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¿Y el hueso? ¡Pa’ los demás!

A photo of a marinated steak
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Déjenme ver si entendí bien las expresiones que voy a citar a continuación, hechas por el Secretario de Educación de Puerto Rico, Jesús Rivera Sánchez al comienzo del nuevo año escolar 2011–2012:

“Cuando hoy se le preguntó al funcionario sobre la educación privada que reciben sus hijos, Rivera Sánchez contestó en entrevista con el periodista Julio Rivera Saniel en Radio Isla que ‘por el momento se quedan en la escuela privada donde están por varias razones.  Número uno, yo quiero la mejor educación para mis hijos.  Esa es la mejor herencia que yo les puedo dejar a ellos’.

“‘¿La mejor educación no está en el sistema público?’, le inquirió el periodista.

“‘Yo soy producto del sistema público de enseñanza y estoy sumamente satisfecho y contento con la mayoría de los maestros del sistema.  Y como iba diciendo, mis niños se quedan donde están.  Quiero lo mejor para ellos, y por eso estoy trabajando arduamente para que lo mismo que le estoy dando a mis hijos en la escuela privada, nosotros se lo podamos dar también en el sistema público’, respondió.”

(‘Secretario de Educación reconoce que escuelas públicas no son las mejores’, El Nuevo Día, San Juan, P.R., 8 de abril de 2011)

Todo aquél (o toda aquélla) que tiene hijos tiene que preocuparse por darle lo mejor a sus hijos—eso es algo que no se puede negar bajo ningún concepto.  Sin embargo, ¿qué puede leerse de la cita anterior, cuando la persona que administra un sistema público de enseñanza admite que lo mejor para sus hijos es la escuela privada?  ¿Será que el funcionario—aunque lo niegue públicamente una y mil veces—no confía lo suficiente en el sistema que administra para exponer a sus propios hijos a un ambiente distinto de aquél al que están acostumbrados?  (¿No será más bien, “mal acostumbrados”?)

Puede ser que el funcionario no quiera exponer a sus niños al “trauma” de acudir a una escuela en la que los salones no reciben el debido mantenimiento, o las paredes de los mismos no están bien pintadas, o los patios no están bien desyerbados, o los servicios sanitarios están en pésimas condiciones… o tal vez será que él no quiere que sus hijos—con el permiso de “Doña Florinda”—se junten con “esa chusma”.

Yo no sé, pero para mí que esas expresiones del Secretario de Educación, como que no fueron bien pensadas, como que son más bien un reflejo de una cultura en la cual se distingue entre “los míos” y “los demás”.  Para los míos, lo mejor de la vida.  Para los demás, cualquier otra cosa.  Para los míos, el lujo y la ostentación.  Para lo demás, lo barato, aunque se rompa de tan sólo mirarlo.  Para mí y los míos, lo mejor del asado, la carne más rica y jugosa.  Pero, ¿y qué hay del hueso?  ¡Eso es pa’ los demás!  Para mí y los míos, el poder y la gloria.  Para los demás, la miseria y el desespero.

Aunque valga decir que por lo menos a este funcionario no se le ocurrió “salir de atrás pa’lante” como hizo hace unas semanas el actual gobernador republicano de New Jersey, Chris Christie:

“El confrontativo gobernador de Nueva Jersey, quien apareció en un reciente programa de entrevistas telefónicas para una televisora pública local, en efecto mandó a callar a una señora que le preguntó por qué él envía a sus niños a una escuela privada.

“‘¿Sabe qué?  Para empezar, eso a usted no le importa’, soltó Christie, luego de que se le pidiera justificar cómo él puede imponer recortes al sistema escolar público, al tiempo que mantenía a sus hijos fuera del mismo.

“‘Segundo’, continuó, ‘yo pago 38 mil dólares al año en impuestos a la propiedad para un sistema escolar público… que mi esposa y yo hemos elegido no utilizar, porque creemos, que hemos decidido como padres que creemos que una educación religiosa debe ser parte de la educación diaria de nuestros hijos.  Así que enviamos a nuestros hijos a la escuela parroquial.’”

(Traducido por mí de: Christie to Caller: ‘None of Your Business’ Where My Kids Go to School, FoxNews.com, 21 de junio de 2011.  Y me van a tener que disculpar si cito del medio “justo” y “balanceado”, pero no se me ocurrió una fuente mejor que ésta. Confundido )

(Me pregunto qué clase de educación religiosa habrá tenido este individuo para dispararse una maroma como ésa.  Para mí que él se comportó en este incidente con toda la suavidad y sutileza… ¡de una hoja de papel de lija!  Y si eso es así, yo no quiero saber cómo saldrán los hijos…)

Definitivamente, otro ejemplo de la actitud de “distancia y categoría” que distingue a algunas personas cuando se hacen de su parcela de poder.  O sea, tú te las arreglas como puedas con lo poco que tengas, pero con lo mío, tú no te metes.

Me pregunto si esa energía que personas como éstas gastan en defender sus privilegios mientras los demás arrean con los bueyes que tienen, no sería mejor dedicarla a lograr que los sistemas públicos de enseñanza se mejoren a un nivel que puedan competir favorablemente con los sistemas de educación privada.  Digo yo, que tengan la misma calidad educativa, unas mejores facilidades físicas, unos mejores servicios a los estudiantes… una escuela pública con la calidad de una escuela privada.  (Bueno, una escuela pública que sea como la escuela privada, pero sin la coprofagia.  Y por si les chocó esta palabra dominguera, “coprofagia” significa lo que muchos de ustedes están pensando—¡no se hagan los inocentes!—que caracteriza el ambiente en las escuelas privadas, ¿OK?)  Como dicen, ¡soñar no cuesta nada!

Pero mientras tanto, seguirá habiendo personas que se vanaglorien de estar cenando lo más jugoso del asado, mientras que nos dejan los huesos al resto de nosotros.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Sirviendo a dos amos

Pentecostal Preacher
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“«Ningún sirviente puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro.  No se puede servir a Dios y a las riquezas.»

“Los fariseos, que eran amigos del dinero, oyeron todo esto y se burlaron de Jesús.  Jesús les dijo: «Ustedes son los que se hacen pasar por buenos delante de la gente, pero Dios conoce sus corazones; pues lo que los hombres tienen por más elevado, Dios lo aborrece».”

(El Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983).

Me pregunto qué harían muchas de nuestras figuras públicas de hoy en día si se vieran en una disyuntiva como ésa.  Tal vez se sentirían amenazadas, se sentirían que por más que traten de dar cara al mundo como supuesta gente de bien, alguien sabe cómo son cuando dan la espalda.

Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las “fallas” de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas “fallas”, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos “pecador (o pecadora)”—queden retratados en una afirmación como la que cito arriba.  Desde los jueces cuya ascensión responde a criterios ajenos a los méritos de su profesión (resumidos en lo que denominan, “la marejada del cambio” electoral), y que en esencia validan la acción violenta e inhumana contra una mujer cuya conducta no se atiene a las normas de su mundo perfecto; pasando por la persona que se apropia de un título que conlleva una mayor dignidad y humildad (¿he dicho “apóstol” yoooooooooo?), que invierte en autos lujosos y joyas—y hasta se construyen imperios—las “ofrendas” que le sacan a quienes la siguen, al tiempo que predican el “evangelio de la santa prosperidad”—y encima de eso, atribuye cualidades infernales a quienes no encajan dentro de su estrecho concepto de lo que es ser “hombre” o “mujer”; tal vez alcanzando al que en aras de una ideología supuestamente “bendecida por Dios” trastoca a su antojo la historia, las cosas que—gústele a quien le guste—sucedieron, que son parte de la vida de un pueblo, y la transforma en algo “neutral”, tal vez para borrar de la faz de la tierra su recuerdo, tal vez para creerse a sí mismos lo grandes que son.

No sé, pero de momento me recuerdo de aquel intento de chiste que hice en una entrada anterior, cuando escribí (citando entonces como ahora la versión Dios Habla Hoy)…

“Nos acaba de pasar por encima el día de los padres, y pensando en ello, quise plasmar en este mensaje un cuento que le escuché a un pastor bautista natural de mi pueblo…  Resulta que éste es un padre de los de ‘enántej’, que cada tarde ponía a su hijo a leerle la siguiente porción bíblica:

“«Hijos, obedezcan a sus padres por amor al Señor, porque esto es justo.  El primer mandamiento que contiene una promesa es éste: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra’.»
(Efesios, capítulo 6, versos 1–3…)

“Hasta aquí todo iba bien… hasta que el hijo empezaba el verso que le sigue…

“«Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos…»
(Efesios, capítulo 6, verso 4…)*

“¡Y ahí era que el muy señor él mandaba a su hijo a que dejara de leer y se fuera a dormir!”


“ * El verso 4 completo lee así:

“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien críenlos con disciplina e instrúyanlos en el amor al Señor.”


Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

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El poder corrompe

Sexual harassment
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Yo no podría estar más que de acuerdo con el título de la entrada de hoy, y más porque viene de la expresión que me hizo mi jefa cuando le enseñé la primera plana de la prensa del viernes 11 de febrero de 2011.  Y no era para menos: Ahí estaba él en la portada.  Todo un primer funcionario de gobierno municipal.  Un alcalde.  La clase de persona que debería esperarse que sea la brújula moral, la personificación de la honradez, la decencia, el ejemplo positivo a seguir por sus ciudadanos.  Ahí estaba él, esperando por que un tribunal determinara si existía causa para ser llevado a juicio por violaciones de ley que implican la obtención de sobornos, el uso de influencias para agenciarse favores personales y para comprar amistades.  Pero lo peor no es eso: También se le estaba implicando en un patrón de conducta indecente, según el testimonio de cinco empleadas municipales.  Cinco mujeres.  Cinco vidas marcadas por la lujuria de la autoridad máxima, de quien las emplea.

¿Y es esa clase de individuo la que se va “hasta el ñú” para predicarle al resto de nosotros la práctica de valores que no son capaces de reflejar en sus acciones?

Pero bueno, ésa es la situación en la que se ha puesto (él mismo) el alcalde del municipio de Cidra, Ángel Malavé Zayas, a quien (según los periódicos El Nuevo Día, Primera Hora y El Vocero) se le imputan 14 cargos por actos lascivos, otros seis por recibir bienes de manera ilegal y uno adicional por utilizar funcionarios gubernamentales para hacer gestiones de índole personal.  Y ciertamente, el testimonio de las cinco presuntas víctimas no puede ser más fuerte: expresiones directas de índole explícita, como la del deseo de chuparle los senos a una de las damas; contacto físico abiertamente agresivo, como el toqueteo de los glúteos (¡!) de varias de las empleadas afectadas—incluso al punto de que en alguna ocasión quiso despojar a una de las damas de su ropa interior para poderle tocar su intimidad.

Yo no sé, pero si el testimonio de las cinco aparentes víctimas es correcto—y en ese sentido, yo no creo que sea como para que cada una de ellas “cuadre” con las demás una versión de los hechos que tenga en común todos esos elementos que acabo de mencionar—, tenemos ante nosotros un asunto bastante serio, bastante complejo.  Un asunto que, por lo menos a mí, me hace preguntarme como los partidos políticos de Puerto Rico pueden tener su fibra moral tan podrida.  Cómo es posible que en las posiciones de poder tengamos gente que agrede a otr@s, desde el uso de la palabra insultante, pasando por el impacto del golpe que lastima, que busca causar el dolor físico—y mucho más que eso—, hasta el ataque a la honra y a la dignidad de la persona, a aquello que tod@s guardamos con gran recelo, como parte importante de nuestro ser.  Gente que se la pasa dándose golpes de pecho, diciéndonos a los demás que debemos tener fidelidad a nuestras parejas (de momento eso no aplica en mi caso personal, pero comoquiera voy a usar el plural) y a nuestras familias, para entonces resultar que ni piensan en sus parejas ni en sus familias a la hora de la verdad, que son ídolos con pies de barro, igual que los demás.

(Y no quiero tener que empezar con la cantaleta de los payasos, las “lumbreras” y demás atracciones que proveen el espectáculo circense que vemos todos los días en Puerto Rico—aunque no es sólo aquí, como lo demuestra el caso del congresista neoyorquino que quiso serle infiel a su esposa buscándose una cita en la red, lo que le costó renunciar a su escaño… aparte de haber sido mencionado en “El Ñame”—, así que mejor lo sigo ahora, que la luz está en verde.)

Para mí que no hay necesidad de que todo un ejecutivo municipal use su poder—el mismo que le han delegado sus ciudadan@s—para agenciarse beneficios, en claro menosprecio de las necesidades de es@s mism@s ciudadan@s, a quienes él está obligado a atender, sin mirar el color del partido en el que milita.  Pero (de nuevo, suponiendo que el testimonio de las cinco empleadas municipales sea verídico) tampoco hay necesidad de que una persona como Malavé Zayas, a su edad de 73 años (¡por Dios, él no es un niño!), se conduzca de una manera indecorosa, agresiva, que manifiesta abiertamente un deseo de tomar el control sobre otra persona, que demuestra lo que puede causar el mayor afrodisiaco conocido: el poder.

Y como yo se lo decía a mi jefa cuando ella me hizo el comentario que es mi título de hoy, eso mismo es lo que sucede cuando se la da a una persona como ésta su parcela de poder: tenderá a abusar del mismo, tenderá a fallarle a su responsabilidad—no tanto consigo mismo, sino con la propia gente a la que está obligado a ayudar—, tenderá a actuar sin medir las consecuencias, si es que ello le importa, si es que ello le preocupa (en el momento, no después).

Pues sí, mi jefa tiene mucha razón: El poder corrompe. (Y si le quieren añadir un corolario: El poder absoluto corrompe absolutamente. PUNTO.  Ya eso no pare más.)

Tal vez debería ser el momento para que nosotros aprendamos las lecciones que nos dan casos como éste, y podamos buscar la manera de empezar a construir un mundo nuevo, un mundo donde no sólo se le diga a la gente que “lleve consigo” los valores que tanto se le predican, sino que sus líderes sean también quienes den el buen ejemplo de cómo se llevan esos valores.

¿Será eso mucho pedir?  ¡Yo creo que no!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB