Y tú, dónde estabas cuando…

John F. Kennedy motorcade, Dallas, Texas, Nov....
John F. Kennedy motorcade, Dallas, Texas, Nov. 22, 1963 (Photo credit: Wikipedia)

A un niño que está exactamente a 14 días de cumplir los 5 años de edad, no le será fácil entender el por qué de la interrupción súbita en su entretenimiento infantil de la tarde.  Pero algo estaba ocurriendo en ese momento.  Algo terriblemente malo.  Algo que hizo que todo el ambiente se hiciera sombrío en un instante, como si una perfecta tarde soleada diera paso con poco aviso a un barrunto de tormenta.

Algo había ocasionado que se interrumpiera la transmisión de algún programa para niños, en alguna de las tres televisoras comerciales de San Juan que (aparte de la emisora gubernamental WIPR-TV) se sintonizaban entonces en el este de Puerto Rico,* para dar paso a una noticia apremiante.

Había ocurrido un evento trágico en Dallas, Texas.  El presidente de los Estados Unidos de América, John Fitzgerald Kennedy, el líder de una de las dos principales potencias mundiales de entonces, había sido abaleado mientras recorría la ciudad en una caravana.  Sentado en el asiento trasero de un convertible (o descapotable, como los llaman hoy).  En presencia de su esposa que lo acompañaba a su izquierda, vestida elegantemente de color de rosa.  Frente a una multitud horrorizada que no podía creer lo que veía.  Ante la mirada atónita de un aparato de seguridad—bien o mal conformado—que a toda carrera tenía que sacar del área de peligro al preciado objeto de su custodia y llevarlo a un hospital para intentar salvarle la vida a como diera lugar.

Intento que de todos modos no rindió frutos, por más esfuerzos que se hicieran, ante la gravedad de las heridas.

Pero de que algo trágico había ocurrido, no había la menor duda.  Y de que el impacto de ese algo trágico fue enorme, tampoco quedó la menor duda.

Lamentablemente, después fue que comenzaron las dudas.  Posteriormente fue arrestado un sospechoso, quien cometió la torpeza de matar a un agente de la policía.  Pero ese sospechoso, ¿qué motivos tenía para asesinar al presidente Kennedy?  ¿Habría actuado por su cuenta, o bajo órdenes de alguien más—el hampa, los cubanos revolucionarios o los exiliados, los soviéticos?  “You name it!”  Y si así fuese, ¿quién era ese alguien más?  ¿Había con él otro asesino—u otros asesinos—para distraer a las autoridades?  Peor aún, ¿por qué las autoridades “no vieron venir” el que un hampón, dueño de un club nocturno, tuviera la ocurrencia “altruista” de ajusticiar al supuesto asesino bajo sus propias narices?  Y eso, ¿para qué?  ¿Para hacer expedita la justicia… o para que no hablara, para que no dijera la verdad de lo que ocurrió?

¿Tal vez para que nunca se sepa esa verdad y el evento se quede para siempre en el mar de las dudas, donde se cuecen las teorías de conspiración, las mismas que—bien o mal—ponen en tela de juicio “la versión oficial” de los hechos?

Ese 22 de noviembre de 1963 en Dallas, el mundo tuvo un despertar bastante rudo a una realidad.  De que un día que comienza como un día cualquiera, sólo para convertirse en una pesadilla en un abrir y cerrar de ojos—algo que se vería nuevamente casi 38 años después en New York, Washington y Shanksville.  De que las grandes figuras públicas no están exentas de ser víctimas de un acto barbárico.  Un acto en el que al igual que 38 años después, el mundo salió con su inocencia perdida.

Por cierto, es interesante que uno de los legados más duraderos de este evento trágico sea escuchar desde entonces una pregunta: “Y tú, ¿dónde estabas cuando mataron al presidente Kennedy?

Es más, si ustedes quieren saber dónde estaba yo cuando mataron al presidente Kennedy… bueno, tal vez quieran volver a leer los primeros dos párrafos de esta entrada.  Pero mejor, dejémoslo ahí.


* Para entonces, WKAQ-TV y WAPA-TV estaban en Puerta de Tierra y la WKBM-TV de Pérez-Perry (la antecesora de WLII-TV, Univisión-PR) estaba en Santurce.


LDB

La conspiración del absurdo

Mother Jones, American labor activist.
Image via Wikipedia

Y ya que en la entrada anterior mencioné de pasada el movimiento estadounidense de ideología altamente conservadora, conocido como el “Tea Party”, creí que sería una buena idea compartir con ustedes, amigas y amigos, algo que encontré esta semana en la Internet.  (¡Que va!  Lo hubiera compartido comoquiera, de no haberle dado paso antes al asunto de Calle 13 y el alcalde de San Juan, pero así son las cosas.)  Se trata de un artículo de la revista Mother Jones (la revista se llama así en honor a la activista laboral irlandesa-estadounidense, Mary Harris Jones, 1837–1930), que expone el aparente efecto que dicho movimiento de la derecha reaccionaria ha estado teniendo en varias comunidades estadounidenses, luego de haber logrado algunas victorias (con excepciones como la de Christine “yo no soy una bruja” O’Donnell, mencionada en mi entrada anterior) en las elecciones congresionales intermedias del 2 de noviembre de 2010.

Según el artículo de Mother Jones, luego de enfrentarse al “establishment” político en el Congreso estadounidense, los simpatizantes del “Tea Party” están enfilando sus cañones hacia otro blanco más insidioso (según ellos): hacia las comisiones locales de planificación y zonificación,* que al decir de dichos simpatizantes, están llevando a cabo una conspiración global para “pisotear” las libertades civiles estadounidenses y forzar a los ciudadanos a mudarse hacia un concepto Orwelliano denominado, “zonas de habitación humana”.

¡EXACTAMENTE LO QUE ESTÁN LEYENDO—Y COMO LO ESTÁN LEYENDO!

La causa principal de la incomodidad de l@s simpatizantes de este movimiento conservador radica en un documento cuyo título ellos encuentran siniestro… la Agenda (o Programa) 21, adoptada (junto con una declaración de 27 principios medioambientales) en la Cumbre de Río de Janeiro efectuada en junio de 1992 por la Organización de las Naciones Unidas.  Ahora bien, much@s de quienes leen esto, especialmente aquí en Puerto Rico, se preguntarán qué es eso, o si es de queso y se come con melao.

La Agenda 21 es un documento mediante el cual se procura que los países del mundo se desarrollen de una manera planificada, en la que se consideren los impactos del desarrollo humano sobre su medio ambiente.  Este documento adopta y refina el concepto de desarrollo sostenible (algunos usan indistintamente la palabra “sustentable” como equivalente de la palabra inglesa, “sustainable”) esbozado en 1987 por una comisión internacional, dirigida por la ex-primera ministro de Noruega, Dra. Gro. Harlem Brundtland.**  Según ese concepto,

“Desarrollo sostenible es el desarrollo que atiende las necesidades del presente sin sacrificar la habilidad de las futuras generaciones para atender sus propias necesidades. En sí (el desarrollo sostenible) contiene dos conceptos clave: el concepto de ‘necesidades’, en particular las necesidades esenciales de los pobres del mundo, a las cuales se debe dar una prioridad apremiante; y la idea de las limitaciones impuestas por la situación de la tecnología y la organización social sobre la capacidad del ambiente para atender las necesidades presentes y futuras.”

O sea, que el desarrollo sostenible busca que sea óptima la atención a las necesidades sociales y económicas actuales y futuras, ante las presiones a las que está sujeto el medio ambiente.  Implantar una política de desarrollo sostenible requiere normas estrictas que se hagan cumplir, y cuyos propósitos sean promover la conservación de los recursos naturales, ocasionar un mínimo impacto ambiental en el uso de éstos, e involucrar activamente y beneficiar a los residentes de las áreas objeto del interés particular.

Pero se preguntarán, si lo que acabo de mencionar es lo que plantea la Agenda 21, ¿cuál es el problema que tienen l@s simpatizantes del “Tea Party” con eso?  Pues dicen algun@s de est@s activistas—por lo menos, aquéll@s que se dignan a hablar con los medios de prensa, aunque no les sean santos de su propia devoción—que la Agenda 21 es en realidad una trama para eliminar el derecho a la propiedad privada y privar al pueblo estadounidense de sus más preciadas libertades; en el peor de los casos, su implantación resultaría—según estas personas—en la conversión de los Estados Unidos “en un estado soviético”.  Peor aún, las propuestas para hacer más denso el crecimiento de las áreas urbanas y fomentar el uso del transporte público masivo—algo que me consta que por años y años y años, los planificadores han estado predicando para tratar de resolver el problema de desparramamiento urbano al que me refería un par de entradas atrás—obligaría a la gente a mudarse de sus cómodas viviendas suburbanas hacia “zonas de habitación humana”, a vivir como los hobbits que habitan el universo literario de John Ronald Reuel Tolkien, y (¡Dios reprenda!) a dejar el automóvil—ese símbolo inconfundible del individualismo estadounidense—y tomar el autobús (la “guagua”, como le decimos aquí en Puerto Rico) para ir a trabajar.

(Francamente, ni yo lo hubiera expresado eso con tanto dramatismo.  Es más, ¿dónde están los violines cuando de veras hacen falta?)

Pero no se trata únicamente de combatir los conceptos como el desarrollo sustentable y la planificación densificada.  La hostilidad de l@s simpatizantes del “Tea Party” también va dirigida a lo que conciben como las “elites” que dirigen el presunto proceso de “destrucción” de aquellas cosas que les son sagradas, principalmente los planificadores y representantes de las agencias con responsabilidades de planificación, así como a los lugares de los que vienen esas “elites”, o sea, las ciudades y áreas urbanas altamente densificadas.  Al decir de algunos de los funcionarios afectados, la actitud anti-elitista, que algunas veces raya en lo hostil, junto a la falta de argumentos racionales y juiciosos que respalden sus teorías, resulta en una mezcla tóxica para quienes no estén acostumbrados a lidiar con estos activistas.  (Y ni hablar de las consecuencias de esa mezcla tóxica.)

La verdad es que leo todo esto, y no deja de asombrarme cómo hay gente ignorante, capaz de descarrilar todo un proceso que busca beneficiar a todos por igual (o por lo menos, eso es lo que se pretende), que busca un desarrollo ordenado y planificado, a la vez que se protege el medio ambiente y la manera en que los seres humanos sacan provecho del mismo, sin poner su propia supervivencia en peligro.  No sé cómo lo vean ustedes, pero creo que se trata de gente sin conciencia, gente que cree que las cosas de las que disfrutan estarán ahí para siempre.  Gente que bajo una supuesta consigna de libertad, comete uno de los mayores actos de libertinaje.  Gente que—tal vez sin saberlo—está contribuyendo a colocar los clavos de su propia tumba.

Ya veremos cómo se lidiará con esta clase de mentalidad.  Lo malo es que esto apenas está comenzando…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Desde ya les deseo a tod@s una Feliz Navidad… o para l@s PC (políticamente correct@s) entre ustedes, ¡muchas Felicidades!


* Para información de quienes leen esto fuera de Puerto Rico, a diferencia del proceso de planificación habitual en cada estado de los Estados Unidos, el proceso en Puerto Rico está regido principalmente por una junta que responde a la Oficina del Gobernador (la Junta de Planificación de Puerto Rico).  No obstante, existen una ley (conocida como la Ley de Municipios Autónomos o Ley número 81 de 1991) que le confiere a cada uno de los 78 municipios de Puerto Rico, un mínimo de autoridad para planificar el desarrollo de sus espacios urbanos y rurales, según lo estimen apropiado.

** Our Common Future: From One Earth to One World, por la Comisión Mundial Sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.  Dra. Gro Harlem Brundtland, Presidenta.  Oxford, Inglaterra: Oxford University Press, 1987.


LDB