Te puede pasar a ti también

Ya casi han pasado 2 semanas desde que ocurrió lo impensable, que alguien tuviera el atrevimiento de ensañarse contra el orden y la ley en Puerto Rico.  Dos semanas desde que una representante del Ministerio Público se convirtiera en víctima de un acto criminal.  Y para colmo, casi a la puerta de su casa, donde la esperaba su familia, donde podía sentirse protegida del desquicio del mundo exterior, donde ella se podía sentir en paz consigo misma y con la vida.

Mientras escribo esto, vamos para 2 semanas desde el asesinato a balazos de la fiscal Francelis Ortiz Pagán, justo cuando llegaba a su casa de practicar su oficio.  Un oficio en el que ella estaba despuntando, como acusadora contra elementos criminales de alto riesgo para una sociedad puertorriqueña que se precia de ser civilizada.  Un oficio arriesgado, de esos que hacen que quien lo practique tenga que ser cautelos@.  Pero que alguien tiene que hacer por el bien de este país.

Y aun así, ocurrió lo impensable comoquiera.

De inmediato, la conmoción y la especulación fueron la orden del día.  Que si fue algún delincuente que dio la orden para que la mataran, así como lo hubiese dispuesto en su tiempo Pablo Escobar en Colombia.  O como le alcancé a escuchar decir a un chismoso en mi lugar de trabajo (¡y tod@s tenemos uno de ésos bocabajo en nuestros lugares de trabajo!), que en el lucimiento de su ignorancia dijo que había sido el esposo de ella—quien resulta ser otro abogado altamente reconocido en Puerto Rico—que la había mandado a matar.  Y eso, ¿para qué?  ¿Para dejar huérfana intencionalmente a una niña de poca edad—que como quiera tendrá que llevar la dolorosa carga de haber perdido a su madre de una manera tan cruel?  La verdad es que para insinuar una cosa como ésa hay que ser…

Total, que al final resultó que se trató de un intento de robo violento del vehículo de la infortunada y que resultó en violencia, al no poderse lograr el objetivo de despojarla de su vehículo.  Y todo, porque a uno de los sospechosos se le antojó el vehículo en el que ella iba.  Ni que fuera un trofeo de caza, aunque de todos modos, como lo confesaba el mismo sospechoso hace unos días, de eso se trataba, de salir de noche en busca de autos que robar, sin importar a quién se los quitaban.

Y eso lo hace muy espantoso.  Porque pone de manifiesto lo grave que es el problema de criminalidad en Puerto Rico.  Un problema con el que gobierno que viene y gobierno que va han estado lidiando sin resultados que valgan la pena.  O del que tal vez se beneficia tácitamente, como aquella hipótesis que mencioné en una ocasión anterior.

Pero lo más espantoso es que pone de relieve esa frase que nos viene desde tiempo inmemorial: puede ocurrirle a cualquiera.  No importa si eres rico o pobre.  Hombre o mujer.  Obrero o profesional.  Persona sola que tal vez no tenga alguien que la apoye, o aquélla que tiene un hogar y una familia que la espera.

De hecho, aunque a mí personalmente no me ha sucedido algo tan fuerte como lo de la fiscal asesinada (excepto por 2 ocasiones en las que me han robado vehículos que he tenido), en mi entorno personal ha sucedido.  Yo conozco de por lo menos alguien muy allegado a mí que tuvo que pasar por la horrible experiencia de ser secuestrad_ (y escribo esa palabra así intencionalmente, espero que entiendan el por qué) durante un robo violento de su vehículo, que afortunadamente sobrevivió y por el que actualmente hay una persona convicta y encarcelada.  Y déjenme decirles, no es fácil lidiar con una experiencia como ésa, y algunas personas que la han vivido no salen muy bien de la misma.  Pero esa persona muy allegada a mí sobrevivió y está haciendo su vida, tan en paz como le sea posible.

Porque vivir en paz en el Puerto Rico de hoy en día se está volviendo imposible.  Y más cuando se tiene que salir a la calle sin saber si se regresará a la casa san@ y salv@, expuest@ a verse—sin querer—en medio de un tiroteo entre carros, o en el lugar de trabajo o en algún lugar público supuestamente seguro—como en el caso de la joven que recién había dado a luz en un hospital de Mayagüez, sólo para morir acuchillada por un adicto que se puso una bata de médico para engañar a medio mundo y buscarse “la cura”.

Así es como nos tienen a los que estamos en la rueda de abajo.

Mientras tanto, la partidocracia portoricensis se entretiene tratando de perpetuarse y de poner obstáculos a quienes no la favorecen, las arcas del país se siguen vaciando en una caída libre hacia el abismo y se sigue tratando de perpetuar una situación política a la que se le ha visto la costura.  ¡Y a Dios que reparta suerte!

En lugar del cierre habitual de la entrada, lo que me resta por hoy es desearle un buen viaje a la fiscal Ortiz, en la esperanza de que lo poco que hubiese podido lograr a lo largo de su carrera haya sido de beneficio para una sociedad agobiada como la nuestra, y que dondequiera que ella esté, tenga la satisfacción de que habrá justicia.  Costará mucho trabajo, sudor y sacrificio, pero no dudo en que se logrará.

¡Que así sea!

LDB

Entre marido y mujer…

English: Red Light District in Amsterdam
Red light district in Amsterdam - Image via Wikipedia

La verdad es que nada es sagrado—aunque en realidad, esa máxima ha sido la realidad de siempre, y seguirá siendo así por los siglos de los siglos.  Ahora todo lo pertinente a la intimidad de la familia y el hogar, hasta los “secretos de alcoba”, parecen ser el flanco por donde atacar al rival político o ideológico, cuando no se tienen argumentos de mayor valor para discutir, o cuando no se tiene la entereza de carácter para producirlos, o cuando no se busca más que el placer de hacer daño sin medir las consecuencias.

Si no es así, ¿cómo podría explicarse los incidentes recientes en los que la vida personal de dos figuras públicas—con las cuales debo aclarar que no comulgo ideológicamente, para que no se me ubique donde no estoy en realidad—ha sido utilizada como pieza de ataque?  Primero, se aprovechan las secuelas de una discusión de pareja que—por lo demás—no tuvo la trascendencia que hubiese tenido un acto de violencia conyugal o de género, para inutilizar políticamente a una figura opositora de importancia al punto de hacerlo renunciar a su aspiración a reemplazar a un alcalde que—también por lo demás—luce sólido en su posición.  Pero sin apenas conformarse con ese disparo, surge otra controversia por la visita de un candidato político (un candidato a la gobernación de Puerto Rico—of all people!) en momentos en los que era un secretario de gabinete (en el 2006), a una tienda de productos de naturaleza sexual en el noroeste de los EE.UU. (mientras estaba en gestiones oficiales, para colmo).  Visita que el implicado justificó después que había sido allí, y no a un club de bailarinas desnudistas (o en buen puertorriqueño, un club de “strippers”) que estaba en el segundo piso del mismo local, y que el propósito de la visita fue… esteeeeeeeeee… ay, me da “pachó” Ruborizado … para comprarle un “regalito” a su esposa.

(Y yo sé que hay dos o tres enfermit@s entre ustedes que todavía están tratando de averiguar cuál era ese “regalito”.  Por lo menos ni él ni su esposa lo han querido decir públicamente, y A MÍ NO ME INTERESA SABERLO.  ¿OK?)

Pero “pachós” aparte, lo que me ha estado preocupando desde que estos eventos trascendieron es lo que se está tratando de comunicar con los mismos a mi entender.  Tal vez signifique que cuando se quiere poner obstáculos a un candidato político opositor, todo parece ser una tarjeta válida, un blanco fácil—hasta la vida familiar de dicho candidato opositor.  Ahora parece que se quiere explotar la debilidad—real o percibida—de las relaciones familiares o conyugales.  Ahora las discusiones entre los miembros de la pareja—algo que ha existido, existe y existirá en todos los tiempos, en todas las parejas, aun las que se ven más estables (por favor, pellízquenme si creen que estoy tocando de oído en esto)—pueden ser objeto de acusaciones de falta de carácter del adversario.

Hasta la manera en la que esa pareja utiliza esa capacidad que todos los seres humanos—OK, por qué no hacerlo constar aquí, hasta quien les escribe—tienen de disfrutar el don de la sexualidad, puede ser objeto del ataque político más burdo.  ¿Y para qué?  ¿Para presentar al adversario como si fuera una persona con un problema de carácter, mientras que quien lanza el ataque se presenta a la vista del público como una criatura “santa” y “virtuosa”?

Francamente, eso me hace preguntarme cómo será la sexualidad de mucha de esa gente.  Me hace preguntarme si alguna de esas personas que tanto critican lo que haga “el otro” en su intimidad habrán visitado una tienda de artículos de naturaleza sexual, aunque sea “para curiosear”, para averiguar si es cierto lo que se dice que venden esas tiendas—se llamen “Condom World”, “Eden’s Secrets” o como se llamen.  Me hacen preguntarme si alguna de esas personas ha entrado en algún club de “strippers”, o si se ha sentado junto al escenario a disfrutar mientras la bailarina se mueve de manera cadenciosa y sensual al ritmo de una música movida, o qué haría si de momento esa bailarina se le acerca y empieza a hacer un “lap dance” en el que se roza rítmica y sugestivamente, mientras le colocan billetes de la denominación que sea en… ¡y entenderán que como buen caballero que soy no diré qué más puede acontecer después!

(OK, yo sé que con tanto detalle no me lo van a creer, pero sólo estoy imaginando lo que podría ser… Ángel)

Es más, me pregunto cómo se sentiría mucha de la gente que está recurriendo a una táctica como ésta para ganar ventaja política a costa de sus rivales, si se les empezara a cuestionar su propia sexualidad—porque como le escuché decir por la radio a una especialista sobre el tema, “todo el mundo tiene el derecho a disfrutar su sexualidad”, así que lo que es igual no es ventaja.  Ciertamente, lo primero que harían sería tratar de evadir el tema, quizás porque tienen su techo de cristal, o sus esqueletos en el clóset (como los de cierto senador que tanto se las daba de estar en contra de los homosexuales—tal vez para aparentar que odiaba tanto al pecado como al pecador—, y ya saben cómo fue que cayó en desgracia).  Tal vez (en el caso más exagerado) la mentalidad de estas personas incluya creencias tan absurdas como la de que no sólo es pecado que un hombre se acueste con una mujer que no es su esposa: ¡también es pecado que un hombre se acueste con su esposa!  (Y entonces, como hubiera dicho mi madre, ¿habrían nacido “de una mata de plátanos”?)

Para mí que debería ser hora ya de que se cuestionen cosas como éstas—especialmente que la misma prensa que se alimenta diariamente de “las sobras” que los políticos les tiran (ni que fueran perros), sea la que haga este cuestionamiento, a ver cómo les cae, a ver si les gusta eso, a ver si no es cierto aquello de que “entre marido y mujer, nadie se debe meter”.  Y mucho menos para jugar a la política.

Francamente, a mí me gustaría ver eso.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Preguntas preguntativas para el 6 de febrero de 2010

¡Qué tal, mi gente!

Esta vez estoy estrenando la alternativa de colocar entradas para este blog vía correo electrónico, a ver si funciona tan bien como cuando utilizo el Windows Live Writer™ o el ScribeFire™. (Por supuesto, siempre tendré que recurrir a uno u otro, según el caso, a la hora de editar este tipo de entrada—por ejemplo, añadirle etiquetas y categorías—, pero no hay mal que por bien no venga.) Y la estoy estrenando con una pregunta sobre algo que me llama mucho la atención y que me gustaría que aquéllos amigos blogueros que saben cómo se bate el cobre me puedan contestar.

Como tal vez sepan, una de las mayores críticas que se le han hecho a las administraciones de gobierno en Puerto Rico—sean del PNP o del PPD—es que suelen reclutar políticos que por X o Y no salieron electos o reelectos para los puestos para los que se postularon, para puestos de "asesores" en distintos órdenes, ya sea legislación, relaciones públicas, "imagen" y proyección pública (lo que en realidad no pasa de ser un burdo ejercicio de marketting), etc. Muchas de estas "asesorías" se contratan por cuantías que suelen empezar alrededor de los US$20000, y pueden llegar a cuantías extraordinarias de seis cifras. (Y si la cosa es como trascendió esta semana, muchos de los beneficiarios de estos contratos contratan a su vez a parientes y otros dolientes, en tareas "de apoyo" a los beneficiarios principales. Me pregunto si será esto a lo que se refiere la frase en inglés, The gift that keeps on giving…)

Lógicamente, la prensa nuestra de todos los días, como uno de los actores—les guste o no—en el circo nuestro de todos los días, tratan de llegar al fondo de esa manifestación de desgobierno, cuestionando la pertinencia de estas "asesorías" a quienes les salvaguardan los contratos. Y por lo general, la prensa nuestra de cada día suele recibir como respuesta de quienes salvaguardan los contratos, una férrea defensa de los mismos, como si se les fuera la vida en ello. Aducen que el peritaje de los contratados es "necesario", que éstos los ayudan en la redacción de legislación de beneficio para el país. Y yo me pregunto si con la misma vehemencia con la que defienden los contratos que otorgan a políticos fracasados, parientes, dolientes, et al., no podrían defender a los pobres, a los que necesitan ayuda para resolver su situación económica, a quienes claman por los servicios básicos, a quienes procuran que sus calles sean seguras y libres de delincuentes y adictos a drogas.

Es más: me pregunto si ningún miembro de la prensa nuestra de todos los días se ha atrevido a cuestionar directamente a estos mecenas de comienzos del Siglo 21, si lo que se invierte en estos contratos no sería más útil para ayudar a atajar la delincuencia en Puerto Rico, para ayudar a estabilizar la situación económica de Puerto Rico sin tener que despedir empleados públicos (salvo aquéll@s que no están rindiendo una labor efectiva, algo que las propias agencias públicas deberían tomarse la molestia de verificar), para ayudar a las comunidades en áreas de marginación social a ponerse sobre sus pies, en lugar de fomentar una cultura de aprovechamiento fácil de las ayudas sociales (aunque este elemento de la pregunta suene como herejía).

¿Cuánto se apuestan a que los entrevistados cambiarán de tema a otro que no sea tan "peligroso" o darán por terminada la entrevista y se darán a la huída? Porque así son ellos…

Enigüei, ¡vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

(vía email)


Luis Daniel Beltrán, M.S., P.P.L.
Juncos, Puerto Rico

De los numeros que no eran y del estofado de tigre

Tiger Woods
Image via Wikipedia

¡Qué tal, mi gente!  Voy a empezar rapidito, que hoy tengo “mucho con demasiado”…

Y empiezo manifestando mi confusión ante la noticia que indica que las cifras que se decían a poco de la victoria electoral del hoy gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de la cantidad de transacciones de personal en el gobierno, hechas durante el periodo de veda electoral de 2008 (lo que las haría ilegales), resulta que son incorrectas.  De las 11000 transacciones ilegales que se estimaba al principio, ahora resulta que las mismas ascienden a 1035 (lo que representa un 9.4% [9,4%] de la cifra originalmente dada a conocer).  La mayoría de esas transacciones ilegales (unas 930) se efectuaron durante los primeros 2 meses de la veda (que a diferencia de lo que establece la ley—que la veda sea desde 2 meses antes de las elecciones hasta 2 meses después de las mismas—incluyó los meses de julio y agosto de 2008).

Pero si malo es eso, peor es el hecho de que dentro del propio gobierno no haya un mensaje coherente que explique fehacientemente discrepancias como ésta.  Más aún, cuando afirmaciones como la de que se hicieron 11000 transacciones ilegales en tiempo legalmente prohibido es uno de los fundamentos para justificar las medidas de “recuperación” económica y fiscal que se han estado implantando—la más notoria de las cuales, como ya ustedes saben, es el despido de 17000 servidores públicos que tendrán que empezar desde el cero a partir de enero de 2010.  De un lado, el propio gobierno insiste en que sus cifras son las correctas, pero del otro lado, la persona que divulgó la cifra “verdadera”, el director de la Oficina de Recursos Humanos del Estado Libre Asociado (ORHELA), el Sr. Samuel Dávila Cid, insiste en que la cifra que él da es la correcta y que no hay razón por la que él deba rectificar la misma.  (Sólo por aquello de ser justo es que puse la palabra “verdadera” entre comillas en la oración anterior.)

Francamente, yo creo una cosa: En algún lugar de la línea recta trazada entre A y B, alguien se está saliendo de la línea.  O si quieren que lo exprese de manera un poco más franca… ¡ALGUIEN ESTÁ MINTIENDO AQUÍ! Pero, ¿con cuál propósito?  Eso último es anybody’s guess, aunque  siempre está esa posibilidad que planteé en una entrada anterior:

Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

Claro está, yo siempre insistiré en que quien comete una falta, debe responder por la misma.  Y si durante el gobierno anterior del PPD se cometió la falta de nombrar personal para las agencias de gobierno, de una manera patentemente prohibida por la Ley Electoral de Puerto Rico (Ley número 4 del 20 de diciembre de 1977, según enmendada)… los responsables de esas acciones también tienen que responder por la falta cometida, y asegurar que cosas como ésa no sucedan nunca más.  Claro está, ello no garantiza que el gobierno actual del PNP no haga lo mismo cuando le llegue ese momento, pero es cuestión de esperar un poco…


OK, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

Aquéll@s de ustedes que pasan de cierta edad—algo que técnicamente me excluye, ya que para esa época yo tendría apenas 3 ó 4 añitos—tal vez recuerden el siguiente diálogo, tomado del clásico western televisivo, Revólver a la Orden (Have Gun—Will Travel):

Paladin: “‘Hey Boy’, hay una antigua receta para hacer estofado de tigre, ¿la conoces?”

‘Hey Boy’: “No, señor.”

Paladin: “Primero, debes atrapar al tigre.”

El diálogo que acabo de citar se produce al inicio del episodio número 79, “First, Catch a Tiger” (estrenado en los Estados Unidos el 12 de septiembre de 1959), cuando el “caballero sin armadura en una tierra salvaje”—o sea, Paladin—hace su habitual ronda por los periódicos que le consigue su valet chino, Kim “Hey Boy” Chang, en busca de un “guiso” (un trabajito, para quienes no conocen el habla coloquial puertorriqueña) que él pueda hacer por la “módica” suma de US$1000.  (Una suma cuantiosa en el Viejo Oeste de 1875… ¡lo que para un mercenario a comienzos del Siglo 21 sería apenas un anticipo o un “pronto pago”!)  Estando en ésas, Paladin se entera de que un comisario y un juez de un pueblito de Wyoming con los que él colaboró para llevar ante la justicia a un delincuente han sido muertos por un asesino contratado por el padre del ajusticiado.  No se sabía mucho del asesino, excepto que sus víctimas morían a traición, por la espalda, de forma tan inesperada como los movimientos del caballo de ajedrez que adornaba la pistolera de Paladin.  El resto del episodio trata la estrategia que el “hombre de negro” tendrá que desarrollar para desenmascarar y “neutralizar” (si me permiten el uso de un término que ni en 1875 ni en 1959 tenía la connotación que tiene hoy en día) al misterioso asesino, y en el proceso evitar ser su tercera víctima.

Caballos de ajedrez

El diálogo que acabo de citar me viene a cuento ante la lamentable situación del jugador de golf, Eldrick Tont “Tiger” Woods, considerado c0mo “el mejor del mundo” en el deporte del golf (o “golfo”, como lo llama un ex-compañero de mi trabajo), al punto de que la semana pasada, la agencia noticiosa The Associated Press lo declaró como el Atleta de la Década de 2000—2009.  Francamente, mientras escribo esto, Tiger debe estarse sintiendo “atrapado”, como que de pronto todo el mundo quiere cocinarlo en estofado, luego de haber exhibido y mantenido una imagen limpia como deportista y como hombre de familia.  Imagen que de la noche a la mañana se vio dañada por el escándalo de infidelidad marital surgido a finales de noviembre de 2009, que salió a la luz tras el accidente de tránsito en el que chocó su SUV (en orden de mameyazos) contra un seto, un árbol, y una bomba de incendios o hidrante.

(Curiosamente, un chiste—más bien, uno de varios—que salió poco después en los tableros de  Usenet decía que Tiger empezó a golpear su carro con el “wood” y lo terminó de golpear con el “iron”… pero qué sé yo de eso, el golf no es lo mío…)

Y lo malo del caso es que da la impresión de que este “tigre” es como los marinos mercantes, de quienes se dice que tienen “una mujer en cada puerto”.  Y no sería de extrañar que en cada ciudad en la que hubiese un torneo de la PGA en el que él estuviese participando, alguna mujer que no fuese su esposa lo esperaba, ya que la prensa tabloide sensacionalista le ha sacado a la luz tantas y tantas amantes que “ni botándolas se acaban”…

(Y a todo esto, ¿no le habrá afectado eso su juego en los últimos años?  Digo, uno nunca sabe…)

Pero algo mucho peor es que como el asesino misterioso al que me referí antes, mucho del daño se hizo a traición, por la espalda, cuando las luces de las cámaras se apagaban y los medios de comunicación y entretenimiento se desviaban de Tiger hacia la siguiente estrella en el programa, cuando el público viraba la espalda, confiado en la imagen de “niño bueno que no rompe un plato”… aunque en este caso, el impacto fue el mismo que el de dejar entrar al toro bravo en la tienda de cristalería.

Y ni hablar del daño que eso le hace a las empresas multimillonarias que lo han auspiciado hasta el momento, algunas de las cuales ahora le están huyendo como el diablo a la cruz… tal vez porque no quieren que alguien tan famoso como Tiger Woods les recuerde de forma pública alguno de esos “gustitos” que se dan sus propios ejecutivos… ¡quién sabe!

Francamente, éste es un interesante ejemplo de cómo la fama que conlleva ser “el mejor [ESCRIBA AQUÍ UNA PROFESIÓN CUALQUIERA] del mundo” no exime a una persona de su naturaleza como ser humano.  Y no lo libra de responsabilidad por las consecuencias que le van a acarrear sus actos (aunque algunos, como el hoy ex-presidente estadounidense, Bill Clinton, se salen con la suya de una u otra manera).  Pero sobre todo, esto pone en evidencia la obsesión de una sociedad contemporánea donde “todos quieren al ganador”, una sociedad dispuesta a seguir ídolos que dan la apariencia de ser los más decentes, los más exitosos, los grandes triunfadores en la vida… para que después resulte que esos ídolos tenían pies de barro, que eran seres humanos como ustedes y como yo, con sus virtudes y sus fallas, con sus fuerzas y sus debilidades.

Yo no sé, pero para mí que eso se parece a lo de “vivir de esperanzas y morir de desilusión”.

Por supuesto, yo espero—y aunque lo veo ahora como un ángel caído, no creo que se deba perder la esperanza—que al haber anunciado que se tomaría una licencia del golf por tiempo indefinido para tratar de reconstruir lo que su conducta destruyó, él aproveche sabiamente esa oportunidad que la vida le está dando.  Y déjenme decirles una cosa (aunque me imagino que ustedes ya la saben): eso NO es nada fácil.  Es algo que requiere mucha paciencia, dedicación, tolerancia, un deseo firme de reparar el daño hecho—a los demás y a sí mismo.  Sólo el tiempo dirá si el “tigre” aprendió su lección… o si se convertirá en estofado.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien (y eso último, con énfasis y todo, va también para Tiger Woods, ¿OK?).  Hasta la próxima.

LDB

Es cuestion del contexto

¡Saludos, mi gente!

Yo pensaba que para hoy no tendría nada interesante que comentar.  Sin embargo, no hice más que abrir mi copia del periódico ayer (sábado 20) para enterarme de una expresión que me dejó algo preocupado, sobre todo si lo que refleja es la mentalidad que rige las actuaciones de los altos mandos en el gobierno puertorriqueño—ya sea que el poder lo ejerza el PPD o el PNP (¡a mí me da igual, ambos son lo mismo!).

Continuaremos trabajando con ustedes y confiamos que el sector privado se tiene que sentir que es dueño de Puerto Rico y es dueño de este proceso, y que nosotros le respondemos a ustedes y que ustedes nos tienen que decir cuando lo hacemos mal para que nosotros sepamos cómo tenemos que mejorar….  En Puerto Rico, la mayoría debe de establecer en qué dirección es que Puerto Rico va a ir y la mayoría son ustedes, no son los que están tratando de prevenir que Puerto Rico pueda echar hacia adelante, que pueda cambiar, que pueda transformarse, que pueda crecer.

(Énfasis añadido por mí con toda intención, y ahora verán por qué.)

Resulta que estas expresiones las hizo el Hon. José Pérez Riera, Secretario de Desarrollo Económico y Comercio de Puerto Rico, al dirigirse el viernes 19 de junio de 2009 ante la convención anual que la Cámara de Comercio de Puerto Rico realizó en Fajardo—según citado por la agencia Associated Press en El Nuevo Día, Primera Hora y El Vocero.  Y lo primero que vino a mi mente fue algo así como “este señor no puede estar hablando en serio”.  Tal vez él habría cometido uno de esos reveladores deslices de la lengua.  Pero no, la noticia indicaba claramente—a menos que alguien venga a decirme que “lo citaron mal”, que “sacaron sus expresiones fuera de contexto”, “la prensa, siempre la prensa” (y poco faltaría para decir que los de la prensa son “los malos de la película”… aunque yo siempre insisto en que no todos los periodistas son hermanitas de la caridad, pero eso es otro tema)—que el señor Pérez Riera había dicho eso que se le atribuye.

Y ahí es cuando me pregunto si esto no le da validez a las recientes acciones gubernamentales, en las que “el resto de nosotros” parece llevar las de perder.  Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se está anulando un modelo de desarrollo comunitario que busca librar del “mantengo” y la dependencia económica a los menos privilegiados?  (Ah, y vean mi comentario—con fecha del 21 de junio de 2009—a la entrada Cuando tenga la tierra, sobre cómo los legisladores se salieron con la suya y aprobaron los dos proyectos que anulan de facto el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña.)  Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se estará aprobando legislación para una supuesta “reforma” del proceso de permisos para desarrollo,* que impone una carga tan onerosa sobre quienes protestan cuando un desarrollo representa una amenaza para su medio ambiente, así como para su bienestar individual y el de la comunidad?  Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

(* ¡Ah!  Y aprovecho aquí para criticar el que en este proceso se suele utilizar el término “permisología” para describir el trámite de los permisos para desarrollo.  Para empezar, en estos momentos no encontrarán esa palabra en el diccionario de la Real Academia Española, RAE—o por lo menos, en su versión en línea; si se llega a incluir en el futuro, ya eso es otra cosa.  Además de que el término supone un significado distinto al que se le da por ahí—que sería algo así como “el estudio científico de los permisos”, ya que “-logía” proviene del griego logos.  Pero sobre todo… ¡ése es un soberano disparate!  ¡Eso no pare más!)

Y entonces, ¿qué puede implicar una expresión como la que hizo este funcionario?  Que a quienes se debe el gobierno no es a sus ciudadanos, sino a quienes tienen el poder económico.  Que Puerto Rico no le pertenece a sus ciudadanos, a los que el gobierno está llamado a servir y proteger, sino a un grupo de intereses afluentes, a los que el gobierno le rinde pleitesía y cuyo bienestar está por encima del de quienes no tienen ese privilegio.  Que quienes tienen el poder económico son “los buenos”, mientras que los sectores pobres y marginados que defienden sus derechos son “los malos de la película”.  Es más, creo estar oyendo un eco de algo que comenté en mi entrada anterior…

Pueden sugerir lo que se les ocurra, cualquier cosa, y yo cumpliré con hacer el ejercicio de “escucharlos”, pero los míos son los que mandan aquí y ya la suerte está echada.

(Esta vez añadí el énfasis intencionalmente, a tono con la entrada de hoy.)

Lógicamente, una lindeza como ésta no podía quedarse sin recibir una reacción de quienes la escucharon, principalmente en ánimo de que se rectificara esa visión del sector privado como el “dueño” de Puerto Rico.  Algo a lo que ciertamente no ayudaron las expresiones del gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, quien no quiso entrar directamente en lo que dijo su subalterno y en lugar de eso prefirió darle una vuelta al tema:

Somos todos dueños de Puerto Rico.  Esto no excluye a unos y otros…  Todos somos dueños de Puerto Rico, los cuatro millones de puertorriqueños….

Creo que tenemos que ponerlo en el contexto correcto, que todos somos dueños de Puerto Rico, los cuatro millones de puertorriqueños.  Eso incluye al sector privado, que tiene el 80 por ciento de los empleos de Puerto Rico.

Hon. Luis G. Fortuño Bruset, Gobernador
(otra vez, énfasis añadido con toda intención)

¡O sea, que el funcionario no dijo lo que el resto de los meros mortales creyó que el dijo!  O si lo dijo, no se le entendió “correctamente”, no se pusieron sus palabras “en el contexto correcto”.  (¿Por culpa de la prensa?  ¿Por culpa del mensajero que sólo trae malas noticias y por eso hay que eliminarlo?)  ¡Ay, bendito!  Ténganle pena al pobrecito, es un incomprendido…

(Eso sí, no esperen a que el funcionario salga de súbito entonando el Incomprendido como lo hacía el recordado “Sonero Mayor”, Ismael Rivera… ¡sospecho que él no querrá bajar a ese nivel!)

(Es más, véanlo cantar Incomprendido… ¡al Rey Maelo, por supuesto! Vía YouTube.)

Pero así es como están las cosas últimamente.  En una suerte de negación de una realidad: Puerto Rico nos pertenece a todos y todas: ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y jóvenes y adultos y ancianos, familias tradicionales y familias “torcidas” (como el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, llamó a las familias que no siguen el molde tradicional, y ustedes saben a lo que me refiero), santos y pecadores por igual.  Y que todos y todas, en una u otra medida, ponemos de nuestra parte para enfrentar los retos de la vida, para echar el país hacia adelante.  Pero para algunas personas, sobre todo en las esferas del poder, eso no está “en el contexto correcto”…

Y en ese contexto, ¡vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB