Con el agua hasta más arriba del cuello

English: This graphic describes the sea-level ...
English: This graphic describes the sea-level rise. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: Acaba de llamar mi atención un artículo en el Daily Mail de Londres, en el que se reseña una serie de imágenes modificadas por el artista Nickolay Lamm, de Pittsburg, PA.  Dichas imágenes ilustran la manera en la que quedarían varias de las principales atracciones turísticas en la costa este de los Estados Unidos, si se cumplieran las predicciones de los científicos sobre el calentamiento global.  La verdad es que mete miedo pensar que algo así ocurra en un futuro que quizás no veremos, pero las generaciones futuras tal vez lo vean.

‘Waterworld: How America’s cities will look in five centuries if sea level rises predicted by scientists prove correct’, Daily Mail, 10 de abril de 2013.

Y antes que nos quedemos con el agua al cuello… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Si el lo hubiera hecho…

A simple camera SVG
Image via Wikipedia

¡Qué es esto, Dios mío!  Francamente, es algo que deja mucho que desear.  Todavía mientras empiezo a escribir esta entrada no lo puedo creer.  No puedo creer que alguien en quien se depositó (yo creo que indebidamente) una confianza haya traicionado a quienes le hicieron ese favor.  Si es el caso de que aquél en quien se depositó esa confianza fue el primero en traicionarla (algo que conozco muy bien, de primera mano, pero ya eso es otro tema).  Y más aún, si resultara ser quien por fuera mostraba señas de ser de esos seres moralmente “rectos”, que se esconden detrás de una fachada de santidad que esconde un feo rostro de odio e intolerancia.

Pero esa es la manera en la que se hizo la historia a finales de esta semana, cuando salieron a la luz las supuestas fotos tomadas por un hombre en varias poses “sugestivas”—algunas de ellas con camisa, otras sin camisa, y una sin ninguna ropa, en la posición comúnmente llamada “en cuatro”… y ésa es la única descripción que voy a dar al respecto—, supuestamente enviadas a un sitio ‘web’ dedicado a concretar encuentros entre personas del mismo sexo.  Como es de esperarse de un tiempo a esta parte, la revelación se hizo en aquél programa de televisión local que yo describí así en una ocasión anterior:

“… si me preguntan, es una flojísima copia del tipo de programa que pulula últimamente en la televisión latinoamericana y en la televisión hispana de los Estados Unidos, de paneles en los que se ‘comentan’ temas de farándula y figuras públicas (y que ‘por mera casualidad’, se emite en Puerto Rico a la misma hora del programa de ‘comentarios’ de farándula conducido por una conocida muñeca de trapo…”

(Digo, no hace falta que dé el santo y la seña, ¿o sí?  OK, fue el mismo programa de TV que divulgó después que uno de nuestros “distinguidos” legisladores había resultado positivo a una prueba de drogas… ¿de veras quieren que siga, o podemos volver al tema de esta entrada?  Gracias.)

Ello no hubiera tenido mayores consecuencias, si no fuera porque en el proceso de sumar 2 y 2, en función de indicios tales como la forma de la cabeza y un collar con un diseño en particular, el “4” de la ecuación resultó ser el senador Roberto Arango (PNP) (sí, del mismo partido de donde vino el legislador que resultó positivo en la prueba de dopaje…).  Y para colmo, el susodicho “honorable” no quiso en principio confirmar ni negar que él se hubiera tomado las fotos.  Incluso, él alegó “no recordar” si se tomó alguna de esas fotos o no (particularmente, la foto cuyo sujeto parece imitar a un caballo visto por detrás)—defensa que no me parece ni muy inteligente ni muy sabia.

Pero más allá de todo lo que se haya comentado sobre el caso—desde la hipocresía del “respetable” senador (suponiendo que sea él el de las fotos), en cuanto a mostrar en público una posición conservadora, moralista, “en defensa de la familia tradicional” (me pregunto si él estará claro en cuanto a lo que todo eso significa), mientras que en privado asoma un rostro diferente, hasta la hipocresía de la misma sociedad que permite que esta clase de persona llegue a los ámbitos del poder, que le deposita una confianza que no se merece—, a mí me preocupa mucho que esto sea una muestra de la podredumbre moral que impera en nuestra política actual.  Cuando un movimiento político es poblado por personas que quieren parecer rectos en público, que quieren ser “más papistas que el Papa”, pero son un antro de putrefacción en privado, eso es algo que debe preocuparnos a tod@s.  Y debe preocuparnos, en la medida en que llevan a perder la confianza en las personas que nos representan, así como en las instituciones llamadas a resolver los problemas del país.

Puede ser que, a menos que él no lo acabe de decir (y eso estaba en veremos al momento de yo escribir esto), no se sepa finalmente si las fotos de la discordia son las del senador Arango.  Pero de una cosa estoy seguro: Si resulta que él no es la clase de persona que puede mantener la dignidad de un puesto electivo como aquél para el que se le eligió, y si resulta que él cree que puede engañar a media humanidad pasando por algo que no es… bueno, lo menos que hace es engañarse a sí mismo.  Pero aun eso trae consecuencias, algo que él debería tener en cuenta de aquí en adelante.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN PARA EL RÉCORD (29 de agosto de 2011 @ 22:25 UTC -04:00): Bueno, no quiero que vayan a pensar que se me escapó ésa, pero ocurre que cuando activé anoche la función de “PUBLICAR” de mi Windows Live Writer y envié la entrada al blog, ya el senador Arango había presentado la renuncia a su escaño senatorial.  De hecho, me di cuenta de ello cuando entré a mi panel administrativo en WordPress.com para actualizar la entrada con la foto del senador Arango, al incluir el enlace a la nota del Huffington Post que ven abajo en “Related articles“.  Aún así, fue bueno que él renunciara a su escaño, por su propio bien, por el de su familia (que lamentablemente, quiera o no, también tendrá que cargar con las consecuencias) y por la diginidad del cargo electivo que ocupaba al momento.  Una pena, pero así parece ser el comienzo del fin de los que tratan de engañar a los demás, cuando sólo se están engañando a sí mismos.  Pero así son las cosas.  Y ojalá que él aprenda de esta ruda lección de la vida.


LDB

Fue un momento de locura

¡Saludos, mi gente!

Para cuando estén leyendo esto, los ríos de tinta (y también de unos y ceros—después de todo, ésta es la era digital, ¿no?) habrán corrido en lo que se refiere al escándalo surgido desde que el jueves pasado se divulgó la existencia de una serie de 1179 fotos de médicos boricuas que fueron en misión humanitaria a socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití y dieron la impresión de no conducirse como profesionales.  Fotos que a muchos nos hicieron recordar las que varios de los soldados estadounidenses se hicieron tomar en la nefasta cárcel de Abu Grahib , con el fin de mostrar “quién es el que manda” en Irak.  (Y en ese caso, sigo pensando que por mayor que sea nuestra ira contra los confinados de esa cárcel—y hasta los que están todavía en la base de Bahía Guantánamo en Cuba—por ayudar a poner al mundo en el estado de inseguridad que se vive hoy en día, nada… NADA nos da el derecho a humillar a ningún ser humano.  Nos guste o no, así no es que se supone que sean las reglas de juego, sobre todo en el tenso ambiente de nuestros días.)

(Por supuesto, la mención de Abu Grahib me trae a la mente el libro del Dr. Phil Zimbardo que llevo leyendo desde que escribí Cuando la hormiga se quiere perder—y que todavía no encuentro el tiempo para seguirlo leyendo, pero no se apuren, ya aparecerá ese tiempo…)

Fotos que uno de los miembros del equipo médico enviado por el Senado de Puerto Rico tras el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití colocó en su página en Facebook, sin pensar ni medir en el momento las consecuencias que hoy en día le están trayendo.  (Consecuencias que al día en el que escribo, él apenas está empezando a ponderar… ¡pero ya es muy tarde para eso!)

Fotos que salen a la luz al pública al ser encontradas por la periodista de MegaTV, Dianne Cabán Arce, aunque haya quien pueda poner en tela de juicio los motivos para su divulgación.  ¿Será porque la periodista en cuestión tuvo el “atrevimiento” de modelar en bikini para el desaparecido programa de TV, “No te Duermas” (aunque habría que ver el efecto que ello ha tenido en su credibilidad como periodista desde entonces)?  ¿Será porque ella aparentemente estuvo envuelta románticamente con uno de los médicos que estuvo en la delegación y que sale en las fotos?  ¿Será éste otro ejemplo de la furia de la mujer despechada?*

(Y para colmo de males, parece que ella “pisó algunos callos” con la divulgación de las fotos, en tanto algunos de los implicados han estado haciendo amenazas en su contra, las cuales se ha pedido que se investiguen lo antes posible.  Pero así es la vida…)

Fotos que pintan un cuadro de insensibilidad ante el dolor ajeno, que pintan a unos médicos que parece que no tomaron en serio la labor humanitaria a la que fueron, que aparecen retratados en la vestimenta propia de su oficio mientras sostienen en sus manos vasos de bebidas alcohólicas, que se sonríen mientras sujetan una extremidad de un paciente en una mano y en la otra una segueta—con la que se presume que habrán de amputar la extremidad afectada—, que se lucen sujetando rifles, fusiles, carabinas, como para “demostrar” quién es el matón del corillo—y peor aún, con la presunta complacencia y complicidad de soldados a los que no parece importarle su deber con la misma institución que les brinda ese mismo uniforme.  (Y aunque yo tampoco estoy muy de acuerdo que digamos con la existencia de la guerra en este mundo nuestro, aun la institución que la promueve merece que quienes la integran le tengan la debida deferencia… pero ésa es sólo mi opinión.)

(Por no hablar de aquellas fotos en las que se retrata a los pacientes en situaciones poco dignas, como la paciente a la que sólo han dejado en la blusa con la que fue llevada a atender, más una gasa para cubrir sus partes íntimas… ¡y que a nadie se le ocurra hacer algo así en Puerto Rico o Estados Unidos con estas leyes de privacidad que existen actualmente!)

Por supuesto, si a mí me dicen que estas fotos responden a que los médicos en cuestión estaban buscando descargar las tensiones propias de tener que lidiar con la miseria, el sufrimiento y el dolor de los haitianos afectados por un fenómeno natural que casi los deja sin país—algo que por su parte debe alertarnos a nosotros y a los dominicanos para que no nos ocurra lo mismo—, tal vez yo lo podría entender.  Lo malo es que esas fotos han dejado un mal sabor, una mala impresión que ha dado la vuelta al mundo (y si aún no lo creen, hagan una búsqueda en Google con los términos, “Médicos+Puerto+Rico+Haiti”, a ver lo que resulta), que pone a estos médicos a la altura de los soldados burlones de Abu Grahib, en tanto crea la impresión de que estos médicos fueron a hacerles un favor a los haitianos, sin un compromiso real de mitigar su sufrimiento, sin el más mínimo asomo de compasión por las víctimas de esta catástrofe de la naturaleza.

A menos que me vengan a decir algo así como, “Oops!  Lo siento mucho, todo fue un momento de locura…”

Definitivamente, jamás yo me iba a imaginar que la falta de un buen sentido de responsabilidad—individual y colectiva—trajera las consecuencias que nos ha traído esta desagradable situación.  Pero ahí están esas consecuencias, y yo espero que esto nos sirva como un momento de aprendizaje, tanto a quienes lucen la insignia de la irresponsabilidad, como a nosotros, los espectadores de este bochornoso espectáculo.

Y ya, eso era.  Vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


* Por si se me olvida decirles a qué me refiero…

“Heaven has no rage like love to hatred turned
Nor hell a fury like a woman scorned.”

"The Mourning Bride" (1697), por William Congreve (poeta y dramaturgo inglés, 1670–1729).  (FUENTE:  The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition.  Edited by E.D. Hirsch, Jr., Joseph F. Kett, and James Trefil.  © 2002 Houghton Mifflin Company.  Published by Houghton Mifflin Company.  All rights reserved.)

O sea: “No hay ira en el cielo como la del amor que se volvió odio, ni furia en el infierno como la de una mujer despechada.”


LDB