El dedo

Symbol_thumbs_up
Symbol_thumbs_up (Photo credit: Wikipedia)

Para empezar, yo no lo hubiera hecho.  Es más, yo ni lo hubiera permitido.  Simple y sencillamente, YO NO LO HUBIERA PERMITIDO.  Ni creo que ningún editor u otro responsable de medio de prensa—principalmente prensa impresa, televisiva o cibernética (aunque la radial también tiene su cuota de responsabilidad, o de falta de la misma)—le debió haber dado exposición a una imagen tan grosera.

Y no me estoy refiriendo a un escenario de delito en el que la víctima aparece “en todo su esplendor”, encima de un charco de su propia sangre, tal vez con los sesos u otros órganos corporales regados por ahí, tal vez con el rostro desencajado que refleja el horror de la muerte (especialmente cuando se enfrenta de manera súbita y sin modo de escaparse de ella).  Sino a la imagen compuesta formada por las fotos de dos presuntos asesinos de un manejador de música (la única traducción razonable que se me ocurre para el término copiado del inglés, “disc jockey” o DJ) en una fiestecita juvenil, quienes al saberse objeto de la atención de la prensa el día de su arresto hicieron ante los presentes (¿cada quién por su propia cuenta o fue algo acordado de antemano?) un gesto obsceno.  El gesto que consiste en apuntar hacia arriba con el dedo “del corazón”, el que llamamos “el dedo malo”.

Y por favor, no me pidan que les explique a qué gesto me refiero.

Digan lo que digan los editores y demás responsables del medio que tomó las imágenes y autorizó su reproducción (que seguramente se llenarán la boca invocando—a mi juicio, incorrectamente en este caso—la libertad de prensa, a veces convertida en libertinaje), yo no le hubiera dado foro a la arrogancia, a la prepotencia, a la falta de respeto de estos dos jóvenes.

De entrada eso me hace preguntarme, ¿en qué rayos están pensando esos editores y responsables de medios?  ¿Qué clase de mensaje le lleva una imagen como esa (o más bien, cada una de las dos imágenes que la componen) a una sociedad como la nuestra?  ¿Qué es, que nos debemos dejar intimidar, que debemos dejar que nos falten el respeto—en el sentido honesto del concepto—los que roban, los que matan sin importarle nada ni nadie, los que exigen “respeto”—en el sentido en el que ellos entienden el mismo concepto—porque no te quieren entregar el vehículo al que le echaron el ojo o porque les miraste la novia-posesión (aun si la miraste por accidente) y eso no les gustó?

Seguro que de aquí en lo adelante cualquier delincuente se sentirá envalentonado.  Tanto el que asesina a un hombre como a una mujer, a un adulto como a un niño, a un extraño como a su propia pareja, sentirá el deseo de proclamarse ante el mundo como si fuera un ser poderoso, alguien al que se le debe tener miedo, al que se le debe rendir pleitesía.  Sentirá el deseo de afirmar su control sobre la misma sociedad de la que—nos guste esa realidad o no—es producto, afirmar su poder sobre la vida y sobre la muerte.  Sentirá su deseo de afirmarse en victoria.

Y eso es algo que como dije al comienzo de la entrada, e insisto en ello, yo no lo hubiera permitido.  Especialmente, si yo hubiera sabido que exponer esas imágenes hubiera dado pie al oportunismo político.  O más bien, que exponer esas imágenes hubiera resultado en otra “sacada de dedo”.

Y para mí, esa “otra ‘sacada de dedo’” (una de tantas, como veremos en breve) describe a la perfección la valla publicitaria producida por el partido en el poder (PNP) para un referendo que se celebrará a dos semanas de la fecha en la que escribo y publico esto (si no me atraso por X o Y), en la que se tratará de decidir si se enmienda la sexagenaria Constitución puertorriqueña de 1952 para eliminar el derecho a libertad bajo fianza en ciertos casos de delitos graves, a tenor con la discreción de los jueces que vean esos casos.  (Y recordarán que en la entrada anterior me referí, tanto al oportunismo de los políticos que promueven esta propuesta de enmienda como a los efectos de la mal utilizada discreción de algunos jueces en este país.)  Y esa es una sacada de dedo, en tanto quienes promueven el uso de las imágenes que llamo, “de la discordia”, se afirman con todo el derecho del mundo a usarlas por haberse difundido públicamente, por lo que no tienen que rendirle cuentas a nadie—ni siquiera a los familiares de la víctima en ese caso, los cuales ya cargan con la bastante pesada cruz de perder a su ser querido.

¿Será como dice la consigna de corte machista o racista que suele circular en algunos chistes publicados en los tableros de discusión de “usenet”: “because I can”?

Y la falta de respeto manifestada en público por los dos acusados, ¿qué puede aportar a la discusión pública seria de un asunto tan delicado como la libertad de una persona a la que se acusa de un delito y la limitación de esa libertad a través de un mecanismo por el cual se pretende garantizar que esa persona comparezca a juicio por el delito del que se acusa?  Argumento razonado y convincente, no creo que lo aporte—y ni esperen a que lo aporte, en un país en el que estamos tan acostumbrados a dejar a un lado la razón y a que se legisle con base en lo emocional, o inventando a ver cómo nos va.  Un país en el que abundan las acciones que (como le oí decir el otro día, más o menos en esas líneas, al comentarista y abogado Jay Fonseca) pueden ser legales (en derecho), pero no son morales.

Total, que a fin de cuentas, ésta no es la única “sacada de dedo” que se le tiene que aguantar a “quienes pueden hacerlo”.  Porque:

  1. Cuando matan a un niño bajo tu propio techo y todas las sospechas recaen sobre ti, que como padre o madre tienes la responsabilidad de proteger y defender a tus hijos, y en lugar de cooperar con las autoridades para esclarecer el crimen, recurres a todo el poder e influencia que puedas tener a tu disposición y haces todo un ejercicio para eliminar toda evidencia comprometedora, para desviar la atención y para evadir toda la responsabilidad que no supiste asumir, ¿no es eso una “sacada de dedo”?
  2. Cuando tu cónyuge está descansando en el patio de tu casa y leyendo el periódico y de súbito recibe dos balazos—se dice que disparados de manera profesional, tal vez con la precisión que se esperaría de un experto—que le siegan la vida, y luego de desarrollar una versión de los hechos en la que tu prioridad es ir detrás del presunto asesino, en lugar de atender a tu cónyuge antes de dar sus últimos respiros, resulta que hay demasiadas sombras sobre ti que tienes que esconderte detrás de una figura de poder en tu familia (no sólo de poder familiar, sino de poder e influencia por su posición dentro de la sociedad) para poder evitar un posible desenlace adverso, ¿no es eso una “sacada de dedo”?
  3. Cuando en un ejercicio en el que dejas ver lo que realmente guardas por dentro, emites en una red social (digamos, Twitter) un comentario cargado de ignorancia y prejuicio—sea racial, étnico o por preferencias sexuales, entre otros—contra una figura pública por ser alguien distinto a ti, y quien o quienes están llamados a imponer disciplina no se atreven, o no quieren, o no les da la gana de imponer esa disciplina, ¿no es esa una “sacada de dedo”, tanto de la persona que cometió la ofensa como de quien se supone que ejerza su autoridad sobre esa persona?  (Y no vale justificarse con aquello de que “tengo parientes negros” o “mis mejores amigos son negros”.  Ese tipo de excusa es bastante pobre y solamente sirve para salir del paso, como para no dejar el mal sabor de racismo que much@s en Puerto Rico niegan que existe—pero asoma su feo rostro de manera sutil, y lo mismo se vira contra propios y contra extraños.)

A buen entendedor, con pocas palabras basta.

En fin, son muchas las “sacadas de dedo” que nos hacen a diario.  Son muchas las faltas de respeto, los gestos de envalentonamiento, de arrogancia, de prepotencia que nos hacen “quienes lo hacen porque (creen que) pueden”.  Y ciertamente es mucho lo que tenemos que hacer como sociedad para recuperar ese respeto perdido.  Es una gran responsabilidad la que tiene toda una sociedad como la nuestra, de recuperar su respeto, su dignidad y su honra.  De exigirle RESPETO (así, en negrillas y en mayúsculas) a quienes nos “sacan el dedo” cada día, para que no canten victoria, para que sepan que no prevalecerán.

De lo contrario, las consecuencias, que apenas estamos empezando a ver, serán mucho peores.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y usando el dedo que es… ¡yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Hoy es un buen día para…

Sunrise at San Vito Lo Capo, Sicily (Italy)
Sunrise at San Vito Lo Capo, Sicily (Italy) (Photo credit: Wikipedia)

“Hoy es un buen día para…”

Esa es una frase interesante.  Implica que el de hoy es un día favorable para hacer eso que queremos hacer ya, o que hemos querido hacer por mucho tiempo.  Un día en el que todos los elementos parecen unirse para favorecer la realización de las tareas del hogar, la salida a la playa o al parque o al cine o a tomarse un helado o una taza de café junto a nuestra familia o nuestras amistades, o para planear ese viaje que queremos darnos en crucero por el Caribe, o en avión a visitar a nuestra gente “de la banda allá” o a explorar otros países, otras culturas, otros mundos distintos al nuestro.

Lamentablemente, para quienes tienen sus propios intereses en mente y a quienes no les entra el concepto de la responsabilidad que deben tener para con el resto de nosotros, también es un buen día.  Un buen día para despojar a los demás de aquello que se ganaron trabajando honestamente.  Un buen día para imponerle “respeto” a la persona a quien se pretende despojar de ese bien, para hacer valer ese “respeto” por la fuerza del plomo y la pólvora (será porque así le es más fácil, según su limitada mentalidad).  Un buen día para huir con aires de triunfo, botín en mano, sintiéndose como el rey del mundo, mientras queda atrás quien se negó a rendirle pleitesía, muerto o esperando el final de la agonía.

(Aparte: me pregunto si eso mismo era lo que pasaba por la mente del presunto asesino de 12 personas que habían ido inocentemente a ver el estreno de la más reciente película de Batman, la medianoche del 20 de julio de 2012 en Aurora, estado de Colorado.  Que tenía que imponerles “respeto” a fuerza de gas lacrimógeno, plomo y pólvora.)

O también puede ser un buen día para decirle arrogantemente al resto del mundo que les importa tres carajos lo que piense el resto del mundo y mostrarle “el dedo malo”, que ellos son “los que mandan” y que mejor no se metan con ellos, ni siquiera para defender el honor de una chica en medio de una fiesta juvenil (si se merecía—o no—que le defiendan su honor, ya eso es otra cosa).

(Posiblemente también les importará tres carajos que los utilicen como gancho publicitario para una causa política—como la del referendo previsto para el mes próximo, en el que se propone enmendar la constitución de Puerto Rico para limitar el derecho a fianza a los acusados de ciertos tipos de delito violento—, pero ya eso es asunto de políticos oportunistas que le otorgan el derecho al voto a los confinados, y que no se pueden quejar después cuando éstos les pasan la cuenta.  Total, para eso están los demás…)

Pero tal vez éstos no son los únicos para quienes es un buen día.  Porque también es un buen día para quienes salieron a realizar una encomienda encargada por quienes confían confiaban (aunque me sospecho que aún confían) en ell@s, y en lugar de eso deciden hacer otra cosa.  Un buen día para proponer medidas que además de limitar los derechos de los ciudadanos—como cualquier profesional que conoce del tema lo puede ver, hasta en la oscuridad de la noche—no deben ni de considerarse, si se va a confiar en la discreción de los jueces para poderlas implantar.  (Y esa misma discreción judicial, como ya hemos visto en ocasiones anteriores como ésta, ésta o ésta, ha traído resultados bastante funestos.)

Un buen día para crear una legislación que me favorezca en la adquisición de una propiedad (digamos, una casa) a través de un programa de ayuda a quienes no tienen ni el acceso ni los privilegios que tiene un político, mientras que a esas personas que no tienen ni ese acceso ni esos privilegios se les hace difícil conseguir una vivienda que no cueste más de los US$150’000 que se piden como un incómodo “mínimo” (habiendo por ahí tanta vivienda disponible para la venta… ¡comenzando en los “bajos” US$400’000!).

Un buen día para aprovechar ilegalmente los servicios públicos como electricidad y acueducto y conectarlos a un comité político del candidato a la alcaldía de algún municipio, para después salir a la calle a gritarle al mundo que eso no es nada ilegal—digo, a menos que no sea un Juan del Pueblo cualquiera, o una comunidad pobre como Villas del Sol, porque si no… ¡que se cuiden!

Parecería que hoy es un buen día para muchas cosas negativas y destructivas.  Pero, ¿no debería ser hoy un buen día para cosas positivas y constructivas?  ¿Y que debería haber más de estas últimas que de aquéllas?  Tal vez debemos comenzar por ponernos de pie tod@s l@s que creemos en la capacidad del ser humano para mejorar su situación.  Tal vez debemos comenzar a pensar y actuar nosotr@s mism@s, y dar los pasos que nos ayuden que ayuden a mejorar nuestra situación colectiva, especialmente en lo que ello ayude a mejorar la vida de quienes más sufren los embates de la injusticia.

Y tal vez esos pasos no sean lo que algunas personas de limitada perspectiva—especialmente quienes creen que la dádiva monetaria federal lo resuelve todo—desearían ver.  Pero no creo que haya más alternativa.

Y eso tal vez inquiete a algunas personas más, especialmente para quienes la lealtad a un partido o un ideal—ya sea noble o burdo—sea lo que le da su razón de ser en la vida, su savia vital.  Y esas personas deben saber desde ya que no tendrán ni la ilusión de un descanso tranquilo, porque esos días de gozar de impunidad mientras que el resto de nosotros paga caro los platos que ellos han estado rompiendo por varias décadas—y aún los rompen—se acabarán tarde o temprano.  (Y ahora me digo yo, ¿será por eso que nuestros pseudolíderes quieren que se apruebe un nuevo código penal que castigue—hasta con 3 años de cárcel—a quienes bien o mal osen interrumpir las “sagradas” funciones de una Asamblea Legislativa que ha tirado su prestigio y su respeto propio a la basura?  ¡Lo que hace la irracionalidad y el miedo!  ¡Lo que hacen el servilismo y el culto a la partidocracia!  Pero allá ell@s con su conciencia… ¡si la tienen!)

Definitivamente, hoy es un buen día para pensar en las cosas que evidentemente andan mal—muy mal—malísimo—terriblemente mal—y buscar la manera de corregirlas, de buscar hacer el bien.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada!  Pulgar hacia arriba

¿Qué es, que aquí no hay justicia?

English: A Ford Puerto Rico Police car parked ...
English: A Ford Puerto Rico Police car parked on Paseo de la Princesa. (Photo credit: Wikipedia)

La pregunta que da título a esta entrada suena como si la desesperación se hubiera apoderado de mi persona.  Pero aun si así fuera, no soy el único.  De hecho, somos much@s l@s que pensamos que no hay manera de encontrar justicia en Puerto Rico, ante la realidad de un sistema de justicia que—simple y sencillamente—no funciona como debe ser.

Porque, ¿cómo pueden explicarse cosas como una fuerza policial—una de las de mayor tamaño de las áreas bajo jurisdicción estadounidense, aunque esa me parece una comparación injusta, si la comparación es con las agencias policiales de las urbes estadounidenses, pero ya eso es otra cosa—que en lugar de aprovechar su energía combatiendo una oleada delictiva aparentemente sin control, la malgasta como un instrumento de represión y de violación de los derechos civiles de sus ciudadanos (como lo refleja el reciente informe de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, ACLU, sobre la impunidad policial en Puerto Rico)?  ¿O qué tal un sistema judicial en el que o los jueces ejercen (bien o mal) su discreción—esa misma a la cual se quiere delegar, según propuesto en un referendo programado para agosto del año en curso, la potestad de no fijar fianza para los acusados de ciertos delitos violentos—y dejan irse libre a la persona equivocada, a pesar de lo contundente que haya sido la prueba desfilada ante sus ojos, o los representantes del Ministerio Público no tienen la capacidad para que esa misma prueba resista el más fuerte escrutinio?

De lo primero, habrán visto muchos ejemplos a través de los años que llevo escribiendo este blog.  Para mí, los más notables son dos: la muerte de un líder cívico humacaeño a manos de un policía, sabe Dios bajo influencia de qué, y los hechos represivos con los que se quiso disfrazar un abuso del poder legislativo (for the English version of the same post, click here), y cuyas imágenes—una de las cuales ocupa “en todo su esplendor” la portada del informe de la ACLU al que me refería—nos persiguen hasta el día de hoy.

De lo segundo, bien podrían elegirse otros dos, y el primero que me viene a la mente es el caso de la jueza que en la práctica “exoneró” a un acusado de violencia de género, al encontrarlo culpable de “asesinato atenuado”.  Y como decía arriba: muy a pesar de toda la prueba que desfiló en contra del acusado.  Ahora bien, déjenme imaginarme por un momento que ese resultado no hubiese sido—como se atribuye—culpa de la jueza, sino el producto de un mal trabajo de la Fiscalía.  Y ahí bien podría ubicarse el segundo ejemplo, el más reciente, cuando el Tribunal declaró culpable de “mutilación negligente” a un individuo—del que se dice que comoquiera tenía antecedentes penales—que atropelló a su novia, Francheska Duarte Jiménez, al punto de que se le debieron amputar a ésta las dos piernas.  (Y aunque suene trillado, ni hablar del daño emocional que acompañará a Francheska por el resto de sus días—y que es mucho mayor que el propio daño físico que ella sufrió, pero no hace que el primero sea menos importante.)  O por lo menos, esa fue la justificación que dio la jueza que vio el caso en una comparecencia pública que no tenía que hacer, pero la hizo de todos modos.

Yo no sé cómo lo ven ustedes, pero aquí se supone que haya “taller”—y de sobra—para quienes dirigen o aspiran a dirigir los destinos de un pueblo como el nuestro, a fin de arreglar las cosas que están dañadas en este sistema de cosas que vivimos y padecemos los puertorriqueños.

Mientras tanto, ¿qué hace nuestra claje política?  (Entenderán que si escribo “clase”, como debería ser, le estaría dando mucho “status”, mucha “clase” a quienes ni se la merecen.)  Pues, entretenida entre insultos (como la “cara de… ‘oveja’ bien administrada” del gobernador, según el candidato rival—que de paso, al estratega de campaña que le sugirió esa táctica, yo lo mandaría a botar sin dejarle abrir la boca) y planes grandiosos pero de dudoso beneficio público, como el plan del gobernador para que el sistema público de enseñanza comience “desde ya” a impartir instrucción en el idioma de Shakespeare.  Una iniciativa con la que yo, personalmente, no estoy de acuerdo.


Antes de seguir, déjenme recalcar lo que acabo de expresar, y esto lo digo muy a pesar del entorno familiar en el que me crié (o tal vez gracias a ese entorno… ¡qué sé yo!):

YO DECLARO POR MEDIO DE ESTE BLOG QUE NO ESTOY DE ACUERDO CON LA INICIATIVA DE LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN DE GOBIERNO DE PUERTO RICO, DE TRANSFORMAR EL SISTEMA EDUCATIVO PÚBLICO PUERTORRIQUEÑO, EN UN PLAZO DE 10 AÑOS, EN UN SISTEMA EN EL QUE TODAS LAS MATERIAS ACADÉMICAS—MENOS EL ESPAÑOL, POR SUPUESTO—SE IMPARTAN EN INGLÉS.  MI RECHAZO OBEDECE A QUE ESA MEDIDA AMENAZA CON DESTRUIR LA NATURALEZA DEL PUERTORRIQUEÑO, QUIEN VIVE, AMA Y SUEÑA EN ESPAÑOL, Y PORQUE NO VA DIRIGIDA A LA RAÍZ DE LOS PROBLEMAS QUE AQUEJAN AL SISTEMA PÚBLICO DE ENSEÑANZA, PROBLEMAS A LOS QUE DEBE DARSE PRIORIDAD, SI QUEREMOS TENER UN SISTEMA EDUCATIVO DE EXCELENCIA, QUE NOS AYUDE A SER COMPETITIVOS EN EL MUNDO DEL SIGLO 21 Y DE LOS SIGLOS POR VENIR.

Y ese es mi sentir, gústele a quien le guste, moleste a quien moleste, duélale a quien le duela.  Enfadado


Volviendo al tema, yo no veo mucha sinceridad en los esfuerzos actuales para corregir los males que nos llevan a situaciones como las que menciono en esta entrada.  Más bien, lo que sobresale es la conducta reactiva—cuando debiera ser proactiva—de quienes tienen la responsabilidad de corregir las fallas.  En el caso del informe de la ACLU, sobresale la reacción del otrora SAC del FBI en Miami, Héctor Pesquera, actual Superintendente de la Policía de Puerto Rico, quien tildó el informe de la ACLU de “irresponsable” y acusó a sus preparadores de tener “una agenda” (no puede esperarse nada diferente de una persona así).  Tal vez porque lo que le interesa es lo que varios autores que han comentado al respecto han llamado “mirar para otro lado”, porque no quiere tomarse el tiempo ni la molestia de “limpiar la casa” dentro de la policía.  Que de paso, me recuerda algo que escribí una vez:

“Yo no sé, pero tal vez sea necesario que la Policía comience por poner su propia casa en orden, antes de pretender poner en orden la casa de los demás. Tal vez la Policía debe empezar por limpiar su casa de cuanto elemento impropio tenga dentro de sus filas, y no únicamente al nivel del policía que está en la calle, del que arriesga su vida cada día por llevar la paz y por promover la sana convivencia social. (Y de éstos, yo creo que hay más, muchísimos más policías honestos que deshonestos.) También debe buscar dentro de sus altos mandos, y sacar a quienes mal utilizan ese poder que les da el rango, y con el que hace daño a los ajenos… y a los propios.”

Pero también me recuerda esto otro:

“Le estamos pidiendo demasiado a un sistema político cuyos componentes han demostrado no tener la capacidad para atender eficientemente las necesidades de sus ciudadanos, que no pueden ir hasta las raíces de los problemas que aquejan a nuestra sociedad para solucionarlos, y que más bien hacen gala de su mediocridad e incompetencia, de su extraordinario talento para el figureo.”

Y mientras tanto, ¿qué hay de las víctimas del delito y de la incompetencia oficial, como Francheska Duarte Jiménez, quien tendrá que vivir en adelante con las consecuencias de una mala decisión?  ¿Qué hay de las víctimas de la brutalidad policial, como Betty Peña Peña y Elizabeth Ramos Peña, madre e hija cuyo suplicio a manos de inescrupulosos con placa, pistola y macana nos seguirá para siempre desde la portada del informe de la ACLU?  ¿Habrá justicia alguna vez para ellas?  ¿Habrá justicia alguna vez en Puerto Rico?

Yo tengo fe de que habrá justicia.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán.  Soy Puertorriqueño.  Y aunque de vez en cuando—y sólo por necesidad, como habrán visto en este blog una que otra vez—le someto al “difícil”… ¡yo Corazón rojo mi vida y la vivo EN ESPAÑOL!  ¡Ah, y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba