Y tú, ¿estás listo para tu ‘close-up’?

In the final scene Norma Desmond (Gloria Swans...
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“You see, this is my life!  It always will be!  Nothing else!  Just us, the cameras, and those wonderful people out there in the dark! . . .  All right, Mr. DeMille, I’m ready for my close-up.”

‘Norma Desmond’, actriz de cine silente (interpretada por la actriz estadounidense Gloria Swanson [1899–1983] en la película, ‘Sunset Boulevard’ [dir. Billy Wilder, 1950]).

Leo esta cita y me pongo a pensar si “Norma Desmond” tiene o no la razón—aunque en las circunstancias en las que dice esto (al final de la película, cuando ya se consumó el hecho trágico con cuyas secuelas comienza la misma), ya ella no sabe qué es razón o qué no.  Aun así, yo creo que hay gente para la que la vida es ese espectáculo de luces, cámaras y acción.  Es esa complicidad entre los actores y las actrices, las cámaras que graban los gestos y las emociones de los actores y las actrices, y “esa gente maravillosa allá en la oscuridad”, ya sea la de la sala de cine o la sala de estar de la casa (viendo la película en DVD o en Blu-ray, por supuesto—y sobre todo, ahorrándose el estratosférico costo del “popcorn”, las barras de chocolate y los refrescos carbonatados).

Tal vez mucha de la gente que piensa de esa manera estará complacida con la aprobación y firma de la Ley número 27 del 4 de marzo de 2011, conocida como la Ley de Incentivos Económicos para la Industria Fílmica de Puerto Rico (versión en MS Word; versión en PDF).  Esta ley se firmó en una actividad a la que asistieron, entre otros, una pareja que ya hace rato tiene experiencia en ese negocio, y me refiero a mis “panitas fuertes”… ¡las ganas de ellos!… Marquito y Juanita.  Tal vez porque, como se ha dicho durante algún tiempo, ellos tienen interés en “buscar casa” y desarrollar un estudio cinematográfico en Puerto Rico (aunque de esto último ellos han sido un poco parcos en expresarse).

Si bien—como quien dice—la intención de esta ley es buena, la misma parece ir dirigida a fomentar el que las grandes casas cinematográficas vengan a filmar sus películas en Puerto Rico, mediante una serie de incentivos económicos y contributivos.  (Yo no sé, pero me pregunto si no era eso lo que el gobierno puertorriqueño hacía en los tiempos “d’enantej”, cuando quería atraer las grandes industrias para que se crearan empleos en la manufactura.  Pero me imagino que para la presente generación, eso no es importante…)  Lo que tal vez no le deja mucho (quién sabe si hasta nada, tal vez unas migajas) a los cineastas boricuas, los mismos que se buscan dos o tres préstamos si lo tienen que hacer para poder sacar una película de la que se puedan sentir orgullosos.

(Además de que, como lo establece este artículo de fondo en El Nuevo Día, esta ley puede prestarse para acciones que implican corrupción, pero ya eso es otro tema.)

Francamente, yo no sé si tras la firma de esta ley, Puerto Rico se convertirá en otra meca del cine al estilo de Hollywood.  Tal vez la mentalidad detrás de esta ley será que por medio de la inversión de las grandes casas cinematográficas, se logre la tan anhelada “recuperación económica y fiscal” de Puerto Rico (la misma que no se ha podido lograr a fuerza de despedir empleados de gobierno y de fomentar el deterioro de los servicios públicos—que como ya estamos empezando a ver en Wisconsin, Ohio y otros estados de los Estados Unidos, está empezando a regarse con la virulencia que le falta al virus de la gripe porcina o la aviar).  Quién sabe si la inversión continua en proyectos cinematográficos nos lleve hacia una vida de luces, cámaras y acción, a vivir esa ilusión que arropó a “Norma Desmond” hasta en su peor momento, al punto de estar preparada para su acercamiento con el destino.

Por supuesto, si de hacer películas se trata, yo creo que aquí hay muchas ideas que podrían ayudar a Puerto Rico a prepararse para su “close-up”.  He aquí algunas que se me ocurren al paso:

  1. Dramas policiales en los que una fuerza policial sobrecargada y mal pagada lucha para deshacer el agarre mortífero de los narcotraficantes y sus esbirros, los mismos a los que no les importa nada ni nadie a la hora de ajustar cuentas, dondequiera y cuando quieren;
  2. Tragedias familiares en las que las mujeres son asesinadas cobardemente por sus esposos, a veces frente a las criaturas inocentes a las que les dieron su vida, para luego ellos darse a la huida o (en el peor caso) privarse de la vida;
  3. Otras tragedias en las que criaturas inocentes son asesinadas en circunstancias altamente sospechosas, y alrededor de las cuales se teje una madeja de intrigas, sazonada con toques de escándalo farandulero;
  4. Relatos sobre la corrupción de funcionarios públicos, y sobre los esfuerzos—unas veces triunfales, otras veces no tanto—que hacen los funcionarios honestos para llevarlos a la justicia;
  5. Y un larguísimo “et cetera”.

¡Quién sabe!  Tal vez sea cierto eso de que “Puerto Rico lo hace mejor”.  Tal vez sabemos hacer las cosas mejor que los grandes estudios de cine, con sus presupuestos exorbitantes y sus estrellas de renombre (que saben de simpatía y humildad lo que yo sé de física nuclear).  Pero a lo mejor, eso no importa.  Lo que importa es el espectáculo, la complicidad de las estrellas, las cámaras, y la maravillosa gente allá en la oscuridad.

Habrá que ver si estamos listos para nuestro “close-up”.

Pero como yo aún no creo estar listo para mi “close-up”, ¡vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


Antes de cerrar la entrada de hoy, quiero expresar mi mayor pena y mi solidaridad con el pueblo japonés, ante la terrible experiencia del terremoto de magnitud 8.9 (8,9) experimentado allí el pasado viernes, 11 de marzo de 2011.  Mientras escribo esto, apenas está se empezando a comprender la magnitud de los daños ocasionados por el sismo—lo que se agudiza ante la posibilidad de un desastre mayor en varias de las centrales generatrices nucleares en la costa este de Japón.  Y aunque ciertamente, fue de una magnitud mayor que la del jamaqueón de 5.4 (5,4) que experimentamos en Puerto Rico la Nochebuena de 2010 (que en su momento yo mencioné de pasada), no deja de ser preocupante.  Por lo pronto, confiemos en que como se levantó de los destrozos ocasionados por la Segunda Guerra Mundial, el pueblo japonés podrá volver a encontrar su camino y seguir echando pa’lante.


LDB

De noche todos los gatos son prietos

¡Buen día, mi gente!

Aquí estoy con ustedes después de una semana en la que continúa la crisis ocasionada por la presunta propagación del virus de la influenza (no “influencia”, como he escuchado decir a varias figuras públicas… ¡y hasta a algunos periodistas de la televisión!  ¡Ay, por favor!) A-H1N1 y la respuesta—o falta de la misma—del aparato estatal ante esta crisis (que mantenía el saldo de muertes confirmadas en ocho al día de hoy).  Situación que al menos por un día se vio interrumpida por el paso de una onda tropical por Puerto Rico el pasado martes 21—y que me llevó a ver de primera mano cómo el Río Grande de Loíza, aguas abajo de la represa del Embalse Carraízo, se convierte en un turbulento río que no tendría nada que envidiarle a algunos de los grandes ríos estadounidenses.  (Lo único que lamento fue que ese día no tenía mi cámara digital a la mano para tomar un par de fotos del fenómeno y así poderlas incluir en esta entrada… ¡pero ya en otra ocasión será!)

El caso es que mientras sigo esperando a ver si tengo que ponerme todo esto para salir a la calle…

¿Que yo tendré que ponerme guantes y mascarilla para salir a la calle?

… me encuentro con la noticia de lo ocurrido la semana pasada en Cambridge, estado de Massachustetts, relacionada con el arresto del catedrático de la Universidad de Harvard, Henry Louis Gates, hijo.  Noticia que pareció dejar al descubierto una vez más que a pesar de todos los logros que se puedan reclamar, lo que se da en llamar las “minorías” en los Estados Unidos aún tiene ante sí un camino lleno de piedras, entre las cuales están la ignorancia y la incomprensión.  Noticia en la que los detalles son tan diferentes como la noche y el día, como la oscuridad y la luz, como lo negro y lo blanco.

Gates, un profesor de distinguida trayectoria académica y de gran riqueza intelectual—cualidades que tal vez muchos desearían tener, a juzgar por el testimonio personal de una de sus discípulas, la conocida escritora puertorriqueña, Mayra Santos Febres (y les recomiendo encarecidamente que lo lean)—, recién había llegado el 21 de julio de 2009 a su casa en Cambridge luego de un viaje a China en función de su quehacer profesional, cuando se vio forzado a entrar a su propia casa por la puerta trasera de la misma (al encontrar atascada la puerta frontal).  Esto llevó a que alguien, a quien los primeros informes describen como “una vecina de raza blanca” llamara a la línea telefónica de emergencias de la policía local para informar del aparente “escalamiento” de una residencia.  (Pero si nos dejamos llevar por los reportajes noticiosos posteriores a los hechos, lo anterior como que no cuadra, ya que los vecinos entrevistados por los medios de prensa—blancos, negros, y uno que otro que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario—no se proyectan como la clase de persona que no querría tener a alguien “distinto” en su vecindario.  Habrá que ver si la susodicha “vecina blanca” sale a la luz pública a disfrutarse su cuarto de hora de fama, una fama que tal vez ni deseaba en principio…)

Lo que ocurrió después… bueno, eso depende de quién es el que hace el cuento, a menos que resulte que el escritor puertorriqueño, Luis Rafael Sánchez, tuviera razón cuando expresó en su excelente obra teatral, Quíntuples,

El cuento no es el cuento… el cuento es quien lo cuenta.

Según el profesor Gates, el policía que atendió la querella no se identificó en principio como tal (un “no-no” que ha de haber servido a uno que otro libretista febril para eliminar—de una manera que no sea matarlo—un personaje principal en la trama de alguna teleserie detectivesca), pero luego se identificó debidamente y le informó de que se encontraba allí para responder a una querella por un “escalamiento”.  A esto, el profesor Gates alega que cuestionó la justificación de la presencia policial “porque soy un negro en los Estados Unidos”.  Por su parte, el policía que intervino con el profesor Gates, el Sargento James Crowley—de quien se ha dicho que ha ofrecido charlas y seminarios sobre tolerancia racial y sobre cómo evitar la práctica de hacer perfiles étnicos (en inglés, racial profiling)—, alega que sí se identificó debidamente como policía y que le requirió que se identificara como residente en el domicilio objeto del supuesto escalamiento, a lo que el profesor Gates se había negado en principio; que cuando quiso exhortarlo a salir de la casa para poder continuar la discusión sobre la pesquisa, el profesor Gates se comportó de manera altanera e insultante; y que tuvo que arrestarlo finalmente por exhibir una conducta ruidosa y arrogante (¿alteración a la paz?) ante la pesquisa policial.

Y es así como se produce el arresto del profesor Gates, reflejado en la foto que ha dado la vuelta al mundo (y que ustedes verán en otros lugares… menos en este blog, ya que no la muestro para evitarme problemas de derechos de autoría); irónicamente, dos elementos resaltan en la foto: en un primer plano, la presencia de un policía de raza negra como parte del operativo (¿quién dijo que no había diversidad étnica en la policía de Cambridge, Massachusetts?), mientras que en un segundo plano aparece el profesor Gates esposado con las manos al frente.  Y por ahí sigue lo de que Gates estuvo bajo arresto varias horas, que la policía de Cambridge decidió al final retirar los cargos contra Gates (¿habrá sido porque en la policía de Cambridge se dieron cuenta de que los estadounidenses y el mundo los estaban mirando?), y que ninguna de las dos partes (Gates y Crowley) se ha querido disculpar por lo sucedido (hasta el momento en el que escribo esto).

Por lo menos, así estuvieron las cosas, hasta que el miércoles 22, el presidente Barack H. Obama, quien resulta ser un amigo personal del profesor Gates,* aprovechó un intercambio con la prensa (luego de ofrecer un mensaje sobre su propuesta de reforma de salud) para contestar una pregunta sobre lo sucedido el día anterior.  Si bien él aceptó que no tenía todos los detalles a la mano, el mandatario se “esmandó” (como dicen en mi barrio) y dijo que la policía de Cambridge, Massachusetts, “actuó de una manera estúpida” en el arresto del profesor Gates.  Claro está, desde entonces para acá ha tratado de suavizar su posición, la que atribuye…

(Redoble de tambores, por favor…)

¡a una incorrecta y desafortunada elección de palabras!  (¿Dónde o cuándo yo habré escuchado eso antes?)

¡Ah!  Y ahora—para arreglar la clase de boquete que se formó—el presidente Obama ha extendido una invitación al profesor Gates y al Sargento Crowley a zanjar sus diferencias, mientras los tres se dan unas cervecitas fríííííííííías… (¡Qué bonito!  ¡Ellos hacen la fiesta y no me invitan!)

Miren, mi gente, de lo que se trata esto es de un asunto que se ha prestado para hacer juicios apresurados (como el que cada una de las partes ha hecho), de algo en lo que no se tienen todos los detalles a la mano—o los que se tienen no pegan ni con saliva—y que cualquiera puede interpretar a su manera.  Yo no sé cómo ustedes lo vean, pero para mí que a esto le cae como anillo al dedo el refrán que le da el título a esta entrada, y que se explica más o menos así:

De noche todos los gatos son prietos (o pardos).
En circunstancias imprecisas la observación del detalle pasa por inadvertida, por lo cual las diferencias pierden pertinencia.  La obscuridad oculta las faltas.

(Adaptado de la página 90 de Refranes más usados en Puerto Rico, segunda edición revisada y aumentada, por María E. Díaz Rivera.  San Juan, P.R.: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1994.)

Y ciertamente, eso es algo que debieran aprender muchos, especialmente las partes involucradas en este incidente (desde la “vecina de raza blanca” que originó la querella sobre el “escalamiento” hasta el propio presidente Obama—de origen étnico mixto).  Un incidente que demuestra el gran camino que aún queda por recorrer en la convivencia entre etnias en los Estados Unidos.

Habrá que ver quién se anima a emprender ese camino.

Mientras tanto, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Interesantemente, un artículo del Center for Responsive Politics indica que el profesor Gates es algo más que un buen amigo del presidente Obama, al punto de que donó unos US$4,600 a la campaña presidencial de este último en 2008—el máximo que las leyes electorales federales permiten por parte de ciudadanos particulares.


NOTA (27 de julio de 2009 a las 15:23 UTC): La versión que están viendo en este momento tiene algunas correcciones y adiciones menores con respecto a la versión que publiqué originalmente hace unas horas.  Les pido me disculpen si esto les ha creado alguna confusión.

LDB

Y ahora nos toca a nosotros

¡Saludos, mi gente!

Aquí de nuevo, después de recesar involuntariamente por una semana, pero (como lo explicaré más adelante, si me tienen un poco de paciencia)* no es por lo que ustedes puedan haber pensado.

Y ciertamente, los acontecimientos de la semana pasada dan pie a que se piense lo peor.  En una semana en la que se han dado acontecimientos dramáticos como las vistas senatoriales en Washington, D.C., sobre el nombramiento de la jueza apelativa federal Sonia Sotomayor al Tribunal Supremo de los Estados Unidos—de las cuales, a mi entender, ella salió airosa y con excelentes probabilidades de ser confirmada, aunque a algunos retrógradas recalcitrantes les moleste (y les seguirá molestando) que “una latina sabia”, un ser perteneciente a una minoría dos minorías (como mujer y como hispana) sea capaz de acceder a los altos círculos del poder estadounidense—, los puertorriqueños nos hemos visto sorprendidos con la noticia de que ha habido una alta incidencia de casos relacionados con el contagio con el virus de influenza A-H1N1 (influenza o gripe porcina).  Una influenza que en un principio se pensó que (por observarse los primeros casos en México y en los estados de Texas y California) no afectaría a Puerto Rico, ya que las autoridades locales decían que todo estaba bien y que “no había manera” de que alguien en Puerto Rico se fuese a contagiar con el virus.

Evidentemente, no todo el mundo estuvo de acuerdo con la afirmación oficial de que “todo está bien”, ¿pero qué importaba eso entonces?  Lo importante era que había una semblanza de normalidad, de que el gobierno estaba atento a la crisis que se avecinaba.  Aun cuando se informó el primer caso sospechoso de contagio con el virus (un hombre de 39 años que había estado en un crucero por el Caribe a mediados de mayo de 2009), la impresión general era que el gobierno puertorriqueño estaba manejando la crisis adecuadamente…

… hasta la semana pasada, cuando se informó de la primera muerte atribuida al contagio con el virus, junto con unos 35 contagios confirmados y 290 contagios probables.

Y después se informó de la segunda muerte

Y entonces se informó de la tercera muerte

Y ya para el sábado 18 de julio, se informaba de hasta 19 muertes sospechosas de resultar del contagio con el virus A-H1N1, 52 contagios confirmados y 496 contagios probables (y esta última cifra representa un aumento de 71% en el número de contagios probables en apenas cuatro días).

Y eso, que se nos decía que “todo estaba bien”, que “era poco probable” que alguien en Puerto Rico se fuera a contagiar del virus A-H1N1, a pesar de los efectos que este virus estaba ocasionando en otros países, como México (cuya economía se vio seriamente afectada, según se lo escuché decir al cónsul mexicano en San Juan en una entrevista radial).  ¡Y miren dónde estamos en estos momentos!

¿Y cuál es la estrategia que se está utilizando al momento en el que escribo para manejar la situación de la gripe porcina en Puerto Rico?  A juzgar por lo que Edwin Vázquez—quien ha seguido de cerca esta situación desde el principio—ha escrito acertadamente en su blog, Cargas y Descargas (que les recomiendo encarecidamente que lo visiten), la misma se reduce a dos palabras: improvisación e histeria.  Mal manejo de la información pública sobre la incidencia de la gripe porcina—si no una completa desinformación—, falta de un liderato efectivo de parte de quienes tienen que manejar la crisis (sobre todo, si se tiene en cuenta que quien dijo que “todo estaba bien” fue el Dr. Jaime Rivera Dueño, designado por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset para dirigir el Departamento de Salud,** y que dicho funcionario, ante potenciales conflictos que auguraban el fracaso de su nombramiento, tuvo que renunciar a su candidatura para que no se la fueran a “colgar”), y varias otras instancias que reflejan que no es que la mano izquierda no sabe lo que hace la mano derecha… ¡más bien la mano izquierda ni sabe, ni le importa tres pepinos, que existe la mano derecha… y viceversa!  PUNTO.  ¡Eso no pare más!

Con un cuadro como ése, cualquier persona se confunde y comienza a improvisar medidas que a la larga le fallan al sentido de responsabilidad que todos debemos tener, tanto en lo individual como en lo que respecta a la sociedad en la que vivimos.  Es más, aún recuerdo cuando se mencionaba apenas hace un par de meses el problema que resultó de que la medicina que se utiliza para tratar este tipo de infección (Tamiflu) llegó a escasear en algunas regiones de la Isla, porque algunas personas lo estaban aprovechando como un “preventivo” para una posible infección, en lugar de dejársela a quienes la necesitarían verdaderamente en un futuro evento de infección.  Pero así es alguna gente…

En fin, que después de ver cómo la influenza A-H1N1 se ha estado dispersando por casi todo el mundo, de ver cómo se han afectado económica y socialmente las poblaciones de los países que se han visto afectados, de escuchar cada vez más el grito de “ahí viene el lobo”… ahora es que nos toca a nosotros enfrentar al lobo.  Y muy a pesar de los pesares, de la improvisación y de la histeria… ¡lo venceremos, y saldremos adelante!

¡Y vamos a dejarlo ahí, que yo no quiero contagiarme con el virus ése!  Ahora, más que nunca, CUÍDENSE MUCHO y pórtense bien.  Hasta luego.


* OK, aquí viene la explicación que les prometí: Sucede que la que correspondería a esta entrada iba dirigida originalmente hacia la presunta revelación, por parte de Jordan (Jordy) Chandler, de que la acusación que hizo en 1993 contra el recién fallecido “Rey del Pop”, Michael Jackson, había sido fabricada por él y por su padre con el fin de sacarle dinero al entertainer, y que los supuestos hechos en los que el cantante habría sostenido relaciones íntimas orales con el chamaquito de entonces (un manganzón de 26 años de edad al 2009) nunca ocurrieron.  La cosa es que mientras yo buscaba aquí y allá información que pudiera citar, me topé con esta entrada en Snopes.com, la cual califica la supuesta confesión del joven (quien actualmente está separado de su padre, luego de que éste lo agrediera con un objeto contundente en 2005 ó 2006) como falsaRepito: ¡FALSA!  Los responsables de la página de Snopes.com atribuyen su determinación a lo que ellos denominan como un comunicado pobremente fraseado que fue reproducido al pie de la letra en muchos blogs, y a que no habían encontrado mención alguna en los medios noticiosos sobre la supuesta confesión (o alguna otra declaración de Chandler, para los efectos), en medio de la barahúnda noticiosa posterior al fallecimiento de Jackson (y no tengo que explicar a qué me refiero con eso).  (Me pregunto qué opinan ahora en Snopes.com de la cantidad de medios internacionales que publicaron la nota en sus páginas de Internet—como El Universal de Caracas, por citar un ejemplo—, y aún así habría que cuestionarse si esos medios internacionales se dieron a la tarea de verificar la nota antes de publicarla.)  Siendo ése el caso, decidí eliminar lo poco que yo había empezado a escribir sobre el tema, y con ello, darle un breve receso de una semana al blog.

** Para beneficio de quienes que no lo conocieron, o para quienes tienen tanta memoria como la que tiene un pececito… o para quienes tienen tanta memoria como la que tiene un pececito… o para quienes tienen tanta memoria como la que tiene un pececito… o para quienes tienen (¡y dale, que es tarde!), el Dr. Jaime Rivera Dueño fue Secretario de Salud de Puerto Rico entre los años 1977 y 1984, durante los dos cuatrienios del gobernador Carlos Romero Barceló.  (Y como mencioné en la entrada a la que me refería hace un momento, “ciertamente las cosas en Puerto Rico han cambiado bastante desde [su] incumbencia original”.)  Rivera Dueño también dirigió el Instituto del SIDA de San Juan (entre 1988 y 1993), contra el cual se cometió un fraude con dineros federales ascendentes a US$2200000; sin embargo, aunque otros funcionarios de la misma entidad fueron a prisión, Rivera Dueño nunca pudo ser acusado de delito alguno en el foro federal.  (Y aquí está la fuente de estos datos.)


P.S.  Voy a aprovechar esta post data para referirme a la partida a la eternidad del legendario periodista y presentador noticioso estadounidense, Walter Cronkite, ocurrida la noche del 17 de julio de 2009 a la edad de 92 años.  Periodista sumamente talentoso, fue testigo de—y ayudó a los estadounidenses a buscarle el sentido a—muchos de los momentos cruciales en la historia de su país y del mundo en el Siglo 20.  Entre éstos estuvieron la carrera espacial entre los EE.UU. y la (entonces) Unión Soviética, de cuya culminación con la llegada de la misión Apolo 11 a la Luna se cumplen 40 años el día en que escribo esto (20 de julio de 2009); el magnicidio del presidente John F. Kennedy; y el atolladero estadounidense en su intervención militar contra las fuerzas comunistas en el sudeste asiático, o lo que todos conocemos como la “guerra” de Vietnam (la misma que según las estadísticas oficiales, le costó la vida a 58193 soldados estadounidenses, 345 de los cuales eran puertorriqueños).  Tanta fue su credibilidad que se le ha llamado, “el hombre más confiable en los Estados Unidos”… ¡y ya eso es mucho decir!  Su partida deja entonces un vacío bien grande, difícil de llenar en un mundo en el que se valora más la apariencia que la experiencia, en el que la parte más importante de la noticia… ¡es hacer de ella un show!  Difícil, tal vez… pero no creo que sea imposible.  And that’s the way it is!


LDB

Guardianes de la moral . . . o propagadores de chismes?

¡Saludos, mi gente!

En una de mis antiguas entradas de Blogger trasplantadas a WordPress, yo escribí lo siguiente en relación con lo ridícula que me parecía la campaña de miedo que los sectores reaccionarios conservadores estadounidenses—y en particular los “pastores evangélicos” como Pat Robertson, el mismo tele-evangelista que abogó en el año 2005 por que se asesinara al presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías—tienen en contra de los homosexuales, lesbianas, etc., etc., etc.:

Por supuesto, el concepto del american way of life que esboza ese predicador, no me parece que sea conducente a una plena realización de la sociedad occidental contemporánea, sobre todo con sus postulados de subyugación de la mujer al hombre (cuando la realidad es que hombres y mujeres son socios con iguales derechos y responsabilidades en esto que llamamos "la vida") y sus maquinaciones sobre las motivaciones de los homosexuales, lesbianas y sus similares en la búsqueda de su reconocimiento social (or so they say).  (¿Se imaginan algo así como una de esas antiguas películas episódicas de "Buck Rogers", en las que el enemigo máximo en lugar del Emperador Ming sea un homosexual "salido del closet"?  ¿Cómo será eso de batallar contra una "loca arrebatá’" y sus hordas y testaferros para salvar la santidad de la familia… o cualquier otro motivo para el que "la familia" sirva de escondite?)

Pues bien, vine a acordarme de eso cuando me enteré de que la semana pasada, a un senador del PNP le ha entrado la vena de chismoso (¿no será más bien que le sacaron “el ‘mostro’” machista que lleva adentro?) y ha hecho insinuaciones sobre las “preferencias sexuales” de muchas de las miembros femeninas de la Cámara de Representantes, preferencias que él dice que “no comparte” (¿?).  Ello se dio en el marco del rechazo senatorial a la confirmación de Johanne Vélez (y creo que esta vez escribí correctamente su nombre) al cargo de Procuradora de las Mujeres de Puerto Rico, para el que había sido nominada por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset (vea los comentarios a La imagen de un mundo enfermo) y para el que ella contaba con un gran apoyo entre los sectores feministas y progresistas sociales del país.

Yo me pregunto qué puede llevar a una persona supuestamente sensata como este senador a expresar un prejuicio como ése, a pintar con un mismo brochazo a quienes mantienen un estilo de vida que cualquier sociedad “civilizada” encontraría “normal” y “aceptable” y a quienes llevan estilos de vida a los que se estigmatiza como “torcidos” (más o menos el calificativo que utilizó el presidente del Senado, Tomás Rivera Schatz, para referirse a las parejas del mismo sexo… digo, a menos que eso hubiese sido un “desliz freudiano” parecido al comentario de la senadora Evelyn L. Vázquez sobre los dominicanos… ¡huy, parece que eso se está contagiando más rápido que la gripe porcina A[H1N1]!).  ¿Será que la mentalidad de estos senadores es parecida a la de quienes como el “pastor” Robertson—y muchos de quienes lo siguen a ciegas, mientras él los explota económicamente para financiar su imperio televisivo—creen en la teoría de la “agenda” de los “torcidos” para destruir la institución de la familia, para corromper “la moral y las buenas costumbres”, para apoderarse del mundo?

Permítanme hacer algo diferente esta vez: Quiero dirigir los siguientes planteamientos a quienes se arropan con la bandera de una supuesta superioridad moral, para juzgar a los demás por la manera en la que eligen vivir su vida—algo que yo, como heterosexual que favorece la relación entre hombre y mujer, he elegido no hacer.  Mi reto se basa en tres reclamos sencillos:

  1. Diga quiénes son esas personas cuyas preferencias (sexuales o de la índole que sea) usted “no comparte”.  Si usted tiene la certeza de que esas personas representan algún “peligro” para la moral y el bienestar de la sociedad puertorriqueña, entonces usted tiene la responsabilidad (tanto social como personal) de decir las cosas de frente, de denunciar con nombre y apellido.
  2. Una vez usted las haya expuesto a la luz pública, prepárese a explicar qué es lo que descalifica a estas personas para desempeñarse en sus empleos—y con ello, servir al país—, o hasta para convivir al lado de la “gente decente” (o lo que sea que eso signifique).  Mejor aún: explique—si tiene la valentía para hacerlo—cómo el estilo de vida de esas personas, lo que éstas hayan elegido hacer con sus vidas, afecta el bienestar de quienes “no comparten” esos estilos de vida, o incluso, perjudica la buena marcha del país.  Ah, y por favor utilice argumentos lógicos, razonados y convincentes, en lugar de esconderse detrás de que “es así porque sí”, o que se debe a “X” o a “Y”, o porque lo dice Fulano, Zutano o alguien más… o “porque Dios me lo dijo”.  (Y lamento darle a usted—o a quien crea igual que usted—una mala noticia: Usted NO ES Dios… ¡a mí usted me habla con pruebas, con evidencia… o NO me habla!  PUNTO.)
  3. Ahora que usted acaba de justificar su odio repudio prejuicio denuncia, ¿qué es lo que usted propone hacer con estas personas cuyas preferencias (sexuales o de otra índole) “no comparte”?  ¿Someterlas a la burla y el escarnio público?  ¿Someterlas públicamente al rechazo, al ostracismo y la marginación… y hasta a la violencia?  ¿Aislarlas de todo contacto con la sociedad, como si se tratara de leprosos, o de delincuentes altamente peligrosos que hubiera que confinar “en solitario”?  ¿O tal vez ”reeducarlas” para que adopten una conducta y un estilo de vida que sean socialmente “correctos” y “aceptables”?

Es más, quiero cerrar esta entrada enviando un mensaje para el “distinguidísimo” senador y para quienes piensen (¿dije “piensen”?) como él:

Si usted no tiene la valentía ni la honradez de responder a los reclamos anteriores… ¡entonces CÁLLESE LA BOCA y deje vivir en paz a estas personas, y búsquese la paz para SU propia vida!  (Ah, y si se siente que con esto le estoy “faltando el respeto”… ¡lo siento mucho, pero no venga a exigirme a mí un respeto que usted parece no tener por los demás—y creo que tampoco por usted mismo!) 

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB