Los numeros no mienten, pero quienes los manejan…

Skyline of San Juan's Central Business Distric...
Image via Wikipedia

¡Saludos, amigas y amigos!

La semana pasada, además del stress que nos dejó la emergencia suscitada por el paso cercano del huracán Earl—que a muchos de nosotros (hasta a mí, que ni se suponía que me reportara a trabajar el día que se proyectaba el paso del huracán) nos dejó con el mal sabor de soportar descomunales tapones de tránsito en las principales intersecciones de San Juan, de esos tapones en los que todo el mundo trata de meterse al mismo tiempo, en la misma intersección en la que se supone que haya un semáforo en funcionamiento y el mismo no funciona por culpa de una falla general en el sistema eléctrico—, sacó a relucir una situación que me ha dejado pensando bastante.  Se trata del despido del director ejecutivo del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, Mario Marazzi, luego de que éste intentara por la vía judicial que el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico publicara el Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico.

Este despido llama la atención ante el hecho de que dicho ministerio dejara de publicar el índice en diciembre de 2009, debido a que los datos del mismo estaban “erróneos”.  (Pero si es cuestión de “corregir” los alegados “errores” que puedan tener los datos, dicha agencia debe haber tenido tiempo más que suficiente para poderlos corregir y producir un índice confiable… ¿o me equivoco?)  Y también llama la atención al tomarse en contra de un funcionario como el señor Marazzi, al que distintos sectores vinculados con el quehacer económico han elogiado por su capacidad profesional (dentro de la cual destacan su reciente trabajo para la Reserva Federal estadounidense) y por su sentido de responsabilidad en su petición de que se divulgue el índice de marras.  Pero sobre todo, este despido llama la atención por el presunto matiz político que se desprende del mismo, al haberse dispuesto el despido por parte del ex-presidente de la Junta de Planificación de Puerto Rico—precisamente, el mismo funcionario que al final de agosto dejó su cargo para asumir la secretaría general del partido actualmente en el poder (el PNP).

Más allá de todo lo que se ha escrito y dicho sobre esta noticia, a mí me pone a pensar bastante sobre por qué una entidad de gobierno… vamos, un gobierno en sí decide de golpe y porrazo suprimir la publicación o demorarse un tiempo largo para publicar una cifra de tanta importancia, que no es un simple número, sino un número sumamente poderoso.  Y si alguien tiene alguna duda, vea esto:

“Un índice de precios al consumidor (IPC) mide los cambios a través del tiempo en el nivel de precios de bienes de consumo y servicios comprados por los núcleos familiares.  Es un estimado estadístico que se construye mediante el uso de los precios de una muestra de artículos representativos, los cuales son recopilados periódicamente….  El porciento anual de cambio en un IPC se utiliza como medida de la inflación.  Un IPC se puede utilizar… para ajustar por el efecto de la inflación el valor verdadero de los sueldos, salarios y pensiones, para regular los precios y para desinflar las magnitudes monetarias para que éstas muestren cambios en los valores reales.”
Traducido y adaptado de: Consumer Price Index (vía Wikipedia)

Ciertamente, el índice de precios al consumidor es una pieza de información de tanta importancia.  Hasta el propio gobierno estadounidense le da una gran importancia a esta cifra, como lo demuestra esta página que le dedica el Negociado de Estadísticas Laborales del Departamento Federal del Trabajo.  Pero entonces, ¿qué tiene de particular una cifra como el índice de precios al consumidor en Puerto Rico para que la misma sea otro rehén más del teje-y-maneje político de todos los días?

Tal vez nuestros pseudolíderes se han dado cuenta de que la información es el poder.  Y de que quien tiene ese poder—quien posee los datos con los que se construye esa información, esos números que bien usados nos pueden decir la verdad—es quien dicta la agenda a seguir.  (Lo que me recuerda la nueva versión de la Regla de Oro: “Quien tiene el oro… ¡es quien hace las reglas!”)  Pero, ¿cuál será la agenda en este caso?  ¿Una agenda que pinte un cuadro de aparente recuperación económica y fiscal, aunque “abajo en la tierra” la realidad sea muy dura?  (Yo no sé qué piensen ustedes, pero a mí eso se me parece un poco al infame cruzacalle de Mission Accomplished con el que hace unos añitos se quiso dar a entender que la guerra en Irak había terminado—aunque en realidad lo que había terminado era la ración de credibilidad de quien proclamó un “éxito” que no fue tal, pero eso deberá ser tema para otra entrada…)

La verdad es que el asunto del despido del señor Marazzi y la no divulgación del Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico, se presta para demasiadas sospechas, sospechas que deberían aclararse lo antes posible.  No hacerlo así, abona a la escasa confianza que tiene el público en las estadísticas gubernamentales, y a la sensación de que hacer el bien, actuar responsablemente, en lugar de un premio es un castigo en el Puerto Rico de hoy, un castigo que acarrea serias consecuencias.

Y vamos a dejarlo aquí.  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta la próxima.

LDB

Lo que queda atras

¡Saludos, mi gente!

Como hubiese dicho Michael Jackson de no haber muerto mientras trataba de revivir su carrera artística casi olvidada… This is it!  Pero no se vayan a creer que estoy tirando la toalla.  (Por supuesto, cuando sea así, lo haré saber oportunamente, ¿OK?)  Simplemente, se trata de que ésta es la última entrada que escribo durante este año (2009).  Y si queremos dejar a un lado nuestro complejo de “purismo”, es la última que escribo durante esta década, que me imagino que habrá que llamarla “del cero”.  (Y que conste, yo sigo atado a la creencia de que si la “era de Cristo” comenzó en el año 1, entonces el Siglo 21 comenzó oficialmente el 1 de enero de 2001.  Pero por hoy voy a dejar ese concepto guardado en una gaveta.)

Y la verdad es que tanto el año como la década que están por terminar—para cuando esta entrada quede alojada en los servidores de WordPress—ha estado llena de cosas interesantes.  Por ejemplo, en este tiempo hemos cambiado radicalmente de tener la confianza de podernos mover libremente por el mundo, a vivir con el miedo de perder la vida en un abrir y cerrar de ojos porque alguien quiera “vengar una injusticia” (ya sea real o percibida) cometida por “infieles”.  (Es más, ni les cuento de la sensación de aprehensión que yo tuve durante las 18 horas promedio que tuve que pasar de viaje—en un asunto oficial del DRNA y la NOAA—desde San Juan hasta Miami, de ahí a Los Angeles y de Los Angeles a Honolulu, más las 18 horas promedio de la vuelta en dirección contraria.  Es más, de pensarlo me está dando hasta jet lag…)

(Y aún al cierre del 2009 hay quien intenta cobrar esa venganza, como el joven nigeriano de familia pudiente que el pasado viernes 25 de diciembre trató de destruir un avión que volaba desde Ámsterdam hasta Detroit, diz que por órdenes de los mismos criminales que—para mal o para peor—cambiaron el mundo un 11 de septiembre de 2001.  Menos mal que a ese aspirante a mártir, las cosas no le funcionaron como él quería y acabó quemándose… esteeeeeeeeee… “las joyas de la familia” .  Mira, “nene”: Para la próxima, déjale ese trabajito a los profesionales, ¿OK?)

También hemos visto cómo los seres humanos sacamos lo mejor o lo peor de nosotros en situaciones como ésa.  Destaca particularmente la reacción de un presidente estadounidense—lamentablemente más notorio por sus desplantes de ignorancia (y cómo contagiaba la misma en quienes le siguieron) que por cualesquiera logros que tuviera en los 8 años de su mandato—que aprovechó la circunstancia para “completar la tarea” que su padre (también presidente) salió a hacer, de “neutralizar” a un otrora aliado por éste apoyar al terrorismo con “armas de destrucción masiva”… ¡las mismas que nunca aparecieron, ni aunque el mandatario hiciese una búsqueda de las mismas en Google!   El problema aquí fue que mientras ese mandatario le cerraba la puerta al mosquito, dejó colar al camello, o sea, dejó que se incubaran resentimientos mayores, que al terminar la década del cero, hacen correr el riesgo de que sea imposible salir de la crisis.

Total, si eso fue lo que el pueblo estadounidense quiso en su momento…

Claro está, llegó un momento en el que ese mismo pueblo se cansó de la desesperanza, y buscó un nuevo comienzo con un nuevo mandatario.  Un hombre diferente a otros (y por ello, “peligroso” para quienes tienen miedo a todo lo que sea “diferente”), un hombre que traía ideas nuevas, que traía palabras nuevas, un hombre que traía un cambio en el que él decía que se podía creer… aunque como escribí en alguna ocasión, de las palabras nuevas e ideas nuevas a la acción, el camino que se toma no siempre es el mejor.  Y mientras escribo, este nuevo mandatario tiene que lidiar con guerras, con una economía en declive (a causa de la codicia de quienes amasan riquezas y acumulan poder, sin importarle las vidas que se destruyan en el proceso), con una reforma del cuidado de salud que priva a muchos seres humanos de ese mismo don al que tienen tanto derecho como a existir… ¡yo creo que yo estaba en lo cierto!

¿Y qué hay de Puerto Rico?  Si no por otra cosa, tanto el año como la década se destacaron por poner en vitrina lo que es la claque política que tenemos por liderato del país.  Gente que no parece tener la inteligencia (¿no sería mejor que por lo menos tuvieran sabiduría, que a mi entender, es hasta más importante que la simple inteligencia?), ni el temple, ni el carácter, ni la tolerancia para atender las necesidades de un pueblo.  Gente cuyo único ánimo es el de mantenerse en poder, a base de una presunta superioridad moral con respecto al otro bando (o a los otros bandos).  Gente que pretende decirle a los demás cómo vivir en lo que debe ser una sociedad decente y moral, mientras se hace acompañar de gente que no representa aquello que es “decente” y “moral”, cuando no se involucra directamente en conductas que no son precisamente “decentes” ni “morales”.  Gente falta de responsabilidad—consigo mismos y con los demás—y de compromiso, cuyas acciones no toman en consideración las consecuencias que puedan acarrear, quizás no tanto a esa gente, sino al resto de nosotros, que somos los que acabamos pagando los platos rotos.

Y si de pagar platos rotos se trata, ahí está la delincuencia que cada día más se ensaña contra quienes están en los malos pasos y los inocentes por igual.  Ahí está la deficiencia en la salud mental de mucha de nuestra población, cuya psiquis no encuentra cómo defenderse de la andanada de todos los días.  Ahí está la pobreza, la cual crece como resultado de una crisis económica que cierra las puertas a quienes buscan atender sus necesidades más básicas, al tiempo que llena las arcas de unos pocos codiciosos y los aleja como si los demás estuviesen infectados con un virus mortífero.  Ahí está el desasosiego.  Ahí está el pesimismo.

Pero ahí es donde también debe estar la esperanza, donde también debe estar el optimismo, donde también debe estar la fe.  La fe de que las injusticias (las verdaderas, que conste) se puedan acabar, la fe de que podamos vivir en libertad, de que podamos seguirnos moviendo libremente a donde queramos sin preocuparnos de que la vida se nos vaya en un momento, de que podamos resolver nuestras diferencias sin guerras, de que nuestros líderes desarrollen ideas y soluciones sabias a los problemas que nos aquejan a todos (y eso incluye a nuestros líderes, quieran o no), de que todos podamos buscar unidos la paz, la felicidad y la prosperidad.

Y como hago en casos como éste, aquí les dejo esta pregunta retórica:

¿SERÁ TODO ESTO DEMASIADO PEDIR AL ENTRAR EN UN NUEVO AÑO Y UNA NUEVA DÉCADA?  ¡YO CREO QUE NO!  ¡YO PREFIERO CREER QUE NO!

¡Y vamos a dejar el 2009—y con él, la década del cero—ahí!  A ustedes que han tenido la gentileza de acompañarme durante la mayor parte de esta década (o sea, desde que empecé a escribir este blog a mediados de 2003), les deseo todo lo mejor que la vida les pueda ofrecer, tanto en este año que comienza en pocas horas como en la década que se avecina.  Como siempre, cuídense mucho y pórtense bien, ¿OK?

¡NOS VEMOS EN LA DÉCADA DEL 10!

Luis Daniel Beltrán Burgos
Juncos, Puerto Rico

Historia de dos lideres: . . . y los primeros cien dias del otro

¡Qué tal, mi gente!

Aunque con una semana de retraso, lo prometido es deuda, y ahora es que me toca escribir algo sobre los primeros 100 días de Barack H. Obama como presidente de los Estados Unidos, los cuales se cumplieron el día 29 de abril de 2009—exactamente el mismo día en el que el gobernador Luis G. Fortuño Bruset rendía al país su mensaje presupuestario, en el que se incluía su plan para la “recuperación” de las finanzas públicas, aunque a costa de 30000 empleados públicos a los que se pretende despedir, pero ya esa es otra historia.

Y como dije un par de entradas atrás, estos primeros 100 días han sido bastante intensos a su propia manera.  Han sido días en los que se ha visto de todo en la naciente administración federal.  Desde el “arranque en fa” con la firma de una directriz ejecutiva para cerrar—en el plazo de un año—el campamento penal en la base naval estadounidense de Bahía Guantánamo en Cuba (donde aún están presos algunos de los sospechosos en la "guerra contra el terrorismo" de la administración de George W. Bush), hasta el plan de “estímulo económico” de US$787 mil millones con el que se pretende paliar la crisis en la economía estadounidense, la cual está en una situación bastante difícil, aunque no todo lo mala que podría ser.

La cuestión es que desde el mismo primer día de trabajo, el presidente Obama ha puesto su empeño en cumplir las promesas que hizo en su campaña electoral, aunque a lo largo del camino, él debe haber descubierto que no todas las promesas que él hizo serán fáciles de cumplir (y aún falta un trecho bien laaaaaaaaaargo por recorrer).  Aun aquéllas que algunos sectores considerarían “peligrosas” para el bienestar de los estadounidenses y para la “seguridad nacional”—como el cierre del campamento penal en Guantánamo y la divulgación de los memorandos secretos del gobierno federal sobre las torturas “técnicas especializadas para la obtención de inteligencia”.  (Y por favor, recuerden lo que dijo una vez George W. Bush: “Estados Unidos no tortura a sus prisioneros”.  Me imagino que a la vez que dijo eso, él no asentía con la cabeza, porque ahí sí que estamos mal…)

Aunque francamente, yo no veo que los alarmistas de la vida aclaren cuán peligroso puede ser para su país, por ejemplo, que se sepa la verdad sobre las “técnicas especializadas para la obtención de inteligencia”, o aun que se proteja la integridad de la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente, con una base científica sólida (tema que me toca bastante de cerca, por razones que ustedes ya conocen).  Y esto último es importante si se quiere despejar toda duda levantada a causa de la toma de decisiones de claro corte político partidista en acciones que afectan la vida de los ciudadanos, positiva o negativamente (como restringir la investigación científica con las células madre o stem cells—porque para conseguir nuevas líneas de esas células hay que utilizar bebés abortados, y eso es un anatema para la derecha reaccionaria con base “religiosa”—, abrir a la exploración petrolera las áreas naturales de gran valor como el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico en Alaska, disminuir las protecciones legales para las especies amenazadas o en peligro de extinguirse, etc.).*

Pero eso no ha sido lo único.  En todos esos 100 días, el presidente Obama ha estado llevando a cabo acciones para presentarse en la escena mundial como la clase de líder que pretende que queden atrás los vicios de una política internacional matizada por la toma de partidos (“el que no esté con nosotros está en nuestra contra”) y por el ejercicio de solucionar de la peor manera posible la crisis a la que Estados Unidos y el mundo se vieron arrojados con los infames actos terroristas del 11 de septiembre de 2001.  No todos los beneficiarios prospectivos, como Irán, han quedado satisfechos—en ese caso, porque el liderazgo iraní se siente como que los occidentales no quieren quitarle el guante de la cara en lo de su supuesta ambición nuclear con fines “pacíficos”.  Sin embargo, otros parecen ver una oportunidad para limar algunas de sus asperezas con los Estados Unidos, aun cuando de todos modos sigan atrincherados en sus propias posiciones ideológicas.  Tal parece ser el caso de Venezuela, como lo demostró el gesto de su presidente, Hugo Chávez Frías, de estrechar la mano de su homólogo estadounidense y obsequiarle un ejemplar—en español, en el que no creo que el nuevo presidente estadounidense tenga alguna fluidez—del libro, Las venas abiertas de América Latina, por el uruguayo Eduardo Germán Hughes Galeano, una fuerte denuncia contra la explotación de las riquezas latinoamericanas por los países industrializados, a un alto costo social y político.  (Libro del que, por cierto, yo también tengo un ejemplar en mi biblioteca, y que me propongo leer de nuevo en los próximos días.)

Por supuesto, no han faltado las críticas contra el presidente Obama, principalmente provenientes de personeros de la derecha política republicana que, más que una genuina preocupación por el rumbo que toma su nación, lo que destilan es rencor, con un matiz de revanchismo político.  Por lo menos, para mí ésa es la explicación de que muchos de estos personeros expresen su esperanza de que el presidente Obama fracase en su mandato.  ¿Por qué?  ¿Será porque se dejaron vencer por alguien “distinto” (interprétese como se interprete) y eso no les hizo gracia alguna?  ¿Será por que no tienen nuevas ideas que ofrecer a su pueblo?  ¿Será porque no creen en la constante del cambio, en que deben evolucionar con la misma sociedad que dicen representar?  ¿Será porque no tienen la capacidad para admitir—y afrontar con valentía—las fallas de su propia ideología, los puntos débiles, los defectos, a fin de corregirlos y ponerse en pie como fuerza política válida?

(Por supuesto, esto no significa necesariamente que los demócratas estadounidenses son hermanitas de la caridad, en tanto su interés en una mayor intervención del gobierno en la vida de sus ciudadanos es igual de “saludable” que la confianza desmedida del gobierno en el “dejar hacer” para impulsar la economía—la misma confianza que ha llevado a los estadounidenses al hoyo económico en el que están al presente.)

A mi juicio, el presidente Obama es una persona bastante carismática, que ha exhibido un gran arraigo entre sus conciudadanos y una gran admiración en otros países (por no hablar de que ha sabido aprovechar la Internet y los nuevos medios tecnológicos para conectarse con sus conciudadanos y con el mundo), y que en sus primeros 100 días de mandato ha mostrado una disposición para atacar los problemas que los afectan y buscarles soluciones, si posible dentro de un espíritu de colaboración bipartidista (aunque como ya expresé, no todos parecen estar en esa misma onda… ¡igualito que aquí!).  Así que a mí me parece que él le ha sacado bastante partido a sus primeros 100 días como presidente de la nación más “poderosa” del mundo…  Y entonces, ¿qué se esperará para los restantes 1361 días (o en el mejor de los casos, 2822 días)?  Ya veremos qué sucede.

¡Y vamos a dejar la “Historia de dos líderes” ahí… por lo pronto!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Sobre la restauración de la integridad científica en el ámbito del gobierno federal vea: Memorandum for the Heads of Executive Departments and Agencies, del día 9 de marzo de 2009.


LDB

Historia de Dos Lideres: Los Primeros Dias

¡Saludos, mi gente!

Y llegó el mes de febrero, como suele suceder después de que termina el mes de enero—digo, a menos que a la nueva legislatura de Puerto Rico le dé con legislar para que de ahora en adelante el año conste únicamente de los meses de diciembre y enero, para así tener unas Navidades que duren todo el año y seguir con la francachela y la bebelata y todo lo demás.  La verdad es que el mes que nos acaba de dejar ha traído cosas interesantes, como el advenimiento de nuevas administraciones en Puerto Rico y los Estados Unidos.  Administraciones que, a mi modo de ver, se han caracterizado más por las diferencias en estilo que por los logros que cada una ha podido realizar hasta el momento.

Así, por ejemplo, vemos cómo el nuevo presidente de los EE.UU., Barack H. Obama, se ha dado a la tarea de tratar de deshacer tanto como sea posible los entuertos en los que su antecesor, George W. Bush, sumió a esa nación durante los ocho años que la Constitución estadounidense le permitió estar en el poder.  Y ciertamente me deja sorprendido ver cómo el nuevo presidente ha “sacado pecho” en los primeros 11 días de su mandato: firmando directrices como la que ordena una congelación de los beneficios económicos de los alcahuetes y soplapotes ejecutivos, o como aquélla que busca reivindicar a la mujer en la paga igual por la labor que realiza, con relación a su contraparte masculino; ordenando el cierre del campamento penal en la Bahía de Guantánamo (Cuba), donde se encuentran todavía centenares de los detenidos como “sospechosos” de actos terroristas, esperando por la justicia que decida hacer en su día un gobierno que “no tortura a sus prisioneros” (¡no, si el waterboarding no hace ná’!); buscando tender de nuevo los puentes de fraternidad mundial que durante esos mismos ocho años han estado rotos, sobre todo con aquellos países que—con o sin culpa—han estado marcados por las acciones de individuos que creen tener la sartén religiosa agarrada por el mango… ¡y el mango también!

Y ciertamente, es una tarea bastante pesada la que el nuevo mandatario estadounidense ha tenido que emprender, en tanto haya que tratar de deshacer todo el daño causado por la administración de su antecesor.  Una administración que queriendo responder a un fuerte agravio—o sea, a la agresión infame de la que los EE.UU. fueron objeto el 11 de septiembre de 2001—ejerció la dudosa opción de disponer de quien en otro contexto (la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980) fuese un aliado (Saddam Hussein), con la excusa de que en su país (Irak) se guardaban armas de destrucción masiva y se apoyaba el terrorismo islámico.  Al mismo tiempo, en el proceso se vieron gravemente afectadas la confianza de todo un pueblo en sus figuras de autoridad y sus instituciones, así como su don más preciado: la libertad.  ¿Y todo para qué?  ¿Para que alguien sacara una ganancia de esa tragedia?  (Y no hay que ir muy lejos para entender a qué me refiero…)

Mientras tanto, en Puerto Rico ya llevamos aproximadamente un mes con el nuevo gobernador, Luis G. Fortuño Bruset, otrora director de turismo de Puerto Rico y quien hasta el año pasado fuera el Resident Commisioner, o sea, el representante-sin-voto que Puerto Rico envía al Congreso estadounidense en cada elección federal.  Si bien su elección es lo que yo considero un ejemplo de supervivencia política, si tenemos en cuenta que ha podido salir a flote de algunos malos ratos provocados por elementos dentro de su propio partido (como el caso de la palabrota con la que alguien “adornó” una foto suya a finales del año 2005), a veces parece como si todavía estuviera tratando de ver qué hace ahora que está al mando del país.  Ya a los 30 días de iniciado su mandato, su capacidad de liderato (o falta de la misma) se está poniendo bajo la lupa, con varios ejemplos.  Nombramientos de funcionarios que han sido objeto de dudas en el pasado como el “nuevo” Secretario de Educación, Carlos Chardón (quien ocupó el mismo puesto hace unos 30 años) o el de Salud, Dr. Jaime Rivera Dueño—y ciertamente las cosas en Puerto Rico han cambiado bastante desde la incumbencia original de ambos funcionarios; o nombramientos sobre los cuales la duda es menos reciente, como el que fuese designado originalmente para el Departamento de la Familia, que tuvo que renunciar a su aspiración luego de que se divulgaran presuntos conflictos de interés, entre los cuales está el haber intervenido como abogado en el juicio contra un acusado por violar sexualmente a una menor de edad… y eso, que todo ese asunto ha sido despachado por el propio gobierno como “un error inocente” (¿así los llaman ahora?).

(Por cierto, el acusado en el caso al que me acabo de referir fue encontrado culpable apenas anteayer—30 de enero de 2009—del delito por el cual fue acusado.  Me imagino que esto sería “otro moretón en el ojo”—los estadounidenses lo dicen expresivamente como another black eye—para el ahora ex-funcionario designado.)

Y ni hablar de la aparente actitud de “siéntate a esperar” en cuanto a las recomendaciones del grupo al que él encomendó estudiar posibles soluciones a la crisis económica de Puerto Rico (el CAREF, al que me referí un par de entradas atrás), las que él insiste en que “son sólo recomendaciones”…  Por supuesto, si sólo son recomendaciones, bien que podría ponerlas en vigor o bien que no.  Pero de que ya hay inquietud en ciertos sectores de nuestra sociedad, la hay.  Los líderes sindicales no están de acuerdo con que se demore la implantación de las cláusulas económicas de sus convenios colectivos hasta el año fiscal 2011–2012.  Las compañías de telefonía celular que operan en Puerto Rico no están de acuerdo con que se imponga a sus usuarios (incluido quien les escribe) un arbitrio de US$0.01 por minuto de transmisión de voz (aunque no de datos o de fax)…  Pero por otro lado, hay alcaldes, presidentes de corporaciones… y algunos vicepresidentes también (como decía aquel viejo anuncio comercial del ron Bacardí Añejo)… que se aumentan el sueldo o se retiran con una bonificación jugosa, porque diz que nunca se tomaron vacaciones ni días por enfermedad.

Así, más o menos, es como van las cosas en estos primeros días de ambos gobernantes.  Uno, decidido y arrojado, dispuesto a emprender desde ya una tarea que sabe que es difícil, pero que alguien tiene que hacer.  El otro… esteeeeeeeeee… habrá que esperar a ver qué sucede con él.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

P.S. Para que se entretengan un poco, les quiero dejar esta vez con algo que encontré ayer a través del portal del periódico Primera Hora.  Se trata de un cortometraje de apenas siete minutos, protagonizado por Emanuel “Sunshine” Logroño—definitivamente uno de los mejores comediantes de Puerto Rico al día de hoy.  El corto que ven abajo es un ejemplo del humor negro al que Logroño nos tiene acostumbrados, en el que se retratan aspectos particulares de la sociedad puertorriqueña contemporánea.  Así que sin más preámbulo… siéntense… relájense… y disfruten (¿?) de…

Natural “Boricua” Killer (ADVERTENCIA: CONTIENE LENGUAJE FUERTE)

LDB

(Otros) Animalitos (Aun Mas) Peligrosos

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

¡Sí!  Aquí estoy de vuelta, disfrutando de un muy necesario par de semanas de vacaciones por las Navidades—o séase, the holidays, para sonar políticamente correcto—, gracias a la generosidad de la administración saliente de mi lugar de trabajo.  Tiempo que me imagino que mis jefes aprovecharán para tratar de darle caza a la pantera (o lo que se alega que es una pantera) que anda suelta por el Barrio Caimito de Río Piedras, antes que culmine el mandato de la actual administración de gobierno.  Y la verdad es que estos animales (y que conste que me refiero a aquéllos como la presunta pantera, no a quienes salieron a perseguirla, ¿OK?), queramos o no, es de preocupar que anden sueltos por ahí, alimentándose de animales domésticos, causando pavor en la ciudadanía… y convirtiéndose en la comidilla de mis querid@s compañer@s en la blogósfera.

(De hecho, muchos de los blogs puertorriqueños que enumero en el lateral de mi blog le han sacado bastante punta al tema.  Lamentablemente, yo no estoy precisamente en la mejor posición para comentar este asunto, por las razones que ya ustedes conocen.  Pero como yo digo a veces, ¿quién dijo que la vida era justa?)

Lo más malo del asunto es que, como se ha conjeturado públicamente, esto puede haber sido el resultado de que alguna persona hubiera importado ese animal a Puerto Rico de manera ilícita.  Probablemente, el responsable haya sido alguien vinculado con el bajo mundo, una de esas personas que con la ganancia económica que sacan del dolor ajeno (y ustedes saben exactamente a qué me refiero), pueden ostentar su poder—y quién sabe si hasta su dominio sobre las esferas del poder—mediante el lucimiento y la ostentación.  Vestimentas caras, automóviles de lujo (que comoquiera no serán de mucha utilidad en nuestras autopistas, ataponadas de un tiempo a esta parte), viviendas de urbanización “con acceso controlado” cuyo precio de venta comienza en “los bajos” US$500,000 (y que ciertamente ni yo me podría costear como están las cosas ahora, y mucho menos en la presente etapa de mi vida), animales exóticos arrancados de las junglas remotas de la América del Sur o del Oriente Lejano… ¡y paren ustedes de contar!

(Y aparte, aunque recién acabo de implicar que me estoy absteniendo de entrar en el tema por tratarse de una acción de la entidad gubernamental para la que yo trabajo, creo pertinente añadir el siguiente elemento a la discusión: Existe reglamentación que establece cuáles son las especies exóticas que se pueden importar a Puerto Rico, siempre y cuando las mismas no sean liberadas al medio ambiente, y que además prohíbe expresamente la importación de las especies exóticas que no sean aquéllas a las que me acabo de referir.  Para más información, échenle una mirada al Reglamento Para Regir la Conservación y el Manejo de la Vida Silvestre, las Especies Exóticas y la Caza en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Reglamento 6765 del 10 de febrero de 2004, especialmente el Artículo 7 y el Apéndice 4 de dicho reglamento.  ¡Y ciertamente no verán allí que la pantera esté en la lista de especies permitidas! ¡Ni de chiste!)

Pero bueno, dejemos que las cosas sigan su rumbo.  Mientras tanto, quiero traer a la atención de ustedes una situación que se relaciona con un tipo de animal más peligroso que cualquier pantera, puma, chupacabras, “comecogollo”, vampiro, o algún otro animal de ésos.  Se trata de lo que a mí me da por llamar…

(Redoble de tambores, por favor…)

El Homo ignorantus histericus.

OK, yo sé que se supone (dije “se supone“) que el ser humano (Homo sapiens) es el nivel más alto del desarrollo de la vida en la tierra, supuestamente superior a todos los demás animales de la tierra (y el énfasis es con todo propósito), e incluso a los primates, de los cuales nos dice la teoría evolutiva que somos descendientes, gústele a quien le guste.  Pero a veces surge uno que otro ejemplo de entes derivados de ese nivel superior que parecen echar por tierra todos los logros de la humanidad, y encima de eso, quieren que el resto del género humano baile al mismo son que ellos.

Pues bien, el ejemplo al que me estoy refiriendo se pudo observar en todo su esplendor hace un par de semanas en los EE.UU., cuando uno o varios grupos (¿no sería mejor llamarles “manadas”?) de estos “animalitos” trataron de varias maneras de impugnar el triunfo electoral de Barack Obama como su nuevo presidente.  Para ello, estos rudimentos de ser humano acudieron a los tribunales estadounidenses para esgrimir el argumento de que Mr. Obama no es un ciudadano estadounidense natural, por haber nacido en algún otro lugar fuera de sus límites from sea to shining sea.  Veamos lo que dice este artículo de la revista Salon sobre lo que argumentan los presuntos implicados en esta “conspiración”:

The gist of the conspiracy theory is that Obama doesn’t meet the Constitution’s requirement that a president be a “natural born citizen.”  Somehow Obama is concealing the fact that he was either born in Kenya (or maybe Indonesia) or that he renounced his U.S. citizenship as a child.  One of (the) alarmists . . . said Obama is an undocumented immigrant.  Most of this “evidence” is easily debunked, though it can get confusing as it gets more feverish.

At any rate, the theory goes, Obama’s not fit to take office, and (the main alarmists), along with a few followers and . . . anti-tax activist Bob Schultz, aim to stop him.  Schultz feels so strongly about the threat Obama poses to the republic that he spent tens of thousands of dollars on full-page newspaper ads last week, and plans to hold a citizens’ conference after Inauguration Day if the courts don’t intervene — just the first step, apparently, in a process that Schultz says is devoted to resisting a government that has turned lawless.

(De hecho, si quieren reírse un poco—aunque sea para “reírse por no llorar”, como diría la que fuese mi secretaria en la oficina en la que yo trabajé al comienzo de mis labores en el DRNA—, en este otro artículo encontrarán el play-by-play de lo sucedido en la conferencia de prensa de estas “personas”.  Cualquier parecido con el cuento del pollito que se puso a proclamar que el cielo se estaba cayendo . . . ¡es pura pocavergüenza!  Y PUNTO.)

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero luce como que aún existen heridas abiertas en algunos sectores de la población estadounidense, que no han querido sanar.  Digo, ver a personas (creo que soy demasiado benévolo al llamarlos “personas”) que por lo demás parecen tener dedos de frente, exponer argumentos que desafían toda razón, y pretender que el público acepte dichos argumentos como si fuesen la verdad—como los “dignos” promotores que parecen ser de la máxima expresada en su momento por el propagandista alemán Paul Joseph Goebbels (1897–1945):

Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad.

(Cita tomada de Proverbia.net)

Y encima de ello, estos subhumanos se ponen en el plan de regañar a los medios de prensa (“los medios masivos liberales, como siempre”) por no darles crédito a sus exageraciones.  Y aunque yo insisto en que algunos periodistas y sus medios no son precisamente aspirantes a la santidad, por lo menos en este caso, los hubo quienes le vieron la costura al refajo y no se dejaron engañar por estas personas.  (¡Menos mal que a ninguno de estos periodistas se le ocurrió el gesto “amistoso” del periodista iraquí que le “regaló” sus zapatos al presidente George W. Bush durante su reciente visita relámpago a Irak el domingo antepasado!)

Para colmo, no parece haber indicios de que seres como éstos estén en vías de extinguirse.  Otro artículo que encontré hace unos días sobre el mismo tema indica que aunque el Tribunal Supremo estadounidense rechazó—sin dar más explicación ni estar obligado a ello—la demanda civil de un abogado del estado de New Jersey que impugnaba la ciudadanía estadounidense del mandatario entrante, ello no parece haber detenido a quienes insisten en esta controversia, ya que aún hay otros casos judiciales pendientes al respecto.  El autor de ese artículo opina que el que dichos casos se caigan en los tribunales no es más importante que la atención que se les dedique a estos subhumanos, la publicidad que ellos se puedan agenciar para su causa, y la maldad que puedan ocasionarle a la “tarjeta” objeto de sus ataques (y repito, ésa es la opinión del autor del artículo).  El autor del artículo distingue entre el escrutinio continuo que tendrán las actuaciones de Mr. Obama como el máximo funcionario público estadounidense durante el periodo 2009–2013 (algo que es parte de la vida diaria de todo funcionario público), y el ataque personalista basado en absurdos sin fin (creo que Luigi Pirandello no podría estar más que satisfecho), dirigido a hacer daño a la persona que está en vías de asumir las riendas de “la nación más poderosa del mundo”, sólo por ser “diferente” (¿por no ser un white anglo-saxon protestant?).

¿Cuántos ejemplos similares no vemos a diario aquí en Puerto Rico, de quienes se obstinan en vivir de las mentiras—ajenas o propias, o ajenas y propias—que llevan en su interior?  ¿De quienes se empeñan en atacar a quienes no se ven igual que ellos, no piensan igual que ellos, no ostentan los mismos ideales que ellos, no son iguales que ellos?  ¿De quienes se han alimentado mil veces con la misma mentira, para aceptarla como una verdad absoluta, y también para imponerla a los demás como si con ello estuvieran “salvando” a la humanidad de su propia destrucción?

Queramos o no, ésa es una clase de animal más peligroso que cualquiera otro que pueda estar suelto por ahí.  Lo importante es estar alerta al peligro siempre, y saberlo enfrentar.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, y a disfrutar las fiestas de fin de año en familia.  ¡Feliz Navidad a todos!

(¡Ah!  Y no se hagan l@s tont@s… ¡yo sé que me echaron de menos este último par de semanas! 😉 )

LDB