Realidades virtuales, realidades reales

Map of Peuto Rico, with inset showing it's pos...
Image via Wikipedia

El pasado fin de semana, mientras hacía tareas de limpieza en mi casa, me estuvo rondando por la cabeza una frase que mucha gente en Puerto Rico recordará.  “¡Qué bueno está este país!”*  Y eso mismo es lo que me viene a la mente cuando veo la situación fuerte que se vive en estos días en Puerto Rico.  Varios eventos definen la realidad de estos días:

  1. La continuación del conflicto en la Universidad de Puerto Rico, con sus secuelas de actos de desobediencia civil por parte de los Universitarios y los choques con los elementos policiales.
  2. La revelación de un esquema de fraude de varios residentes del pueblo montañoso de Lares contra la aseguradora AFLAC, a la que se le suma el acto desesperado del alcalde de dicho municipio (el mismo que ha querido tratar de borrar la memoria de un hecho que—gústele a quien le guste—es un hito histórico importante en Puerto Rico) de echarle la culpa a la propia aseguradora por el esquema de fraude (y yo me pregunto si no habrá sido la misma “inspiración divina” la que lo ha llevado a cometer este disparate).
  3. El revuelo causado por la revelación hecha en el programa televisivo “Dando Candela”—que si me preguntan, es una flojísima copia del tipo de programa que pulula últimamente en la televisión latinoamericana y en la televisión hispana de los Estados Unidos, de paneles en los que se “comentan” temas de farándula y figuras públicas (y que “por mera casualidad”, se emite en Puerto Rico a la misma hora del programa de “comentarios” de farándula conducido por una conocida muñeca de trapo… ¿he mencionado nombre yoooooooooo?)—, de que los resultados de pruebas de dopaje realizadas a varios legisladores (uno de los cuales resulta ser el aprendiz de Casanova que mencioné varias entradas atrás) habían resultado positivas al consumo de sustancias controladas.  Y ni hablar del rechazo de algunos de estas “lumbreras” a que se divulguen los resultados de las pruebas, aunque siempre recalcando que “quien no tiene hechas, no tiene sospechas”.
  4. Otro revuelo causado por un comentario “simpático” hecho por el senador Alejandro García Padilla (PPD) (otrora analista político en la radioemisora de los expertos en dimes y diretes, broncas y bolletes análisis y noticias), en referencia a la labor como abogada-notaria de la esposa del gobernador Luis G. Fortuño Bruset, la Lcda. Luz E. (Lucé) Vela, según el cual ella se dedicaba a hacer tareas “fresita” (término con el que quienes me leen en México—que según mis números de StatCounter.com, hacen un 11% del total de las 500 visitas más recientes a este blog—se podrán identificar mejor que nosotros en Puerto Rico).  Súmele a eso el intercambio de acusaciones de “cobarde” entre el susodicho senador y el cónyuge de la persona alegadamente ofendida… ¡y esto no se quiere acabar!
  5. Más imputaciones entre legisladores de que consumen drogas o son cónyuges maltratantes o…

Miren, amigas y amigos, a veces me pregunto como es que tenemos que estar lidiando con una realidad tan agobiante como ésta.  Una realidad que parece querer asfixiarnos cada día.  Una realidad que a muchos nos ha hecho dudar de si debemos levantarnos de la cama y vestirnos para ir a trabajar.  (Y si no me lo creen, pregúntenme a mí, que en una ocasión, hace bastantes años, en medio de una de esas situaciones laborales abrumadoras que surgen de vez en cuando, estuve aproximadamente media hora sentado en mi cama, frente a mi ropero, mirando la ropa nítidamente arreglada y alineada, pensando si valía la pena ir a trabajar ese día.  Se los digo yo: ¡no es nada fácil!)

Pero lo que más me molesta de esto es que quienes tienen el deber, la responsabilidad de dirigir los destinos del país (y como siempre, ninguno de los principales actores políticos de este país está libre de polvo y paja), a veces actúan como si vivieran en otro mundo, como si no compartieran el mismo suelo que nosotros, como si no respiraran el mismo aire que nosotros, como si la realidad de Puerto Rico fuera otra.  Proclaman como lo hizo el gobernador Fortuño hace un par de semanas, en viaje oficial por España, una realidad… esteeeeeeeeee… interesante, como la que expuso durante una entrevista en los madriles, cuando se le preguntó si la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos tendría desventajas para la Isla:

“Hay quien ha dicho que perdemos la autonomía fiscal, aunque realmente estamos tan integrados que ese argumento no tiene sentido.  Otros dicen que perderíamos nuestra identidad.  Somos Estados Unidos desde 1898, ciudadanos norteamericanos desde 1917 y más de la mitad de nuestra población reside en los 50 Estados Y seguimos siendo lo que somos.  Estadounidenses y biculturales.

“(Pregunta)  ¿El puertorriqueño es latinoamericano o estadounidense?

“(Respuesta)  En campaña escribí una columna que se titulaba «Boricua, hispano y americano».   Somos los tres.   ¿Tú quieres más a tu madre o a tu padre?”

Citado de: Puerto Rico es EE.UU., pero no todos lo tienen tan claro, por Verónica Calderón (El País, Madrid, España, 21 de enero de 2011).

Y a todo esto, ¿por qué la actitud prepotente ante la pregunta de seguimiento sobre el particular?  Si yo voy a visitar una casa ajena, NO es para yo salirle “de atrás pa’lante” a mi anfitrión (o anfitriona), con despliegues de arrogancia ni faltas de respeto, ni siquiera los “aires de superioridad” que criticaba Héctor Lavoe en una canción navideña.  Y esa actitud es algo que muchos de nosotros debemos corregir, sobre todo cuando estamos de viaje por el extranjero, entre muchas otras cosas.

(Valga recordar una cosa: Ni los demás son mejores que nosotros, ni nosotros somos mejores que los demás.  PUNTO…. Pero volvamos al tema.)

La realidad es que aunque “pertenecemos” a los Estados Unidos de Norteamérica desde 1898, y somos ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica desde 1917, eso no nos ha hecho plenamente estadounidenses ni biculturales.  Si bien por X o Y razón, los puertorriqueños hemos tenido que adoptar algunos elementos del diario vivir estadounidense—y adaptarlos a nuestra forma de ser, a nuestra realidad—, ello no nos ha hecho biculturales.  Tal vez alguno de nosotros—OK, yo, por ejemplo—pueda expresarse con facilidad en inglés, siempre y cuando las circunstancias lo exigen, pero ello no significa que se claudique o reniegue de la realidad de lo que se es.  Y eso no es algo que se pueda desestimar tan fácilmente.  Y no es algo que se pueda disfrazar tan fácilmente.  Digo, puede que ese animal se mueva como un lobo, pero si está disfrazado de cordero…

Pero esa es la manera en la que se vive en estos días.  Hay quienes vivimos una realidad asfixiante cada día, en la que no parece haber posibilidad de una mejoría alcanzable, mientras que hay quienes viven una realidad virtual, una realidad en la que todo es color de rosa, según quien nos la trata de vender a nosotros, y se la trata de vender al resto del mundo, una realidad en la que este país está bien bueno.  ¡Qué bueno está este país!

Y como este país está bien bueno… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Frase popularizada por el Conjunto Quisqueya en el primer corte de su disco de 1974 que llevaba ese título.  (Lo pueden escuchar aquí o aquí.)


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Fue un momento de locura (versión legislativa 2010)

Portrait of Giacomo Casanova made (about 1750-...

Amigas y amigos, ¿creen ustedes que aun con todo lo que se ha venido diciendo desde el lunes pasado, vale la pena tocar un tema relacionado con quienes se la pasan predicándole la moral y la enseñanza de valores a los demás, cuando no son capaces de comportarse de manera decente, especialmente cuando están desempeñando funciones oficiales (justificadas o no, ya eso es otro tema), y luego quieren salirse con la suya, creyéndose que el resto del mundo es estúpido?

Pues sí, yo creo que vale la pena… ¡y cómo!

Y vale especialmente la pena cuando se trata de condenar el acto feo y bochornoso del miembro de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, Jorge L. Navarro Suárez (PNP-San Juan), cuando trató de propasarse con una estudiante becaria de periodismo, en una discoteca de Louisville, Kentucky en julio pasado.  Incidente que—si tomamos en cuenta que tal vez han ocurrido u ocurren incidentes similares sin que los puertorriqueños nos demos cuenta—tal vez hubiera pasado inadvertido… de no haber sido captado en vídeo por un equipo periodístico de la división de noticias de la televisora estadounidense ABC (para el que trabajaba la estudiante en cuestión) que investigaba los viajes de legisladores estatales a conferencias, seminarios, simposios, banquetes, “bautizos de muñecas”, etc., financiados por intereses que ulteriormente se verán beneficiados por el voto a su favor de dichos legisladores en sus legislaturas estatales.

(¡Sé lo que ustedes están pensando… y tienen razón!  El distinguido legislador es “un miembro”.)

Obviamente es mucho lo que ha dicho cada quien que ha visto las imágenes del encuentro cercano del tipo “no deseado”.  Que si el legislador tenía un vaso en una mano, que por el escenario en el que se produce este triste espectáculo (una discoteca… ¿acaso será de extrañar?) se presume que no es precisamente leche de vaca…  Que si el legislador se acercó repetidamente a la estudiante para besarla…  Que si la joven trató de rechazar los avances del pretendido émulo de Giacomo Casanova (de quien, por cierto, es la foto que ven arriba al comienzo de la entrada)…

Por supuesto, está la “otra cara” de esta moneda manchada: la del propio representante Navarro, quien en principio alegó que lo que se vio en el vídeo no fue lo que ocurrió (¿cómo es eso?), que lo que ocurrió fue que él trató de acercársele a la estudiante para tratar de “entender” lo que ella le estaba diciendo, con todo el ruido que había en la discoteca.  ¡Y hasta tuvo la desfachatez de admitir su pobre dominio del idioma de Shakespeare, por lo que se le hizo difícil “comunicarse” con la joven agraviada!  O sea, un clásico caso de “he said, she said”.

Yo no sé qué piensen ustedes, pero por el par de cantazos que he recogido en el camino por experiencia sé que hay maneras de acercarse a otras personas en un ambiente como el de las discotecas… ¡y hay maneras!  Y esas otras maneras no conllevan acercarse a una mujer con el propósito de acosarla, de acercársele de una manera no deseada, en medio de una locura en la que la lujuria domina la conducta del varón.

(Y aquí hago un paréntesis personal porque recuerdo una conversación que tuve durante una actividad el año pasado con la compañera de mi trabajo cuyo suicidio mencioné varias entradas atrás.  Donde se celebró esa actividad había muchísimo ruido, y hasta yo tuve que acercarme un poco a ella para poderla entender.  De hecho, tengo que hacer una pequeña confesión, y no es por inventar nada ni quedar bien con ustedes, mi gente: a veces, en ambientes muy ruidosos, tengo dificultad para escuchar lo que otra persona me dice y tengo que acercarme a la otra persona.  Pero lo que me diferencia de otros como el legislador Navarro es que yo respeto el espacio personal de los demás.  Y en el caso de mi amiga, aparte de que yo apenas estaba empezando a tener confianza con ella, yo respeté su espacio personal y nuestra conversación fluyó de manera amena y cordial, dejando la puerta abierta para futuros encuentros.  Lo único que lamento es que ahora, mientras escribo este torrente de unos y ceros, sólo me queda el recuerdo de esa conversación, algo que atesoraré por el resto de mi vida…  Pero bueno, regresemos a nuestro tema, shall we?)

Y por más esfuerzos que el propio legislador haga para tratar de reescribir la historia de lo que allí ocurrió, por más que él trate de “escudarse” detrás de su familia (en la que seguramente él no pensó—ni en las consecuencias que le podría acarrear—durante ese momento de locura), por más esfuerzos que otr@s hagan para tratar de “lavarle la cara” públicamente—como el intento de la actual presidenta de la Cámara de Representantes, Jennifer González (PNP), de requerirle a ABC News que le envíe el pietaje “crudo” (o sea, no difundido públicamente) del reportaje para “iniciar una investigación cameral con miras a imponer sanciones” (algo que como leía en el periódico de hoy jueves, puede que nunca suceda, por cuestiones jurisdiccionales entre Puerto Rico y los Estados Unidos)—, el problema es que lo hecho, como dicen, hecho está, y que lo que se observa en el vídeo es bochornoso.  Es deplorable, y habla a gritos sobre lo que no debe ser la conducta de un servidor público (que le guste o no, lo es).

Es más, quisiera tomarme el atrevimiento de preguntar lo siguiente, sin que me quede nada por dentro:

La conducta exhibida por el representante Jorge Navarro Suárez, ¿es una conducta responsable (tanto individual como socialmente), digna de un representante de esa sufrida entidad que llamamos, “el Pueblo de Puerto Rico”, una entidad a la que él juró—con una mano puesta sobre la Biblia—servir, proteger y defender… o es más propia de la clase de individuo que el escritor puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá describe en una crónica* como un “puro blanquito, jodedor de urbanización”?**

Yo no sé para ustedes, pero para mí que la respuesta es obvia (y no hace falta repetirla).  Y de la misma forma que esa clase de individuo pulula en el universo playero de la crónica citada de Rodríguez Juliá (hoy en día movido por el reggaetón o por la bachata dominicana, como lo fue en su momento por la salsa puertorriqueña)… bueno, ¡Dios sabe cuántos más campean por sus respetos en nuestra “honorable” legislatura puertorriqueña!  Así de malas están las cosas.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y—por favor—pórtense bien, mi gente, porque un@ nunca sabe cuándo l@ pueden atrapar en la falta…


* “El veranazo en que mangaron a Junior”, páginas 99—130 en: El cruce de la Bahía de Guánica (Cinco crónicas playeras y un ensayo), por Edgardo Rodríguez Juliá (San Juan, P.R.: Editorial Cultural, 230 pp., 1989).

** A l@s que saben que no es mi estilo escribir palabrotas en mi blog (como lo especifico bajo “Lea esto primero, antes de hacer sus comentarios”): Lo siento mucho, pero no tuve más alternativa que incluir esta palabrota, aunque está dentro del contexto de lo que quise decir.


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