Con el dedo en el gatillo

Islamic Center Samarinda
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Yo creo que lo he mencionado aquí en una que otra ocasión, pero ante lo visto esta semana pasada merece que lo repita.  Se trata de la anécdota sobre lo que me comentó una compañera de estudios en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, en el sentido de que algunos que se cantan seguidores de Dios, que se proclaman como “santísimos varones de Dios”, de los que se pasan las 24 horas del día predicando el amor al prójimo (esto en su sentido más amplio) y tratando de exhortar a los demás a volverse a Dios… “son hasta peores que el mismísimo demonio”.

Tal es la impresión que me dejó la amenaza hecha—probablemente desde hace más tiempo, pero conocida a comienzos de semana—por Terry Jones, el pastor de una pequeña congregación (aproximadamente 50 miembros) de cristianos evangélicos de Jacksonville, Florida, para quemar ejemplares del Corán—el libro sagrado de la religión musulmana—el 11 de septiembre de 2010, en coincidencia con la conmemoración del noveno aniversario de los siniestros sucesos que cambiaron la historia para siempre.  Amenaza motivada, según se dice, por los planes para la construcción de un centro islámico que incluiría una mezquita, en las cercanías del lugar donde alguna vez estuvieron las estructuras principales del Centro Mundial de Comercio (World Trade Center), y que fueron destruidas aquel aciago martes del 2001 (experiencia de la que por poco me hago partícipe por accidente, como lo escribí en su momento).  Amenaza matizada por la visión de mundo del pastor evangélico en cuestión, en la cual la religión practicada por los musulmanes es—e insisto, es a su modo de ver—un engendro diabólico (y si recuerdo correctamente alguno de los reportajes sobre el trasfondo de esta controversia, el mismo individuo publicó un libro cuyo título—atrevidamente—hace esa misma proclama).

No hace falta decir nada sobre las secuelas de esa amenaza, que no se haya dicho ya.  Repudios por parte de la propia comunidad musulmana, en los Estados Unidos y en otros países (lamentablemente, no todos con las mejores intenciones, especialmente si hay una “guerra santa” de por medio); repudios por parte de las autoridades locales y nacionales estadounidenses, incluso del mismo presidente Barack H. Obama, la secretaria federal de estado Hillary Clinton, y hasta el jefe de las fuerzas militares estadounidenses implicadas en la “guerra contra el terrorismo” que se escenifica en el propio patio de muchos de los creyentes; repudio hasta de parte de figuras públicas como la ex-gobernadora de Alaska, Sara Palin (¿la recuerdan?), de quien francamente yo hubiese esperado más una expresión favorable a la alocada idea de la quema (algo así como “burn, baby, burn”) que la expresión de mesura que hizo al fin y al cabo.

Y el pastor Jones… pues, “bien, gracias” y “pregúntame si a mí todo eso me importa” y “yo sigo pa’lante con la quema”, porque “Dios me dijo que siguiera”.

(De paso, cualquier parecido entre este pastor evangélico y el alcalde de un municipio del interior montañoso central de Puerto Rico, al que “una pastora evangélica” le comunicó una “revelación” de Dios para que el incumbente le cambie el apodo—en palabras de domingo, el “cognomento”—a dicho municipio*… es como para decir a todo pulmón… “¡COGNO!”  Pero volvamos a nuestro programa regular.)

Total, que al final de cuentas se requirió de una llamada del secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, para difuminar una situación que pudo haber sido peligrosa, no solamente para el pueblo estadounidense (que al sentirse provocados ciertos elementos extremistas dentro de la comunidad musulmana—que por lo demás, contiene seres humanos que tienen más cosas en común con los judeocristianos que cosas que los separan… y que las encontraremos si miramos bien, con detenimiento—pudo haber sido la víctima de eventos siniestros de peor magnitud), sino para los soldados que a la fecha libran una guerra provocada por los mismos eventos siniestros cuya conmemoración está enredada sin querer en esta discordia.  Y el pastor Jones accedió finalmente, luego de haber puesto a media humanidad al borde de una verdadera crisis, e incluso de decir que habría de reunirse con el clérigo musulmán a cargo del propuesto centro islámico neoyorquino… ¡cosa que el mismo clérigo musulmán desmintió que fuese a ocurrir!  (Y que de todos modos, no llegó a ocurrir nunca, o al menos hasta el momento en el que escribo.)

Pero una cosa como ésta no deja de preocupar, de todos modos.  Yo me cuestiono cómo una persona prácticamente desconocida, el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos, que promueva un gesto de odio contra uno de los símbolos de una creencia religiosa ajena, diz que para vengar una afrenta contra todo un pueblo y contra el mundo.  Digo, ¿conocerá este individuo el valor que tiene el Corán para los musulmanes?  ¿O será de los ciegos que se ufanan de algo así como… “mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)”?  ¿Sabrá este individuo que un acto como el que se proponía hacer le puede traer—tarde o temprano—consecuencias nefastas, tanto para sí mismo como para un pueblo que busca librarse de una futura amenaza de actos de terror en su propio suelo?

Por lo pronto, ya este señor tuvo su cuarto de hora de fama.  Un cuarto de hora en el que él, sin proponérselo (¿?), tuvo en vilo a medio mundo mientras él tenía su dedo puesto en el gatillo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta luego.


* Por si acaso, me refiero al caso del alcalde de Lares, Puerto Rico, quien bajo la premisa ya mencionada ha querido cambiar el apodo de su municipio, de “La Ciudad del Grito” (por la efeméride del Grito de Lares, ocurrido el 23 de septiembre de 1868) a “La Ciudad de los Cielos Abiertos” (¡!).  Se especula—y yo me suscribo en parte a esa noción—que la acción responde más a la ideología política del alcalde (del PNP a la fecha en que propone esta acción) que a algún ejercicio cultural de beneficio para los ciudadanos locales, y que lo que esa acción pretende es borrar la realidad de un hecho que es parte de la historia puertorriqueña, gústele a quien le guste.  Pero allá Juana con sus pollos…


LDB

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Se Acabo el Sol, Se Acabo la Luna, Se Acabaron las Estrellas

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¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Escribo esto unas cuatro horas y media después de que se conociera el resultado de la primaria de los Demócratas en Puerto Rico, hoy 1 de junio de 2008. Según lo informaron las agencias de noticias a eso de las 18:30 (22:30 UTC), la senadora por New York, Hillary Rodham Clinton, se alzó victoriosa con un 68% de los votos obtenidos, frente a un 32% de su contrincante, el senador por Illinois, Barack Obama; a esa hora, la gran mayoría de las unidades de votación (1446 de 1786, o un 81%) había sido contabilizada. Esto significa que la ex-primera dama federal obtiene unos 25 de los 36 delegados a la convención de su partido (a efectuarse en el mes de agosto en Denver, estado de Colorado), sin contar con otros 19 delegados que se escogerán por otro medio durante el mes que acaba de comenzar.

La verdad es que a mí me alegra que esta fase de nuestro atolondramiento colectivo ya haya terminado. No porque como se esperaba hubiese ganado la senadora—y aquí tengo que apuntar que fiel a lo expresado un par de mensajes atrás, yo no fui a votar en dicha primaria, por ninguno de los dos candidatos, por considerar que la misma no era nada más que un concurso de simpatías sin mayor trascendencia ni sentido genuino de compromiso—, sino porque ya dejará de ser el tema de la conversación diaria, en un Puerto Rico que necesita mirar más allá del brillo de las luces, para poder superar las dificultades que padece (o que le hacen padecer) a diario. Atrás quedará—por el momento—el alcahueteo de los políticos locales con estos candidatos, en busca de que quien se apunte el triunfo les conceda lo mismo que el buen ladrón le pidió a Jesús mientras compartían el tránsito hacia la muerte terrenal (y aquí me limito a darles la cita: Lucas, capítulo 23, versos 42 y 43). Atrás quedará el bailoteo al ritmo de reggaetón, las bebelatas con cerveza “puertorriqueña” (me pregunto si la distinguida senadora pensó que esa cerveza Presidente que se bebió para que la prensa la retratara era cerveza puertorriqueña), las promesas fabulosas de retirar a nuestros soldados puertorriqueños de los frentes de conflicto en Irak y Afganistán antes de culminar el primer año de su mandato (como dice nuestro jíbaro, “¡con la boca es un mamey!”), o de resolver nuestro más-que-centenario problema de las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos, o incluso de concederle el voto presidencial a los puertorriqueños, bajo cualquier fórmula de status que el pueblo elija…

Eso último sí que no lo entendí. ¿Significa eso que en una república independiente de Puerto Rico, yo podría votar por X o Y candidato a la presidencia de los Estados Unidos, un país que en ese escenario no estaría ejerciendo la soberanía sobre nosotros? ¿No será eso infringir en la soberanía de otro país? ¿Qué tal si alguien me agarra esa gata por el rabo?

Por lo menos, lo que importa ahora es que el Gran Circo de los Hermanos Burro presentó hoy su magna función en Puerto Rico, con los payasos, acróbatas y malbaristas por un tubo y siete llaves… ¡ah, y unos cuantos animales amaestrados! Ahora, como quien dice, todo lo que nos resta es esperar el final de esta gran gira circense. Ridi, pagliaccio!

Así que como diría “Tonio” al final de Pagliacci (ópera en un acto, de Ruggero Leoncavallo [1857–1919])…

La commedia é finita…

O dicho de otro modo… ¡Vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB

Mas Sol, Mas Luna, Mas Estrellas

“Mirando todo esto a una distancia prudente, no me siento muy optimista. De un lado, está toda una ex-primera dama federal, que parece sentirse como lo expresara la actriz Sally Field en la ceremonia de los óscares de 1985: «You like me! You really like me!» Del otro lado, está todo un senador por el estado de Illinois, que parece haber arropado con su carisma a la mayoría de los miembros de su partido, y hasta a los medios de comunicación de importancia en los Estados Unidos. Por supuesto, tanto ella como él tienen que cargar con sus propias cruces…”

Seal of the President of the United States
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¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

La verdad es que las maravillas no cesan de ocurrir. Apenas al día siguiente de que el principal periódico de Puerto Rico, El Nuevo Día, publicara el artículo de fondo de la Senadora Hillary Clinton (Demócrata por el estado de New York) sobre lo que ella entiende es su compromiso con Puerto Rico, el mismo periódico publicó otro artículo de fondo, esta vez por el rival de la ex-primera dama en este certamen, Senador Barack Obama (Demócrata por el estado de Illinois). Una cosa interesante en el artículo es que teniendo en su bagaje el haber sido criado en Hawai’i, el senador Obama comienza tratando de identificarse con la condición isleña de los puertorriqueños. No sé, tal vez yo tomaría ese tipo de comparación con el proverbial “grano de sal”…

Pero bueno, voy a tratar de hacerles corto este cuento. Obama señala en su escrito que una de sus primeras acciones como mandatario sería designar un grupo interagencial de trabajo para evaluar la economía de Puerto Rico y la creación de empleos. También proveería nuevos incentivos económicos, pero habría que preguntarse si éstos serían similares a los que ocasionaron el que Puerto Rico pasara de una economía agraria a una industrial a mediados del Siglo 20. Otras promesas: fortalecer los sectores económicos desventajados; mejorar la educación de nuestros niños para hacerlos más competitivos ante la realidad global del Siglo 21; promover la inversión en infraestructura; y proveer un seguro de salud universal para todos los ciudadanos. De entrada suena bien nice, ¿no?

Ahora bien, en cuanto al prolongado problema que representa la relación política de Puerto Rico con los EE.UU., él sólo menciona que tratará de garantizar un proceso de autodeterminación justo y razonable y que acogerá la decisión del pueblo en ese proceso. (¿Pero no es eso lo que han dicho todos ellos desde hace cuáááááááááánto tiempo?)

Cuando yo leo artículos como los que ambos pre-candidatos demócratas publicaron la semana pasada, veo que lo mejor que puedo hacer es cuestionarme si estos catálogos de promesas tienen cosas que los políticos como ellos—no digo que sean únicamente ellos dos—estén dispuestos a cumplir en caso de salir electos. De hecho, mirando todo esto a una distancia prudente—de lo que podrán inferir que yo no tengo ni pizca de deseo de involucrarme en la inminente primaria que dicho partido estadounidense llevará a cabo en Puerto Rico el día 1 de junio de 2008—no me siento muy optimista. De un lado, está toda una ex-primera dama federal, que parece sentirse como lo expresara la actriz Sally Field en la ceremonia de los óscares de 1985:

You like me! You really like me!

(Valga aclarar aquí que lo que la actriz Sally Field realmente dijo en esa ceremonia fue lo siguiente [según la cita Wikipedia de esta página]:

I haven’t had an orthodox career, and I’ve wanted more than anything to have your respect. The first time I didn’t feel it, but this time I feel it, and I can’t deny the fact that you like me, right now, you like me!

Pero una cosa: ¿qué tal si hubiese sido la propia senadora Clinton la que dijo eso mismo? ¡Ay, bendito!)

Del otro lado, está todo un senador por el estado de Illinois, de fácil palabra y rebosante idealismo, que parece haber arropado con su carisma a la mayoría de los miembros de su partido, y hasta a los medios de comunicación de importancia en los Estados Unidos. Por supuesto, tanto ella como él tienen que cargar con sus propias cruces, con su carga de logros y fiascos, con sus vuelos de genialidad y sus lastres de antagonismo, etc.

(Y a todo esto, ¿alguien sabe donde está el presunto candidato republicano, Senador John McCain, que en cuanto a Puerto Rico no se ha dejado oir? Tal vez será que los que hablan en español y que—le guste o no—forman parte de la nación estadounidense, no cuentan ni por asomo para la colectividad del senador por Arizona, independientemente de que se trate de los que aportan para el progreso de las comunidades en las que viven o los que hacen todo lo contrario—y que en el proceso manchan la buena reputación que tratan de hacerse los primeros. Le guste a quien le guste, hay asuntos apremiantes que deben atenderse lo antes posible, y mientras más tiempo se demore en lograr una solución que sea lo más satisfactoria posible—si no es posible complacer a todas las partes—, más difícil será su solución. ¡Nada más que decir!)

Así que ya veremos en qué para la contienda primarista entre Hillary Clinton y Barack Obama—y entre quien se elija de entre ellos dos y John McCain—, aunque al final el ejercicio resulte ser más de lo mismo, con promesas de que volveremos a disfrutar del cuerno de la abundancia, de que nos traerán finalmente la felicidad, de que nos bajarán el Sol, la Luna y las estrellas…

Mientras tanto…

ESTA SEMANA (12–18 DE MAYO DE 2008): Cuando hace mucho calor, nada más refrescante que zambullirse en una pocita, “como Dios la trajo al mundo”, pero tenga mucho cuidado… Dos ancianitas (una de las cuales es sorda) discuten entre sí sobre el nuevo pastor de su iglesia… Emocionante relato de un hombre al que su vecino le encomienda durante su ausencia cuidar de un gorila… Y… El Papa extiende su bendición a todos los hombres y a todas las mujeres y a… esteeeeeeeeee… ¡y a todo lo que haya por ahí!

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¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB

El Sol, la Luna y las Estrellas

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Mientras les escribo, estoy tratando de asimilar lo que la Senadora Hillary Rodham Clinton (Demócrata por el estado de New York) plasma en un artículo de fondo (o en buen español, un op-ed) enviado al periódico El Nuevo Dí­a para su publicación en este dí­a (7 de mayo de 2008).  Aunque los que residimos en Puerto Rico no estamos facultados para votar en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos—y aún si fuese así­, quien elige al presidente estadounidense es el llamado “colegio electoral”… algo que algunos en Puerto Rico todaví­a no asimilan, o no está¡n dispuestos a asimilar para no salirse de su libreto—, parece que los pre-candidatos presidenciales este año se han tomado un interés particular en la cantidad de delegados que nuestra isla les podrá aportar.  (Bueno, casi todos: hasta ahora yo sólo he oí­do de la señora Clinton y del Senador Barack Obama, Demócrata por el estado de Illinois, aunque este último casi le pasó por el lado al tema; a menos que me equivoque, el Senador John McCain, Republicano por Arizona y aparente candidato presidencial por ese partido, no ha dicho ni “esta boca es mí­a”…)  No es de extrañar que ellos nos vengan con promesas de que la vida de los puertorriqueños habrá de mejorar así­ porque sí­, de la noche a la mañana, si los puertorriqueños que residimos aquí—porque los que emigraron y ahora están viviendo allá una vida más o menos decente… ya eso es otra cosa—los ayudamos a llegar a la tan anhelada meta.

Siendo el artí­culo escrito por la senadora Clinton (digo, ella lo escribió, ¿no?), la referencia más cercana que tengo sobre este tema, voy a tratar de seguir el modelo que ella esboza.  (Eso no quiere decir que los casos de Obama y McCain no sean parecidos.)  Por ejemplo, ella comienza diciendo que los puertorriqueños merecen un presidente que le dé a los asuntos de nuestra isla tanta atención como a los asuntos de los estados.  Me imagino que eso significa que si Puerto Rico es bueno para estar recibiendo asistencias federales—algunas de las cuales han tenido el lamentable efecto de fomentar una actitud de dependencia y una falta de motivación para el progreso personal y colectivo en algunos sectores de nuestra sociedad—, entonces los 50 estados estadounidenses tambien son buenos para ello.

Después de resaltar la aportación de los puertorriqueños, tanto en tiempos de paz como de guerra (¡cuándo no!), y lo que a su juicio han sido sus logros en lo que a nuestra isla se refiere, la ex-primera dama estadounidense pasa a prometer que su prioridad será trabajar con todas las facciones políticas de Puerto Rico (estadolibristas, estadoí­stas e independentistas) y con el Congreso para resolver el largo problema del status de la isla en su relación polí­tica con los Estados Unidos, y que espera resolver ese problema durante el primer año de su mandato.  (¡!)  Digo, yo no creo que deba haber nada malo en que ella haga ese ofrecimento… ¡si las cosas fueran tan fáciles de resolver!  El problema es que lo de la relación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos se trata de un asunto muy complicado, en el cual operan distintos factores y actores, y no todos esos factores y actores están en armoní­a y (como lo dice una compañera de mi oficina) “tocando la misma melodí­a”.  Tanto las facciones a las que me refiero como los propios miembros del Congreso estadounidense, como también ella misma (o McCain u Obama, según sea el caso), tienen sus propias agendas e intereses particulares.  En téminos de agendas, siempre habrá quien saque de debajo de la manga la excusa de que se presentó de momento un asunto de mayor importancia que el asunto puertorriqueño, y que éste tendrá que esperar para atenderse en un futuro… ¡que puede que llegue, que puede que no llegue!

Otras promesas desplegadas por la senadora Clinton en su artí­culo incluyen lograr una mayor equidad en los programas de asistencia económica para la salud pública, un seguro de salud verdaderamente universal para todos los puertoriqueños (algo que me imagino que a los ejecutivos de los planes médicos caros como Triple S y Cruz Azul, los tendrá un poco molestos), nuevos beneficios impositivos que permitan revitalizar la economía puertorriqueña (que comoquiera, aquí­ sufre de pulmonía cada vez que la economí­a estadounidense tiene un resfrí­o), la restauración de los fondos para los programas para combatir la ola de crímenes que nos azota (esto es, siempre y cuando no se le ocurra a nadie mandar a instalar cámaras de ví­deo de alta definición en áreas de alta incidencia criminal… ¡sólo para que las mismas acaben siendo hurtadas!), y promesas de í­ndole social como mejorar la información que se levanta en los censos decenales sobre Puerto Rico y ceder las tierras de la isla municipio de Vieques que no haya necesidad de reservar para uso federal.  (En el caso de Vieques, tal vez ella debió añadir que hará que culminen las labores de limpieza de municiones y otros desechos de la antigua actividad naval, antes de cumplido el primer año de su mandato… me imagino que para ella, eso es así­ de fácil.)

Tal vez no sea nada malo el que un candidato político estadounidense prometa tratar de mejorar el bienestar de los puertorriqueños, aunque después no haya manera de apoyar a ese candidato en la contienda que realmente cuenta, como es el caso de la elección presidencial estadounidense de 2008.  Por supuesto, siempre queda la duda de si su expresión es sincera y su compromiso tiene posibilidades de hacerse realidad.  En el peor de los casos, lo que sucederá es que la persona que salga electa a la presidencia de los Estados Unidos se olvidará de su compromiso de trabajar “con Puerto Rico siempre en el corazón” (como termina diciendo el artículo de fondo de la senadora Clinton), y se dedicará a hacer aquellas cosas “más importantes” que parecen surgir de la nada, y requieren más atención que preocuparse de los que el actual ocupante de la Casa Blanca llamó simplemente “amigos y vecinos” (¿?)…

Pero bueno, así son las cosas y así es la gente…  Mientras tanto, seguirán prometiendonos bajar el Sol, la luna y las estrellas…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta luego!

LDB

Una Tragedia Que Esperaba Por Ocurrir

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Para quien esté leyendo esto fuera de Puerto Rico—sobre todo, si no es un puertorriqueño que esté observando los acontecimientos desde algún lugar en el que las condiciones de vida sean mejores que aquí—tal vez sea difícil entender cómo podemos navegar por la vida cotidiana en medio de tantas cosas absurdas (yo creo que Pirandello “la pegó” en Seis Personajes en Busca de un Autor cuando se refirió a los “absurdos infinitos que ni siquiera tienen que parecer plausibles, porque son ciertos”).  Desde la visita del ex-presidente estdounidense W.J. Clinton a Puerto Rico para hacer campaña por la pre-candidatura presidencial de su esposa—en una elección general para la cual los que residimos en Puerto Rico no podemos votar… pero comoquiera tampoco pueden votar los propios ciudadanos estadounidenses, ya que no es el pueblo el que elige directamente a su presidente, sino un “Colegio Electoral”… pero eso ya es otro tema (es más: eso queda “de asignación” para quienes se la pasan hablando sin pensar en lo que van a decir)—, pasando por el proceso jurídico por el que atraviesa en estos momentos el gobernador Acevedo Vilá ante las autoridades federales por presunto lavado de dinero con fines electorales, hasta llegar a una economía que cada vez más da signos de volverse difícil—con el costo de la gasolina que supera la barrera de los US$3 00 por galón estadounidense, y con amenazas de mayor encarecimiento en el costo de productos de primera necesidad como el arroz.

En todo caso, la semana que acaba de cerrar trajo dos noticias contrastantes.  Pero aquí quiero empezar al revés.  La segunda noticia podría considerarse como buena, ya que surge del veredicto judicial por el cual el policía que asesinó al ciudadano Miguel A. Cáceres Cruz en Humacao—y de lo cual el mundo entero fue testigo a través de YouTube, mediante el vídeo tomado por un ciudadano VALIENTE, con todo y el riesgo que ello pudo haberle representado—fue encontrado culpable del vil crimen.  (Vea: Los Vientos Violentos de Agosto [8/21/2007].)  Por supuesto, queda aún por verse el caso de los dos agentes que acompañaban ese día al policía asesino—es decir, la mujer policía que se alega que “agitó” al agente asesino para cometer su fechoría, y el otro agente que salió huyendo al escuchar el primero de los cuatro disparos fatales.  No obstante, sigo insistiendo (como en mi escrito anterior) en que esa tragedia debe servir como el punto de partida para que se mejoren las condiciones de trabajo de los policías en Puerto Rico, para que se les provea ayuda a aquéllos que están activos vigilando en nuestras calles, a fin de que puedan superar las pruebas que la vida les da cada día, y sobre todo, para que se evite reclutar como policías a personas que en realidad no den el grado para serlo, o como yo decía en mi escrito sobre el tema…

un estallido que espera la oportunidad adecuada para que alguien encienda la mecha

Y por supuesto, sigo deseando desde aquí que el resultado de este caso ayude a proveer el cierre que la familia del señor Cáceres necesita para poder seguir hacia adelante, aunque sea sin él, pero siempre con la ayuda de Dios.

Lamentablemente, la otra noticia que conmovió al país fue la del asesinato de una mujer en su lugar de trabajo, el Hospital del Maestro en Hato Rey (sector de San Juan, para beneficio de mis lectores en el exterior), a manos de su esposo, del que ella estaba separada.  (Por cierto, el que los hechos hayan ocurrido en ese hospital es algo que toca incómodamente de cerca a mi familia, por razones en las que no voy a entrar aquí.)  Para no hacerles todo el cuento, la señora estaba prácticamente marcada para la muerte, ya que una orden de protección que ella solicitó en el tribunal en contra de su esposo le fue denegada…

Déjemne repetir lo anterior, con énfasis: una orden de protección que ella solicitó en el tribunal en contra de su esposo le fue denegada.  ¡Eso es escalofriante!

Si ése fue el caso con esta víctima (y aunque no pretendo jactarme de conocer del tema, mi sospecha es que ésta no sería la primera vez que un juez deniega una orden de protección por las razones que fuesen), entonces la persona que esté pasando por un patrón de maltrato o de abuso físico o emocional dentro de su relación conyugal tendrá que buscar la manera de hacerse justicia (aunque luego las mismas instituciones que tenían la responsabiliad inicial de impartir esa justicia se viren en su contra—para eso no son tan ineficientes) o resignarse a recibir su “sentencia de muerte” en el momento menos esperado y en el lugar menos esperado.

Mientras tanto, seguimos perdiendo nuestro tiempo en apostar a quiénes son más corruptos, entre los líderes del PPD o del PNP; a quién nos va a resolver el dilema del status de Puerto Rico, si Hillary Clinton o Barack Obama o John McCain (si a alguno de ellos le da la gana de hacerlo, que yo lo dudo); a que la gasolina llegará pronto a superar la barrera de US$3 79 por galón estadounidense; et cétera; et cétera; et cétera.

Y antes de volverme “un et cétera“…

ESTA SEMANA (14–20 DE ABRIL DE 2008): Lo último en la avenida: Un supermercado donde puedes disfrutar de los auténticos sonidos y olores… un momento: ¿dije olores?…  Y…  Las 10 cosas más importantes que los hombres entendemos sobre las mujeres.

Así que ya lo sabe.  Evite volverse “un et cétera” y visite mi sitio web, LuisDBeltránPR.com, y oprima el botón (o el vínculo textual en la parte de abajo de la página) que dice, “Humor… según LDB”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

LDB