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¿Y los niños? ¡Que la sigan pagando!

Children in a company housing settlement, Puer...
Children in a company housing settlement, Puerto Rico. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

Si me han podido acompañar hasta aquí en los prácticamente 10 años que llevo haciendo este blog, sabrán que un tema del que se me hace muy penoso plasmar algo es el de la violencia cuando ésta se vuelve en contra de los niños.  A mí, que no tengo hijos—más por mi propia elección que por otra cosa… aunque tal vez alguna o alguno de ustedes (y hasta yo mismo, ¿por qué no decirlo?) me diga que ésa fue una muy mala elección, pero ya eso es tema para otro día—, me resulta muy fuerte ver cómo un niño o una niña sufre las consecuencias, a veces mortales, de la conducta, muchas veces irresponsable, de los adultos que están a su lado.  Desde el descuido en la casa que resulta en un infante ahogado en una cubeta de agua, pasando por la irresponsabilidad del padre o madre que olvida (¡¿?!) a su niñito o niñita en el asiento trasero del carro y se va a su trabajo (olvidando sobre todo aquello que se dice de que “la prisa es mala consejera”), hasta la cobardía de quien queriendo salvar su pellejo se escuda detrás de un niño o niña inocente para que las balas asesinas no lo toquen.

Aun escribiendo el párrafo anterior me da un sentimiento de frustración, y hasta una sensación de que esas víctimas inocentes preguntan amargamente, “¿y qué te hice yo para que me causaras este daño?

La semana que acaba de transcurrir, la última de agosto de 2013, nos trajo otro recordatorio de que los niños siguen sufriendo a manos de irresponsables.  Un niño fue hallado gravemente herido dentro del cilindro de una lavadora abandonado en un vertedero de Rincón (costa noroeste de Puerto Rico, para beneficio de los lectores y lectoras en el resto de la América hispana).  La madre del niño, indocumentada de aparente procedencia mexicana (y aclaro que el dato no lo incluyo con intención de juzgar a esta persona), alega ser víctima de maltrato y aislamiento por parte de su pareja, un individuo con aparentes rasgos maltratantes y que la intimidaba alegando que era, diz que “agente federal” (del Servicio Federal de Control de Inmigración y Aduanas, ICE).  Sin embargo, ambos están detenidos (hasta donde yo supiese al momento de escribir esto).  Y el niño está dando pasos más o menos ciertos hacia su recuperación de las heridas físicas que se le infligieron.

Y recalco que ésas son las heridas físicas.  Si logra sobreponerse a ellas… habrá que ver cómo se podrá sobreponer a las heridas mentales y emocionales.  Y esas otras son más difíciles de superar.

Pero aún así, parte de la frustración que ya mencioné está en que se me hace difícil entender qué lleva a un adulto—que no siempre y no necesariamente es el padre o la madre—a dañar la vida de un niño o una niña.  Será que a muchos de estos adultos les importa poco lo que suceda con estos niños y niñas, y los usan como piezas de una ocasionalmente macabro ajedrez.  (Y mientras escribo, se me antoja pensar que en ello no se diferencian gran cosa de los padres que en medio de un proceso de divorcio “usan” a lo niños habidos en el matrimonio como “fichas” de tranque, como las del dominó, tal vez porque sólo les importa satisfacer su ego o sus intereses, o ambos.)  Total, es más fácil sacrificar al peón que al rey.

(Y si de peones sacrificados se trata, sólo basta con mirar las imágenes de la insurrección civil en Siria y su siniestro resultado: 426 niños muertos a causa de un ataque con gases letales contra civiles hace un par de semanas.  Y ninguna de las partes en conflicto—gobierno e insurrectos—quiere hacerse parte responsable; el responsable siempre es “el otro bando”.  ¿Y los niños y adultos civiles?  “¡Bien, gracias!”)

Pero en otra instancia, será que muchos adultos no están verdaderamente preparados para ser padres.  (Y tal vez ese mismo es mi caso, tal vez yo nunca estaré preparado para tener esa satisfacción en mi vida… pero así es la vida y así son las cosas.)  Será que muchos adultos, hombres y mujeres, sienten que no pueden cargar con la responsabilidad de criar un hijo o una hija, porque eso “les daña” el estilo de su vida (como el que llevaban, por ejemplo, cuando estaban en su soltería).  Será que para muchos de estos hombres y mujeres adultos, haber traído hijos al mundo haya sido como una maldición, como un “castigo” que les da la vida… ¿tal vez por existir?

(Es más, voy a detenerme de momento para contar una experiencia muy lamentable que presencié una vez de camino a mi trabajo, en la primera mitad de la década del cero, cuando mi oficina estaba en el edificio cercano al Capitolio.  A varios hectómetros de llegar al edificio, observé que iba por la acera—”banqueta”, que la llaman en otros países hispanoparlantes—una señora, tal vez en sus 20s tempranos, tal vez de una de las barriadas pobres de Puerta de Tierra o de la barriada La Perla.  Esta señora llevaba a su niño casi arrastrado.  El niño lloraba por alguna razón.  Pero la señora, en lo que me pareció un reflejo de ira y frustración seguía arrastrando a su niño, mientras lo regañaba y le decía palabras de las que prefiero ni acordarme ni transcribir aquí.  Y el niño seguía llorando a moco tendido.  Y en ese trance madre e hijo siguieron su camino.  Créanme, ese día me sentí sumamente frustrado y triste por lo que vi.  Y aunque hoy las caras de la madre y del niño son sólo siluetas borrosas, el dolor de pensar en ese incidente sigue siendo el mismo.)

Tal vez esto sea mucho pensar para quienes tienen en sus manos la responsabilidad de prevenir situaciones como la ocurrida la semana que recién nos deja.  Como están las cosas, tal vez sea mucho pedir que se dé mayor atención a las bases que apoyan la conducta de ciertos adultos en contra de los niños.  Digo, quienes se dedican a atender situaciones de familia hacen lo que pueden, aun teniendo que lidiar con una gerencia que está más comprometida con mostrarle al mundo que “se está haciendo algo” que con verdaderamente hacer algo.

Pero de que debe hacerse algo para prevenir casos de violencia contra los niños… ¡algo hay que hacer, y debe ser YA!

No debemos dejar que los niños la sigan pagando—ni en Puerto Rico, ni en Siria, ni en Estados Unidos, ni en el sur asiático… ¡en ningún lugar del mundo!

Mientras tanto, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Responsabilidad (o falta de la misma) y consecuencias

Ponce's town center, circa 1900
Ponce’s town center, circa 1900 (Photo credit: Wikipedia)

Responsabilidad.  Consecuencias.

Amigas y amigos, mi gente: se habrán fijado que una gran parte de las entradas de este blog llevan una etiqueta o la otra, mayormente ambas a la vez.  Para mí, la idea es ésta: muchas de las cosas que ocurren en el mundo en el que vivimos, muchos de esos “absurdos sin fin” de los que escribió Pirandello como que no tienen que ser plausibles porque son ciertos, se deben a que alguien, en algún punto en la cadena no asumió su responsabilidad.  Y muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario, sea en Puerto Rico o donde sea, ocurren debido a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que asumir las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse.  Lo mismo da que no cuidemos de nuestras posesiones personales a que no cuidemos del medioambiente de este único planeta en el que nos ha tocado vivir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.

Últimamente, esas mismas palabras—responsabilidad, consecuencias—se repiten una y otra vez en mi mente mientras conduzco hacia mi trabajo cada mañana durante la semana.  Y se repiten una y otra vez, luego de que ocurren situaciones que dejan demostrado lo que expongo en el párrafo anterior.  Como el anuncio de quienes hoy están en el poder sobre la crisis en el sistema de retiro de los empleados públicos (excluyentes de la policía y de los maestros; por lo menos los segundos tienen su sistema de retiro aparte).  Una crisis que resulta de años décadas de malos manejos y pretensiones de lucro por parte de quienes tenían la responsabilidad de custodiar los dineros descontados del sueldo de quienes tienen que levantarse tenemos que levantarnos bien temprano en la mañana para proveer los servicios gubernamentales a los ciudadanos.  Responsabilidad que quienes la tuvieron no la cumplieron a cabalidad, al punto de que se tiene el temor de que dentro de pocos años, ese sistema no pueda contar con los fondos para asegurar una existencia digna a quienes todavía vamos en camino hacia la meta del retiro (incluido quien les escribe, a quien aún le falta mucho camino por recorrer… pero ya yo llegaré).  Y esa es una consecuencia que podría ser grave—y que tal vez no sea la única, como vimos no hace mucho, cuando se nos impuso una “medicina amarga” para tratar de remediar nuestros males.

Otra situación que muestra lo que vale ejercer la responsabilidad en el momento oportuno es la agresión de la que fue objeto una estudiante de una escuela superior en Ponce—un nivel educativo notoriamente difícil de encauzar, porque se trata de niños que están en esa transición hacia la adultez que llamamos “adolescencia”—por parte de otra estudiante que la estaba acosando, por las razones que fuesen, mientras que la hermana de la agresora incitaba a ésta para que le hiciera daño.  Todo esto, grabado en vídeo mediante un teléfono celular “inteligente” para ser subido a la página de Facebook de la agresora—así, para que quede a la vista de (literalmente) todo el mundo de lo que ella es capaz, que con ella nadie se debe meter, que ella es quien manda.  Y aquí me parece que hay mucha culpa para repartir, muchas responsabilidades que se evadieron.  Particularmente la de los padres de la agresora y de su hermana la “videógrafa”, que presuntamente no impusieron la debida disciplina a las dos niñas para evitar una consecuencia como ésta.  (Y que conste, que no me estoy refiriendo a tratar a ambas niñas de forma restrictiva, que las ahogue; eso sería extremo, aunque también lo sería una crianza demasiado liberal y permisiva, que me sospecho que sería el caso aquí.)  Aunque también las autoridades del sistema escolar también tienen su cuota de falta de responsabilidad, al no ser más vigilantes en cuanto a la conducta de sus estudiantes (aun si la excusa es que no tienen suficiente presupuesto o suficientes recursos), para evitar que como consecuencia, esa conducta se la vaya de las manos.

Por lo menos en este otro caso, se procedió a detener a las dos agresoras (porque tan culpable es la que fomentó la agresión como la que propinó los golpes, ¿no es así?) y a recluirlas en un centro de detención para menores, tal vez con la esperanza de que al verse privadas de su libertad, las dos jovencitas “recapaciten” y aprendan la lección resultante de lo ocurrido.  No digo que no pueda hacerse, que no se puedan rehabilitar, siempre que nos hagamos a la idea de que ellas puedan entender y asimilar su cuota de la responsabilidad por el lamentable incidente y entiendan que esa conducta trae consecuencias no muy agradables para su futuro.  Por supuesto, también está la posibilidad de que otra sea la consecuencia, que tal vez no accedan a rehabilitarse y a mostrar arrepentimiento por causarle daño a otra persona y en un futuro repitan ese patrón de conducta.  Tal vez agredirán a alguna de sus amistades, o a un vecino, o a sus propios familiares, o hasta a sus propios hij@s.  (Y no hace falta ir muy lejos para ver en las calles a madres o padres que—tal vez por que les frustra la idea de ser madres o padres—descargan sus frustraciones en sus hij@s, aun donde todo el mundo lo puede ver.  Y ahí empieza de nuevo el ciclo de falta de una paternidad-maternidad responsable y una consecuencias que se verán en los hij@s… y vuelve a empezar… y empieza una vez más…)

Por supuesto, son muchos más los casos en los que la falta de responsabilidad, o más bien, no asumir la cuota de responsabilidad que nos corresponde, lleva a consecuencias que afectan vidas, desde las que apenas están en formación hasta las de quienes han experimentado todo lo que la vida ofrece.  Y en algunos de esos casos, puede ser que quien no actuó responsablemente cuando le tocó hacer su parte, quien cometió esa falta de responsabilidad, ni se inmute ante el cuadro que tiene ante sí.  Tal vez ni le importe, tal vez se diga a sí mism@, “el que venga atrás, que arree” o “la última deuda la paga el diablo”.

Y tanto puede ser que no sufra las consecuencias de esa irresponsabilidad, como que las sufra.  Yo prefiero creer que ocurrirá lo segundo—y personalmente, aspiro a que sea así.

(Y por supuesto, pueden estar seguros de que esta entrada llevará ambas etiquetas: responsabilidad y consecuencias.)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (18 de marzo de 2013): Lo que hace el escribir con el interés de terminar lo más rápido posible antes de irme a dormir.  Pero antes de que a mí se me olvide y después venga alguien a echarme en cara cuánto yo hablo de no olvidarnos de las víctimas de delitos u otros actos, no quisiera pasar por alto el efecto de este lamentable incidente en la persona de la niña que lo tuvo que vivir.

Hasta donde tengo entendido, la niña no tenía planeado salir a ser víctima de un incidente violento ese día en su escuela.  (Y eso me recuerda un planteamiento que alguien hizo en mi oficina la semana pasada: “nadie sale de su casa por la mañana a que lo maten en el camino al trabajo”.)  Y sin embargo, fue el objeto de la ira de una compañera de escuela cuya conducta fue muy poco responsable totalmente irresponsable.  Una conducta que no sólo traerá consecuencias nefastas para la agresora y su hermana instigadora—como ya mencioné en el cuerpo principal de esta entrada—, sino que también traerá consecuencias lamentables para su víctima de la agresión.  Tal vez las mismas se manifiestan de inmediato, como el temor de regresar al mismo lugar donde ocurrió la agresión, o el temor a hacerse de amistades a lo largo de su vida futura, o el temor a enfrentar los retos futuros que la vida le pondrá.  Tal vez la agresora siga aferrada a su odio (algo que me asombró muchísimo cuando lo leí en este testimonio de una bloguera que en su tiempo estudiantil fue víctima de acoso (“bullying“) escolar—aunque tal vez no me debería sorprender, porque hay personas a quienes el odio es su medio de vida, la energía tóxica que las mueve, que forma parte de su 24/7) y quiera emprenderla de nuevo, en esa ilusión de tiempo que expresamos con la frase, “algún día”.

Desearía poderme equivocar en lo que acabo de escribir, pero con esto recalco que la falta de responsabilidad tiene consecuencias, no sólo para quien falla al no asumir su responsabilidad, sino para quien cae víctima de esa inacción.  Sólo el tiempo dirá si estoy en lo correcto.


LDB

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La Universidad… ¡a palo limpio!

University of Puerto Rico
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, la verdad es que a mí no me gusta lo que veo y escucho en estos días.  No me gusta cuando figuras de autoridad—ésas que deben establecer las pautas para resolver los problemas de nuestra sociedad—abogan por el uso de la fuerza bruta como medio para solucionar los conflictos.  Pero si eso es para preocuparse, más preocupante aún es cuando quien tiene que imponerle el orden y la disciplina a dichas figuras de autoridad, endosa actitudes como ésa.  Y en el proceso, abdica implícitamente de su responsabilidad de lidiar con las consecuencias que esa actitud acarreará después.  Pero vamos por partes.

“Muchos de estos grupos lo que hacen es buscar unos intereses que no son los intereses que te tratan de vender, que son los intereses de los estudiantes.  No, no, no, estos son políticos y la gente lo sabe, la mayoría de la comunidad universitaria lo sabe y los bandidos esos, los profesores bandidos esos que están ahí, que están apoyándolos e incitándolos lo saben también.  Tu sabes, lo que ellos quieren es seguir la cosa ideológica y política usando la universidad que queremos como paño de lágrimas y eso es algo que no se va a permitir.

“¿Cuál fue la excusa de la supuesta huelga que van a hacer?  La chavá cuota.  ¿Qué pasó hace dos días?  Se firmó una ley para que esa chavá cuota sea cubierta por una beca.  ¿Ellos pararon?  ¿Ellos echaron para atrás?  Eso le dio más coraje.  Eso es excusa, vuelvo y te digo, eso es excusa.  Por Dios, hay que abrir los ojos, estos son excusas de estos grupúsculos izquierdosos promovidos por profesores.  Yo los botaría a todos, eso es lo que yo haría.  Pero, obviamente, digo esas cosas y me miran como si estuviera loco, pero yo los botaría a todos.  Profesor que no enseña, profesor que va para afuera, si yo estoy seguro que hay un número de profesores que quieren dar clase en la universidad, en ese sistema, claro que sí.  Estudiantes, de esos estudiantes, el liderato que se tira encima de los portones son personas que llevan estudiando 10, 12, 14 años.  Esos son líderes políticos que cogen uno o dos cursos al año, todos ellos, con nombre y apellido, uno o dos cursos al año para poder decir que son estudiantes de la universidad y dar mensajes de izquierda y eso es lo que vivimos todos los días y lamentablemente, te lo tengo que decir, son favoritos de la prensa y tienen muchísimo acceso a los medios.  Y le ríen las gracias, le ríen las gracias.  Pero si tu me dices, yo los botaría a todos, yo los sacaría de la Iupi a patadas, tu sabes, porque simplemente están creando el desasosiego y no permitiendo que los que verdaderamente quieren estudiar, estudien.  Y a los profesores que se prestan a eso, sácalos, quítale el ‘tenure’, quítale las cátedras, bótalos y pon a otras personas a enseñar que verdaderamente usen su tiempo para enseñarle a los muchachos lo que es ser una persona de valores y a echar a Puerto Rico hacia adelante. Irrespectivamente de cómo piense ideológicamente.”

(“Rodríguez Ema amenaza con botar profesores de la UPR”, El Nuevo Día, 3 de diciembre de 2010.  Énfasis añadidos por mí con toda intención, especialmente donde se observan las contradicciones entre lo que tanto se le predica a los demás, y lo que no se practica.)

Las expresiones que acabo de citar (según las recoge El Nuevo Día) son las que el secretario de gobernación de Puerto Rico, Marcos Rodríguez-Ema, hiciera durante una entrevista concedida en diciembre de 2010 a los “expertos en los dimes y diretes, broncas y bolletes que se hacen pasar por análisis y noticias” (¡y ustedes saben quiénes son y saben que me refiero a ustedes!).  Se tratan estas expresiones de la posibilidad—cada vez más probable, mientras escribo esto—de una nueva huelga en el sistema de la Universidad de Puerto Rico, en protesta por la imposición de una “cuota” de US$800.00 por estudiante, adicional a los créditos matriculados y demás gastos (cuota de construcción, seguro médico, etc.), a cobrarse a partir del semestre de enero a mayo de 2011, para (según se dice) tratar de cubrir el déficit presupuestario del primer centro docente del país.  Más bien, esta “cuota” se ha visto como un intento de “tapar” las fallas en el manejo de las finanzas universitarias—fallas que datan de muchos años, aunque no por ello son necesariamente “cosa del pasado” para los actuales administradores universitarios—mediante el cobro a quienes comoquiera serán l@s más perjudicad@s: l@s estudiantes universitari@s y sus familias.

Como tal vez notarán de las partes de la entrevista a las que hice énfasis con toda intención, Rodríguez-Ema deja ver lo que él describe como su “frustración”—la cual poco después sería justificada tácitamente por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset—con la forma con la que se ha desarrollado la discusión pública de la propuesta “cuota” desde que su implantación se anunciara el verano pasado, tras la huelga que afectó el final del semestre de enero a mayo de 2010.  Por supuesto, todos tenemos nuestras frustraciones y el derecho a tenerlas, pero en el caso de un funcionario de alto nivel en un gobierno, el que sea, esa frustración no debe llevarse a un plano en el que se pueda interpretar como una política pública oficial.  Y lamentablemente, con todo el poder y la influencia que imparte una posición como la del señor Rodríguez-Ema, ése es un lujo que no se debería dar, ni por descuido (a menos que a este funcionario, quien dice ser franco en cuanto a decir lo que piensa, asuma públicamente un papel de “gatillero gubernamental” como el de aquél funcionario que quiso pasarse de listo y humillar a las comunidades alrededor de la antigua base naval Roosevelt Roads… ¡y gracias a Dios que ya no está donde pueda hacer más daño!).

Por supuesto, si mal estuvo esa expresión, aun si la misma, como diría “El Chavo del 8”… “se le chispoteó”, peor estuvo el que las mismas no fueran desautorizadas explícitamente por la persona que tiene la responsabilidad de refrendar la política pública estatal: el gobernador Luis G. Fortuño Bruset.  Cuando la prensa le preguntó si las expresiones de Rodríguez-Ema se debían entender como la política pública a adoptarse por su administración en el asunto de la Universidad del estado, el gobernador no hizo referencia directa, sino que justificó las expresiones de la “frustración” que sienten “muchos puertorriqueños” (que para él deben ser tantos y tantos que se le perdió el conteo) con la situación universitaria actual, y hasta se rehusó molesto a contestar más sobre el carácter de política pública de las expresiones de su subalterno, al alegar que “eso no fue lo que yo dije”.  (¿Molesto?  ¿Por qué?  ¿Por una simple pregunta sobre la política pública del gobierno estatal?  ¿Así de sensitivo es el asunto?)

Tal vez, para el consumo público, la política pública de la presente administración no sea la de intervenir abiertamente de forma violenta contra los manifestantes en su contra, ya sea en la Universidad de Puerto Rico o en las agencias gubernamentales seriamente afectadas por la política de “recuperación” económica y fiscal, o en las comunidades socialmente desventajadas que ven cada día como se les cierran en la cara las puertas de su progreso y desarrollo.  Pero de que las semillas de esa política pública no escrita están sembradas, eso es algo que no necesita más evidencia.  Sobre todo, la semilla del odio visceral hacia todo lo que atente contra la filosofía (y estoy siendo demasiado condescendiente en el uso de la palabra “filosofía” en esta oración) y los proyectos políticos de quienes se hacen del poder.  O sea, todo aquello que atenta contra lo que la actual propaganda oficialista llama, “el Puerto Rico que todos queremos” (que como ya Ivonne lo demostró en su blog, no es el Puerto Rico que TODOS queremos).  Y el germen de esa semilla de odio se nota en las expresiones que se hacen, como la de etiquetar a los disidentes como “grupúsculos izquierdosos”, “políticos” (como si quien expresa esta misma palabra no lo fuera), “profesores bandidos ésos”… expresiones que se hacen cuando no se tienen argumentos de peso para refutar los planteamientos que se hacen, sobre todo cuando se quiere evitar la difícil tarea de buscar el entendimiento y la concordia (y en el caso de estos funcionarios, ello requeriría un esfuerzo sobrehumano), cuando lo que se quiere es hacer un cisma entre “nosotros, los buenos” y “ustedes, los malos”.

Con ese telón de fondo de la guerra entre “buenos” y “malos”, el martes 7 y miércoles 8 de diciembre de 2010 se efectuó un paro de 48 horas en la UPR en Río Piedras.  Paro que se destacó principalmente por los encontronazos en la madrugada del primer día, entre manifestantes encapuchados—que como lo planteó la misma radioemisora que nos trajo la entrevista que cité arriba, no hay manera de saber si eran estudiantes o no, contrario a la certeza oficialista que jura que lo son—y “guardias de seguridad” reclutados por una empresa privada, la Capitol Security, dirigida por José “Chicky Starr” Laureano, un miembro del submundo que gira alrededor de un espectáculo que se hace pasar por deporte: la lucha libre.  Un individuo cuya “práctica profesional” le permite reclamar para sí la inmortalidad por medio de la frase popular, “bregaste bien Chicky Starr” (o sea, “me traicionaste”).  E interesantemente, este mismo individuo aspira actualmente a un puesto político por el actual partido de gobierno en las elecciones generales que se efectuarán el 6 de noviembre de 2012 (algo que nuestros amigos de “El Ñame” también “reseñaron” en su momento).

Sé que ustedes estarán preguntándose lo mismo que yo al llegar a este punto: ¿tan podrida está la fibra moral de un partido político para permitir cosas como ésa?  Digo, si ese partido permite que individuos que se comportan como Don Juan Tenorio cuando están en asuntos oficiales fuera de Puerto Rico, o que manejan esquemas de soborno o extorsión a suplidores y contratistas, accedan a posiciones de alto poder y responsabilidad…  ¡Y el gobierno encabezado por ese mismo partido tiene la “fuerza de cara” de predicarle “valores” a los demás, cuando sus principales personeros no son capaces de demostrar públicamente la práctica de esos valores!  ¡Bastante mal estamos entonces!

Localización de Loíza, al este de San Juan, Puerto Rico

Por cierto, en un artículo de fondo en El Nuevo Día se menciona algo en lo que yo no había pensado antes.  Muchos de estos “matones” “guardias de seguridad” fueron reclutados por la Capitol Security a través de una página en Facebook.  (Pero, ¿no será esto en contra de la ley, ya que estamos hablando de un trabajo peligroso y que requiere de un adiestramiento especializado, especialmente para evitar problemas legales después?)  Resulta que muchos de estos “reclutas” son apenas muchachos que, por lo demás, buscan genuinamente una oportunidad económica que los haga salir de la pobreza en que viven.  Por lo general, muchos de ellos provienen del municipio de Loíza (al este de Carolina, para beneficio de quienes leen esto fuera de Puerto Rico), un municipio que históricamente ha sido objeto de un racismo institucionalizado por parte de administraciones estatales de uno y otro partido (PNP y PPD, ambos son igual de culpables), el mismo que se supone ayude a su progreso y desarrollo comunal y social.  (Sí, amigas y amigos, dije “racismo”.  Porque en Puerto Rico, el racismo también existe, aunque no de la manera tan abierta y descarnada que se da en los Estados Unidos… pero de que existe en Puerto Rico, ¡existe!)  Y entre todos ellos, los hay que tienen ese deseo legítimo de “echar pa’lante”, pero también los hay que sólo les importa hacer daño, sentir esa “nota” de adrenalina (el rush que lo llaman los estadounidenses) que da entrarle a patadas o a golpes a quien ellos consideren su “enemigo”, sin que le importen las consecuencias de sus acciones.  (Y si vamos a juzgar por el testimonio de una de varias estudiantes que durante el paro enfrentaron la furia de los “agentes privados de seguridad”, los hay a quienes no les importa si los echan de nuevo a la prisión, si al final volverán a campear por sus respetos bajo las mismas narices de las “autoridades de ley y orden”… las mismas que son buenas para darle macanazos a los ciudadanos que exigen legítimamente la reparación de agravios, pero no para parar en seco a los verdaderos delincuentes.)

Al fin y al cabo, el paro de 48 horas vino y se fue.  El cometido que tenían los estudiantes en protesta se cumplió de todas maneras.  Pero los mismos que culpan a los demás por los males que los aquejan, los mismos que no creen que en la vida todo se negocia (o no quieren rebajarse a negociar con el enemigo al que hay que derrotar a toda costa), quisieron jugarse una última carta.  Y desde la segunda noche del paro (la del miércoles 8), se ordenó la entrada de la Policía de Puerto Rico al Recinto de Río Piedras, algo que no se había visto en décadas.  Y mientras escribo esto, la Policía está apostada allí, procurando que los “grupúsculos izquierdosos” y los “profesores bandidos ésos” que los apoyan se atrevan a enfrentárseles, “a ver si el gas pela”, a ver si les gusta que les rajen la cabeza a palo limpio, a ver si les gusta que los saquen de la “iupi” a patadas, conforme a una política pública no escrita.  Eso sí, procurando “proteger” los derechos de los estudiantes que quieren estudiar y de los profesores que quieren dar sus clases.  (Que de todos modos los ha habido y los habrá.  Así ha sido a través de todos los periodos en los que ha habido conflictos en la “iupi”.  Así fue también cuando yo estudiaba allí mi maestría en Biología a comienzos de la década de 1980.  Pero también ha habido reclamos legítimos de que a los estudiantes se les haga justicia—nos gustara o no la manera en la que se hacían esos reclamos.)

Francamente, debo insistir en que esto no me gusta.  Y es algo con lo que no estoy de acuerdo, porque lleva a una situación muy peligrosa en la Universidad de Puerto Rico.  Una situación que podría llevar a convertir la Universidad de la que muchos como yo estamos orgullosos, en una fábrica de máquinas de producción continua, seres sin una formación que los sensibilice, seres que no tengan la capacidad de pensar por sí mismos, seres que no viven, sino que apenas existen.

Yo tampoco creo que ése sea el Puerto Rico que todos queremos.  Y a quien venga a decirme lo contrario… gracias, ¡pero NO, GRACIAS!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

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Cuestion de confianza

¡Saludos, mi gente!

A la hora del lunes 19 en la que empiezo a escribir esta entrada (20:31 UTC –04:00), en los noticiarios se ha mencionado con mayor o menor destaque un estudio del Pew Research Center, el cual indica algo que me llamó mucho la atención (por lo que también lo ubiqué en mi otro blog—si no me da con iniciar el blog en inglés que tanto me estoy prometiendo que voy a reiniciar en Blogger.com y aún no lo hago—, Lo que me llama la atención).  Resulta que según el estudio (divulgado ayer, 18 de abril de 2010), cerca del 22% de los encuestados dijo tener confianza en el gobierno estadounidense “siempre” o “la mayor parte del tiempo”.  Digo, si eso es así, eso nos deja con aproximadamente 78 de cada 100 estadounidenses descontentos con su propio gobierno nacional.  Y ya eso es demasiado decir.

De acuerdo con el informe que acompaña al sondeo, la confianza de los estadounidenses en el gobierno federal ha estado bajando de forma continua desde 1958 (el año en el que yo nací, por cierto), cuando el valor de esa estadística (confianza) era de 73%, en los tiempos en los que el general del ejército estadounidense, Dwight D. Eisenhower, presidía ese gobierno.  Como causales del bajo índice de confianza para el 2010, la encuesta cita la incertidumbre económica, un ambiente altamente político-partidista, y un abrumador descontento con el Congreso estadounidense y con los oficiales electos de ese gobierno—descontento acentuado por el agrio debate producido hace un par de meses en ese foro deliberativo, durante la consideración de la legislación propulsada por el presidente Barack H. Obama para reformar el cuidado de la salud.  Aún así, la encuesta dice que lo más que se puede decir de los estadounidenses es que están más frustrados que enojados, con 56% de frustrados y 21% de enojados (y sabe Dios cuántos que están… esteeeeeeeeee… mucho más que enojados).

Según los medios de prensa han interpretado los detalles del sondeo, lo anterior pudiera representar una situación problemática para la administración Obama y para los Demócratas, que tienen ante sí la perspectiva de perder varios escaños en las elecciones congresionales intermedias (en inglés, mid-term elections) de 2010.  A corto plazo, según una de esas interpretaciones de los medios, ello podría beneficiar a aquéllos en el Partido Republicano que no salieron electos en noviembre de 2008, a pesar de haber sido parte de la cultura de obstruccionismo político-partidista que alimenta la desconfianza a la que se refiere la encuesta.

Y ésa es una de las posibles consecuencias a corto plazo.  A largo plazo, según la misma interpretación, la desconfianza podría llevar a que los ciudadanos dejen de involucrarse en los asuntos que afectan a sus comunidades.  Entonces, la apatía se adueñará de los ciudadanos… y quién sabe si hasta la violencia.

(Y éste es un buen momento para recordar hacia dónde conduce la violencia, justo cuando el día en el que escribo esto se conmemoran 15 años de la muerte sin sentido de 168 seres humanos—incluidos 19 niños de un cuido diurno—en el atentado terrorista contra el edificio federal de Oklahoma City.)

OK, ya sé que me estoy extendiendo bastante en el tema de la encuesta del Pew Research Center.  Pero creo que sería bueno extrapolarla un poco hacia la realidad puertorriqueña en la segunda década del Siglo 21.  A mi juicio, en Puerto Rico tenemos factores similares a las causales que llevan a la baja tasa de confianza expresada en la encuesta:

  1. Existe una incertidumbre económica, acentuada por la manera (buena o mala) en la que se está manejando la economía—si a eso se le puede llamar así.  (Y no hace falta que yo entre en detalles al respecto, ¿o sí?)
  2. Hay un ambiente altamente politizado, en el que no se permite que florezcan las ideas que puedan ayudar a mejorar la situación de los puertorriqueños, si las mismas no están teñidas de azul novoprogresista (PNP) o de rojo popular (PPD)—o hasta de verde independentista (PIP), si algún día le dan un chancecito a ese partido, pero ya eso es otra historia.  (Y no me pongan a hablar sobre los intentos de los partidos políticos y sus huestes por pisotear a quienes tratan de ayudar a los pobres a pararse sobre sus propios pies.  De ese tema ya he hablado bastante…)
  3. Y sobre todo, también existe un descontento—si no abrumador, por lo menos significativo—con la Asamblea Legislativa de Puerto Rico (digo, no hay mucha diferencia entre nuestra legislatura y el Congreso federal en ese aspecto) y con los funcionarios electos supuestamente para representar nuestros intereses como ciudadanos.  Al igual que lo que se refleja en la encuesta a la que me he referido, en Puerto Rico hay quienes están decepcionados con quienes nos venden promesas de que se resolverán nuestros problemas económicos, que se pondrá coto a la alta actividad delictiva que nos atemoriza, que se atenderá más eficientemente la salud pública, a cambio de que les demos nuestro voto… para entonces resultar que todas esas palabras lindas, que todas esas esperanzas que se nos vendieron no son nada más que espejismos, y que aquellos vendedores de utopías (que los hay en todos los lugares, que venden lo mismo el capitalismo a rajatabla que el socialismo radical—lo lamento mucho, pero a unos y a otros les va igual) son sólo unos mediocres que abdican a su sentido de responsabilidad individual y social y prosperan a costa de nuestra situación, la cual no tendrá visos de mejorar en mucho tiempo.

Después de esto, que alguien me diga: ¿habrá o no razón alguna para desconfiar del gobierno?  Y si lo que dice la encuesta a la que me referí en esta entrada es lo correcto, ¿cómo será ese sentir en Puerto Rico?

Pero bueno, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


FUENTES:

  1. Majority of Americans Distrust the Government (Reuters, vía Yahoo! News, 19 de abril de 2010)
  2. Poll: 4 out of 5 Americans Don’t Trust Washington (Associated Press, vía Yahoo! News, 19 de abril de 2010)

LDB

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Seis Meses Despues de las Vacaciones Forzadas

Hola, mi gente. ¡Esto es lo que está ocurriendo!

Para mí, estas “vacaciones” han sido en la práctica lo que los estadounidenses llamarían un ‘emotional rollercoaster’. Muchas han sido las emociones vividas durante estos 16 días (si incluimos el fin de semana previo al inicio del cierre agencial), como decepción, desengaño, ira, frustración, miedo… hasta deseos de “tirar la toalla” y “dejarles el canto” a quienes muy hipócritamente dicen estar trabajando “por el pueblo”. Y la verdad es que muchos de nosotros aún sufrimos de ese desengaño, al ver la verdadera cara de aquéllos(as) a quienes se da una confianza que no se merecen. Y lo peor de todo es que a mi modo de ver, no hay certeza de que una crisis como ésta no se repita en el futuro…

Con estas palabras, yo me expresé hace apenas unos seis meses en lo relacionado con el cierre patronal que vivmos entonces nos 95,000 (95.000) servidores públicos en Puerto Rico, incluido quien les escribe. Y como es de esperarse, no han cambiado mucho las cosas en Puerto Rico. Siguen tomándose decisiones “a lo loco” y sin pensar en las consecuencias (y sobre todo, sin leer la medida legislativa que se está aprobando, como la que nos impondrá un impuesto a las ventas y usos—el IVU—de 7%, por implantarse dentro de 10 días a la fecha en que escribo esta entrada). Siguen nuestros supuestos líderes haciendo gala de su naturaleza oscura, por más que se pretenda vestir la misma con ropajes de terciopelo (como lo demuestra el veredicto de culpabilidad contra los dos ex-funcionarios estadoístas acusados de extorsión en el proyecto de infraestructura del “Superacueducto”, a los que me refería en mi entrada de hace un par de semanas). Y sobre todo, parece cobrar más fuerza la idea de que la pretendida seguridad de empleo de que gozan los servidores públicos en Puerto Rico es cosa del pasado.

De hecho, también recordarán que a la semana de yo haber escrito mi mensaje sobre las lecciones aprendidas de los eventos de esas dos semanas, trascendieron en la prensa las palabras de quien entonces era el Secretario de Desarrollo Económico y Comercio de Puerto Rico, el Lcdo. Jorge Silva-Puras,

En el mundo de hoy, no hay garantía de empleo para nadie.

Más aún, entonces yo me cuestionaba esto,

… ¿(E)staremos llegando al punto en el que el gobierno siga las reglas de juego de la empresa privada y despida empleados a su discreción (porque la agencia-empresa no esté logrando las ganancias que esperaba o porque no se le ocurre otra manera de recortar sus gastos o de ser más eficiente)? ¿No será que en adelante debemos ver la cuestión de los beneficios que reciben los empleados públicos—a los cuales muchos de ellos, con mayor o menor razón, se aferran como si su vida dependiera de ello—como algo que depende de la “buena voluntad” de quienes manejan el sistema? ¿O como algo que puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos?

La cosa es que al poco tiempo de haber expresado sus famosas palabras, el Lcdo. Silva-Puras fue nombrado como Secretario de la Gobernación de Puerto Rico. Y lo peor es que ha venido a esa posición para una anunciada reorganización del gobierno de Puerto Rico, con un enfoque de tipo empresarial, o sea, de manejar el gobierno como si fuera una empresa comercial dirigida a obtener ganancias… pero, ¿y el servicio a nuestro pueblo? ¿Dónde queda eso dentro de ese esquema? ¿Habrá que despedir servidores públicos en aras de aumentar la eficiencia y la competitividad?

Bueno, tal vez él dirá que el resultado podría ser una prestación más eficiente de los servicios públicos. Después de todo, Silva-Puras ha estado leyendo el libro sobre la reinvención del gobierno (Reinventing Government, por David Osborne y Ted Gaebler. Reading, MA: Addison-Wesley [1992]. Y por supuesto que tengo mi ejemplar del mismo, o ¿de dónde creen que me saqué la referencia bibliográfica, ah?)…

 

 

‘Pérate un momentito… ¿no era ESE el mismo libro que la cúpula de la administración estadoísta dentro de la cual ocurrieron los hechos que llevaron al veredicto en el caso de Superacueducto estaban leyendo? Claro, cada quien lee las obras literarias como conviene a sus intereses…

¿Dónde nos deja esto en cuanto a las lecciones de vida que por lo menos a mí me dejó esta absurda situación? Pues yo sigo insistiendo en que hay decisiones, sobre todo en lo que al sistema de gobierno se refiere, que deben tomarse con muho cuidado, pues las mismas pueden tener efectos devastadores; que cada una de las partes involucradas en un conflicto debe asumir su responsabilidad y aportar a la solución del mismo, y que la solución a los graves problemas que vive Puerto Rico debe trascender la estrecha óptica político-partidista que permea actualmente; que para la solución de los problemas que tenemos, tanto individual como colectivamente, no podemos (ni debemos) confiar en los políticos de turno, quienes han demostrado que no tienen la capacidad, la enterza de carácter, ni la madurez necesaria para resolver nuestros problemas; y que los seres humanos tenemos, en mayor o menor grado, algo que se llama “voluntad para sobrevivir”, y que por más que hayan seres con mala intención que nos la ponen a prueba, NADIE… ABSOLUTAMENTE NADIE… puede ni podrá quebrantarla.

Y yo, Luis Daniel Beltrán-Burgos, seguiré insistiendo en ello, le guste a quien le guste, le duela a quien le duela…

OK, ahora cambiamos de tema…

ESTA SEMANA (6–12 DE NOVIEMBRE DE 2006): LE DECIMOS “HASTA EL AÑO QUE VIENE” A OCTUBRE CON: Consejos útiles sobre cómo NO buscar empleo. Y LE DECIMOS HELLOOOOO A NOVIEMBRE CON: Una hermosa señora lleva a sus tres hijas (no menos hermosas) al médico para un chequeo muy particular… En un supermercado, dos monjas tendrán que lidiar con la tentación de la cerveza… Y… Dos camioneros de Kentucky también tendrán que lidiar… ¡pero con un viaducto más bajo que su vehículo!

Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán, y haga click donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”. (¡Ah! Y yo no cobro el IVU por visitar mi sitio ‘web’, ¿OK?)

¡Y ya, vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB