Haz lo que yo digo, NO lo que yo hago: Edición “Fuego y Azufre”

OK, pellízquenme los brazos si lo he mencionado anteriormente en este blog.  Pero casi 4 décadas después recuerdo el comentario que me hizo una compañera de estudios en la actual Universidad de Puerto Rico en Humacao, mientras esperábamos el inicio de una clase en el programa de Biología Marina.  La joven, cuyo nombre ya no puedo recordar (aunque sí recuerdo que era del vecino pueblo de Gurabo), pero que era miembro de una iglesia cristiana protestante (hasta donde yo tenía conocimiento), me contaba sobre una situación en la que se había visto un pastor evangélico de su comunidad, en la que enfrentaba algún cargo por un incidente violento, creo que contra una menor de edad.  Puede que yo no recuerde mucho de lo que ella comentó, pero ella hizo un señalamiento que desde entonces llevo grabado en mi cabeza:

“Algunos que dicen ser cristianos son hasta peores que el mismísimo demonio.”

(Y ahora que me doy cuenta, por lo menos en una ocasión mencioné esta anécdota en el blog.  OK, ya está bueno, ¡dejen de pellizcarme, que eso duele!  ¡AAAYYY! Llorón )

Reloj

(OK, mis brazos ya están bien, puedo seguir escribiendo.)

Pues bien, hoy fue una de esas veces en las que me acordé de las palabras de la compañera universitaria de entonces, al ver en mi cuenta de Twitter una noticia en particular.  Una noticia que, queramos o no, nos lleva al trágico evento ocurrido el 12 de junio de 2016, cuando un individuo presuntamente influido por la ideología radical musulmana—la misma que, a mi entender, no es representación fiel de las buenas personas que practican esa religión, y que es detrás de lo que se esconden pandillas de asesinos, como la que se hace llamar “Estado Islámico de Irak y Siria” (o “de Irak y el Levante”) (y sí, eso es ese grupo, y como tal hay que llamarlo, como una pandilla de asesinos que no merece ninguna legitimidad en lo absoluto, ni religiosa ni política)—asesinó a 49 personas—23 de las cuales eran puertorriqueñas—en la discoteca “Pulse” de Orlando, Florida (antes de ser abatido por las fuerzas policiales).  Cuarenta y nueve personas que salieron a divertirse ese sábado por la noche, como cualquiera de nosotr@s lo haría—pero sin pensar que esa diversión acabaría costándoles la vida.

Y no pasaron 4 días desde el trágico suceso, cuando a una persona identificada como pastor evangélico de una localidad en el vecino estado de Georgia se le ocurrió colocar la siguiente expresión en su cuenta de Twitter:

“Been through so much with these Jacksonville Homosexuals that I don’t see none of them as victims. I see them as getting what they deserve!!”

¡Todo porque el escenario de la matanza era un club nocturno frecuentado por—o cuyas actividades están dirigidas a—homosexuales!    (Además de que equivocó el nombre de la ciudad, porque Jacksonville está al norte de Orlando, casi en la colindancia estatal con Georgia.)  Es más, voy a volver a la misma entrada de mi blog que cité hace un momento, porque creo que lo siguiente le cae como anillo al dedo, a éste y a muchos otros a quienes el sayo le cae perfectamente:

“Yo me cuestiono cómo… el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos…  ¿… será de los ciegos que se ufanan de algo así como… ‘mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)’?”

Pero, ¿qué tal si echamos este otro ingrediente en la olla, a ver la clase de guiso que resulta?

“Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las ‘fallas’ de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas ‘fallas’, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos ‘pecador (o pecadora)’—queden retratados en una afirmación como la que cito….”*

[…]

“Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.”

(* La afirmación a la que me refiero está en: Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.)

Pues bien, parece que mi entonces compañera de estudios y yo tenemos razón, muchos años después.

Según esta nota publicada por el portal noticioso Fusion, el mismo pastor evangélico de Georgia que dijo que las 49 víctimas de una ira asesina—y repito, incluidas 23 víctimas puertorriqueñas—recibieron “su merecido” por ser lo que cierto ex-presidente del Senado boricua llamaría “torcidos”, fue arrestado este fin de semana por cargos de acoso sexual simple y agravado, en la persona de un menor de 16 años miembro de su congregación, en hechos ocurridos hacia el año 2010.

¿Alguien tiene una explicación RACIONAL para esto?  Una explicación de por qué una persona que está llamada a predicar la paz, el amor, y más que nada, el perdón de nuestras fallas como seres humanos, busca satisfacer a escondidas los impulsos carnales que tanto le critica y condena a otr@s.  ¡Así cualquiera!  De un lado, condenando los impulsos carnales que—según él—llevaron a los 49 de “Pulse” a recibir el “castigo de Dios”, mientras que del otro lado, cediendo a esos mismos impulsos carnales.

Tal vez le cae perfectamente ajustado el sayo del que sirve a los 2 amos.

Tal vez conviene repasar algo que escribí anteriormente sobre las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes ilegales:

“Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como ‘quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás’, como ‘personas bañadas de «rectitud» de arriba para abajo’—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.”

Y lamentablemente, tanto al asesino de la discoteca “Pulse” como al pastor evangélico que quiso pasar por más santo que Dios, les cae perfectamente ese sayo.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

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La niña y los que odian la luz

Title page to Locke's Some Thoughts Concerning...
Title page to Locke’s Some Thoughts Concerning Education (Photo credit: Wikipedia)

Sinceramente, yo me resisto a creer que haya en este mundo quien no quiera lo mejor para sus semejantes.  Yo prefiero creer que todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos el firme deseo de mejorar las condiciones en las que llevamos nuestra vida.  Y que tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros herman@s a llegar más allá de donde están, a superar las barreras que el odio, la intolerancia y el fanatismo nos ponen delante, a lograr el mejor mundo posible.

Yo me imagino que eso era lo que Malala Yousafzai (vía Wikipedia: en español, en inglés), a sus 14 años, tenía en su joven mente cuando se atrevió a levantarse sobre sus propios pies, cuando empezó a abogar—a través de un blog que ella escribía para el portal de la empresa pública británica, BBC—por la educación suya y de otras niñas en Pakistán.  Porque ella estaba está convencida de que otro mundo es posible.  Un mundo en el que todas las personas tienen las mismas posibilidades para realizarse, para ayudar a su gente a ponerse en pie y enfrentar los rigores de la vida diaria, con optimismo, con seguridad, con la confianza puesta en un futuro de plena esperanza.

¿A quién puede hacerle daño algo como eso?  ¿Cuál sería ese daño?  ¿Merece esa buena voluntad ser reprimida como si se aplastara un insecto dañino o la flor de la mala yerba (que por lo demás, no tiene la culpa de su hermosura) con una bota?

Yo me imagino que eso era lo que tenían en mente sus agresores, aquéllos a los que llamaré en adelante, “los que odian la luz”.

20Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo.”  (El Evangelio según San Juan, Capítulo 3, Versión Dios Habla Hoy de 1983.)

13Hay algunos que odian la luz, y en todos sus caminos se apartan de ella.  14El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrón.  15El adúltero espera a que oscurezca, y se tapa bien la cara, pensando: ‘Así nadie me ve’.  16El ladrón se mete de noche en las casas.  Todos ellos se encierran de día; son enemigos de la luz.  17La luz del día es para ellos densa oscuridad; prefieren los horrores de la noche.”  Job, Capítulo 24, Versión Dios Habla Hoy de 1983).

Tal vez eso que acabo de citar era lo que tenían en mente: no dejar que sus propios herman@s se acercaran a la luz, y sumirl@s en la más densa oscuridad.  Una oscuridad que no les permita discernir el camino correcto y racional para sus vidas, y que los obligue a seguir los dictados de una interpretación torcida de lo que por lo demás es una creencia religiosa de bondad y de amor al prójimo.  (Porque gústele a quien le guste, ésa es la verdad.)  Y aunque fuese a plena luz del día, sumidos en esa densa oscuridad del alma se dispusieron a tratar de matar a quien sólo buscaba llevar la luz a los demás.

Y tal vez con eso, sus aspirantes a asesinos creyeron que estaban ganando la batalla ideológica por los corazones y las mentes de los paquistaníes.  Y creyeron que con ello, mataban a la mensajera—porque ella era la que representaba la mala noticia para ellos.

Pero los agresores no contaban con el repudio generalizado de sus conciudadanos, ni el de la comunidad internacional en general.  Tal vez esa era una consecuencia que no deseaban.

Aún así, no deja de ponerme a pensar si no se habrá regado por el mundo la mala semilla del odio a la luz, de querer matar al mensajero, creyendo que con ello mata el mensaje, y en su lugar crear un caldo de cultivo para la ignorancia, para la necedad.  Y ciertamente uno ve eso en todas partes, aun viniendo de quienes alegan estar inspirados por los más nobles ideales.  Gente que cree que al lucir su ignorancia públicamente, le hace un servicio honroso a su propia gente.  Desde quien da a entender que el daño que se le haga a otras personas se deba a que “así lo quiso (o lo quiere) Dios” (que en mucho no se parece al Ser Supremo en el que yo creo, o por lo menos, como a mí se me enseñó en mi etapa formativa) hasta quien pretende inculcar una cultura retrógrada que eche por tierra todos los avances por los que la humanidad ha luchado tanto, todo el caudal de conocimiento que nos ayuda a explicar quiénes somos y por qué estamos donde estamos. toda la esperanza que nos sirve para enfrentar el futuro.  Y no me gustaría pensar en las consecuencias en caso de que eso sucediera.

Por lo menos, hay una esperanza.  Porque para quienes creían que habían podido matar, tanto al mensaje como a la mensajera, la decepción debe serles bastante profunda.  Al momento en que escribo esto, ni el mensaje ni la mensajera están muertos—o por lo menos, así parece que va a ser, según los más recientes despachos que afirman que Malala se está recuperando fuera de su país, y que proyectan una prognosis optimista de recuperación.

Mala noticia para los que odian la luz.  Mala noticia para quienes creen que sumiendo a todo un pueblo en la densa oscuridad de sus almas podrán prevalecer.  Mala noticia para quienes creen que matando el mensajero, logran desaparecer el mensaje para siempre.

Porque… ¿qué tal si Malala Yousafzai es tan sólo la primera?  ¿Qué tal si hay otras Malalas?  ¿Qué tal si son más los que aman la luz que los que la odian?

Yo prefiero creer que esta última es la realidad.  Que hay más gente que ama la luz.  Y a la gente que ama la luz, no la detiene el odio, ni nada.  Absolutamente nada, ni nadie.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

(P.S. Querrán leer también esta entrada escrita para el periódico El Mundo de Madrid, España, en la que también se comenta el caso de Malala Yousafzai.  O este artículo de fondo que le dedica nuestro excelente autor humacaeño, Luis Rafael Sánchez, en El Nuevo Día.)

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Daryl Johnson: I tried to warn them – Salon.com

English: Seal of the United States Department ...
English: Seal of the United States Department of Homeland Security. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: Aquí va el enlace a una advertencia de primera mano del mismo funcionario que preparó para el DHS un informe sobre el terrorismo de derecha en los Estados Unidos.  (Yes, Virginia, there is such a thing as right-wing terrorism!)  ¿Y cómo le pagaron quienes se supone que lo apoyaran?  Pues lo dejaron sin apoyo, lo tiraron como pedazo de carne a la calle para que los perros reaccionarios se lo comieran crudo.  Digo, así son las cosas y así es la gente.  Pero más importante para nosotr@s en Puerto Rico (y dondequiera que estén leyendo esto): esto es algo que debe abrirnos los ojos a una realidad que tal vez está ocurriendo sin que nos demos cuenta.

Daryl Johnson: I tried to warn them – Salon.com.

¡Y vamos a dejarlo ahí por el momento!  Cuídense mucho y pórtense bien.

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La conspiración del absurdo

Mother Jones, American labor activist.
Image via Wikipedia

Y ya que en la entrada anterior mencioné de pasada el movimiento estadounidense de ideología altamente conservadora, conocido como el “Tea Party”, creí que sería una buena idea compartir con ustedes, amigas y amigos, algo que encontré esta semana en la Internet.  (¡Que va!  Lo hubiera compartido comoquiera, de no haberle dado paso antes al asunto de Calle 13 y el alcalde de San Juan, pero así son las cosas.)  Se trata de un artículo de la revista Mother Jones (la revista se llama así en honor a la activista laboral irlandesa-estadounidense, Mary Harris Jones, 1837–1930), que expone el aparente efecto que dicho movimiento de la derecha reaccionaria ha estado teniendo en varias comunidades estadounidenses, luego de haber logrado algunas victorias (con excepciones como la de Christine “yo no soy una bruja” O’Donnell, mencionada en mi entrada anterior) en las elecciones congresionales intermedias del 2 de noviembre de 2010.

Según el artículo de Mother Jones, luego de enfrentarse al “establishment” político en el Congreso estadounidense, los simpatizantes del “Tea Party” están enfilando sus cañones hacia otro blanco más insidioso (según ellos): hacia las comisiones locales de planificación y zonificación,* que al decir de dichos simpatizantes, están llevando a cabo una conspiración global para “pisotear” las libertades civiles estadounidenses y forzar a los ciudadanos a mudarse hacia un concepto Orwelliano denominado, “zonas de habitación humana”.

¡EXACTAMENTE LO QUE ESTÁN LEYENDO—Y COMO LO ESTÁN LEYENDO!

La causa principal de la incomodidad de l@s simpatizantes de este movimiento conservador radica en un documento cuyo título ellos encuentran siniestro… la Agenda (o Programa) 21, adoptada (junto con una declaración de 27 principios medioambientales) en la Cumbre de Río de Janeiro efectuada en junio de 1992 por la Organización de las Naciones Unidas.  Ahora bien, much@s de quienes leen esto, especialmente aquí en Puerto Rico, se preguntarán qué es eso, o si es de queso y se come con melao.

La Agenda 21 es un documento mediante el cual se procura que los países del mundo se desarrollen de una manera planificada, en la que se consideren los impactos del desarrollo humano sobre su medio ambiente.  Este documento adopta y refina el concepto de desarrollo sostenible (algunos usan indistintamente la palabra “sustentable” como equivalente de la palabra inglesa, “sustainable”) esbozado en 1987 por una comisión internacional, dirigida por la ex-primera ministro de Noruega, Dra. Gro. Harlem Brundtland.**  Según ese concepto,

“Desarrollo sostenible es el desarrollo que atiende las necesidades del presente sin sacrificar la habilidad de las futuras generaciones para atender sus propias necesidades. En sí (el desarrollo sostenible) contiene dos conceptos clave: el concepto de ‘necesidades’, en particular las necesidades esenciales de los pobres del mundo, a las cuales se debe dar una prioridad apremiante; y la idea de las limitaciones impuestas por la situación de la tecnología y la organización social sobre la capacidad del ambiente para atender las necesidades presentes y futuras.”

O sea, que el desarrollo sostenible busca que sea óptima la atención a las necesidades sociales y económicas actuales y futuras, ante las presiones a las que está sujeto el medio ambiente.  Implantar una política de desarrollo sostenible requiere normas estrictas que se hagan cumplir, y cuyos propósitos sean promover la conservación de los recursos naturales, ocasionar un mínimo impacto ambiental en el uso de éstos, e involucrar activamente y beneficiar a los residentes de las áreas objeto del interés particular.

Pero se preguntarán, si lo que acabo de mencionar es lo que plantea la Agenda 21, ¿cuál es el problema que tienen l@s simpatizantes del “Tea Party” con eso?  Pues dicen algun@s de est@s activistas—por lo menos, aquéll@s que se dignan a hablar con los medios de prensa, aunque no les sean santos de su propia devoción—que la Agenda 21 es en realidad una trama para eliminar el derecho a la propiedad privada y privar al pueblo estadounidense de sus más preciadas libertades; en el peor de los casos, su implantación resultaría—según estas personas—en la conversión de los Estados Unidos “en un estado soviético”.  Peor aún, las propuestas para hacer más denso el crecimiento de las áreas urbanas y fomentar el uso del transporte público masivo—algo que me consta que por años y años y años, los planificadores han estado predicando para tratar de resolver el problema de desparramamiento urbano al que me refería un par de entradas atrás—obligaría a la gente a mudarse de sus cómodas viviendas suburbanas hacia “zonas de habitación humana”, a vivir como los hobbits que habitan el universo literario de John Ronald Reuel Tolkien, y (¡Dios reprenda!) a dejar el automóvil—ese símbolo inconfundible del individualismo estadounidense—y tomar el autobús (la “guagua”, como le decimos aquí en Puerto Rico) para ir a trabajar.

(Francamente, ni yo lo hubiera expresado eso con tanto dramatismo.  Es más, ¿dónde están los violines cuando de veras hacen falta?)

Pero no se trata únicamente de combatir los conceptos como el desarrollo sustentable y la planificación densificada.  La hostilidad de l@s simpatizantes del “Tea Party” también va dirigida a lo que conciben como las “elites” que dirigen el presunto proceso de “destrucción” de aquellas cosas que les son sagradas, principalmente los planificadores y representantes de las agencias con responsabilidades de planificación, así como a los lugares de los que vienen esas “elites”, o sea, las ciudades y áreas urbanas altamente densificadas.  Al decir de algunos de los funcionarios afectados, la actitud anti-elitista, que algunas veces raya en lo hostil, junto a la falta de argumentos racionales y juiciosos que respalden sus teorías, resulta en una mezcla tóxica para quienes no estén acostumbrados a lidiar con estos activistas.  (Y ni hablar de las consecuencias de esa mezcla tóxica.)

La verdad es que leo todo esto, y no deja de asombrarme cómo hay gente ignorante, capaz de descarrilar todo un proceso que busca beneficiar a todos por igual (o por lo menos, eso es lo que se pretende), que busca un desarrollo ordenado y planificado, a la vez que se protege el medio ambiente y la manera en que los seres humanos sacan provecho del mismo, sin poner su propia supervivencia en peligro.  No sé cómo lo vean ustedes, pero creo que se trata de gente sin conciencia, gente que cree que las cosas de las que disfrutan estarán ahí para siempre.  Gente que bajo una supuesta consigna de libertad, comete uno de los mayores actos de libertinaje.  Gente que—tal vez sin saberlo—está contribuyendo a colocar los clavos de su propia tumba.

Ya veremos cómo se lidiará con esta clase de mentalidad.  Lo malo es que esto apenas está comenzando…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Desde ya les deseo a tod@s una Feliz Navidad… o para l@s PC (políticamente correct@s) entre ustedes, ¡muchas Felicidades!


* Para información de quienes leen esto fuera de Puerto Rico, a diferencia del proceso de planificación habitual en cada estado de los Estados Unidos, el proceso en Puerto Rico está regido principalmente por una junta que responde a la Oficina del Gobernador (la Junta de Planificación de Puerto Rico).  No obstante, existen una ley (conocida como la Ley de Municipios Autónomos o Ley número 81 de 1991) que le confiere a cada uno de los 78 municipios de Puerto Rico, un mínimo de autoridad para planificar el desarrollo de sus espacios urbanos y rurales, según lo estimen apropiado.

** Our Common Future: From One Earth to One World, por la Comisión Mundial Sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.  Dra. Gro Harlem Brundtland, Presidenta.  Oxford, Inglaterra: Oxford University Press, 1987.


LDB

Las uvas de la discordia… o la discordia de las uvas?

Saludos, mi gente.

Culmina otra Semana Santa que, a pesar de los pesares, pasó de manera relativamente tranquila en Puerto Rico.  Una tranquilidad relativa, sólo quebrada por el revuelo causado por las declaraciones emitidas el lunes pasado por el cantante Ricky Martin en torno a su orientación sexual.  Una “noticia” que aunque a muchos no nos sorprendió (y ustedes saben muy bien por qué lo expreso así, no se me hagan los inocentes), ha corrido por el mundo como las “infames” fotos de los médicos puertorriqueños en Haití (a los que la Junta de Licenciamiento y Disciplina les tiró la toalla un día antes de lo de Ricky, pero allá Juana con sus pollos…)  Y que ha servido de base para el destaque noticioso que muchos de nuestros políticos envidian—y del que siempre parece que están hambrientos como los lobos.

Francamente, yo no sé ni qué llevó a Ricky a “salirse del clóset”, ni creo que eso importe ya.  Pero si como él alega, esto lo hace sentirse libre… pues que sea libre y feliz, eso ya es asunto suyo y de nadie más.  Pero no es a esto a lo que voy—ya del tema se ha dicho suficiente.

Lo que quiero compartir con ustedes hoy es a algo que vi ayer mientras revisaba el boletín del sitio web Salon.com (y que creí pertinente añadir a Lo que me llama la atención).  Se trata de un artículo cuya autora, Jeanette DeMain, relata su experiencia en la búsqueda de comentarios sobre libros en Amazon.com, especialmente sobre las obras maestras de la literatura clásica y contemporánea.  La experiencia de DeMain es mixta: De un lado hay muchos comentarios acertados y excelentes; del otro lado,

"… están las reseñas que me atraen de forma algo masoquista, de ésas que le dan una puntuación de ‘una estrella’ a una obra que me ha conmovido de una manera que no puedo expresar o que ha influido en mí indeleblemente."

Seguidamente, DeMain cita varias de esas reseñas de “una estrella”, algunas de las cuales traduzco a continuación:

Sobre The Grapes of Wrath (Las uvas de la discordia) (John Steinbeck, 1939):

"Aunque he leído muchos libros malos, ninguno se puede comparar con esta obra trillada y maquinada.  Cada línea, cada palabra es deliberada y pretenciosa…  La gente ha llamado propaganda a este libro, pero eso ni siquiera es el comienzo.  En ningún otro lugar usted encontrará un diálogo tan empalagoso, ni un mensaje tan laborioso y falsamente profundo.  Pero recomiendo que todos lean este libro, sólo para gustar del tan absoluto mondongo que millones de personas son capaces de tragarse."

(¿Alguien podría dirigir al morón o morona que escribió eso a la página de Wikipedia sobre este libro, que de entrada menciona que tiene a su haber el Premio Pulitzer de 1940 y el Premio Nobel de Literatura de 1962—cosas que de seguro le serán ajenas—, y cuya versión cinematográfica de 1940 le valió a John Ford el Oscar/Academy Award al mejor director en 1941?)*

¿Qué tal Jane Eyre, (Charlotte Brontë, 1847)?

"Descripción interminable y sin sentido.  ¡¡¡DESCRIPCIÓN, DESCRIPCIÓN, DESCRIPCIÓN!!!  Todo el libro está escrito en metáforas estúpidas.  Los pocos sitios donde de veras hay algún diálogo aburren al lector hasta las lágrimas.  Honestamente, pienso que esto está marcado como un clásico porque es más viejo que la arena.  ¡Caray, yo creo que si yo garabateo algunas palabras en un pedazo de papel, será un clásico en 160 años!  Será lectura requerida en el tercer año de escuela superior, como este ‘cuento’ idiota.  Con su permiso, me voy a empezar mi obra maestra.  Estoy seguro que será mejor que esto."

(Y a esta persona, ¿tanto le molesta la prosa descriptiva?  De nuevo, que alguien dirija a este engendro a la página sobre Jane Eyre en el mataburros cibernético de récord.)

Ni siquiera se salvan del ataque inmisericorde los clásicos para niños, como Charlotte’s Web (E.B. White, 1952):

"Un libro absolutamente sin razón para leerse.  Yo no sentí nada hacia los personajes.  A mí en realidad no me importó que Wilbur [el cerdo] ganara el primer premio [en la feria agrícola].  ¿Y cómo rayos un cerdo y una araña se pueden hacer amigos?  No alcanzo a entenderlo.  La parte de atrás de una caja de cereal es más excitante que este libro.  Fui forzado a leerlo por lo menos cinco veces y lo encontré agotador.  Hasta cuando niño yo encontré que la trama era traída por los pelos.  Debido a este libro horrendo es que como salchichas cada mañana y le digo a mi papá que mate cada araña que veo.  Es un relato traumático que induce al coma y que ha cambiado mi vida para siempre.  En conclusión siento que nadie debería pasar por esa tortura y que este libro debe ser vetado de toda escuela, biblioteca y librería de la Vía Láctea."

Cualquiera diría que esta persona nunca tuvo infancia, o si la tuvo, nunca la disfrutó.  Como tal vez esta otra persona, a quien le dio con criticar así el libro, Where the Wild Things Are (Maurice Sendak, 1963):

"Con todas las reseñas—compré este libro para mi hijo.  Aunque aunque alguna de la gráfica del libro es muy buena, creo que el mensaje es totalmente equivocado.  Él [Max, el niño protagonista del relato] le contesta a su madre y creo que el mensaje para los niños es totalmente equivocado.  Ahorre su dinero—hay muchísimos otros libros que envían un mensaje positivo."

¡Quién sabe y a lo mejor esta misma persona habrá boicoteado la versión semianimada para el cine que se hizo el año pasado (dir. Spike Jonze, 2009)!  Y qué interesante que su preocupación sea el “mal ejemplo” de Max al retar la autoridad de su mamá (aun por más justificada que sea esa preocupación, valga aclararlo) y la necesidad de sustituir ese tipo de mensaje con mensajes “positivos”… ¡aunque habría que ver qué significa eso para esta persona!

Por último, y para no abrumarlos tanto como a mí (y nada más de hacer todas estas traducciones, ya me siento drenado emocionalmente… de veras), veamos esta lumbrera de reseña sobre Nineteen Eighty-four (George Orwell [seudónimo de Eric Arthur Blair], 1949):

"Al principio sí me gustó el libro.  Entonces, comenzó a ponerse porquería para cuando Winston [Smith, el personaje principal] estaba envolviéndose sexualmente con su amiguita.  Odié tanto el libro que hasta se me olvidó el nombre de ella.  Las primeras cien páginas más o menos me gustaron, entonces se puso realmente aburrido.  Así que yo recomiendo muchísimo que NO LEAN ESTE LIBRO.  Y por favor, por amor a Dios no lean ese libro de ‘Un Nuevo Mundo Feliz’ por Hoxley.  Es el doble de peor que 1984.  Francamente, NO LEAN NADA DE GEORGE ORWELL.  Están perdiendo su tiempo."

Francamente, parece que esta persona perdió su tiempo en la escuela, a juzgar por los errores y horrores en su comentario (incluido el error en el nombre del autor de Brave New World, Aldous Huxley) y por su falta de un argumento sólido y contundente.  Y entonces, ¿esta persona va a boicotear un libro como 1984 porque lo encontró aburrido?

Y parece que esta persona no es la única, ya que más adelante, DeMain cita una reseña sobre el libro, The Diary of a Young Girl (Annelies Marie “Anne” Frank, 1947), que se reduce a lo siguiente:

"No me gustó este libro porque era muy aburrido.  Eso es todo lo que hay que decir.  Era muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy aburrido.  Si usted tiene que leer este libro, péguese un tiro antes."

A esta persona yo le diría, “¡Después de usted!”

DeMain pasa entonces a cuestionarse qué clase de persona escribe este tipo de “análisis” (que yo no dignificaría mediante el uso de esa palabra, pero ya para qué):

"En realidad tengo que preguntarme quiénes son estos tipos.  ¿Serán estudiantes disgustados?  ¿’Trolls’?  ¿Descontentos que no tienen nada que hacer?  ¿Creen ellos que están luchando contra molinos de viento y nadando valientemente contra la marea del conformismo al advertirle a otros que no lean libros universalmente reconocidos como clásicos?  (En cuyo caso yo les podría recomendar que leyeran el ‘Don Quijote’ de Cervantes, pero entonces me daría miedo ver las reseñas.)"

Sea como sea, el caso es que tras leer este artículo de Jeanette DeMain me quedé bastante sorprendido con la profundidad de la ignorancia que demuestran algunas personas.  Parecería como si ellos hubieran pasado por la escuela, pero la escuela nunca pasó por ellos.  ¿Será que “el sistema” educativo les falló?  Yo no lo creo, aunque últimamente la calidad de la enseñanza en los planteles escolares estadounidenses parece estar en descenso.  Tal vez estas personas fallaron al no aprovechar las oportunidades que se les dieron—dentro de las limitaciones propias del sistema—para expandir sus horizontes, y se convirtieron en máquinas, en seres sin sensibilidad para con el mundo que los rodea (como el “come salchichas” al que le importa poco si el cerdo Wilbur gana el premio de la feria o al final lo hacen tocineta—o panceta, como la llaman en otros países hispanos).  Seres a los que tal vez les da miedo (¿pánico?) la libertad de pensamiento… o que tal vez no reconocen su responsabilidad, con otros y consigo mismos.

(Me pregunto si alguno de ellos está infiltrado en nuestro gobierno o en nuestra legislatura…  ¡Eso sí que da mucho miedo!)

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya esta entrada se puso muy larga y no quiero que me digan que estuvo muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy aburrida!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

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LDB