Esta carrera, la corre Puerto Rico: Primera valla

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Vote 12345 (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente, admito que hoy por la mañana me levanté pensando que las cosas iban a ser iguales que siempre.  Que algunas personas se saldrían con la suya, ya fuera que el Soberano, el Pueblo—así, con mayúscula inicial—les dijera que no querían que se desestimara la expresión de su voluntad.  Que el sensacionalismo más burdo y los golpes de efecto prevalecerían en el debate sobre cómo aliviar los problemas que vivimos a diario los puertorriqueños, y que otras voces que tenían argumentos de mayor sustancia quedarían ahogadas en medio de ruido y la estridencia.

Pero conforme han pasado las horas desde esta mañana, ha resultado que mi pronóstico pesimista había fallado.

Hoy, 19 de agosto de 2012, se consultó al Pueblo de Puerto Rico—esa entidad a la que los seudolíderes políticos que manejan sus destinos tienden a subestimar—sobre si se quería enmendar la Constitución de 1952 para restringir el derecho a la fianza, consignado en la Sección 11 del Artículo II (Carta de Derechos), a fin de que al mismo no tuvieran acceso los acusados de asesinato (especialmente asesinatos que se producen durante la comisión de ciertos delitos como violaciones sexuales o los que se cometen contra agentes del orden público en el cumplimiento del deber), y también para disminuir el tamaño de la Asamblea Legislativa (Senado y Cámara de Representantes), de los 27 senadores y 51 representantes que establece la Sección 2 del Artículo III (Del Poder Legislativo) a un número menor de legisladores, aunque manteniendo el mismo presupuesto para sus operaciones.  Y hoy, 19 de agosto de 2012, el mismo Pueblo de Puerto Rico al que se consultó le contestó a sus seudolíderes que no querían ni una cosa ni la otra.

Tal vez será cierto eso de que el Pueblo es más inteligente que quienes lo dirigen.  Tal vez el Pueblo le está diciendo a sus seudolíderes que asuntos de la naturaleza de los dos que se presentaron a votación hoy no son como para tomarse a la ligera, con alternativas que parecerán buenas sobre el papel—con todo y la capacidad del papel para aguantar todo lo que le escriban encima—, pero en la realidad no funcionan como debería esperarse.  O tal vez el Pueblo está empezando a ir más allá del oportunismo y los golpes publicitarios de efecto, como la archifamosa “sacada de dedo”.

Tal vez lo que hoy dijo el Pueblo es que se deben atender seriamente las causas de raíz de los dos problemas que se pretende resolver.

¿La de la criminalidad—o no será también, la criminalización de la pobreza?  Mediante programas de prevención de problemas en el hogar y en la escuela, una mayor atención a la condición mental de nuestra gente—que en muchos casos, no es la mejor—, un sistema de salud que atienda las necesidades de la gente al tiempo que maneja eficientemente sus costos, y que no se base tanto en la ganancia que pueda sacar un proveedor de servicios de salud.  Añádase a eso un sistema de justicia que funcione contra quienes no funcione la prevención.  Un sistema de justicia que tenga jueces mejor capacitados que lo que tenemos hoy en día—y cuya discreción (la misma que ya señalé anteriormente que no es muy confiable en algunos casos) era la pieza clave en la propuesta enmienda sobre la fianza—y fiscales que puedan preparar casos sólidos contra acusados de delito, casos que no se caigan porque a alguien se le olvidó escribir una fecha o una palabrita fundamental (por ejemplo, “premeditación”) en los documentos correspondientes.

¿Y qué hay de la de lo de la Legislatura?  Además de considerar de manera seria y sin demagogias el mandato aquél sobre la unicameralidad, mandato que el tribalismo y los egos partidistas no permitieron que se concretara, ¿qué tal si empezamos por un mejor cernimiento (en español boricua, “screening”) de las personas que pretendemos enviar al máximo foro deliberativo puertorriqueño?  ¿Qué tal si los partidos políticos puertorriqueños asumen su responsabilidad consigo mismos y con los demás y evita que agresores conyugales, delincuentes reales o potenciales, quienes viven “del cuento” o quienes se asocian con gente de dudosa reputación aspiren a un puesto del poder que representa un puesto legislativo?  ¿Qué tal si aspiramos más bien a que la Legislatura sea de calidad, no de cantidad?

OK, ya sé, ya sé: Es demasiado pedir.

Por lo pronto, las reacciones han sido las de siempre, especialmente las que demuestran un pobre espíritu de competencia (como la de cierta ex-presidenta cameral y ex-jueza apelativa, dando en Twitter—medio por el cual dejó ver su prejuicio en todo su esplendor—su “agradecimiento” a cuanta clase de criminal se le ocurriera por el rechazo a la enmienda propuesta).  Pero como dicen, a cada cual su santo.  Al menos, lo importante es que ya empezamos a correr esta carrera, una carrera en la que la pista tiene vallas, tal vez difíciles de cruzar… pero de que las podemos cruzar, las podemos cruzar.  Y las cruzaremos, no importa cuán altas nos las quieran poner.  Y como decía una promoción que se pasó antes de y durante las recién concluidas olimpiadas de verano Londres 2012, “esta carrera, la corre Puerto Rico”.  Y recién acabamos de cruzar la primera valla.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán y yo apruebo esta entrada. Pulgar hacia arriba

(Y por si lo quieren saber, a las dos propuestas enmiendas yo las voté así: Pulgar hacia abajo Pulgar hacia abajo.  Y PUNTO.)

¿Percepción razonable?

A neighborhood watch sign attached to a door.

Amigas y amigos, mi gente, ya pasaron las primarias locales con miras a las elecciones del 6 de noviembre de 2012, tanto las de aquí (Puerto Rico) como las de allá.  Y eso debe significar que tendremos un respiro de la farsa que se repite cada cuatro años—por lo menos, hasta que lleguen los meses de verano, cuando empezaremos a ver los mismos mítines de siempre, las mismas caravanas ruidosas de siempre (y más ahora, con los conductores y dueños de vehículos “four track” reclamando su espacio para “expresarse”, aunque su presencia en las vías públicas es a todas luces ilegal, pero eso ya es otra historia), las mismas caras maquilladas de siempre, los mismos farsantes de siempre, diciendo las mismas mentiras de siempre.

Mientras esperamos pacientemente (¡las ganas!) por la función estelar del “circus puertorro” de tres pistas, echamos un vistazo a otras tierras para ver cómo se sacuden sus sociedades con las cosas que les ocurren.  Como es el caso de los eventos que se originaron el 20 de febrero de 2012 en Sanford, Florida, con la muerte—algun@s dirán, “el asesinato”—de un adolescente dentro de una comunidad “cerrada”, de esas comunidades con “acceso controlado” que tanto vemos por acá de un tiempo a esta parte (y que hace exactamente dos años escribí en este blog que no son todo lo seguras que dicen ser), a manos de un miembro de un grupo de vigilancia vecinal (“neighborhood watch”).  Un individuo que, según se dice, habría aspirado en algún momento a ser un policía, para lo que por X o Y razón no cualificó y se tuvo que conformar con el premio de consolación de ser un “vigilante vecinal”.  Pero eso no pareció haberle quitado a él el gusto por el peligro, por las emociones fuertes, por el “‘rush’ de adrenalina” que da encontrarse de momento con alguien involucrado en una actividad que él pudiera percibir “razonablemente” como sospechosa, para entonces darle seguimiento e intervenir.

Aunque si consideramos la siguiente definición (traducida y adaptada de Wikipedia por quien les escribe—ah, y el énfasis es mío también), el individuo no estaba haciendo lo correcto.*

“Vigilancia vecinal es un grupo organizado de ciudadanos dedicados a la prevención del crimen y el vandalismo dentro de un vecindario….

“Una vigilancia vecinal puede organizarse como grupo por cuenta propia o puede ser simplemente una función de la asociación de vecinos u otra asociación comunitaria.

Las vigilancias vecinales no son organizaciones de vigilantes.  Cuando se sospecha una actividad criminal, se les alienta (a los miembros de dichas organizaciones) a comunicarse con las autoridades y a no intervenir.”

Y todo lo que se conoce al momento en el que escribo es que la noche de ese 20 de febrero le surgió al individuo ese“‘rush’ de adrenalina”, al encontrarse de momento con alguien de apariencia sospechosa, vestido con un abrigo (en algunos países hispanoparlantes lo llaman “remera”) con capucha—el símbolo “de status” urbano que ostentan en nuestros días tantos muchachos y muchachas del interior de las ciudades estadounidenses.  Alguien que “no se proponía hacer nada bueno”, como tantas veces le habrían escuchado decir los operadores y operadoras del sistema “911” para emergencias, a los que él se pasaba llamando a menudo, como el soldado que le reporta a su superior cuanta novedad hay (o como dicen en mi barrio, “hasta los suspiros”).  Los mismos operadores que ya estarían hartos de aconsejarle a este señor que no siguiera al sospechoso y le dejara esa tarea a la policía (y si todavía alguien tiene alguna duda, que lea la cita de arriba).

¿Y qué pasó después?  De nuevo, mientras escribo esto no se sabe con certeza qué pasó esa noche.  Pero me sospecho que el vigilante vecinal se habría envalentonado y habría asumido la posición de dominio del cazador sobre su presa.  A lo mejor sorprendió al “sospechoso” y lo arrinconó de alguna manera, para entonces asumir un papel de “policía justiciero”, algo así como esto:

“(B)eing as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’ Well, do ya, punk?”

(Clint Eastwood, Dirty Harry [dir. Don Siegel, 1971].  Por cierto, ¿no les parece que yo había citado esto anteriormente en mi blog?  Total, vale la pena repetirla en esta entrada.)

Y mientras el vigilante vecinal se daba ese “plante”, eso que en los barrios de baja renta de mi pueblo llaman “peste a guapo”, el “sospechoso” suplicaba por su vida, súplica que recogían en ese momento las llamadas de los vecinos alarmados por la situación al mismo sistema “911” que el vigilante vecinal habría importunado minutos antes.  Llamadas que en su momento recogieron también el sonido del balazo fatal.

Balazo fatal que no provino del “sospechoso”—un adolescente de raza negra, vestido de abrigo con capucha, cuyas únicas “armas” eran una bolsa de dulces y una botella de té helado que había comprado en un comercio cercano unos minutos antes—, sino del arma de su perseguidor.

¿Y qué necesidad hubo de hacer todo ese ejercicio de matanza?  Además de la creencia de que se traía algo malo entre manos, el vigilante vecinal habría creído que el “sospechoso” lo iba a atacar, por lo que habría actuado “en defensa propia”, porque tenía una “percepción razonable” de que su presa representaba un peligro que había que eliminar.  (O como se usara en otro contexto en este blog, una mera sospecha de que el muchacho no era lo que aparentaba ser.)

La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva.  Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas.  Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad.  Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba en la Internet sobre el tema de la vigilancia vecinal encontré una lista de consejos sobre lo que deben hacer—y lo que no—las comunidades que quieran organizar sus grupos de vigilancia vecinal (publicada por el National Crime Prevention Council).  El último de los consejos en esa lista reitera a mayor detalle a lo que el vigilante vecinal en cuestión parece haber hecho caso omiso: que los grupos de vigilancia vecinal no son grupos de vigilantes y no deben asumir la función de la policía (nuevamente, énfasis mío), y que su deber es pedirle a los vecinos que estén alerta, en observación y que se preocupen los unos por los otros—y por supuesto, que informen de inmediato a la policía cualquier actividad sospechosa o criminal.


Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

De agravantes y miedos

English: Picture of supporters of the Austrian...
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¡Hola, qué tal, amigas y amigos, mi gente!

La verdad es que leo y escucho lo que está pasando a mi alrededor, y francamente no lo entiendo.  Por ejemplo, no entiendo cómo puede ser beneficioso para persona alguna que se procure eliminar del Código Penal de Puerto Rico de 2004—el mismo cuyos fundamentos parece que se los pasan por donde no brilla el sol, a juzgar por el recordado caso del asesinato “atenuadito”—ciertos agravantes para lo que conocemos como los “crímenes de odio”.  Pero según trascendió en la prensa la semana pasada, algo en esas líneas es lo que pretende el Proyecto del Senado de Puerto Rico Número 2021, el cual enmendaría el Código Penal a fin de dejar fuera del mismo ciertos agravantes relacionados con ciertos grupos específicos que—le guste a quien le guste—forman parte de nuestra sociedad.

“El Proyecto del Senado 2021 aprobado en reconsideración en el Senado el 10 de noviembre de 2011 cita que ‘se consideran circunstancias agravantes a la pena que el delito fue cometido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, origen, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, edad, ideologías políticas o religiosas, o ser persona sin hogar.’”

(Citado de: ‘Le tiran a quemarropa a TRS por Código Penal’, CyberNews/NotiCel, 6 de diciembre de 2011.  Aquí, ‘TRS’ se refiere al presidente del Senado de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz.)

Hasta ahí vamos bien, ¿sí?  Pero no sé si quienes leen esto fuera de Puerto Rico se habrán dado cuenta de un detallito… pero dejo que sea el director ejecutivo de una fundación de ayuda a ciertos grupos “olvidados” de nuestra sociedad, citado en la misma nota, quien lo exprese adecuadamente:

“Bajo la ley vigente se consideran como circunstancias agravantes a la pena el que un crimen haya sido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, orientación sexual, género, identidad de género, origen, origen étnico, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, religión, edad, creencias religiosas o políticas.”

[…]

Thomas J. Bryan Picó, director ejecutivo de la Fundación Gaviota, entidad que asiste a víctimas de crímenes de odio en Puerto Rico, “… resaltó que en la propuesta enmienda se eliminó la orientación sexual, la identidad de género, el género y el origen étnico.”

(Adaptado y modificado levemente de la fuente antes citada.)

La nota citada aquí agrega que la enmienda fue presuntamente colocada en el proyecto de ley, a fin de complacer los deseos de un pastor evangélico quien, bajo una fachada de “ciudadano responsable”, hizo algún tipo de presión sobre el presidente senatorial (cuya afición por sentirse que tiene todo el poder del mundo, la describimos hace algún tiempo—por no mencionar su afición de lucir su prejuicio como se luce una camisa nueva y limpia, cuando siente que lo atacan por defender ciertas actuaciones cuestionables) para que se aprobara con el tipo de lenguaje al que el funcionario ejecutivo citado se refiere.  Y a no dudarlo, ello ha hecho que se revuelva el avispero, con imputaciones de prejuicio y de fobia por ciertos grupos sociales aquí y allá.

Pero para mí, más importante que el que una persona que quiere presentarle al mundo una imagen de “hombre fuerte”, de una aparente rectitud, ceda a un impulso excluyente, que amenaza con dejar sin protección a quienes menos pueden defenderse, es el hecho de que se pretende volver al reino del prejuicio y del discrimen, de la burla y del desprecio—aunque yo creo que ese reino nunca desapareció por completo.  Y ciertamente, hay varios de estos sectores marginados que se pudieran ver amenazados por esta acción: las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres (especialmente aquéllas que buscan liberarse de la violencia en el seno del hogar, antes de que sea muy tarde) y los extranjeros, particularmente aquéllos que llegan a nuestras playas sin tener el permiso para hacerlo, y que tienen que vivir en las sombras mientras se sacrifican para asegurar el futuro de quienes quedaron atrás.

Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como “quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás”, como “personas bañadas de ‘rectitud’ de arriba para abajo”—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.

A mí me apena mucho ver una cosa como ésa, que habiendo comenzando un nuevo siglo, en el que deberíamos evolucionar hacia una sociedad más justa y equitativa, nos veamos en peligro de ser arrastrados hacia el abismo oscurantista.  Y eso es algo que no se debe permitir, bajo ninguna circunstancia, si queremos sobrevivir los retos que nos da la vida.

Para ello, debemos empezar por rectificar errores como el de eliminar esos agravantes de nuestro Código Penal.  Es, a mi entender, lo más responsable que se puede hacer para el bien de nuestra sociedad, y sobre todo, de sus sectores más marginados.  Y así, nos evitamos consecuencias funestas.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Guerreros y justicieros

(… left-right-left-right-left-right-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIIIIIGHT-HALT!)

¡Saludos, mi gente!

Yo sé que hay un refrán que dice que sobrevivir en tiempos extraordinarios requiere la adopción de medidas extraordinarias.  Pero a mí me parece que hay medidas extraordinarias que se adoptan cuando no se tiene ni la menor idea de cómo resolver una situación—o tal vez no se tiene la capacidad, ni la voluntad para hacerlo—, y se prefiere una salida fácil que no requiere mucha ponderación (¿será eso lo que los estadounidenses llaman, un “no brainer”?).

Y si vamos a hablar de esa clase de salida, debemos hablar de la decisión anunciada hace exactamente dos semanas (el 1 de febrero de 2010) por el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de activar ‘de forma temporera’ la Guardia Nacional de Puerto Rico para ayudar a la Policía de Puerto Rico en el patrullaje preventivo en áreas de alta incidencia criminal y poner al día la flota de vehículos de la Policía.  Según lo expresó entonces durante su mensaje de estado ante la Asamblea Legislativa, la activación de la Guardia Nacional será hasta tanto se gradúen unos 1000 cadetes que están al momento en que escribo esto en la Academia de la Policía de Puerto Rico (que por cierto, está situada en la antigua instalación militar “Camp O’Reilly” en el vecino municipio de Gurabo.)

Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.
Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.

Por supuesto—y esto se cae de la mata—, no es nada nuevo la idea de dar una muestra de poderío cuando no se tiene una idea clara de cómo atajar una incidencia criminal que hace mucho tiempo se le salió de control al gobierno.  (Digo, a un gobierno que se entretiene en acrecentar el problema mediante un “plan de reestructuración fiscal” que—por lo que vemos a diario en la calle—parece haber hecho más mal que el bien que se pretendía hacer.)  Ya lo habíamos visto anteriormente, cuando en la gobernación del Dr. Pedro J. Rosselló González (de 1993 al 2000) se estableció la política de “mano dura contra el crimen” y se llevaron a cabo ocupaciones policiales en los residenciales públicos (“of all places”).  Como si los residenciales públicos fueran este único crisol en el que se forman los delincuentes y merecieran la atención detallada de las fuerzas del orden público.

Claro está, siempre será más fácil atacar “al de abajo”, a un “Juan de la Calle” cualquiera, que a otros que se esconden detrás de la urbanización con “control de acceso”, detrás del “blín-blín”, el lujo y la afluencia.  ¡NOOOOO!  A ésos que nadie los toque, ni con un pétalo de rosa…  Y además, ¿cómo se vería, por ejemplo, en una de esas urbanizaciones de lujo de Guaynabo, lo que el actor de doblaje que hacía la voz de “Pedro Picapiedra” hubiera llamado, “veinte mil leguas de traje azul marino”?  ¿24/7?  ¡Horrrrrooooor!

Lo importante es que ya la suerte está echada y que el ejercicio para “combatir” la ola delictiva puertorriqueña está en progreso.  Pero más importante aún, que este ejercicio “no responde a que hubiera fracasado el ‘plan anticrimen’ del gobierno actual”.  O por lo menos, eso fue lo que le dijo a la prensa el ex-agente del FBI en funciones como Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha (de “grata” recordación para algunos sectores puertorriqueños, especialmente los periodistas objeto del incidente del 10 de febrero de 2006 en Río Piedras):

“Figueroa Sancha negó que la activación de la Guardia Nacional refleje el fracaso de las gestiones de la Policía y el Gobierno para combatir el crimen.
“‘Todo lo contrario, cuando tu estás en una guerra sin cuartel contra los criminales, todos los recursos cuentan y valen, y el pueblo lo recibe con mucho beneplácito’, aseguró Figueroa Sancha.”

(Primera Hora, 2 de febrero de 2010)

¿De veras?  Si lo que dice el súper es cierto, yo estoy ofreciendo para la venta una mansión de 18 habitaciones y 9-y-medio baños, justo en medio del pantano Caño Boquilla de Mayagüez.  ¿Alguno de ustedes interesa comprármela?  ¿Y qué tal si la doy a mitad de precio?  Any takers?

(NOTA A MÍ MISMO: Archivar la cita del Súper bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)

Y no sólo eso.  Antes de lanzarlos a la calle, se les estaría ofreciendo a los efectivos militares un adiestramiento relámpago de un fin de semana, con el fin de familiarizarlos con lo que a los cadetes policiales regularmente les llevaría entre año y medio y tres años en aprender en cuanto a ley y orden se refiere.  (¿Y qué libro usarán como texto?  ¿“Law Enforcement for Dummies”?)

Para mí, lo que refleja el uso continuo de la fuerza—llámese Policía, llámese Guardia Nacional, llámese Ejército o Marina o Infantería, llámese como se llame—como el presunto alivio gubernamental a los males de nuestra sociedad son muchas cosas: incompetencia, falta de voluntad, fracaso, miopía (si no una ceguera total), no querer atender las causas de un problema que se dejó deteriorar por muchos años.  Un problema que, por su parte, nos debió haber llevado al punto que expuse varias entradas atrás, sobre la aparente dependencia entre el gobierno y la delincuencia como mecanismo de supervivencia.  Por si acaso, conviene que repita aquí lo que escribí al final de esa entrada:

“Sea como sea, lo que plantea Roberto Saviano en la columna de Mayra Montero—si interpreté correctamente lo que leí—es una posibilidad escalofriante.  Y ello significa que el gobierno (sea del partido que sea) necesita de la actividad criminal para justificar su existencia, para poder darle al mundo un espectáculo en el que aparezca como el héroe, como la salvación de un pueblo oprimido por una violencia sin freno—eso, de un lado, mientras que tras bastidores se beneficia (de alguna manera) de la influencia que dicha actividad criminal puede ganar mediante su participación en empresas e intereses legítimos.  Y quienes están (más bien, estamos) atrapados entre los unos y los otros… ¿a quién le importa eso?”

Y qué mejor manera de aparecer como el héroe, como la salvación de la patria (whatever that means!), que dar un espectáculo de fuerza, que querer aparecer como el justiciero, como el ángel de la venganza, con todo lo que eso conlleva.  Pero en eso hay que andar con mucho cuidado, como si se caminara sobre vidrios rotos, porque no es cosa fácil.  Si lo fuera, tendrían razón de ser las siguientes palabras del propio gobernador Fortuño en su mensaje de estado—dichas mientras miraba fijamente a la cámara de televisión:

“Nuestro mensaje a aquellos que están envenenado a nuestros hijos… matando a nuestros hermanos… y robándole la paz a nuestro pueblo… es bien sencillo: te vamos a buscar… te vamos a encontrar… y TE VAMOS A AJUSTICIAR.”

Wait a minute!  ¿Él dijo, “AJUSTICIAR”?  ¿AJUSTICIAR?  ¿Sabrá el distinguido letrado—aun sin ser un criminalista, que eso no es lo de él—lo que eso significa?  Cualquiera diría que a quien le preparó ese texto—presumiendo que él no lo hubiera redactado—le pasó lo que a Don Alonso Quijano, que “se le secaron los sesos” de tanto leer novelas de caballería… o en defecto, de tanto ver dramas policiales en la TV.

Es más, déjenme plantearles el siguiente ejercicio: Imaginen por un momento al gobernador Fortuño en la emblemática escena de la película Dirty Harry (1971), mientras confronta a uno de los dos asaltantes de un banco:

“I know what you’re thinking.  ‘Did he fire six shots or only five?’  Well, to tell you the truth, in all this excitement I kind of lost track myself.  But being as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’  Well, do ya, punk?”

La verdad es que de pensar en eso, ya me están dando escalofríos…  Pero en fin, un@ ya no sabe qué más esperar.

Y ahora, con el permiso de ustedes, me falta marchar un par de millas más (y para colmo, estoy cargando una mochila que pesa más que un matrimonio mal llevado), así que vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta la próxima!

(ATEEEEEN-HUT!  FORWAAAAARD… MARCH!  LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-right-left-right-left-right-left…)

LDB

Y El Alcalde Se Puso Como Guabá Pelú

Homeless in Amsterdam
Image via Wikipedia

Hola, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

Gracias al sitio ‘web’ de Planetizen.org, acabo de tener acceso a un informe que está dando un poco de qué hablar en estos días. Se trata de un informe de la Coalición Nacional para los Desamparados (NCH), en el cual se detallan las medidas que las grandes zonas metropolitanas en jurisdicción estadounidense toman para tratar el grave problema social de los deambulantes, y cómo muchas de esas medidas criminalizan la pobreza y el desamparo. Lo que más nos interesa de esto es que San Juan, Puerto Rico… ¡aparece octava entre las ciudades que más criminalizan el desamparo y a los deambulantes!

¡ASÍ COMO LO ESTÁN LEYENDO!

Para no entrar en muchos detalles, y dejar que sean mis lectores quienes juzguen por sí mismos, el siguiente es el enlace al documento (en formato PDF, y ustedes saben lo que eso significa):

http://www.nationalhomeless.org/publications/crimreport/report.pdf

(Busquen en particular las páginas 24, 33 y 142 del documento, para que lo vean con sus propios ojos.)

OK, vamos bien hasta ahí, ¿no?

Pues bien, sucede que la sola mención de San Juan dentro de esa “honrosa” lista ha sido suficiente para que el alcalde de San Juan, Jorge A. Santini-Padilla, se altere y haga una polémica innecesaria con el asunto, al punto de exhibirse en actividades en las que pone a algunos desamparados aparentemente rescatados de la calle a defender su gestión (lo que no debe sorprender de un líder puramente político, como el alcalde implicado). Pero lo más que me llama la atención de esto, y lo que me parece a mí más deplorable, es que en lugar de sentarse a discutir el informe y a elaborar estrategias que permitan mitigar este problema, el alcalde critica negativamente a los preparadores y promotores del informe, uno de los cuales dirige un centro de ayuda a desamparados en el barrio Santurce de San Juan.

Yo me pregunto: ponerse como el proverbial “guabá pelú” (o sea, en posición de ataque)* y “atacar al mensajero por ser el que trae las malas noticias”, ¿es ésta la manera en la que se atiende un problema social de la gravedad del desamparo y la pobreza extrema? ¿Por qué hacer del asunto un tema de campaña política? ¿Para qué? ¿Para realzar una imagen política de “yo soy el gran supermacho aquí”?

COMO MUCHAS OTRAS COSAS, ESO NO LE HACE BIEN A NADIE… ¡ABSOLUTAMENTE A NADIE!

Bueno, los dejo de momento. Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

* Por cierto, el guabá es un animal más o menos emparentado con las arañas, y que suele encontrarse en las cuevas calizas en Puerto Rico. Se le ha dado una fama (a mi juicio, inmerecida) al guabá como una araña agresiva, cuando en realidad sólo ataca si tiene que defenderse (y para ello, con lo que cuenta es con un par de espinas en la parte frontal de su cuerpo). En todo caso, la frase popular “se puso como guabá pelú” significa que la persona se ha puesto agresiva, lo que no necesariamente es cierto del animalito al que nos referimos. ¿OK?

LDB