Ser o no ser puertorriqueño

Flag-map of Puerto Rico
Flag-map of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

“To be, or not to be, that is the question:
Whether ‘tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles
And by opposing end them….”

(“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro….”)

William Shakespeare (1564–1616), La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (según Wikipedia, escrito en algún punto entre 1599 y 1602), Acto Tercero.  (La traducción al español no es mía—¡para variar!—, sino de La Máquina del Tiempo, de donde la obtuve el 13 de mayo de 2012.)

Saludos, amigas y amigos, mi gente.

Recientemente comenzamos a ver por ahí una campaña publicitaria, de cara a las elecciones generales puertorriqueñas (que por una de esas “casualidades” de la vida se celebran el mismo día que las elecciones presidenciales estadounidenses, esta vez el 6 de noviembre de 2012), por medio de la cual se pretende “definir” lo que es “ser puertorriqueño”.  De acuerdo con la campaña lanzada el 25 de abril de 2012 por el Partido Nuevo Progresista (PNP),* actualmente en el poder, se procura resaltar los valores que caracterizan a esa colectividad por medio de las cinco expresiones que enumero a continuación:

  • “Ser puertorriqueño es no rendirse”;
  • “Ser puertorriqueño es ser responsable y decidido”;
  • “Ser puertorriqueño es decidir con valentía”;
  • “Ser puertorriqueño es hacer, no criticar”; y
  • “Ser puertorriqueño es respetar a tu familia.”

La verdad es que cuando leo algo como esto me digo lo interesante que es ver cómo se habla de una serie de valores que, según su propio “track record”, son los que menos practican sus propios líderes (como han podido ver en ocasiones a través de este blog).  Pero, ¿qué tal si lo seguimos, shall we?

(OK, aguántenme con una camisa de fuerza, si quieren, pero aquí va el maldito clisé.)  Como es de suponerse, las reacciones no se hicieron esperar, en especial en las redes sociales y los medios informativos independientes.  Una de las reacciones más interesantes es la de la periodista Sandra Rodríguez Cotto en el blog, 80grados.net.  Entre otras cosas, Rodríguez Cotto reseña en su nota de dónde viene la idea de un partido político por lo demás asociado con la propuesta de anexar a Puerto Rico como el quincuagésimo primer (para l@s que se les hace difícil entender eso, “51”) estado de los EE.UU., de utilizar (¿no será más bien “manipular”?) imágenes y mensajes asociados con la puertorriqueñidad para su propio mensaje.  Y por supuesto, no faltó quien sugiriera “valores” adicionales que también caracterizan a esa colectividad—algunos dirían que más fielmente que los de la campañita ésa—y que bien pudiera haber aprovechado para proclamarlos a los cuatro vientos.  (No es que con el “track record” al que me refería hace un  momento no los estén proclamando a los cuatro vientos, pero ya eso es otra historia.)

De todas maneras, si algo bueno se puede decir de todo esto, es que una situación como ésta nos pone a pensar en lo que somos—algo que he estado haciendo una y otra vez desde que empecé a ver esa campaña en mi ruta de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.  Y sí, hay muchas cosas que se podrían decir de lo que es ser puertorriqueño.  Por ejemplo, para mí, ser puertorriqueñ@ es:

  • Ser honesto;
  • Ser decente;
  • Ser cumplidor (o cumplidora) y honrar los compromisos;
  • Ser responsable, consigo mismo y con los demás;
  • Solidarizarse con los demás, tanto en los momentos felices como en las amarguras (y eso lo hemos visto en tantas temporadas de huracanes, y en tantas situaciones como la de nuestros hermanos haitianos);
  • Respetar una autoridad llevada con el mismo respeto y la misma dignidad que se nos exige a los demás (algo que difícilmente podemos ver hoy en día cuando, por ejemplo, hay quien no respeta el ordenamiento del tránsito vehicular);
  • Actuar de buena fe, sin maldad, evitando engañar y herir a los demás (y en el proceso, a sí mismo), teniendo en cuenta que toda acción, buena o mala, tiene sus consecuencias—y algunas de esas consecuencias pueden llegar a ser lamentables;
  • Llamar la atención sobre Denunciar todo aquello que esté mal, sin importar de quién o de dónde venga, para que se corrija y no se repita.  Algo muy diferente a la implicación de “hacer, no criticar”, pero que tampoco es criticar por criticar, sino alzar la voz aunque se moleste quien se moleste, para ayudar a que la vida sea mejor para tod@s.

Hay muchas otras cosas que podría añadir a lo que estoy enumerando arriba (y para eso estarán los comentarios a esta entrada), pero para mí lo más importante es esto: Ser puertorriqueño es mucho más que una expresión propagandística, en la que se trata de reducir a poco y simple unos valores que tanto se predican pero poco se practican—especialmente cuando quienes más los predican son quienes menos los practican.  Es algo con lo que nacemos en esta mi bendita tierra.  Es algo que se lleva de corazón.  De todo corazón.

Y eso es algo que quienes no se sienten cómodos en su propia piel, quienes no tienen el orgullo de ser lo que deberían ser y no son, quienes se engañan a sí mismos tratando de ser algo cuando en realidad no son nada (como bien lo plantea—en otro contexto, claro está—Gálatas, capítulo 6, verso 3), no lo entenderán ni lo apreciarán nunca.  ¡NUNCA!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba la dirección de la página web oficial del PNP para poder hacer la debida referencia (y eventualmente, para corregir el enlace en la columna lateral del blog), se me ocurrió entrar en mi navegador (Mozilla Firefox, por si lo quieren saber) la siguiente secuencia: “pnppr.org”.  Cuánta no sería mi sorpresa (¡otro odioso clisé… aaaaargh! Echando humo ) cuando lo que salió fue esto:

(¡No se rían, por favor!)

Definición de 'corrupción' según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Francamente, yo no sé en qué está pensando la persona a la que se le ocurrió esta lindeza, al asociar una organización política puertorriqueña… esteeeeeeeeee… ¡con la diarrea!  ¡Cosas veredes, Sancho!


Soy Luis Daniel Beltrán.  Soy PUERTORRIQUEÑO…  ¡Y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Y la orquesta sigue tocando

Category:Sinking of the RMS Titanic
Category:Sinking of the RMS Titanic (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

La verdad es que cuanto más avanzan los acontecimientos, más me doy cuenta de que tengo la razón.  El sistema de partidos políticos en Puerto Rico está—por decir algo benévolo—dañado desde hace mucho tiempo.

Ha pasado poco más de un mes desde que se llevaron a cabo las primarias de los dos partidos políticos principales de Puerto Rico—el PPD y el PNP—, más la primaria premio-de-consolación del “Grand Old Party” estadounidense (los Republicanos, los rojos, los del elefante, por si alguien quiere más señas), y desde entonces han salido a relucir las triquiñuelas (por llamarlas de algún modo) que ambos partidos han estado usando por décadas para asegurarse su agarre al poder, triquiñuelas que ambos bandos se reparten a partes iguales.  Desde añadir papeletas de votación que favorezcan al candidato más desventajado—para que parezca como si hubiera ocurrido un “milagro”, de esos de los que se agarran algunos reaccionarios conservadores como si se agarraran de un clavo para no caer al vacío—hasta funcionarios electorales que firman por electores que por lo demás no pueden hacer oír su voz… porque después de todo, una vez mueres no hay quien pueda escucharte.

Y unos y otros echándose culpas mutuamente, los unos queriendo demostrar que los otros son unos corruptos (¿los otros más corruptos que los unos?).

Y mientras unos y otros se sacan mutuamente sus trapitos al sol (como que es algo de lo que viven, que les da su razón de existir), queda en tela de juicio todo un proceso electoral.  Sobre todo, ese proceso queda en tela de juicio en el peor momento posible, cuando los puertorriqueños nos encaminamos a ver a cuáles de los candidatos “favorecidos” en esa primaria ocupará su parcela de poder desde enero del año que viene—digo, a menos que los antiguos Mayas tengan razón y el mundo “se acabe” antes de que eso ocurra (y aun si eso fuera así… tengan la certeza de que este blog seguirá aquí, como y donde siempre Guiño ).

(Ah, y olvídense de la parte de esa primaria que corresponde al GOP, ya que como dice una compañera de mi trabajo, “¡nada que ver!”)

Francamente, me asusta pensar cómo será el proceso de las elecciones generales del 6 de noviembre de 2012, si va a estar plagado de listas electorales “infladas” con más nombres que la cantidad de personas inscritas, o con pedidos de una parte de que le permitan ver las listas electorales del bando opositor (algo que por lo demás se supone que no ocurra, ya que son documentos confidenciales por su naturaleza), o con maletines con material de un colegio electoral “arrestados” bajo sospecha de que su contenido ha sido intervenido—más bien, que se ha truqueado con el mismo.

(Aparte: aun cuando se pueda entender que no es incorrecto aplicar un término referente a una acción penal a un objeto inanimado como lo es un maletín, me da un poco de gracia esto de los maletines “arrestados”.  A mí lo primero que me viene a la mente es uno de esos maletines al que llevan esposado, como si fuera sospechoso de delito, pasando por el circo montado por los medios que quieren preguntarle si cometió el delito que se le imputa y él haciendo gestos de malandrín y expresándose más o menos así: “Yo soy inocente, ‘miss’, yo soy inocente, eso fue el guardia ca… ése que la tiene conmigo, ¿vihte?”…)

A mí, lo que me dice todo esto es que la razón principal para el desbarajuste de la política actual en Puerto Rico no está en los candidatos que se eligen en las primarias—que es donde se supone que el elector pueda separar la paja del grano, a pesar de lo que se ha visto en primarias de otros años—, sino en las propias organizaciones políticas por las que son elegidos, específicamente los partidos políticos.  En el actual proceso, ha sido fácil ver cómo los partidos políticos principales recurren a cuanto truco existe para mantenerse en control, para imponer candidatos que no necesariamente serán idóneos para los puestos a los que aspiran, para imponer una voluntad que no necesariamente es la de los ciudadanos.

Y le guste o no a la partidocracia establecida o formal y a quienes la justifican, esos ciudadanos son los mismos que miran con pánico cómo se deteriora la seguridad pública, cómo su salud mental empieza a decaer peligrosamente ante una realidad que los abruma, cómo su sustento peligra ante los altos costos de la energía eléctrica y la gasolina, y por consiguiente todo lo que depende de ambas para mover los bienes y servicios que ayuden a ese sustento.  Y no sólo con pánico: también con desconfianza.

Y es a esa misma ciudadanía a la que los partidos políticos deben anteponer como es merecido, a la que hay que darle la prioridad, en lugar de enfocar su tiempo y sus energías en prevalecer por medios deshonestos en una contienda electoral.

Dicen que mientras el “insumergible” crucero RMS Titanic se hundía en los mares del norte, la trágica noche de un 15 de abril de 1912 (¡quién diría que de ese trágico evento se acaban de cumplir 100 años!), la orquesta que amenizaba el viaje seguía tocando como si nada.  A veces me da la impresión de que en Puerto Rico sucede lo mismo: un país fuertemente impactado, cuyos habitantes observan con cierto grado de impotencia cómo se hunde, mientras que la orquesta formada por su “claje” política insiste en seguir amenizando una fiesta fatídica, como si nada.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

El poder corrompe

Sexual harassment
Image via Wikipedia

Yo no podría estar más que de acuerdo con el título de la entrada de hoy, y más porque viene de la expresión que me hizo mi jefa cuando le enseñé la primera plana de la prensa del viernes 11 de febrero de 2011.  Y no era para menos: Ahí estaba él en la portada.  Todo un primer funcionario de gobierno municipal.  Un alcalde.  La clase de persona que debería esperarse que sea la brújula moral, la personificación de la honradez, la decencia, el ejemplo positivo a seguir por sus ciudadanos.  Ahí estaba él, esperando por que un tribunal determinara si existía causa para ser llevado a juicio por violaciones de ley que implican la obtención de sobornos, el uso de influencias para agenciarse favores personales y para comprar amistades.  Pero lo peor no es eso: También se le estaba implicando en un patrón de conducta indecente, según el testimonio de cinco empleadas municipales.  Cinco mujeres.  Cinco vidas marcadas por la lujuria de la autoridad máxima, de quien las emplea.

¿Y es esa clase de individuo la que se va “hasta el ñú” para predicarle al resto de nosotros la práctica de valores que no son capaces de reflejar en sus acciones?

Pero bueno, ésa es la situación en la que se ha puesto (él mismo) el alcalde del municipio de Cidra, Ángel Malavé Zayas, a quien (según los periódicos El Nuevo Día, Primera Hora y El Vocero) se le imputan 14 cargos por actos lascivos, otros seis por recibir bienes de manera ilegal y uno adicional por utilizar funcionarios gubernamentales para hacer gestiones de índole personal.  Y ciertamente, el testimonio de las cinco presuntas víctimas no puede ser más fuerte: expresiones directas de índole explícita, como la del deseo de chuparle los senos a una de las damas; contacto físico abiertamente agresivo, como el toqueteo de los glúteos (¡!) de varias de las empleadas afectadas—incluso al punto de que en alguna ocasión quiso despojar a una de las damas de su ropa interior para poderle tocar su intimidad.

Yo no sé, pero si el testimonio de las cinco aparentes víctimas es correcto—y en ese sentido, yo no creo que sea como para que cada una de ellas “cuadre” con las demás una versión de los hechos que tenga en común todos esos elementos que acabo de mencionar—, tenemos ante nosotros un asunto bastante serio, bastante complejo.  Un asunto que, por lo menos a mí, me hace preguntarme como los partidos políticos de Puerto Rico pueden tener su fibra moral tan podrida.  Cómo es posible que en las posiciones de poder tengamos gente que agrede a otr@s, desde el uso de la palabra insultante, pasando por el impacto del golpe que lastima, que busca causar el dolor físico—y mucho más que eso—, hasta el ataque a la honra y a la dignidad de la persona, a aquello que tod@s guardamos con gran recelo, como parte importante de nuestro ser.  Gente que se la pasa dándose golpes de pecho, diciéndonos a los demás que debemos tener fidelidad a nuestras parejas (de momento eso no aplica en mi caso personal, pero comoquiera voy a usar el plural) y a nuestras familias, para entonces resultar que ni piensan en sus parejas ni en sus familias a la hora de la verdad, que son ídolos con pies de barro, igual que los demás.

(Y no quiero tener que empezar con la cantaleta de los payasos, las “lumbreras” y demás atracciones que proveen el espectáculo circense que vemos todos los días en Puerto Rico—aunque no es sólo aquí, como lo demuestra el caso del congresista neoyorquino que quiso serle infiel a su esposa buscándose una cita en la red, lo que le costó renunciar a su escaño… aparte de haber sido mencionado en “El Ñame”—, así que mejor lo sigo ahora, que la luz está en verde.)

Para mí que no hay necesidad de que todo un ejecutivo municipal use su poder—el mismo que le han delegado sus ciudadan@s—para agenciarse beneficios, en claro menosprecio de las necesidades de es@s mism@s ciudadan@s, a quienes él está obligado a atender, sin mirar el color del partido en el que milita.  Pero (de nuevo, suponiendo que el testimonio de las cinco empleadas municipales sea verídico) tampoco hay necesidad de que una persona como Malavé Zayas, a su edad de 73 años (¡por Dios, él no es un niño!), se conduzca de una manera indecorosa, agresiva, que manifiesta abiertamente un deseo de tomar el control sobre otra persona, que demuestra lo que puede causar el mayor afrodisiaco conocido: el poder.

Y como yo se lo decía a mi jefa cuando ella me hizo el comentario que es mi título de hoy, eso mismo es lo que sucede cuando se la da a una persona como ésta su parcela de poder: tenderá a abusar del mismo, tenderá a fallarle a su responsabilidad—no tanto consigo mismo, sino con la propia gente a la que está obligado a ayudar—, tenderá a actuar sin medir las consecuencias, si es que ello le importa, si es que ello le preocupa (en el momento, no después).

Pues sí, mi jefa tiene mucha razón: El poder corrompe. (Y si le quieren añadir un corolario: El poder absoluto corrompe absolutamente. PUNTO.  Ya eso no pare más.)

Tal vez debería ser el momento para que nosotros aprendamos las lecciones que nos dan casos como éste, y podamos buscar la manera de empezar a construir un mundo nuevo, un mundo donde no sólo se le diga a la gente que “lleve consigo” los valores que tanto se le predican, sino que sus líderes sean también quienes den el buen ejemplo de cómo se llevan esos valores.

¿Será eso mucho pedir?  ¡Yo creo que no!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Lo que nos deja el 2010

an old post card
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Bueno, amigas y amigos, para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, el resto del mundo aún no habrá recibido el nuevo año 2011—cosa que deberá empezar a ocurrir cuando en Puerto Rico sean las 8 de la mañana (08:00 UTC –04:00) del viernes, 31 de diciembre de 2010.  (O por lo menos, eso es a lo que yo aspiro.)  Así que a ésta la considero como la última entrada oficial de mi blog para el 2010.  Un año en el que en Puerto Rico se vieron muchas cosas.

Se vieron los efectos de una ola delictiva que parece no tener fin, muy a pesar de que se alega oficialmente que la misma “está bajo control”—or is it?  Una ola delictiva en la que cualquiera se cree con poder sobre la vida y la muerte y los inocentes se convierten en un blanco fácil.

Se registraron más y más actos de violencia dentro del seno familiar, con resultados cada vez más escalofriantes—y siempre, quienes menos pueden defenderse, especialmente l@s niñ@s, ya sean l@s del residencial público, o l@s de la barriada pobre, o l@s de la ruralía, o hasta l@s de las supuestamente seguras urbanizaciones de “acceso controlado”, acaban pagando los platos rotos.

Se continuaron implantando las medidas de “estabilización” y “recuperación” fiscal, con la salida de más empleados públicos de sus puestos en el gobierno estatal—medidas que han traído un desmejoramiento en la calidad de los servicios que se le prestan al público, al sobrecargar a l@s emplead@s que quedan para hacer las tareas de l@s que “se fueron”.  Y en cuanto a l@s que “se fueron”, muchos de ést@s tratan de arreglárselas como pueden, ya que la suerte de volver a tener un empleo no parece favorecerles por lo pronto.  Y l@s que no pueden arreglárselas… no pueden más con su carga y caen.

La mediocridad se paseó de la mano de la codicia una vez más, especialmente en el lugar donde se elaboran las normas que deben ayudar a la sana convivencia de quienes preferimos vivir en sociedad a vivir sin reglas—con una profusión de necios, ignorantes, elementos con más ambición de servirse de los demás que de servir a los demás, o aquéllos cuya conducta pública evoca un sentimiento de vergüenza.

Sobre todo, el conflicto y la confrontación se hicieron sentir mucho durante este año que nos deja.  Se hicieron sentir en las acciones contra entidades de la confianza de los ciudadanos, como el Colegio de Abogados, y contra las comunidades pobres, cuyo único “delito” es interponerse en el camino del “progreso”.  Se hicieron sentir en la Universidad del estado, cuando imperaron la retórica de un tiempo que muchos creíamos muerto y sepultado, la intolerancia y la mala voluntad, sobre el consenso y la razón.  Y todo eso, ¿para qué?

Es curioso que estos días del feriado de Navidad y fin de año del 2010 han transcurrido en Puerto Rico bajo una lluvia persistente.  Tal vez para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, ya haya dejado de llover y empiece a brillar el Sol, como un signo de esperanza, de que no todo está perdido.  A mí me gustaría pensar que eso será así, pero con los barruntos que nos deja el año 2010 que se va… la pregunta que me hago es: ¿hacia dónde vamos desde aquí?

(Y eso, que ni siquiera voy a mencionar el temblor de tierra de magnitud 5.4, que se sintió en Puerto Rico la noche del 24 de diciembre de 2010.  Interesantemente, el epicentro del mismo se estimó como a 15 millas o 24 kilómetros al oeste de donde vivo… lo suficiente como para que se sintiera como si un tren hubiera chocado contra mi casa.  ¡Así de fuerte se sintió ese temblor!  ¡UY!)

Y ahora sí, ¡vamos a dejar el 2010 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Nos vemos en el 2011.

LDB

Los numeros no mienten, pero quienes los manejan…

Skyline of San Juan's Central Business Distric...
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¡Saludos, amigas y amigos!

La semana pasada, además del stress que nos dejó la emergencia suscitada por el paso cercano del huracán Earl—que a muchos de nosotros (hasta a mí, que ni se suponía que me reportara a trabajar el día que se proyectaba el paso del huracán) nos dejó con el mal sabor de soportar descomunales tapones de tránsito en las principales intersecciones de San Juan, de esos tapones en los que todo el mundo trata de meterse al mismo tiempo, en la misma intersección en la que se supone que haya un semáforo en funcionamiento y el mismo no funciona por culpa de una falla general en el sistema eléctrico—, sacó a relucir una situación que me ha dejado pensando bastante.  Se trata del despido del director ejecutivo del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, Mario Marazzi, luego de que éste intentara por la vía judicial que el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico publicara el Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico.

Este despido llama la atención ante el hecho de que dicho ministerio dejara de publicar el índice en diciembre de 2009, debido a que los datos del mismo estaban “erróneos”.  (Pero si es cuestión de “corregir” los alegados “errores” que puedan tener los datos, dicha agencia debe haber tenido tiempo más que suficiente para poderlos corregir y producir un índice confiable… ¿o me equivoco?)  Y también llama la atención al tomarse en contra de un funcionario como el señor Marazzi, al que distintos sectores vinculados con el quehacer económico han elogiado por su capacidad profesional (dentro de la cual destacan su reciente trabajo para la Reserva Federal estadounidense) y por su sentido de responsabilidad en su petición de que se divulgue el índice de marras.  Pero sobre todo, este despido llama la atención por el presunto matiz político que se desprende del mismo, al haberse dispuesto el despido por parte del ex-presidente de la Junta de Planificación de Puerto Rico—precisamente, el mismo funcionario que al final de agosto dejó su cargo para asumir la secretaría general del partido actualmente en el poder (el PNP).

Más allá de todo lo que se ha escrito y dicho sobre esta noticia, a mí me pone a pensar bastante sobre por qué una entidad de gobierno… vamos, un gobierno en sí decide de golpe y porrazo suprimir la publicación o demorarse un tiempo largo para publicar una cifra de tanta importancia, que no es un simple número, sino un número sumamente poderoso.  Y si alguien tiene alguna duda, vea esto:

“Un índice de precios al consumidor (IPC) mide los cambios a través del tiempo en el nivel de precios de bienes de consumo y servicios comprados por los núcleos familiares.  Es un estimado estadístico que se construye mediante el uso de los precios de una muestra de artículos representativos, los cuales son recopilados periódicamente….  El porciento anual de cambio en un IPC se utiliza como medida de la inflación.  Un IPC se puede utilizar… para ajustar por el efecto de la inflación el valor verdadero de los sueldos, salarios y pensiones, para regular los precios y para desinflar las magnitudes monetarias para que éstas muestren cambios en los valores reales.”
Traducido y adaptado de: Consumer Price Index (vía Wikipedia)

Ciertamente, el índice de precios al consumidor es una pieza de información de tanta importancia.  Hasta el propio gobierno estadounidense le da una gran importancia a esta cifra, como lo demuestra esta página que le dedica el Negociado de Estadísticas Laborales del Departamento Federal del Trabajo.  Pero entonces, ¿qué tiene de particular una cifra como el índice de precios al consumidor en Puerto Rico para que la misma sea otro rehén más del teje-y-maneje político de todos los días?

Tal vez nuestros pseudolíderes se han dado cuenta de que la información es el poder.  Y de que quien tiene ese poder—quien posee los datos con los que se construye esa información, esos números que bien usados nos pueden decir la verdad—es quien dicta la agenda a seguir.  (Lo que me recuerda la nueva versión de la Regla de Oro: “Quien tiene el oro… ¡es quien hace las reglas!”)  Pero, ¿cuál será la agenda en este caso?  ¿Una agenda que pinte un cuadro de aparente recuperación económica y fiscal, aunque “abajo en la tierra” la realidad sea muy dura?  (Yo no sé qué piensen ustedes, pero a mí eso se me parece un poco al infame cruzacalle de Mission Accomplished con el que hace unos añitos se quiso dar a entender que la guerra en Irak había terminado—aunque en realidad lo que había terminado era la ración de credibilidad de quien proclamó un “éxito” que no fue tal, pero eso deberá ser tema para otra entrada…)

La verdad es que el asunto del despido del señor Marazzi y la no divulgación del Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico, se presta para demasiadas sospechas, sospechas que deberían aclararse lo antes posible.  No hacerlo así, abona a la escasa confianza que tiene el público en las estadísticas gubernamentales, y a la sensación de que hacer el bien, actuar responsablemente, en lugar de un premio es un castigo en el Puerto Rico de hoy, un castigo que acarrea serias consecuencias.

Y vamos a dejarlo aquí.  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta la próxima.

LDB