No se acabó el mundo en el 2012—sólo se acabó el 2012

English: Mayan calendar created by a modern cr...
English: Mayan calendar created by a modern craftsman (Photo credit: Wikipedia)

(sol-sol-sol-sol-sol)

NotaSe equivocaron
Los mayas
Se equivocaban
Se equivocaban…Nota

(Entónese como si fueran las primeras estrofas de “Se equivocó la paloma” [1941], del poeta español Rafael Alberti [1902–1999], con música del compositor argentino Carlos Gustavino [1912–2000].)

¡Adió’!  ¿Todavía están por aquí?  Si es así, son somos más que afortunados de que el mundo no hubiera llegado a su final, como lo decía supuestamente la profecía de los Mayas, al llegar al final de su calendario de piedra (en fecha equivalente al 21 de diciembre de 2012).

(Aunque acá entre nos, mi sospecha es que los Mayas pudieron haber seguido construyendo su calendario… de no haber sido porque su suplidor ya se había ido a la quiebra y no encontraron otro que les supliera más piedra.  ¿Y solicitar ellos mismos un permiso de extracción de materiales de la corteza terrestre para eso?  ¡No, hombre, no!  Lengua fuera  ¡Pero allá Juana con sus pollos!)

Por supuesto, los Mayas no han sido los únicos que fallaron en vaticinar el fin del mundo—aunque afortunadamente para todos nosotros, no contaban con muchos de los adelantos tecnológicos que algunas personas mal utilizan hoy en día para tratar de crear influencia en torno a sus descabelladas ideas.  O dicho en “palabras finas”: manipular a todo un montón de incautos.  (Y no hay que ir muy lejos: exhibit 408, exhibit 728.)

Pero bueno, ya basta de ese desahogo.  Vamos a lo que vinimos hoy: a despedirnos del año 2012.  Un año que tal vez debería compartir el título de la entrada que escribí hace exactamente un año en este blog, por las cosas difíciles que ocurrieron y que lo caracterizaron.  Y si vamos a ver, el 2012 fue—para sorpresa de nadie—una copia del 2011.

La violencia siguió su paso avasallador, ensañándose contra quien se la encuentre, ya sea que se lo proponga o que no.  Violencia que como lo refleja el Inventario de Estadísticas: Delitos Tipo I, del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, hasta noviembre de 2012 (último mes para el cual las estadísticas estaban disponibles mientras escribo esto) tenía en su haber 871 asesinatos y muertes violentas (y aun si fueron un 17% menos que las 1050 de la misma fecha en 2011, no dejan de ser demasiadas), fácilmente cerca de llegar a las 1000 para cuando caiga el 2012.  Peor aún, nuestros niños y jóvenes siguen siendo las víctimas más frecuentes, desde quienes esperan con emoción las primeras luces del año (como en el trágico caso de la quinceañera Karla Michelle Negrón Vélez), hasta los más inocentes que no tienen culpa de la irresponsabilidad de quienes se supone que los cuiden (como la madre que hace unos días fue arrestada por sofocar a su bebé de poco tiempo de nacido y guardarlo en un congelador).  Pero no son solamente los niños: también están las mujeres que sufren las consecuencias de la violencia con las que las trata su pareja, mientras que el mismo Estado que juró un día proteger a sus ciudadanos “contra todo enemigo interno y externo” les falla.  Esa misma violencia que, gústele a quien le guste, se la debe llamar como lo que es: violencia de género.  No “doméstica”, no “pasional”.  VIOLENCIA DE GÉNERO.  Así de simple y sencillo.

Para colmo de males, no se salva nadie: ni los pobres a los que la sociedad ha relegado para que “se maten ellos mismos” (y ciertamente hay bastante culpa para compartir), ni figuras de mayor reconocimiento y de quienes menos se espera que sufran un desenlace violento, como el de Héctor “Macho” Camacho, o el de la Sra. Carmen Paredes, cuyo esposo (Carlos Casellas—hijo del juez del Tribunal de los EE.UU. en Puerto Rico, Salvador Casellas) es el principal sospechoso de su muerte).  Así que “no hay de otra”: seas rico o pobre, conocido o desconocido, doctorado magna cum laude o analfabeta, te llega la hora sin querer, sin que te des cuenta.  PUNTO.

(Y ni hablar de las matanzas ocurridas este año en los EE.UU., entre las cuales nos toca muy de cerca la de la Escuela Elemental de Sandy Hook en Newtown, CT, en la que a 12 niñas—una de ellas, de ascendencia boricua—y ocho varoncitos entre 6 y 7 años de edad y seis mujeres—una de ellas, la heroica maestra Victoria Soto, de 27 años, de padres oriundos de Bayamón—también les llegó su hora sin querer, sin que hubiese necesidad para ello.  Y todo en medio de una cultura que glorifica las armas de fuego, al punto de justificarlas casi como si fuese un derecho divino, un rasgo distintivo del “buen americano”.  Y es triste decirlo, pero ésa es la realidad, gústele a quien le guste.)

¿Y la Policía de Puerto Rico?  Digo, ya sea que esta pregunta se refiera a la agencia del orden público que no ha sido capaz de detener esa ola criminal, o a la que parece ser más efectiva como instrumento para adelantar agendas políticas—y que mientras escribo esto está tratando de zafarse de una demanda judicial presentada por el Departamento de Justicia de los EE.UU. por violaciones a los derechos civiles de los ciudadanos—, la respuesta es la misma: ¡bien, gracias!

Pero además, el 2012 fue un año en el que los políticos puertorriqueños hicieron galas de por qué no deben considerarse dignos representantes de lo que se concibió en la antigüedad grecorromana como un noble oficio.  Por ser un año de elecciones, se empeñaron en usar cuanto truco se les ocurrió para tratar de ganarse la confianza de un electorado que vivía en un mundo real—una realidad de la que estaban enajenados sus propios líderes.  Desde entrometerse en la vida personal e íntima de sus opositores para sacarlos de carrera, pasando por descarados intentos de burlar las leyes electorales mediante el voto de electores “mudados” expresamente para favorecer el candidato impulsado por un alcalde influyente, hasta la práctica—que much@s creíamos que era cosa del pasado (los 1920s, 30s, 40s, etc.)—de regalos a cambio de votos, y en el proceso, tratar de dar la impresión de que son mejores puertorriqueños que nadie—aunque ese mismo “nadie” se lo crea, especialmente cuando se dejan ver como son en realidad, llenos de odio y de prejuicios… ¡y hasta sacando el dedo para burlarse de todos nosotros!

(Y a éstos no sería a los únicos a quienes yo les tomaría con pinzas esa “puertorriqueñidad” que tratan de demostrar, pero ese ya es otro tema).

Y también fue el año en el que el impacto de esa realidad fue contundente en quienes quisieron hacerse a la idea de que la misma no existía.  Y esa realidad llevó al electorado a rechazar que se manipulara el constitucionalmente reconocido derecho de todo ciudadano—aún aquéllos que por lo demás no lo merecen, y ustedes saben de lo que eso se trata—a estar libre bajo fianza mientras se ventila su caso, y a que se manipulara la composición de la Asamblea Legislativa, sin que eso representara un juicio sobre la calidad de los legisladores.  Pero más allá de eso, llevó al electorado a derrotar las aspiraciones de reelección de quienes, más mal que bien, rigieron sus destinos por cuatro años.

Por supuesto, no será nada fácil para quienes serán los herederos trabajar para construir una mejor realidad—por lo que a mí me parece que el cambio en el estilo de hacer las cosas, expresado en las urnas puertorriqueñas, será más cosmético que otra cosa, pero bueno…

Aún así, miro lo que escribí tal día como hoy, hace exactamente un año, sobre lo que fue y lo que podría ser (editado y con énfasis añadido):

“(El 2011 fue un) año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia….  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

Eso fue lo que ocurrió.  Fue la dignidad y la esperanza lo que prevaleció en el año que está por dejarnos a la hora en que escribo esto, por encima de la mezquindad y de la intimidación.  Y son la dignidad y la esperanza las cualidades que guían a través de la más fuerte tormenta, que nos ayudan a caminar por la más oscura de las noches.  Y a riesgo de sonar “como disco rallado” (que por cierto, eso era lo que decíamos antes sobre los discos de pasta de acetato, aunque también resulta que los discos compactos y algunos DVD también se rallan… pero ya eso es otro tema), son la dignidad y la esperanza lo que nos ayudará a vivir nuestra vida, en el Año Nuevo 2013 y siempre.

¡Y vamos a dejar el 2012 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—en el 2013 y siempre.

Fiesta ¡NOS VEMOS EN EL 2013! Fiesta

LDB

Y la orquesta sigue tocando

Category:Sinking of the RMS Titanic
Category:Sinking of the RMS Titanic (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

La verdad es que cuanto más avanzan los acontecimientos, más me doy cuenta de que tengo la razón.  El sistema de partidos políticos en Puerto Rico está—por decir algo benévolo—dañado desde hace mucho tiempo.

Ha pasado poco más de un mes desde que se llevaron a cabo las primarias de los dos partidos políticos principales de Puerto Rico—el PPD y el PNP—, más la primaria premio-de-consolación del “Grand Old Party” estadounidense (los Republicanos, los rojos, los del elefante, por si alguien quiere más señas), y desde entonces han salido a relucir las triquiñuelas (por llamarlas de algún modo) que ambos partidos han estado usando por décadas para asegurarse su agarre al poder, triquiñuelas que ambos bandos se reparten a partes iguales.  Desde añadir papeletas de votación que favorezcan al candidato más desventajado—para que parezca como si hubiera ocurrido un “milagro”, de esos de los que se agarran algunos reaccionarios conservadores como si se agarraran de un clavo para no caer al vacío—hasta funcionarios electorales que firman por electores que por lo demás no pueden hacer oír su voz… porque después de todo, una vez mueres no hay quien pueda escucharte.

Y unos y otros echándose culpas mutuamente, los unos queriendo demostrar que los otros son unos corruptos (¿los otros más corruptos que los unos?).

Y mientras unos y otros se sacan mutuamente sus trapitos al sol (como que es algo de lo que viven, que les da su razón de existir), queda en tela de juicio todo un proceso electoral.  Sobre todo, ese proceso queda en tela de juicio en el peor momento posible, cuando los puertorriqueños nos encaminamos a ver a cuáles de los candidatos “favorecidos” en esa primaria ocupará su parcela de poder desde enero del año que viene—digo, a menos que los antiguos Mayas tengan razón y el mundo “se acabe” antes de que eso ocurra (y aun si eso fuera así… tengan la certeza de que este blog seguirá aquí, como y donde siempre Guiño ).

(Ah, y olvídense de la parte de esa primaria que corresponde al GOP, ya que como dice una compañera de mi trabajo, “¡nada que ver!”)

Francamente, me asusta pensar cómo será el proceso de las elecciones generales del 6 de noviembre de 2012, si va a estar plagado de listas electorales “infladas” con más nombres que la cantidad de personas inscritas, o con pedidos de una parte de que le permitan ver las listas electorales del bando opositor (algo que por lo demás se supone que no ocurra, ya que son documentos confidenciales por su naturaleza), o con maletines con material de un colegio electoral “arrestados” bajo sospecha de que su contenido ha sido intervenido—más bien, que se ha truqueado con el mismo.

(Aparte: aun cuando se pueda entender que no es incorrecto aplicar un término referente a una acción penal a un objeto inanimado como lo es un maletín, me da un poco de gracia esto de los maletines “arrestados”.  A mí lo primero que me viene a la mente es uno de esos maletines al que llevan esposado, como si fuera sospechoso de delito, pasando por el circo montado por los medios que quieren preguntarle si cometió el delito que se le imputa y él haciendo gestos de malandrín y expresándose más o menos así: “Yo soy inocente, ‘miss’, yo soy inocente, eso fue el guardia ca… ése que la tiene conmigo, ¿vihte?”…)

A mí, lo que me dice todo esto es que la razón principal para el desbarajuste de la política actual en Puerto Rico no está en los candidatos que se eligen en las primarias—que es donde se supone que el elector pueda separar la paja del grano, a pesar de lo que se ha visto en primarias de otros años—, sino en las propias organizaciones políticas por las que son elegidos, específicamente los partidos políticos.  En el actual proceso, ha sido fácil ver cómo los partidos políticos principales recurren a cuanto truco existe para mantenerse en control, para imponer candidatos que no necesariamente serán idóneos para los puestos a los que aspiran, para imponer una voluntad que no necesariamente es la de los ciudadanos.

Y le guste o no a la partidocracia establecida o formal y a quienes la justifican, esos ciudadanos son los mismos que miran con pánico cómo se deteriora la seguridad pública, cómo su salud mental empieza a decaer peligrosamente ante una realidad que los abruma, cómo su sustento peligra ante los altos costos de la energía eléctrica y la gasolina, y por consiguiente todo lo que depende de ambas para mover los bienes y servicios que ayuden a ese sustento.  Y no sólo con pánico: también con desconfianza.

Y es a esa misma ciudadanía a la que los partidos políticos deben anteponer como es merecido, a la que hay que darle la prioridad, en lugar de enfocar su tiempo y sus energías en prevalecer por medios deshonestos en una contienda electoral.

Dicen que mientras el “insumergible” crucero RMS Titanic se hundía en los mares del norte, la trágica noche de un 15 de abril de 1912 (¡quién diría que de ese trágico evento se acaban de cumplir 100 años!), la orquesta que amenizaba el viaje seguía tocando como si nada.  A veces me da la impresión de que en Puerto Rico sucede lo mismo: un país fuertemente impactado, cuyos habitantes observan con cierto grado de impotencia cómo se hunde, mientras que la orquesta formada por su “claje” política insiste en seguir amenizando una fiesta fatídica, como si nada.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Fuenteovejuna en Sirte

Title page of a comedy by Spanish playwright L...
Title page of a comedy by Spanish playwright Lope de Vega - Image via Wikipedia

¡Adió’ cará’!  ¿Que ustedes todavía están aquí, leyendo esto?  Para mí esto demuestra una de dos cosas: que ustedes son tan fieles seguidores de este blog, lo que me da el honor—más bien, el privilegio—de llamarlos “amigas y amigos, mi gente”… o que el Ing. Harold Camping, o sea, el viejo loco ése que se la pasa proclamando “el fin del mundo” cuando él lo dice

(Redoble de tambores, ¿por favor?)

¡falló otra vez (y seguirá fallando)!  ¡A ver con qué excusa sale ahora!  Es más, permítanme hacer una predicción aquí (digo, para eso y mucho más éste es mi blog):

ESE SEÑOR MORIRÁ DE VIEJO Y/O DE LOCO UN DÍA DE ÉSTOS.

Y aunque tenga tanta probabilidad de que ocurra una cosa como la otra—o sea, que él muera de viejo y loco o que sólo muera de viejo—, ésa sí que es una predicción que no debe fallar.

OK, ya nos quitamos de encima a ese desquiciado, así que vamos a lo que vinimos hoy.

Lo primero que pensé mientras revisaba mi cronolínea de Twitter después del mediodía (en hora de San Juan) del jueves pasado fue algo así como, “Esto debe ser una broma, ¿verdad?”  Ya para entonces, los medios principales estaban dando cuenta de que las fuerzas rebeldes en Libia habían ubicado al depuesto dictador, el Col. Muammar Abu Minyar al-Qadhafi,* y lo habían capturado.  Digo, de ser eso cierto—y acuérdense, eso era lo que yo pensaba en ese momento—, significaba que él habría cometido algún error táctico que lo hubiera dejado al descubierto, que le hubiera dado un exceso de confianza en que podía salir del lío en el que estaba metido.

Lo que no me esperaba fue lo que observé un par de minutos después en mi cronolínea (y si se preguntan, es que estoy traduciendo literalmente la palabra “timeline”), cuando los servicios de noticias que sigo en Twitter informaban que Qadhafi había sido muerto por los mismos rebeldes que lo capturaron.  “Bueno, pero y… ¿qué es esto?  ¿Será que el individuo se resistió a que lo capturaran y por eso lo mataron?”  Digo, eso sonaría más parecido al dictador desafiante, egocéntrico y excéntrico (al punto de mandarse a hacer una pistola en oro—mostrada gustosamente al mundo por alguno de sus captores-ejecutores luego de consumarse el hecho), al hombre que por 42 años rigió con mano de hierro los destinos de su país, el que los países de Occidente le atribuyen auspiciar y fomentar actos de violencia contra otros seres humanos—como albergar a los dos nacionales de su país que mataron a 270 personas (11 de éstas, en tierra) cuando derribaron un avión de pasajeros sobre una villa escocesa en diciembre de 1988 (vía Wikipedia: en español, en inglés).  O por lo menos, yo no lo vería de otra manera.

Y según se iban confirmando los primeros datos, surgió que pudo haber habido otra manera… aunque mientras escribo esto, eso es algo que no se sabe con certeza—y quién sabe si nunca se sabrá cuál fue esa manera.  Pero las imágenes no podían ser equívocas: un coronel Qadhafi ensangrentado y golpeado, arrastrado por la calle por sus captores, en actitud desafiante, como si aún tuviera la facultad de intimidarlos para que lo dejaran ir, so pena de una fuerte y dolorosa represalia… sólo para aparecer hecho cadáver pocos segundos después, sin que hubiera alguna constancia de cómo llegó al final de sus días.  Sólo el cadáver ensangrentado en el piso, en medio de la turba.  Sólo lo que parece ser un agujero de bala en la sien izquierda, de esos que se ven pequeños de entrada, pero dejan un gran destrozo a la salida.

Francamente, eso es para que ustedes y yo nos preguntemos: ¿era eso realmente necesario?  ¿Acaso cuesta mucho apresarlo y llevarlo donde las nuevas autoridades libias (aun si éstas no están muy bien constituidas que digamos) para someterlo a juicio, y que sean esas mismas autoridades las que decidan su destino?  Digo, algo así fue lo que se hizo con Saddam Hussein en Iraq—con quien, por cierto, Qadhafi comparte ahora la dudosa distinción de haber sido capturado mientras se escondía en la tierra: el dictador iraquí, en un agujero; el dictador libio, en una tubería de drenaje pluvial.  Pero tengo que insistir de nuevo: ¿qué les costaba a los rebeldes enjuiciarlo, exponer a su pueblo y al mundo las atrocidades, los lujos, las excentricidades, las componendas, todo, todo, TODO?  ¿Tanta prisa tenían ellos por “hacerle un favor” a los libios, y por extensión, al resto de la humanidad?

Y aún así, no sería la primera vez en la Historia de la humanidad que ocurre algo así, especialmente cuando no se sabe exactamente quién hizo el disparo fatal:

“JUEZ: ¿Quién mató al Comendador?

“PASCUALA: Fuenteovejuna, señor.”

(Tomado de: Fuenteovejuna, por Félix Lope de Vega y Carpio [1562–1635].)

Tal vez, Libia se convirtió en la nueva Fuenteovejuna y los libios son ahora los villanos (en el sentido antiguo de la palabra, no en el de “los malos de la película”, mind you) que se tomaron la justicia en sus manos.

¿Qué me dice a mí todo esto?  Tal vez que llegan momentos en la vida de los pueblos, cuando éstos se cansan de los abusos repetidos de quienes ostentan el poder.  Tal vez que quienes abusan de ese poder, quienes violan la confianza que se les ha dado, se exponen a que el descontento estalle, como un envase cerrado al que le aumentan la presión y revienta—al no tener por dónde liberar esa presión.  Y cuando ese estallido se produce… hay que tenerle mucho cuidado.  Y si no lo creen, fíjense en Irak, en Egipto, o hasta en Haití.

Y eso es algo a lo que yo creo que algunos dictadores en funciones o en ciernes deben prestarle mucha atención, porque en ello se les puede ir la vida.  Total, que de nada les servirán los lujos, los placeres, y hasta las excentricidades—como la pistola de oro del dictador libio (que de “gran cosa” le sirvió).  Ahí no habrá salvación posible, no podrán evitar atenerse a las consecuencias.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ah, y nos vemos en la próxima entrada, que será oficialmente la número 400.  ¡Como pasa el tiempo!


P.S. Aunque se podría “castellanizar” un el apellido de este señor como “Gadafi”, voy a optar por no hacerlo en esta ocasión.


LDB

El tiburón vuelve a sacar los dientes

Gulper shark
Image via Wikipedia

¡Adi’ó!  ¿Todavía están ustedes ahí, amigas y amigos, mi gente?

Digo, con todo lo que un charlatán—porque no hay mejor forma de describirlo que ésa—anduvo alarmando a media humanidad, de que el mundo diz que se iba a acabar ayer (21 de mayo de 2011), era como para pensar que ninguno de nosotros iba a salir con vida de la inminente catástrofe que se decía que nos venía pa’ encima.  Pero no, ni se estremeció la tierra violentamente, ni se produjo la esperada secuela de muerte y destrucción, ni ocurrió el “rapto” de los 144000—aquéllos a los que se refiere el libro del Apocalipsis (capítulo 14, versos del 1 al 5) como los que “fueron salvados de entre los de la tierra”, los que “no se contaminaron con mujeres, pues no tuvieron relaciones con ellas” (y entonces… ¿nacieron “de una mata de plátano”, como lo hubiera dicho mi madre, QEPD?), a los que “no se encontró ninguna mentira en sus labios, pues son intachables”.  Total, el de ayer fue un día como muchos otros, en el que cada quién estaba en lo suyo, viviendo su vida.

Es más, eso me trae a la mente un comentario que me hizo reír cuando lo vi en mi línea de “tweets”, desde la cuenta de la linda y talentosa actriz estadounidense, Olivia Wilde (la doctora “Thirteen” de House M.D.):

“Glad the rapture didn’t happen since I just got waxed.”

(Yo no sé de ustedes, pero de momento, como que está haciendo un calooooor… Guiño )

Pero bueno, dejemos que los miles de tont@s que siguieron a esa clase de líder busquen dónde esconderse, luego de la soberana vergüenza que han pasado por seguir a un desquiciado, a un líder ciego, de esos que pretenden guiar a los incautos hasta “la tierra prometida”, diciéndoles cualquier tontería y, en el proceso, apoderándose de su voluntad y de su capacidad para discernir lo que es razonable y justo.  (Y de esa clase de líder ciego, los hay por ahí “a dos por un peso”.)

Ahora bien, si de líderes ciegos se trata, los hay que están tan cegados por el poder que se les ha conferido, que creen que nadie les puede reprochar sus faltas y que están por encima de toda sospecha.  Y a quien se atreva a llevarle la contraria, que se cuide, porque se convertirá en su mayor pesadilla.

Ese último fue el caso, cuando una investigación periodística sacó a relucir la contratación por la Oficina de Servicios Legislativos, como asesor legal del senador Carmelo J. Ríos Santiago (PNP-Bayamón)—quien no sabía nada de la contratación—, de un individuo cuyos antecedentes incluyen haberse declarado culpable de no haber informado sobre la cantidad de dinero incautado durante una acción policial federal.  Y ese asesor senatorial, pago a US$7000 mensuales, resulta ser un amigo bastante cercano del hoy ex-senador Héctor Martínez, el mismo que tenía (como ya hemos visto que otros como él han tenido) la juntilla aquélla con el presunto narcotraficante y empresario de reggaetón, conocido por el apodo de “Coquito”.  Y este ex-senador es el mismo del que el presidente del alto cuerpo legislativo, Thomás Rivera Schatz, ha asumido una defensa tan férrea que hasta luce sospechosa.

La cosa es que luego de divulgarse la información sobre la sospechosa contratación del individuo en cuestión, de nombre Richard Roark Annunziato, la prensa quiso obtener una reacción del presidente senatorial sobre ese asunto.  ¿Y saben qué fue lo que hizo el presidente senatorial?  La emprendió contra el periodista que divulgó la información, Israel Rodríguez Sánchez (de El Nuevo Día), a quién acusó de impulsar la agenda de los homosexuales, o sea, de promover la agenda de aquéllos a quienes Rivera Schatz llamó en alguna ocasión “torcidos” y “desviados”.  Como si con eso él quisiera tratar de matar al mensajero porque lo que trajo fueron noticias “malas”.  Pero como vimos en otra ocasión, ya eso es parte de su forma de ser.  (Eso, y el exhibicionismo público.)

Y a todo esto, ¿qué vela llevan los homosexuales en este entierro?  ¿Será que él también es de los que cree en la (a mi juicio) absurda teoría de la “conspiración homosexual” para “destruir” la “familia tradicional”, para “corromper” las “buenas costumbres”, para apoderarse del mundo… o tal vez para complacer a desquiciados que en contradicción con uno de los postulados de la misma fe religiosa que dicen profesar, anuncian un “fin del mundo” que como quiera no se dará en nuestra existencia?  Tal vez a una persona como ésta le haría muchísimo bien someterse al reto que hice en una entrada de hace dos años, digo, si es que tiene la valentía para ello… ¡pero ya eso sería pedir demasiado!

Pero lo peor de todo es lo que la actitud mostrada por ese seudolíder dice sin tener que expresarlo en palabras.  Y eso es algo que no puede pasar por inadvertido para nadie.

“Con su feroz reacción a algunas sencillas preguntas sobre el ‘affaire’ Richard Roark, Rivera Schatz dejó también ver un inaudito nerviosismo.  Es como si se le hubiera tocado una fibra secreta y sensible, como si hubiera en la contratación de esta persona algo harto más feo de lo que se conoce hasta ahora y alguien tuviera mucho miedo de que se sepa.”

‘El sueño de Tomás’, por Benjamín Torres Gotay (El Nuevo Día, San Juan, P.R., 22 de mayo de 2011)

Y cuando alguien se ve en medio de una situación así, debe tener mucha cautela, porque mientras más habla, más se compromete.  Y la posición en la que se ve el líder senatorial, es demasiado delicada para comprometerla de una manera que da lugar a sospechas.

Alguna vez, gente como él se tendrá que dar cuenta de que esa clase de compromiso tiene su precio, tiene sus consecuencias.  Y cuando él se dé cuenta de ello, tal vez sea muy tarde.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB