Ser o no ser puertorriqueño

Flag-map of Puerto Rico
Flag-map of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

“To be, or not to be, that is the question:
Whether ‘tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles
And by opposing end them….”

(“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro….”)

William Shakespeare (1564–1616), La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (según Wikipedia, escrito en algún punto entre 1599 y 1602), Acto Tercero.  (La traducción al español no es mía—¡para variar!—, sino de La Máquina del Tiempo, de donde la obtuve el 13 de mayo de 2012.)

Saludos, amigas y amigos, mi gente.

Recientemente comenzamos a ver por ahí una campaña publicitaria, de cara a las elecciones generales puertorriqueñas (que por una de esas “casualidades” de la vida se celebran el mismo día que las elecciones presidenciales estadounidenses, esta vez el 6 de noviembre de 2012), por medio de la cual se pretende “definir” lo que es “ser puertorriqueño”.  De acuerdo con la campaña lanzada el 25 de abril de 2012 por el Partido Nuevo Progresista (PNP),* actualmente en el poder, se procura resaltar los valores que caracterizan a esa colectividad por medio de las cinco expresiones que enumero a continuación:

  • “Ser puertorriqueño es no rendirse”;
  • “Ser puertorriqueño es ser responsable y decidido”;
  • “Ser puertorriqueño es decidir con valentía”;
  • “Ser puertorriqueño es hacer, no criticar”; y
  • “Ser puertorriqueño es respetar a tu familia.”

La verdad es que cuando leo algo como esto me digo lo interesante que es ver cómo se habla de una serie de valores que, según su propio “track record”, son los que menos practican sus propios líderes (como han podido ver en ocasiones a través de este blog).  Pero, ¿qué tal si lo seguimos, shall we?

(OK, aguántenme con una camisa de fuerza, si quieren, pero aquí va el maldito clisé.)  Como es de suponerse, las reacciones no se hicieron esperar, en especial en las redes sociales y los medios informativos independientes.  Una de las reacciones más interesantes es la de la periodista Sandra Rodríguez Cotto en el blog, 80grados.net.  Entre otras cosas, Rodríguez Cotto reseña en su nota de dónde viene la idea de un partido político por lo demás asociado con la propuesta de anexar a Puerto Rico como el quincuagésimo primer (para l@s que se les hace difícil entender eso, “51”) estado de los EE.UU., de utilizar (¿no será más bien “manipular”?) imágenes y mensajes asociados con la puertorriqueñidad para su propio mensaje.  Y por supuesto, no faltó quien sugiriera “valores” adicionales que también caracterizan a esa colectividad—algunos dirían que más fielmente que los de la campañita ésa—y que bien pudiera haber aprovechado para proclamarlos a los cuatro vientos.  (No es que con el “track record” al que me refería hace un  momento no los estén proclamando a los cuatro vientos, pero ya eso es otra historia.)

De todas maneras, si algo bueno se puede decir de todo esto, es que una situación como ésta nos pone a pensar en lo que somos—algo que he estado haciendo una y otra vez desde que empecé a ver esa campaña en mi ruta de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.  Y sí, hay muchas cosas que se podrían decir de lo que es ser puertorriqueño.  Por ejemplo, para mí, ser puertorriqueñ@ es:

  • Ser honesto;
  • Ser decente;
  • Ser cumplidor (o cumplidora) y honrar los compromisos;
  • Ser responsable, consigo mismo y con los demás;
  • Solidarizarse con los demás, tanto en los momentos felices como en las amarguras (y eso lo hemos visto en tantas temporadas de huracanes, y en tantas situaciones como la de nuestros hermanos haitianos);
  • Respetar una autoridad llevada con el mismo respeto y la misma dignidad que se nos exige a los demás (algo que difícilmente podemos ver hoy en día cuando, por ejemplo, hay quien no respeta el ordenamiento del tránsito vehicular);
  • Actuar de buena fe, sin maldad, evitando engañar y herir a los demás (y en el proceso, a sí mismo), teniendo en cuenta que toda acción, buena o mala, tiene sus consecuencias—y algunas de esas consecuencias pueden llegar a ser lamentables;
  • Llamar la atención sobre Denunciar todo aquello que esté mal, sin importar de quién o de dónde venga, para que se corrija y no se repita.  Algo muy diferente a la implicación de “hacer, no criticar”, pero que tampoco es criticar por criticar, sino alzar la voz aunque se moleste quien se moleste, para ayudar a que la vida sea mejor para tod@s.

Hay muchas otras cosas que podría añadir a lo que estoy enumerando arriba (y para eso estarán los comentarios a esta entrada), pero para mí lo más importante es esto: Ser puertorriqueño es mucho más que una expresión propagandística, en la que se trata de reducir a poco y simple unos valores que tanto se predican pero poco se practican—especialmente cuando quienes más los predican son quienes menos los practican.  Es algo con lo que nacemos en esta mi bendita tierra.  Es algo que se lleva de corazón.  De todo corazón.

Y eso es algo que quienes no se sienten cómodos en su propia piel, quienes no tienen el orgullo de ser lo que deberían ser y no son, quienes se engañan a sí mismos tratando de ser algo cuando en realidad no son nada (como bien lo plantea—en otro contexto, claro está—Gálatas, capítulo 6, verso 3), no lo entenderán ni lo apreciarán nunca.  ¡NUNCA!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba la dirección de la página web oficial del PNP para poder hacer la debida referencia (y eventualmente, para corregir el enlace en la columna lateral del blog), se me ocurrió entrar en mi navegador (Mozilla Firefox, por si lo quieren saber) la siguiente secuencia: “pnppr.org”.  Cuánta no sería mi sorpresa (¡otro odioso clisé… aaaaargh! Echando humo ) cuando lo que salió fue esto:

(¡No se rían, por favor!)

Definición de 'corrupción' según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Francamente, yo no sé en qué está pensando la persona a la que se le ocurrió esta lindeza, al asociar una organización política puertorriqueña… esteeeeeeeeee… ¡con la diarrea!  ¡Cosas veredes, Sancho!


Soy Luis Daniel Beltrán.  Soy PUERTORRIQUEÑO…  ¡Y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Una confesión

Amigas y amigos, mi gente, quiero comenzar la entrada haciendo una confesión…

(NO, no es lo que ustedes están pensando si es que creen que voy a meterme a… esteeeeeeeeee… a ponerme con “esas cosas” después de viejo…)

En serio ahora: las últimas semanas han sido para mí un tiempo en el que me ha atacado un virus: el virus del desánimo, la decepción, el cansancio con la “jaibería” que nuestros políticos nos regalan a diario, con esa desfachatez con la que se nos falta el respeto a quienes les dimos la encomienda de gobernar responsablemente—total, para arrepentirnos después de haber dejado esa responsabilidad en las manos quienes no la saben ni la quieren asumir.  Ésa, más otras razones personales, han sido la causa de que no me vean tan a menudo por aquí como desde que comencé a escribir este blog a finales de 2003.  Durante este tiempo ha habido ocasiones en las que me he quedado sentado frente a mi computadora, mirando fijamente la copia de la plantilla descargada a mi Windows Live Writer™ (esta hermosa plantilla “Mystique” que uso al momento en que escribo esto para WordPress.com), pensando si de veras valía la pena escribir algo que reflejara mi sentir sobre los acontecimientos más interesantes de la semana sin sonar repetitivo.  (¿Les conté en alguna ocasión sobre la mañana aquélla en la que me quedé mirando la ropa de mi armario durante media hora, ponderando si valía la pena salir a la calle a trabajar?  Si no, algún día lo haré—quedan advertidos.)

Es en momentos como éste cuando aparecen (por intervención divina o por casualidades de la vida, dependiendo de quien de mis lectoras y lectores crea o no—y con perdón de los que no creen, yo sí creo) palabras que ayudan a recuperar el aliento, que ayudan a retomar el rumbo que uno se ha decidido a caminar.  Y quiero tomarme la iniciativa de reproducir aquí esas palabras:

“Toda esta situación que apabuya (sic) el cerebro ha prolongado mi falta de ánimo para escribir, ya en parte superada mi gran tristeza de los pasados meses.  Al parecer algo similar le está pasando a un número de blogueros y blogueras que casi no escriben sobre lo que ocurre o publican sobre asuntos sin importancia local.  Prometeo dice, con razón, que los boricuas nos encontramos en estado de estupor.

“Por su parte, Siluz, al celebrar los 5 años de Escribiendo en voz alta nos recuerda en la cita de Graham Greene que: ‘Escribir es una forma de terapia.  A veces me pregunto como se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana’.

“No… el 2012 no pinta nada bien.  Pero quiero (y espero) seguir escribiendo, para sobrevivir y salir del estupor.”

(" El 2012: más engaños, corrupción e impunidad. Pero sigamos escribiendo. " Sin Mordazas, por Ivonne Acosta Lespier, 31 de enero de 2012.)

Sí, a mí también me ha atacado últimamente esa sensación de estupor que describe Prometeo en su entrada, según Ivonne lo recoge en la suya propia.  Pero entonces leo las palabras de Graham Greene que Siluz cita en su entrada (de nuevo, según las recoge Ivonne) y me pongo a pensar: Se supone que ésa la manera en la que he pensado este blog desde que lo comencé a finales de 2003, ¿no?  Como una terapia para escapar—de la manera en la que mejor pueda—de la realidad que veo todos los días en Puerto Rico.  Como una manera de comunicarle al mundo mi sentir sobre las cosas que están mal en mi propio país—y créanme, amigas y amigos, mi gente, cuando algo está mal, no me importa que lo haya hecho un Juan de los Parlotes cualquiera o que lo haya hecho el más encopetado señorón: simple y sencillamente, lo que está mal está mal, y hay que denunciarlo, y hay que alzar la voz para que se sepa que está mal y que eso no debe volver a suceder, hay que llamar las cosas por su nombre.  PUNTO.  Eso no admite términos medios.

(Eso sí, a juzgar por la clase de entrada que la gente busca a menudo cuando visita mi blog, tengo que hacer algunas excepciones… Confundido ¡pero ya ése es otro tema!)

Es más: Yo creo que luego de leer esa cita del blog de Ivonne (“featuring” Prometeo y Siluz—para que la cita tenga “flow”, ¿me entienden?), me siento que tengo nuevos ánimos, que puedo retomar mi camino, aunque me encuentre con los paisajes desoladores de siempre, con el pillaje oficial de siempre, con la “gansería” de siempre, con las faltas de respeto con las que otros se tratan de burlar de nosotros siempre.  Y creo que es eso lo que voy a hacer ahora.  Yo también seguiré escribiendo, porque yo también quiero sobrevivir.  PUNTO.

¡Y vamos a dejarlo ahí—por el momento!

LDB

Que no calle el cantor

Our Facundo

“Si se calla el cantor calla la vida,
porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
la esperanza, la luz y la alegría.

“Si se calla el cantor se quedan solos
los humildes gorriones de los diarios.
Los obreros del puerto se persignan:
quién habrá de luchar por sus salarios.

(HABLADO:
‘Que ha de ser de la vida si el que canta
no levanta su voz en las tribunas
por el que sufre, por el que no hay
ninguna razón que lo condene a andar sin manta’.)

“Si se calla el cantor muere la rosa.
De qué sirve la rosa sin el canto.
Debe el canto ser luz sobre los campos,
iluminando siempre a los de abajo.

“Que no calle el cantor porque el silencio
cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas:
No callarán jamás de frente al crimen.

(HABLADO:
‘Que se levanten todas las banderas
cuando el cantor se plante con su grito.
Que mil guitarras desangren en la noche
una inmortal canción al infinito’.)

“Si se calla el cantor . . . calla la vida.”

(“Si se calla el cantor”, por Horacio Guarany)

Amigas y amigos, mi gente: Escribo esto apenas 6 horas después de enterarme y todavía estoy atónito (o como decimos en buen puertorriqueño, “en shock”).  Atónito.  Sorprendido de ver de lo que son capaces algunos supuestos seres humanos cuando quieren acallar las voces que no les gusta oír, las que nos dicen las verdades en la cara, las que nos recuerdan cuál es nuestra verdadera naturaleza y cómo la hemos ido corrompiendo a plazos cómodos.

Pero ésa es la realidad, nos guste o no.  Y la realidad es que hoy (9 de julio de 2011), América Latina perdió a una de sus grandes voces, la voz del cantautor argentino, Facundo Cabral.  Una voz que no se dedicó a “lamerle el ojo” a las clases pudientes de nuestros países latinoamericanos, sino que le cantó a los de abajo, a quienes sienten y padecen, a quienes sufren el hambre y la miseria, a quienes sueñan con un futuro donde no hayan injusticias.  Y ésa también es la realidad, nos guste o no (sobre todo, porque también nos afecta aquí, en Puerto Rico).

¿Y cómo fue que lo perdimos?  De la peor manera posible (digo, a menos que hayan maneras mucho peores que no conocemos): asesinado vil y cobardemente en medio de una emboscada, mientras se dirigía al aeropuerto internacional de Ciudad de Guatemala.

¿Quién o quiénes lo asesinaron?  Mientras escribo esto no se sabe.  Pero a mí no me cabe la menor duda de que quienes nos arrebataron esa voz son unos COBARDES.  Seres sin escrúpulos.  Seres sin dignidad.

¿Con qué propósito lo mataron?  ¿Será para acallar una voz cuyo único pecado fue alzarse en contra de la injusticia social?  ¿Será por seguir los dictados de alguien que nunca le tuvo simpatía, que nunca comulgó con su prédica de justicia social?

Pero más importante aún: ¿Creerán sus asesinos—o quien (quienes) los haya (hayan) enviado a cometer tan terrible hazaña, que al matar su cuerpo físico han matado su espíritu, que han callado su voz para siempre?  ¿Que le han hecho un favor al resto de la humanidad, al librarla de ese “estorbo”, de ese “comunista”, de ese “izquierdoso”?

(Y probablemente eso mismo es lo que sienten—en secreto—algunas figuras de mi país que piensan de esa manera, aunque públicamente los veamos “rasgarse las vestiduras” ante esta noticia…  No nos llamemos a engaño.)

Francamente, yo creo que quienes se atienen a la línea de “hacerle ese favor a la humanidad” no toleran a quienes les cuestionen su modelo de “paz a fuerza de miedo” (que como ya cité en alguna ocasión a Melody Beattie, una paz así no es paz), no aceptan que haya gente que tenga la esperanza de un mundo más justo.  (Es más, ahora me doy cuenta de por qué Gil (the Jenius) Schmidt los describe excelentemente bien a unos y a otros en una entrada reciente de su blog—que personalmente, se las recomiendo aunque esté escrita en inglés.)  Y para ser sincero con ustedes, esa clase de persona se equivoca.  Porque mientras haya un asomo de injusticia en el mundo, siempre habrá quien alce su voz en defensa de quienes sufran esa injusticia.  Mientras haya desigualdad en este mundo, siempre habrá quien alce su voz para denunciarla y para procurar que se corrija esa desigualdad.

En otras palabras, a quienes creen que con el asesinato de don Facundo Cabral, se ha callado el cantor… lamento decirles que se equivocan completamente.  PUNTO.

Así que desde aquí, desde mi “Puerto Rico” = “Puerto Pobre” que también siente y padece por nuestros hermanos latinoamericanos: ¡Buen viaje, don Facundo Cabral!  Éste no fue el día de tu muerte, sino el día en que naciste para la eternidad.

¡Que así sea!

LDB