Y la orquesta sigue tocando

Category:Sinking of the RMS Titanic
Category:Sinking of the RMS Titanic (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

La verdad es que cuanto más avanzan los acontecimientos, más me doy cuenta de que tengo la razón.  El sistema de partidos políticos en Puerto Rico está—por decir algo benévolo—dañado desde hace mucho tiempo.

Ha pasado poco más de un mes desde que se llevaron a cabo las primarias de los dos partidos políticos principales de Puerto Rico—el PPD y el PNP—, más la primaria premio-de-consolación del “Grand Old Party” estadounidense (los Republicanos, los rojos, los del elefante, por si alguien quiere más señas), y desde entonces han salido a relucir las triquiñuelas (por llamarlas de algún modo) que ambos partidos han estado usando por décadas para asegurarse su agarre al poder, triquiñuelas que ambos bandos se reparten a partes iguales.  Desde añadir papeletas de votación que favorezcan al candidato más desventajado—para que parezca como si hubiera ocurrido un “milagro”, de esos de los que se agarran algunos reaccionarios conservadores como si se agarraran de un clavo para no caer al vacío—hasta funcionarios electorales que firman por electores que por lo demás no pueden hacer oír su voz… porque después de todo, una vez mueres no hay quien pueda escucharte.

Y unos y otros echándose culpas mutuamente, los unos queriendo demostrar que los otros son unos corruptos (¿los otros más corruptos que los unos?).

Y mientras unos y otros se sacan mutuamente sus trapitos al sol (como que es algo de lo que viven, que les da su razón de existir), queda en tela de juicio todo un proceso electoral.  Sobre todo, ese proceso queda en tela de juicio en el peor momento posible, cuando los puertorriqueños nos encaminamos a ver a cuáles de los candidatos “favorecidos” en esa primaria ocupará su parcela de poder desde enero del año que viene—digo, a menos que los antiguos Mayas tengan razón y el mundo “se acabe” antes de que eso ocurra (y aun si eso fuera así… tengan la certeza de que este blog seguirá aquí, como y donde siempre Guiño ).

(Ah, y olvídense de la parte de esa primaria que corresponde al GOP, ya que como dice una compañera de mi trabajo, “¡nada que ver!”)

Francamente, me asusta pensar cómo será el proceso de las elecciones generales del 6 de noviembre de 2012, si va a estar plagado de listas electorales “infladas” con más nombres que la cantidad de personas inscritas, o con pedidos de una parte de que le permitan ver las listas electorales del bando opositor (algo que por lo demás se supone que no ocurra, ya que son documentos confidenciales por su naturaleza), o con maletines con material de un colegio electoral “arrestados” bajo sospecha de que su contenido ha sido intervenido—más bien, que se ha truqueado con el mismo.

(Aparte: aun cuando se pueda entender que no es incorrecto aplicar un término referente a una acción penal a un objeto inanimado como lo es un maletín, me da un poco de gracia esto de los maletines “arrestados”.  A mí lo primero que me viene a la mente es uno de esos maletines al que llevan esposado, como si fuera sospechoso de delito, pasando por el circo montado por los medios que quieren preguntarle si cometió el delito que se le imputa y él haciendo gestos de malandrín y expresándose más o menos así: “Yo soy inocente, ‘miss’, yo soy inocente, eso fue el guardia ca… ése que la tiene conmigo, ¿vihte?”…)

A mí, lo que me dice todo esto es que la razón principal para el desbarajuste de la política actual en Puerto Rico no está en los candidatos que se eligen en las primarias—que es donde se supone que el elector pueda separar la paja del grano, a pesar de lo que se ha visto en primarias de otros años—, sino en las propias organizaciones políticas por las que son elegidos, específicamente los partidos políticos.  En el actual proceso, ha sido fácil ver cómo los partidos políticos principales recurren a cuanto truco existe para mantenerse en control, para imponer candidatos que no necesariamente serán idóneos para los puestos a los que aspiran, para imponer una voluntad que no necesariamente es la de los ciudadanos.

Y le guste o no a la partidocracia establecida o formal y a quienes la justifican, esos ciudadanos son los mismos que miran con pánico cómo se deteriora la seguridad pública, cómo su salud mental empieza a decaer peligrosamente ante una realidad que los abruma, cómo su sustento peligra ante los altos costos de la energía eléctrica y la gasolina, y por consiguiente todo lo que depende de ambas para mover los bienes y servicios que ayuden a ese sustento.  Y no sólo con pánico: también con desconfianza.

Y es a esa misma ciudadanía a la que los partidos políticos deben anteponer como es merecido, a la que hay que darle la prioridad, en lugar de enfocar su tiempo y sus energías en prevalecer por medios deshonestos en una contienda electoral.

Dicen que mientras el “insumergible” crucero RMS Titanic se hundía en los mares del norte, la trágica noche de un 15 de abril de 1912 (¡quién diría que de ese trágico evento se acaban de cumplir 100 años!), la orquesta que amenizaba el viaje seguía tocando como si nada.  A veces me da la impresión de que en Puerto Rico sucede lo mismo: un país fuertemente impactado, cuyos habitantes observan con cierto grado de impotencia cómo se hunde, mientras que la orquesta formada por su “claje” política insiste en seguir amenizando una fiesta fatídica, como si nada.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

¡Qué vacilón!

New Orleans Mardi Gras parade on Canal Street,...
Mardi Gras, New Orleans ca. 1890.

Y si se trata de continuar escribiendo para sobrevivir, para no caer en la trampa del estupor, pues, aquí vamos de nuevo, amigas y amigos, mi gente.

Y si como decía en mi entrada anterior, lo que está mal está mal y así hay que decirlo, hay muchas cosas que en los primeros días del 2012—OK, ya sé que vienen desde mucho antes, pero bueno…—ha estado y están y estarán mal.  Como eso de “arrimarse” para utilizar servicios de agua y electricidad sin pagar por los mismos, en una residencia construida sin los debidos permisos gubernamentales (cosa que parece ser común entre quienes tienen—y hasta algunos que han tenido—el privilegio que da el poder, y que se creen que lo pueden hacer, pues, porque pueden hacerlo).  O eso de que quienes tienen la responsabilidad de llamar a capítulo a quienes se apartan de las sanas normas de convivencia, las mismas que nos requieren a los demás cumplir con nuestra responsabilidad de pagar el costo—cada vez más descaradamente alto—de dichos servicios, se cieguen ante la realidad y opten por no ver falta alguna en esa clase de conducta, y hasta la justifican para sí mismos, porque pueden hacerlo.

Pero eso sí: cuídate de ser cualquier “pelagatos” de por ahí, porque con la misma boca de comer te dicen que cumplas con tu responsabilidad, que no hagas lo que hacen (que no van a querer admitir que lo hacen), o si no… ¡la claje ‘e castigo que te espera!

Y también está mal que cada esquina de Puerto Rico se convierta en territorio de pandillas, como se pretende hacer con muchas de las instituciones que a quien únicamente se deben es al pueblo, a la gente, sin distinción de clase, religión, creencias, etc.  Que le guste a quien le guste, es lo que se está viendo actualmente en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, desde que se empezó a tomar el mismo como un botín de guerra de los políticos.  De ambos bandos, que total, da lo mismo unos que otros—aún cuando los magistrados identificados ideológicamente con una derecha conservadora que imita de forma pésima a su contraparte estadounidense (y no hay que abundar mucho en ello para saber a qué partido me refiero), son más burdos y evidentes en eso.  Y también está mal que esos mismos jueces, porque entienden que lo pueden hacer, se busquen cuanta artimaña hay para no tener que responder a la hora de rendir cuentas de sus actos.

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero a mí me parece que para esta clase de gente, la función de regir los destinos de un país no es algo que se tome muy en serio que digamos.  Es como si fuera cualquier otra cosa—que bien podría llamarse “vacilón”, “chiste”, “relajo”, o como lo llamó en una ocasión el líder “vitalicio” del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), “una bachata”.  (Y aquí tengo que pedir que me disculpen mis lectores y lectoras en la República Dominicana, si se ven ofendidos con esa usanza del nombre de esa música tan rítmica y pegajosa, que también gusta mucho aquí en Puerto Rico.)  Es como algo de lo que se pueden burlar, sin miedo alguno a que los sorprendan en pifia y entonces venga “el lloro y el crujir de dientes”.

Eso sí, no tod@s en Puerto Rico se pueden dar el lujo de que l@s sorprendan en una situación indiscreta y salir sin un rasguño, con suerte, o como dice la expresión idiomática estadounidense, “to come up smelling like roses” (frase que utilicé en una entrada anterior).  De eso puede dar fe Gricel Mamery (en Twitter: @GMamery), la anfitriona radial y televisiva que se vio en medio de una controversia cuando la fotografiaron hace unas semanas en las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan), edición del 2012, mientras un supuesto “amigo” de ella—uno de esos pseudoperiodistas latinoamericanos del ramo de “espectáculos y estilos de vida”—le levantaba la blusa (presumo que sin el consentimiento de ella) para que el mundo viera… esteeeeeeeeee… la belleza que ella llevaba por dentro.  Gracias a Dios que ella llevaba puesto su ajustador (o en buen español boricua, el brassiere), porque de lo contrario… la gente se hubiera creído que estaba en New Orleans en pleno Mardi Gras.  (A aquéllos de ustedes que han estado allí: por favor, no se hagan los inocentes, que ustedes saben a qué me refiero.)  Como consecuencia, ella perdió su empleo en un programa nocturno de variedades en la televisora gubernamental.  Y todo, por no tomarse en serio su responsabilidad como figura pública en una sociedad que (aunque no lo parezca) no ha dejado de ser conservadora.  Y todo, por haberse ido de vacilón, sin prever el problema en el que se iba a meter.

Y a ella, ¿quién la iba a defender?  (Por favor, no me contesten ésa.)  Nadie “tiró la toalla” por ella, como lo haría el buen entrenador boxístico cuando ve a su pupilo en serios problemas y quiere evitarle un mayor castigo (aunque ello signifique lastimar el ego del susodicho pupilo, que tal vez querrá seguir agarrando golpes, aunque sea para perder).  No, ella no es una legisladora a la que agarraron en manejos turbios, en un robo de servicios públicos de luz y agua (aunque se quiera hacer ver que eso no es necesariamente ilegal, aunque es más bien inmoral), o agrediendo a su pareja, o evadiendo su responsabilidad de mantener a sus hijos porque se siente superior al resto de nosotros, porque se cree por encima de la ley, porque es “un@ de los nuestros” y—por el bien del partido—hay que defenderlo a como dé lugar.  Hay que tirarle la toalla.

Francamente, no es mucho ni bueno lo que yo puedo esperar de gente así.  No es nada positivo.  Enfrentarse a las leyes promulgadas por “los otros” y prevalecer porque se ven favorecidos ahora (pero—y sigo insistiendo—ay de quien no está en “su reino”, para ese infeliz será el castigo).  Promulgar nuevas leyes y normas que los favorezcan, que les permitan abusar de la confianza que se les depositó, sin temor al castigo y a pasar la vergüenza… ¡ésa, la vergüenza, es para los demás!

Triste es decirlo, pero con eso es con lo que hay que lidiar día tras día.  Con eso y con sus consecuencias.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ciao!

LDB

Siempre queda la sospecha…

Calle 13 singer- segundos antes de volver a sa...
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Amigas y amigos, no voy a tapar el Sol con un dedo: ninguno de los componentes de Calle 13 es santo de mi devoción.

Digo, si Christine O’Donnell—la fallida candidata republicana al senado federal por el estado de Delaware, apoyada por el grupo de fanáticos conservadores conocido como el “Tea Party”—se disparó la maroma de comenzar un anuncio político pagado diciendo, “Yo no soy una bruja”, ¡que yo comience esta entrada con una oración como la del párrafo anterior no quiere decir nada!

Por cierto, ella dice al final de dicho anuncio, “Yo soy Christine O’Donnell…  ¡Yo soy tú!”  Si yo hubiera sido elegible para votar en Delaware, mi respuesta hubiera sido: “¡Y yo no soy tú!  Gracias… ¡pero NO, GRACIAS!

Pero volviendo al tema, ni el Residente (René Pérez-Joglar) ni el Visitante (Eduardo Cabra), ni siquiera la PG-13 (la hermana de Eduardo, Ileana Cabra) son santos de mi devoción.  Su estilo de decir las cosas, su irreverencia (como cuando el Residente dijo públicamente que se estaba orinando, mientras recibía uno de los tres premios obtenidos por Calle 13 durante la ceremonia de los Grammy Latinos de 2006), tal vez no sean para alguien como yo, de una generación diferente, que interpreta las cosas de otra manera.  Pero quiérase o no, ése es su estilo, y yo tengo que respetarlo, de la misma forma que yo exijo el respeto para mi estilo de decir las cosas. Y quiérase o no, ellos están en todo su derecho de opinar, de decir lo que piensan, sin que a nadie más se le ocurra entrar en un ataque de pánico por lo que ellos dicen.

Y precisamente eso es lo que hace el Residente en “Digo lo que Pienso”—una de las canciones del cuarto disco de Calle 13, “Entren los que quieran”—, cuya letra (o “lírica”, como la llama el corillo hoy en día) está causando furor, además de una clase de aprehensión entre los objetos de sus críticas.  Y la razón para ello se encuentra en las estrofas finales de “Digo lo que pienso”, en las que el Residente se refiere a un supuesto “periquero”, un “Alcalde drogadicto con cara de idiota”, un presunto “corrupto” que tiene “cara de narcotraficante con miedo”, y de quien ciertos supuestos amigos del Residente dicen que lo han visto “cambiando el perico / La coca, hueliendo (sic), olfateando”, y a quien le ofrece pagarle la “rehabilitación” y que ambos a la vez se hagan una prueba de dopaje.

Pero, ¿acaso mencionó el Residente el nombre de Alcalde alguno?  Una simple mirada a la letra de la canción (y les dejo como asignación buscarla a través de Google, Yahoo!, Bing o el motor de búsqueda de su preferencia) debería indicar que no.  Pero siempre queda la sospecha.

Y si de sospechas se trata, la prensa puertorriqueña—la misma que, por cierto, parece que no sabe qué más hacer para llamar la atención y se dispara la maroma de crear titulares tales como “Fidel jura bandera americana”… en referencia a un nacional cubano residente al este de San Juan, casualmente llamado Fidel Castro, que hace un par de semanas adoptó la ciudadanía estadounidense vigente en Puerto Rico—se encargó de buscar uno de los sospechosos habituales: el alcalde de San Juan, Jorge A. Santini Padilla.  (Sí, el mismo que en 2006 la emprendió contra los preparadores de un informe en el que se denunciaba que la ciudad de San Juan era una de las 10 ciudades en jurisdicción estadounidense que más criminalizaba a los desamparados y los deambulantes—y lo sigue haciendo al día de hoy.)

Ni corta ni perezosa (yo no sé cómo lo ven, pero esa frase me parece tan “Siglo 20 19”), la prensa le pidió una reacción… y esto fue lo que respondió (versión de El Nuevo Día; versión de Primera Hora):

“ ‘¿Ustedes creen que yo pierdo un segundo escuchando la música de ese tipo?  No hombre, no.  Yo no sé qué canción es, yo no sé si dice o no mi nombre, o lo que diga, pero no me interesa.  Porque mientras él escribe la cosa esa para después declamarla, yo estoy haciendo trenes, parques, escuelas, museos’, señaló el Alcalde.

“El Nuevo Día le preguntó por qué, a pesar de sus esfuerzos de relaciones públicas durante todos estos años no ha logrado desvincularse del tema. ‘¿Tú crees que yo voy a perder el tiempo con esa necedad y con esas tonterías?’, fue su respuesta.  Añadió que a quienes únicos le interesa el tema es a la prensa.”

Por supuesto, ésta no es la primera escaramuza entre ambos contendientes.  Valga recordar lo del año pasado, cuando el alcalde Santini mandó a cancelar un espectáculo en el que Calle 13 participaría, aparentemente en represalia reacción a las expresiones del Residente en contra del gobernador Luis G. Fortuño Bruset y su administración durante la transmisión de los Premios MTV de 2009.  Pero este nuevo episodio ya es otra cosa, algo así como gritar sobre el techo del edificio más alto un secreto a voces.  Secreto que pudo haber quedado más o menos expuesto el 18 de septiembre de 2009, durante el incidente que mencioné de pasada en una entrada anterior, en el que el primer ejecutivo capitalino se vio implicado mientras se encontraba en un cafetín rural en el peor momento posible: en medio de una incursión policial en la cual se investigaba—entre otras cosas—una aparente actividad de tráfico de narcóticos.  (Sé lo que están pensando: debí haber ampliado ese tema entonces, en lugar de concentrarme en la “caca laboral”, pero ya eso es otra historia.)  Incidente tras el cual el alcalde alegó que se quiso fabricar un caso por ley de drogas en su contra “por motivos políticos partidistas”, porque dos de los oficiales policiacos implicados fueron parte de la escolta de la hoy ex-gobernadora Sila M. Calderón (o sea, que son “culpables por asociación”).

Total, que un informe de agosto de 2010 de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico exoneró al alcalde Santini de toda sospecha relacionada con drogas y a los policías, más o menos, de la implicación de impropiedad que se quiso hacer en su contra.  Pero qué puede importar eso ahora, porque siempre queda la sospecha…

Está de más decir que las reacciones a todo este evento han sido mixtas, pero hay dos que llamaron bastante la atención.  Primero fue la de la radioemisora de los expertos en los chismes y diretes, broncas y bolletes que quieren hacerle creer al público que son análisis y noticias, que despidió a uno de sus analistas, el dramaturgo Roberto Ramos Perea, luego de que éste se expresara sobre el tema durante un programa en esa emisora, con la excusa de una supuesta baja en la sintonía del programa.  (Otro caso para archivar bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)  Pero más interesante es la reacción de la presidenta de la Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones de Puerto Rico (JRT), Sandra Torres, quien además de determinar que “Digo lo que pienso” es “completamente obscena y lasciva”,

“… instó a todo aquel que no se sienta cómodo o no esté de acuerdo en que se transmita la canción a escribir a la agencia que dirige para remitir las quejas a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en inglés), que es el ente con jurisdicción sobre estos asuntos.

[…]

“La funcionaria pública afirmó que el asunto tiene que llegar a la FCC, por lo que exhortó al público a enviar sus cartas a la JRT y ‘yo gustosamente las voy a remitir a la FCC con una carta de mi puño y letra expresándoles  la indignación del pueblo puertorriqueño sobre este tipo de material’.”

Francamente, tanta cortesía y amabilidad me abruman…  Pero eso no es lo único interesante de las expresiones de la funcionaria:

“Para la presidenta de la JRT, ‘el pueblo de Puerto Rico se siente indignado con la lírica de la nueva canción de René, independientemente que la canción vaya dirigida a una figura política de un partido en particular’.

“‘Yo creo que nuestra gente es más inteligente que eso, los valores nuestros deben ir por encima de cualquier consideración político partidista y por eso más allá de colores todos nos debemos sentir indignados’, añadió.”

Yo creo que todo lo que le faltó a la señora Torres fue repetir las palabras de Christine O’Donnell, “¡Yo soy tú!”  Y créanme, que mi respuesta sería la misma: “¡Y yo no soy tú!  Gracias… ¡pero NO, GRACIAS!”  Francamente, no entiendo cómo una funcionaria que tiene que responder a los designios de la administración gubernamental que la nombra a su puesto, se erige como un supuesto paladín de la decencia en los medios, como una mensajera de la “indignación” de un pueblo contra una canción que ella ha determinado que es “obscena y lasciva”, que predica el predominio de “los valores nuestros”—los mismos que tanto se le exhorta al pueblo que los practiquen en su vida diaria, pero que ellos mismos no son capaces de practicar.  Aunque aquí también, siempre queda la sospecha…

Al menos, en una cosa le doy la razón: “nuestra gente es más inteligente que eso”.  Y demás está decirlo, que nuestra gente es más inteligente y está reaccionando, cuestionando todo este asunto, desde la reacción del alcalde Santini, pasando por la “botá’ como bolsa” de Ramos Perea, hasta el manifiesto de la funcionaria convertida en portavoz de la lucha por proteger la moral y la decencia de los puertorriqueños.  Mientras escribo esto (a las 00:01 UTC –04:00 del domingo 28), veo que Global Voices ya ha recogido varias de esas reacciones.  También merece destacar las entradas que J. Sánchez Lugo, la Prof. Rima Brusi y Elco Lao le han dedicado al tema en sus respectivos blogs.

Yo lo que sé es lo siguiente: queramos o no, hay muchas cosas que toda esta situación ha dejado al descubierto.  Como la presunta conducta del funcionario que dirige los destinos de la ciudad de mayor importancia en Puerto Rico, puesta en duda públicamente por un artista cuyo “defecto” es querer cuestionar lo que hay, sacudir los cimientos de lo establecido y buscar un mundo más justo y equitativo, y aparentemente protegida por quienes no toleran el cuestionamiento, por quienes dicen defender la libertad de expresión, pero en realidad le tienen miedo a la libertad del pensamiento.  Y cuando suceden cosas como ésas… siempre queda la sospecha.

Y yo sospecho que esta entrada me quedó muy larga, ¡así que vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Porque YO soy la ley

Close-up of a lamp post outside El Capitolio
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Mi gente, esto es alarmante.  Alarmante. ¡ALARMANTE! No se me ocurre otra manera de calificar lo observado la semana pasada, luego de una serie de situaciones muy lamentables.

Primero, luego de que se llegara a varios acuerdos para poner fin al paro huelgario en la Universidad de Puerto Rico, y de que los estudiantes en paro ratificaran los mismos en una Asamblea Nacional el lunes 21, la administración universitaria—en lo que se ve muy a las claras como un acto de burdo revanchismo—optó por retractarse de dichos acuerdos y reanudó una acción judicial que llevaba para que se sancionara a los estudiantes en paro.  Esto, no sin que antes la asamblea legislativa puertorriqueña aprobara a toda carrera y sin discusión, y el gobernador Luis G. Fortuño Bruset refrendara, una medida para aumentar la cantidad de miembros de la Junta de Síndicos de la UPR, de 14 a 17 miembros, de modo—según se dice—de inclinar aún más la balanza a favor del partido en el poder (el PNP).

(Y no conformes con eso, una de las acciones en disputa, la imposición de una cuota de US$800 por estudiante para poderse matricular a partir de enero, a fin de “cuadrar” el presupuesto universitario, ha sido aprobada por la “new-and-improved” Junta de Síndicos para implantarse a partir de enero de 2011.  Yo no sé, pero a mí me huele a que habrá pelea otra vez…)

Después de eso, ante las acusaciones por corrupción de las que fuera objeto el Senador Héctor “Macaracachimba” Martínez—el mismo que a pesar de su aparente juntilla con un presunto narcotraficante ya fallecido, no quiere que lo llamen ‘narcosenador’—en el ámbito legal estadounidense, casi toda la delegación senatorial de la mayoría (PNP) (menos una senadora que se encontraba fuera de la Isla) hizo un despliegue de apoyo y solidaridad detrás de su figura, como no se había visto anteriormente.  Apoyo que incluso ha llevado al presidente del Senado, Thomás Rivera Schatz, a emprenderla contra el SAC (siglas en inglés para “agente especial a cargo”) del FBI en Puerto Rico, Luis Fraticelli, al que tildó como “el rey de la feca” (o sea, el rey de la mentira).

A mí este “cambio” de opinión me parece sumamente extraño.  ¿Será porque contrario a otras ocasiones, el imputado no es del bando político contrario—como en el caso del hoy ex-gobernador Aníbal Acevedo Vilá (PPD)?  Para eso tanto el FBI como la fiscalía estadounidense eran buenas entonces, ¿no?  ¿O será por alguna públicamente desconocida complicidad de muchos de estos senadores, en los manejos turbios de los que hoy se acusa a su correligionario?  Yo no sé, pero si esto último fuese así, a mí me parece que estos senadores se están subiendo demasiado la falda, a riesgo de que se les vea… esteeeeeeeeee… ¡el refajo!

Para completar, y probablemente para evitar que se cuestionara públicamente la presencia del narcosenador (¡y dale, que es tarde!) senador Martínez en el último día de aprobación de proyectos de la sesión ordinaria actual, el propio presidente senatorial Rivera Schatz, obstruyó—según los afectados, de manera injusta y arbitraria y con aires de fascismo—la labor de los periodistas que cubren el Capitolio insular, impidiéndoles el acceso a la cada vez peor vista “Casa de las Leyes”.  Obstrucción e impedimento que—aun si como argumenta Prometeo, los propios periodistas puertorriqueños ‘se los buscaron’ por dejarse chantajear mediante la pauta de anuncios gubernamentales en los medios para los cuales trabajan—no deja de ser un síntoma de abuso y de la “borrachera” del poder, y una falta de respeto al mismo pueblo al que estos políticos dicen representar, y a los medios que tienen la ingente labor de alertar al público sobre cómo se manejan sus impuestos… y a fin de cuentas, su destino.

Por supuesto, él dirá luego que se sacó a los periodistas del Capitolio porque un “periodista” aparentemente no acreditado “se pasó de la raya”.  ¿Cómo exactamente?  Habrá que darle tiempo a los libretistas de siempre, a ver qué (o a quién) inventan para justificar eso.  Pero entonces, por culpa de un supuesto “periodista no acreditado”, ¿tienen que pagar los platos rotos los demás periodistas que—bueno o malo—están haciendo su trabajo?  Para mí que eso no era.  ¡ESO NO ERA!

Irónicamente, esa obstrucción y ese impedimento contradicen las prédicas de libertad y democracia que constan en la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, las cuales nos atan para bien o para mal.  Así que, ¿con qué cara vienen ellos a hablarle al resto de nosotros de democracia y de buscar “la igualdad” con “nuestros conciudadanos del norte”, si sus acciones son contrarias a lo que predican?  (No en balde, hay muchos puertorriqueños que creen—porque no han dejado de creer de buena fe, con toda la mejor voluntad del mundo—en el mismo ideal anexionista que estos pseudolíderes defienden de la boca hacia afuera, pero que están completamente desencantados, o más bien, desengañados con lo que ven cada día.  Y ésa es la realidad, gústele a quien le guste y duélale a quien le duela. Pero ya eso es otro tema…)

Creo que voy a aprovechar para citar de nuevo lo que escribí un tiempito atrás sobre el afán de protagonismo del “distinguidísimo” líder senatorial, para que no se nos olvide:

“Para mí hay una cosa que es segura, y es que él quiere que la gente hable de él—bien o mal, pero que hablen de él—, que lo vea como el gran protagonista, como un hombre de poder, que puede hacer y deshacer sin que se le cuestione su capacidad, porque quien lo cuestione, quien lo critique es su enemigo, es de los que ‘no le gusta que se digan las cosas positivas que él el Senado está haciendo por Puerto Rico y sólo destacan lo negativo’, como dijo de ‘algunos sectores de la prensa’ puertorriqueña. (Y aunque eso no me impide pensar lo que ya en otras ocasiones he dicho aquí sobre algunos sectores de la prensa, sospecho que por lo demás él es de los que prefiere matar al mensajero cuando éste se atreve a cantarle las verdades.)”

“La vida es como una caja de chocolates…” (23 de agosto de 2009). (Noten que el énfasis en “él” está en el original; otros énfasis, los hago ahora con toda intención.  Y mi referencia a lo dicho en este blog sobre algunos sectores de la prensa… bueno, ustedes ya la conocen: no todos los periodistas—ni todos los medios de prensa en Puerto Rico—son “hermanitas de la caridad”.  Pero eso no significa que tengan que pagar justos por pecadores.)

Yo aún tengo la fe de que la misma prensa puertorriqueña a la que este “distinguidísimo” senador quiere mandar a callar, despierte y se atreva a cantarle las verdades… ¡y prevalezca!  ¡Y cuanto antes, mejor!

Pero en lo que el hacha va y viene, tengo que cuestionar la prepotencia de estas personas, el afán desmedido de conducirse como si estuvieran librando continuamente una batalla contra quienes no comulgan con su visión de mundo, desde los grupos comunitarios cuyo único “delito” es brindarle nuevas posibilidades a los sectores marginados de nuestra comunidad, pasando por los abogados y los grupos que defienden sinceramente—no de la boca para afuera—el medio ambiente de nuestro archipiélago boricua, hasta los estudiantes universitarios que buscan salvar el semillero del que saldrán las nuevas ideas que ayuden a poner a todo un país sobre sus pies.  Digo, ¿qué se gana con crear una seria crisis económica y social, que lo único que hace es empeorar lo que desde el principio ha sido una mala situación?  ¿Qué se gana con estar en una guerra constante contra quienes no encajan dentro de la visión de mundo “oficial”?  ¿Qué se gana con dividir a una sociedad que de por sí ya está enferma, que tiene que lidiar con una crisis delictiva en cada vez mayor deterioro, con una oleada de violencia doméstica (o más correctamente, violencia de género) como nunca se había visto (donde la víctima puede ser acribillada a balazos frente a sus hijos, o hasta se le rocía combustible y se le incendia), con un cuadro desalentador en su salud mental?  ¿Qué se gana con actuar de manera irresponsable y sin ponderar consecuencias?

La respuesta a estas preguntas… bueno, en todo lo que este blog lleva de existencia he gastado demasiados unos y ceros en ella, pero a veces no hay más remedio que repetirla: ¡NADA!  ¡ABSOLUTAMENTE NADA!

¡Y vamos a dejar eso—y la primera mitad del 2010—ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Cuestion de confianza

¡Saludos, mi gente!

A la hora del lunes 19 en la que empiezo a escribir esta entrada (20:31 UTC –04:00), en los noticiarios se ha mencionado con mayor o menor destaque un estudio del Pew Research Center, el cual indica algo que me llamó mucho la atención (por lo que también lo ubiqué en mi otro blog—si no me da con iniciar el blog en inglés que tanto me estoy prometiendo que voy a reiniciar en Blogger.com y aún no lo hago—, Lo que me llama la atención).  Resulta que según el estudio (divulgado ayer, 18 de abril de 2010), cerca del 22% de los encuestados dijo tener confianza en el gobierno estadounidense “siempre” o “la mayor parte del tiempo”.  Digo, si eso es así, eso nos deja con aproximadamente 78 de cada 100 estadounidenses descontentos con su propio gobierno nacional.  Y ya eso es demasiado decir.

De acuerdo con el informe que acompaña al sondeo, la confianza de los estadounidenses en el gobierno federal ha estado bajando de forma continua desde 1958 (el año en el que yo nací, por cierto), cuando el valor de esa estadística (confianza) era de 73%, en los tiempos en los que el general del ejército estadounidense, Dwight D. Eisenhower, presidía ese gobierno.  Como causales del bajo índice de confianza para el 2010, la encuesta cita la incertidumbre económica, un ambiente altamente político-partidista, y un abrumador descontento con el Congreso estadounidense y con los oficiales electos de ese gobierno—descontento acentuado por el agrio debate producido hace un par de meses en ese foro deliberativo, durante la consideración de la legislación propulsada por el presidente Barack H. Obama para reformar el cuidado de la salud.  Aún así, la encuesta dice que lo más que se puede decir de los estadounidenses es que están más frustrados que enojados, con 56% de frustrados y 21% de enojados (y sabe Dios cuántos que están… esteeeeeeeeee… mucho más que enojados).

Según los medios de prensa han interpretado los detalles del sondeo, lo anterior pudiera representar una situación problemática para la administración Obama y para los Demócratas, que tienen ante sí la perspectiva de perder varios escaños en las elecciones congresionales intermedias (en inglés, mid-term elections) de 2010.  A corto plazo, según una de esas interpretaciones de los medios, ello podría beneficiar a aquéllos en el Partido Republicano que no salieron electos en noviembre de 2008, a pesar de haber sido parte de la cultura de obstruccionismo político-partidista que alimenta la desconfianza a la que se refiere la encuesta.

Y ésa es una de las posibles consecuencias a corto plazo.  A largo plazo, según la misma interpretación, la desconfianza podría llevar a que los ciudadanos dejen de involucrarse en los asuntos que afectan a sus comunidades.  Entonces, la apatía se adueñará de los ciudadanos… y quién sabe si hasta la violencia.

(Y éste es un buen momento para recordar hacia dónde conduce la violencia, justo cuando el día en el que escribo esto se conmemoran 15 años de la muerte sin sentido de 168 seres humanos—incluidos 19 niños de un cuido diurno—en el atentado terrorista contra el edificio federal de Oklahoma City.)

OK, ya sé que me estoy extendiendo bastante en el tema de la encuesta del Pew Research Center.  Pero creo que sería bueno extrapolarla un poco hacia la realidad puertorriqueña en la segunda década del Siglo 21.  A mi juicio, en Puerto Rico tenemos factores similares a las causales que llevan a la baja tasa de confianza expresada en la encuesta:

  1. Existe una incertidumbre económica, acentuada por la manera (buena o mala) en la que se está manejando la economía—si a eso se le puede llamar así.  (Y no hace falta que yo entre en detalles al respecto, ¿o sí?)
  2. Hay un ambiente altamente politizado, en el que no se permite que florezcan las ideas que puedan ayudar a mejorar la situación de los puertorriqueños, si las mismas no están teñidas de azul novoprogresista (PNP) o de rojo popular (PPD)—o hasta de verde independentista (PIP), si algún día le dan un chancecito a ese partido, pero ya eso es otra historia.  (Y no me pongan a hablar sobre los intentos de los partidos políticos y sus huestes por pisotear a quienes tratan de ayudar a los pobres a pararse sobre sus propios pies.  De ese tema ya he hablado bastante…)
  3. Y sobre todo, también existe un descontento—si no abrumador, por lo menos significativo—con la Asamblea Legislativa de Puerto Rico (digo, no hay mucha diferencia entre nuestra legislatura y el Congreso federal en ese aspecto) y con los funcionarios electos supuestamente para representar nuestros intereses como ciudadanos.  Al igual que lo que se refleja en la encuesta a la que me he referido, en Puerto Rico hay quienes están decepcionados con quienes nos venden promesas de que se resolverán nuestros problemas económicos, que se pondrá coto a la alta actividad delictiva que nos atemoriza, que se atenderá más eficientemente la salud pública, a cambio de que les demos nuestro voto… para entonces resultar que todas esas palabras lindas, que todas esas esperanzas que se nos vendieron no son nada más que espejismos, y que aquellos vendedores de utopías (que los hay en todos los lugares, que venden lo mismo el capitalismo a rajatabla que el socialismo radical—lo lamento mucho, pero a unos y a otros les va igual) son sólo unos mediocres que abdican a su sentido de responsabilidad individual y social y prosperan a costa de nuestra situación, la cual no tendrá visos de mejorar en mucho tiempo.

Después de esto, que alguien me diga: ¿habrá o no razón alguna para desconfiar del gobierno?  Y si lo que dice la encuesta a la que me referí en esta entrada es lo correcto, ¿cómo será ese sentir en Puerto Rico?

Pero bueno, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


FUENTES:

  1. Majority of Americans Distrust the Government (Reuters, vía Yahoo! News, 19 de abril de 2010)
  2. Poll: 4 out of 5 Americans Don’t Trust Washington (Associated Press, vía Yahoo! News, 19 de abril de 2010)

LDB