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Lo peor… aún no ha pasado

El tamaño injustificado del gobierno y su rígida estructura burocrática obsoleta, impiden la prestación ágil y eficiente de servicios públicos a nuestros ciudadanos….  Reorganizaremos y modernizaremos las estructuras organizativas de nuestras agencias y departamentos, para hacerlas más horizontales y flexibles, aclararemos y redefiniremos su misión, rol y propósito y eliminaremos redundancias y duplicidad de procesos y funciones, para que respondan ágil y efectivamente a las necesidades del ciudadano.  Esto se realizará sin despedir empleados públicos e involucrándolos en el proceso de reforma.  Garantizaremos sus derechos adquiridos y asignaremos los recursos necesarios para su desarrollo profesional y personal.

Plan de Gobierno del PNP 2009–2012, páginas 20 y 21 (énfasis en el original)

¿Como están ustedes, mi gente?  Aquí estoy de regreso.

La verdad es que el pasado par de semanas no ha sido muy fácil que digamos, a juzgar por las secuelas de la segunda ola de despidos de servidores públicos requerida bajo la Ley 7 de 2009.  Las mismas que el programa de gobierno del PNP para el presente cuatrienio afirmaba que no ocurrirían.  Y aquí ha habido de todo.  Desde la traumática experiencia de recibir la fatal misiva, hasta amagos de violencia que en nada ayudan a buscar una salida razonada y sensata a esta triste situación.  Pero déjenme ir por partes, sobre todo desde el punto de vista de la experiencia que me ha tocado vivir de cerca en el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA).

La entrega de las cartas de despido ha creado un ambiente de desasosiego general entre aquellos compañeros de trabajo que las han recibido.  En estas dos semanas he podido ver a padres y madres de familia, madres solteras y demás—gente cuyo único “pecado” ha sido servir diligentemente y de manera profesional a quienes así lo necesitan—con los rostros desencajados, con lágrimas que se les hace difícil contener, sumidos en la negación, en no comprender por qué les ha ocurrido una cosa así, que se cuestionan qué pudieron haber hecho para merecer quedarse sin empleo de la noche a la mañana.  (Y muchos de ellos son parte del mismo electorado que le dio el voto al Lcdo. Luis G. Fortuño Bruset para la gobernación, y que probablemente se sentirán que han sido traicionados.)

Y lo peor del caso es que no todas estas personas llegaron a sus puestos en el día de ayer.  Alguno que otro llevaba alrededor de 20 años ocupando dignamente su puesto (que como sabrán, es el mismo tiempo que yo llevo en mi puesto… ¡y eso a mí me para los pelos!), y sin embargo, por decirlo así, “cayó en la redada” de los despidos.  Algo que se suponía que no sucediera.  Y se suponía que no sucediera, porque se había dado la impresión de que se procedería a despedir según la antigüedad del empleado en el servicio público, hasta unos trece años y medio (y aún con eso, la medida me parece irracional e injusta).

Al igual que ha sucedido con otras agencias de gobierno—como se ha planteado con la Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada (cuya directora se ha negado a firmar y entregar las cartas de despido, lo que a la larga la podría poner en aprietos “por no seguir instrucciones”)—, en la práctica se han desmantelado unidades de trabajo completas, al despedirse a todo su personal de una manera indiscriminada.  Y esto refleja una aplicación insensible e impensada de la Ley 7, en la cual no se tomó en consideración el impacto en los servicios que se ofrecen al público, y que deja al descubierto la incompetencia de quienes la aplicaron.

Y esta incompetencia también queda manifiesta cuando se nota que algunos de los despedidos son empleados que cobran sus sueldos de los programas de ayuda del gobierno estadounidense (como es el caso de la mayoría de los empleados de la procuraduría antes mencionada—y de ahí, el lío en el que está envuelta su directora).  Y eso es absurdo, si lo que se quiere resolver es una deficiencia de dinero en el Fondo General del gobierno de Puerto Rico, ¿no?  ¿Será que, al igual que los legisladores—los mismos que ayer aprobaron la Ley 7 para quejarse hoy de que “no sabían” que se iba a despedir a una gran cantidad de servidores públicos—, los responsables de las cesantías aprueban las cosas sin siquiera leerlas?

Yo no sé cómo lo vean, pero—y aquí me tendrán que disculpar si lo que sigue en este párrafo es muy gráfico—hay una expresión que yo utilizo a veces para exagerar el impacto de aplicar un remedio incorrecto a un problema grave, de que es como si para manejar el problema de pulgas de un perro hubiese que tumbarle la cabeza.  (Y no hace falta mucho para entender que eso es “cosa de brutos”.)  Pero en el caso que nos ocupa, el remedio ha sido muchísimo peor que la enfermedad: ¡aquí descuartizaron el perro por completo!

Y a mí me parece que ése es el problema: La ejecución de los despidos de servidores públicos requeridos por la Ley 7—la misma acción que se suponía como “el último recurso” para salir de la crisis en las finanzas gubernamentales—se ha efectuado de manera impensada, insensible, sin razón ni sentido, sin pensar en las consecuencias que traerá a la larga.  (Y quien esté leyendo esto haría bien en mirar la nube de etiquetas de este blog y colocar el cursor sobre la palabra “consecuencias”, para ver cuántas entradas llevan esa etiqueta—digo, por alguna razón será…)

Y algunas de esas consecuencias… lamentablemente no son las más agradables.  Para muestra, basta con algunos botones: llamadas telefónicas con amenazas de bomba en los edificios públicos, conatos de incendio, amenazas de muerte contra funcionarios gubernamentales, tumultos, agresiones con objetos como huevos y piedras contra el gobernador Fortuño, amagos de fuerza bruta de parte de los sectores “oprimidos” como los camioneros de volteo y carga, expresiones de que “en ningún lugar de Puerto Rico habrá tranquilidad” por parte de algunos líderes obreros (por un lado), y réplicas oficialistas de que quienes así actúen serán considerados como “terroristas” sujetos a que se les apliquen las mismas leyes federales que a quienes abogan por la “guerra santa” (por el otro lado)…

(Y que conste: TAN MAL LO HACEN LOS UNOS COMO LO HACEN LOS OTROS.  Aquí no hay diferencia.)

Tal vez no sea de extrañar que ya algunas voces—como la de la escritora de ascendencia cubana, Mayra Montero, en su columna dominical en La Revista de El Nuevo Día—estén llamando la atención (como hice anteriormente) a que se esté asomando el espectro de la delincuencia oficial que se manifestó en los trágicos sucesos del Cerro Maravilla, bajo el disfraz de “proteger” al pueblo puertorriqueño de posibles actos de terrorismo.  Y como yo también he dicho en otras ocasiones, no hay que andar mucho para llegar a ese extremo.

Pero así son las cosas en estos momentos.  Se toman decisiones tan delicadas y trascendentales sin consideración a las consecuencias que esas decisiones traerán, en un claro y abierto menosprecio por la responsabilidad social que conlleva tomar esas decisiones.  (Y de nuevo, noten cuán prominentes son estas dos frases, junto con las de “responsabilidad personal/individual”, entre las etiquetas de este blog—e insisto que por alguna razón será…)  Aunque tal vez sería demasiado pedir que quienes recomendaron y tomaron la decisión de efectuar estos despidos entiendan que tienen su cuota de responsabilidad.  Después de todo, su enfoque filosófico nos recuerda algo que se llegó a postular en algún momento durante la presidencia de Ronald W. Reagan (1981–1989), de que los pobres (y no los “agraciados”) son los que tienen la culpa de ser pobres, porque no aprovechan las oportunidades que se les dan para salir de la pobreza.

Pero de que tienen esa responsabilidad, la tienen.  Y la historia se encargará de decir cómo la ejercieron.

Mientras tanto, habrá que buscar la manera de remendar corazones rotos, de consolar a quienes ven derrumbarse sus aspiraciones profesionales por una malísima decisión gubernamental, de decirle a quien ha salido perdiendo en esta batalla mal librada en la que no tiene arte ni parte… ¡QUE NO ESTÁ SOL@!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y sobre todo, mucho valor y mucha firmeza, que sólo así podremos vencer la adversidad… venga de donde venga.


P.S.  Por si se preguntan, para mi bien o para mi mal, yo no formo parte de la lista de despedidos en el DRNA.  Pero al ver la injusticia y el agravio cometido contra otros compañeros de dicha agencia, no me hace sentir mejor el haber sobrevivido…


LDB

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La hora de la amargura ha llegado

¡Hola, mi gente!  Aquí estoy de regreso, semana y pico después de batallar con una infección que me tenía loco… ¡pero no es lo que ustedes se imaginan!  Resulta que de manera extraña, algún tipo de malware que no voy a mencionar (o si quieren, piensen en un caballo más famoso que Camarero, Secretariat, el caballo blanco de Napoleón o hasta el emblemático caballo de ajedrez de Paladin—aunque igual de impredecible que este último) se coló en el disco duro de mi computadora, especialmente en el directorio donde reside el sistema operativo Windows Vista, y me dejó un saldo de 48456 archivos infectados.  Ello me ocasionó pasar varios días rompiéndome la cabeza (¡no se preocupen, no es para tanto!), tratando de encontrar la manera de atajar todas esas infecciones y eliminar de mi sistema al malware responsable de las mismas.  Y me alegra decirles que apenas lo pude lograr la madrugada del domingo 27… ¡a las 05:36 UTC-04:00, después de 17 horas y media de correrle un programa altamente recomendado para manejar el spyware y otras amenazas!  (Yo no quiero ver cuando llegue la cuenta de electricidad de mi casa… ¡pero no había otra manera!  Ya resolveré de alguna manera…)

Así que habiendo sacado del medio ese “problemita”, pasemos a lo que nos trae hasta aquí, shall we?  (Y si alguien quiere saber los detalles de lo que me pasó, para que no le pase lo mismo, por favor me escribe a mi dirección electrónica… o fíjese en las etiquetas de esta entrada.)

Enigüei, el 25 de septiembre de 2009—justo a la puerta de un fin de semana normal y caluroso (¡!)—se produjo el anuncio más esperado, pero no necesariamente por las razones correctas o deseadas: Apenas un minuto antes de las 14:00 UTC –04:00 de ese día, el gobierno de Puerto Rico anunció la emisión de 16970 cartas de despido de servidores públicos, como parte de la “estrategia” del gobierno de Puerto Rico para atajar su crisis fiscal.  Por si a alguien se le ha olvidado de qué se trata, le recuerdo seguidamente que hace algún tiempo en este blog me refería a…

Una "tormenta perfecta" en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico…  […]  Y lo que (el gobernador Luis G. Fortuño Bruset) describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, "¡hay que economizar… cueste lo que cueste!"). Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de "cuadrar" los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!
La hora del sacrificio (8 de marzo de 2009) (énfasis añadido intencionalmente)

¿O qué tal esto?

Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.
Mar en calma y (no tan próspero) viaje (23 de marzo de 2009 ) (énfasis añadido también con toda la intención)

Sin embargo, dice el gobierno que del total de esas cesantías, se proyecta reclutar nuevamente a unos 1000 empleados para ejercer funciones de cobradores de impuestos (Good luck on that!) o para hacer limpieza en las escuelas públicas.  Así que comoquiera 15970 servidores públicos puertorriqueños—principalmente padres y madres de familia que se tragaron el cuento de la “seguridad de empleo en el gobierno”—se tendrán que ir a la calle para el 6 de noviembre de este año.

Súmelos a los 10401 que se fueron (¿los ‘fueron’?) en la ronda de despidos y renuncias ‘voluntarias’ de junio pasado, y tendrá 26371 víctimas de una situación que nunca debió ocurrir.

Son 26371 seres humanos que tendrán que ver cómo se las arreglan para cumplir con sus responsabilidades económicas—la hipoteca de la casa, el préstamo del carro, y si sigo no acabo—a la vez que le llevan el sustento a sus familias.  Son 26371 potenciales candidatos a empleo que tendrán que andar para aquí y para allá cargando con un resumé y una carta de presentación, tocando a cuanta puerta puedan tocar, aunque sea para pedir empleo barriendo pisos por menos del nuevo salario mínimo federal, o vendiendo mercancía barata en alguna tienda de pueblo pequeño, u ofreciendo “papitas, onion rings o apple pie” en algún restaurante de comida ligera.  Después de todo, se supone que ahora—según el gobierno—la empresa privada es “la cura” de todos los males de la economía puertorriqueña, ¿no?  Sabe Dios cuántos de estos 26371 tendrán la iniciativa y el interés de organizar su propia empresa, de ofrecer algún servicio diferente e innovador, algo que nadie más puede ofrecer en Puerto Rico en estos momentos.  Tal vez muchos de ellos quieran regresar a la universidad a hacerse de otra carrera, aunque sea distinta a aquella para la cuya preparación pasaron tanto trabajo.

¿Cuántos de estos 26371 se cansarán de darse golpes contra la muralla que tienen ante sí y emigrarán?  ¿Volveremos a ver un éxodo como el de los tiempos de dos de mis tías (los 1950s), que emigraron con sus esposos a la Nueva Inglaterra, en busca de un futuro mejor para sus hijos?  (Aunque les aclaro que esta estrategia funcionó bien en el caso de mis tías, ya que ambas trabajaron duro y supieron criar bien a sus hijos, y éstos han levantado sus propias familias, con dignidad y respeto.  Y yo me siento orgulloso de que todos ellos sean parte de mis lazos familiares.)  ¿Y qué encontrarán los que lleguen hasta allí?  Si creen que la suerte les va a caer del cielo… quiera Dios que la decepción no sea tan fuerte.

¿Y qué ocurrirá con aquell@s que sin entrar por la puerta del infierno han aceptado fatalistamente aquella admonición de “abandonad toda esperanza”?  ¿Cuántos se sumirán en la desesperación, o recurrirán al vicio—llámese del alcohol, llámese de las drogas, llámese como se quiera llamar—para poder aliviar su dolor, para escapar de una realidad agobiante?  ¿Cuántas de estas 26371 personas recurrirán al delito para poder conseguir el dinero que les ayude a satisfacer sus necesidades?  Y más importante aún, ¿cómo se afectará el resto de la sociedad puertorriqueña por una acción de la trascendencia de esta que se acaba de tomar?

Lamento mucho decir esto, pero me sospecho que a los responsables de tomar las decisiones que nos han traído hasta aquí, no les importa su responsabilidad, consigo mismos como individuos y con la sociedad a la que dicen que quieren rescatar de la negligencia económica del pasado.  Y en cuanto a las consecuencias de sus acciones… ¡que el de atrás sea el que lo arregle, que para eso no es de los “agraciados”!


Si se preguntan, en mi lugar de trabajo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA), las fatídicas cartas de despido no vinieron a entregarse sino hasta el lunes 28.  Día en el que vi algo más o menos parecido a lo que vi y sentí unos meses atrás, cuando…

Después de las renuncias “involuntariamente voluntarias” de empleados públicos en Puerto Rico, ha llegado el momento para los despidos “voluntariamente involuntarios”….  (Y)a se ha iniciado el despido de varios de los empleados irregulares, transitorios y por contrato que fueron reclutados en años recientes.  (Y aun si alguno de ellos fue reclutado en violación a la ley que prohíbe reclutar personal en el gobierno pocos meses antes de las elecciones, debe quedar claro que no es su culpa.)  Y eso es algo que me tiene un tanto apenado, porque muchos de los que se nos van de esta manera son jóvenes de cuyo talento y dedicación he sido testigo…
Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella (31 de mayo de 2009)

Sin embargo, en esta ocasión no fueron únicamente los jóvenes que apenas estaban empezando a despuntar en su desempeño profesional.  Hoy vi llorar a personas a quienes he conocido de mucho tiempo en el DRNA, personas que siempre han mostrado dedicación a su trabajo, personas cuyo profesionalismo es y será siempre incuestionable… y que han sucumbido a la incapacidad de un sistema político que no tiene las salvaguardas adecuadas para evitar estas situaciones, y a la incompetencia de quienes tienen en sus manos evitar que dichas situaciones ocurran.  Hoy vuelvo a temer por lo que suceda con est@s compañer@s de trabajo, como cuando tuvimos que sufrir juntos el cierre gubernamental de mayo de 2006, un trago amargo cuyas lecciones parece que quienes debían aprenderlas no las han querido aprender (o no les conviene aprenderlas).  Y vuelvo a sentirme como que nada que yo pueda decir o hacer ayudará a aliviar esta crisis.

Debe ser que en este momento siento lo que los especialistas estadounidenses en conducta humana denominan como “la culpa del sobreviviente”, como si me pareciera injusto que gente prometedora como ésta tenga que sucumbir ante una crisis de la que no tienen culpa, y dejarnos en el camino a nosotros, los “veteranos” en estas lides, en momentos en los que más los necesitamos.  Pero bueno, así es la vida, y lo mejor que puedo hacer desde aquí es darles las gracias por el tiempo que estuvieron con nosotros, desearles a tod@s ell@s la mejor de las suertes, y recordarles que cuando nos necesiten… ¡pa’ eso estamos!
También de "Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella" (y nuevamente, el énfasis está puesto ahí con toda la intención, ¿OK?)

Y como a mi juicio, la historia tiene el mal hábito de repetirse, ésta no va a ser la excepción.


¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, pero sobre todo, no pierdan la esperanza, que es lo último que debe perderse, ¿OK?


ACTUALIZACIÓN (30 DE SEPTIEMBRE DE 2009, 05:23 UTC -04:00): Añado un par de cosas:

  1. Las cartas de despido en el DRNA no se repartieron el mismo viernes como se esperaba, sino que fue el lunes siguiente.  Los despidos en todo el DRNA ascendieron a 280.
  2. Y en la mañana de ayer (29 de septiembre) tuvimos en el DRNA un anticipo de lo que está por venir—y no precisamente lo mejor—cuando se recibió una llamada telefónica que anunciaba la supuesta colocación de un artefacto explosivo.  Afortunadamente, la búsqueda policial no encontró ninguno, pero de más está decir la molestia que eso nos ha ocasionado, sumado al desasosiego que ya impera en la agencia con los 280 despidos.  Y yo me pregunto: ¿ES ESTO REALMENTE NECESARIO?  ¿Será ésta la constante durante los próximos días… o meses… o durante los años que (se supone) esté en vigencia la ley que nos trajo a esta situación?

Como decían antes en los noticiarios de radio (o “los informativos”, como últimamente alguna gente insiste en llamarlos)… "Seguiremos informando."


LDB

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Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella

¡Saludos, amigas y amigos, donde quiera que estén!

Les doy la bienvenida al inicio oficial del cuarto centenar de entradas de mi blog….  O por lo menos, a la entrada de hoy la voy a tener como la número 301 desde que inicié esta fase de mi blog (en Blogger.com) en mayo de 2004.  (Cinco años… ¡como pasa el tiempo!)  Y es así, si consideramos que como administrador de mi blog he tenido que eliminar una que otra entrada por X o Y razón (y si fuera por eso, la entrada de hoy sería en realidad… no sé… la número 306 o la 308).  Pero no hay mal que por bien no venga, si eso me ayuda a dedicar este blog, más hacia las cosas de las que me interesa escribir, las cosas que a mí me preocupan, que a cosas sobre las que al mirar hacia atrás veo que no tiene sentido escribirlas.  Y mientras pueda seguirlo haciendo—y yo pienso seguirlo haciendo, y con mucho gusto—, ése será el camino a seguir.  Así que les doy las gracias a todos ustedes, mi gente, por permitirme llegar hasta aquí.

Pero ya basta de esta digresión.  El caso es que esta semana han saltado a la luz tres situaciones que creo que voy a tener que comentar aquí, así que voy a tratar de que esto quede tan short and sweet como me sea posible.  Así que… ¡vamo’ al mambo!

1) Y seguimos de bofetada en bofetada: Los proyectos legislativos de la nueva ley de permisos

Y empiezo en la misma línea con la que cerré la entrada anterior, cuando mencioné las demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPP) de las que tanto se ha abusado en los Estados Unidos.  Junto con los proyectos de ley que pretenden (a la larga) privar de sus tierras a las ocho comunidades circundantes al Caño Martín Peña, otro par de proyectos presentados en ambos hemiciclos legislativos están causando bastante furor: el Proyecto del Senado 880 y el Proyecto de la Cámara 1649.  Ambos proyectos pretenden crear la “Ley para la Reestructuración y Unificación del Proceso de Evaluación y Otorgamiento de Permisos”, con el fin de agilizar y mejorar el proceso por medio del cual se otorgan los permisos de desarrollo en Puerto Rico.  Me imagino que ello responde a una queja—que a mi entender, es casi tan vieja como el frío—de los sectores desarrollistas del país, sobre lo lento y complicado del otorgamiento de permisos para el desarrollo en Puerto Rico y lo que ello representa en términos de los costos en los que tienen que incurrir y de la “competitividad” de Puerto Rico para la inversión en el desarrollo.  (¿No se les parece eso a la excusa que tuvo en su momento el que fuera el vicepresidente de los EE.UU., L. Danforth “Dan” Quayle, para echar por tierra todo lo que se había logrado allí en el terreno medioambiental?)  Ambos proyectos conllevan transformar la Administración de Reglamentos y Permisos (ARPE) en una nueva agencia que se conocería como la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPE), y crear las siguientes figuras y oficinas relacionadas: el “Profesional Autorizado”, los “Gerentes de Permisos” y “Oficiales de Permisos”, el “Inspector General de Permisos” (con su oficina correspondiente), la “Junta de Apelaciones de Permisos”…

(¡Sí!  Ya sé que los estoy mareando…)

Sin embargo, para no hacer esta entrada más larga de lo que creo que me va a salir de todos modos, hay un aspecto que parece enlazar bastante bien con las triquiñuelas legales como la que mencioné la vez pasada.  Por ejemplo, se le da a la agencia a crearse—y al “Profesional Autorizado” (que por lo general será un ingeniero, un arquitecto o un inspector)—la facultad de tomar determinaciones finales (o sea, definitivas) sobre las solicitudes de endoso o permiso ante su atención.  Se presume la certeza de las “determinaciones finales” favorables a los permisos solicitados, al punto de que…

El descubrimiento de un error de hecho o de derecho en el otorgamiento de un permiso o recomendación favorable expedido por la Oficina de Gerencia y por un Profesional Autorizado, luego de finalizada la construcción de una obra al amparo de los mismos y obtenido el permiso de uso para la misma, no conllevará la revocación del permiso ni la destrucción de la obra.  Disponiéndose que las disposiciones de este párrafo no crearán un precedente reclamable por terceros ajenos a la propiedad objeto del permiso.

Artículo 9.10, tanto del Proyecto de la Cámara 1649 como del Proyecto del Senado 880 (énfasis añadido intencionalmente).

Con esto, parece que se quiere evitar la ola de protestas que han surgido contra proyectos como Paseo Caribe, cuyos permisos están todavía en tela de juicio.  Pero esto no es lo único.  Cualquier parte afectada por una de estas “determinaciones finales” puede solicitar un recurso de apelación ante la Junta Apelativa, dentro de los 30 días laborables siguientes a la notificación de dicha determinación.  Sin embargo, para procurar la suspensión de una “determinación final”…

En dicha petición, el apelante deberá demostrar claramente cuáles los daños irreparables que sufrirá de no concederse la suspensión solicitada y prestará una fianza equivalente al estimado de las costas y daños en que pueda incurrir o que pueda sufrir la parte apelada de concederse dicha solicitud….  La mencionada fianza no será requerida al Estado Libre Asociado de Puerto Rico, sus municipios, agencias o instrumentalidades ni a ninguno de sus funcionarios en su carácter oficial.

Artículo 12.3, tanto del Proyecto de la Cámara 1649 como del Proyecto del Senado 880 (de nuevo, énfasis añadido intencionalmente).

O sea, que tras de que como apelante tengo que demostrar los daños que le está haciendo una obra (objeto de una “determinación final favorable”) a mi comunidad, ¿tengo yo que pagarle a la parte apelada por los “daños” que sufrirá si no se lleva a cabo la misma?  ¿Y qué tal si el monto de la fianza equivale al costo diario de las labores en la obra de la parte apelada?  Peor aún, ¿tendrá una comunidad de escasos recursos—por más conscientes y organizados que estén sus residentes—los recursos para enfrentarse a un desarrollador poderoso cuyo proyecto sea una amenaza contra su bienestar?  ¿Será ésta una estrategia similar a la de las demandas SLAPP, para “mandar a callar” a las comunidades pobres y someterlas a un régimen de marginación y dependencia de las dádivas gubernamentales?

Personalmente, yo me resisto a creer que ésa sea la intención detrás de proyectos legislativos como éstos y como los que mencioné en mi entrada anterior.  Más aún, me resisto a creer que esa injusticia se pueda sostener.

2) Y la recuperación económica… ¿a’onde e’tá?

Después de las renuncias “involuntariamente voluntarias” de empleados públicos en Puerto Rico, ha llegado el momento para los despidos “voluntariamente involuntarios”.  Y éstos ya comenzaron a notificarse el pasado viernes, 29 de mayo de 2009.  Como ya dije anteriormente, con estos movimientos el gobierno de Puerto Rico espera ponerse en camino de la “recuperación” económica y de la disminución de tamaño y agilización de las agencias y servicios públicos.

Lógicamente, mi lugar de trabajo no ha sido la excepción, y ya se ha iniciado el despido de varios de los empleados irregulares, transitorios y por contrato que fueron reclutados en años recientes.  (Y aun si alguno de ellos fue reclutado en violación a la ley que prohíbe reclutar personal en el gobierno pocos meses antes de las elecciones, debe quedar claro que no es su culpa.)  Y eso es algo que me tiene un tanto apenado, porque muchos de los que se nos van de esta manera son jóvenes de cuyo talento y dedicación he sido testigo, sobre todo en la evaluación de solicitudes de endosos para desarrollos y en el área de informática.  Debe ser que en este momento siento lo que los especialistas estadounidenses en conducta humana denominan como “la culpa del sobreviviente”, como si me pareciera injusto que gente prometedora como ésta tenga que sucumbir ante una crisis de la que no tienen culpa, y dejarnos en el camino a nosotros, los “veteranos” en estas lides, en momentos en los que más los necesitamos.

Pero bueno, así es la vida, y lo mejor que puedo hacer desde aquí es darles las gracias por el tiempo que estuvieron con nosotros, desearles a tod@s ell@s la mejor de las suertes, y recordarles que cuando nos necesiten… ¡pa’ eso estamos!

Pero esto no quita que yo llame la atención sobre algo curioso que encontré ayer: Según las cifras anunciadas el viernes 29 de mayo por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset, estarán saliendo de la nómina pública unos 10401 empleados públicos.  De éstos, 2585 se acogieron a las renuncias “involuntariamente voluntarias”, mientras que los 7816 restantes cayeron en la redada de los despidos “voluntariamente involuntarios”; noten que de estos últimos, 6797 (o un 87%) son empleados transitorios (los mismos que yo creo que no deberían estar más de dos años bajo esa condición—aunque lamentablemente, hay empleados transitorios que llevan años de espera para que se le haga regulares, pero eso ya es otro cuento).

Vamos bien hasta ahí, ¿no?  Pero hay un problema cuando uno observa las cifras de las “economías” que se estarían logrando por estos medios:

Fase Monto (US$)
1: Renuncias y reducción laboral "voluntaria" 51800000
2: Despidos (Primera ronda) 153000000
3: Reducciones salariales y cancelación de beneficios 186800000
TOTAL 391600000
META DEL AHORRO GUBERNAMENTAL 2000000000

Interesantemente, si comparamos el ahorro que se lograría a través de las tres fases del plan gubernamental (US$391600000), con la meta de reducción del déficit que se propone en el mismo (US$2000000000), encontraremos que todavía falta un tramo largo por recorrer, ya que el porciento de diferencia entre uno y otro (que cualquiera que lea esto puede calcular, si quiere) es de –80.4% (-80,4%).  En otras palabras, aun si hasta el momento se ahorra aproximadamente unos US$37650 por cada empleado eliminado de la plantilla gubernamental (y por supuesto, no todos ellos ganan esa cantidad al año), eso prácticamente no hace ni una mella en el problema del déficit gubernamental.  ¡Y eso no pare más!  Es más, como decía el finado Raúl Vale… “les dejo ésa de asignación”.

3) Puerto Rico’s Got Talent!

Último, pero no por ello menos importante: La designación, por parte del presidente Barack H. Obama, de la jueza apelativa federal Sonia Sotomayor a la plaza que David Hackett Souter (cuya biografía se encuentra en esta página, en formato PDF) se espera que deje vacante en el Tribunal Supremo estadounidense, también ha causado furor desde que se anunció en Washington, D.C. la semana pasada.  Ciertamente se ha dicho mucho sobre ella, sobre su historia de haber nacido de padres puertorriqueños en un caserío en el Bronx neoyorquino, sobre la pérdida de su padre cuando ella tenía 9 años de edad, sobre que ella “salió del caserío” para destacarse académicamente en las universidades en las que estudió, sobre su participación en decisiones trascendentales, como la que ella emitió para terminar la huelga de los peloteros de grandes ligas de 1994–1995 (a favor de los peloteros), y un montón de cosas más que se han repetido hasta el cansancio.

Por supuesto, no han faltado los detractores que le han salido al paso—que como era de suponerse, se trata principalmente de elementos pertenecientes a los sectores más recalcitrantes de la derecha estadounidense.  Muchos de ellos la recriminan por haber planteado—en lo que tal vez fue un desacertado ejercicio verbal—la diferencia entre un juez que no ha tenido la experiencia de convivir en “el Barrio” con “los de abajo”, de experimentar sus penurias, de luchar por sobrevivir en un mundo hostil, y un juez (o una jueza) que sí ha vivido esa experiencia.

Justice (Sandra Day) O’Connor has often been cited as saying that a wise old man and wise old woman will reach the same conclusion in deciding cases.  I am not so sure Justice O’Connor is the author of that line…  I am also not so sure that I agree with the statement.  First, as Professor Martha Minnow has noted, there can never be a universal definition of wise.  Second, I would hope that a wise Latina woman with the richness of her experiences would more often than not reach a better conclusion than a white male who hasn’t lived that life.

[…]

However, to understand takes time and effort, something that not all people are willing to give.  For others, their experiences limit their ability to understand the experiences of others.  Other simply do not care….  Personal experiences affect the facts that judges choose to see.  My hope is that I will take the good from my experiences and extrapolate them further into areas with which I am unfamiliar.  I simply do not know exactly what that difference will be in my judging.  But I accept there will be some based on my gender and my Latina heritage.

Lecture: A Latina judge’s voice (The New York Times, 15 de mayo de 2009) (y—¡adivinaron!—el énfasis lo añadí intencionalmente).

Huelga decir que la primera parte de esta cita es la que ha causado que se la caiga la boca de tanto hablar bazofia a cuanto comentarista conservador existe en estos momentos (empezando por Rush Limbaugh, un adicto confeso a los analgésicos controlados, que desde su programa de radio parece haber tomado la batuta de la derecha vocinglera estadounidense).  Y a muchos de estos comentaristas les cayó como una bomba el que una simple leguleya proveniente de una minoría étnica se comparara con un juez blanco-anglosajón-protestante (WASP)… ¡y en la comparación ella saliera airosa!  De hecho, hasta la han tildado se ser “racista” (¿no será eso lo que Freud denominó “proyección”?), de ser “no tan brillante” (como la senadora Evelyn Vázquez dijo aquella vez)…

Alarmante, ¿no es verdad?  Como que se confirma la primera oración en el segundo párrafo de la cita que hice de la jueza Sotomayor (y hasta me alegra haber hecho intencionalmente el énfasis en esa oración): entender, sobre todo entender las experiencias de los demás, saber qué es lo que motiva a la gente, qué es lo que la gente siente, qué es lo que la gente padece, es una capacidad que requiere dedicar tiempo y esfuerzo—y yo añadiría a ello una frase: “hacer un sacrificio”—, y eso algo a lo que no todo el mundo está dispuesto (y por eso, la jueza Sotomayor añade que hay a quien simple y sencillamente eso no le importa).  Pero qué se va a hacer…

Ya veremos qué sucede desde este punto en adelante, ya que el presidente Obama quiere que el Congreso estadounidense confirme a la jueza Sotomayor lo antes posible, antes de que se inicie el periodo de sesiones de 2009–2010 el lunes, 5 de octubre de 2009 (como es la tradición).  En lo que el hacha va y viene, envío desde aquí a la jueza Sonia Sotomayor mis mejores deseos de éxito en su designación como magistrada del Tribunal Supremo estadounidense, y que sea confirmada cuanto antes, para que pueda representar a Puerto Rico con mucho orgullo en ese alto foro judicial… ¡y que no pierda esa capacidad de entendimiento que a muchos parece molestar!  Después de todo, como dice una frase que se suele atribuir al Quijote de Cervantes (aunque erróneamente; vean la explicación aquí):

Si los perros ladran es señal de que avanzamos, Sancho.

 

¡Y vamos a dejar todo eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, que nos estaremos viendo al comienzo del quinto centenar de entradas, ¿OK?

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Nadie se quiere ir . . . y yo tampoco!

¡Saludos, mi gente!

Leo en la edición de anteayer (5 de abril de 2009) del suplemento dominical La Revista de El Nuevo Día que no todo el mundo está convencido sobre las bondades del plan de recuperación económica propuesto por el gobierno de Puerto Rico, especialmente en lo que se refiere a las renuncias “incentivadas” “voluntarias” y la reducción permanente de la jornada laboral.  Un sondeo informal llevado a cabo por dicho suplemento encontró, entre otras cosas:

  1. Que los entrevistados tienen dudas que quienes se supone que las aclaren no saben aclararlas (o como yo digo a veces: si usted no entiende lo que está tratando de explicar, no espere que los demás lo entiendan);

    (Ciertamente, tampoco ayuda el que la directora de la Oficina de Gerencia y Presupuesto—que a través de su ayudante de prensa alegó que “tenía una agenda muy cargada”—evadiera contestar las preguntas que el mismo medio informativo trató de hacerle sobre el tema.  Pero tarde o temprano se le tendrá que responder a quienes de todos modos llevarán la peor parte en esto, a la porción fina de la soga que acabará rompiéndose comoquiera.  Y yo quiero creer que ellos lo saben.)

  2. Insatisfacción entre los entrevistados con los ofrecimientos económicos envueltos en el plan;
  3. Que los entrevistados se sienten bajo la presión de tomar una decisión trascendental (¡y créanme que para muchos de estos empleados lo es!) en tan poco tiempo—tan temprano como el lunes, 27 de abril de 2009—, como la de sacrificar un día de trabajo cada quincena, con la correspondiente disminución en sueldo;
  4. Que para algunos de los entrevistados, los “incentivos” tales como tres meses de sueldo y el pago del plan médico por un año son “poco atractivos”; y
  5. Que los empleados que ya estaban en vías de retirarse del gobierno corren el riesgo de perder los beneficios a los que tienen derecho, por lo que prefieren esperar a jubilarse a su debido tiempo.  (Y de esto último puedo dar fe a través del caso de un compañero de trabajo que está por acogerse al retiro a finales del año 2009, y quien dijo la semana pasada en mi oficina que ha optado por esperar a seguir con el trámite normal, común y corriente.)

Es interesante notar que el artículo señala (aunque por encimita) algunas de las consecuencias probables de tomar una decisión tan trascendental como la de acogerse a alguna de las opciones descritas en el plan de recuperación económica.  Tal vez los autores del plan creen—si es que eso les importa—que el empleado que opte por acogerse al retiro “voluntario” “se conformará” con los incentivos que les están ofreciendo.  Pero entonces, ¿qué sucederá cuando esos beneficios se agoten?  ¿Cómo podrán esos retirados “voluntarios” pagar la hipoteca de su casa (y quiera Dios que no le haya tocado en suerte una de esas hipotecas tipo ARM—las que cuestan un ARM y una leg), o la educación de los hijos, o la compra en el supermercado?

¿Y qué hay de los que renuncien “voluntariamente”?  ¿Optarán por buscar fortuna marchándose a los Estados Unidos, donde la situación económica tampoco está muy bien que digamos (principalmente por causa de la caída en el mercado de la vivienda), hasta para quienes se graduaron con sueños de ganarse la vida en alguna profesión de prestigio e importancia—sólo para acabar lavando platos, vendiendo verduras o barriendo pisos?

(Y que conste: si ofendí a alguien con lo expresado al final del párrafo anterior, le pido que me disculpe, ya que ésa no fue mi intención.)

Además, no sé si los autores del plan de “recuperación” económica lo saben, pero mucha de la potencial “clientela” del retiro “voluntario” “incentivado” consta de personas que normalmente se pueden considerar como que todavía tienen una adecuada capacidad de producir, que tienen talento y experiencia—y que aun si hubiesen acumulado el tiempo trabajado, no necesariamente tienen la edad para acogerse al retiro, a través de los mecanismos ya establecidos por ley.  Y yo les digo una cosa a ustedes: mucha de esa gente se podría frustrar al poco tiempo de retirarse de forma “voluntaria” e “incentivada”, ya que se encontrarán en la disyuntiva entre aportar laboralmente en una capacidad similar o relacionada, y pasarse el día “cuidando a los nietos” o sentándose en el balcón de la casa a “mirar crecer las plantas”.

Y ahí no quiero ni pensar en qué pudiera ocurrir después, pero creo que la cita que hace el reportaje, de un economista que opina que el plan de “recuperación” económica no funcionará, lo expresa meridianamente claro:

Hay que hacer un cálculo matemático, y el existencial, que es el más importante.  Quedarte en tu casa es un llamado a la enfermedad y a la locura…

Argeo T. Quiñones Pérez, catedrático de Economía, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (San Juan, P.R.)

Pero bueno, así están las cosas hasta el momento.  Se mueven los engranajes de un plan que pretende “salvar” a Puerto Rico de una crisis económica acentuada por la potencial degradación del crédito que nos permite tener dinero para la obra pública y el bienestar público.  Lo próximo es que cada quien se le provea la carta oficial que indica su antigüedad en el empleo… y tal vez cuánto tiempo le queda para hacer en pocos meses, lo que tal vez nunca hará en 30 años.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


FUENTE: Nadie se quiere ir (La Revista, El Nuevo Día, 5 de abril de 2009).


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Mar en calma y (no tan) prospero viaje

¡Saludos, mi gente!

Leo con detenimiento la Ley 7 del día 9 de marzo de 2009, la cual lleva el título de “Ley Especial Declarando (sic) Emergencia Fiscal y Estableciendo (otra vez, sic) Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”.  Específicamente, el Capítulo III de esa ley, el que habla de las medidas de “reducción de gastos” en el gobierno de Puerto Rico, a las que me refería la vez pasada.

Y con toda franqueza, lo que leí me ha dejado bastante sorprendido.  Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.

Por supuesto, no ha faltado quien ha tratado de ayudarnos a entender esto “en arroz y habichuelas”.  Supongamos que usted es el capitán de un barco que lleva carga y pasajeros, de los cuales debe llevar una cantidad más o menos limitada—digamos, 250 personas (sin contar la tripulación—ésa NUNCA está de más… y menos en el caso que nos ocupa).  Sin embargo, usted ha dejado entrar más de tres veces esa cantidad de pasajeros (o sea, hay un total de 800 pasajeros) . . . y para colmo de males, está enfrentando un tiempo tormentoso y la nave se está arriesgando a zozobrar como el avión de la teleserie Lost.  Usted se ve entonces en la disyuntiva de reducir la cantidad de pasajeros abordo de la nave, aunque sea para salvar la carga (¿?).

Así que si seguimos el modelo esbozado por la Ley 7 de 2009—y establecemos como meta que la nave llegue a puerto seguro con la cantidad de 250 pasajeros, más la carga—, usted empieza por ofrecerle a sus pasajeros abandonar “voluntariamente” la nave en alta mar, a cambio de lo cual les dará como “incentivo” . . . ¡un lindo chaleco salvavidas con el emblema de la compañía dueña de la nave!  (Ya me imagino el comentario: . . . and all I’ve got is this lousy life jacket!).  O en vez de eso, que por cada quince horas se monten por una hora en un bote salvavidas.

Dependiendo de cuántos tontos picaron el anzuelo cuántos “voluntarios” aceptaron hacer ese sacrificio, usted verifica si está cumpliendo con la meta de 250 pasajeros.  Veamos:

  1. De los 800 pasajeros que había en la nave, digamos que 120 abandonaron “voluntariamente” la nave y se tiraron al mar embravecido, luciendo el lindo chaleco salvavidas con el logo de la compañía matriz de la nave (800 – 120 = 680).
  2. De los 680 que quedan, digamos que otros 195 están se dando una “gozadita” por una hora (de cada quince) en los botes salvavidas (680 – 195 = 485).  Y entonces usted nota que aún no cumple con el objetivo que se trazó, o sea,
  3. Usted todavía tiene 235 pasajeros de más en la nave (485 – 250 = 235), y sigue arriesgándose a no llegar a puerto seguro con la carga que lleva la nave (y que no me venga nadie con que ésa no es la prioridad).  ¿Qué hacer entonces?
  4. Ah, pues recurra al “plan B”: Usted tiene que sacar los 235 pasajeros que están de más, hasta que llegue a los 250.  Empiece por los 175 que abordaron la nave en las escalas más recientes (485 – 175 = 310).  ¡Ah!  Y no se olvide del lindo chaleco salvavidas como incentivo.
  5. ¿Que todavía tiene pasajeros de más?  ¿Y que éstos están entre los primeros que abordaron la nave en el puerto de partida?  Pues ni modo, ésos se van también, con todo y los lindos chalecos salvavidas (310 – 60 = 250).

Y si entendí esto correctamente, se supone que ahí se detenga la cosa, cuando sólo haya 250 pasajeros y se pueda llevar la carga a puerto seguro.  (Traducido al caso real, eso será cuando se logre una economía de US$2 000 000 000.)  Pero a lo mejor resulta que como dice el mantra de los originadores de este plan de “rescate económico”, eso no será suficiente . . . ¿y entonces, qué?

(Y antes de que se me olvide, hay algo muy importante: La decisión que usted tome como capitán de la nave es final y firme, y ninguno de los pasajeros podrá discutírsela, por más razón que tenga.  En mi libro, eso se llama “salirse con la suya”.)

Pero bueno, la cosa es que ya ha dado inicio el conteo regresivo para que se vean los efectos de la Ley 7 de 2009.  Y demás está decir que al día en que escribo esta entrada reinan la confusión, la especulación y la incertidumbre entre los empleados públicos que se verán potencialmente afectados, muchos de los cuales están buscando desde ya las maneras de enfrentar una posible cesantía (claro está, si es que eso les toca como suerte).  Y eso es algo que estoy viendo todos los días en mi lugar de trabajo. Y me temo que ésa será la norma por los próximos meses.

Es más, ahora que lo pienso, había un ambiente más o menos parecido cuando se empezaba a plantear lo del cierre gubernamental de mayo del 2006… Así que como decía el gran filósofo pelotero estadounidense, Yogi Berra,

It’s déjà vu all over again!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


P.S. Hasta este fin de semana que acaba de concluir, no había tenido la oportunidad de chequear lo que me llama la atención en mis suscripciones de Bloglines.com.  Pero esta vez me puse al día, especialmente con una variedad de artículos dedicados a destacar el papel que están desempeñando últimamente los llamados “nuevos medios” como la Internet en la provisión de información al público; cómo los aprovechó (y los sigue aprovechando) la administración estadounidense del presidente Obama, aun desde que éste era candidato a la presidencia; y cómo se están afectando varios de los medios tradicionales, como los periódicos.  Así que valdría la pena que se dieran una vueltita por allí.


NOTA: En la mañana de hoy (23 de marzo de 2009), Puerto Rico despertó con la triste noticia del fallecimiento (en la tarde del día anterior) de la que se conoció como “la dama de la comedia en Puerto Rico”, Awilda Carbia Benítez; tenía 71 años de edad al morir de un paro respiratorio.  Actriz y comediante de extensa trayectoria en la radio, la televisión y el teatro puertorriqueños, se distinguió en los años más recientes por sus “Desconciertos”, en los cuales imitaba a figuras públicas de gran prominencia (en la política y la farándula, dos áreas que comoquiera uno no sabe dónde termina una y empieza la otra, pero ya ése es otro tema).  Interesantemente, el deceso se produce dos meses después del de don Tommy Muñiz, productor con el cual ella despuntó como comediante y actriz, y cinco años después del de don José Miguel Agrelot (ver: ¡Ajaaaaaaaaaa!), con quien también despuntó en el difícil arte de hacer reír.  No en balde, al anunciar el deceso, el cantante y productor Edgardo Huertas (cuya página en YouTube.com, que mencioné en una ocasión anterior, contiene vídeos de Awilda Carbia) lo expresó de esta manera:

Tommy Muñiz llamó.  Necesita a Awilda Carbia para hacer un sketch con (José Miguel) Agrelot.

¡BUEN VIAJE, AWILDA!  Y QUE ALLÁ ARRIBA PUEDAS ALEGRAR A LAS HUESTES CELESTIALES, COMO NOS HAS ALEGRADO AQUÍ EN LA TIERRA.

FUENTES: De luto la comedia y ‘Por mis venas estaba el artistaje’ (El Nuevo Día, 23 de marzo de 2009).


LDB