únicamente cuando llega la campaña para las elecciones generales… ¿pero qué ocurre después?  ¿Le dejarán el canto al narcotraficante, al dueño del “punto”?  Y entonces, ¿será hasta el próximo ciclo de campaña electoral?”

O… ¿qué tal esto otro?

“Tal vez a nuestros políticos les sea más fácil y conveniente manejar a su antojo a los residentes de los caseríos, a los que hacen cada vez más dependientes de las dádivas—especialmente aquéllas que se sufragan con lo que aportan los ‘taxpayers’ estadounidenses.  Pero en ello, a nuestros políticos se les olvida convenientemente que hay consecuencias, como el desarrollo de actitudes tales como indolencia, complacencia, falta de un sentido de responsabilidad, para consigo mismos y para con la sociedad que los rodea.”

Tal vez será que éste es el “duérmete nene” de nuestros tiempos, como lo fue en su momento (y lo sigue siendo, como ya hemos visto) el despliegue de generosidad de quienes regalaban neveras, estufas y hasta zapatos, regalos que más bien eran una mercancía en trata, a cambio de una lealtad.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y aunque de momento no tengo una   PC o un Teléfono móvil que regalar para poder utilizar el WiFi gratis… ¡yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

El cuento de la tortuga en el poste

Tortuga Morrocoy
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, mi gente, mientras buscaba esta mañana cómo organizarme para escribir la próxima entrada, me encontré con un mensaje en uno de los grupos de discusión de usenet que leo a menudo, y quiero compartirlo con ustedes:

LA TORTUGA EN EL POSTE

Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso.  Se sienta en un banco… al lado hay un señor de más edad y, naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y finalmente sobre los políticos.

El señor le dice al joven: “¿Sabe?  LOS POLÍTICOS, SON COMO UNA TORTUGA EN UN POSTE.”

Después de un breve lapso, el joven responde: “No comprendo bien la analogía…  ¿Qué significa eso, señor?”

Entonces, el señor le explica: “Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio, ¿qué se te ocurre?”

Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación:

“Primero: No entenderás cómo llegó ahí.

“Segundo: No podrás creer que esté ahí.

“Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí.

“Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí.

“Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí.

“Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar.”

EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES, HAGÁMOSLO BIEN, TRATEMOS DE QUE NINGÚN ANIMAL SUBA AL POSTE.

(Adaptado del grupo de discusión: chile.rec.humor.)

Yo no sé cómo lo vean, pero este cuento se me parece bastante a la realidad que vemos todos los días en Puerto Rico, protagonizada por una gran cantidad de “tortugas equilibristas”.  Gente que un@ no entiende cómo es que llega a posiciones de poder para las que no dan la talla (¡y cuida’o que lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo!), que ante sus hechos un@ tiene que sentir incredulidad (ya que los mismos no parecen guardar un vínculo con la realidad), que no se pudieron haber trepado solos (después de todo, mientras haya quien caiga bajo su hechizo…), que ciertamente no deberían estar ocupando las posiciones que ocupan (especialmente si no se van a dedicar a nada útil y sí a payasear, a comportarse deshonestamente y a un larguísimo “et cetera”), y que hacen que uno sea consciente de que no deben estar allí y que debe haber gente que se deba a quienes la eligieron, que estén dispuestos a servir a su gente, y no a despojarla de lo que le ha costado tanto trabajo, sudor y sacrificio.

De nuevo, yo no sé cómo lo vean, pero a mí me parece que esto NO ES pura coincidencia.  Así que sirva esto como advertencia para tod@s nosotr@s.  Una advertencia que nos mueva a buscar nuevas alternativas, a pensar bien antes de depositar nuestra confianza en quienes nos quieren representar, a estar seguros de que tomamos la decisión correcta.

Aún estamos a tiempo para eso.  Después, no nos lamentemos de las consecuencias.

Y con eso los dejo de momento.  Nos vemos de nuevo ya mismito, ¿OK?

LDB

La conspiración del absurdo

Mother Jones, American labor activist.
Image via Wikipedia

Y ya que en la entrada anterior mencioné de pasada el movimiento estadounidense de ideología altamente conservadora, conocido como el “Tea Party”, creí que sería una buena idea compartir con ustedes, amigas y amigos, algo que encontré esta semana en la Internet.  (¡Que va!  Lo hubiera compartido comoquiera, de no haberle dado paso antes al asunto de Calle 13 y el alcalde de San Juan, pero así son las cosas.)  Se trata de un artículo de la revista Mother Jones (la revista se llama así en honor a la activista laboral irlandesa-estadounidense, Mary Harris Jones, 1837–1930), que expone el aparente efecto que dicho movimiento de la derecha reaccionaria ha estado teniendo en varias comunidades estadounidenses, luego de haber logrado algunas victorias (con excepciones como la de Christine “yo no soy una bruja” O’Donnell, mencionada en mi entrada anterior) en las elecciones congresionales intermedias del 2 de noviembre de 2010.

Según el artículo de Mother Jones, luego de enfrentarse al “establishment” político en el Congreso estadounidense, los simpatizantes del “Tea Party” están enfilando sus cañones hacia otro blanco más insidioso (según ellos): hacia las comisiones locales de planificación y zonificación,* que al decir de dichos simpatizantes, están llevando a cabo una conspiración global para “pisotear” las libertades civiles estadounidenses y forzar a los ciudadanos a mudarse hacia un concepto Orwelliano denominado, “zonas de habitación humana”.

¡EXACTAMENTE LO QUE ESTÁN LEYENDO—Y COMO LO ESTÁN LEYENDO!

La causa principal de la incomodidad de l@s simpatizantes de este movimiento conservador radica en un documento cuyo título ellos encuentran siniestro… la Agenda (o Programa) 21, adoptada (junto con una declaración de 27 principios medioambientales) en la Cumbre de Río de Janeiro efectuada en junio de 1992 por la Organización de las Naciones Unidas.  Ahora bien, much@s de quienes leen esto, especialmente aquí en Puerto Rico, se preguntarán qué es eso, o si es de queso y se come con melao.

La Agenda 21 es un documento mediante el cual se procura que los países del mundo se desarrollen de una manera planificada, en la que se consideren los impactos del desarrollo humano sobre su medio ambiente.  Este documento adopta y refina el concepto de desarrollo sostenible (algunos usan indistintamente la palabra “sustentable” como equivalente de la palabra inglesa, “sustainable”) esbozado en 1987 por una comisión internacional, dirigida por la ex-primera ministro de Noruega, Dra. Gro. Harlem Brundtland.**  Según ese concepto,

“Desarrollo sostenible es el desarrollo que atiende las necesidades del presente sin sacrificar la habilidad de las futuras generaciones para atender sus propias necesidades. En sí (el desarrollo sostenible) contiene dos conceptos clave: el concepto de ‘necesidades’, en particular las necesidades esenciales de los pobres del mundo, a las cuales se debe dar una prioridad apremiante; y la idea de las limitaciones impuestas por la situación de la tecnología y la organización social sobre la capacidad del ambiente para atender las necesidades presentes y futuras.”

O sea, que el desarrollo sostenible busca que sea óptima la atención a las necesidades sociales y económicas actuales y futuras, ante las presiones a las que está sujeto el medio ambiente.  Implantar una política de desarrollo sostenible requiere normas estrictas que se hagan cumplir, y cuyos propósitos sean promover la conservación de los recursos naturales, ocasionar un mínimo impacto ambiental en el uso de éstos, e involucrar activamente y beneficiar a los residentes de las áreas objeto del interés particular.

Pero se preguntarán, si lo que acabo de mencionar es lo que plantea la Agenda 21, ¿cuál es el problema que tienen l@s simpatizantes del “Tea Party” con eso?  Pues dicen algun@s de est@s activistas—por lo menos, aquéll@s que se dignan a hablar con los medios de prensa, aunque no les sean santos de su propia devoción—que la Agenda 21 es en realidad una trama para eliminar el derecho a la propiedad privada y privar al pueblo estadounidense de sus más preciadas libertades; en el peor de los casos, su implantación resultaría—según estas personas—en la conversión de los Estados Unidos “en un estado soviético”.  Peor aún, las propuestas para hacer más denso el crecimiento de las áreas urbanas y fomentar el uso del transporte público masivo—algo que me consta que por años y años y años, los planificadores han estado predicando para tratar de resolver el problema de desparramamiento urbano al que me refería un par de entradas atrás—obligaría a la gente a mudarse de sus cómodas viviendas suburbanas hacia “zonas de habitación humana”, a vivir como los hobbits que habitan el universo literario de John Ronald Reuel Tolkien, y (¡Dios reprenda!) a dejar el automóvil—ese símbolo inconfundible del individualismo estadounidense—y tomar el autobús (la “guagua”, como le decimos aquí en Puerto Rico) para ir a trabajar.

(Francamente, ni yo lo hubiera expresado eso con tanto dramatismo.  Es más, ¿dónde están los violines cuando de veras hacen falta?)

Pero no se trata únicamente de combatir los conceptos como el desarrollo sustentable y la planificación densificada.  La hostilidad de l@s simpatizantes del “Tea Party” también va dirigida a lo que conciben como las “elites” que dirigen el presunto proceso de “destrucción” de aquellas cosas que les son sagradas, principalmente los planificadores y representantes de las agencias con responsabilidades de planificación, así como a los lugares de los que vienen esas “elites”, o sea, las ciudades y áreas urbanas altamente densificadas.  Al decir de algunos de los funcionarios afectados, la actitud anti-elitista, que algunas veces raya en lo hostil, junto a la falta de argumentos racionales y juiciosos que respalden sus teorías, resulta en una mezcla tóxica para quienes no estén acostumbrados a lidiar con estos activistas.  (Y ni hablar de las consecuencias de esa mezcla tóxica.)

La verdad es que leo todo esto, y no deja de asombrarme cómo hay gente ignorante, capaz de descarrilar todo un proceso que busca beneficiar a todos por igual (o por lo menos, eso es lo que se pretende), que busca un desarrollo ordenado y planificado, a la vez que se protege el medio ambiente y la manera en que los seres humanos sacan provecho del mismo, sin poner su propia supervivencia en peligro.  No sé cómo lo vean ustedes, pero creo que se trata de gente sin conciencia, gente que cree que las cosas de las que disfrutan estarán ahí para siempre.  Gente que bajo una supuesta consigna de libertad, comete uno de los mayores actos de libertinaje.  Gente que—tal vez sin saberlo—está contribuyendo a colocar los clavos de su propia tumba.

Ya veremos cómo se lidiará con esta clase de mentalidad.  Lo malo es que esto apenas está comenzando…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Desde ya les deseo a tod@s una Feliz Navidad… o para l@s PC (políticamente correct@s) entre ustedes, ¡muchas Felicidades!


* Para información de quienes leen esto fuera de Puerto Rico, a diferencia del proceso de planificación habitual en cada estado de los Estados Unidos, el proceso en Puerto Rico está regido principalmente por una junta que responde a la Oficina del Gobernador (la Junta de Planificación de Puerto Rico).  No obstante, existen una ley (conocida como la Ley de Municipios Autónomos o Ley número 81 de 1991) que le confiere a cada uno de los 78 municipios de Puerto Rico, un mínimo de autoridad para planificar el desarrollo de sus espacios urbanos y rurales, según lo estimen apropiado.

** Our Common Future: From One Earth to One World, por la Comisión Mundial Sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.  Dra. Gro Harlem Brundtland, Presidenta.  Oxford, Inglaterra: Oxford University Press, 1987.


LDB

No quería decir, “¡Te lo dije!”, pero…

¡Ah, de eso es de lo que se trata!  Esto explica muchas cosas…

Eso fue lo primero que pensé esta mañana cuando escuché en la radio lo que trascendió en la prensa local, de que varios legisladores y figuras de alto nivel cabildearon a mediados de la década de 1990, durante la administración del gobernador Pedro J. Rosselló González, por la libertad de quien década y media más tarde es el narcotraficante más buscado por las autoridades de Puerto Rico y la República Dominicana.  Según lo publica Primera Hora,

El hombre más buscado por las autoridades puertorriqueñas y dominicanas, José Figueroa Agosto, siempre pareció estar en control de su situación y entorno, pero su prestigio como criminal resultó enaltecido por sus poderosos aliados en las altas esferas del Partido Nuevo Progresista (PNP).

De hecho, la notoriedad que había cobrado como un poderoso narcotraficante en ningún momento pareció eclipsar su relación con una de las figuras más respetadas y queridas del PNP, el representante Antonio “Toñito” Silva, y otros altos e influyentes funcionarios de la misma colectividad política que habían cabildeado intensamente para que el asesino convicto recibiera un indulto o una clemencia ejecutiva.

[…]

Según documentan cartas en posesión de Primera Hora, el ex alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera, su hijo y eventual sucesor Ramón Luis Rivera Cruz, el ex procurador del Ciudadano Carlos López Nieves, el ex alcalde de Toa Alta y convicto por corrupción Ángel “Buzo” Rodríguez Cabrera y el ex representante Manuel Marrero Hueca figuran en una lista de who’s who de funcionarios que abiertamente intercedieron por el narcotraficante.  Se cree que muchos otros políticos azules habían mostrado su apoyo al ex campeón de un torneo de lanchas rápidas de Don Q Cristal de 1994.

Aun cuando cumplía una sentencia de 209 años de cárcel por el secuestro y asesinato de un gruero que supuestamente había perdido un cargamento de un traficante colombiano, mucho antes de fugarse de la antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras para dirigir una operación multimillonaria de tráfico de cocaína, el “Tiguerón de la coca” Figueroa Agosto gozaba de una serie de beneficios que lo colocaban en una categoría privilegiada en comparación con todos los otros reclusos del sistema correccional del país.

[…]

Meses después de que las autoridades descubrieran la fuga de Figueroa Agosto, ocurrida el 5 de noviembre de 1999, el Negociado Federal de Investigaciones (FBI) intentó localizar el reporte de un oficial sociopenal sobre las reuniones que éste sostenía con el legislador, pero el mismo desapareció del expediente del Negociado de Investigaciones Especiales (NIE) del Departamento de Justicia.  “Se sentaban en un escritorio y hablaban de lo más normal.  Lo visitó unas cuatro a cinco veces antes de que se fugara.  Llegaba a la institución en su vehículo oficial y las visitas siempre me parecían sospechosas.  ¿Qué hacía un legislador como ‘Toñito Silva’ reuniéndose con una persona como Junior Cápsula?  No me lo podía explicar”, indicó una fuente que presenció las visitas de Silva al capo en la Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) del antiguo complejo de Río Piedras.

(FUENTE: Junior Cápsula con poderosos aliados en las altas esferas del PNP — Primera Hora, San Juan, P.R., 9 de marzo de 2010Y como es de esperarse, los énfasis los añadí intencionalmente, ¿OK?)

Francamente, es algo que yo no entiendo (y mientras la historia insista en su mal hábito de repetirse, lo entenderé cada vez menos).  Claro está, lo que preocupa no es tanto qué hace un legislador, o un alcalde, o algún otro funcionario público, activo o retirado, en reuniones con un conocido delincuente—digo, conocido para mucha gente, menos para el hoy ex-legislador Silva, que se ha cantado “ignorante” o “inocente” al respecto—, sino por qué figuras de poder e influencia en la vida pública de nuestro país tienen que interceder por una figura del bajo mundo.  A mi juicio, eso se presta para pensar que hay “dedos amarrados”…

Y si ustedes leen las cartas que muchos de las figuras mencionadas arriba escribieron en apoyo a sus solicitudes de indulto o clemencia—en las que se describe a Figueroa Agosto como “un buen esposo y padre de familia”, como “un pilar de la comunidad”, como “una persona honesta y trabajadora”—, tendrán que preguntarse, ¿estamos hablando de la misma persona?  (Digo, esa charada le funcionó bastante bien a Pablo Escobar en Colombia y a “Coquito” en Puerto Rico, aunque ninguno de los dos está vivo para testimoniarlo.)  Tal vez en el mejor de los casos, estos líderes políticos sólo conocían una cara de la moneda, o por lo menos, un ángulo de la personalidad de este individuo.  Ese ángulo de la persona de apariencia honesta, servicial, dispuesta a ayudar al prójimo en momentos de necesidad… pero que al darle la espalda sale a la luz su lado siniestro, la cara de quien se rodea de lujos, de influencias, de poder, a costa del dolor y el sufrimiento que el vicio de la cocaína y demás drogas le causa a otros (no a él), de aquél a quien, o le cumples su expectativa, o firmas tu sentencia de muerte.

Tal vez viraron la cara para no ver ese ángulo siniestro.  Tal vez viraron la cara porque eso les importa poco o nada.  ¡Quién sabe!

Me pregunto (como en otras ocasiones me he preguntado a través de este blog) si estas figuras políticas tendrán conciencia de lo que esto significa, y sobre todo, de las consecuencias potenciales que ello les puede acarrear (incluido el daño que ello le puede hacer a su reputación como personas, y a la reputación de la institución política a la que dicen representar—y que comoquiera hace tiempo que está bastante maltrecha).  Yo quisiera pensar que eso no llegará a ocurrir, pero… ¿qué tal si a “Junior Cápsula” se le ocurriera “pasarle la factura” a las figuras políticas que lo apoyaron?

No me gustaría pensar en ello.  Pero como la historia tiene el mal hábito de repetirse y las lecciones del pasado se olvidan demasiado pronto… y no quiero tener que estar diciendo, “¡Te lo dije!”…

¡Vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

LDB