El precio del privilegio

Taken by Ashig84 of the University of Puerto R...
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¡Qué tal, mi gente!

La verdad es que la situación de paro estudiantil en el sistema de la Universidad de Puerto Rico se pone cada vez más difícil.  A un mes de iniciado, ambas partes no han podido llegar a los acuerdos que podrían poner fin al paro, tal vez porque ninguna de las partes comprende el valor de lo que es en realidad la negociación, en la que se da algo para poder conseguir algo.  (Digo, de eso es de lo que se trata, ¿o me equivoco?)  Para colmo, y como era de esperarse siempre que un gobierno de derecha—y si ellos están leyendo esto: ustedes saben quiénes son y saben que me refiero a ustedes—asume el poder en Puerto Rico, las acciones de las autoridades han tomado un carácter punitivo, distante de consideración humanitaria.  Tal es el caso de la colocación de policías antimotines para vigilar los portones donde se han apostado los manifestantes, junto con la táctica policial de impedir que los padres de los estudiantes puedan compartir con ellos, o hasta puedan llevarles comida y agua.  (¿Para qué?  ¿Para minarles su resistencia?  ¿Para matarlos de hambre?)

Francamente, yo no creo que nadie pueda ganar algo con esto.  De un lado, los estudiantes en paro—quienes por lo demás han demostrado que pueden aprovechar los recursos de los nuevos tiempos (recursos que ya hubieran querido tener los huelguistas de 1981… ¡o tal vez los de 1948!) para organizarse y comunicar su mensaje al mundo externo—pierden al exponerse a la furia de unas autoridades empeñadas en reprimir, en acallar la justa protesta que denuncia una injusticia.  Del otro lado, la administración universitaria—que a juzgar por la exposición pública de sus acciones, dista mucho de ser el mejor ejemplo de lo que es ser un UNIVERSITARIO (así, en mayúsculas)—pierde al tomar acciones irresponsables e improvisadas, sin medir consecuencias, tales como decretar un cierre unilateral de la universidad (para que entonces se lo revoque un tribunal), sentarse a la mesa de negociaciones “solamente a escuchar”, sin tener la voluntad para discutir los problemas que aquejan al primer centro docente del país—o por lo menos, las exigencias de los estudiantes en paro—y buscarles las soluciones apropiadas.  (Siempre y cuando dichas soluciones no requieran tomar las acciones drásticas que la Ley 7 prescribe para el resto de nosotros, por supuesto.)

Aparte, si de no estar a la altura de lo que es ser un UNIVERSITARIO se trata, nada más hay que fijarse en esta breve incursión en el género del stand-up comedy, cortesía de la presidenta de la Junta de Síndicos de la UPR, Sra. Ygri Rivera:

“No hay peor ciego que el que no quiere oír.”

😀 😀 😀

(¡Sí, mi gente, como lo acaban de leer!  Yo espero que “El Chapulín Colorado” no venga a tratar de explicar esta mutilación del refranero de pueblo, pero… ¡la idea es ésa!)

Y ambas partes pierden bastante cuando ocurre la confrontación violenta, como lo sucedido el 20 de mayo de 2010, mientras se efectuaba una actividad de recaudación de fondos para el partido de gobierno (el PNP), en la que estaba presente el gobernador Luis G. Fortuño Burset—el mismo que semanas atrás levantó la bandera del ‘privilegio’ de estudiar en la UPR.  Y eso fue lo que ocurrió.  Estudiantes, líderes obreros (algunos de los cuales—no tapemos el cielo con un dedo—tienen sus barbas en remojo), y hasta personas que tal vez no tenían nada que ver, tuvieron su cuota de azotes (y una que otra patada traicionera, como la que se vio que un alto oficial policiaco—que en principio negó lo que el resto del mundo había visto—le propinó a un manifestante mientras éste ya estaba detenido en el piso).

Como lo escribí al comienzo de esta entrada, cosas como ésta son de esperarse cuando un gobierno de derecha como el del PNP asume el poder en Puerto Rico.  (Pero por aquello de hacer un balance, las administraciones del PPD tampoco son todo lo santas que quieren hacer creer al mundo que son.  Y ésa es la realidad, le guste a quien le guste.)  Ya yo había visto algo parecido cuando la huelga de 1981, especialmente la mentalidad de las autoridades de tratar a los estudiantes en protesta como si fueran delincuentes, como si fueran un enemigo al que hay que vencer a todo costo, a fin de “restaurar la paz” en el recinto universitario y mantenerlo todo bajo control.  Y no hace falta decir que a veces queda en el medio el que no tiene culpa, el que también paga los platos rotos a causa de la ira de un sistema que quiere mantenerse a flote, a costa de los que no tienen el privilegio del poder.

E insisto en que eso es lo que ocurre cuando quien no ha vivido la experiencia de ser un verdadero UNIVERSITARIO trata de meter sus manos en la UNIVERSIDAD del pueblo, en el centro donde chocan las ideas, donde se funden la tesis y la antítesis para lograr la síntesis, donde se desarrolla la capacidad para el pensamiento libre… ¡algo a lo que—como creo que dijo Voltaire (y por favor, me corrigen si me equivoco)—parecen tenerle mucho miedo quienes más abogan por la “libertad de expresión”!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB
Número 842-76-XXXX
Universidad de Puerto Rico en Humacao
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

Fue un momento de locura

¡Saludos, mi gente!

Para cuando estén leyendo esto, los ríos de tinta (y también de unos y ceros—después de todo, ésta es la era digital, ¿no?) habrán corrido en lo que se refiere al escándalo surgido desde que el jueves pasado se divulgó la existencia de una serie de 1179 fotos de médicos boricuas que fueron en misión humanitaria a socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití y dieron la impresión de no conducirse como profesionales.  Fotos que a muchos nos hicieron recordar las que varios de los soldados estadounidenses se hicieron tomar en la nefasta cárcel de Abu Grahib , con el fin de mostrar “quién es el que manda” en Irak.  (Y en ese caso, sigo pensando que por mayor que sea nuestra ira contra los confinados de esa cárcel—y hasta los que están todavía en la base de Bahía Guantánamo en Cuba—por ayudar a poner al mundo en el estado de inseguridad que se vive hoy en día, nada… NADA nos da el derecho a humillar a ningún ser humano.  Nos guste o no, así no es que se supone que sean las reglas de juego, sobre todo en el tenso ambiente de nuestros días.)

(Por supuesto, la mención de Abu Grahib me trae a la mente el libro del Dr. Phil Zimbardo que llevo leyendo desde que escribí Cuando la hormiga se quiere perder—y que todavía no encuentro el tiempo para seguirlo leyendo, pero no se apuren, ya aparecerá ese tiempo…)

Fotos que uno de los miembros del equipo médico enviado por el Senado de Puerto Rico tras el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití colocó en su página en Facebook, sin pensar ni medir en el momento las consecuencias que hoy en día le están trayendo.  (Consecuencias que al día en el que escribo, él apenas está empezando a ponderar… ¡pero ya es muy tarde para eso!)

Fotos que salen a la luz al pública al ser encontradas por la periodista de MegaTV, Dianne Cabán Arce, aunque haya quien pueda poner en tela de juicio los motivos para su divulgación.  ¿Será porque la periodista en cuestión tuvo el “atrevimiento” de modelar en bikini para el desaparecido programa de TV, “No te Duermas” (aunque habría que ver el efecto que ello ha tenido en su credibilidad como periodista desde entonces)?  ¿Será porque ella aparentemente estuvo envuelta románticamente con uno de los médicos que estuvo en la delegación y que sale en las fotos?  ¿Será éste otro ejemplo de la furia de la mujer despechada?*

(Y para colmo de males, parece que ella “pisó algunos callos” con la divulgación de las fotos, en tanto algunos de los implicados han estado haciendo amenazas en su contra, las cuales se ha pedido que se investiguen lo antes posible.  Pero así es la vida…)

Fotos que pintan un cuadro de insensibilidad ante el dolor ajeno, que pintan a unos médicos que parece que no tomaron en serio la labor humanitaria a la que fueron, que aparecen retratados en la vestimenta propia de su oficio mientras sostienen en sus manos vasos de bebidas alcohólicas, que se sonríen mientras sujetan una extremidad de un paciente en una mano y en la otra una segueta—con la que se presume que habrán de amputar la extremidad afectada—, que se lucen sujetando rifles, fusiles, carabinas, como para “demostrar” quién es el matón del corillo—y peor aún, con la presunta complacencia y complicidad de soldados a los que no parece importarle su deber con la misma institución que les brinda ese mismo uniforme.  (Y aunque yo tampoco estoy muy de acuerdo que digamos con la existencia de la guerra en este mundo nuestro, aun la institución que la promueve merece que quienes la integran le tengan la debida deferencia… pero ésa es sólo mi opinión.)

(Por no hablar de aquellas fotos en las que se retrata a los pacientes en situaciones poco dignas, como la paciente a la que sólo han dejado en la blusa con la que fue llevada a atender, más una gasa para cubrir sus partes íntimas… ¡y que a nadie se le ocurra hacer algo así en Puerto Rico o Estados Unidos con estas leyes de privacidad que existen actualmente!)

Por supuesto, si a mí me dicen que estas fotos responden a que los médicos en cuestión estaban buscando descargar las tensiones propias de tener que lidiar con la miseria, el sufrimiento y el dolor de los haitianos afectados por un fenómeno natural que casi los deja sin país—algo que por su parte debe alertarnos a nosotros y a los dominicanos para que no nos ocurra lo mismo—, tal vez yo lo podría entender.  Lo malo es que esas fotos han dejado un mal sabor, una mala impresión que ha dado la vuelta al mundo (y si aún no lo creen, hagan una búsqueda en Google con los términos, “Médicos+Puerto+Rico+Haiti”, a ver lo que resulta), que pone a estos médicos a la altura de los soldados burlones de Abu Grahib, en tanto crea la impresión de que estos médicos fueron a hacerles un favor a los haitianos, sin un compromiso real de mitigar su sufrimiento, sin el más mínimo asomo de compasión por las víctimas de esta catástrofe de la naturaleza.

A menos que me vengan a decir algo así como, “Oops!  Lo siento mucho, todo fue un momento de locura…”

Definitivamente, jamás yo me iba a imaginar que la falta de un buen sentido de responsabilidad—individual y colectiva—trajera las consecuencias que nos ha traído esta desagradable situación.  Pero ahí están esas consecuencias, y yo espero que esto nos sirva como un momento de aprendizaje, tanto a quienes lucen la insignia de la irresponsabilidad, como a nosotros, los espectadores de este bochornoso espectáculo.

Y ya, eso era.  Vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


* Por si se me olvida decirles a qué me refiero…

“Heaven has no rage like love to hatred turned
Nor hell a fury like a woman scorned.”

"The Mourning Bride" (1697), por William Congreve (poeta y dramaturgo inglés, 1670–1729).  (FUENTE:  The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition.  Edited by E.D. Hirsch, Jr., Joseph F. Kett, and James Trefil.  © 2002 Houghton Mifflin Company.  Published by Houghton Mifflin Company.  All rights reserved.)

O sea: “No hay ira en el cielo como la del amor que se volvió odio, ni furia en el infierno como la de una mujer despechada.”


LDB