Amanecer en la impunidad

Fireworks
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Bueno, amigas y amigos, mi gente, parece que el año 2012 que comenzó hace unos días las tomó donde mismo las dejó el año anterior, con una violencia que más me parece un síntoma de lo mal encaminada que está nuestra sociedad.  Pero para echarle sal a la herida que tal violencia nos dejó en el año recién pasado—con un total de 1136 muertes violentas, cifra hacia la que íbamos de camino un par de entradas atrás—, el 2012 no podía empezar más violento, con una gran cantidad de personas que—por más que se les dijo que no lo hicieran, por más exhortaciones de toda clase, de las principales figuras públicas del país—se pusieron a disparar al aire sus armas de fuego, tal vez creyendo que ésa era una forma legítima de celebrar el final de un año y el comienzo de otro, tal vez creyendo que eso era divertido, que eso no le hacía daño a nadie.

Pero más allá de la conmoción creada por una práctica tan salvaje—como la conmoción que recogió una jovencita y sus amigos, que tuvieron la valentía (aunque sus rostros reflejaran el terror del momento) de grabar un vídeo casero en el que se escucha claramente cómo las cercanas detonaciones de armas de distinto calibre empañaron su celebración de despedida de año1 (y que refleja la realidad que se vive, muy a pesar de las críticas ulteriores de algunas personas, de ésas que se sienten tan cómodas y tan a gusto con su propia cobardía)—, algo sucedió.  Las balas “perdidas” no se perdieron.  Salieron a cumplir con su encomienda.

Karla Michelle Negrón Vélez, 1996—2012 (foto según publicada por El Nuevo Día, San juan, P.R.)

Y una de esas balas que no se perdió, acabó encontrando un objetivo: una niña de 15 años, de nombre Karla Michelle Negrón Vélez, estudiante escolar, llena de pasión por el ballet, llena de sueños e ilusiones para su vida, para su futuro.  ¿Y qué hizo ella para merecer que un pedazo de metal, atraído a tierra con una aceleración de 32 metros por segundo cada segundo, la castigara de esa manera, destrozando su cabeza y alojándosele en el tallo del cerebro, dejándola con muerte cerebral hasta que partió hacia la eternidad, en una fecha que muchos consideran de mala suerte (un viernes 13 de enero de 2012)?  Digo, a menos que el “pecado” de ella hubiera sido estar en el balcón de la casa de algún amigo, presenciando un espectáculo de fuegos artificiales para la despedida del año.  Algo que tal vez, l@s más insensibles y despreocupad@s2 dirán cínicamente que “no debió estar haciendo” en ese momento, o sea, estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado… ¿para qué, para dejarle libre el camino a quien “se divierte” disparando al aire?

Y lo peor de todo es que la bala que no se perdió, sino que encontró su objetivo, tal vez sin proponérselo, pudo haber venido de cualquier lugar en las cercanías.  Pudo haber sido disparada por alguien tan inconsciente del daño que habría de causar.  ¿Pero quién?  ¿Quién pudo haber sido tan irresponsable como para haber disparado al aire un arma de fuego, en un país donde las armas de fuego están tan fuertemente reguladas (por lo que no se puede pretender, como alguna gente quiere, que la gente ande armada por ahí como en el Viejo Oeste estadounidense), sin medir las consecuencias?

Ciertamente, esa clase de persona no va a dar cara por lo que hizo, porque sabe que cometió una brutal torpeza, y por ello prefiere esconderse en el anonimato, prefiere refugiarse en la impunidad.

Impunidad.

IM-PU-NI-DAD.

“impunidad.
(Del lat. impunĭtas, -ātis).
1. f. Falta de castigo.”

Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. (Consultado el 16 de enero de 2012 a las 03:10 UTC -04:00)

Gente así prefiere hacerse a la ilusión de que por más egregia que haya sido la barbaridad cometida, nunca tendrá que pagar las consecuencias, ni tendrá que rendirle a nadie cuenta alguna de sus actuaciones.  Tal vez esa clase de persona recibe mucha inspiración de lo que ve a diario, especialmente con figuras de poder, de ésas que buscan cuanto truco existe para no someterse a los mismos trabajos, a los mismos sacrificios que tenemos que pasar l@s que estamos “en la rueda de abajo”.  De ésas que creen que pueden salirse con la suya “porque lo pueden hacer”.  Y encima de eso, son de las primeras personas que se llenan la boca recordándoles a los demás su responsabilidad con el colectivo, recordándoles que deben pagar los servicios básicos a tiempo, si no desean arriesgarse al corte de esos mismos servicios, entre otras consecuencias.  (Y si la Constitución de Puerto Rico de 1952 no estableciera claramente su prohibición a que se aplique la pena de muerte, seguramente estas mismas personas abogarían por ese castigo para cualquier “Juan Pela’o” que se atreva a atrasarse un minuto en el pago de sus servicios—o sea, para cualquiera, ¡menos para ellos!  Ya sé que exagero, ¡pero quién sabe!)

Pero no.  Cualquiera diría que se está fomentando en Puerto Rico una cultura de impunidad, en la que cualquiera puede cometer un acto bárbaro, como el de disparar un arma de fuego al aire en una celebración de Año Viejo, sin importarle que haya alguien más entre la trayectoria de la bala y el terreno, y sin preocuparse de lo que sucedería en el cada vez más improbable caso de que alguien lo pueda señalar como responsable.  Y si no hay nadie que tenga la autoridad moral para señalar esa conducta impropia, para imponer las debidas sanciones contra quienes las practican… bueno, digamos que seguirá habiendo quien crea que puede actuar irresponsablemente, sin temor al castigo, que no se sentirá obligado a responder por sus actos, que podrá esconderse fácil y cómodamente en la impunidad.

Así de mal hemos comenzado este nuevo año.

De mi parte, que tengas un buen viaje hacia la eternidad, Karla Michelle, y que tu sonrisa ilumine las vidas de tus padres y tus familiares, y que sirva de guía en el camino de tus amistades.  Y sobre todo, si el sufrimiento de los últimos 13 días de tu vida sirve para algo, deberá ser para evitar que reine la impunidad.  ¡Que así sea!


NOTAS:

  1. Al momento en el que escribo esto, el vídeo había sido retirado de YouTube, pero no sin antes desatarse toda una controversia por el mismo y hasta ser objeto de exposición internacional, a través de los diferentes medios de prensa.
  2. Mientras trato de escribir el párrafo del que sale esta nota, me tropiezo con la insensibilidad que mostraron algunos usuarios y usuarias de redes sociales como Facebook y Twitter, quienes criticaron el que la gente dedicara su atención al caso de la agonía y muerte de Karla Michelle Negrón.  Más aún, me molestó ver la falta de respeto de algunas de estas personas hacia quienes mostraron su solidaridad y su apoyo a los padres de la jovencita.  Me pregunto si ésa es la clase de educación que se les da a personas como ésas en el seno de sus familias.  Ésas tal vez son personas que creen tenerlo todo en el ámbito de lo material, pero carecen de lo más básico en lo emocional y lo espiritual.  Tal vez a personas como ésas no les preocupará recorrer la Avenida Baldorioty entre Carolina y San Juan y verse de momento en medio de un tiroteo entre autos, o salir una noche a “janguear” a Isla Verde o el Condado, sólo para acabar agredida o violada sexualmente, o peor aún, asesinada por algún vicioso o por alguien a quien no le importa la vida humana, ni siquiera la suya propia.  Tal vez a esas personas no les preocupan esas cosas, porque esas cosas “les suceden a los demás”, porque “YO soy YO”, porque “a MÍ eso no me va a suceder”…
    Y les guste o no, esas cosas suceden.  Y le suceden a cualquier persona.
    Es más: Si alguna de esas personas está leyendo esto—y sé que lo están haciendo, además de que hacen el honor de leer mi blog—, la reto a que se atreva a faltarme el respeto por mostrar un poco de solidaridad humana, algo de lo que ciertamente carecen esas personas.  La caja de comentarios estará disponible por 30 días a partir de la publicación de la entrada.  Mis direcciones de email están al final de la página.  Sólo falta que tengas la valentía para hacerlo… pero no voy a perder mi tiempo esperando.  Tal vez prefieras esconderte en la impunidad.

LDB

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El viaje final de los condenados

This photograph shows Lago de Loíza Reservoir ...
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Pienso en ello y entonces me siento como si fuera mi peor pesadilla.

Voy en un vehículo oficial, atado de manos y pies, como “huésped” del sistema penal, regresando al campamento correccional luego de un día inmerso en un proceso judicial.  Afuera, se produce un aguacero intenso, de esos aguaceros inclementes que algunos de nuestros ciclones tropicales tienden a dejarnos como “souvenir”.  El conductor del vehículo, un guardia penal, ve que las aguas se están apropiando de la carretera, pero parece que ha decidido, “por sus…pantalones”, que va a cruzar el área del desborde, confiado en que lo podrá cruzar.  Total, si el vehículo ya casi está llegando a la entrada del campamento penal, ya casi está “ahí al lado”.

Y ahí es que viene el desastre.  Un golpe de agua que llega justo en el momento en que el conductor trata de hacer cruzar el vehículo.  Y ése no es precisamente el momento para no recordar algo que debió haber escuchado en sus clases de ciencia en la escuela superior—digo, si no “cortó clases” ese día:

“In a flood, two feet (61 cm) of water can move with enough force to wash a car away…

“Flood waters are more dangerous because they can apply much more pressure than an ordinary river or a calm sea. This is due to the massive differences in water volume that exist during many floods…. The bigger the difference between water volumes across an area, the greater the force of movement.  But at a particular point, the water doesn’t look so deep, and so doesn’t seem particularly dangerous—until it’s too late….

“The most dangerous floods are flash floods, which are caused by a sudden, intense accumulation of water.  Flash floods hit an area soon after water begins to accumulate (whether from excessive rain or another cause), so a lot of the time, people don’t see them coming….  Flash floods can be particularly devastating when a heavy thunderstorm dumps a high volume of rain on a mountain.  The water moves down the mountain at tremendous speed, plowing through anything in the valleys below.”

([Traducido a mi manera]: Durante una inundación, una masa de agua de dos pies de profundidad se mueve con fuerza suficiente para desplazar un automóvil.  El peligro de las aguas de inundación reside en que aplican una mayor presión que la de un río común y corriente o un mar en calma, debido a las enormes diferencias de volumen entre las masas de agua en un mismo río.  Así, mientras mayor sea esa diferencia, mayor será fuerza con la que empuja el agua.  Pero en algún punto, el agua se ve llanita y no muy peligrosa… ¡hasta que ya es tarde para evitar el peligro!  Por otra parte, aún más peligrosa es la inundación repentina, causada por la acumulación súbita e intensa de agua, por las lluvias o por otras causas, por lo que muchas veces eso es algo que, como quien dice, “no se veía venir”.  La inundación repentina puede ser particularmente devastadora cuando una tronada fuerte suelta una cantidad enorme de lluvias sobre las montañas.  El agua se mueve entonces montaña abajo a una tremenda velocidad, para barrer con todo lo que encontrará a su paso en los valles aguas abajo.)

(Citado de la página 4 de “How Floods Work”, por Tom Harris, en HowStuffWorks.com, 7 de junio de 2001.)

Pero no, no hay tiempo de pensar en eso, especialmente cuando él ve que su vehículo es arrastrado por la corriente fuerte y súbita, como empujar un sillón para cambiarlo de lugar en la sala de estar.  Arrastrado hasta que se detiene a un lado del camino, casi sepultado debajo de las aguas embravecidas.  Y tiene que buscar la manera de salir de allí.  Sí, él y el guardia correccional que lo acompaña para asegurarse de que al cargamento humano que lleva, no se le ocurra buscar la libertad en un descuido.

Y ambos logran salir del vehículo ahora incapacitado.  Pero… ¿y qué hay de los confinados?  ¿Y qué hay de mí, que estoy atrapado aquí adentro, que estoy entrando en pánico, mientras veo que el interior del vehículo se llena de agua?  ¿Qué es, que acaso estamos pensando en aprovechar el desastre que se nos viene encima para darnos a la fuga, en caso de que alguien más se apiade y venga a rescatarnos a los que estamos adentro?  Porque a la vez que el agua se está alzando dentro del vehículo convertido en cámara mortuoria, varios vecinos valientes se están ofreciendo para ayudarnos a salir.  Pero los dos guardias penales rechazan los esfuerzos ofrecidos—tal vez por ignorancia, o por insensibilidad, o por apego a una reglamentación que les obliga a retener a los confinados bajo cadenas, aun en una situación en la que las vidas de confinados y custodios corren un peligro inminente.  Total, qué más da que muera un confinado en medio de un desastre inminente… ¡lo importante es que no se fuguen!  Y PUNTO.

Mientras tanto, grito y grito para que me ayuden a salir… hasta que ya no me queda un grito más que exhalar.

Amigas y amigos, mi gente, créanme que no es nada fácil para mí imaginar—a la vez que lo voy escribiendo aquí—lo que pasaron en sus últimos minutos de vida los ocho confinados que murieron a comienzos de esta semana, mientras eran transferidos (junto con otros dos que sobrevivieron ulteriormente) al campamento correccional Sabana Hoyos de Arecibo.  Hombres que por más que se diga que estaban pagando sus deudas con la sociedad—con excepción de por lo menos uno que habría sido hallado no culpable del delito que se le habría imputado, y que tal vez estaría pensando en lo primero que haría a su regreso a la libre comunidad—, no tenían que morir de la manera tan cruel en la que murieron.  Sobre todo, no tenían por qué ser víctimas del atrevimiento e insensibilidad de los guardias correccionales que los custodiaban en ese fatídico viaje.  Guardias que ciertamente fallaron en actuar de manera responsable, aunque actuar responsablemente les costara tardar más tiempo y gastar más combustible, al desandar el camino ya andado y rodear por alguna ruta alterna.  Total, se dice que Puerto Rico es el país con la mayor cantidad de carreteras por milla cuadrada en el mundo.*  Así que… ¡por aquí, que es camino!

Pero no.  Prefirieron retar la suerte.  Y cuando la suerte les falló, prefirieron anteponer sus propias vidas a las de los confinados que llevaban en su custodia, como si la vida de un confinado valiera menos que nada.

Apostaron a que podían vencer a la naturaleza.  Pero la naturaleza los venció.  Y las consecuencias de esa jugarreta no podían ser más lamentables.


* Sólo una pequeña crítica constructiva: Parece que da mucho trabajo calcular y proveer el dato de cuántas millas de carretera (preferiblemente carreteras pavimentadas, incluidas las autopistas) hay por milla cuadrada en Puerto Rico, a juzgar por que muchos de los sitios en los que busqué en la Internet repiten esa frase (“Puerto Rico es el país con la mayor cantidad de carreteras por milla cuadrada en el mundo”), pero no aportan el dato numérico en concreto.


LDB

¡Que vengan los payasos!

clowns
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¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Antes de comenzar, tengo una noticia de última hora:

“La modelo puertorriqueña Maripily se encuentra en franca recuperación de la cirugía que le realizara ayer el doctor Anire Okpaku, en el Mercy Hospital de Miami, para eliminar la marcada separación que lucía entre sus senos.

“‘i’m back! mi amores de twitter, estoy nuevamente aqui con ustedes. Gracias a Dios me encuentro bien, super contenta, quedaron de show!’, expresó esta mañana Maripily, a través de la red social Twitter.

“La también anfitriona de televisión compartió con Primera Hora unas imágenes de parte del proceso quirúrgico.”

(“Maripily asegura que los senos le ‘quedaron de show’”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

OK, ya mencioné a Maripily, salí de eso.  Pasemos a otra cosa, shall we?

Parece mentira que con el pretexto de evaluar la prestación de servicios en las agencias del gobierno puertorriqueño se cometan barbaridades.  Pero así fue que trascendió en la prensa el viernes 27 de mayo de 2011.  Dos funcionarias gubernamentales… no, creo que sería más justo describirlas como parte de lo que ya conocemos como los “gatilleros” gubernamentales, han estado dejando correr su vena histriónica y se han ido a varias oficinas del Departamento de la Familia (antes llamado “de Servicios Sociales”) a montar un espectáculo bastante patético.  Es más, voy a dejar que la siguiente descripción hable por sí misma:

“Usualmente, visten de forma impecable y elegante para cumplir con sus labores como funcionarias de la Secretaría Auxiliar para Asuntos Gubernamentales y Federales en Fortaleza.

“ […]  En esta ocasión, el outfit de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández cambia drásticamente para estelarizar a ‘Fulana’ y ‘Mengana’, dos mujeres desempleadas que acuden de forma incógnita… a alguna oficina local del Departamento de la Familia (DF) a solicitar los servicios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), el cual les ofrece ayuda económica a las personas o familias de bajos ingresos.

“Su arribo a las oficinas—como parte del show—conlleva que vayan vestidas de forma descuidada, sin maquillaje, un moñito mal hecho y, en ocasiones, con la tira del brassiere por fuera.

“Después de todo, según ellas mismas les han explicado a algunos empleados de Familia, ‘tenemos que vestir como los clientes’.

[…]

“Ahí no queda la cosa, pues el teatro—cuya deprimente función se ha escenificado en unas 36 oficinas del DF—incluye también incurrir en un comportamiento indisciplinado.

“‘Ellas llegan, cada una por su lado, y se sientan en la sala de espera.  Esperan un ratito y de momento una—en mi caso fue la licenciada Fullana Hernández—se para y empieza a decir de forma gritona: ­«Quiero que me atiendan ahora…  Quiero que me den una emergencia».  Entonces la recepcionista trata de explicarle que tiene que hacer turno y esperar por una cita y ahí se alborota el gallinero’, dijo otra fuente, esta vez de la región de Mayagüez, donde casualmente se realizan las visitas sorpresa esta semana….

“Tras Fullana Hernández hacer su aparición estelar, entra a escena Sánchez Bras a realizar un ‘numerito’ similar.

[…]

“… una vez finalizada la actuación, Sánchez Bras y Fullana Hernández continúan tratando con arrogancia a los supervisores de las oficinas, quienes en ocasiones se han quedado con la palabra en la boca.”

(“Bochornoso espectáculo de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A simple vista, lo anterior parece la descripción de uno de esos sainetes de calle con los que Allen Funt (1914–1999) ponía—y sus miles de “herederos putativos” en todo el mundo (que en Puerto Rico van desde Efraín López Neris hasta Tita Guerrero) siguen poniendo—en aprietos a la gente común, la gente de la calle, sólo para terminar indicándole al (a la) incaut@ de turno que mirara hacia donde se ocultaba la cámara mientras le decía, “smile, you’re on Candid Camera!” (o “¡sonríe, estás en ‘La Cámara Cómica’!”, o “¡mira que ‘T-V-O’!”).  Y si las dos funcionarias en cuestión creen que con ello están haciendo un “statement” en forma de chiste, nadie (excepto tal vez, el secretario de la gobernación—el mismo que abogó en su momento por “sacar a patadas” de la Universidad de Puerto Rico a los revoltosos de izquierda, ya fuesen profesores o estudiantes, que a él lo mismo le da) se está riendo a juzgar por reacciones como la que sigue… con perdón de “Minga y Petraca”:

“‘Con ese espectáculo quedaron como «Minga y Petraca»…  Si tienen tanto guille de ser actrices, que se vayan a Hollywood en lugar de estereotiparnos a nosotros, que ya bastante que nos marginan diciéndonos «buscones», «vagos» y «cafres»’, dijo furioso y en su estilo picoso el líder comunitario Roberto ‘Papo Christian’ Pérez.

“Y es que para el vecino del residencial Manuel A. Pérez, en San Juan, el fabuloso plan teatral no es la forma adecuada de fiscalizar el servicio que se ofrece en las agencias gubernamentales.

“‘Por qué mejor no le preguntan directamente a los clientes cómo nos sentimos con el trato, en lugar de estar con este espectáculo.  Ésas no son formas… ¿qué están queriendo decir?  Que los que cogen cupones, incluyendo el montón de profesionales que quedaron desempleados con la Ley 7, somos unos indisciplinados, vulgares y sin educación.  Porque, pa’ que les quede claro, la mayoría del pueblo no somos gente como «Minga y Petraca»’, dijo Papo Christian.”

( “¿María Sánchez Bras y María Fullana Hernández se creen ‘Minga y Petraca’?”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A mí, francamente, me deja un mal sabor el que haya esa clase de funcionario de gobierno en Puerto Rico.  La clase de funcionario que se cree superior al resto de los seres humanos, la clase de funcionario que ostenta su poder y sus influencias, para “restregárselos” en la cara a quienes no tienen acceso a ese mismo poder.  Y no hay que ir muy lejos: sólo hay que recordar la burla de que fueron objeto las comunidades cercanas a la antigua base naval Roosevelt Roads en Ceiba, a manos del funcionario ostentoso e insensible que quiso zafarse del asunto con su “Such is life!” (que no fue el único en burlarse, como lo vimos a la semana siguiente).  Y ésta es la clase de funcionario público que asume una conducta enajenada de la realidad, en la que se resalta en forma burlona lo desagradable de la persona, con tal de “marcar su territorio”.  Y si esta clase de funcionario cree estar actuando en el mejor interés de los ciudadanos, e incluso se va “hasta el ñu” para justificar una maroma como ésa (como lo hizo posteriormente una de las funcionarias en cuestión—que por cierto, fue la encargada de la implantación de la famosa, o infame, Ley Número 7 de 2009)… ¡qué tal si a continuación me hace un chiste de “Pepito”!

Miren, mi gente, de que ha habido—y hay—deficiencias en los servicios que las agencias de gobierno le dan a los ciudadanos, eso no es nada nuevo.  Y en el caso de una agencia como el Departamento de la Familia, que en nuestro caso es la agencia que todo gobierno—que se enorgullezca de serlo—posee para fomentar el bienestar social y atender las necesidades de los menesterosos entre nosotros: niños, adultos, ancianos, personas con incapacidad física, personas que necesitan del apoyo de su gente para ponerse de pie y seguir adelante en la vida… ésa ha sido una realidad dolorosa por muchos años.  Y los elementos que causan ese problema—y hasta lo agrandan—siempre han estado ahí: poco personal para atender la clientela (muchas veces enorme) que viene a solicitar un servicio (problema amplificado por los efectos de la Ley Número 7 de 2009—ya expirada, por cierto), poca competencia del personal asignado a dar ese servicio (aunque aclaro: no son todos, ¿OK?), supervisión deficiente de los empleados, condiciones de trabajo que no son ni para una bestia de carga… y no sigo enumerando porque eso no es lo que quiero hacer aquí.

¿Y qué se ha hecho o se hace para atender esos elementos, para anular, o si no aliviar, su impacto, especialmente su impacto sobre esa misma clientela?

[…]

(¡Por favor, no contesten tod@s a la vez!)

[…]

(“¡No se oye!  ¡No se oye!  ¡No se oye!”)

[…]

OK, me cansé de esperar por la respuesta.  Aunque todavía tengo fe de recibir la misma algún día.  Pero en lo que llega ese día, ¿qué será lo próximo?  ¿Otra incursión de “Fulana” y “Mengana” (que ahora que se sabe a lo que van, seguramente las potenciales “víctimas” estarán en alerta)?  ¿O qué tal si envían los payasos?  ¿Y el resto del circo—con todo y animales?

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Digo, a menos que ustedes quieran que yo vuelva a lo de las “nenas” copa DD de Maripily… ¡yo sabía que no!)  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Fue un momento de locura

¡Saludos, mi gente!

Para cuando estén leyendo esto, los ríos de tinta (y también de unos y ceros—después de todo, ésta es la era digital, ¿no?) habrán corrido en lo que se refiere al escándalo surgido desde que el jueves pasado se divulgó la existencia de una serie de 1179 fotos de médicos boricuas que fueron en misión humanitaria a socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití y dieron la impresión de no conducirse como profesionales.  Fotos que a muchos nos hicieron recordar las que varios de los soldados estadounidenses se hicieron tomar en la nefasta cárcel de Abu Grahib , con el fin de mostrar “quién es el que manda” en Irak.  (Y en ese caso, sigo pensando que por mayor que sea nuestra ira contra los confinados de esa cárcel—y hasta los que están todavía en la base de Bahía Guantánamo en Cuba—por ayudar a poner al mundo en el estado de inseguridad que se vive hoy en día, nada… NADA nos da el derecho a humillar a ningún ser humano.  Nos guste o no, así no es que se supone que sean las reglas de juego, sobre todo en el tenso ambiente de nuestros días.)

(Por supuesto, la mención de Abu Grahib me trae a la mente el libro del Dr. Phil Zimbardo que llevo leyendo desde que escribí Cuando la hormiga se quiere perder—y que todavía no encuentro el tiempo para seguirlo leyendo, pero no se apuren, ya aparecerá ese tiempo…)

Fotos que uno de los miembros del equipo médico enviado por el Senado de Puerto Rico tras el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití colocó en su página en Facebook, sin pensar ni medir en el momento las consecuencias que hoy en día le están trayendo.  (Consecuencias que al día en el que escribo, él apenas está empezando a ponderar… ¡pero ya es muy tarde para eso!)

Fotos que salen a la luz al pública al ser encontradas por la periodista de MegaTV, Dianne Cabán Arce, aunque haya quien pueda poner en tela de juicio los motivos para su divulgación.  ¿Será porque la periodista en cuestión tuvo el “atrevimiento” de modelar en bikini para el desaparecido programa de TV, “No te Duermas” (aunque habría que ver el efecto que ello ha tenido en su credibilidad como periodista desde entonces)?  ¿Será porque ella aparentemente estuvo envuelta románticamente con uno de los médicos que estuvo en la delegación y que sale en las fotos?  ¿Será éste otro ejemplo de la furia de la mujer despechada?*

(Y para colmo de males, parece que ella “pisó algunos callos” con la divulgación de las fotos, en tanto algunos de los implicados han estado haciendo amenazas en su contra, las cuales se ha pedido que se investiguen lo antes posible.  Pero así es la vida…)

Fotos que pintan un cuadro de insensibilidad ante el dolor ajeno, que pintan a unos médicos que parece que no tomaron en serio la labor humanitaria a la que fueron, que aparecen retratados en la vestimenta propia de su oficio mientras sostienen en sus manos vasos de bebidas alcohólicas, que se sonríen mientras sujetan una extremidad de un paciente en una mano y en la otra una segueta—con la que se presume que habrán de amputar la extremidad afectada—, que se lucen sujetando rifles, fusiles, carabinas, como para “demostrar” quién es el matón del corillo—y peor aún, con la presunta complacencia y complicidad de soldados a los que no parece importarle su deber con la misma institución que les brinda ese mismo uniforme.  (Y aunque yo tampoco estoy muy de acuerdo que digamos con la existencia de la guerra en este mundo nuestro, aun la institución que la promueve merece que quienes la integran le tengan la debida deferencia… pero ésa es sólo mi opinión.)

(Por no hablar de aquellas fotos en las que se retrata a los pacientes en situaciones poco dignas, como la paciente a la que sólo han dejado en la blusa con la que fue llevada a atender, más una gasa para cubrir sus partes íntimas… ¡y que a nadie se le ocurra hacer algo así en Puerto Rico o Estados Unidos con estas leyes de privacidad que existen actualmente!)

Por supuesto, si a mí me dicen que estas fotos responden a que los médicos en cuestión estaban buscando descargar las tensiones propias de tener que lidiar con la miseria, el sufrimiento y el dolor de los haitianos afectados por un fenómeno natural que casi los deja sin país—algo que por su parte debe alertarnos a nosotros y a los dominicanos para que no nos ocurra lo mismo—, tal vez yo lo podría entender.  Lo malo es que esas fotos han dejado un mal sabor, una mala impresión que ha dado la vuelta al mundo (y si aún no lo creen, hagan una búsqueda en Google con los términos, “Médicos+Puerto+Rico+Haiti”, a ver lo que resulta), que pone a estos médicos a la altura de los soldados burlones de Abu Grahib, en tanto crea la impresión de que estos médicos fueron a hacerles un favor a los haitianos, sin un compromiso real de mitigar su sufrimiento, sin el más mínimo asomo de compasión por las víctimas de esta catástrofe de la naturaleza.

A menos que me vengan a decir algo así como, “Oops!  Lo siento mucho, todo fue un momento de locura…”

Definitivamente, jamás yo me iba a imaginar que la falta de un buen sentido de responsabilidad—individual y colectiva—trajera las consecuencias que nos ha traído esta desagradable situación.  Pero ahí están esas consecuencias, y yo espero que esto nos sirva como un momento de aprendizaje, tanto a quienes lucen la insignia de la irresponsabilidad, como a nosotros, los espectadores de este bochornoso espectáculo.

Y ya, eso era.  Vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


* Por si se me olvida decirles a qué me refiero…

“Heaven has no rage like love to hatred turned
Nor hell a fury like a woman scorned.”

"The Mourning Bride" (1697), por William Congreve (poeta y dramaturgo inglés, 1670–1729).  (FUENTE:  The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition.  Edited by E.D. Hirsch, Jr., Joseph F. Kett, and James Trefil.  © 2002 Houghton Mifflin Company.  Published by Houghton Mifflin Company.  All rights reserved.)

O sea: “No hay ira en el cielo como la del amor que se volvió odio, ni furia en el infierno como la de una mujer despechada.”


LDB

Lo peor… aún no ha pasado

El tamaño injustificado del gobierno y su rígida estructura burocrática obsoleta, impiden la prestación ágil y eficiente de servicios públicos a nuestros ciudadanos….  Reorganizaremos y modernizaremos las estructuras organizativas de nuestras agencias y departamentos, para hacerlas más horizontales y flexibles, aclararemos y redefiniremos su misión, rol y propósito y eliminaremos redundancias y duplicidad de procesos y funciones, para que respondan ágil y efectivamente a las necesidades del ciudadano.  Esto se realizará sin despedir empleados públicos e involucrándolos en el proceso de reforma.  Garantizaremos sus derechos adquiridos y asignaremos los recursos necesarios para su desarrollo profesional y personal.

Plan de Gobierno del PNP 2009–2012, páginas 20 y 21 (énfasis en el original)

¿Como están ustedes, mi gente?  Aquí estoy de regreso.

La verdad es que el pasado par de semanas no ha sido muy fácil que digamos, a juzgar por las secuelas de la segunda ola de despidos de servidores públicos requerida bajo la Ley 7 de 2009.  Las mismas que el programa de gobierno del PNP para el presente cuatrienio afirmaba que no ocurrirían.  Y aquí ha habido de todo.  Desde la traumática experiencia de recibir la fatal misiva, hasta amagos de violencia que en nada ayudan a buscar una salida razonada y sensata a esta triste situación.  Pero déjenme ir por partes, sobre todo desde el punto de vista de la experiencia que me ha tocado vivir de cerca en el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA).

La entrega de las cartas de despido ha creado un ambiente de desasosiego general entre aquellos compañeros de trabajo que las han recibido.  En estas dos semanas he podido ver a padres y madres de familia, madres solteras y demás—gente cuyo único “pecado” ha sido servir diligentemente y de manera profesional a quienes así lo necesitan—con los rostros desencajados, con lágrimas que se les hace difícil contener, sumidos en la negación, en no comprender por qué les ha ocurrido una cosa así, que se cuestionan qué pudieron haber hecho para merecer quedarse sin empleo de la noche a la mañana.  (Y muchos de ellos son parte del mismo electorado que le dio el voto al Lcdo. Luis G. Fortuño Bruset para la gobernación, y que probablemente se sentirán que han sido traicionados.)

Y lo peor del caso es que no todas estas personas llegaron a sus puestos en el día de ayer.  Alguno que otro llevaba alrededor de 20 años ocupando dignamente su puesto (que como sabrán, es el mismo tiempo que yo llevo en mi puesto… ¡y eso a mí me para los pelos!), y sin embargo, por decirlo así, “cayó en la redada” de los despidos.  Algo que se suponía que no sucediera.  Y se suponía que no sucediera, porque se había dado la impresión de que se procedería a despedir según la antigüedad del empleado en el servicio público, hasta unos trece años y medio (y aún con eso, la medida me parece irracional e injusta).

Al igual que ha sucedido con otras agencias de gobierno—como se ha planteado con la Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada (cuya directora se ha negado a firmar y entregar las cartas de despido, lo que a la larga la podría poner en aprietos “por no seguir instrucciones”)—, en la práctica se han desmantelado unidades de trabajo completas, al despedirse a todo su personal de una manera indiscriminada.  Y esto refleja una aplicación insensible e impensada de la Ley 7, en la cual no se tomó en consideración el impacto en los servicios que se ofrecen al público, y que deja al descubierto la incompetencia de quienes la aplicaron.

Y esta incompetencia también queda manifiesta cuando se nota que algunos de los despedidos son empleados que cobran sus sueldos de los programas de ayuda del gobierno estadounidense (como es el caso de la mayoría de los empleados de la procuraduría antes mencionada—y de ahí, el lío en el que está envuelta su directora).  Y eso es absurdo, si lo que se quiere resolver es una deficiencia de dinero en el Fondo General del gobierno de Puerto Rico, ¿no?  ¿Será que, al igual que los legisladores—los mismos que ayer aprobaron la Ley 7 para quejarse hoy de que “no sabían” que se iba a despedir a una gran cantidad de servidores públicos—, los responsables de las cesantías aprueban las cosas sin siquiera leerlas?

Yo no sé cómo lo vean, pero—y aquí me tendrán que disculpar si lo que sigue en este párrafo es muy gráfico—hay una expresión que yo utilizo a veces para exagerar el impacto de aplicar un remedio incorrecto a un problema grave, de que es como si para manejar el problema de pulgas de un perro hubiese que tumbarle la cabeza.  (Y no hace falta mucho para entender que eso es “cosa de brutos”.)  Pero en el caso que nos ocupa, el remedio ha sido muchísimo peor que la enfermedad: ¡aquí descuartizaron el perro por completo!

Y a mí me parece que ése es el problema: La ejecución de los despidos de servidores públicos requeridos por la Ley 7—la misma acción que se suponía como “el último recurso” para salir de la crisis en las finanzas gubernamentales—se ha efectuado de manera impensada, insensible, sin razón ni sentido, sin pensar en las consecuencias que traerá a la larga.  (Y quien esté leyendo esto haría bien en mirar la nube de etiquetas de este blog y colocar el cursor sobre la palabra “consecuencias”, para ver cuántas entradas llevan esa etiqueta—digo, por alguna razón será…)

Y algunas de esas consecuencias… lamentablemente no son las más agradables.  Para muestra, basta con algunos botones: llamadas telefónicas con amenazas de bomba en los edificios públicos, conatos de incendio, amenazas de muerte contra funcionarios gubernamentales, tumultos, agresiones con objetos como huevos y piedras contra el gobernador Fortuño, amagos de fuerza bruta de parte de los sectores “oprimidos” como los camioneros de volteo y carga, expresiones de que “en ningún lugar de Puerto Rico habrá tranquilidad” por parte de algunos líderes obreros (por un lado), y réplicas oficialistas de que quienes así actúen serán considerados como “terroristas” sujetos a que se les apliquen las mismas leyes federales que a quienes abogan por la “guerra santa” (por el otro lado)…

(Y que conste: TAN MAL LO HACEN LOS UNOS COMO LO HACEN LOS OTROS.  Aquí no hay diferencia.)

Tal vez no sea de extrañar que ya algunas voces—como la de la escritora de ascendencia cubana, Mayra Montero, en su columna dominical en La Revista de El Nuevo Día—estén llamando la atención (como hice anteriormente) a que se esté asomando el espectro de la delincuencia oficial que se manifestó en los trágicos sucesos del Cerro Maravilla, bajo el disfraz de “proteger” al pueblo puertorriqueño de posibles actos de terrorismo.  Y como yo también he dicho en otras ocasiones, no hay que andar mucho para llegar a ese extremo.

Pero así son las cosas en estos momentos.  Se toman decisiones tan delicadas y trascendentales sin consideración a las consecuencias que esas decisiones traerán, en un claro y abierto menosprecio por la responsabilidad social que conlleva tomar esas decisiones.  (Y de nuevo, noten cuán prominentes son estas dos frases, junto con las de “responsabilidad personal/individual”, entre las etiquetas de este blog—e insisto que por alguna razón será…)  Aunque tal vez sería demasiado pedir que quienes recomendaron y tomaron la decisión de efectuar estos despidos entiendan que tienen su cuota de responsabilidad.  Después de todo, su enfoque filosófico nos recuerda algo que se llegó a postular en algún momento durante la presidencia de Ronald W. Reagan (1981–1989), de que los pobres (y no los “agraciados”) son los que tienen la culpa de ser pobres, porque no aprovechan las oportunidades que se les dan para salir de la pobreza.

Pero de que tienen esa responsabilidad, la tienen.  Y la historia se encargará de decir cómo la ejercieron.

Mientras tanto, habrá que buscar la manera de remendar corazones rotos, de consolar a quienes ven derrumbarse sus aspiraciones profesionales por una malísima decisión gubernamental, de decirle a quien ha salido perdiendo en esta batalla mal librada en la que no tiene arte ni parte… ¡QUE NO ESTÁ SOL@!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y sobre todo, mucho valor y mucha firmeza, que sólo así podremos vencer la adversidad… venga de donde venga.


P.S.  Por si se preguntan, para mi bien o para mi mal, yo no formo parte de la lista de despedidos en el DRNA.  Pero al ver la injusticia y el agravio cometido contra otros compañeros de dicha agencia, no me hace sentir mejor el haber sobrevivido…


LDB