Cuanto más cambian las cosas…

With his family by his side, Barack Obama is s...
With his family by his side, Barack Obama is sworn in as the 44th president of the United States by Chief Justice of the United States John G. Roberts, Jr. in Washington, D.C., Jan. 20, 2009. More than 5,000 men and women in uniform are providing military ceremonial support to the presidential inauguration, a tradition dating back to George Washington’s 1789 inauguration. VIRIN: 090120-F-3961R-919 (Photo credit: Wikipedia)

NotaVámonos,
Vámonos,
Vámonos,
Que la parranda se acabó.Nota

Bueno, amigas y amigos, mi gente.  Ya, sanseacabó… ¿o no será más bien “Sanse” acabó?  Que quiere decir, más o menos, que las Navidades más largas del mundo—según el “wishful thinking” de algun@s—terminaron la tercera semana de enero, con el cierre de las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan, para los lectores internacionales).  Fiestas a las que, por razones que no vienen al caso mencionar, no me ha sido posible ir desde que mi lugar de trabajo se mudó de Puerta de Tierra (al lado del Viejo San Juan) a Río Piedras.  Y realmente me apena, porque independientemente de todo lo que se diga de los estragos que causan algun@s de l@s asistentes a las fiestas (como lo pudimos observar en las fotos de la prensa local)—por no hablar del lamentablemente asesinato de un joven ocurrido en medio de la celebración de este año—y de que éstas se han alejado mucho (yo diría que “años luz”) del propósito religioso con el que se organizaron originalmente, para mí siguen siendo uno de los espacios donde muy a pesar de los pesares, se comparte el sentimiento de lo que nos une a los puertorriqueños, ese orgullo que nos ha ayudado a sobrevivir las peores tormentas que nos ha tirado la vida—y sabe Dios cuántas más desde aquí en adelante.

Por supuesto, a mí lo que más me atrae de las Fiestas de la Calle San Sebastián—y me seguirá atrayendo (no les quepa la menor duda)—no es la bebelata ni el alboroto desordenado (no muy patriótico que digamos) de algun@s, sino la variedad de manifestaciones de la cultura boricua, en cuanto a libros, artesanías, dulces típicos, etc.  Y para muestra, con dos botones de tiempos pasados basta:

Máscara de vejigante de Loíza Aldea.

Natividad taína.

Una máscara de vejigante de Loíza Aldea, en madera, de no más de 3 pulgadas (7.6 cm) de alto, y una Natividad taína (más o menos de la mitad del tamaño del anterior), o sea, una visión de cómo hubiera sido el nacimiento del niño Jesús si éste y sus padres, María y José, hubieran sido indios taínos.  Y ambas obras las compré muchos años atrás, cuando me era posible sacar un ratito al final del viernes de esa semana de trabajo para subir y bajar la famosa calle como dice el coro (Notavoy subiendo, voy bajandoNota).  Puede ser que ambas fotos—con todo el trabajo que pasé para tomarlas para subirlas al blog—no les hagan justicia a los originales que tengo en mi casa… ¡pero eso es lo que hay!

(Por cierto, ambas fotos también están en mi cuenta en Instagram, junto con otras fotos como las del patio interior de la antigua Escuela de Medicina Tropical, etc.)

Pero bueno, vamos de nuevo a doblar el lomo.  Ya no hay más por dónde zafarse.

La cosa es que nuevamente nos encontramos en el punto en el que comienzan nuevas administraciones de gobierno.  Y contrario a lo que hubiéramos podido pensar hace 4 años, la administración de Barack H. Obama logró prevalecer, muy a pesar de todos los escollos que se le han presentado en el camino—especialmente el resentimiento de una derecha política que, por mejor que sea la intención, no se atreve a evolucionar y adaptarse a los tiempos que vivimos—y del hecho de que una cosa es la promesa y otra muy distinta es la realidad.  Y para atender esa realidad, me imagino que deberá—porque a ello está obligado—aprovechar las oportunidades que tendrá ante sí para hacer las cosas que prometió hacer unos 4 años antes.  Digo, eso si lo dejan.

“(D)esde el mismo primer día de trabajo, el presidente Obama ha puesto su empeño en cumplir las promesas que hizo en su campaña electoral, aunque a lo largo del camino, él debe haber descubierto que no todas las promesas que él hizo serán fáciles de cumplir…

[…]

Por supuesto, no han faltado las críticas contra el presidente Obama, principalmente provenientes de personeros de la derecha política republicana que, más que una genuina preocupación por el rumbo que toma su nación, lo que destilan es rencor, con un matiz de revanchismo político.  Por lo menos, para mí ésa es la explicación de que muchos de estos personeros expresen su esperanza de que el presidente Obama fracase en su mandato.  ¿Por qué?  ¿Será porque se dejaron vencer por alguien “distinto” (interprétese como se interprete) y eso no les hizo gracia alguna?  ¿Será por que no tienen nuevas ideas que ofrecer a su pueblo?  ¿Será porque no creen en la constante del cambio, en que deben evolucionar con la misma sociedad que dicen representar?  ¿Será porque no tienen la capacidad para admitir—y afrontar con valentía—las fallas de su propia ideología, los puntos débiles, los defectos, a fin de corregirlos y ponerse en pie como fuerza política válida?”

(Y si de rencores y revanchismos se trata, sólo hay que pensar en la reacción de los mismos personeros de siempre a una foto (de agosto de 2012) divulgada en enero de 2013 por la Casa Blanca, del presidente Obama practicando el tiro de “skeet” en la casa oficial de veraneo del Campamento David en el norte de Maryland.  Una foto que, según los reaccionarios en cuestión, no borra la imagen “anti armas” del mandatario—algo en las líneas de “ése se agarra de cualquier cosa para negar lo que es” o “ése no sabe nadar y por eso camina sobre el agua”.*  O sea, palos si bogas y palos si no bogas.)

Y si de prevalecer se trata, la administración Obama lo hizo en su compromiso de sacar la presencia de la soldadesca estadounidense de Iraq para fines de 2014, y con ello quitarse parte de la sombra de las acciones militaristas emprendidas por su antecesor, George W. Bush.  Pero… ¡ojo!  Dije “parte de la sombra”, no “toda”.  Todavía quedan prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” en el enclave estadounidense—o “espina en el costado cubano”, para quienes lo ven de esa manera—de Bahía Guantánamo.  Y algunos de esos prisioneros aún están esperando juicio por sus presuntas “acciones terroristas”.  Digo yo, ¿no fue para eso último para lo que se les encarceló?  ¿Será que después que los confinaron, tienen tanto “miedo” a alguna represalia de las organizaciones criminales con las que estarían vinculados?  O tal vez será que los quieren tener como la presa de caza, cuya cabeza—incluidos los cuernos u otras protuberancias craneales, de tenerlas—”adornan” la sala de la casa de algún cazador, tal vez para lucirlos como motivo de orgullo.

Tal vez ése no era parte del “cambio” prometido.  Tal vez ése es un claro ejemplo de que entre promesas y realidades va un trecho muy largo.

Pero eso es allá en “el norte”.  Acá en esta isla bendita, comenzamos el año y el cuatrienio con una gerencia gubernamental diferente.  Una gerencia gubernamental que tendrá que ver cómo enfrenta los retos que les dejaron años y años décadas de improvisaciones, pasos en falso, demostraciones de incompetencia y necedad, juegos con la realidad que se vive en la calle.  Retos que no ocurrieron “el otro día”, como hay quien dice, pero que alcanzaron matices graves durante los años de la administración del Lcdo. Luis G. Fortuño Burset como gobernador.  (Aunque siempre han alcanzado matices graves con cada administración previa, ¡pero qué se le va  a hacer!)  Años en los que la mentalidad prevaleciente parecía ser la de “haz lo que YO digo y no lo que YO hago, porque YO-YO-YO tengo el poder y tú tienes que allanarte y obedecer ciegamente y sin cuestionar, porque “such is life”, porque los valores cuentan… ¡pero sólo para ti, no para nosotros!”  Una mentalidad que pretendía manejar la vida pública del país como si fuera una empresa privada, dirigida por una ideología conservadora como las que se vería, por ejemplo, en Texas y otros estados del sur de los EE.UU., pero que practicaba un estilo de política corrupta, más parecido al que creo que en inglés lo llaman algo así como “Chicago-style politics”—con perdón de la gente que me lee en Chicago, si se sintieran ofendidos por la comparación.  Un estilo en el que la partidocracia y la incompetencia administrativa pasearon su fealdad miserable por casi todos los órdenes de la vida.  Un estilo que quiso imponerse sobre todo aquello que no le fuera afín a la ideología prevaleciente—aun instituciones que, le guste a quien le guste, tienen una razón de ser y cumplen una función vital en la sociedad puertorriqueña, como el Colegio de Abogados.

Pero, ¿no es eso lo que tanto critica la derecha más recalcitrante, dondequiera que esté, a los gobiernos de países como Cuba o Venezuela—con perdón de mis lectores y lectoras cuban@s y venezolan@s (y me refiero más a la gente que a quienes la gobiernan), porque ell@s también son mis amigas y amigos, mi gente—, a los que seguida el arsenal derechista de epítetos dispara su carga de “dictatoriales”?  Es más, ahora me da más pena con don Luis A. Ferré, quien durante el ocaso de su vida insistía en que Puerto Rico no era ni caribeño ni latinoamericano—mientras otras manos aprovechaban su delirio senil para echar por la borda todo lo que le costó sudor y sacrificio político.  (Y no tengo empacho en decir esto: siento que el alma de don Luis A. Ferré debe estarse agitando en su sepulcro, convulsando cada vez más, al percibir lo que han hecho—y hacen—sus “herederos” políticos.)  Pero ya la Historia se encargará de juzgar… y de adjudicar.  A mí no me cabe la menor duda.

Y mientras esa partidocracia y esa incompetencia campeaban por sus respetos, las fuerzas que buscan desestabilizar con su violencia la vida de nuestra sociedad también campeaban por sus respetos.

Así las cosas, ¿qué debemos esperar de los sucesores, especialmente del nuevo gobernador, Lcdo. Alejandro García Padilla (además de que sea otro abogado el que gobierne)?  Tal vez yo no esperaría mucho.  Tal vez den la cara y cumplan con algunas cosas que prometieron, como restaurar el clima de responsabilidad social del país, mediante la restauración de las colegiaciones profesionales que se deshicieron por revanchismo, o aumentar la fuerza laboral del país—de por sí bastante afectada por las improvisaciones (porque así hay que llamarlas: improvisaciones) mal aplicadas durante la “emergencia fiscal” de 2009—en unos 50’000 en los primeros meses de gobierno (como dicen en los sectores pudientes de Guaynabo, “good luck with that!”), o disminuir la ola de violencia que parece prosperar en el país bajo ciertas condiciones (y ése podría ser un buen tema para un análisis inteligente: por qué la criminalidad “florece” durante ciertos periodos de gobierno y durante otros no), o tratar de hacer que la vida sea más tolerable para quienes tenemos que pagarla a un costo lamentablemente alto… Excepto porque…

Lamentablemente, comenzaron con el pie izquierdo con mal pie (lo siento, pero eso de “con el pie izquierdo” me parece prejuiciado y sin razón de ser y por eso es que lo tacho).  Y ya se avecinan aumentos en los costos del agua y la electricidad—en este último renglón, el propósito será cubrir una reducción presuntamente artificial, aplicada por la administración anterior de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) previo a las elecciones generales de 2012, y que duraría solamente 3 meses, para entonces volver a pagar más cara la electricidad… ¿no será más bien, para pagar los excesos de la propia corporación pública?  Excesos que se financian con unas fórmulas matemáticas—tan secretas como la receta para la preparación de la CocaCola y los ingredientes que lleva—de un mal llamado “ajuste por combustible” (que como posiblemente yo haya mencionado alguna vez, en mi caso particular se lleva la mayor tajada del costo de la factura eléctrica de mi casa), mientras la infraestructura eléctrica del país sufre los embates de la naturaleza, una naturaleza que siempre es más sabia que lo que algun@s creen.

Yo no sé, pero me imagino que aunque suene como un disparate, quien lo dijo originalmente tenía la razón: mientras más cambian las cosas, más “iguales” se quedan.  Cuán iguales se van a quedar y cómo habremos de lidiar con toda esa “igualdad”, eso es lo que habrá que ver en estos próximos 4 años.

Pero bueno, ¡vamos a dejar el comienzo del 2013 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, para que sepan a qué me refiero, les dejo este chiste (tomado de uno de mis grupos favoritos de usenet):

Versión en inglés: Mi traducción (libre) al español:
Amazing Hunting Dog

An avid duck hunter was in the market for a new bird dog.  His search ended when he found a dog that could actually walk on water to retrieve a duck.  Shocked by his find, he was sure none of his friends would ever believe him.

He decided to try to break the news to a friend of his, a pessimist by nature, and invited him to hunt with him and his new dog.

As they waited by the shore, a flock of ducks flew by.  They fired, and a duck fell.  The dog responded and jumped into the water.  The dog, however, did not sink but instead walked across the water to retrieve the bird, never getting more than his paws wet.  This continued all day long; each time a duck fell, the dog walked across the surface of the water to retrieve it.

The pessimist watched carefully, saw everything, but did not say a single word.

On the drive home the hunter asked his friend, “Did you notice anything unusual about my new dog?”

“I sure did,” responded the pessimist.  “He can’t swim.”

El Sorprendente Perro de Caza

Un ávido cazador salió a comprarse un nuevo perro de caza.  Su búsqueda terminó cuando encontró un perro que realmente podía caminar sobre el agua para recoger un pato.  Atónito por el hallazgo, él estaba seguro de que ninguno de sus amigos le creería.

Decidió entonces darle la noticia a un amigo suyo, pesimista por naturaleza, y lo invitó a cazar con él y con su perro nuevo.

Mientras esperaban junto a la orilla, una bandada de patos sobrevolaba.  Ellos dispararon, y un pato cayó.  El perro respondió y se tiró al agua.  Sin embargo, el perro no se hundió, sino más bien caminó sobre el agua para recoger el ave, sin mojarse más que las patas.  Así continuaron todo el día; cada vez que un pato caía, el perro caminaba sobre la superficie del agua para recogerlo.

El pesimista observaba cuidadosamente, vio todo, pero no dijo una palabra.

En el viaje de regreso a su casa, el cazador le preguntó a su amigo: “¿notaste algo inusitado en mi perro nuevo?”

“Ciertamente”, respondió el pesimista.  “No puede nadar.”


LDB

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Con el dedo en el gatillo

Islamic Center Samarinda
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Yo creo que lo he mencionado aquí en una que otra ocasión, pero ante lo visto esta semana pasada merece que lo repita.  Se trata de la anécdota sobre lo que me comentó una compañera de estudios en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, en el sentido de que algunos que se cantan seguidores de Dios, que se proclaman como “santísimos varones de Dios”, de los que se pasan las 24 horas del día predicando el amor al prójimo (esto en su sentido más amplio) y tratando de exhortar a los demás a volverse a Dios… “son hasta peores que el mismísimo demonio”.

Tal es la impresión que me dejó la amenaza hecha—probablemente desde hace más tiempo, pero conocida a comienzos de semana—por Terry Jones, el pastor de una pequeña congregación (aproximadamente 50 miembros) de cristianos evangélicos de Jacksonville, Florida, para quemar ejemplares del Corán—el libro sagrado de la religión musulmana—el 11 de septiembre de 2010, en coincidencia con la conmemoración del noveno aniversario de los siniestros sucesos que cambiaron la historia para siempre.  Amenaza motivada, según se dice, por los planes para la construcción de un centro islámico que incluiría una mezquita, en las cercanías del lugar donde alguna vez estuvieron las estructuras principales del Centro Mundial de Comercio (World Trade Center), y que fueron destruidas aquel aciago martes del 2001 (experiencia de la que por poco me hago partícipe por accidente, como lo escribí en su momento).  Amenaza matizada por la visión de mundo del pastor evangélico en cuestión, en la cual la religión practicada por los musulmanes es—e insisto, es a su modo de ver—un engendro diabólico (y si recuerdo correctamente alguno de los reportajes sobre el trasfondo de esta controversia, el mismo individuo publicó un libro cuyo título—atrevidamente—hace esa misma proclama).

No hace falta decir nada sobre las secuelas de esa amenaza, que no se haya dicho ya.  Repudios por parte de la propia comunidad musulmana, en los Estados Unidos y en otros países (lamentablemente, no todos con las mejores intenciones, especialmente si hay una “guerra santa” de por medio); repudios por parte de las autoridades locales y nacionales estadounidenses, incluso del mismo presidente Barack H. Obama, la secretaria federal de estado Hillary Clinton, y hasta el jefe de las fuerzas militares estadounidenses implicadas en la “guerra contra el terrorismo” que se escenifica en el propio patio de muchos de los creyentes; repudio hasta de parte de figuras públicas como la ex-gobernadora de Alaska, Sara Palin (¿la recuerdan?), de quien francamente yo hubiese esperado más una expresión favorable a la alocada idea de la quema (algo así como “burn, baby, burn”) que la expresión de mesura que hizo al fin y al cabo.

Y el pastor Jones… pues, “bien, gracias” y “pregúntame si a mí todo eso me importa” y “yo sigo pa’lante con la quema”, porque “Dios me dijo que siguiera”.

(De paso, cualquier parecido entre este pastor evangélico y el alcalde de un municipio del interior montañoso central de Puerto Rico, al que “una pastora evangélica” le comunicó una “revelación” de Dios para que el incumbente le cambie el apodo—en palabras de domingo, el “cognomento”—a dicho municipio*… es como para decir a todo pulmón… “¡COGNO!”  Pero volvamos a nuestro programa regular.)

Total, que al final de cuentas se requirió de una llamada del secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, para difuminar una situación que pudo haber sido peligrosa, no solamente para el pueblo estadounidense (que al sentirse provocados ciertos elementos extremistas dentro de la comunidad musulmana—que por lo demás, contiene seres humanos que tienen más cosas en común con los judeocristianos que cosas que los separan… y que las encontraremos si miramos bien, con detenimiento—pudo haber sido la víctima de eventos siniestros de peor magnitud), sino para los soldados que a la fecha libran una guerra provocada por los mismos eventos siniestros cuya conmemoración está enredada sin querer en esta discordia.  Y el pastor Jones accedió finalmente, luego de haber puesto a media humanidad al borde de una verdadera crisis, e incluso de decir que habría de reunirse con el clérigo musulmán a cargo del propuesto centro islámico neoyorquino… ¡cosa que el mismo clérigo musulmán desmintió que fuese a ocurrir!  (Y que de todos modos, no llegó a ocurrir nunca, o al menos hasta el momento en el que escribo.)

Pero una cosa como ésta no deja de preocupar, de todos modos.  Yo me cuestiono cómo una persona prácticamente desconocida, el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos, que promueva un gesto de odio contra uno de los símbolos de una creencia religiosa ajena, diz que para vengar una afrenta contra todo un pueblo y contra el mundo.  Digo, ¿conocerá este individuo el valor que tiene el Corán para los musulmanes?  ¿O será de los ciegos que se ufanan de algo así como… “mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)”?  ¿Sabrá este individuo que un acto como el que se proponía hacer le puede traer—tarde o temprano—consecuencias nefastas, tanto para sí mismo como para un pueblo que busca librarse de una futura amenaza de actos de terror en su propio suelo?

Por lo pronto, ya este señor tuvo su cuarto de hora de fama.  Un cuarto de hora en el que él, sin proponérselo (¿?), tuvo en vilo a medio mundo mientras él tenía su dedo puesto en el gatillo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta luego.


* Por si acaso, me refiero al caso del alcalde de Lares, Puerto Rico, quien bajo la premisa ya mencionada ha querido cambiar el apodo de su municipio, de “La Ciudad del Grito” (por la efeméride del Grito de Lares, ocurrido el 23 de septiembre de 1868) a “La Ciudad de los Cielos Abiertos” (¡!).  Se especula—y yo me suscribo en parte a esa noción—que la acción responde más a la ideología política del alcalde (del PNP a la fecha en que propone esta acción) que a algún ejercicio cultural de beneficio para los ciudadanos locales, y que lo que esa acción pretende es borrar la realidad de un hecho que es parte de la historia puertorriqueña, gústele a quien le guste.  Pero allá Juana con sus pollos…


LDB

La oscura marejada del desastre

Anchor-handling tugboats battle the blazing re...
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¡Qué tal, mi gente!

Esta vez quiero descansar un poco de la versión criolla de los que la revista satírica estadounidense Mad llamaría, the usual gang of idiots (y no hace falta decir aquí quienes son), para mirar lo que ha estado sucediendo por alrededor de 40 días (casi tanto tiempo como lo que llevaba el conflicto huelgario de la Universidad de Puerto Rico al escribir esta entrada) en las costas del Golfo de México frente al estado estadounidense de Louisiana.  Lógicamente, me refiero a las secuelas del siniestro en la plataforma petrolera Deepwater Horizon, especialmente el escape del petróleo que se extraía en dicha plataforma y su peligrosa propagación a través de dicho cuerpo de agua.

Este asunto ha resultado ser tan complejo de manejar, en varios aspectos.  Por ejemplo, está el costo de 11 trabajadores que—como se presume—pagaron con sus vidas por ejercer un trabajo riesgoso, como lo es la explotación petrolera en altamar, un costo que sus familiares tal vez nunca puedan recuperar, en tanto no parece que haya manera de recuperar los cadáveres al momento en que escribo.  Está el costo de la infraestructura que se destruyó desde el estallido inicial hasta el colapso de la plataforma, más el de la pérdida que conlleva todo ese petróleo que se ha echado a perder al medio ambiente, especialmente en momentos en los que acceder a ese material se hace muy complicado y difícil… a menos que haya que declarar una guerra en otro lado del mundo (para la que haya que disponer de una justificación como la “liberación” de un pueblo de la opresión de su mandatario—que antes era un aliado del país interventor—o la búsqueda de “armamentos de destrucción masiva” que no aparecen ni aunque los busques en Google.  Digo, desde que se inventaron las excusas…)

Pero también hay un costo mucho mayor de desastres como éste, y es el que es pertinente a las gentes que viven de los recursos que les proveen el mar y sus costas: pescadores de ostiones, cangrejos, camarones, ostiones y demás; operadores de turismo, que cada verano esperan ver sus arcas llenarse con el influjo de turistas que se escapan del infierno de las grandes ciudades para reponer sus energías físicas y mentales; hasta el mismo comercio en general.  Y en el caso de quienes viven de lo que con toda generosidad les provee el medio ambiente costero, podría ser una pérdida considerable, si se tiene en cuenta el valor económico de los recursos de la costa.  De hecho, tengo frente a mí el texto Mitsch y Gosselink sobre los humedales,* el cual cita un análisis interesante que me gustaría compartir aquí.   Según ese análisis, de 1989, cuando se considera la disposición del público a pagar por “servicios” medioambientales de las ciénagas costeras de Louisiana—como la pesca comercial, la caza de animales como la rata almizclera y la nutria (para el aprovechamiento de sus pieles), la recreación y la protección de la costa contra eventos atmosféricos (o sea, huracanes y otros)—, y esa cantidad se contrasta con la utilización de la energía solar en la producción de materia orgánica, se encuentra que estas ciénagas producen un valor anual de tan poco como US$6000 y tan alto como US$70000, por cada 10000 metros cuadrados de estos ecosistemas.  Asimismo, se estima que la pérdida anual de estas ciénagas costeras—por causas que no son igual de catastróficas que un derrame de petróleo, pero que no por ello son menos problemáticas, como la erosión del suelo a causa del desarrollo costero—tiene un costo social de entre US$77000000 y US$544000000 al año.

Y aún cuando Mitsch y Gosselink explican un poco más adelante en su libro que la cuantificación del valor económico de los humedales—o de cualquier otro recurso natural, para todos los efectos—está plagada de toda clase de paradojas y complicaciones, las cifras en el párrafo anterior nos deberían poner a pensar un poco, ¿no?  Particularmente, debe ponernos a pensar en la cantidad de personas que viven de la generosidad de la costa.  Obreros que sacrifican sus vidas para obtener su sustento y para vender las riquezas del mar, y que ahora tienen que ver con decepción y amargura cómo esas riquezas se echan a perder.  Y todo, porque se permitió que ocurriera un desastre en una plataforma petrolera a 42 kilómetros mar afuera, la cual ahora está sangrando petróleo desde más de 1500 metros de profundidad (una profundidad a la que ni siquiera mis amigos que son buzos “le someten”).

Y si eso trágico, no es menos trágico ver cómo los remedios que se han intentado para poner coto a la fuga de petróleo en el fondo del mar no han servido de nada.  Campanas de concreto de todo tamaño posible, esparcido de agentes químicos dispersantes, inyección de materiales industriales que puedan contener la presión a la que el subsuelo expulsa el petróleo hacia el exterior, todo ha sido un fracaso tras otro.  Añádase a ello el patético espectáculo de los ejecutivos de tres empresas vinculadas con la plataforma siniestrada, con caras de “yo no fui” y echándole la culpa al “otro”, siempre es “el otro”… y tenemos así una canción triste para ser—verdaderamente—llorada.

No sé si será que la humanidad (o por lo menos, la porción de la humanidad que vive en los Estados Unidos) necesita que la madre naturaleza le dé lecciones como ésa, para que aprenda a contener su apetito voraz por el consumo de los recursos naturales.  Un apetito voraz alentado por quienes sólo ven la ganancia fácil, y no consideran las consecuencias que esa voracidad puede traer si no se mantiene el aprovechamiento de esos recursos dentro de un marco de gobierno razonable.  Habrá que ver si en los próximos meses—ya que esto va para laaaaargo, mientras la compañía responsable del desastre (BP) ejecuta su próximo “plan B” (porque siempre tiene que haber un “plan B”, ¿OK?)—esta lección será bien aprendida.  Digo, la esperanza es lo último que se pierde…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* FUENTE: William J. Mitsch y James G. Gosselink.  (2000)  Wetlands. Tercera edición.  New York, NY: John Wiley & Sons, Inc.


LDB

La guerra que se libra frente a nosotros

Croatian police helicopter Bell 206 B Jetrange...
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¡Qué tal, mi gente!

Las noticias que llegan de la calle últimamente son para alarmarse y salir corriendo a buscar dónde refugiarse:

  1. Participantes de una matanza masiva (no sé, pero tengo entendido que la palabra “masacre” es un calco del inglés o algo así y por eso yo no la uso aquí) salen absueltos porque un juez no encontró que la evidencia presentada y el testimonio de los testigos fuese prueba suficiente de su culpabilidad—muy a pesar de la solidez de esa evidencia y del testimonio de dichos testigos.  Y encima de eso, ¡el mismo juez quiso mandar a prisión a los testigos!  (Menos mal que mientras escribo, se habla de que las autoridades federales están investigando a dicho juez por presuntas irregularidades, pero ya veremos qué sucede…)
  2. Un helicóptero de la Policía Municipal de San Juan es tiroteado desde un caserío, mientras ayudaba a la Policía de Puerto Rico en una intervención con otros delincuentes.  El piloto—un policía—resulta herido, pero gracias a su pericia logra aterrizar la nave siniestrada y sobrevive el ataque.  Lamentablemente, su copiloto—un civil, ex-reportero gráfico para la televisión local—no corre la misma suerte y muere a causa de las heridas recibidas.
  3. Una discusión iniciada en el estacionamiento de un local de diversión, donde hubo hasta tiros al aire, culmina kilómetros más adelante en un tiroteo de madrugada entre autos, en el que muere un presunto miembro de la organización criminal encabezada por un conocido narcotraficante, mientras que su pareja—una conocida modelo y bailarina desnudista—queda gravemente herida.

Cualquiera diría que la violencia se está apoderando de las calles de San Juan y—¿por qué no decirlo?—del resto de Puerto Rico, con una ferocidad cada vez más espantosa.  (Por supuesto, ya vimos algo de eso hace un par de meses.)  Ahora, los delincuentes se sienten como si fueran los dueños de Puerto Rico, si no tal vez del mundo.  Se sienten envalentonados, con un total desprecio por la vida y la tranquilidad de otros seres humanos.  Ahora muestran un completo desprecio por la autoridad, o sea, aquella autoridad que no se deja intimidar, aquella autoridad que no se deja corromper, que no pueden comprar tan fácilmente, que no pueden manipular para sus propósitos.  Es más, es algo que vengo diciendo… ¡desde cuándo!

“…  Pero el caso es que los delincuentes no se conforman con sólo ventilar su ira contra sus rivales de negocios, sino que las cosas están al nivel de llevarse por el medio a todo el mundo, tenga o no que ver con la rencilla que se esté ventilando en el momento.  Y es así como caen los inocentes: niños escolares, amas de casa, trabajadores humildes, hasta familias enteras (como el caso de un ex procurador que cayó abatido junto a dos hijas y una amiga de éstas, dentro de su carro hace tres o cuatro años, por tener la mala suerte de estar justo en el medio de un tiroteo entre pandillas rivales, o sea, en el lugar equivocado en el momento equivocado)…  ¡Total!  ¿Qué les importa a estos delincuentes que caiga también quien no tiene que caer?

“Y lo peor de todo es que muchas de estas cosas ocurren casi en la cara de las mismas autoridades que supuestamente están ahí para proteger al pueblo.  Como que a los delincuentes les ha dado con reírse abiertamente de la policía, y de quienes se la pasan enajenados en los vaivenes con los que justifican su existencia…”

( “‘Mambrú se fue a la guerra’, versión 2007”, 15 de enero de 2007 )

¿Será que estamos asistiendo al comienzo de una verdadera guerra, como las que los soldados estadounidenses libran en Irak y Afganistán—quieran o no, en nombre de una “guerra contra el terrorismo”?  Como le comentaba a algunos de mis compañeros de trabajo, si en el caso del helicóptero siniestrado, el ataque fue con rifles de asalto de alta potencia AK-47, ¿qué será lo próximo?  ¿Granadas disparadas desde el nivel del hombro?  ¿Algo mucho peor que eso?

Y quién sabe hasta dónde han penetrado los tentáculos de la delincuencia en las esferas del poder, donde se toman las decisiones que pueden llevar a un pueblo hacia la prosperidad o hacia el fracaso.  Es más, yo también lo vengo diciendo, ¡desde cuándo!

“Yo siempre estoy diciendo, como lo saben quienes tienen la cortesía de leer lo que escribo en este blog, que algo está terriblemente mal cuando quienes juran ante Dios (el Ser Supremo según cada quien lo entienda) y ante los seres humanos obedecer y respetar las leyes y las instituciones políticas de un país, y actuar en favor del bienestar del pueblo al que juran servir, son los primeros en actuar de manera contraria a lo que han jurado.  Y si estas personas exhiben lo que aparenta ser alguna afinidad con elementos destacados en el ámbito de quienes violan abiertamente esas mismas leyes en busca de su lucro particular, ciertamente el cuadro que se conforma es poco halagador.

[…]

“Y luego estos pseudolíderes quieren hacernos creer que son unas blancas ovejas, limpias e inmaculadas…  Pero en el proceso, han dejado ver pedazos de su verdadero rostro.  Y todo eso, gracias a (si no a pesar de) un elemento delictivo que de una forma u otra, los atrapó a todos ellos en sus redes…”

(“Dime con quién andas…”, 7 de agosto de 2006)

Yo creo que más claro que esto, no canta un gallo.  Y mientras las cosas sigan ocurriendo como hasta ahora, tendremos que tener mucho cuidado al salir a la calle, especialmente de la amenaza que no se ve, pero es igual de peligrosa que la que se ve, y sus consecuencias son lamentables.

OK, voy a cambiar de tema y de tono, porque no quiero dejar pasar por alto que estuve presente en el Segundo Encuentro Nacional de Blogueros de Puerto Rico (también conocido como el Puerto Rico BloggerCon), que se llevó a cabo el sábado 8 de mayo de 2010, en las facilidades del Columbia Centro Universitario (no, no es un typo) en la ciudad centro oriental de Caguas.  Durante la actividad pudimos conocer cosas interesantes, tales como el uso de los blogs como herramienta empresarial, las tecnologías de fuentes abiertas (open source) y cómo éstas se relacionan con los blogs, el papel de la mujer en la blogósfera, el uso de los blogs como herramienta de activismo social—panel de discusión en el que participaron el amigo Prometeo (Poder5) y el Prof. Mario Núñez Molina (Digizen)—, la usabilidad y optimización de los blogs y la publicación de blogs mediante plataformas móviles como el Blackberry y el iPhone (moblogging).  Finalmente, tuvimos la participación de Alexéi Tellerías (Catarsis Diaria), quien nos ofreció una amena charla sobre la blogósfera caribeña dominicana.

En fin, fue una actividad bastante bien organizada, de la cual los presentes disfrutamos mucho.  Es más, hasta los “reporteros estrellas” de El Ñame se dieron la vueltecita por allá, diz que para cumplir con su promesa/amenaza de cachetearse el almuerzo… Pero bueno, lo que me queda es felicitar encarecidamente a los organizadores de la actividad, especialmente al periodista José Hernández Falcón,  cuya reseña de la actividad aparece en su blog de Primera Hora, y esperar a ver qué nos traerá el año que viene.

Mientras tanto, desde aquí exhorto a todos los blogueros de Puerto Rico y del mundo entero, a que continuemos la conversación, que bien vale la pena.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y sobre todo… ¡MUCHO CUIDADO ALLÁ AFUERA!

LDB

Y ya empezamos mal

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo estuvieron esas Navidades, ah?

Les doy la bienvenida a un nuevo año—y si lo seguimos donde lo dejamos la vez pasada, a una nueva década—en el que seguiremos arrastrando los mismos problemas de siempre, aunque también puede que surjan nuevos problemas (y quién sabe si son éstos son hasta peores).  Es más, pensemos por un momento: A esta fecha hace 10 años, ¿quién iba a imaginar que de la noche a la mañana, el mundo iba a “perder su inocencia” porque a uno o varios grupos de fanáticos religiosos se le ocurriera implantar su agenda de opresión, muerte y destrucción?  ¿Quién podía pensar entonces que esa situación se habría de prestar para el oportunismo de unos líderes que perseguían su lucro y la satisfacción de sus propios intereses, y cuyas torpes acciones no han ayudado a devolver a su país y a l mundo la tranquilidad, la paz y el sosiego?  Y en lo que a Puerto Rico se refiere, ¿quién podía imaginar entonces que los juegos del poder llegarían a un punto en el que el figureo y la falta de prudencia causaran estragos, y que se tomarían decisiones carentes de sensibilidad, en aras de una “recuperación y estabilización fiscal” que aún deja algunas dudas?

De todo eso habrá oportunidad para conversar durante el año que acaba de comenzar—y ciertamente yo pienso seguir siendo parte de esa conversación hasta que no pueda más (pero no se preocupen, que aún falta tiempo para eso).  Sin embargo, en este momento tengo que unir mi voz a las muchas voces que han expresado su sentir por la tragedia del pasado martes 12 de enero de 2010 en Haití, a eso de las 16:53:10 UTC –05:00, cuando un terremoto de magnitud 7.0 sacudió la capital de la nación más pobre en el hemisferio occidental.  (El Inventario Geológico adscrito al Departamento de lo Interior estadounidense ya tiene un informe preliminar sobre el terremoto de Haití; versiones en inglés y en español.)  Una tragedia de la que se espera un alto saldo de muertos (que mientras escribo se dice que puede llegar a—por lo menos—unos 50000, o hasta a 100000, y quién sabe si hasta más que esa cantidad…), que seguirá aumentando según disminuyan las posibilidades de encontrar sobrevivientes bajo los escombros.  Muertos que ya están llenando las calles, porque no pueden encontrarles ni espacio en los cementerios.  (Y según estuve viendo hace un par de horas por NBC, en algunos casos ha habido que llegar al extremo de incinerar los cadáveres, a falta de un espacio donde sepultarlos con alguna semblanza de dignidad.)

¿Y qué hay de quienes han tenido “la suerte” de sobrevivir?  Cargarán por el resto de sus vidas con las cruces del dolor, de la desesperación, de la angustia.  Muchos de ellos llevarán cicatrices físicas, heridas profundas en el cuerpo.  Algunos (y francamente, yo espero que no sean muchos) quedarán tan mal heridos que habrá que arrebatarles los miembros corporales gravemente destrozados.  Y muchos más llevarán cicatrices emocionales, heridas muy profundas en el alma.  Malos recuerdos que los perseguirán por el resto de sus vidas, hasta que ya no puedan huir y caigan vencidos, heridos de muerte, de muerte espiritual y hasta física.

Un golpe más para un pueblo que ha luchado por ser próspero y feliz, y que no se merece que la vida le siga pagando así.  Un golpe que se suma a los golpes que recibe cada año durante la temporada de tormentas y huracanes del Atlántico norte, cuando las tormentas o huracanes de las que nos libramos—porque diz que “somos bendecidos”, como dicen algunos que creen que Dios es una sartén a la que pueden tomar por el mango—se ensañan en su contra.  Un golpe que se suma a los golpes de los que ha sido objeto a través de su historia, cuando la codicia y la soberbia del poder le ha despojado de sus bienes y de su dignidad.

Así que por supuesto, es ahora cuando empieza el esfuerzo para ayudar a las víctimas del terremoto en Haití.  Es ahora cuando los demás países del mundo empiezan el ejercicio de demostrar que se preocupan por hacer llegar a la fuertemente afectada capital, Port-au-Prince, los frutos de la caridad y el desprendimiento de sus ciudadanos.  Y la tarea que le espera a quienes realizarán este esfuerzo, a mí me parece que va a ser titánica.  Va a ser la reconstrucción de un país devastado por un fenómeno natural.  Y eso (¡obviamente!) no se va a lograr de la noche a la mañana.  Va a requerir un compromiso que dure mucho tiempo, y que además trascienda la reconstrucción del país y la ayude a encaminarse por la vía de los países prósperos, estables y seguros.

Y la pregunta que me hago es: ¿Estará dispuesto el mundo a hacer ese compromiso con Haití, o ese país quedará a su suerte una vez las cosas vuelvan a su “normalidad”, como siempre le ha ocurrido?  Ya veremos lo que ocurra.  Mientras tanto, vaya desde aquí mi pena y mi solidaridad con el pueblo haitiano, y mis mejores deseos de que puedan sobrevivir a esta lamentable tragedia con la que empezaron el 2010, y de que puedan salir fortalecidos y con fe de que pueden concretar sus aspiraciones de paz, libertad y prosperidad.

Y ya que así fue como empezó el 2010… ¡vamos a dejar ese comienzo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

LDB