A río revuelto, ganancia de… ¿buitres?

Poverty
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OK, yo sé que el refrán no dice así, que dice “ganancia de pescadores”.  Pero parece que en el lío revelado esta semana, sobre el aparente vaciamiento del fondo conocido como el “Fideicomiso Perpetuo para las Comunidades Especiales”, ha habido tanta pesca como para romper las nasas.  Pesca a la que ha contribuido la garata entre “niños chiquitos” protagonizada por la ex-gobernadora Sila M. Calderón y su sucesor en esa poltrona (y “Resident Commissioner” bajo los años de su mandato), el ex-gobernador Aníbal Acevedo Vilá (uno de los miembros del fracasado experimento de “gobierno compartido” que—en conjunto con una legislatura rival cargada de incompetencia y falta de carácter—trajo los 14 días de “vacaciones forzadas” que 95,000 empleados públicos tuvimos que pasar en la calle en mayo de 2006, y que elevaron a la categoría de “mito” la seguridad de empleo en el servicio público puertorriqueño… y gústele a quien le guste, yo no pienso “pasar la página” sobre eso, ni mientras este blog esté en pie, ni mientras viva).  Y todo, debido a unos documentos que son parte de una investigación federal sobre el destino de unos fondos que se habían separado para un fin noble: dar apoyo a las iniciativas para el desarrollo de las comunidades pobres, para que las mismas pudieran superarse y vivir dentro del clima de bienestar al que tod@s tenemos derecho.

Ciertamente, no abonó para nada el que la ex-gobernadora se sintiera supuestamente “amenazada” cuando su sucesor le advirtió que habría de divulgar algunos de esos documentos (copia de los cuales le envió con dicha advertencia) y tuviera que salir corriendo a pedir protección de la fiscalía estadounidense en San Juan…  Digo, a menos que eso fuera algún reconocimiento de incompetencia o falta de capacidad o algo por el estilo.  Bueno, tal vez falta de capacidad para prever que si no se implantaban los debidos controles desde el principio, el fondo se podía prestar para manipulaciones, para que quienes no debían meter las manos al “pote” las metieran, o para que esos fondos se utilizaran en cosas que no eran aquéllas para las que se creó ese fideicomiso.

Y según están las cosas en este momento, no me sorprendería que esa falta de previsión de las consecuencias produjo lo que ocurrió con los fondos del fideicomiso—lo cual todavía debe tener a algunas personas inescrupulosas salivando como los famosos perros de Pavlov.  (Y esas personas saben quiénes son.)

Pero dejando de lado esa garata infantil, ¿dónde deja esto a las mismas comunidades a las que se le prometieron “villas y castillos”?  (No, mi gente, no es para tanto…)  O sea, a estas comunidades se les prometió mejorar sus condiciones de vida, se les prometió darle las herramientas con las cuales desarrollar su potencial, con las cuales se liberarían del clientelismo y de las dádivas de los políticos (sean del PNP o del PPD, da lo mismo), con las cuales podrían finalmente “echar pa’lante” (sin que ahora vengan los de “El Gran Combo” a tratar de demostrar que aún son relevantes en el quehacer musical boricua, reescribiendo—con ayuda del Banco Popular de Puerto Rico—su éxito de finales de la década de 1970, “Y no hago más na’” [letra], para trocar la imagen del vago vividor dependiente de las ayudas federales por la del trabajador que no se detiene en su empeño de ser productivo y vivir con dignidad… discúlpenme, ¿dónde yo estaba?).

¿Y qué están recibiendo las comunidades especiales a cambio de esas promesas?  …  …  …  OK, no me contesten tod@s a la vez.  …  …  …  No se oye, no se oye, no se oye… …  …

A mí me parece que lo que están recibiendo son sólo mentiras, promesas de una vida mejor que no acaban de cumplirse, que tal vez se tarden “un tiempito” en llegar.  (Y eso, que hay quien dice—medio en broma, medio en serio—que alguna de nuestra gente pobre todavía está esperando… ¡la “nueva vida” que don Luis A. Ferré prometió en su campaña electoral de 1968!  Y de eso a la fecha en que escribo ya van 43 años.  La verdad es que hay que tener una paciencia…)

Promesas que no acabarán de cumplirse, mientras se deje que un fondo como el Fideicomiso “Perpetuo” de las Comunidades Especiales languidezca como el animal moribundo, al tiempo que los buitres (conocidos o desconocidos, da lo mismo) lo sobrevuelan en círculos, esperando el momento oportuno para saciarse.

Pero eso no importará, mientras haya quien pierda su tiempo en una garata como la que desafortunadamente protagonizan ambos ex-incumbentes.  Y en la que de todos modos, ambos tienen responsabilidad.

Cualquiera diría que no hay suficiente madurez en el liderato político de Puerto Rico para dar el frente a los problemas apremiantes.  Total, ése es el ejemplo que los políticos nos dan cada día; tal vez deberían aprender de las mismas comunidades a las que pretenden poner de rodillas.  Pero ya eso es mucho pedir.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
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Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

Los Vientos del Cambio

English: Official U.S. congressional portrait ...
English: Official U.S. congressional portrait of Luis Fortuño (R- Puerto Rico) (Photo credit: Wikipedia)

¡Hola, mi gente!  ¡Saludos a todos y todas, dondequiera que estén!

Francamente, sucedió lo que tenía que ocurrir.  Se acaban de producir cambios trascendentales en las administraciones de los Estados Unidos de América y de Puerto Rico, luego de las respectivas elecciones generales celebradas el martes pasado.  En Puerto Rico, el electorado le cerró el paso a una administración cuya cabeza visible (el gobernador, Hon. Aníbal Acevedo Vilá) se ha visto como incapaz de resolver los graves problemas del país, al tiempo que ha estado sumido en la crisis provocada por las acusaciones que el gobierno federal tiene en su contra.  Por su parte, en los Estados Unidos, el electorado le cerró el paso a una posible continuación de las mismas políticas que lo han sumido en una crisis política y económica sin par, y le han dado su apoyo a lo que ve como su mayor esperanza para un cambio (en la figura del—a la fecha en que escribo—presidente electo Barack Obama).

¿Qué se puede esperar en estos momentos de la victoria de Luis G. Fortuño en la contienda gubernativa del pasado martes?  Por lo menos en lo que a mí se refiere, comenzaría una espera—que puede ser larga o breve—para ver quiénes serán los nuevos jefes de las agencias gubernamentales (como el del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales en mi caso), y qué cambios traerán éstos consigo en la forma de hacer las políticas públicas por medio de las cuales se atenderán los asuntos del país (entre otras cosas).  Por supuesto, no es exactamente lo mismo para quienes el martes pasado recibieron el mandato de deliberar las reglas que rigen nuestra vida como pueblo (y por supuesto, me refiero a los integrantes de la asamblea legislativa que comienza alrededor del lunes 12 de enero de 2009).  Ya muchos de ellos han procurado colocarse en las posiciones donde pueden ejercer (¿o tal vez abusar de?) su poder, y desde que tengo uso de razón, he creído que eso no lleva a nada bueno.

Pero ésa es sólo mi opinión…

Valga decir aquí que si algo bueno ha tenido el resultado electoral del martes pasado, es que está por terminar la “pesadilla” que resultó ser el “gobierno compartido” durante este presente periodo de gobierno.  Y aclaro que ello no quiere decir que yo esté menospreciando esa idea.  De hecho, a pesar de los pesares, yo sigo creyendo en el gobierno compartido.  Sigue siendo mi esperanza que en Puerto Rico, algún día se pueda lograr un acuerdo entre facciones dispares, a fin de trabajar unidos por el bien común.  Y ha habido ocasiones en la historia reciente de Puerto Rico en las que ese ejercicio ha funcionado excelentemente (pero lamentablemente, el cuatrienio que está por culminar dentro de 8 semanas, no fue una de esas ocasiones).  Por supuesto, ello requiere que las partes involucradas dejen de lado sus intereses particulares y sus ambiciones de poder, y que las personas llamadas a ese ejercicio conjunto del poder tengan la capacidad, la mesura, el temple, la madurez y la entereza de carácter para lograr esa ingente tarea…

Lamentablemente, ésa fue una de las cosas que yo nunca llegué a ver en este cuatrienio que está por terminar.  Pero bueno, ésa también es sólo una opinión…

Por supuesto, algo no tan bueno del resultado electoral del martes pasado fue que los dos partidos con menores posibilidades de ganar, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Puertorriqueños Por Puerto Rico (PPR), no lograron quedar inscritos como partidos.  Y lo peor de todo fue que aunque ambos llegaron con menos de un 2.5% de los sufragios emitidos (hasta donde yo tengo entendido al momento en el que escribo)… el PPR superó por apenas unas décimas de punto porcentual al PIP (cuyos candidatos únicos al senado y a la cámara de representantes—que en otros tiempos sacaban hasta más votos que los de los partidos principales—ni siquiera salieron electos esta vez).  Definitivamente, esto debería poner a pensar al liderato del PIP hacia dónde se dirige, o hacia dónde se quiere dirigir, y por qué el PIP—el mismo que en las elecciones generales de 1952 quedó como la segunda fuerza política más importante de Puerto Rico—se está haciendo cada vez más irrelevante como partido político (y tal vez peor aún, muchísimo más irrelevante como movimiento dirigido a procurar la independencia de Puerto Rico por medios no violentos), frente a otros movimientos de la izquierda boricua.

Y aquí quiero que me disculpen quienes me leen en Puerto Rico y militan en PIP, pero ésta no es sólo una opinión… ¡es la realidad, gústele a quien le guste!

Pero bueno, ya veremos si el PIP repite el “milagro de diciembre”, cuando ya para el último día de 2004, había conseguido volverse a inscribir como partido, luego de haber quedado fuera de carrera…

OK now, let me switch languages and ask the same question as above.  What should we expect from the election of Barack Obama as U.S. President last Tuesday?  I don’t know, maybe he’ll address the economic crisis that has affected seriously the economic development of the states, and that of Puerto Rico.  Maybe he’ll try to find a way to end the current U.S. intervention in Iraq, without ignoring at all (what I think is) the purpose for going to that war in the first place: to find those responsible for the cruel, criminal events of 9/11 and to bring them to justice, which would bring closure to thousand of American families, including hundreds of Puerto Rican families.  Maybe he could help unravel the dilemma that we Puerto Ricans have been facing for the last 110 years, of not being able to decide our own fate, whether as a part of the “greatest nation in the world” (incidentally, something the U.S. Supreme Court once said we were not, as in “belonging to, but not being part of the U.S.”), as an independent nation capable of interacting freely with the rest of the community of nations, or as something between both extremes (but only a bit different from the statu quo)…

I don’t know.  I think I’d go on and on and on thinking on what to expect from President Obama, once he takes office on January 20, 2009.  Of course, it’ll not be easy (as if he had it easy during his campaign), especially since there are a few hard feelings in the other end of the table.  Hard feelings mostly coming from those who may see in the new president a threat, or as someone said sometime ago (referring to the Democrats), as “the enemy of ordinary Americans”.  (Of course, I’m still wondering what the person who made that remark meant with “ordinary Americans”, as if one segment of the American population was more American that everyone else; take, for example, the controversy between the “Americanness” [does that word exist?] of Alaskans vs. that of Hawaiians, as discussed in this article from Slate magazine.)  Even my Sunday newspaper carried a report showing some (otherwise) good citizens stocking up on guns and ammunition, in advance of some kind of legal restriction to citizen gun possession.  Which incidentally, makes me wonder about the technique that should be used when hunting deer or pigeons with an assault rifle…

(Note to myself: Check with my coworkers on the game hunting beat about hunting pigeons and doves with an assault rifle.)

Yes, it will not be easy!  But then again, that’s just my opinion…

So let’s leave it right there, OK?  Take care and behave.

Y para el resto de nosotros…

¡Vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Porque Aqui Mando Yo!

¡Saludos, mi gente!  Aquí con un añito más a cuestas.  Pero bueno, la cosa es que…

Entre todo lo sucedido la semana pasada (más allá del tapaboca que el valiente pueblo venezolano le dio a las pretensiones de dictadura vitalicia de su presidente, de la “dramedia” del pepper spray con pica pica en la vestimenta de la nueva Miss Puerto Rico Universe—que yo he optado por archivar en el expediente de “¡Ahí viene el Lobo!”—y del chisme entre el Gobernador y las autoridades federales—digo, ¿lo arrestarán o no lo arrestarán?), hay dos cosas muy relacionadas entre sí que me tienen bastante preocupado.  Ambas cosas me hacen pensar en lo que yo he dicho consecuentemente en este blog, en el sentido de que el actual experimento de “gobierno compartido” en Puerto Rico ha estado abocado al fracaso desde el principio, ante la prepotencia, inmadurez y la falta de carácter de los líderes políticos de los dos bandos representados (PNP y PPD).

(No hay más que recordar el cierre del gobierno de Puerto Rico en mayo de 2006, que nos afectó a unos 95 000 servidores del pueblo, incluido quien les escribe.  Y por lo que les comenté en su momento, todos saben quiénes fueron los culpables…)

Lógicamente, me estoy refiriendo a las “sacadas de pecho” de dos de los líderes de la actual mayoría-parlamentaria/minoría-ejecutiva (PNP), en el sentido de que no aprobarán proyectos de índole económica de la mayoría-ejecutiva/minoría-parlamentaria (PPD; léase “el Gobernador”) en lo que resta del presente periodo gubernatorial (2005–2008 ).  De hecho, uno de estos pseudolíderes, el Rep. Jorge de Castro Font (PNP)—de por sí controvertible por su intención de desbandar una comisión que estudia las reformas al actual Código Civil (especialmente aquéllas que a él no le gustan, porque alterarían las formas tradicionales de la familia puertorriqueña)—ha proclamado que no se aprobará ninguna legislación del poder ejecutivo actual hasta el final del cuatrienio, a fin de que esa legislación pendiente sea ponderada por un futuro gobierno que él da por sentado que será dominado por su partido.  En mi libro, eso es sinónimo de una confianza extrema, o de una arrogancia desmedida, o tal vez—¿por qué no?—de temeridad.

Cualquiera diría que líderes como éste—que por cierto, tiene un primo que es gay y que además es activista por los derechos de un sector que, queramos o no, es parte de nuestra sociedad—tienen una devoción tal por la política partidista, que prácticamente se ha convertido en un dios (así, en minúsculas) para ellos.  (Y que no vengan después con fariseísmos e hipocresías, a cantarse más cristianos que Aquél cuyo nacimiento humano recordamos cada Navidad.  Total, ellos no engañan a nadie—excepto a sí mismos—y además, ya tienen asegurado su premio para cuando crucen la meta de la carrera de la vida…)  Es como si el ejercicio del poder les diera la única razón de su existencia, como si tuvieran ante sí un tesoro que debe ser defendido a toda costa contra “el enemigo”, sea cual sea, ya sea que esté en el bando opositor, o en la prensa (¡siempre la prensa!), o en instituciones con mayor dignidad (a pesar de los pesares) como la Iglesia Católica, o en sectores económicos pudientes (como aquéllos que no armonizan con sus proyectos y visiones)…  ¿Tendrán dentro de sí los “Jorge de Castro Font” de la vida algún espacio para la humildad, para la comprensión, para el consenso, y sobre todo, para la reconciliación que tanto necesitamos los puertorriqueños en estos momentos?

¿Tiene sentido todo esto?  Para mí que no lo tiene.

Es más, cuando veo que ocurren como ésta me vienen a la mente las siguientes palabras, sencillas y hasta joviales, pero que encierran una gran enseñanza sobre la humildad y el poder:

The more powerful you become, the more you learn to access the powers of the universe, the more important is to remember to be humble…. If you don’t, someone or something is always going to come around that shows you it has more power than you.
(Virginia Mayhew, maestra espiritual, citada por Melody Beattie en Finding Your Way Home.)

Quiera Dios (o el Ser Supremo según cada quién lo entienda) que podamos aprender a ser humildes, a no dejarnos cegar por una ambición desmedida, por un deseo de alcanzar un poder y utilizarlo, más para dividir y destruir que para unir y construir.

¿Será esto pedir demasiado?  Tal vez en su ceguera los “Jorge de Castro Font” de la vida crean que lo es… ¡pero yo no lo veo así!  Es más, lo siento mucho por gente como ésa, porque eso es algo que en esa misma ceguera, nunca podrán comprender…  ¡NUNCA!

Pero como dice cierto productor artístico convertido en psicólogo, “así son las cosas, y así es la gente”…

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB

Receso de Semana Santa – Version de 2006 – Es Tiempo de Reflexionar

Hola, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

De veras, estoy empezando a preocuparme por lo que ha sido la comidilla de la semana: la posibilidad de que el gobierno de Puerto Rico se quede sin dinero para pagar la nómina de las agencias públicas a mediados del mes de mayo de este año. Hay muchas cosas que pasan por mi mente según pienso en esta situación, pero entre todas ellas, la más apremiante es: ¿cómo es posible que hayamos llegado a una situación como ésta?

Las respuestas a esta incógnita pueden ser tan variadas como los actores que intervienen en esta tragedia. Está el gobernador, que con una cara dice que el pueblo tiene que aceptar los retos y hacer su parte para poner a Puerto Rico sobre sus pies, mientras que con la otra permite que los empleados de confianza de las agencias públicas ganen sueldos elevados. Está la asamblea legislativa, la misma que estando en oposición al poder ejecutivo, está más enfrascada en chismes, homenajes sin ton ni son, guerras internas de poder… y también se ganan sueldos que no son precisamente “de hambre”, como los del resto de los servidores públicos.

La cosa es que Puerto Rico no tiene un presupuesto estable y equilibrado en su gobierno, que le permita atender las necesidades del país sin tener que endeudarse, sin tener que poner en tela de juicio su buen nombre. Y no lo tiene, ni tiene una solución acertada a este dilema, debido a la falta de madurez, incompetencia e intolerancia de sus líderes políticos actuales. Yo creo que esto debería ser una lección para todos nosotros, sobre lo importante que debe ser un gobierno compartido, en el que haya madurez y voluntad en las personas que lo van a dirigir. Cuando no hay ninguna de esas cosas, un país como el nuestro solamente puede ir en picada hacia abajo.

Mientras tanto, ¿qué se supone que debemos hacer? Tal vez ahora que la Semana Santa está ante nosotros, empezar a reflexionar con mayor detenimiento sobre el rumbo que lleva nuestro país, con una clase política enajenada de la realidad, con un pueblo que tiene graves problemas de salud mental y de seguridad pública… Yo no sé, pero creo que el autor de las siguientes palabras tenía mucha razón cuando dijo,

Es mejor confiar en el Señor que confiar en grandes hombres.
(Salmo 118, verso 9; versión Dios Habla Hoy, CELAM 1983)

(Noten que otras versiones, como la más reciente revisión de Reina-Valera, dicen “príncipes” en lugar de “grandes hombres”, pero para el caso es lo mismo…)

Pero así es como están las cosas…

Yo, por lo pronto, me dispongo a hacer mi habitual receso de Semana Santa. Estaré de vuelta al blog el domingo de Pascua de Resurrección (4/16/2006), o antes, si ocurre algún evento que lo amerite. Mientras tanto, mi gente, cuídense mucho y recójanse buen vivir, ¿OK? Bye!

P.S. Las páginas de Humor, según Luis Daniel Beltrán también recesan hasta el domingo 16, ¿OK?

LDB