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Hoy es un buen día para…

Sunrise at San Vito Lo Capo, Sicily (Italy)
Sunrise at San Vito Lo Capo, Sicily (Italy) (Photo credit: Wikipedia)

“Hoy es un buen día para…”

Esa es una frase interesante.  Implica que el de hoy es un día favorable para hacer eso que queremos hacer ya, o que hemos querido hacer por mucho tiempo.  Un día en el que todos los elementos parecen unirse para favorecer la realización de las tareas del hogar, la salida a la playa o al parque o al cine o a tomarse un helado o una taza de café junto a nuestra familia o nuestras amistades, o para planear ese viaje que queremos darnos en crucero por el Caribe, o en avión a visitar a nuestra gente “de la banda allá” o a explorar otros países, otras culturas, otros mundos distintos al nuestro.

Lamentablemente, para quienes tienen sus propios intereses en mente y a quienes no les entra el concepto de la responsabilidad que deben tener para con el resto de nosotros, también es un buen día.  Un buen día para despojar a los demás de aquello que se ganaron trabajando honestamente.  Un buen día para imponerle “respeto” a la persona a quien se pretende despojar de ese bien, para hacer valer ese “respeto” por la fuerza del plomo y la pólvora (será porque así le es más fácil, según su limitada mentalidad).  Un buen día para huir con aires de triunfo, botín en mano, sintiéndose como el rey del mundo, mientras queda atrás quien se negó a rendirle pleitesía, muerto o esperando el final de la agonía.

(Aparte: me pregunto si eso mismo era lo que pasaba por la mente del presunto asesino de 12 personas que habían ido inocentemente a ver el estreno de la más reciente película de Batman, la medianoche del 20 de julio de 2012 en Aurora, estado de Colorado.  Que tenía que imponerles “respeto” a fuerza de gas lacrimógeno, plomo y pólvora.)

O también puede ser un buen día para decirle arrogantemente al resto del mundo que les importa tres carajos lo que piense el resto del mundo y mostrarle “el dedo malo”, que ellos son “los que mandan” y que mejor no se metan con ellos, ni siquiera para defender el honor de una chica en medio de una fiesta juvenil (si se merecía—o no—que le defiendan su honor, ya eso es otra cosa).

(Posiblemente también les importará tres carajos que los utilicen como gancho publicitario para una causa política—como la del referendo previsto para el mes próximo, en el que se propone enmendar la constitución de Puerto Rico para limitar el derecho a fianza a los acusados de ciertos tipos de delito violento—, pero ya eso es asunto de políticos oportunistas que le otorgan el derecho al voto a los confinados, y que no se pueden quejar después cuando éstos les pasan la cuenta.  Total, para eso están los demás…)

Pero tal vez éstos no son los únicos para quienes es un buen día.  Porque también es un buen día para quienes salieron a realizar una encomienda encargada por quienes confían confiaban (aunque me sospecho que aún confían) en ell@s, y en lugar de eso deciden hacer otra cosa.  Un buen día para proponer medidas que además de limitar los derechos de los ciudadanos—como cualquier profesional que conoce del tema lo puede ver, hasta en la oscuridad de la noche—no deben ni de considerarse, si se va a confiar en la discreción de los jueces para poderlas implantar.  (Y esa misma discreción judicial, como ya hemos visto en ocasiones anteriores como ésta, ésta o ésta, ha traído resultados bastante funestos.)

Un buen día para crear una legislación que me favorezca en la adquisición de una propiedad (digamos, una casa) a través de un programa de ayuda a quienes no tienen ni el acceso ni los privilegios que tiene un político, mientras que a esas personas que no tienen ni ese acceso ni esos privilegios se les hace difícil conseguir una vivienda que no cueste más de los US$150’000 que se piden como un incómodo “mínimo” (habiendo por ahí tanta vivienda disponible para la venta… ¡comenzando en los “bajos” US$400’000!).

Un buen día para aprovechar ilegalmente los servicios públicos como electricidad y acueducto y conectarlos a un comité político del candidato a la alcaldía de algún municipio, para después salir a la calle a gritarle al mundo que eso no es nada ilegal—digo, a menos que no sea un Juan del Pueblo cualquiera, o una comunidad pobre como Villas del Sol, porque si no… ¡que se cuiden!

Parecería que hoy es un buen día para muchas cosas negativas y destructivas.  Pero, ¿no debería ser hoy un buen día para cosas positivas y constructivas?  ¿Y que debería haber más de estas últimas que de aquéllas?  Tal vez debemos comenzar por ponernos de pie tod@s l@s que creemos en la capacidad del ser humano para mejorar su situación.  Tal vez debemos comenzar a pensar y actuar nosotr@s mism@s, y dar los pasos que nos ayuden que ayuden a mejorar nuestra situación colectiva, especialmente en lo que ello ayude a mejorar la vida de quienes más sufren los embates de la injusticia.

Y tal vez esos pasos no sean lo que algunas personas de limitada perspectiva—especialmente quienes creen que la dádiva monetaria federal lo resuelve todo—desearían ver.  Pero no creo que haya más alternativa.

Y eso tal vez inquiete a algunas personas más, especialmente para quienes la lealtad a un partido o un ideal—ya sea noble o burdo—sea lo que le da su razón de ser en la vida, su savia vital.  Y esas personas deben saber desde ya que no tendrán ni la ilusión de un descanso tranquilo, porque esos días de gozar de impunidad mientras que el resto de nosotros paga caro los platos que ellos han estado rompiendo por varias décadas—y aún los rompen—se acabarán tarde o temprano.  (Y ahora me digo yo, ¿será por eso que nuestros pseudolíderes quieren que se apruebe un nuevo código penal que castigue—hasta con 3 años de cárcel—a quienes bien o mal osen interrumpir las “sagradas” funciones de una Asamblea Legislativa que ha tirado su prestigio y su respeto propio a la basura?  ¡Lo que hace la irracionalidad y el miedo!  ¡Lo que hacen el servilismo y el culto a la partidocracia!  Pero allá ell@s con su conciencia… ¡si la tienen!)

Definitivamente, hoy es un buen día para pensar en las cosas que evidentemente andan mal—muy mal—malísimo—terriblemente mal—y buscar la manera de corregirlas, de buscar hacer el bien.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada!  Pulgar hacia arriba

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Una meta que nadie quisiera volver a alcanzar

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Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, Viejo San Juan, Puerto Rico. Image via Wikipedia

“kilo-.

“(Del gr. χίλιοι).

“1. elem. compos.  Significa ‘mil (103) veces’.  Se aplica a nombres de unidades de medida para designar el múltiplo correspondiente.  Puede tomar la forma kili-.  Kiliárea.  A veces se escribe quilo-.  (Símb. k).”

(Adaptado de la versión en línea del Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. © Real Academia Española. Todos los derechos reservados. Consultado el 24 de noviembre de 2011.)

Amigas y amigos, mi gente: Les parecerá un poquito raro que comience el quinto centenar de entradas de mi blog (porque según el conteo en el panel administrativo de mi cuenta de WordPress.com, ésta que están leyendo es la entrada número 401—¿vi’te?) con la definición del prefijo griego “kilo”.  Pero la realidad es que en los pasados días, Puerto Rico alcanzó un hito nada envidiable, como nunca se había visto en la historia de mi país… y del que no creo tener recuerdo en los casi 53 años de mi existencia.

El número de muertes violentas en Puerto Rico ha superado “oficialmente” (y en el contexto de este párrafo, tengo que poner esa palabra entre comillas, dada la mala fama tejida alrededor de la “confiabilidad” de las estadísticas policiales en Puerto Rico) la marca representada por el prefijo griego “kilo”.  Al día en el que estoy escribiendo esto (el Día de Acción de Gracias), ya hemos superado la marca de las 1000 muertes violentas en un año en Puerto Rico, cuando apenas falta un mes y medio para concluir el año natural 2011.*  Un año en el que hemos visto cómo la violencia ha azotado, no sólo a los elementos asociados con el tráfico de drogas, sino también a amas de casa, ancianos, parejas jóvenes, matrimonios, y hasta niñ@s que no tienen por qué estar pagando las culpas de lo que sus padres/madres hayan hecho o no hayan hecho o hayan dejado de hacer.  Un año en el que la violencia azota en el lugar y momento menos oportuno: en la autopista a la hora de mayor congestión vehicular, en el estacionamiento del centro comercial, frente al “pub” o la lechonera, frente a la entrada de un consultorio médico (o de algún otro especialista), en el parque de pelota a donde la gente va a buscar entretenerse sanamente a través de la competencia deportiva, en medio de la fiestecita de cumpleaños, en medio de lo que debería ser la paz y la santidad del hogar…

Un año en el que se hace fácil decir que se ha repetido unas mil veces, el mismo concierto para instrumentos de acero, pólvora y plomo.**

Peor aún: Un año el el cual la Policía de Puerto Rico ha pasado de ser el actor que interviene en la prevención de estas tragedias—porque la están ocupando para otros fines que tienen menos que ver con la seguridad pública y más con servir de herramienta de quienes insisten en librar una batalla con supuestos tintes ideológicos—a ser un mero espectador de dicho concierto sangriento.

Un año en el que las aves de rapiña que habitan en los pasillos del poder, han dejado ver sus garras—bastante largas y afiladas, por cierto.  Han dejado ver de mil y una maneras, por qué no se les debería volver a dar la confianza que tan a ciegas se les ha dado.  Y mientras tanto, siguen caminando por ahí, como si nada.  Y siguen haciendo de las suyas, porque creen que lo pueden hacer y entonces quedar impunes.  Y los demás, que se atengan a las consecuencias.

Igual que los mismos delincuentes que nos han llevado hasta el borde del abismo.  Quién sabe si en una suerte de contubernio.  Tú me das, yo te doy.  Tú te portas bien conmigo, yo me porto bien contigo.

Y mientras tanto, los demás, los que estamos en medio, ¿a dónde vamos a acudir para protegernos, para defender lo más valioso que tenemos, que es LA VIDA?  ¿Qué haremos para recuperar la esencia de lo que somos, de aquella sociedad que alguna vez supo vivir en armonía (a menos que esa armonía hubiera sido un mito… pero eso no lo creo), que se supo levantar por encima de las discordias, por encima de los intereses particulares cuyo único fin existencial—más bien, cuya única razón de ser—es dividir?

¿Qué haremos en el futuro para evitar tener que llegar a ese hito, para evitar llegar a ese marcador de una cantidad que empiece ominosamente, con el prefijo griego “kilo”?

Ya viene siendo la hora en la que pensemos en ello—y de que NO se nos haga caso omiso.

Y siendo el caso que ésta es la entrada número 401… lo dije arriba, ¿verdad que sí?… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y por favor, estén dispuestos a seguirme soportando en este blog, a ver si llego a—y paso de—las 1000 entradas, ¿OK?  (Digo, todos tenemos metas que SÍ queremos alcanzar.)  ¡Hasta la próxima!


* De hecho, hacia finales de la semana anterior a esta entrada, se había igualado la marca de 995 asesinatos establecida en 1994, como lo indica la siguiente nota publicada por la agencia noticiosa española EFE: Las 995 muertes en Puerto Rico convierten al 2011 en el peor año de la historia criminal (vía Yahoo!® en Español—Noticias).

** Para que conste: Estoy parafraseando la cita que se atribuye al compositor ruso, Ígor Fiódorovich Stravinski (1882–1971), en el sentido de que el compositor y músico barroco italiano, Antonio Lucio Vivaldi (1678–1741), no escribió mil conciertos para el violín (incluidos los cuatro que forman su obra más famosa, “Las Cuatro Estaciones”)… ¡sino que escribió mil veces—o de mil maneras distintas—el mismo concierto para el violín!  Go figure!


LDB