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Lo que me hubiera gustado ver y lo que hubiera querido no volver a ver – Versión de 2012

English: Ballot Box showing preferential voting
English: Ballot Box showing preferential voting (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: Empiezo a escribir esto cuando faltan menos de 40 horas (domingo 4 de noviembre de 2012, 16:30 UTC –04:00 = 20:30 GMT) para la apertura de los colegios de votación en Puerto Rico.  Ya los seis partidos políticos en carrera—los cuatro de la vez pasada (PNP, PPD, PIP y PPR), más los dos partidos que llamaremos “emergentes” (MUS y PPT)—están en sus cierres de campaña, tratando de ganarse a última hora el favor de un electorado que debe estar igual de preocupado que yo.  Un electorado que en términos reales, tendrá que decidir entre el menor de dos todos los males.

Y les confieso una cosa: En mi búsqueda de un alivio a mi aprehensión por lo que resulte del ejercicio que emprenderemos dentro de unas horas, he tenido que recurrir a los archivos secretos (los que todos ustedes conocen) de este blog, tal vez para ver si las cosas han cambiado gran cosa para estas fechas hace cuatro años.

“Como es de suponer, los políticos allá y acá están tratando de agotar los últimos cartuchos de su campaña política, en busca de convencer a un electorado que los mira con bastante recelo.

“Y aquí en Puerto Rico, no debe ser para menos, con todas las cosas que han ocurrido a lo largo de los pasados cuatro años.  Ejercicios de ambición personal, actuaciones públicas que reflejan una aberrante falta de decoro, manejos públicos que implican una inexperiencia y una falta de destreza administrativa… así como una debilidad en el carácter de quienes están llamados a velar por el bienestar de los ciudadanos, y defenderlos de cualquier exabrupto social…”

¿Qué hay de los programas políticos de los partidos?

“Una mirada general a los mismos me indica que son bastante similares entre sí: llenos de frases grandilocuentes, sin datos específicos que respalden sus aseveraciones, ni metas cuyo alcance sea viable; dirigidos a enfatizar la apariencia de que se hará algo, más que la sustancia de lo que se piensa hacer; a veces las cosas que se ofrecen para el próximo cuatrienio lucen como que debieron haberse propuesto cuatro años atrás (u ocho, o 12, o tal vez mucho antes).”

¿Y qué de las cosas que me hubiera gustado ver en dichos programas (en versión editada para atemperarlo a la experiencia del 2012)?

“Cosas como por ejemplo, un mayor apoyo del gobierno a las organizaciones comunitarias, que en el análisis final, son las que están ayudando a la gente a pararse sobre sus propios pies, sin “recostarse” de las dádivas de los programas de asistencia social estadounidense.  Una rehabilitación del sistema vial histórico (y aquí me refiero a las carreteras que no son autopistas ni expresos rurales), que permita que las carreteras de la Isla, particularmente las del interior montañoso, puedan adaptarse a las exigencias del Siglo 21.  Una defensa certera de los recursos naturales y el medio ambiente, por medio de leyes que tengan, tanto las garras (o sea, los mecanismos legales que las defiendan de las andanadas de aquéllos a quienes no le convendría su implantación) como el respaldo económico necesario…  Y sobre todo, un mayor empeño en afrontar con valentía los graves problemas que enfrentamos, de delincuencia, adicción a sustancias controladas, salud mental, costo de vida, etc.”

(Tengan en cuenta que el tachón en la palabra “mayor” es por una razón específica: el apoyo a las organizaciones comunitarias parece haberse convertido en anatema para ciertas personas en posiciones de poder durante los años transcurridos desde que escribí lo anterior.  Así que para las autoridades gubernamentales actuales, eso es como si dijeran, “de eso no se habla”.  Una pena, porque a la larga, no son las comunidades las que salen perdiendo.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, también están las cosas que no me hubiera gustado—e insisto en que ni me gustaría—ver luego de darse los resultados electorales:

“Por ejemplo, no desearía ver ‘malos perdedores’.  Con esa frase me refiero a esos que habiendo acariciado el poder en otros tiempos, creen tener un derecho ‘divino’ a ese poder y hacen cualquier cosa por alcanzarlo, aunque ello signifique destruir (directamente o a través de subordinados) a quienes se constituyan en obstáculos hacia ese fin…

“Tampoco desearía ver el tribalismo que estoy viendo hoy en día en los cuerpos legislativos, en el que se está siempre en una guerra constante con el bando contrario, como si esos otros fueran el enemigo; como si las leyes no valieran el papel en el que están escritas, sólo porque fueron implantadas por ‘esos otros’.  Pero peor aún es que ese tribalismo, en ocasiones, no permite medir las consecuencias de las acciones (malas o buenas) que se llevan a cabo…

“¿Y qué hay de la conducta pública de quienes ponen su mano sobre una Biblia, para jurar que protegerán y defenderán los intereses del pueblo que los eligió?  (A veces parece como si ellos/as hicieran ese juramento sobre la sección comercial del directorio telefónico de San Juan…)  A mi entender, deben estar en el poder las personas de gran solvencia moral y capacidad de discernimiento, que puedan discernir entre el bien que pueden hacerle a los ciudadanos que los eligieron y el mal que se hace cuando no se observa una conducta digna.  Lamentablemente, a juzgar por las barbaridades observadas durante los pasados 48 meses, no hay mucho con qué estar optimistas.”

Tal vez la última oración en la última cita resume perfectamente lo que he visto en los cuatro años que—para los efectos—están por culminar pasado mañana.  Para mí no hay mucha diferencia—y creo que tengo que resignarme a que no la habrá por el momento, mientras persista la mentalidad de pandilla que permea nuestra política.

Aun así, independientemente de lo que suceda al final del martes 6, pienso hacerme eco de lo que escribe hoy Benjamín Torres Gotay en su columna del periódico El Nuevo Día.  Él hace en esa columna una distinción entre l@s que no se informan, que no se orientan, que responden más al fanatismo y hasta a la tradición familiar que a la razón, por lo que no les importa la claje (así, porque decirles “clase” sería, pues, darles un tratamiento honroso que no se merecen) de individuo que eligen para que les rijan sus destinos (como los “Chuchin” [1] [2] y las Evelyn Vázquez de la vida), en tanto puedan asegurarse sus propios beneficios (tanto l@s elegid@s como quienes l@s eligen), y l@s que leen, se orientan, trascienden la propaganda partidista hueca y muchas veces engañosa y hasta la tradición familiar, para ejercer una decisión pensada, racional, que considere las consecuencias de dicha decisión y le dé posibilidades a las personas mejor capacitadas para los puestos electivos.  A estos últimos, Torres Gotay los considera como “un pilar de nuestra sociedad… la resistencia… el bloque, pequeño en este momento, pero hermoso y perfecto siempre, que evitará que el país se nos deslice de las manos como agua entre los dedos… los que, al final del camino, mañana, pasado, no se sabe cuándo, pero pasará, van a sacar al país de este atolladero de mediocridad, incompetencia, corrupción y violencia para llevarlo a la cristalización de su inmenso potencial.”

Pues sí, yo me declaro parte de esa resistencia a la que se refiere Torres Gotay.  Y cuando vote pasado mañana, estaré votando con mi conciencia tranquila, con fe en que mi país podrá salir de su atolladero y podrá seguir su camino hacia adelante.  ¡Que así sea!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y sanseacabó, ya me cansé de estar aprobando tanta %#!$*%+ entrada! Lengua fuera

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La caída del gracioso

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Image via Wikipedia

OK, amigas y amigos, mi gente.  En la entrada anterior terminé pidiendo que vinieran los payasos.  Pero tal vez con la prisa de escribir se me olvidó (¿de veras?) mencionar que de unos meses a esta parte teníamos un payaso entre nosotros.  Una figura que ha querido darle un entretenimiento gratuito a Puerto Rico y al mundo.  Un individuo que a falta de la capacidad para desarrollar ideas que ayuden a su pueblo a superar su infortunio, se ha convertido a la trágala en una figura folclórica, en un referente cultural populista, en un bufón que tal vez cree que todo mundo debe reírle las gracias.  Y en el proceso, ha puesto en entredicho muchas cosas, tales como el prestigio (por lo menos, el poco que pudiera tener en estos momentos) de la profesión política, y hasta la afición de ciertos medios convencionales por la trivialización y el sensacionalismo.

Pero vamos por partes, comenzando por lo que escribí hace menos de un año:

“… todavía es la hora en que se me hace difícil entender cómo es posible que elijamos para los puestos públicos en Puerto Rico, personas que por lo demás deberían asumir una conducta pública digna… para entonces echar por tierra esas expectativas.  Pero a veces, la vida nos demuestra que no siempre el que más se llena la boca predicando la honestidad es el más honesto, no siempre el que más se llena la boca predicando la paz y el amor hacia el prójimo es el más tolerante hacia quienes no son sus iguales, no siempre el que más firmemente se apega a la prédica de la moral y la decencia es el mejor ejemplo a seguir.

“Prueba de ello nos la dieron la semana atrasada… dos ‘servidores públicos’, quienes se han visto envueltos en situaciones que apuntan hacia su carácter y su entereza moral (o a la falta de los mismos).  (Uno) de ellos…  el senador (of all people!) Antonio Soto Díaz, que se hace llamar “el chuchin”, quiso caer en gracia durante un programa matinal en la radio FM local… y se ufanó de que la contratación como su ayudante, de la conocida modelo profesional Yadira Hidalgo… esteeeeeeeeee… no fue precisamente por sus cualificaciones profesionales, si entienden lo que quiero decir…

(OK, voy a decirlo como es: fue… esteeeeeeeeee… ¡porque ella tenía unas tremendas nalgas!  PUNTO.)

Francamente, con un antecedente como ése, no cabría esperar nada bueno.  Al contrario, sólo tienen cabida las payasadas cada vez más espectaculares.  Como la supuesta capacidad de ese individuo para “adivinar” el resultado de un campeonato deportivo o la candidata delegada (¿así las llaman ahora?) ganadora de Miss Esto o Miss Aquello o Miss Lo Otro, porque él alega ser “brujo” (y no precisamente en referencia al cognomento de los oriundos de la ciudad de Guayama, en el sur de Puerto Rico para los que me leen en el extranjero).  Aunque yo no sé: creo que el pulpo aquél que predijo que España vencería a los Países Bajos en la Copa Mundial de Fútbol/Soccer/Balompié del año pasado, acertaba más que el “honorable” en cuestión.  (¡Una pena que nuestro amigo el cefalópodo ya no esté con nosotros; a lo mejor aún se lo están cenando en escabeche!)

Pero para hacer el cuento corto, lo que parece haber tirado a ese individuo a la fosa de los leones es su admisión de que maneja un costoso automóvil Bentley blanco de 1999, de esos que ni yo ni muchos de mis lectores y lectoras nos podríamos costear por más que quisiéramos (el precio de un Bentley nuevo del año-modelo 2011 ronda los US$200000—y si no me lo creen, háganse una búsqueda en Yahoo! Autos para que lo vean con sus propios ojos).  Y entonces, ¿cómo una persona como ésa puede acceder a un vehículo así de lujoso, sin ser un empresario de esos a los que el éxito les sonríe, o sin ser uno de esos afortunados que gastan su dinero en lujos, como si su vida dependiera de tanta ostentación?  Ésa es la gran interrogante, y el muy “distinguidísimo” senador ha tratado de contestarla… ¡de tres o cuatro maneras diferentes!  O lo compró (cosa que yo dudo, nada más en vista del precio mencionado arriba en este párrafo), o lo usa mediante un arriendo, o se lo prestaron (naaaaaaaaaah!)… o se lo regaló una persona “anónima” porque como él es diz que “buena gente”…  (Si por eso último fuera, a lo mejor manejaría un auto de mayor “distingancia”—sorry, doña Jacinta!—que la guagüita que yo manejo de momento… total, soñar no cuesta nada…)

(O quién sabe si otros le “prestaron” a él su buen nombre, su crédito, para él poder adquirir ese costosísimo vehículo y así tener de qué ufanarse ante un país que le ríe las gracias.  Digo, uno nunca sabe…)

Pero si es patético ver la clase de ejemplo que da una figura pública como ésa, para mí es más patético que se le dé foro en los medios de comunicación principales, que se le dé lo que llaman un “outlet” para él poder hacer los disparates que le dé la gana, tal vez esperando a cambio la risa de una ciudadanía que no aguanta el incremento en el costo de sobrevivir (más que de vivir), que tiene que salir a la calle con el temor de no poder regresar con vida a su casa, que sufre y padece serios problemas de salud y bienestar a los que sus líderes le dan la espalda.  Y esta experiencia pone en evidencia la parte que desempeñan los medios de comunicación social, cuando se dejan llevar por lo trivial, por lo que no es sustancia, por lo que apela al instinto más bajo del ser humano.  Cualquiera diría que muchos de estos medios se han dejado perder el respeto de sí mismos, a cambio de lograrse una posición de privilegio en el favor del público.

Total, que ya yo lo venía diciendo hace tiempo (de la misma fuente que en la cita de arriba)…

“… eventos como éstos apuntan hacia un síntoma bastante serio, en lo que respecta al liderato político del país.  Un liderato político sin carácter, sin vocación de servicio, que se deja llevar por sus impulsos más bajos…

“Tal vez ésa es una de las consecuencias de elegir ‘cualquier cosa’, lo que sale de debajo de la tapa de un zafacón (‘papelera’, ‘cesto para la basura’, etc.), como la persona que ha de representar y defender los intereses del pueblo, en lugar de buscar personas que tengan un sentido de responsabilidad, que tengan un sólido carácter moral, que asuman con seriedad la función pública, que manifiesten dominio propio.

“Tal vez, es ahora que nos damos cuenta de ello.”

O tal vez nos dimos cuenta de ello hace mucho tiempo y no lo hemos querido admitir… ¡qué sé yo!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

P.S. También les interesará leer esta entrada del blog de Benjamín Torres Gotay en la edición del 5 de junio de 2011 de El Nuevo Día.  No creo haber visto hasta el momento una crítica más contundente (o tal vez la hay en otro sitio, pero para muestra, basta con este botón).


ACTUALIZACIÓN PARA EL RÉCORD (16 de septiembre de 2011): ¡Ya era hora!  Luego de varias semanas en las que no se sabía de él, toda vez que la “luna de miel” con la prensa ahora le sabe a otra cosa, el senador Antonio “el Chuchin” Soto Díaz presentó su renuncia al puesto que mal ostentaba.  Desde aquí, le esperan vistas e investigaciones en su contra, por cosas que van desde cómo obtuvo el vehículo lujoso del que tanto se jactaba que se lo habían regalado por “ser buena gente” y porque lo “quieren” mucho, hasta posibles casos de evasión contributiva (yo no sé, pero tal vez le hubiera sido de provecho pensar en el destino de cierto Alphonse Gabriel Capone, 1899–1947…).  Pero al menos, lo importante en el momento en que escribo esta actualización (porque ya yo no lo puedo hacer como comentario aparte, al haber pasado más de 30 días desde que publiqué esta entrada) es que esto debe servirnos a tod@s como una lección sobre el cuidado que hay que tener a la hora de escoger candidatos a puestos electivos, que no debemos escoger “cualquier cosa” porque nos parezca simpático, sino a escoger los hombres y las mujeres que asuman responsablemente la función de manejar los destinos de un pueblo con dignidad y respeto.  Mientras tanto, habrá que ver quién será el (la) próxim@ que caiga enredado en su propia trampa.

Alas, poor Chuchin, we hardly knew ye…


LDB