Haz lo que yo digo, NO lo que yo hago: Edición “Fuego y Azufre”

OK, pellízquenme los brazos si lo he mencionado anteriormente en este blog.  Pero casi 4 décadas después recuerdo el comentario que me hizo una compañera de estudios en la actual Universidad de Puerto Rico en Humacao, mientras esperábamos el inicio de una clase en el programa de Biología Marina.  La joven, cuyo nombre ya no puedo recordar (aunque sí recuerdo que era del vecino pueblo de Gurabo), pero que era miembro de una iglesia cristiana protestante (hasta donde yo tenía conocimiento), me contaba sobre una situación en la que se había visto un pastor evangélico de su comunidad, en la que enfrentaba algún cargo por un incidente violento, creo que contra una menor de edad.  Puede que yo no recuerde mucho de lo que ella comentó, pero ella hizo un señalamiento que desde entonces llevo grabado en mi cabeza:

“Algunos que dicen ser cristianos son hasta peores que el mismísimo demonio.”

(Y ahora que me doy cuenta, por lo menos en una ocasión mencioné esta anécdota en el blog.  OK, ya está bueno, ¡dejen de pellizcarme, que eso duele!  ¡AAAYYY! Llorón )

Reloj

(OK, mis brazos ya están bien, puedo seguir escribiendo.)

Pues bien, hoy fue una de esas veces en las que me acordé de las palabras de la compañera universitaria de entonces, al ver en mi cuenta de Twitter una noticia en particular.  Una noticia que, queramos o no, nos lleva al trágico evento ocurrido el 12 de junio de 2016, cuando un individuo presuntamente influido por la ideología radical musulmana—la misma que, a mi entender, no es representación fiel de las buenas personas que practican esa religión, y que es detrás de lo que se esconden pandillas de asesinos, como la que se hace llamar “Estado Islámico de Irak y Siria” (o “de Irak y el Levante”) (y sí, eso es ese grupo, y como tal hay que llamarlo, como una pandilla de asesinos que no merece ninguna legitimidad en lo absoluto, ni religiosa ni política)—asesinó a 49 personas—23 de las cuales eran puertorriqueñas—en la discoteca “Pulse” de Orlando, Florida (antes de ser abatido por las fuerzas policiales).  Cuarenta y nueve personas que salieron a divertirse ese sábado por la noche, como cualquiera de nosotr@s lo haría—pero sin pensar que esa diversión acabaría costándoles la vida.

Y no pasaron 4 días desde el trágico suceso, cuando a una persona identificada como pastor evangélico de una localidad en el vecino estado de Georgia se le ocurrió colocar la siguiente expresión en su cuenta de Twitter:

“Been through so much with these Jacksonville Homosexuals that I don’t see none of them as victims. I see them as getting what they deserve!!”

¡Todo porque el escenario de la matanza era un club nocturno frecuentado por—o cuyas actividades están dirigidas a—homosexuales!    (Además de que equivocó el nombre de la ciudad, porque Jacksonville está al norte de Orlando, casi en la colindancia estatal con Georgia.)  Es más, voy a volver a la misma entrada de mi blog que cité hace un momento, porque creo que lo siguiente le cae como anillo al dedo, a éste y a muchos otros a quienes el sayo le cae perfectamente:

“Yo me cuestiono cómo… el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos…  ¿… será de los ciegos que se ufanan de algo así como… ‘mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)’?”

Pero, ¿qué tal si echamos este otro ingrediente en la olla, a ver la clase de guiso que resulta?

“Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las ‘fallas’ de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas ‘fallas’, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos ‘pecador (o pecadora)’—queden retratados en una afirmación como la que cito….”*

[…]

“Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.”

(* La afirmación a la que me refiero está en: Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.)

Pues bien, parece que mi entonces compañera de estudios y yo tenemos razón, muchos años después.

Según esta nota publicada por el portal noticioso Fusion, el mismo pastor evangélico de Georgia que dijo que las 49 víctimas de una ira asesina—y repito, incluidas 23 víctimas puertorriqueñas—recibieron “su merecido” por ser lo que cierto ex-presidente del Senado boricua llamaría “torcidos”, fue arrestado este fin de semana por cargos de acoso sexual simple y agravado, en la persona de un menor de 16 años miembro de su congregación, en hechos ocurridos hacia el año 2010.

¿Alguien tiene una explicación RACIONAL para esto?  Una explicación de por qué una persona que está llamada a predicar la paz, el amor, y más que nada, el perdón de nuestras fallas como seres humanos, busca satisfacer a escondidas los impulsos carnales que tanto le critica y condena a otr@s.  ¡Así cualquiera!  De un lado, condenando los impulsos carnales que—según él—llevaron a los 49 de “Pulse” a recibir el “castigo de Dios”, mientras que del otro lado, cediendo a esos mismos impulsos carnales.

Tal vez le cae perfectamente ajustado el sayo del que sirve a los 2 amos.

Tal vez conviene repasar algo que escribí anteriormente sobre las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes ilegales:

“Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como ‘quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás’, como ‘personas bañadas de «rectitud» de arriba para abajo’—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.”

Y lamentablemente, tanto al asesino de la discoteca “Pulse” como al pastor evangélico que quiso pasar por más santo que Dios, les cae perfectamente ese sayo.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

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¿De quién es la hora?

Hector "Macho" Camacho
Hector “Macho” Camacho (Photo credit: MarkGregory007)

“La vida es una cosa fenomenal, lo mismo pal de alante que pal de atrás.”

Luis Rafael Sánchez, La guaracha del Macho Camacho, 2da ed., Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Flor, 1976.

A mí no me cabe la menor duda de que la vida es una cosa fenomenal.  Y me imagino que para Héctor Luis Camacho Matías (vía Wikipedia: en español y en inglés)—quien poco tiempo después (a comienzos de la década de 1980) haría suya la “persona” que Sánchez utiliza como vehículo para narrar “algunos extremos miserables y espléndidos de las vidas de ciertos patrocinadores y detractores” de la presunta creación musical—la vida también fue una cosa fenomenal.  Una vida llena de triunfos y glorias, de momentos malos y de cosas buenas (como lo cantaría en su momento “el cantante de los cantantes”, a no dudar uno de sus ídolos).  Una vida en la que podía salirse con la suya haciendo gracias para que la gente—o tal vez, alguna gente—se las riera.  O podía no salirse con la suya.

Una cosa fenomenal con sus extremos miserables y espléndidos.

Y ciertamente esa cosa fenomenal es lo que ha desfilado ante nuestros ojos desde el 20 de noviembre de 2012, dos días antes de la festividad anglosajona de Acción de Gracias, cuando se dio la inesperada noticia (tal vez “inesperada” para mí y para muchas otras personas, aunque ello pudiera ser debatible) de que el Macho Camacho había sido abaleado por desconocidos—que a juzgar por la “eficiencia” investigativa de las autoridades locales, todavía lo son cuando escribo esto—mientras estaba sentado en el auto de uno de sus amigos de la infancia (que aunque ya se ha dicho por un tubo y siete llaves creo que me toca a mí ser quien lo diga una vez más: el susodicho amigo también fue tiroteado y perdió la vida en el atentado, tras el cual las autoridades encontraron drogas ilegales en su posesión y en el mismo vehículo) frente a un expendio de licores en su pueblo natal de Bayamón (al oeste de San Juan).  Extremos tan miserables como la espera agónica del país y del mundo por el desenlace, la garata en la que se enfrentaron (en la categoría de peso “fideo mojado”) el director del Centro Médico de Puerto Rico y un conocido cirujano cardiovascular (el mismo que trató de retar al actual gobernador de Puerto Rico en las elecciones de 2012) cuando cada quién trató de explicar a su manera por qué se esperó demasiado a que se declarara la muerte cerebral del occiso—qué feo les quedó eso a ambos profesionales de la salud, pero eso ya es otra historia—y la no menos penosa garata entre algunos de los dolientes por determinar si lo separaban de las máquinas que lo mantenían vivo (una vez la declararan con “muerte cerebral”), o por reclamar su “sitial” en el reino celestial en ciernes.  Especialmente la garata formada entre la más reciente “compañera” del difunto y la que la precedió, sólo porque la primera se atrevió a darle un último beso apasionado al cadáver de su amado…

(¡Huy!  Con su permiso, vengo en un momento, que me siento con deseos de vomitar…)

Portada de 'La guaracha del Macho Camacho', 2da. edición (Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Flor, 1976).

(¡Ahrrrrrg!  Ya estoy de regreso, discúlpenme.  Y sí, esa es la portada de la edición que tengo de La guaracha del Macho Camacho.  Y es un milagro que todavía la tengo.  Pero volvamos al tema.)

Digo, eso es algo que yo no haría, no importa quién fuese el ser querido que veo inmóvil, inerte, en esa caja de metal con bordes relucientes de “oro de los tontos”.

Como fuese, la cosa es que sin proponérselo—porque nadie se busca que le suceda una cosa así, y tengo la impresión de que a pesar de los pesares, él no se estaba buscando ese final para su vida—el Macho Camacho hizo una salida tan espectacular como las entradas que protagonizó antes de sus combates, en medio de la algarabía y el alboroto.  Ya fuera que se le adorara como a un objeto de culto o no—y confieso que él nunca fue santo de mi devoción—, no dejaba de llamar la atención.  Tal vez porque él era el reflejo de una forma de vivir sobrevivir, de un individuo que afronta los retos de una frontera salvaje, conocida como la ciudad de Nueva York (no muy diferente de la que nos pintan los “westerns” estadounidenses), una frontera que lo deshace para luego moldearlo a su medida, y entonces supera esos retos a su manera, como la misma vida se lo enseñó.

No sé, pero creo que dondequiera que él esté, él deberá estarse sonriendo de oreja a oreja, disfrutando de todo el rumbón formado en torno a su trágico final, viendo cómo todos abajo en la tierra se envuelven en loco frenesí, pensando que sí era cierto aquello que alguien que le debió haber “copiado” el nombre (aun cuando nuestra percepción del tiempo y el espacio dictan que la realidad es otra) dijo una vez, de que “la vida es una cosa fenomenal, lo mismo pal de alante que pal de atrás”…

¡Buen viaje, Macho Camacho!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

La caída del gracioso

2003 Bentley Azure Mulliner Final Series Photo...
Image via Wikipedia

OK, amigas y amigos, mi gente.  En la entrada anterior terminé pidiendo que vinieran los payasos.  Pero tal vez con la prisa de escribir se me olvidó (¿de veras?) mencionar que de unos meses a esta parte teníamos un payaso entre nosotros.  Una figura que ha querido darle un entretenimiento gratuito a Puerto Rico y al mundo.  Un individuo que a falta de la capacidad para desarrollar ideas que ayuden a su pueblo a superar su infortunio, se ha convertido a la trágala en una figura folclórica, en un referente cultural populista, en un bufón que tal vez cree que todo mundo debe reírle las gracias.  Y en el proceso, ha puesto en entredicho muchas cosas, tales como el prestigio (por lo menos, el poco que pudiera tener en estos momentos) de la profesión política, y hasta la afición de ciertos medios convencionales por la trivialización y el sensacionalismo.

Pero vamos por partes, comenzando por lo que escribí hace menos de un año:

“… todavía es la hora en que se me hace difícil entender cómo es posible que elijamos para los puestos públicos en Puerto Rico, personas que por lo demás deberían asumir una conducta pública digna… para entonces echar por tierra esas expectativas.  Pero a veces, la vida nos demuestra que no siempre el que más se llena la boca predicando la honestidad es el más honesto, no siempre el que más se llena la boca predicando la paz y el amor hacia el prójimo es el más tolerante hacia quienes no son sus iguales, no siempre el que más firmemente se apega a la prédica de la moral y la decencia es el mejor ejemplo a seguir.

“Prueba de ello nos la dieron la semana atrasada… dos ‘servidores públicos’, quienes se han visto envueltos en situaciones que apuntan hacia su carácter y su entereza moral (o a la falta de los mismos).  (Uno) de ellos…  el senador (of all people!) Antonio Soto Díaz, que se hace llamar “el chuchin”, quiso caer en gracia durante un programa matinal en la radio FM local… y se ufanó de que la contratación como su ayudante, de la conocida modelo profesional Yadira Hidalgo… esteeeeeeeeee… no fue precisamente por sus cualificaciones profesionales, si entienden lo que quiero decir…

(OK, voy a decirlo como es: fue… esteeeeeeeeee… ¡porque ella tenía unas tremendas nalgas!  PUNTO.)

Francamente, con un antecedente como ése, no cabría esperar nada bueno.  Al contrario, sólo tienen cabida las payasadas cada vez más espectaculares.  Como la supuesta capacidad de ese individuo para “adivinar” el resultado de un campeonato deportivo o la candidata delegada (¿así las llaman ahora?) ganadora de Miss Esto o Miss Aquello o Miss Lo Otro, porque él alega ser “brujo” (y no precisamente en referencia al cognomento de los oriundos de la ciudad de Guayama, en el sur de Puerto Rico para los que me leen en el extranjero).  Aunque yo no sé: creo que el pulpo aquél que predijo que España vencería a los Países Bajos en la Copa Mundial de Fútbol/Soccer/Balompié del año pasado, acertaba más que el “honorable” en cuestión.  (¡Una pena que nuestro amigo el cefalópodo ya no esté con nosotros; a lo mejor aún se lo están cenando en escabeche!)

Pero para hacer el cuento corto, lo que parece haber tirado a ese individuo a la fosa de los leones es su admisión de que maneja un costoso automóvil Bentley blanco de 1999, de esos que ni yo ni muchos de mis lectores y lectoras nos podríamos costear por más que quisiéramos (el precio de un Bentley nuevo del año-modelo 2011 ronda los US$200000—y si no me lo creen, háganse una búsqueda en Yahoo! Autos para que lo vean con sus propios ojos).  Y entonces, ¿cómo una persona como ésa puede acceder a un vehículo así de lujoso, sin ser un empresario de esos a los que el éxito les sonríe, o sin ser uno de esos afortunados que gastan su dinero en lujos, como si su vida dependiera de tanta ostentación?  Ésa es la gran interrogante, y el muy “distinguidísimo” senador ha tratado de contestarla… ¡de tres o cuatro maneras diferentes!  O lo compró (cosa que yo dudo, nada más en vista del precio mencionado arriba en este párrafo), o lo usa mediante un arriendo, o se lo prestaron (naaaaaaaaaah!)… o se lo regaló una persona “anónima” porque como él es diz que “buena gente”…  (Si por eso último fuera, a lo mejor manejaría un auto de mayor “distingancia”—sorry, doña Jacinta!—que la guagüita que yo manejo de momento… total, soñar no cuesta nada…)

(O quién sabe si otros le “prestaron” a él su buen nombre, su crédito, para él poder adquirir ese costosísimo vehículo y así tener de qué ufanarse ante un país que le ríe las gracias.  Digo, uno nunca sabe…)

Pero si es patético ver la clase de ejemplo que da una figura pública como ésa, para mí es más patético que se le dé foro en los medios de comunicación principales, que se le dé lo que llaman un “outlet” para él poder hacer los disparates que le dé la gana, tal vez esperando a cambio la risa de una ciudadanía que no aguanta el incremento en el costo de sobrevivir (más que de vivir), que tiene que salir a la calle con el temor de no poder regresar con vida a su casa, que sufre y padece serios problemas de salud y bienestar a los que sus líderes le dan la espalda.  Y esta experiencia pone en evidencia la parte que desempeñan los medios de comunicación social, cuando se dejan llevar por lo trivial, por lo que no es sustancia, por lo que apela al instinto más bajo del ser humano.  Cualquiera diría que muchos de estos medios se han dejado perder el respeto de sí mismos, a cambio de lograrse una posición de privilegio en el favor del público.

Total, que ya yo lo venía diciendo hace tiempo (de la misma fuente que en la cita de arriba)…

“… eventos como éstos apuntan hacia un síntoma bastante serio, en lo que respecta al liderato político del país.  Un liderato político sin carácter, sin vocación de servicio, que se deja llevar por sus impulsos más bajos…

“Tal vez ésa es una de las consecuencias de elegir ‘cualquier cosa’, lo que sale de debajo de la tapa de un zafacón (‘papelera’, ‘cesto para la basura’, etc.), como la persona que ha de representar y defender los intereses del pueblo, en lugar de buscar personas que tengan un sentido de responsabilidad, que tengan un sólido carácter moral, que asuman con seriedad la función pública, que manifiesten dominio propio.

“Tal vez, es ahora que nos damos cuenta de ello.”

O tal vez nos dimos cuenta de ello hace mucho tiempo y no lo hemos querido admitir… ¡qué sé yo!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

P.S. También les interesará leer esta entrada del blog de Benjamín Torres Gotay en la edición del 5 de junio de 2011 de El Nuevo Día.  No creo haber visto hasta el momento una crítica más contundente (o tal vez la hay en otro sitio, pero para muestra, basta con este botón).


ACTUALIZACIÓN PARA EL RÉCORD (16 de septiembre de 2011): ¡Ya era hora!  Luego de varias semanas en las que no se sabía de él, toda vez que la “luna de miel” con la prensa ahora le sabe a otra cosa, el senador Antonio “el Chuchin” Soto Díaz presentó su renuncia al puesto que mal ostentaba.  Desde aquí, le esperan vistas e investigaciones en su contra, por cosas que van desde cómo obtuvo el vehículo lujoso del que tanto se jactaba que se lo habían regalado por “ser buena gente” y porque lo “quieren” mucho, hasta posibles casos de evasión contributiva (yo no sé, pero tal vez le hubiera sido de provecho pensar en el destino de cierto Alphonse Gabriel Capone, 1899–1947…).  Pero al menos, lo importante en el momento en que escribo esta actualización (porque ya yo no lo puedo hacer como comentario aparte, al haber pasado más de 30 días desde que publiqué esta entrada) es que esto debe servirnos a tod@s como una lección sobre el cuidado que hay que tener a la hora de escoger candidatos a puestos electivos, que no debemos escoger “cualquier cosa” porque nos parezca simpático, sino a escoger los hombres y las mujeres que asuman responsablemente la función de manejar los destinos de un pueblo con dignidad y respeto.  Mientras tanto, habrá que ver quién será el (la) próxim@ que caiga enredado en su propia trampa.

Alas, poor Chuchin, we hardly knew ye…


LDB

La ley de la supervivencia

Glock 35 semiautomatic pistol in .40 S&W
Image via Wikipedia

Yo creo que ya era hora de que ocurriera.  Ya era hora de que alguien hiciera lo posible por defenderse de quienes para satisfacer vicios o por creerse que tienen el derecho de abusar de los demás, tratan de arrebatar lo que otros logran con el esfuerzo propio y con la intención de progresar.  Ya era hora de que alguien dijera, “¡basta ya!”

Mientras nuestros políticos, por no dejar de hacer, protagonizan una nueva controversia en la que las instituciones como el Tribunal Supremo de Puerto Rico, que deben garantizar los derechos de la mayoría, del pueblo, de los ciudadanos de a pie, son tratadas como si fueran el botín de una guerra entre pandillas rivales; mientras la plana mayor de la Policía de Puerto Rico deja ver su complicidad con la agenda ideológica de turno, que la lleva a manipular estadísticas de delitos para crear una falsa impresión de que “se está haciendo algo” y de que por ello, Puerto Rico “se supera” (como si los “líderes” no tuvieran su parte de la culpa de que Puerto Rico esté atrás y no avance); mientras la gran mayoría de los medios de prensa andan más pendientes de las más recientes payasadas de los susodichos políticos y de la más reciente cuita de la modelo empresaria María del Pilar “Maripily” Rivera, quien ahora quiere someterse a una cirugía estética para cerrarse la brecha entre sus pechos (y tengo entendido que esa brecha es del ancho de la Autopista José de Diego a la altura de la estación de peaje de Ft. Buchanan entre Bayamón y Guaynabo—si no más ancho que eso); una mujer que se dice cristiana tuvo que responder al llamado de una ley no menos importante que las leyes divinas: la Ley de la Supervivencia.

Estación de peaje Buchanan, Autopista De Diego (PR-22).  (Imaginen por qué la estoy utilizando como ejemplo... pero ¿qué tal si regresamos a nuestra programación regular, OK?)
Estación de peaje Buchanan, Autopista De Diego (PR-22). (Imaginen por qué la estoy utilizando como ejemplo… pero ¿qué tal si regresamos a nuestra programación regular, OK?)

Todo surge de lo ocurrido el pasado miércoles 11 de mayo, cuando la dueña de un salón de estilismo en Caguas fue objeto de un intento de asalto a manos de un individuo que se le acercó con esa intención mientras ella le daba la espalda.  La víctima, de la que presumo que quiso actuar responsablemente—la clase de responsabilidad que su victimario demostró no tener—se viró y le advirtió que tenía un arma de fuego, pensando que con ello podría disuadirlo.  Por supuesto, los criminales no se distinguen exactamente por tener un sentido de responsabilidad hacia los demás—y por ello, medir las consecuencias… aunque en eso ellos no se diferencian mucho de nuestros “líderes” políticos y gubernamentales, pero ya eso es otro tema—y el del caso que nos ocupa, para no ser la excepción que confirma la regla, le hizo un disparo en el pecho a la dama.

Y amigas y amigos, mi gente, en mi libro eso se llama COBARDÍA.  No hay otra manera de llamarlo que no sea por su nombre: COBARDÍA.

Tal vez a él le hubiera sido mejor escuchar a la señora cuando ésta trató de disuadirlo, ya que ella—aunque herida—logró desenfundar un arma Glock calibre .357* que llevaba en su persona (¿puede alguien explicar esa aparente contradicción?) y le hizo varios disparos a su asaltante, alguno de los cuales lo impactó en… esteeeeeeeeee… bueno, digamos que a él los disparos le podrían reducir sig-ni-fi-ca-ti-va-men-te las probabilidades de formar una familia un día de éstos.

(Sí, ya lo sé.  Si no fuera algo tan trágico, sería completamente gracioso… aunque para el frustrado asaltante, no debe haber sido muy divertido que le pegaran un tiro ahí.  ¡Pero lo siento mucho, mi’jo, la vida no es justa!  Triste   ¡Brega con eso!)

A fin de cuentas, lo sucedido se reduce a que cada quien se vio en una situación en la que lo importante era sobrevivir.  Al delincuente, le era importante sobrevivir ante la amenaza que le representaba enfrentarse a una víctima que le estaba anticipando a él que podía salir lastimado.  A la víctima, le era importante conservar su vida, evitar que un desconocido que le venía pa’ encima con intención de robarle, la convirtiera en parte de la triste situación que se vive con cada vez mayor intensidad en el Puerto Rico de hoy, donde prácticamente cada día cae una vida más, sin que quienes proclaman “protección e integridad” puedan mostrar un mínimo de competencia.  Competencia que deberían tratar de demostrar, si quieren evitar el escenario apocalíptico descrito por el Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha (el mismo que en el 2006 dirigió el operativo del FBI en el que a varios periodistas se les atacó con gas pimienta), de que en Puerto Rico los ciudadanos tomen la justicia en sus manos.  (Un escenario que por otra parte se está tratando de promover, como si Puerto Rico fuera Texas o Arizona, a juzgar por algunos vientos que soplaron recientemente en nuestra “honorable” Asamblea Legislativa.)

El caso es que ésa, a falta de otra, es la ley por la que nos estamos rigiendo de un tiempo a esta parte: la ley de la supervivencia.  Es una ley con la que todos tratamos de cumplir, desde que salimos de nuestras casas a luchar contra el mundo hasta que regresamos a nuestras casas y nos retiramos a descansar—si tenemos esa fortuna de que lo podemos hacer.  Y no todos la llegamos a cumplir, pero siempre se hace el intento.  Y eso es lo que importa.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y sobre todo, cumplan con la ley de la supervivencia.


* CORRECCIÓN, 12 de junio de 2011: Se vé que yo no soy experto en armas de fuego—y eso es algo que en realidad yo no tocaría, ni “con el pétalo de una rosa”—, pero en realidad, lo que debí haber escrito ahí era “calibre 9 milímetros“.  Aclarado queda.


LDB