No es el cuento

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. © Luis Daniel Beltrán-Burgos. Derechos reservados.
Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. © Luis Daniel Beltrán-Burgos. Derechos reservados.

“¿Qué digo yo de mí?  ¿Cuál vida me improviso para ustedes?  ¿La del quíntuple que recita «El duelo de la cañada» o «El brindis del bohemio»?, ¿la del amante empedernido?, ¿la del jugador empedernido?

[…]

“¡El cuento no es el cuento!  ¡El cuento es quien lo cuenta!”

(Parlamentos citados de la cuarta escena de Quíntuples, por Luis Rafael Sánchez [Hanover, NH: Ediciones del Norte, 1985].)

No hago más que citar las palabras del “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo, que conste) «Mandrake Morrison» para mirar hacia atrás a una tarde a mediados de la década de 1980 (creo que fue en 1986), cuando tuve la oportunidad de ver una representación de los Quíntuples del escritor humacaeño Luis Rafael Sánchez en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  Por entonces, la tarea de dar vida a estos personajes tan… ¿cómo lo digo?… tan complicados recayó en la actriz teatral y catedrática de “la iupi”, Idalia Pérez Garay, y en el excelente actor puertorriqueño Francisco “Paco” Prado* (que tras de la inesperada muerte de este último, años más tarde de aquella tarde, fue sustituido—también con gran éxito—por el también actor teatral y catedrático de “la iupi”, José Félix Gómez).  A Idalia le correspondía—y entiendo que le ha seguido correspondiendo en reposiciones ulteriores—interpretar a las tres féminas de esta progenie peculiar, mientras que a Paco (y ulteriormente a José Félix) le tocaron en suerte los dos varones, más el que lo habría hecho posible (¿me entienden?), “el divo” «Papá Morrison» (cuya escena es la sexta y última de la obra).

Había que ver con qué deleite y maestría se manejaba Paco por el escenario, navegando entre el patético «Baby Morrison», jaula en mano en eterna búsqueda de su gato «Gallo Pelón», el “irremediablemente bello” (¡y dale, que es tarde!) «Mandrake Morrison» y “el divo” «Papá Morrison».  Como si Sánchez hubiera escrito la obra pensando en él… aunque como Sánchez lo ha expresado en varias ocasiones desde entonces (por ejemplo, en este artículo de “En Rojo” de 2011 [en PDF], que encontré en la fuente en este enlace), la obra fue escrita pensando precisamente en Paco Prado.  Y aunque a su salida del escenario en aquella tarde, no bien pasados unos segundos después de pronunciar sus líneas sobre “el cuento” (precisamente las que cito arriba), se golpeó accidentalmente en el costado derecho con una pieza de utilería (y aún recuerdo el susto que pasamos quienes estuvimos presentes cuando eso sucedió), regresó ulteriormente como todo un PROFESIONAL para la última escena, para recordarnos al final—tanto él como su compañera de escena—lo que es verdaderamente el teatro, esa maroma de complicidad entre el público y los actores para crear una magia hermosa.  Y aún décadas más tarde, a mí me alegra haber sido parte de esa maroma de complicidad.

Por lo menos, la de esa tarde.

Pero a lo mejor ustedes—amigas y amigos, mi gente—se están preguntando a qué viene que yo saque del baúl esta experiencia personal.  (Además del siempre tan necesario desahogo, que conste.)  Pues bien, sucede que esto es lo que me viene a la mente cada vez que oigo tantos de esos cuentos con los que nos vienen a cada rato.

Francamente, hay veces que no estoy seguro de cuál es la “vida” que se está improvisando en esos cuentos.  La del optimista empedernido que nos dice que todo está bien, que se está “salvando” al país de una debacle económica, a pesar de que la realidad (la de que los inversionistas, principalmente los estadounidenses, siguen desconfiando de la capacidad puertorriqueña para cumplir con sus compromisos financieros) dice elocuentemente otra cosa.  O la del que quiere elevar el alma de los puertorriqueños hasta las estrellas, cuando la realidad es que la desilusión y el desengaño son más elocuentes—como la de la familia del niño que inocentemente se habrá dejado utilizar para la propaganda gubernamental de la “isla estrella”, para resultar después que esa misma familia ha tenido que emigrar a Orlando, Florida, en busca de un mejor futuro.  (Y que conste, aunque en una entrada anterior, yo me reafirmé que me quedo aquí para dar mi propia pelea, no le quito ni le añado a su derecho de irse a buscar un mejor futuro.  Total, tod@s tenemos necesidades que satisfacer.  Hasta el mismo Paco Prado tuvo que irse a buscar fortuna en “los niuyores”—¡con el agravante de que por allá le fue mejor que por acá!—, pero ya eso es otra historia.)  O la del que nos dice que está bajando la actividad delictiva en Puerto Rico, sólo para ver cómo decenas de vidas son terminadas de forma violenta (¡hasta 17 en un sólo fin de semana!) y entonces, en lo que luce más como una “perreta”, agarrar la juyilanga y dejarle el canto a alguien que pueda hacer un mejor trabajo.  (Digo, siempre y cuando se lo permita la cultura política que sólo ve la solución por la fuerza, en lugar de ir a las raíces del problema.)

Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento.  Tal vez el [¡YA ESTÁ, NO VOY A REPETIR ESA FRASE AQUÍ!] «Mandrake Morrison» tiene la razón.  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero)’’; en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una “estrella” que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el “baseball”… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una “magia hermosa” que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* NOTA A MÍ MISMO: Cuando tenga un “break”, me gustaría averiguar por qué ca…ramba en la sección de biografías de la Fundación Nacional para la Cultura Popular no se ha incluido una biografía de Francisco “Paco” Prado.  Sea por lo que sea (y espero que no sea por haber hecho su carrera artística en la ciudad de New York), a mí me parece que no se está siendo justo con un SEÑOR ACTOR—así, con mayúsculas—de su excelencia y calibre, que gústele a quien le guste, aportó grandemente a la cultura de nuestro país.  Así que si a quien le compete está leyendo esto y le cae su agüita… séquese primero y póngase en movimiento, ¿OK?)


LDB

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Los vientos del cambio–Versión de 2012

English: Seal of Puerto Rico Governor. Español...
English: Seal of Puerto Rico Governor. Español: Sello del Gobernador de Puerto Rico. (Photo credit: Wikipedia)

¡Hola, amigas y amigos, mi gente!  ¡Saludos a tod@s, dondequiera que estén!

Se siente en el aire, ¿no es así?  Es la sensación de que todo se acabó, de que vamos a tener un respiro—si acaso, por el momento.  Ya todo el alboroto de la campaña política para las elecciones de 2012 ha llegado a su fin (aunque algunas personas todavía no han superado la etapa de negación, pero eso ya es otra historia).

Es como si lo peor del huracán se hubiese alejado, aunque dejando una estela de escombros a su paso.  Y la estela de escombros que quedó del evento electoral que recién nos acaba de dejar fue inmensa.  Desde campañas que contaron con cada vez menos sustancia—pero a quién sorprende eso—hasta el rastro de los movimientos políticos “emergentes” con los que se quiso hacer mella en la hegemonía de los dos baluartes de la partidocracia boricua.

Sea como sea, ya los puertorriqueños rendimos nuestro veredicto: el martes 1 de enero de 2013 llega a su fin la administración del Lcdo. Luis Guillermo Fortuño Burset (PNP).  Una administración que ciertamente se recordará (si es que nos acogemos al dictamen de ”¡Prohibido olvidar!”), más por sus efectos adversos que por sus logros… digo, si los hubo y no están sepultados bajo el peso de tanto negativismo.  Pero no se puede negar que la implantación improvisada e incorrecta de políticas como la de “recuperación fiscal” que nos regaló la infame Ley 7 de 2009 (que tiró a la calle a casi 30 mil empleados públicos a la calle—y que de varias maneras, a mí me tocó muy de cerca), la caída vertiginosa de la seguridad pública a unos niveles de peligrosidad alarmantes (que casualmente, hasta llevan a cuestionar si nos estamos dejando gobernar por elementos criminales), el ataque frontal contra las instituciones sociales necesarias para el desarrollo de nuestra vida de pueblo (por supuesto que me tiene que venir a la mente el intento de desmantelar los colegios profesionales como el Colegio de Abogados) porque éstas son piedra de tropiezo para la ideología política imperante, y—sobre todo—el desfile de figuras públicas en el más amplio lucimiento de su necedad, de su bajeza, de aquello de lo que realmente están hech@s, tuvieron sus consecuencias.  Y el electorado puertorriqueño entendió que cualquiera que fuese la elección que ejercieran, tendría que vivir por los 4 años siguientes con las consecuencias de su decisión.  Buena o mala, era su decisión a fin de cuentas.

Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección.  (Y aclaro que para los fines de la oración anterior, me excluyo de la frase “el electorado puertorriqueño eligió”, ya que yo no voté por el licenciado García… aunque tampoco voté por el licenciado Fortuño… pero eso es lo único que voy a decir al respecto.)  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa).  No es tanto que él sea tan diferente al dinámico abogado joven que junto a cierta socióloga independentista (a quien mejor dejo que sea el amigo Elco Lao quien la describa: exhibit número 425, exhibit número 786) y a un joven abogado estadoísta que encabezaría ulteriormente otra investigación (ooooooooootra más…) sobre los asesinatos policiales en el Cerro Maravilla, discutían por las tardes en la radio local los temas noticiosos del día a principios de la década del 2000.  (Sí, mi gente, extraño mucho tiempos como ése cuando yo los escuchaba, fue algo bueno mientras duró.)  Imagino que con el tiempo transcurrido desde que hizo sus pininos, él habrá ganado experiencia para saber cuándo hablar y cuándo no.  Lo único es que él parece haber abusado de esa experiencia, ya que fue poco lo que él habló durante su campaña, que sirviera para aquilatar qué clase de líder será en un futuro.  Y la tarea que tiene por delante al haber sido elegido le va a requerir hablar bastante, directamente y al grano.

Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y vuelvo a insistir que yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN DE UNA ENTRADA ANTERIOR: Por cierto, el viernes 9 de noviembre de 2012 culminó el caso civil en contra de los agentes de la Policía de Puerto Rico que se vieron involucrados en el incidente de agosto de 2007 en el que uno de ellos mató de 4 disparos al ciudadano Miguel Cáceres, mientras otro ciudadano grababa lo ocurrido en un vídeo que le dio la vuelta al mundo.  Y culminó de una manera que no creo que la hayamos visto anteriormente, cuando se le otorgó a los familiares del occiso la suma de US$11’500’000 como compensación.  ¡Once y medio millones de dólares!  Once y medio millones de dólares que no le devolverán la vida a Miguel Cáceres, ni podrán borrar el dolor que lleva 5 años marcando la vida de su familia—y tal vez no podrán ni mitigar el impacto emocional en la vida de la niña cuyo quinceañero iba a ser acompañado por el desfile de motocicletas del occiso.  Peor aún, once y medio millones de dólares que tal vez ni hagan mella en el esfuerzo que debía haberse iniciado hace rato por sanear la Policía de Puerto Rico de aquellos elementos que deshonran el uniforme y la placa, y que están en todos los niveles de su jerarquía.  Pero aun así, yo creo que esos once y medio millones de dólares deben servir de advertencia para todos los miembros de la Policía: a los buenos—y a mí me parece (aunque use el odioso cliché) que son los más—para que procuren siempre desempeñarse con prudencia, dignidad y respeto, y a los otros… para que sepan lo que puede suceder si no actúan con cuidado.


LDB

Esta carrera, la corre Puerto Rico: Primera valla

Vote 12345
Vote 12345 (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente, admito que hoy por la mañana me levanté pensando que las cosas iban a ser iguales que siempre.  Que algunas personas se saldrían con la suya, ya fuera que el Soberano, el Pueblo—así, con mayúscula inicial—les dijera que no querían que se desestimara la expresión de su voluntad.  Que el sensacionalismo más burdo y los golpes de efecto prevalecerían en el debate sobre cómo aliviar los problemas que vivimos a diario los puertorriqueños, y que otras voces que tenían argumentos de mayor sustancia quedarían ahogadas en medio de ruido y la estridencia.

Pero conforme han pasado las horas desde esta mañana, ha resultado que mi pronóstico pesimista había fallado.

Hoy, 19 de agosto de 2012, se consultó al Pueblo de Puerto Rico—esa entidad a la que los seudolíderes políticos que manejan sus destinos tienden a subestimar—sobre si se quería enmendar la Constitución de 1952 para restringir el derecho a la fianza, consignado en la Sección 11 del Artículo II (Carta de Derechos), a fin de que al mismo no tuvieran acceso los acusados de asesinato (especialmente asesinatos que se producen durante la comisión de ciertos delitos como violaciones sexuales o los que se cometen contra agentes del orden público en el cumplimiento del deber), y también para disminuir el tamaño de la Asamblea Legislativa (Senado y Cámara de Representantes), de los 27 senadores y 51 representantes que establece la Sección 2 del Artículo III (Del Poder Legislativo) a un número menor de legisladores, aunque manteniendo el mismo presupuesto para sus operaciones.  Y hoy, 19 de agosto de 2012, el mismo Pueblo de Puerto Rico al que se consultó le contestó a sus seudolíderes que no querían ni una cosa ni la otra.

Tal vez será cierto eso de que el Pueblo es más inteligente que quienes lo dirigen.  Tal vez el Pueblo le está diciendo a sus seudolíderes que asuntos de la naturaleza de los dos que se presentaron a votación hoy no son como para tomarse a la ligera, con alternativas que parecerán buenas sobre el papel—con todo y la capacidad del papel para aguantar todo lo que le escriban encima—, pero en la realidad no funcionan como debería esperarse.  O tal vez el Pueblo está empezando a ir más allá del oportunismo y los golpes publicitarios de efecto, como la archifamosa “sacada de dedo”.

Tal vez lo que hoy dijo el Pueblo es que se deben atender seriamente las causas de raíz de los dos problemas que se pretende resolver.

¿La de la criminalidad—o no será también, la criminalización de la pobreza?  Mediante programas de prevención de problemas en el hogar y en la escuela, una mayor atención a la condición mental de nuestra gente—que en muchos casos, no es la mejor—, un sistema de salud que atienda las necesidades de la gente al tiempo que maneja eficientemente sus costos, y que no se base tanto en la ganancia que pueda sacar un proveedor de servicios de salud.  Añádase a eso un sistema de justicia que funcione contra quienes no funcione la prevención.  Un sistema de justicia que tenga jueces mejor capacitados que lo que tenemos hoy en día—y cuya discreción (la misma que ya señalé anteriormente que no es muy confiable en algunos casos) era la pieza clave en la propuesta enmienda sobre la fianza—y fiscales que puedan preparar casos sólidos contra acusados de delito, casos que no se caigan porque a alguien se le olvidó escribir una fecha o una palabrita fundamental (por ejemplo, “premeditación”) en los documentos correspondientes.

¿Y qué hay de la de lo de la Legislatura?  Además de considerar de manera seria y sin demagogias el mandato aquél sobre la unicameralidad, mandato que el tribalismo y los egos partidistas no permitieron que se concretara, ¿qué tal si empezamos por un mejor cernimiento (en español boricua, “screening”) de las personas que pretendemos enviar al máximo foro deliberativo puertorriqueño?  ¿Qué tal si los partidos políticos puertorriqueños asumen su responsabilidad consigo mismos y con los demás y evita que agresores conyugales, delincuentes reales o potenciales, quienes viven “del cuento” o quienes se asocian con gente de dudosa reputación aspiren a un puesto del poder que representa un puesto legislativo?  ¿Qué tal si aspiramos más bien a que la Legislatura sea de calidad, no de cantidad?

OK, ya sé, ya sé: Es demasiado pedir.

Por lo pronto, las reacciones han sido las de siempre, especialmente las que demuestran un pobre espíritu de competencia (como la de cierta ex-presidenta cameral y ex-jueza apelativa, dando en Twitter—medio por el cual dejó ver su prejuicio en todo su esplendor—su “agradecimiento” a cuanta clase de criminal se le ocurriera por el rechazo a la enmienda propuesta).  Pero como dicen, a cada cual su santo.  Al menos, lo importante es que ya empezamos a correr esta carrera, una carrera en la que la pista tiene vallas, tal vez difíciles de cruzar… pero de que las podemos cruzar, las podemos cruzar.  Y las cruzaremos, no importa cuán altas nos las quieran poner.  Y como decía una promoción que se pasó antes de y durante las recién concluidas olimpiadas de verano Londres 2012, “esta carrera, la corre Puerto Rico”.  Y recién acabamos de cruzar la primera valla.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán y yo apruebo esta entrada. Pulgar hacia arriba

(Y por si lo quieren saber, a las dos propuestas enmiendas yo las voté así: Pulgar hacia abajo Pulgar hacia abajo.  Y PUNTO.)

¿Percepción razonable?

A neighborhood watch sign attached to a door.

Amigas y amigos, mi gente, ya pasaron las primarias locales con miras a las elecciones del 6 de noviembre de 2012, tanto las de aquí (Puerto Rico) como las de allá.  Y eso debe significar que tendremos un respiro de la farsa que se repite cada cuatro años—por lo menos, hasta que lleguen los meses de verano, cuando empezaremos a ver los mismos mítines de siempre, las mismas caravanas ruidosas de siempre (y más ahora, con los conductores y dueños de vehículos “four track” reclamando su espacio para “expresarse”, aunque su presencia en las vías públicas es a todas luces ilegal, pero eso ya es otra historia), las mismas caras maquilladas de siempre, los mismos farsantes de siempre, diciendo las mismas mentiras de siempre.

Mientras esperamos pacientemente (¡las ganas!) por la función estelar del “circus puertorro” de tres pistas, echamos un vistazo a otras tierras para ver cómo se sacuden sus sociedades con las cosas que les ocurren.  Como es el caso de los eventos que se originaron el 20 de febrero de 2012 en Sanford, Florida, con la muerte—algun@s dirán, “el asesinato”—de un adolescente dentro de una comunidad “cerrada”, de esas comunidades con “acceso controlado” que tanto vemos por acá de un tiempo a esta parte (y que hace exactamente dos años escribí en este blog que no son todo lo seguras que dicen ser), a manos de un miembro de un grupo de vigilancia vecinal (“neighborhood watch”).  Un individuo que, según se dice, habría aspirado en algún momento a ser un policía, para lo que por X o Y razón no cualificó y se tuvo que conformar con el premio de consolación de ser un “vigilante vecinal”.  Pero eso no pareció haberle quitado a él el gusto por el peligro, por las emociones fuertes, por el “‘rush’ de adrenalina” que da encontrarse de momento con alguien involucrado en una actividad que él pudiera percibir “razonablemente” como sospechosa, para entonces darle seguimiento e intervenir.

Aunque si consideramos la siguiente definición (traducida y adaptada de Wikipedia por quien les escribe—ah, y el énfasis es mío también), el individuo no estaba haciendo lo correcto.*

“Vigilancia vecinal es un grupo organizado de ciudadanos dedicados a la prevención del crimen y el vandalismo dentro de un vecindario….

“Una vigilancia vecinal puede organizarse como grupo por cuenta propia o puede ser simplemente una función de la asociación de vecinos u otra asociación comunitaria.

Las vigilancias vecinales no son organizaciones de vigilantes.  Cuando se sospecha una actividad criminal, se les alienta (a los miembros de dichas organizaciones) a comunicarse con las autoridades y a no intervenir.”

Y todo lo que se conoce al momento en el que escribo es que la noche de ese 20 de febrero le surgió al individuo ese“‘rush’ de adrenalina”, al encontrarse de momento con alguien de apariencia sospechosa, vestido con un abrigo (en algunos países hispanoparlantes lo llaman “remera”) con capucha—el símbolo “de status” urbano que ostentan en nuestros días tantos muchachos y muchachas del interior de las ciudades estadounidenses.  Alguien que “no se proponía hacer nada bueno”, como tantas veces le habrían escuchado decir los operadores y operadoras del sistema “911” para emergencias, a los que él se pasaba llamando a menudo, como el soldado que le reporta a su superior cuanta novedad hay (o como dicen en mi barrio, “hasta los suspiros”).  Los mismos operadores que ya estarían hartos de aconsejarle a este señor que no siguiera al sospechoso y le dejara esa tarea a la policía (y si todavía alguien tiene alguna duda, que lea la cita de arriba).

¿Y qué pasó después?  De nuevo, mientras escribo esto no se sabe con certeza qué pasó esa noche.  Pero me sospecho que el vigilante vecinal se habría envalentonado y habría asumido la posición de dominio del cazador sobre su presa.  A lo mejor sorprendió al “sospechoso” y lo arrinconó de alguna manera, para entonces asumir un papel de “policía justiciero”, algo así como esto:

“(B)eing as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’ Well, do ya, punk?”

(Clint Eastwood, Dirty Harry [dir. Don Siegel, 1971].  Por cierto, ¿no les parece que yo había citado esto anteriormente en mi blog?  Total, vale la pena repetirla en esta entrada.)

Y mientras el vigilante vecinal se daba ese “plante”, eso que en los barrios de baja renta de mi pueblo llaman “peste a guapo”, el “sospechoso” suplicaba por su vida, súplica que recogían en ese momento las llamadas de los vecinos alarmados por la situación al mismo sistema “911” que el vigilante vecinal habría importunado minutos antes.  Llamadas que en su momento recogieron también el sonido del balazo fatal.

Balazo fatal que no provino del “sospechoso”—un adolescente de raza negra, vestido de abrigo con capucha, cuyas únicas “armas” eran una bolsa de dulces y una botella de té helado que había comprado en un comercio cercano unos minutos antes—, sino del arma de su perseguidor.

¿Y qué necesidad hubo de hacer todo ese ejercicio de matanza?  Además de la creencia de que se traía algo malo entre manos, el vigilante vecinal habría creído que el “sospechoso” lo iba a atacar, por lo que habría actuado “en defensa propia”, porque tenía una “percepción razonable” de que su presa representaba un peligro que había que eliminar.  (O como se usara en otro contexto en este blog, una mera sospecha de que el muchacho no era lo que aparentaba ser.)

La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva.  Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas.  Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad.  Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba en la Internet sobre el tema de la vigilancia vecinal encontré una lista de consejos sobre lo que deben hacer—y lo que no—las comunidades que quieran organizar sus grupos de vigilancia vecinal (publicada por el National Crime Prevention Council).  El último de los consejos en esa lista reitera a mayor detalle a lo que el vigilante vecinal en cuestión parece haber hecho caso omiso: que los grupos de vigilancia vecinal no son grupos de vigilantes y no deben asumir la función de la policía (nuevamente, énfasis mío), y que su deber es pedirle a los vecinos que estén alerta, en observación y que se preocupen los unos por los otros—y por supuesto, que informen de inmediato a la policía cualquier actividad sospechosa o criminal.


Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Valores familiares: Llévalos contigo, o si no…

Fort Buchanan Sergeant Major David Davis and g...
Hon. Jorge A. Santini - Image via Wikipedia

Puede ser que lo que voy a decir a continuación sea chocante para mis lectores en San Juan, Puerto Rico—que al momento en que escribo esto, hacían unas 22 (4.40%) de las 500 visitas más recientes por ciudad a este blog, según mi cuenta en StatCounter.com.  Pero la realidad es que a mí me alegra no ser residente de San Juan.

Digo, si ustedes han visitado mi página biográfica, saben que yo no resido en San Juan, y que este blog ni siquiera se escribe en San Juan.  Y aunque yo tenga que gastar fuertemente en gasolina cada semana (actualmente al ritmo de US$0.817 por litro de gasolina—US$3.09 por galón estadounidense) para moverme “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, yo no cambio por nada del mundo el hecho de no residir en San Juan.  Por muchas razones: porque mi naturaleza es y será “de pueblo chiquito”, porque los costos de la vivienda en San Juan son muy altos (especialmente para quienes se les hace difícil conseguir una vivienda cuyo costo no comience por debajo de los “bajos” US$150,000—y ya a estas alturas de mi vida, yo no estoy para eso), por la alta tasa de delincuencia en sus calles (aunque últimamente, los pueblos pequeños como el mío, Juncos, no son exactamente los santuarios contra la violencia delictiva que eran en otros tiempos), porque se forma un congestionamiento vehicular en casi cada esquina (en muchos casos, debido a la mala planificación de los usos alrededor de las vías principales)… ¿de veras, quieren que les haga la lista?

Yo estoy seguro de que no.

O tal vez sí, tal vez debería añadir una razón adicional por la que me alegra no residir en San Juan.  Y esa razón es recibir en mi correo lento (lo que algunos cínicos bautizaron hace rato como el “snail mail”) lindezas como la que ha llamado la atención de todo Puerto Rico y el mundo, pero no necesariamente por las mejores razones del mundo: la ya mundialmente archifamosa tarjeta de Navidad del Gobierno Municipal Autónomo de San Juan, en la que el alcalde, Hon. Jorge A. Santini Padilla (el mismo al que ya conocemos por esta entrada, esta otra y esta otra), envía un saludo navideño a sus conciudadanos, en compañía de su esposa y de los tres hijos de la pareja.  La misma tarjeta cuyo diseño ha sido reconocido por medios informativos tan prestigiosos e importantes como El Nuevo Día, The Washington Post (que la comparó con la tarjeta navideña del presidente Obama), CNN, TMZ (¡ay, por favor!), los principales periódicos en Europa… ¡y hasta El Ñame!

(Y para ser completamente responsable, valga hacer una advertencia importante: La familia del señor Santini no tiene—ni debe tener—responsabilidad alguna por lo bueno o malo que se haya dicho, se diga y se dirá de su tarjeta navideña del 2011. PUNTO.)

OK, amigas y amigos, mi gente: ¿notan algo raro aquí?  (“Una de estas cosas, no es como las otras…”)  Digo, es bueno ver al distinguido incumbente municipal rodeado de su familia, como debe ser, en una época de tanta alegría y regocijo para la humanidad (aun para aquell@s a quienes ni les viene ni les va el motivo por el que los demás celebramos, o se supone que celebramos, esta fiesta tan especial al final del año—pero ya eso es otro tema).  Y qué mejor manera de resaltar esa unidad, de promover los valores familiares, que llevar a su familia al nuevo Museo de Historia Natural de San Juan, a retratarse con los antílopes y los leopardos en plena lucha por la supervivencia

¡Un momentito!  ¿Un mensaje digno de una época en la que se predican la paz y el amor, con una escena violenta en primer plano?  Yo no sé a quién se le puede haber ocurrido semejante barbaridad, pero definitivamente, alguien “se quedó dormido en la zona de los tres segundos” (como en el baloncesto, para quienes no entienden esa frase).  O si lo quieren tratar de entender en otro idioma, “someone’s been asleep at the wheel”.

“Jorge Santini posó con su familia junto a un leopardo que intenta matar a un antílope mordiéndole el cuello y desea ‘que esta Navidad ilumine tu sueño’.  Para algunos la foto no es apta para las Navidades, la mordida del felino, para algunos, proyecta una violencia que contrasta con la paz y la armonía que debería caracterizar el espíritu navideño.”

¿Mandarías esta tarjeta de Navidad? Controversia por postal de Jorge Santini, por Victoria Merlo (AOL Noticias, 13 de diciembre de 2011)

Y ahí tenemos dos elementos muy opuestos entre sí, contrapuestos en una misma imagen: un elemento de violencia en un primer plano (qué no tiene que limitarse a lo que presenta la imagen original, como lo demuestra esta página de fotomontajes), y un elemento de “paz y armonía” en un segundo plano.

Por supuesto, el incumbente municipal se ha ocupado de desmentir que la tarjeta tenga esa intención, más bien atribuyendo el propósito de las cinco tarjetas que se realizaron para esta Navidad (incluida la tarjeta de la discordia) a un esfuerzo para promover el Museo de Historia Natural de San Juan.  Esfuerzo que, a juzgar por los resultados que reporta el primer ejecutivo municipal (con una expectativa de recibir 135,000 visitantes antes de que termine el 2011), no han sido tirados a pérdida.  Y por supuesto, al mismo incumbente le han “resbalado” las críticas ganadas por su acción a través de todo el mundo—particularmente, la del periodista Anderson Cooper (andersoncooper y ac360 en Twitter), de CNN, quien lo puso en vitrina en su lista de “ridiculeces”—, al alegar que “toda publicidad es buena publicidad” y que ahora todo el mundo sabe que existe un Museo de Historia Natural en San Juan.

Así que la cosa, como dijo alguna vez Madonna, es que hablen bien o mal de mí… ¡pero que hablen!

Es más, déjenme decirles mi opinión muy personal de lo que veo ahí.  Veo en la imagen a una persona, un importante y reconocido líder político, que como todo importante y reconocido líder político que se precie de serlo, está posando en una foto con su familia, dando un cuadro de unidad familiar que parece resaltar la importancia de la familia en estos tiempos difíciles, en los que la gente se está—como mínimo—halando por los pelos en una diaria lucha por la supervivencia, como se ve en el primer plano de la imagen.  (Que, si no es otra cosa, es lo que significa la escena del leopardo y el antílope, por lo menos para los que hemos estudiado—y para los que estudian—Ecología, Biología o Ciencias Biológicas en la universidad.  Un ejemplo de la eterna lucha por la búsqueda del sustento que todos los seres vivos enfrentan, de una manera u otra.)  Tal vez el mensaje que se da es que la familia está segura, mientras “allá afuera”, en la calle, los demás se las están arreglando para sobrevivir a cómo dé lugar.  Otra vez, “nosotros” vs. “los otros”.

O qué tal si en un caso menos benévolo, lo que se ve es a un alcalde que se sabe una figura controvertida (y si alguien todavía tiene dudas, vea los tres enlaces a mis entradas anteriores sobre este singular personaje político), que pone a su familia como una especie de “carnada”, para decirle a sus rivales (por lo menos, éstos son conocidos) y a posibles enemigos (que pudieran o no ser conocidos) algo así como esto:

“Aquí estoy YO, con MI esposa y con MIS hijos, celebrando la Navidad como mejor NOS parece.  Si eso te molesta, tu problema es CONMIGO y ‘arreglamos’ donde sea.  Pero no se te ocurra meterte con MI familia, porque de lo contrario… ¡podría ocurrirte lo que al antílope que es atacado por el leopardo!  ¡Ése es MI reto!  ¡Estás advertido!”

OK, yo sé que lo que acabo de plantear suena un poco exagerado, pero quién sabe si hay algo de eso implicado en lo que proyecta la tarjeta navideña de la discordia.  Una especie de provocación, una especie de “ven y túmbame la pajita, si te atreves”, algo más allá de simplemente promover el Museo de Historia Natural de San Juan.

Y en cuanto a promover el Museo de Historia Natural de San Juan, yo pienso que debe haber mejores maneras de darlo a conocer, tanto a propios (o sea, sanjuaneros) como extraños (todos los demás habitantes de Puerto Rico y de este planeta).  Me imagino que una buena orientación con el personal del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian Institution, reconocido internacionalmente como un lugar de excelencia, pudiera ayudarlos a enfocar mejor sus esfuerzos, a desarrollar programas educativos, a enseñar a los sanjuaneros a que ese museo debe ser fuente de orgullo e inspiración para lograr cosas mejores en la vida.

Pero en lo que el hacha va y viene y se hacen las cosas como debe ser, me imagino que la concurrencia al Museo de Historia Natural de San Juan aumentará, no tanto por el sano interés de conocer la naturaleza, de enriquecerse en conocimientos y experiencias sobre el medio ambiente que nos rodea—y del que, queramos o no, formamos parte, y en el que tenemos un papel esencial que desempeñar—, sino tal vez por alimentar el morbo, por ver los famosos animales con los cuales el alcalde de la ciudad capital y su familia posaron para una tarjeta de navidad.  Una tarjeta de navidad que implica la prédica de unos valores que parece que dejamos atrás, y que deberíamos tratar de recuperar… una prédica opacada por una imagen de violencia.

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya la Navidad de 2011 está a la vuelta de la esquina!  Cuídense mucho y pórtense bien, porque si no, se los come el leopardo de la tarjeta navideña… ¡o algo peor!

¡Felicidades!

(¡Ah!  Y por si acaso: Ningún animal fue muerto o lastimado en la realización de esta entrada.)

LDB