Cuestión de generosidad

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Wi-Fi Alliance logo (Photo credit: Wikipedia)

A tod@s nos gusta que nos hagan regalos, especialmente en ocasiones especiales como en nuestro cumpleaños o en Navidad (y aquell@s que no necesariamente creen en el motivo por el que realmente se celebra la Navidad… bueno, no creo que vayan a refutar esto).  Pero a veces, algunos regalos pueden llevar a la duda—aunque eso, en realidad, es una de esas cosas que, como dice el refrán, hay que tomarlas de quien vengan.  Y si vienen de políticos a los que de momento se les despierta el ánimo de la generosidad—sobre todo, en un año de elecciones generales, como aquél en el que estamos cuando escribo esto (2012)—, pues hay que tomarlas con el proverbial grano de sal.

Por supuesto, no creo que yo esté descubriendo el Amazonas con lo que acabo de señalar.  Porque esa generosidad es algo tradicional en muchos países en el mundo.  De hecho, si ustedes hacen en este momento una búsqueda en Google, usando la secuencia “regalar neveras a cambio de votos”, encontrarán entre otros resultados que eso se ha estado dando mucho en Venezuela y en la República Dominicana en tiempos recientes (y hago esta mención sin ánimo de ofender a mis lectores/lectoras y hermanos/hermanas venezolanos y dominicanos—ustedes también son mis amigas y amigos, mi gente).  Principalmente, el objeto de este tipo de muestra de “afecto” por parte de los políticos es uno de tantos enseres eléctricos (que creo que en otros países hispanohablantes, sobre todo en España, los llaman “electrodomésticos”) que hacen que la vida hogareña sea más fácil—digo yo, se supone que así sea—, como un refrigerador o nevera, o como una estufa.  O sea, algo que vaya dirigido a atender una necesidad apremiante de un sector de la comunidad… especialmente aquel sector de la comunidad cuyo respaldo electoral es la necesidad apremiante de quienes quieren aferrarse al poder.

(O sea, algo así como… “yo me porto bien contigo, tú te portas bien conmigo” Guiño )

Y por supuesto, Puerto Rico tampoco ha escapado a esta “tradición”, especialmente durante los tiempos en los que los perros se amarraban con longaniza.  Digo, cuántas historias no vengo escuchando desde mis tiempos de escuela, años luz atrás, de que los políticos iban por los campos de mi tierra ofreciendo neveras y estufas a la gente humilde, a cambio de que les favorecieran con su voto en las elecciones de esos años (principalmente, si mi recuerdo es correcto, hacia las décadas de 1920 y 1930).  Eso sí, habría que ver si muchos de esos jíbaros “de enantes” habrán sido lo suficientemente “aguza’os” para quedarse con el enser (electrodoméstico)—digo, a quién le amarga un dulce—sin tener que comprometer su dignidad y vender su conciencia a un político que comoquiera lo iba a dejar en la misma situación de pobreza en la que lo había encontrado.

Residencial Público Luis Lloréns Torres, entre San Juan y Carolina, Puerto Rico.
Residencial Público Luis Lloréns Torres, entre San Juan y Carolina, Puerto Rico.

Bueno, la cosa es que esto fue lo que me vino a la mente cuando hace un par de semanas, el Alcalde de San Juan, Hon. Jorge A. Santini (PNP) (a quien recordamos en este blog por esto, esto y esto, así como por la famosa—o infame—tarjeta de Navidad 2011) anunció que a partir de ahora, el municipio que él dirige estará proveyendo acceso gratuito a la Internet vía WiFi en el residencial público Luis Lloréns Torres, el residencial público de mayor extensión geográfica en todo Puerto Rico.  Digo, yo me imagino que existe una necesidad de que la gente de los caseríos—la misma a la que Catalino “Tite” Curet Alonso (1926–2003) exaltó en su guaguancó “Pa’ los caseríos”—pueda acceder a toda la riqueza de información disponible a través de la “red de redes”, aunque habría que ver cómo va a acceder a la misma (más allá de quienes hayan aprovechado la oferta más reciente del “smartphone” 3G o 4G con “lo último en la avenida”).

(Por cierto, eso último es algo que los muchachones de El Ñame han ponderado detenidamente.)

Eso sí, valga aclarar algo: A pesar de que mucho del furor ocasionado por el despliegue de generosidad del incumbente municipal estadoísta pudiera verse con un dejo de prejuicio, ése no es mi propósito en esta entrada de mi blog.  Yo en particular, como alguien que ha sido entusiasta de la Internet y la “world wide web” desde finales de 1996—y que ha sido entusiasta de los blogs desde antes de que mi blog naciera en el 2003—, no creo que deba privarse a nadie de tener acceso a la Internet, de reclamar su parcela en la “autopista de la información”.  Es más, ni siquiera tendría que esperarse por una iniciativa del alcalde Santini, o de ningún otro político para los efectos.  De hecho, una cosa que a mí me gustaría ver sería un junte de las seis cinco proveedoras de telefonía celular en Puerto Rico ahora mismo—Claro PR, AT&T, T-Mobile, Open Mobile (antes la filial de Movistar) y Sprint—que permita ofrecer servicio de Internet vía WiFi en áreas que así lo necesiten, hasta en los caseríos.  Digo, para mí eso sería una buena iniciativa, o como decimos aquí en Puerto Rico, “un palo”.  Tal vez deberían animarse y hacer algo así en los próximos años, si quieren ganarse el favor de la gente (y en el proceso, nuevos clientes de ser el caso).

Pero lo importante, como mencioné al comienzo de la entrada, es tomar las cosas de quien venga.  Y para mí, una iniciativa como esa sería mejor atendida por las empresas que manejan directamente ese recurso que por políticos a la caza de votos.  Es más, déjenme repasar algo que escribí una vez:

“Total, cuando la gente de los caseríos y las áreas de pobreza económica y social cuenta para los seudolíderes del país, es únicamente cuando llega la campaña para las elecciones generales… ¿pero qué ocurre después?  ¿Le dejarán el canto al narcotraficante, al dueño del “punto”?  Y entonces, ¿será hasta el próximo ciclo de campaña electoral?”

O… ¿qué tal esto otro?

“Tal vez a nuestros políticos les sea más fácil y conveniente manejar a su antojo a los residentes de los caseríos, a los que hacen cada vez más dependientes de las dádivas—especialmente aquéllas que se sufragan con lo que aportan los ‘taxpayers’ estadounidenses.  Pero en ello, a nuestros políticos se les olvida convenientemente que hay consecuencias, como el desarrollo de actitudes tales como indolencia, complacencia, falta de un sentido de responsabilidad, para consigo mismos y para con la sociedad que los rodea.”

Tal vez será que éste es el “duérmete nene” de nuestros tiempos, como lo fue en su momento (y lo sigue siendo, como ya hemos visto) el despliegue de generosidad de quienes regalaban neveras, estufas y hasta zapatos, regalos que más bien eran una mercancía en trata, a cambio de una lealtad.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y aunque de momento no tengo una   PC o un Teléfono móvil que regalar para poder utilizar el WiFi gratis… ¡yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

A río revuelto, ganancia de… ¿buitres?

Poverty
Image via Wikipedia

OK, yo sé que el refrán no dice así, que dice “ganancia de pescadores”.  Pero parece que en el lío revelado esta semana, sobre el aparente vaciamiento del fondo conocido como el “Fideicomiso Perpetuo para las Comunidades Especiales”, ha habido tanta pesca como para romper las nasas.  Pesca a la que ha contribuido la garata entre “niños chiquitos” protagonizada por la ex-gobernadora Sila M. Calderón y su sucesor en esa poltrona (y “Resident Commissioner” bajo los años de su mandato), el ex-gobernador Aníbal Acevedo Vilá (uno de los miembros del fracasado experimento de “gobierno compartido” que—en conjunto con una legislatura rival cargada de incompetencia y falta de carácter—trajo los 14 días de “vacaciones forzadas” que 95,000 empleados públicos tuvimos que pasar en la calle en mayo de 2006, y que elevaron a la categoría de “mito” la seguridad de empleo en el servicio público puertorriqueño… y gústele a quien le guste, yo no pienso “pasar la página” sobre eso, ni mientras este blog esté en pie, ni mientras viva).  Y todo, debido a unos documentos que son parte de una investigación federal sobre el destino de unos fondos que se habían separado para un fin noble: dar apoyo a las iniciativas para el desarrollo de las comunidades pobres, para que las mismas pudieran superarse y vivir dentro del clima de bienestar al que tod@s tenemos derecho.

Ciertamente, no abonó para nada el que la ex-gobernadora se sintiera supuestamente “amenazada” cuando su sucesor le advirtió que habría de divulgar algunos de esos documentos (copia de los cuales le envió con dicha advertencia) y tuviera que salir corriendo a pedir protección de la fiscalía estadounidense en San Juan…  Digo, a menos que eso fuera algún reconocimiento de incompetencia o falta de capacidad o algo por el estilo.  Bueno, tal vez falta de capacidad para prever que si no se implantaban los debidos controles desde el principio, el fondo se podía prestar para manipulaciones, para que quienes no debían meter las manos al “pote” las metieran, o para que esos fondos se utilizaran en cosas que no eran aquéllas para las que se creó ese fideicomiso.

Y según están las cosas en este momento, no me sorprendería que esa falta de previsión de las consecuencias produjo lo que ocurrió con los fondos del fideicomiso—lo cual todavía debe tener a algunas personas inescrupulosas salivando como los famosos perros de Pavlov.  (Y esas personas saben quiénes son.)

Pero dejando de lado esa garata infantil, ¿dónde deja esto a las mismas comunidades a las que se le prometieron “villas y castillos”?  (No, mi gente, no es para tanto…)  O sea, a estas comunidades se les prometió mejorar sus condiciones de vida, se les prometió darle las herramientas con las cuales desarrollar su potencial, con las cuales se liberarían del clientelismo y de las dádivas de los políticos (sean del PNP o del PPD, da lo mismo), con las cuales podrían finalmente “echar pa’lante” (sin que ahora vengan los de “El Gran Combo” a tratar de demostrar que aún son relevantes en el quehacer musical boricua, reescribiendo—con ayuda del Banco Popular de Puerto Rico—su éxito de finales de la década de 1970, “Y no hago más na’” [letra], para trocar la imagen del vago vividor dependiente de las ayudas federales por la del trabajador que no se detiene en su empeño de ser productivo y vivir con dignidad… discúlpenme, ¿dónde yo estaba?).

¿Y qué están recibiendo las comunidades especiales a cambio de esas promesas?  …  …  …  OK, no me contesten tod@s a la vez.  …  …  …  No se oye, no se oye, no se oye… …  …

A mí me parece que lo que están recibiendo son sólo mentiras, promesas de una vida mejor que no acaban de cumplirse, que tal vez se tarden “un tiempito” en llegar.  (Y eso, que hay quien dice—medio en broma, medio en serio—que alguna de nuestra gente pobre todavía está esperando… ¡la “nueva vida” que don Luis A. Ferré prometió en su campaña electoral de 1968!  Y de eso a la fecha en que escribo ya van 43 años.  La verdad es que hay que tener una paciencia…)

Promesas que no acabarán de cumplirse, mientras se deje que un fondo como el Fideicomiso “Perpetuo” de las Comunidades Especiales languidezca como el animal moribundo, al tiempo que los buitres (conocidos o desconocidos, da lo mismo) lo sobrevuelan en círculos, esperando el momento oportuno para saciarse.

Pero eso no importará, mientras haya quien pierda su tiempo en una garata como la que desafortunadamente protagonizan ambos ex-incumbentes.  Y en la que de todos modos, ambos tienen responsabilidad.

Cualquiera diría que no hay suficiente madurez en el liderato político de Puerto Rico para dar el frente a los problemas apremiantes.  Total, ése es el ejemplo que los políticos nos dan cada día; tal vez deberían aprender de las mismas comunidades a las que pretenden poner de rodillas.  Pero ya eso es mucho pedir.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB