El verano del descontento

A day without immigrants, May 1, 2006. Descrip...
A day without immigrants, May 1, 2006. Descriptions shall come later. (Photo credit: Wikipedia)

Cualquiera diría que las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano por el lado de la cama que está pegado a la pared—y créanme, no es muy agradable despertar así.  Que mientras el mundo se entretenía en Brasil viendo cómo 22 jugadores de bandos opuestos corrían de lado a lado dándole patadas a un balón, en un regio baile mundial que terminó cuando los alemanes le hicieron “flippenfläppenmuckenßpræden” a los argentinos (y por favor, no me pregunten qué significa la claje ‘e disparate que acabo de escribir), en varios lugares de ese mismo mundo había una olla de conflictos por hervir o en plena ebullición.

Tenemos un ejemplo bastante gráfico en el nuevo conflicto entre los israelíes y los palestinos de Gaza—uno de tantos conflictos entre ambos bandos que se remontan a los “good old days” del Antiguo Testamento bíblico—, supuestamente desatado tras el secuestro y asesinato de 3 adolescentes israelíes y el supuesto secuestro y asesinato de un joven palestino en represalia.  Un conflicto en el que cada bando tiene su parte de responsabilidad, en el que cada bando trata de defender lo que entiende es suyo.

Y lamentablemente, un conflicto en el que la respuesta de cada bando no guarda ni la más mínima simetría.  Cohetes palestinos que pocas veces alcanzan su objetivo, ante las astutas defensas israelíes.  Cohetes israelíes que supuestamente alcanzan su objetivo en Gaza… o al menos, eso es lo que se le quiere hacer creer al resto del mundo.

El saldo hasta el momento refleja esa asimetría.  Una gran cantidad de víctimas civiles en el lado palestino, frente a sólo 2 ó 3 civiles del lado israelí (más un par de decenas de militares—pero en Tel Aviv dirán que “eso no es ná’, ellos son reemplazables”).  Hombres, mujeres y niños.  Más o menos un millar de víctimas palestinas en el momento en el que escribo esto.  Víctimas en una cacería de terroristas en la que todo se vale.  Bombardear escuelas, hospitales, balnearios playeros, hasta los refugios administrados por la Organización de las Naciones Unidas (la misma que para ambos bandos es buena cuando les conviene).  Y todo, porque los israelíes alegan que los palestinos de Gaza ocultan sus lanzadores de cohetes en esos mismos lugares, y utilizan a su propia gente como escudos humanos.

Pero déjenme decir algo: tan mal está el que se esconde detrás de gente inocente para atacar y hacer daño a otros, como el que mata o manda a matar a esa misma gente inocente para evitar que “nazcan” los futuros terroristas—y después se lava las manos como Pilatos y trata de manipular la opinión mundial para que ésta acepte su historia como “la realidad”.

Pero ¡ay! de quien trate de descorrer el velo que oculta la otra cara de esa realidad por estar “en el lugar correcto en el momento correcto”, como lo sabe de primera mano el periodista de la NBC estadounidense que tuvo que sufrir una represalia de sus jefes tras ser testigo de primera mano del bombardeo de una playa en la que apenas unos minutos antes había jugado con unos niños que más tarde se convertirían en víctimas.  (Digo, ¿no es para eso que existen los periodistas, para ser testigos de aquello de lo que se hace la historia de la humanidad?)  Y aunque el medio para el que trabaja lo llegó a remover de esa asignación “por su seguridad”—para reemplazarlo con otro periodista de mayor estelaridad cuya “seguridad” debía preocupar igual—, la molestia con dicha decisión ha permitido que él siga ahí, mostrando las cosas desde otra perspectiva.   La de quienes dicen no tener nada que ver con los cohetes que se lanzan contra Israel, la de las ciudades y villas de Gaza destrozadas por una guerra que no parece tener más sentido que el de los viejos odios de antaño, una guerra en la que hay hombres, mujeres, y sobre todo, niños que llevan la peor parte.

Y ya que hablamos de niños que llevan la peor parte, no hay más que mirar un poco más de cerca, al influjo creciente de menores centroamericanos que cruzan la frontera de los Estados Unidos de México con los Estados Unidos de América.  Como todas aquellas masas hacinadas de inmigrantes desamparados y azotados por la tempestad a las que le cantaba la poetisa estadounidense Emma Lazarus (1849–1887) en “The New Colossus”,* llegan buscando respirar en libertad, buscando aquello que llaman “the American dream”.  Y por todo el riesgo que corren sus vidas en el intento, todo lo que encuentran es un sistema de control fronterizo estadounidense que hace lo que puede por atenderlos, a veces más allá de su propia capacidad.

Eso, y los efectos de la ignorancia, el odio y la intolerancia, con los que se han rechazado los vehículos que los tratan de llevar a las facilidades donde se les debía dar el cuido que la más elemental humanidad exige.  Sentimientos que muchos estadounidenses, lamentablemente, lucen como si fuera una medalla de honor, como si eso los hiciera superiores al resto de los seres humanos.  Sentimientos que son alimentados por ideologías que descuentan a quienes no son “iguales” que quienes las impulsan y las propagan, y mucho menos que quienes caen en la trampa de seguirles sin cuestionar esas ideologías.  (Y ésa es la misma gente capaz de esperar a que culmine la administración del presidente Barack H. Obama en enero de 2017—y haya un nuevo presidente—para diz que “residenciarlo”, de tanto que los ciega el odio contra “el otro”.)

Lo malo del caso es que ese odio y esa intolerancia no permiten ver con claridad—mucho menos entender—la(s) razón (razones) por la(s) que tantos niñ@s centroamerican@s se ven obligados a abandonar sus países para hacer ese arriesgado y peligroso viaje hacia el norte.  En particular la violencia generada por las pandillas juveniles en muchos de esos países centroamericanos.  (De paso, aprovecho para recomendarles este informe del 2009 sobre la violencia juvenil y las “maras” y pandillas en El Salvador, especialmente las páginas 6–15, en las que se presenta el marco conceptual del estudio—una excelente descripción que tal vez nos ayude entender un poco mejor ese problema… y quizás en el proceso podamos ver cuán retratados estamos en esa realidad, nos guste o no.)  O la violencia ocasionada por el tráfico de drogas provenientes de la América del Sur, a través de los mismos países centroamericanos, para satisfacer una necesidad de consumo en los propios EE.UU.de A.—o sea, un caso de “oferta y demanda” como cualquier otro, como lo plantea una entrada reciente en el blog “Two Weeks Notice”.  Pero no, tal vez entender eso sea un esfuerzo sobrehumano para las “mentes”—si se les puede llamar así—de aquellas personas para las cuales la ignorancia es su savia, lo que les da la vida.

No me sorprendería que ése sea el mismo caso entre israelíes y palestinos, que desde tiempo inmemorial no pueden entenderse los unos a los otros, no se pueden ver las caras los unos a los otros, y están cegados por su propio odio y su propia intolerancia.

¡Quién sabe!  Tal vez si se acabara con ese odio, con esa intolerancia, con esa ignorancia que te hace levantarte un día y decidir que quieres atacar la casa de tu vecino para liquidarlo a él y a su familia y “prevenir” que éstos te ataquen, o decidir que no le vas a permitir la entrada a tu casa a alguien de otro lugar que esté huyendo de una situación problemática en su propia casa, porque es “diferente” a ti, se podría evitar muchos de los conflictos que han plagado a la humanidad.  Cuántos esfuerzos no se han hecho para acabar con los conflictos alrededor del mundo, principalmente por quienes aún quieren ser optimistas, por quienes no pierden la fe en la discusión sosegada de los asuntos, quienes quieren buscar las causas de los problemas, en lugar de dar palos a diestro y siniestro como “disuasivo”.

Pero como dije al principio, parece que esta vez, las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano de muy mal humor.  Tal vez debería ser tiempo de que esa rabieta se les pase pronto.  O por lo menos, debemos aspirar a que esa rabieta se les calme.  Cuanto antes, mejor.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Cortesía del traductor de Google (con alguna ayudita de mi parte), ésta es la cita del poema de Emma Lazarus a la que hago referencia:

“Dame tus cansados​​, tus pobres,
Tus masas hacinadas anhelando respirar en libertad,
El desamparado desecho de tus rebosantes playas.
Envía estos, los desamparados, azotados por la tempestad, a mí:
Levanto mi lámpara junto a la puerta dorada.”


LDB

La niña y los que odian la luz

Title page to Locke's Some Thoughts Concerning...
Title page to Locke’s Some Thoughts Concerning Education (Photo credit: Wikipedia)

Sinceramente, yo me resisto a creer que haya en este mundo quien no quiera lo mejor para sus semejantes.  Yo prefiero creer que todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos el firme deseo de mejorar las condiciones en las que llevamos nuestra vida.  Y que tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros herman@s a llegar más allá de donde están, a superar las barreras que el odio, la intolerancia y el fanatismo nos ponen delante, a lograr el mejor mundo posible.

Yo me imagino que eso era lo que Malala Yousafzai (vía Wikipedia: en español, en inglés), a sus 14 años, tenía en su joven mente cuando se atrevió a levantarse sobre sus propios pies, cuando empezó a abogar—a través de un blog que ella escribía para el portal de la empresa pública británica, BBC—por la educación suya y de otras niñas en Pakistán.  Porque ella estaba está convencida de que otro mundo es posible.  Un mundo en el que todas las personas tienen las mismas posibilidades para realizarse, para ayudar a su gente a ponerse en pie y enfrentar los rigores de la vida diaria, con optimismo, con seguridad, con la confianza puesta en un futuro de plena esperanza.

¿A quién puede hacerle daño algo como eso?  ¿Cuál sería ese daño?  ¿Merece esa buena voluntad ser reprimida como si se aplastara un insecto dañino o la flor de la mala yerba (que por lo demás, no tiene la culpa de su hermosura) con una bota?

Yo me imagino que eso era lo que tenían en mente sus agresores, aquéllos a los que llamaré en adelante, “los que odian la luz”.

20Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo.”  (El Evangelio según San Juan, Capítulo 3, Versión Dios Habla Hoy de 1983.)

13Hay algunos que odian la luz, y en todos sus caminos se apartan de ella.  14El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrón.  15El adúltero espera a que oscurezca, y se tapa bien la cara, pensando: ‘Así nadie me ve’.  16El ladrón se mete de noche en las casas.  Todos ellos se encierran de día; son enemigos de la luz.  17La luz del día es para ellos densa oscuridad; prefieren los horrores de la noche.”  Job, Capítulo 24, Versión Dios Habla Hoy de 1983).

Tal vez eso que acabo de citar era lo que tenían en mente: no dejar que sus propios herman@s se acercaran a la luz, y sumirl@s en la más densa oscuridad.  Una oscuridad que no les permita discernir el camino correcto y racional para sus vidas, y que los obligue a seguir los dictados de una interpretación torcida de lo que por lo demás es una creencia religiosa de bondad y de amor al prójimo.  (Porque gústele a quien le guste, ésa es la verdad.)  Y aunque fuese a plena luz del día, sumidos en esa densa oscuridad del alma se dispusieron a tratar de matar a quien sólo buscaba llevar la luz a los demás.

Y tal vez con eso, sus aspirantes a asesinos creyeron que estaban ganando la batalla ideológica por los corazones y las mentes de los paquistaníes.  Y creyeron que con ello, mataban a la mensajera—porque ella era la que representaba la mala noticia para ellos.

Pero los agresores no contaban con el repudio generalizado de sus conciudadanos, ni el de la comunidad internacional en general.  Tal vez esa era una consecuencia que no deseaban.

Aún así, no deja de ponerme a pensar si no se habrá regado por el mundo la mala semilla del odio a la luz, de querer matar al mensajero, creyendo que con ello mata el mensaje, y en su lugar crear un caldo de cultivo para la ignorancia, para la necedad.  Y ciertamente uno ve eso en todas partes, aun viniendo de quienes alegan estar inspirados por los más nobles ideales.  Gente que cree que al lucir su ignorancia públicamente, le hace un servicio honroso a su propia gente.  Desde quien da a entender que el daño que se le haga a otras personas se deba a que “así lo quiso (o lo quiere) Dios” (que en mucho no se parece al Ser Supremo en el que yo creo, o por lo menos, como a mí se me enseñó en mi etapa formativa) hasta quien pretende inculcar una cultura retrógrada que eche por tierra todos los avances por los que la humanidad ha luchado tanto, todo el caudal de conocimiento que nos ayuda a explicar quiénes somos y por qué estamos donde estamos. toda la esperanza que nos sirve para enfrentar el futuro.  Y no me gustaría pensar en las consecuencias en caso de que eso sucediera.

Por lo menos, hay una esperanza.  Porque para quienes creían que habían podido matar, tanto al mensaje como a la mensajera, la decepción debe serles bastante profunda.  Al momento en que escribo esto, ni el mensaje ni la mensajera están muertos—o por lo menos, así parece que va a ser, según los más recientes despachos que afirman que Malala se está recuperando fuera de su país, y que proyectan una prognosis optimista de recuperación.

Mala noticia para los que odian la luz.  Mala noticia para quienes creen que sumiendo a todo un pueblo en la densa oscuridad de sus almas podrán prevalecer.  Mala noticia para quienes creen que matando el mensajero, logran desaparecer el mensaje para siempre.

Porque… ¿qué tal si Malala Yousafzai es tan sólo la primera?  ¿Qué tal si hay otras Malalas?  ¿Qué tal si son más los que aman la luz que los que la odian?

Yo prefiero creer que esta última es la realidad.  Que hay más gente que ama la luz.  Y a la gente que ama la luz, no la detiene el odio, ni nada.  Absolutamente nada, ni nadie.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

(P.S. Querrán leer también esta entrada escrita para el periódico El Mundo de Madrid, España, en la que también se comenta el caso de Malala Yousafzai.  O este artículo de fondo que le dedica nuestro excelente autor humacaeño, Luis Rafael Sánchez, en El Nuevo Día.)

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

¡Qué vacilón!

New Orleans Mardi Gras parade on Canal Street,...
Mardi Gras, New Orleans ca. 1890.

Y si se trata de continuar escribiendo para sobrevivir, para no caer en la trampa del estupor, pues, aquí vamos de nuevo, amigas y amigos, mi gente.

Y si como decía en mi entrada anterior, lo que está mal está mal y así hay que decirlo, hay muchas cosas que en los primeros días del 2012—OK, ya sé que vienen desde mucho antes, pero bueno…—ha estado y están y estarán mal.  Como eso de “arrimarse” para utilizar servicios de agua y electricidad sin pagar por los mismos, en una residencia construida sin los debidos permisos gubernamentales (cosa que parece ser común entre quienes tienen—y hasta algunos que han tenido—el privilegio que da el poder, y que se creen que lo pueden hacer, pues, porque pueden hacerlo).  O eso de que quienes tienen la responsabilidad de llamar a capítulo a quienes se apartan de las sanas normas de convivencia, las mismas que nos requieren a los demás cumplir con nuestra responsabilidad de pagar el costo—cada vez más descaradamente alto—de dichos servicios, se cieguen ante la realidad y opten por no ver falta alguna en esa clase de conducta, y hasta la justifican para sí mismos, porque pueden hacerlo.

Pero eso sí: cuídate de ser cualquier “pelagatos” de por ahí, porque con la misma boca de comer te dicen que cumplas con tu responsabilidad, que no hagas lo que hacen (que no van a querer admitir que lo hacen), o si no… ¡la claje ‘e castigo que te espera!

Y también está mal que cada esquina de Puerto Rico se convierta en territorio de pandillas, como se pretende hacer con muchas de las instituciones que a quien únicamente se deben es al pueblo, a la gente, sin distinción de clase, religión, creencias, etc.  Que le guste a quien le guste, es lo que se está viendo actualmente en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, desde que se empezó a tomar el mismo como un botín de guerra de los políticos.  De ambos bandos, que total, da lo mismo unos que otros—aún cuando los magistrados identificados ideológicamente con una derecha conservadora que imita de forma pésima a su contraparte estadounidense (y no hay que abundar mucho en ello para saber a qué partido me refiero), son más burdos y evidentes en eso.  Y también está mal que esos mismos jueces, porque entienden que lo pueden hacer, se busquen cuanta artimaña hay para no tener que responder a la hora de rendir cuentas de sus actos.

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero a mí me parece que para esta clase de gente, la función de regir los destinos de un país no es algo que se tome muy en serio que digamos.  Es como si fuera cualquier otra cosa—que bien podría llamarse “vacilón”, “chiste”, “relajo”, o como lo llamó en una ocasión el líder “vitalicio” del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), “una bachata”.  (Y aquí tengo que pedir que me disculpen mis lectores y lectoras en la República Dominicana, si se ven ofendidos con esa usanza del nombre de esa música tan rítmica y pegajosa, que también gusta mucho aquí en Puerto Rico.)  Es como algo de lo que se pueden burlar, sin miedo alguno a que los sorprendan en pifia y entonces venga “el lloro y el crujir de dientes”.

Eso sí, no tod@s en Puerto Rico se pueden dar el lujo de que l@s sorprendan en una situación indiscreta y salir sin un rasguño, con suerte, o como dice la expresión idiomática estadounidense, “to come up smelling like roses” (frase que utilicé en una entrada anterior).  De eso puede dar fe Gricel Mamery (en Twitter: @GMamery), la anfitriona radial y televisiva que se vio en medio de una controversia cuando la fotografiaron hace unas semanas en las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan), edición del 2012, mientras un supuesto “amigo” de ella—uno de esos pseudoperiodistas latinoamericanos del ramo de “espectáculos y estilos de vida”—le levantaba la blusa (presumo que sin el consentimiento de ella) para que el mundo viera… esteeeeeeeeee… la belleza que ella llevaba por dentro.  Gracias a Dios que ella llevaba puesto su ajustador (o en buen español boricua, el brassiere), porque de lo contrario… la gente se hubiera creído que estaba en New Orleans en pleno Mardi Gras.  (A aquéllos de ustedes que han estado allí: por favor, no se hagan los inocentes, que ustedes saben a qué me refiero.)  Como consecuencia, ella perdió su empleo en un programa nocturno de variedades en la televisora gubernamental.  Y todo, por no tomarse en serio su responsabilidad como figura pública en una sociedad que (aunque no lo parezca) no ha dejado de ser conservadora.  Y todo, por haberse ido de vacilón, sin prever el problema en el que se iba a meter.

Y a ella, ¿quién la iba a defender?  (Por favor, no me contesten ésa.)  Nadie “tiró la toalla” por ella, como lo haría el buen entrenador boxístico cuando ve a su pupilo en serios problemas y quiere evitarle un mayor castigo (aunque ello signifique lastimar el ego del susodicho pupilo, que tal vez querrá seguir agarrando golpes, aunque sea para perder).  No, ella no es una legisladora a la que agarraron en manejos turbios, en un robo de servicios públicos de luz y agua (aunque se quiera hacer ver que eso no es necesariamente ilegal, aunque es más bien inmoral), o agrediendo a su pareja, o evadiendo su responsabilidad de mantener a sus hijos porque se siente superior al resto de nosotros, porque se cree por encima de la ley, porque es “un@ de los nuestros” y—por el bien del partido—hay que defenderlo a como dé lugar.  Hay que tirarle la toalla.

Francamente, no es mucho ni bueno lo que yo puedo esperar de gente así.  No es nada positivo.  Enfrentarse a las leyes promulgadas por “los otros” y prevalecer porque se ven favorecidos ahora (pero—y sigo insistiendo—ay de quien no está en “su reino”, para ese infeliz será el castigo).  Promulgar nuevas leyes y normas que los favorezcan, que les permitan abusar de la confianza que se les depositó, sin temor al castigo y a pasar la vergüenza… ¡ésa, la vergüenza, es para los demás!

Triste es decirlo, pero con eso es con lo que hay que lidiar día tras día.  Con eso y con sus consecuencias.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ciao!

LDB

Sirviendo a dos amos

Pentecostal Preacher
Image via Wikipedia

“«Ningún sirviente puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro.  No se puede servir a Dios y a las riquezas.»

“Los fariseos, que eran amigos del dinero, oyeron todo esto y se burlaron de Jesús.  Jesús les dijo: «Ustedes son los que se hacen pasar por buenos delante de la gente, pero Dios conoce sus corazones; pues lo que los hombres tienen por más elevado, Dios lo aborrece».”

(El Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983).

Me pregunto qué harían muchas de nuestras figuras públicas de hoy en día si se vieran en una disyuntiva como ésa.  Tal vez se sentirían amenazadas, se sentirían que por más que traten de dar cara al mundo como supuesta gente de bien, alguien sabe cómo son cuando dan la espalda.

Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las “fallas” de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas “fallas”, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos “pecador (o pecadora)”—queden retratados en una afirmación como la que cito arriba.  Desde los jueces cuya ascensión responde a criterios ajenos a los méritos de su profesión (resumidos en lo que denominan, “la marejada del cambio” electoral), y que en esencia validan la acción violenta e inhumana contra una mujer cuya conducta no se atiene a las normas de su mundo perfecto; pasando por la persona que se apropia de un título que conlleva una mayor dignidad y humildad (¿he dicho “apóstol” yoooooooooo?), que invierte en autos lujosos y joyas—y hasta se construyen imperios—las “ofrendas” que le sacan a quienes la siguen, al tiempo que predican el “evangelio de la santa prosperidad”—y encima de eso, atribuye cualidades infernales a quienes no encajan dentro de su estrecho concepto de lo que es ser “hombre” o “mujer”; tal vez alcanzando al que en aras de una ideología supuestamente “bendecida por Dios” trastoca a su antojo la historia, las cosas que—gústele a quien le guste—sucedieron, que son parte de la vida de un pueblo, y la transforma en algo “neutral”, tal vez para borrar de la faz de la tierra su recuerdo, tal vez para creerse a sí mismos lo grandes que son.

No sé, pero de momento me recuerdo de aquel intento de chiste que hice en una entrada anterior, cuando escribí (citando entonces como ahora la versión Dios Habla Hoy)…

“Nos acaba de pasar por encima el día de los padres, y pensando en ello, quise plasmar en este mensaje un cuento que le escuché a un pastor bautista natural de mi pueblo…  Resulta que éste es un padre de los de ‘enántej’, que cada tarde ponía a su hijo a leerle la siguiente porción bíblica:

“«Hijos, obedezcan a sus padres por amor al Señor, porque esto es justo.  El primer mandamiento que contiene una promesa es éste: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra’.»
(Efesios, capítulo 6, versos 1–3…)

“Hasta aquí todo iba bien… hasta que el hijo empezaba el verso que le sigue…

“«Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos…»
(Efesios, capítulo 6, verso 4…)*

“¡Y ahí era que el muy señor él mandaba a su hijo a que dejara de leer y se fuera a dormir!”


“ * El verso 4 completo lee así:

“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien críenlos con disciplina e instrúyanlos en el amor al Señor.”


Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Boricua Suprema… so that you know!

¡Weeeeeeeeeepaaaaa, mi gente!

Ocurrió lo que tenía que ocurrir (y que como recordarán, hasta yo también estaba deseando).  El pasado jueves 6 de agosto, el Senado estadounidense confirmó—en votación de 68 a favor y 31 en contra, con la notable ausencia del senador demócrata Edward M. Kennedy (Massachusetts)—la designación de la hasta entonces jueza apelativa federal Sonia Sotomayor, nacida en New York de padres puertorriqueños (pero que todos nosotros en la Isla adoptamos como nuestra), como nueva magistrada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.  Y eso es algo que nos tiene que llenar de orgullo a todos.  Porque ello demuestra que cuando se tiene la capacidad profesional para el desempeño de un puesto de la naturaleza de un cargo jurídico en lo que se suele llamar (con o sin razón) “el más alto tribunal sobre la tierra”, poco importa llevar el sello de una identidad étnica, poco importa hablar un idioma distinto al idioma dominante (y ostentar un gusto por los elementos culturales asociados con ese idioma, como la música de salsa o los cuchifritos), poco importa llevar un color de piel distinto al de quienes se creen “superiores”, poco importa si se es hombre o mujer…

A su paso por el ejercicio de confirmación al cargo, Sonia Sotomayor dio cátedra de su temple, su dignidad y su profesionalismo, sin caer en el “desplome emocional” que algunos de los miembros más conservadores del alto foro deliberativo hubieran querido que ella exhibiera.  E imagino que en el ámbito de lo subconsciente, eso fue lo que senadores republicanos como Lindsey Graham, de South Carolina, hubieran querido (aunque tal vez él podría justificarle eso al gobernador de su propio estado, Mark Sanford, pero ya eso es otra historia)…  Menos mal que Graham supo trascender la óptica estrecha que parece haberse adueñado del pensamiento reciente de la derecha estadounidense y votó (aunque fuese “riendo con las muelas de atrás”) a favor de la confirmación de la jueza Sotomayor, con base en los méritos que claramente desplegó la designada—algo por lo cual me quito el sombrero ante este señor, y ante los otros 8 republicanos que siguieron el mismo ejemplo.

La cosa es que ya ella prestó juramento ayer (sábado 8 de agosto) como la ocupante número 111 de una banca en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Norteamérica, en las ceremonias correspondientes (una en privado y la otra en público).  Ahora nos queda ver qué es lo que le espera durante los años que esté ocupando esa banca, tanto para ella, como para los Estados Unidos, como para Puerto Rico.  ¿Qué asuntos trascendentales ocuparán su atención?  ¿Cuáles serán sus oportunidades para hacer historia jurídica?  ¿Cómo enfrentará asuntos delicados y de importancia?  Su evaluación de los asuntos que se le presenten, ¿inclinará ideológicamente el balance del máximo tribunal estadounidense hacia un lado liberal, o hacia un lado conservador… o no será ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario?  Y sobre todo, ¿cómo ayudará (o no) la presencia de una figura de ascendencia puertorriqueña en el máximo foro judicial estadounidense, a dilucidar la situación “complicada y contenciosa” (como la describió hace unos días el presidente Obama en una rueda de prensa con medios de prensa de habla hispana) de los puertorriqueños en su relación con los Estados Unidos?

Sólo el tiempo nos dará las respuestas a estas interrogantes.  Mientras tanto, ¡a disfrutar este triunfo!  El triunfo de una Boricua Suprema… ¡pa’ que tú lo sepas!

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB