… pero algunos más (o menos) iguales que otros: el cuento de nunca acabar

Amigas y amigos, mi gente,

Durante estas semanas en las que el mundo ha tratado de adaptarse a la carrera a una manera distinta de vivir, a causa de la pandemia de Covid-19 del 2020, han salido a relucir varias situaciones penosas, situaciones que los más optimistas entre nosotros desearíamos que se hubieran resuelto hace mucho tiempo. Para ello, quisiera consignar aquí 3 nombres, con el énfasis correspondiente en cada uno a través de toda esta entrada:

  1. Ahmaud M. Arbery.
  2. George Floyd.
  3. Christian Cooper.

¿Qué tienen en común estos 3 nombres? Primero, los 3 son hombres de raza negra (o para los políticamente correctos como yo, “afroamericanos”). Segundo, los 3 fueron en momentos distintos objeto de ataques en su contra, por parte de otros que no comparten con ellos el mismo color de su piel. Y lo tercero, por lo menos 2 de ellos pagaron con sus vidas por los ataques de que fueron objeto; sólo uno de ellos se libró de correr esa suerte. Pero en los 3 casos, se plantea la posibilidad de que los mismos comparten un elemento en común: que en los incidentes en los que estuvo involucrado cada uno, haya estado presente el elemento del racismo. Un problema que mucha gente en los Estados Unidos creyó que se estaba superando. Una herida en el corazón de la nación llamada, “más poderosa del mundo”, “tierra de los libres y hogar de los valientes”. Una herida que no acaba de cicatrizar—y sabe Dios si algún día cicatrizará.

Arbery tenía 25 años de edad cuando murió el 23 de febrero de 2020 cerca de Brunswick, Georgia (EE.UU.), en medio de un incidente—aún algo confuso mientras escribo esto—en el que, habiéndose detenido en una residencia en construcción durante una carrera de ejercicio, sale de nuevo a la calle a continuar con su carrera, sólo para ser seguido e interceptado después por un duo de padre e hijo, blancos, ambos armados, uno de ellos (el padre) con una escopeta, quien lo mató de 3 disparos, bajo el pretexto de que Arbery era un escalador que había estado rondando ese vecindario. Todo eso mientras un tercer hombre, también blanco, grababa en su teléfono celular un vídeo de la acción que se estaba desatando frente a él, sin aparente interés de hacer nada por evitar esa tragedia.

Floyd murió a los 46 años de edad el lunes, 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, Minnesota (EE.UU.), luego de ser detenido por un incidente en el que, supuestamente (hasta el día en que escribo, ya que no había concluido la investigación de los hechos), había tratado de pagar una mercancía con un billete de US$20.00 que había sido identificado como falso por un empleado de la tienda donde se efectuaba la transacción. Probablemente, el incidente no hubiera llegado a lo que llegó, de no ser porque uno de los 4 agentes de la policía que intervino con Floyd, quien ya estaba restringido con esposas (luego de—presuntamente—ofrecer resistencia al arresto), colocó toda la masa de su cuerpo, por medio de su rodilla izquierda, sobre el cuello de este último para restringirlo aún más. Y así estuvo durante 8 minutos y 46 segundos.

Déjenme repetir eso último: OCHO MINUTOS Y CUARENTA Y SEIS SEGUNDOS.

Y durante los primeros 5 minutos con 53 segundos de todo ese tiempo, Floyd no podía hacer otra cosa que suplicar por su vida (en una manera que de inmediato recuerda a otra muerte de origen policial, en el caso de Eric Garner; vía Wikipedia, en inglés, en español):

“No puedo respirar.”

“Me duele el estómago, me duele el cuello, me duele todo.”

“No me maten.”

Hasta que Floyd quedó inconsciente por otros 2 minutos y 53 segundos más, mientras el mismo agente policial mantenía su rodilla sobre el cuello del infortunado. Tras lo cual Floyd fue llevado por los paramédicos a un hospital, donde se certificó su muerte posteriormente.

Sin embargo, Cooper, cuya edad no aparece en las fuentes consultadas hasta ahora para esta entrada, no corrió la misma suerte de los anteriores, aunque no deja de preocupar la posibilidad de que el desenlace hubiera sido diferente. El mismo día que ocurrió la muerte de Floyd, el señor Cooper, un entusiasta observador de aves—quien resulta ser miembro de la junta del Capítulo de la Ciudad de New York de la Sociedad Nacional Audubon—sorprendió a una joven, blanca, cuyo perro estaba corriendo sin estar sujeto con una cadena, por un área forestada del Central Park neoyorquino, conocida como The Ramble” (nombre que se podría traducir como “El Paseo” o “El Paseo Largo”), en desobediencia de los rótulos que indican la regulación de esa práctica. Cuando el señor Cooper trató de llamarle la atención a la joven sobre el particular, ella se sintió “amenazada” y procedió a tomar su teléfono celular para llamar a la línea de emergencia 9-1-1. Sin embargo, en su llamada, ella expresó en un tono dramático que había un hombre negro que la estaba amenazando—a ella y a su perro—, que ella temía por su vida en ese sector del parque y que se enviara de inmediato a la policía para atender esa situación. Todo eso, mientras el señor Cooper grababa todo el espectáculo a través de su teléfono celular.

Ahora bien, ninguno de los 3 casos ha quedado sin consecuencias. En el caso de Arbery, tanto los 2 presuntos “justicieros” (yo los llamaría más bien, “ajusticiadores”) como el tercero que grabó toda la escena fueron arrestados en mayo de 2020, luego de más de 70 días sin que se tomara acción alguna, y en los que algunos funcionarios del ministerio público tuvieron que recusarse de la investigación por mostrar favoritismo implícitamente contra la víctima fatal.

En el caso de Floyd, sin embargo, se actuó un poco más rápido, cuando la policía de Minneapolis puso en licencia administrativa a los 4 agentes participantes, para después ordenar el despido de los mismos, y culminando con una acusación contra el agente que estanguló con su rodilla a Floyd—quien ya tenía casi 2 decenas de querellas en su contra por acciones indebidas como miembro de la policía—1 por asesinato en tercer grado, en su modalidad de asesinato provocado por una mente depravada (es decir, cuando un individuo lleva a cabo, con o sin intención, un acto, a sabiendas de que ese acto tiene una alta probabilidad de resultar en un grave daño corporal o en la muerte de otra persona; al hacer caso omiso de esa posibilidad, el individuo que lleva a cabo el acto demuestra una indiferencia depravada a la vida humana y la muerte así ocasionada se considera como cometida con malicia de antemano, “malice aforethought“; vea esta explicación en Wikipedia, en inglés). Lamentablemente, ello no ha impedido que se alcen las voces de protesta, tanto en Minneapolis como en otras ciudades, en las que han ocurrido manifestaciones con algunos actos destructivos (como la quema del cuartel policial donde estaban asignados los 4 policías blancos implicados en el incidente), mientras escribo esta entrada.

En el caso de Cooper, afortunadamente, la suerte se le viró en contra a la joven que quiso hacer el papel de “víctima”. A pesar de que después ella se disculpó públicamente por el incidente (disculpa que el señor Cooper dejó la puerta abierta para aceptarla), eso no parece haberle valido a ella de nada, ya que al día siguiente fue despedida por su patrono (una casa de corretaje de valores de la Wall Street) y hasta le fue quitado el perro que ella estaba paseando al momento del incidente (el cual ella había adoptado de un refugio de animales). (De paso, según el vídeo del señor Cooper que trascendió en los medios, la joven tenía agarrado al perro por el cuello, mientras trataba de ponerse dramática por el teléfono con la supuesta amenaza contra su vida y la del can. Me da la sospecha impresión de que eso debió haber influido en el ánimo de los responsables del refugio en su decisión de quitarle a la joven la custodia del perro—¿tal vez porque se demostraba en el vídeo una indiferencia depravada hacia la vida de un animal?—, pero eso es sólo mi opinión.)

Cabe preguntarse entonces si la joven habrá aprendido de esta experiencia a medir las consecuencias de sus actos de ahora en adelante (porque, en todo caso, ella fue la que ocasionó todo el problema, al no respetar una norma dirigida a asegurar el disfrute del área natural por todos, hombres y mujeres por igual, niños y adultos por igual, blancos, negros, latinos, orientales y otros por igual). Pero también cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la policía de New York (NYPD), notoriamente malhumorada y agresiva (no se podría esperar menos, por ser la fuerza policial que sirve y protege a una ciudad fría y dura como la de New York), hubiera intervenido con Cooper, y esa intervención hubiera tenido resultados funestos, como en el caso de Floyd o incluso en el de Garner (o que, en lugar de los “New York’s Finest“, hubieran intervenido “justicieros” civiles, como en el caso de Arbery). De haber sido así, ¿habría creído la joven que le estaba haciendo un servicio a la humanidad, al librarla de un hombre de raza negra que supuestamente amenazaba con hacerle daño a ella y a su perro (y todo, porque él la atrapó en falta)? ¿Podría ella dormir tranquila por la noche, sabiéndose responsable de una tragedia como ésa, o demostraría una indiferencia depravada hacia la vida de su presunto atacante?

Por ahora, y aunque no se había determinado si se radicaría en su contra alguna querella por el uso indebido de la línea de emergencia 9-1-1,2 creo que ya ella tiene suficiente castigo como para no poder dormir tranquila por mucho tiempo.

En todo caso, incidentes como los que estoy mencionando en esta entrada me llevan a otras ocasiones en las que he tratado el tema en este blog. Como hace unos 8 años, cuando dije lo siguiente:

“La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva. Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas. Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

“Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad. Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).”

Viendo cómo han estado sucediendo las cosas desde que escribí esa entrada en 2012, sobre todo en los años transcurridos desde 2017, con un magnate ególatra y voluntarioso al mando de “la nación más poderosa del mundo” (como decía la conocida muñeca chismosa… “¿he mencionado nombre yoooooooooo?”), me da la impresión de que los cerdos que regían la granja en la novela de Orwell siguen andando por ahí lo más campantes:

All animals are equal, but some animals are more equal than others.

(“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.”)

[…]

Definitivamente, parece que los cerdos se han hecho con el gobierno de esta granja. Un gobierno en el que se consideran por encima del resto de los animales. En el que el bienestar y el progreso de los demás animales no les importa; sólo mantener sus poderes y privilegios. En el que no son iguales con respecto a los otros… sino más iguales que los otros.

Y es esa clase de “cerdo” la que resiente cualquier cosa que sea conflictiva con su ideología racista. Es más, permítanme repetir aquí algo que escribí en 2013, tras el fallecimiento del líder de África del Sur (y ex-confinado número 46664), Nelson Mandela:

“… lo importante es que ahora queda un legado, tanto para los africanos del sur como para el resto del mundo. Un legado de firmeza en las convicciones, de buscar aquello que debe unir—más bien, une—a los seres humanos, sin esa distinción artificial resultante de cómo vemos el color de la piel del otro, o de dónde procede, o cómo es su cultura o su ideario político, o si es hombre o mujer, o si habiendo nacido hombre o mujer tiene otras inclinaciones (siempre que las mismas no sean hacia cosas verdaderamente abominables—y ésa es una raya que hay que tirar de todos modos), o si cree en Dios o en una Fuerza Suprema, o incluso si no cree.

“Un legado que siempre se verá bajo amenaza de quienes no ven la vida con ese mismo espíritu. De quienes pretenden mantener vivas las cosas que dividen a los seres humanos. De quienes pretenden explotar los miedos de los incautos hacia “el otro”—se llame “mujer”, “negro”, “latino” o “hispano”, “chino” u otro tipo de asiático (total, hay quien no distingue unos de otros), “homosexual” o “lesbiana” o “bisexual” o “transexual” o “transgénero” (y también hay quien pinta a todos éstos con el mismo brochazo)… se llame como se llame—para adelantar sus propias agendas en lo político, en lo religioso, en lo social. Bajo amenaza de quienes no creen en la justicia social.

“Pero aún así, es un legado del que podemos todos aprender algo, si nos lo proponemos. Y que podemos aplicar en nuestras vidas, si queremos. Y que podemos seguir propagando y extendiendo, si aceptamos esa misión que. después de todo, será para el bien de quienes sigan nuestros pasos ahora, y de quienes seguirán sus pasos después.

“Y es un legado de justicia, de persistencia, y sobre todo, de unión. UNIÓN para enfrentar las dificultades que encontramos a lo largo del camino. UNIÓN para prevalecer, más allá de las pequeñas diferencias, en busca del bienestar de todos. UNIÓN para lograr una vida mejor, un futuro mejor.”

Tal vez sea sólo una ilusión creer que se podrán vencer el racismo y el discrimen, pero yo creo que vale la pena. Por todos los Eric Garner, Ahmoud Arbery, George Floyd, Trayvon Martin, y muchos otros que se arriesgan a no ver la luz del día, porque alguien no les dio la consideración de seres humanos.

¡Y vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho—cada quien y a los demás—y pórtense bien.


1 Interesantemente, y no por reirme de las tragedias de nadie, antes de ponerme a actualizar esta entrada me enteré de que la esposa del policía implicado en la muerte de Floyd… ¡le ha solicitado el divorcio! La verdad es que no sé si tenerle pena al pobre individuo, pero con un historial como el suyo… ¡es como para que la amante—en caso de que la tuviese—lo deje de inmediato! ¡A juyirrrrr!

2 Para que los lectores fuera de Puerto Rico tengan una idea, el Artículo 239 de la Ley Núm. 146 de 30 de julio de 2012, según enmendada, conocida como el Código Penal de Puerto Rico (Ley 146-2012), dispone lo siguiente sobre las llamadas telefónicas falsas a sistemas de emergencia:

“Toda persona que a sabiendas efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada telefónica a cualquier sistema de respuesta a llamadas telefónicas de emergencia, como el tipo conocido comúnmente como “9-1-1”, para dar aviso, señal o falsa alarma de fuego, emergencia médica, comisión de delito, desastre natural o cualquier otra situación que requiera la movilización, despacho o presencia del Cuerpo de Bomberos, personal de Emergencias Médicas, la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias, Junta de Calidad Ambiental o fuerzas del orden público, incluyendo la Policía de Puerto Rico, o que efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada obscena o en broma a tal sistema de respuestas a llamadas telefónicas de emergencia, será sancionada con pena de reclusión por un término fijo de tres (3) años.

“El tribunal también podrá imponer la pena de restitución para subsanar cualquier utilización innecesaria de recursos o desembolsos innecesarios de fondos por parte del Estado Libre Asociado para responder a cualquier llamada telefónica obscena, en broma o constitutiva de falsa alarma a tales sistemas de emergencia.”


LDB

No hay enemigo pequeño… ¿o sí?

Amigas y amigos, mi gente: ¡estoy de regreso!

La verdad es que extrañaba mucho sentarme a escribir en este blog.

Y yo sé que a algunos de ustedes también eso les extrañó.

Cierto es que los eventos que tuve que vivir durante los últimos 3 años de vida de mi papá (vean aquí y aquí) tuvieron su peso en mi ánimo.  Aunque también les diré que empecé a tener dudas de por qué me sentaba a comentar en un blog sobre cosas que muchos otros tenían mejor base para comentar.  Admito que mi vida ha cambiado tan significativamente desde la última vez que me senté a teclear un comentario sobre esas cosas de la vida que son… ¿cómo lo digo?… tan “extrañas”.  Sobre todo ahora que, habiendo cumplido los 60 años de edad en diciembre de 2018, estoy entrando en una etapa de mi vida en la que debo irme despidiendo de aquellas cosas que me movían en mi juventud, para buscar algo que me dé mayor sosiego.  Y no es nada fácil cuando no hay un punto de apoyo cercano, alguien que te diga que lo estás haciendo bien, que tienes la fuerza y la capacidad para seguir hacia adelante.

Pero aún así, cada día te dices que debes tener ánimo, debes tener la fuerza para poder seguir hacia adelante, porque tienes que alcanzar una meta y no te puedes detener.

Aun cuando esa meta—por irónico que pueda parecer—te lleve por un rumbo distinto al que esperabas, como ha llevado a otros en los últimos años en Puerto Rico.

(OK, les prometo que, en su día, daré la debida explicación de por qué tendré que seguir ese rumbo, pero, lamentablemente, ahí la suerte ya está echada.)


Así las cosas, mientras eso ha estado ocurriendo en mi vida, el mundo que me rodea—por lo menos en lo inmediato—se ha vuelto una cosa más complicada de lo usual.  A Puerto Rico lo atacan desastres y calamidades inmisericordes, como los huracanes Irma y María (6 y 20 de septiembre de 2017, respectivamente), los movimientos sísmicos en la costa suroeste de Puerto Rico (particularmente el fuerte terremoto de maginitud 6.4/6,4 del 7 de enero de 2020), y para acabar de completar, una pandemia como no se había visto desde la “gripe española” de 1918 (Wikipedia: en español, in English).  Una variante de los llamados “coronavirus” (corríjanme si me equivoco, pero ¿no es el del catarro o resfrío común un tipo de coronavirus?), pero mucho más contagiosa y peligrosa, llamada “Covid-19”.

(Y a juzgar por el trágico impacto global de este virus, cabría preguntarse si es cierto aquello de que “no existe un enemigo pequeño”—pero ésa es mi opinión.)

Pero si estos desastres y calamidades han sido inmisericordes con Puerto Rico, la respuesta que se le ha dado por parte de las autoridades a estos desastres y calamidades ha sido—en muchos casos—más inmisericorde aún.  A riesgo de estarlo repitiendo como cotorra amaestrada, los huracanes de 2017 dejaron al descubierto la realidad de un Puerto Rico que aspiraba a lucir sus mejores galas, solo para resultar que estaba tan desnudo como el emperador del cuento aquél.

¿Y qué se ha hecho desde entonces por parte de los que pueden hacer algo para remediarlo?

Lo ignoran.

Se burlan.

Lo toman de tonto…

No, vamos a frasearlo de la manera que el—por entonces—gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevárez, lo expresó en un chat cibernético con sus ayudantes y funcionarios cercanos, que él pensaba que nadie conocería de su existencia—y que en última instancia, provocó que un pueblo molesto lo sacara del poder en agosto de 2019, menos de año y medio antes del final de su mandato:

“Cogemos de pendejo hasta los nuestros.”

Expresión del entonces Gobernador Ricardo Rosselló en una sala de chat de Telegram, el 1 de diciembre de 2018 a las 12:32:26 PM (UTC -4:00:00).

Y, aparte, yo creo que ésa es una gran verdad, la realidad de lo que han hecho todos los políticos habidos y por haber en el Puerto Rico de las últimas 4 o 5 décadas.

Y mientras lo ignoran, se burlan y lo toman de tonto, buscan sacarle provecho económico a la situación.

Destinan fondos públicos para contratos a compañías de poca reputación profesional, que pueden ser de esas empresas “de marquesina” o “de sótano” con apenas 2 o 3 socios (tal vez queriendo imitar el modelo de empresas exitosas como Microsoft o Apple, pero también queriendo hacerlo en menos tiempo).

O hacen contratos para adquirir pruebas de detección del coronavirus Covid-19 a sobreprecio, a favor de empresas sin ninguna experiencia o peritaje en equipos médicos—digo, a menos que el mantenimiento y reparación de acondicionadores de aire de escala comercial cualifique para ese propósito.  Y cuando el banco que se suponía que financiara esa pretendida transacción levanta bandera sobre la misma, las responsabilidades se evaden y nadie asume responsabilidad, nadie sabe nada, nadie dice nada.  Y la orquesta sigue tocando su música mientras el barco hace agua.

Y en el proceso, dándole la razón—aunque no necesariamente por la razón correcta—a un entertainer racista y con ínfulas de grandeza, al que el país que conocemos como los Estados Unidos de América cometió el garrafal error de elegir como su presidente para el periodo 2017–2021.  (Ya quisiera yo que allá aprendieran de esta mala experiencia, pero lo veo muy dudoso.)

Sí, la realidad es que se le ha fallado a la responsabilidad que cada quien debe tener, tanto individual (consigo mismo) como social (con los demás).  Y ha habido que recordárselo a quienes se les ha tiendo que recordar.  De eso habló el movimiento de pueblo que vivió el “Verano de 2019”, el que, con su persistencia, logró la salida del poder de quien se creía que podía “coger de pendejo” hasta a sus propios simpatizantes y quedar limpio de polvo y paja.  Aunque aún quedan algunos rastros de inmundicia que deberán ser limpiados a su tiempo.  Porque, como lo saben ustedes que me han seguido todos estos años, no cumplir con la responsabilidad que todos tenemos, con nosotros mismos y con los demás, trae consecuencias, aun para quienes no tienen la culpa de que le fallen quienes están llamados a ayudarles.


No es por nada, pero la verdad es que escribir esta entrada me está haciendo bien, dentro de la situación que vive Puerto Rico y el mundo en estos días que debieron marcar el inicio de una nueva década.  Pero nada, yo creo que esto debe motivarme a continuar el ejercicio de escribir este blog mientras la vida me lo permita.

Así que… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y sobre todo, de ésta vamos a salir adelante.

LDB

Mr. Branson y la "Resiliencia" (ACTUALIZADO)

Y aquí estoy de regreso, amigas y amigos, mi gente, con el enlace a un artículo escrito citado por Sir Richard Branson (biografía en español y en inglés, como siempre, vía Wikipedia—que por cierto, ahora me entero que es la principal fuente de información de una funcionaria de alto nivel de gobierno… Madam, you know better than that!) sobre la “resiliencia” (y me disculpan por las comillas, pero aún no estoy seguro de que la Real Academia Española la haya aceptado como vocablo en castellano, pero allá Juana con sus pollos) y las maneras en las que la misma se puede construir.  Una cosa de la que se habla mucho en estos días, a la luz del impacto que ocasionaron en Puerto Rico los 2 huracanes categoría 4-5 (alrededor de 150 mi/h o 240 km/h) de septiembre pasado: Irma el 6 de septiembre y María el 20 de septiembre de 2017.  Huracanes que pasarán a la historia de Puerto Rico como lo más devastador que se haya visto en el Puerto Rico de nuestros tiempos (o por lo menos desde 1928, cuando nos azotó un huracán de intensidad bastante similar, bautizado “San Felipe”).


ACTUALIZACIÓN (18 DE FEBRERO DE 2018, 14:00 UTC – 04:00): Ahora tengo que corregir lo antes dicho sobre la palabra resiliencia, como me lo acaba de demostrar la propia Real Academia Española:

RAE-Resiliencia

Quedo corregido entonces. Ruborizado


Y al momento en que escribo esto, unos 145 151 días desde el azote de María, aún está a oscuras casi la mitad de la Isla (¡y hasta las islas-municipios de Vieques y Culebra!), con probabilidades cada vez más lejanas de que se le restablezca el servicio de electricidad (y en algunos casos, el de agua potable también) en un tiempo razonable.

¿Será por la negligencia de alguien, ya sea del gobierno estatal o del federal?  Si es así, para mí que esa negligencia es bastante temeraria, casi rayando en lo criminal.  (Lo siento mucho si alguien se ofende con esto, pero es mi sentir y lo tengo que decir así, guste o no.)  Pero bueno, tarde o temprano se pagará esa negligencia, esa falta de responsabilidad con la gente, con un país que aún está herido, sufriendo las consecuencias de esa negligencia (se dice que de décadas de decisiones mal tomadas, y de índole político partidista muchas de ellas—como la de reclutar en puestos de importancia a familiares o “amigos del alma”, sólo por seguir la línea del partido, el que sea… y ya ustedes saben mi opinión al respecto), pero que se puede poner en pie y se va a poner en pie, le guste a quien le guste.

Sí, mi gente, yo creo mucho en nuestra resiliencia (aun cuando yo pensaba que la RAE no aceptaba esa palabra en el idioma español).  Esa resiliencia es lo que nos ha permitido sobrevivir a cosas peores.  Hasta a mí, personalmente, luego de la clase de año que tuve que pasar en 2017, como ustedes ya saben.  Y esta crisis que está pasando ahora mismo, no será la excepción.

Y ya que estoy de regreso… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien y sean personas razonables.

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Sueños, pesadillas, y «Pepe Isuzu»

Aquéll@s entre nosotros que estábamos creciendo durante la década de 1970, tal vez recordaremos—¿con cariño?—aquella campaña de publicidad gubernamental que rezaba,

“Algunos sueños son pesadillas.”

Ésa era una campaña dirigida a movilizar al puertorriqueño común y corriente en contra de un problema de adicción a las drogas que estaba empezando a crecer (y tod@s sabemos en lo que se ha convertido 4 ó 5 décadas después).  Una campaña cuya idea central era que los que trafican o venden sustancias químicas controladas ofrecen a los usuarios algo así como un sueño.  Un sueño que resulta ser muy nefasto.  Un sueño que se convertirá a la larga en una pesadilla de la que pocos han despertado… ¡digo, si es que logran despertar!

Pensaba en esto hoy, al ver la larga pesadilla en la que hemos estado sumidos durante el año 2015 que está por terminar.  Una pesadilla que tal vez comenzó mucho tiempo antes.

Una pesadilla coronada por 2 eventos sumamente difíciles para mi amado Puerto Rico: una escasez de agua que llevó al gobierno estatal a aplicar una de esas soluciones equivocadas de las que Groucho Marx advirtió agudamente en su tiempo: la de poner a casi todo Puerto Rico bajo un régimen de 6 meses de racionamiento; y una crisis económica y fiscal que reventó como bomba este año, y que dejó al descubierto el desgaste de un modelo político que—muy a pesar de quienes se aferran al mismo como si fuese un salvavidas, creyendo que no se ahogarán como el resto de nosotros—ya hace rato agotó su vida útil.

(Y para colmo de males, apenas hace unos días el procurador general estadounidense nos vino a recordar, a través de un escrito para un caso federal, que el sueño que se le vendió a mi gente en julio de 1952, o sea, unos 6 años, 4 meses y qué sé yo cuantos días antes de comenzar mi existencia, sigue siendo sólo una vana ilusión y que no somos la gran cosa que se nos hizo creer entonces, a nosotros mismos y al resto del mundo.  Y ésa es la verdad, ¡duélale a quien le duela!)

Todo lo que se ha visto este año que está por terminar ha sido un corre y corre.  Una improvisación.  Una búsqueda de cómo salir del lío en el que llevamos varias décadas, mientras que se apacigua a los bonistas (como lo pide la Sección 8 en el Artículo VI de la Constitución de Puerto Rico de 1952).1,2  Décadas en las que se aspiraba a lucir como si nuestra realidad fuera de un país más moderno, aún cuando nuestros cimientos se estuviesen haciendo añicos en el proceso.  Décadas en las que la billetera gubernamental parecía un pozo de dinero que nunca se podría agotar.  Pero, ¿y si al final del periodo acabábamos con menos dinero para sustentarnos que lo que habíamos gastado en sostener nuestra fachada de modernidad?  Pues “no problem!”  Tomamos prestado de lo que le toca a las futuras generaciones para sostenerse… ¡y que siga la fiesta!

(Y pensar que hasta yo mismo había venido diciendo en este blog, que esa jugarreta le podía salir muy peligrosa al país.  Una vez, y otra vez, y otra … ¡y ahí tienen!)

Y con el corre y corre y esa improvisación han venido las soluciones a lo Groucho.  Por ejemplo, se aumentó el impuesto de ventas y uso (IVU) 4½ puntos porcentuales, a 11½%, al frustrarse la implantación de un IVA (VAT) de 16%.  Un IVA más predicado en la propaganda que en la realidad económica del país.  ¿No me lo creen?  Pues juzguen ustedes si lo que recibí a comienzos de 2015 en mi  dirección de correo electrónico oficial3 encaja dentro de lo que acabo de plantear:

“From: Gobernador del ELA
“To: xxxxxxxx@xxxx.gobierno.pr
“Sent: Friday, March 6, 2015 9:28 AM
“Subject: REDUCCIÓN EN TUS CONTRIBUCIONES

“Hemos trabajado en una transformación total del Sistema Contributivo actual, que es uno injusto e ineficiente porque Ia carga contributiva descansa sobre la clase trabajadora y productiva.  La razón de esta transformación es traer justicia y equidad a las miles de empleados asalariados que como tu llevan la principal carga del país.

“Es importante que sepas que la implantación del IVA esta acompañada de una histórica reducción en las tasas contributivas de todos los individuos y corporaciones.  Todos los solteros que ganan S40,000 o menos pagarán $0 contribución sobre ingresos, y así lo verán reflejado en su cheque de nómina.  Los casados que ganen $80,000 o menos no rendirán planillas y tampoco se les retendrá dinero de su cheque por ese concepto.  Esto significa que más de 857,000 personas, de sobre de 1 millón de asalariados que hoy rinden planillas en Puerto Rico, no tendrán que hacerlo en el futuro.

“Como ejemplo, una persona soltera que gana §40,000, NO pagará contribuciones.  Lo mismo ocurre con los casados que tienen ingresos de $80,000 o menos.  También, a modo de ejemplo, si una persona gana $50,000 al año y rinde como soltera hoy paga contribuciones por los $50 mil, a una tasa que podría llegar hasta 25%.  Con la Transformación Contributiva esa misma persona no pagará contribuciones por los primeros $40,000, y solo pagará por los restantes $10,000 a una tasa propuesta de 15%.

“De lo que se trata es de justicia contributiva.  La gente tendrá más dinero en sus bolsillos, y además, se reducirá la evasión.  Con esta transformación los evasores también tendrán que pagar.

“Para que puedas ver de manera individual el ahorro que tendrás con la reducción de las tasas contributivas, te invito a que saques tus números con la nueva calculadora que está disponible en transformacionpr.com.  También puedes accederla directamente en sacatusnumeros.com.

“Si quieres que la comparación sea más clara, busca tu planilla del año pasado (año contributivo 2013) o la del 2014 y úsala como referencia.  Haz tus propios números y llega a tus propias conclusiones.  Ese ejercicio te permitirá ver claramente cuánto dinero adicional tendrás en tu bolsillo para utilizarlo como prefieras.

“Te exhorto a que invites a tus familiares, vecinos y amigos a sacar sus propios números.  En transformacionpr.com también obtendrás información valiosa de cómo funcionará el sistema completo para todas las personas, no importa su nivel socioeconómico.  ¡Infórmate!

“El Gobernador del Estado Libre Asociada de Puerto Rico,

“Alejandro J. García Padilla”

(A todo esto: ¿en qué quedó la famosa “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento” de la que tanto se habló en 2014?  Me imagino que ya nadie se acordará de eso…)

Otras lindezas improvisadas en este año incluyen: retener los reintegros contributivos de muchos de los que cumplieron con su deber ciudadano y pagaron a tiempo—y hasta antes de tiempo—sus impuestos (y por cierto, la mañana del día en el que escribo esto, se decía que se iban a pagar varios de los reintegros en el par de días que quedan antes de que culmine el 2015—¡qué pantalones!); retener el pago del Bono de Navidad de los empleados públicos hasta el último minuto que disponía la ley (¡sí, dije ley!) porque no había dinero en caja… para que entonces aparecieran por arte de magia los US$120,000,000.00 (US$120.000.000,00) necesarios para cubrir los pagos…

Ciertamente, todo eso ha tenido su costo: servicios públicos que si no se están deteriorando están en vías de ello, incluidos los que son esenciales, como el agua; una economía en la que hasta la empresa privada está sintiendo los malestares, con el cierre de varias empresas; y una migración de personas como no se había visto en mucho tiempo, principalmente a distintas ciudades de los Estados Unidos—en unas, con más suerte que en otras.

Pero hay un costo muy importante, tal vez el mayor de todos: el de la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos de todo un país.  Muestra de ello es lo sucedido con el presunto autor de la comunicación que cité hace un momento, el gobernador García Padilla, quien parece que vio la escritura en la pared y hace un par de semanas anunció al país que decidió no postularse para la reelección.  Algo que en su momento yo había visto venir:

«Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección….  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa)….

»Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

»Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y… yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.»

Es más, a mí hasta me da la impresión de que por los últimos 30 ó 40 años, los puertorriqueños nos hemos dejado gobernar por ese icono comercial ochentoso, «Joe Isuzu»—o por su versión boricua menos afamada, «Pepe Isuzu».  Es más, díganme (porque para eso es que está la caja de comentarios, ¿OK?) si la siguiente cita de Wikipedia referente al personaje original (con mi traducción-adaptación del original) le cae a la presente situación como anillo al dedo, o como el sayo del refrán (“Al que le caiga el sayo, que se lo ponga”):

«Joe Isuzu was a pathological liar who made outrageous and overinflated claims about Isuzu’s cars.  (One commercial even cast him as the Boy Who Cried Wolf.)»

O sea, que «Pepe Isuzu» era un mentiroso patológico que hacía reclamos atrevidos y excesivos sobre la marca de automóviles que promovía (de la cual yo llegué a tener uno a mi nombre, y esto no es broma), hasta apareciendo en uno de los anuncios publicitarios como el niño que gritaba, “¡ahí viene el lobo!”.

Peor aún, es la clase de mentiroso patológico que no tiene un color específico.  Puede ser rojo PPD o azul PNP, y quien sabe si hasta verde PIP, aunque el único verde que le interesa a los 3 es el del dinero, muchas veces mal habido.  Es más, voy a aprovechar que lo dije de manera bastante clara en una ocasión, featuring el “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo) «Mandrake Morrison» de los Quíntuples de Sánchez:

“Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento….  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero); en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una ‘estrella’ que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el ‘baseball’… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

“Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una ‘magia hermosa’ que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

“Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.”

Por los pasados 11 ó 12 años, he sido—y cuenten con que en el futuro seguiré siendo—consecuente en decir en este blog que muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario en Puerto Rico, o donde sea, se deben a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que atenernos a las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse—ni siquiera los mentirosos patológicos que parecen tenernos agarrados por el mango como a la proverbial sartén.  Lo mismo da que no hayamos cuidado de nuestras posesiones personales como del medio ambiente de este único planeta en el que nos ha tocado existir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.  Y ya sea que me sienta cómodo o no repitiendo esto, lo tengo que hacer—y lo seguiré haciendo mientras pueda hacerlo.  No hay otra manera de enfrentarlo.

Otra de esas cosas de las que de tanto que la he dicho a lo largo de los años en este blog, ya tiene vida propia y se dice por sí misma, es: ¿Qué es lo que una administración gubernamental—como dije, la que sea—que no cumplió con su responsabilidad cuando debió hacerlo, puede ganar con provocar un hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero como dije entonces, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

Y en lo que el hacha va y viene y el palo del refrán descansa, ¿qué hacer ante una situación así?  Pues como escribí en una ocasión anterior, la gente está teniendo que echar mano de las palabras de Don José de Diego:

“Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

“Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.”

Y eso es algo en lo que deberían pensar los «Pepe Isuzu» de la vida, esos mentirosos patológicos que tratan de vendernos—como dice el de «La Cámara que Vende», “como pan caliente… ¡y con mantequilla!”—reclamos exagerados y excesivos, esos que tratan de huir de la triste realidad, en la esperanza de que la misma no los alcanzará.

O tal vez, creen que la realidad no los alcanzará.  Pero tarde o temprano los alcanzará, como nos está alcanzando a nosotros.  Y tarde o temprano tendrán que sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad.

Y tarde o temprano, esos sueños que nos vendieron serán sus pesadillas.

¡Ojalá y así sea, en el 2016 que está por comenzar, y siempre!

¡Y vamos a dejar el año 2015 ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, sean personas razonables y nos vemos en 2016.  (Eso sí, roguemos por que el nuevo año no nos salga de pesadilla… Sarcástico )


1 La Sección 8 (“Prioridad de desembolsos cuando recursos no basten”) en el Artículo VI (“Disposiciones Generales”) de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1952 establece lo siguiente (énfasis añadido con toda intención): «Cuando los recursos disponibles para un año económico no basten para cubrir las asignaciones aprobadas para ese año, se procederá en primer término, al pago de intereses y amortización de la deuda pública, y luego se harán los demás desembolsos de acuerdo con la norma de prioridades que se establezca por ley.»

2 Pero para una explicación más detallada sobre el tema de la deuda pública del Puerto Rico de 2015 y los mitos sobre la misma, vea este artículo preparado por el Centro para la Nueva Economía (CNE).

3 Que conste que yo no divulgo mi dirección de correo electrónico oficial (ni siquiera mi dirección de correo electrónico regular) aquí en este blog, porque no la quiero para ningún otro propósito que no tenga que ver con mi trabajo.


Es más, aquí vamos de nuevo:

Yo soy Luis Daniel Beltrán… y yo APRUEBO esta entrada. Pulgar hacia arriba