El último al que querrán enfrentarse

U.S. Marshal Multi-Agency Team Member with Sei...
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“I’m that man.  Matt Dillon, United States Marshal.  The first man they look for and the last they want to meet.  It’s a chancy job, and it makes a man watchful… and a little lonely.”

(Yo soy ese hombre.  Matt Dillon, Alguacil de los Estados Unidos.  El primer hombre al que buscan y el último al que querrán enfrentarse.  Éste es un trabajo arriesgado, que hace que un hombre sea cauteloso… y un poco solitario.)

Con estas palabras (que me he tomado la libertad de traducir), cada semana durante unos nueve años (1952–1961), la profunda voz del actor estadounidense William Conrad (a quien much@s de l@s de mi generación recordamos mejor como el obeso investigador privado “Cannon”) dejaba establecido quién imponía la ley y el orden en el Dodge City de la década de 1870, en la versión radial del drama del viejo oeste, “Gunsmoke” (cuya versión televisiva se conoce popularmente en el mundo hispanoparlante como “La Ley del Revólver”).  Dejaba establecido quién se estará enfrentando a “malvivientes y asesinos”, quién buscará detener “la violencia que se movió hacia el oeste” (como la señalaba el narrador en el preámbulo a la cita de arriba), al paso de una nación estadounidense que apenas estaba en sus años de formación.

El caso es que estas palabras me vinieron a la mente, luego de haber oído mencionar (para después corroborarlo en la prensa escrita) que el hoy superintendente de la Policía de Puerto Rico y ex-agente del FBI (¿no será más bien, “agente del FBI en destaque”?), José Figueroa Sancha, le dijo a comienzos de esta semana a los “expertos en los dimes y diretes, broncas y bolletes que pasan como análisis y noticias” (y cuando miren las etiquetas o tags de esta entrada, sabrán a quienes me refiero), cuando éstos le preguntaron si él pensaba renunciar, en vista de que la ola delictiva no está dando señas de que va a poderse contener:

“… ahora es que les estoy dando más duro a los criminales, ahora es que los tengo temblando.”

Francamente, yo no podría acusar al funcionario de querer “canalizar” a uno de los héroes de mi niñez, o por lo menos de tener una baja autoestima (aunque entiendo que—contrario a la percepción general—hay criminales que tienen una autoestima… bueno, casi igual de alta que la de él, pero ya ésos son otros veinte pesos).  Y aún cuando parece que el propio superintendente trata de esconder sus propios miedos e inseguridades mediante ciertas decisiones administrativas (como lo reseña esta nota publicada en 2009 en el sitio web de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico [ASPPRO]), un@ no podría decir lo contrario luego de escuchar esas expresiones.

De hecho, una cosa que me llama mucho la atención es que siempre que es el Partido Nuevo Progresista (PNP) el que asume la gobernación de Puerto Rico, algunos de sus funcionarios en posiciones sensitivas relacionadas con la seguridad pública tienden a… ¿cómo lo digo?… a mostrar una confianza extremada en sus capacidades.  (¿O será que las administraciones del Partido Popular Democrático—PPD—han soñado con hacer lo mismo, pero son un poco más tímidas?)  Tal fue el caso en una ocasión cuando la que administró el sistema correccional boricua entre 1997 y 2000, la Lcda. Zoé Laboy Alvarado (hoy abogada en la práctica privada), se presentó a un centro de detención luego de una redada contra una organización de tráfico de drogas, uniformada como para ir a una batalla (¡y ya yo quisiera verla en Irak o en Afganistán!), para increpar públicamente al principal sospechoso de narcotráfico y salir de allí como si nada, oliendo a rosas (calco de la frase idiomática en inglés, “to come up smelling like roses”).  Y todo eso fue frente a las cámaras de los periodistas, o sea, un espectáculo para consumo público.

Y yo me imagino que si muchos años después, el superintendente Figueroa Sancha estaba “canalizando” al “Alguacil Dillon” (y a todo esto, ¿dónde están “Chester” y “Festus” cuando hacen más falta?), probablemente en su momento la funcionaria en cuestión estaba “canalizando” a “McGarrett”, el de “Hawaii Five-0” (la versión original, que conste)Tal vez con el propósito de demostrar quién mandaba entonces… ¡o no!

Y mientras tanto, sigue la vida de día en día, con los ríos de papel y tinta—o su equivalente digital de ceros y unos—que nos relatan los robos, los asaltos, los escalamientos, los asesinatos—hasta por delincuentes que tienen el atrevimiento de pasar por policías, como sucedió aquí en Juncos hace apenas un par de semanas—y, para completar (o será para no quedarnos atrás, ahora que en los Estados Unidos el fenómeno se está dando a conocer de un tiempo a esta parte), abusos contra los estudiantes del sistema escolar, de eso que se conoce como el acoso o “bullying”.  Un fenómeno que casi le cuesta la vida a un niño de 9 años de edad, estudiante de cuarto grado de escuela elemental, tras ser agredido el 27 de octubre de 2010 por cuatro niños estudiantes del sexto grado de escuela elemental. Pero que además de los golpes físicos, que hicieron que él estuviera en cuidado intensivo por varias semanas, ciertamente lo va a dejar con golpes emocionales, que le seguirán por el resto de sus días.

Y entonces, cuando ocurren cosas como éstas, ¿dónde están l@s que irresponsablemente “roncan de guapos”?  ¿Estarán dispuest@s a ponerse de frente contra l@s que acosan a quienes les parecen más débiles, porque creen que así van a fortalecer su propia autoestima (por favor, acuérdense de lo que anoté arriba)?  ¿Estarán dispuest@s a enfrentarse al dueño del “punto”, o al que le suple a éste la droga que destruye a nuestra juventud, o al cobarde que a la menor provocación le entra a golpes a su pareja (o le hace cosas aún peores), o al poderoso que abusa de su poder e influencia y le niega a la comunidad toda oportunidad de mejorar las condiciones de su vida?  En serio, ¿estarán dispuest@s a infundirles el miedo a quienes se apartan de la ley?

O más bien, ¿no será que ell@s proyectan sus propios miedos, queriendo pasar por lo que no son, creyendo que sus acciones no les traerán consecuencias?  Sinceramente, amigas y amigos, eso sí que da miedo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Por Que No Te Callas?

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

¡Ahora sé yo que los pájaros le han declarado la guerra—a muerte—a las escopetas!  O por lo menos, eso es lo que se desprende de la más reciente controversia (desafortunadamente, una más) dentro del Partido Nuevo Progresista (PNP).  Se trata de la nueva aventura protagonizada por “Jack Bauer”… ¡perdón!… por el senador Jorge de Castro Font.  (¡Sí, ése mismo!  El mismo de este mensaje, y de este otro mensaje.)

(A mí personalmente no me interesa la teleserie 24, pero si me preguntan a mí, el papel del héroe le quedaría muuuuuuuuuuy graaaaaaaaaande al “distinguido” senador.  Es más, se me ocurre que ya que es un aficionado a las armas de fuego, él pudo haber hecho el papel de pistolero en algún episodio de viejeras como “La Ley del Revólver”—Gunsmoke—o “Revólver a la Orden”—Have Gun, Will Travel—, aunque a la hora de la verdad, el “distinguido” hubiese acabado tirado en la calle con la dosis mínima recomendada de plomo.  Pero bueno, soñar no cuesta nada… 🙂 )

El caso es que luego de que las autoridades estadounidenses representadas en Puerto Rico—con la versión oficial de estar investigando la venta de influencias a cambio de la aprobación de varios proyectos legislativos de intereses especiales—le allanaron al “distinguido” su oficina en el Capitolio de Puerto Rico (pues ya que empezaron por ahí, deberían seguir haciendo la limpieza, ¿no?), su apartamento y una gasolinera en la que él surte de combustible toda su flota vehicular, las cosas parecen haber ido en picada.  (¡Cuando no!)  De un lado, las afirmaciones iniciales del presidente del PNP, Luis G. Fortuño, suenan más a desconfianza que ninguna otra cosa (y si eso no es lo que representa una frase como “Yo no votaría por él”, ¡que venga Dios y lo vea!).  De otro lado estuvo el regaño velado del “honorable” legislador al presidente de su partido actual (Fortuño), a fin de que como abogado que es, se calle la boca y no haga más señalamientos públicos sobre el asunto (los que al decir del presunto implicado, dan la impresión de que su dirigente conoce detalles de la presunta investigación federal).  Añádase a esto expresiones veladas del implicado contra la madre y la esposa del presidente penepeísta, seguidas de amenazas de este último de aplicar disciplina, “gústele a quien le guste”, y lo que yo describiría como the usual gang of idiots (la frase “afectuosa” de la revista satírica estadounidense Mad): las urracas parlanchinas de siempre, hablando las mismas estupideces a las que nos tienen (mal) acostumbrados…

Resultado: un sal pa’fuera que deja chiquita la “tira’era” de Don Omar, Residente-Calle_13, Ivy Queen, Daddy Yankee (el nuevo BFF [“mejor amigo por siempre”] del candidato presidencial republicano John McCain), et al.

Francamente, ¿qué clase de espectáculo es éste?  Queramos o no, éste es el pan de cada día, el lifeline de los expertos en los dimes, diretes, broncas y bochinches que pasan como “análisis y noticias” (y por si acaso: ustedes saben quiénes son y saben que estoy hablando de ustedes).  Pero además de eso, deja un mal sabor ver gente por lo demás inteligente (pero que nunca serán sabios… sorry for you, baby!), actuando como los personajes de la peor de las telenovelas que nos atosigan Telemundo y Univisión, en las que algunos personajes se comportan como clonos mal hechos de The Sopranos.  (Y como siempre estoy diciendo, todo lo que les falta es comenzar a asesinar a sus rivales del “negocio”.)  Y si le añadimos los asomos de un chantaje que se observan en la actitud del senador de Castro, al éste implicar que si lo tratan de callar (para lo cual él dijo, “tendrán que matarme”… ¿se fijan?), podría divulgar secretos de negociaciones relacionadas con el control de la Asamblea Legislativa… es como le dice un delincuente que sabe que está arrinconado, a quien está—quiera o no—irremediablemente involucrado en el mismo delito que él,

Si yo caigo, tú caerás conmigo.

¡Qué vergüenza!  ¿Será posible que la política en Puerto Rico caiga más bajo que esto?  Quiera Dios (o el Ser Supremo, o lo que cada quien entienda) que esto no sea así, porque si no…

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta la próxima!

LDB