Otro día que vivirá en la infamia…

Ford Crown Victoria P.I. of the PRPD Highway P...
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“INDIGNACIÓN
“La Isla es escenario de la redada anticorrupción más grande en la historia de EE.UU.”

PROFUNDA SACUDIDA A LA POLICÍA
“Decenas de agentes son sorprendidos entrando en acuerdos con presuntos narcotraficantes.”

“WASHINGTON LE PONE EL OJO AL PAÍS
“Según (la jefa de la Fiscalía Federal en San Juan) Rosa Emilia Rodríguez, los federales están preocupados por la magnitud de la corrupción.”

‘TE VAMOS A DETENER’
“El jefe de Justicia de Estados Unidos envía un fuerte mensaje a los agentes corruptos.”

Amigas y amigos, no podían ser más elocuentes los titulares de la prensa escrita el 7 de octubre de 2010 ante los sucesos de la víspera—un día que, si usamos las famosas palabras del presidente Franklin D. Roosevelt ante el Congreso estadounidense, luego de otra víspera de ingrata recordación, “vivirá en la infamia”.  Y no hace falta decir que ese 6 de octubre de 2010 pasará a la historia como el día en el que las autoridades estadounidenses arrestaron a 132 personas por delitos relacionados con el tráfico de drogas y armas, 89 de los cuales eran agentes del orden público: 61 agentes de la Policía de Puerto Rico, 16 agentes de la policía local de cinco municipios (entre los que se destacan San Juan y Guaynabo… ¡qué interesante!) y 12 agentes del sistema correccional.  Los arrestos se llevaron a cabo con base en la labor de agentes encubiertos del Negociado Federal de Investigaciones (FBI), quienes captaron a los agentes implicados en medio de transacciones en las que se ofrecían para “proteger” y “dar seguridad” a varios narcotraficantes en sus transacciones de drogas y armas.

La verdad es que esto es como para asustarse, como para un@ no saber en quien confiar cuando sale a la calle…

Pero si malo es que hubieran arrestado a estos agentes del orden público, peor es lo que ello refleja sobre nuestro país actualmente.  Como lo expresado ante la prensa ese mismo día por el Agente Especial a Cargo (SAC) del FBI en San Juan, Luis Fraticelli, de que existe una corrupción “sistemática y endémica” en la Policía de Puerto Rico, en el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) y en varios de los cuerpos de policía municipal, y que se necesita hacer “cambios radicales ” para eliminar esa corrupción.

Digo, ¿tan mal están las cosas en Puerto Rico que las autoridades estadounidenses tienen que darnos una sacudida para que nos pongamos en movimiento, para que nos salgamos de nuestra comfort zone y las arreglemos (si es que nuestros pseudolíderes políticos tienen la voluntad para hacerlo)?  ¿Tan bajo hemos caído como para que en el mismo encuentro con la prensa, el secretario de justicia estadounidense Eric Holder, diga—en un español bastante aceptable, si me preguntan a mí—que “Puerto Rico se merece algo mejor” de sus agentes de ley y orden, y que no permitirá que las acciones de unos pocos deshonestos destruyan el buen trabajo de los muchos policías decentes y honestos?  (¡Y créanme que los hay!)

No podría ser peor el mensaje que se le lleva al mundo sobre un país que se jacta de que “lo hace mejor” (y hasta pretende unirse al fenómeno global del “branding” al mercadearse con esa misma frase como marca).  Y a juzgar por la lista de artículos relacionados que aparece al final de esta entrada, la fama que tenemos en estos momentos no es la mejor.  (Y salvo las honrosas excepciones que todos los puertorriqueños conocemos, parecería que nunca tuvimos buena fama.)  Por supuesto, no es habitual que alguno de los medios estadounidenses o internacionales informe los logros y los triunfos de los puertorriqueños, en y fuera de su propia patria… la misma que, lamentablemente, algunos de sus hijos ha dejado caer en un abismo.

Mucho se dice de las razones por las que estamos enterrados en este hoyo (no tan profundo como el de los 33 mineros chilenos que ya llevan más de dos meses atrapados—y que al yo escribir esto, podrían estar por salir de su encierro involuntario antes de finales de este mes).  Puede que sea tal vez que el gobierno (de los dos partidos políticos principales, el PPD y el PNP—a mí me da igual) hubiera decidido adoptar una política pública al estilo de la película ochentosa, Police Academy (Dir. Hugh Wilson, 1984), en la que un buen día, la alcaldesa de una gran ciudad estadounidense no nombrada levanta así porque sí las restricciones para el reclutamiento de cadetes de policía, lo que abre las puertas de la academia de policía “a Raimundo y to’ el mundo”… y no necesito contarles más para decirles en qué termina ese “experimento” (digo, en su momento algun@ de ustedes se gozó esa película tanto como yo… Sonrisa ).

Por supuesto, nuestra realidad no es exactamente tan divertida, especialmente cuando las consecuencias que vemos cada día incluyen asesinatos de inocentes (como los de José A. Vega Jorge y Miguel A. Cáceres Cruz), incidentes de brutalidad policial como los que observamos recientemente durante el paro universitario de 2010, y (aunque demasiado remotos como para atarlos a las causas de la situación actual) asesinatos con base política como los ocurridos hace 32 años—de veras, el tiempo se va volando—en el Cerro Maravilla.  Aunque no todas las consecuencias las han tenido que afrontar los ciudadanos que tienen la mala fortuna de quedar del lado equivocado del rotén o el del cañón de la Glock policial, ya que también las han sufrido los mismos agentes del orden público (como en el caso de la disputa familiar entre policías que terminó en tragedia Las Piedras).  ¿Verdad que esto hace desear que yo repita lo que yo escribí entonces para ese último caso?

“¿Qué queda entonces por hacer?  Ya el Superintendente de la Policía dijo que hará lo posible porque cada miembro de la Policía se haga examinar sicológicamente una vez al año….  Por supuesto, también sería de ayuda si se volviese a ser más selectivo en la admisión de nuevos reclutas a la academia del cuerpo policial, si se asegurara que quienes salgan a la calle (con el uniforme, la placa, las esposas y el arma de fuego) sean personas sólidas, templadas, equilibradas emocionalmente, con un claro sentido de honestidad y de justicia…

“¿Será eso demasiado pedir?  Francamente, YO NO LO CREO.”

Por supuesto, si no se ha hecho nada desde que escribí esa cita en enero de 2007, tal vez menos se hará hoy en día.  Y hasta puede ser que yo me hubiera equivocado todo este tiempo: Le estamos pidiendo demasiado a un sistema político cuyos componentes han demostrado no tener la capacidad para atender eficientemente las necesidades de sus ciudadanos, que no pueden ir hasta las raíces de los problemas que aquejan a nuestra sociedad para solucionarlos, y que más bien hacen gala de su mediocridad e incompetencia, de su extraordinario talento para el figureo.

Francamente, yo creo que el secretario federal de justicia, el señor Holder, tiene mucha razón: “Puerto Rico se merece algo mejor”.  Se merece tener gente honesta, gente decente, gente que suda la patria cada día, gente que construye un país con su esfuerzo… en lugar de quienes quieren destruirla vendiendo su dignidad, su honradez y su vida a precio de sangre y sufrimiento.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

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Otra tragedia que esperaba por ocurrir…

Amigas y amigos, la verdad es que de un tiempo a esta parte, salir a la calle es una verdadera batalla por la supervivencia.  Una batalla en la que hay que tener mucha cautela—tal vez demasiada—para evitar meterse sin querer en una situación inesperada y potencialmente peligrosa.  Una situación en la que la muerte puede ser ocasionada por quien menos se espera.

Ése es el cuadro ante el incidente ocurrido la noche del miércoles 22 de septiembre, en el que el joven atleta José Vega Jorge, quien al ir a cenar con unos amigos al restaurante Burger King del sector Altamira en Guaynabo, se topa con un atraco a dicho restaurante y mientras está tratando de ayudar a la policía a dar con el paradero de los dos presuntos asaltantes (un hombre y una mujer), es confundido con uno de éstos y reducido a la obediencia… sólo para acabar recibiendo un disparo en la cabeza (a consecuencia del que murió en la mañana del 24 de septiembre en el hospital) luego de que a uno de los “agentes del orden público” (se presume que fue un novato recién salido del Colegio de Ciencias Policiales) se le zafara un disparo cuando “se resbaló” al bajarse de su auto de patrullaje y todos los policías en el lugar empezaran a disparar a diestro y siniestro.

Digo, yo evidentemente no soy miembro de la policía, ni me creo con las cualidades esenciales para esa clase de trabajo.  Pero abalear en la cabeza a una persona que ha sido detenida, que ha sido reducida a la obediencia, que por estar esposada no puede moverse ni en su propia defensa, ni para hacerle daño a nadie, que está paralizada—y hasta angustiada—por el miedo a lo próximo que pueda suceder, es una cuestión que se sale de lo que dicta el sentido común.  Y ciertamente los policías involucrados en el incidente actuaron de una manera doblemente irresponsable, por manejar mal la investigación del atraco al restaurante y por disparar—sin que hubiera necesidad para ello—contra quien creían que era un sospechoso al que ya tenían dominado.  Y ciertamente, las consecuencias de esa irresponsabilidad hablan por sí solas.

Y lo peor de todo es que este incidente, a much@s nos ha hecho recordar fácilmente el trágico asesinato del Sr. Miguel A. Cáceres Cruz, a manos de un agente policial en Humacao (más recordado como el asesinato que le dio la vuelta al mundo al ser grabado en un vídeo colocado pocos minutos después en YouTube).  Es más, lo que sucedió en Altamira la otra noche… como que ya yo lo había señalado en ese otro caso:

“Lo primero que me pregunto es, ¿qué puede ocasionar que un miembro de la institución gubernamental dedicada a garantizar el orden social (en un país supuestamente democrático como el nuestro), de momento se comporte como un ser todopoderoso, con poder absoluto sobre la vida y la muerte?  ¿Será que esta persona arrastró algún rasgo de conducta negativa que pasó inadvertido (o no) para quienes lo reclutaron en la Policía?  ¿Será, como algunas personas han comentado, producto de la ingestión de alguna sustancia extraña que lo convirtió en un monstruo?  (Y aparentemente, éste no sería un caso aislado dentro de la Policía de Puerto Rico.)  Sobre todo, ¿cuántos más como este supuesto ‘agente del orden público’ andan sueltos por ahí, como un estallido que espera la oportunidad adecuada para que alguien encienda la mecha?
(No, los énfasis no están en el original; los añadí, como es de esperar, con toda intención.)

Y lo ocurrido el miércoles pasado contesta y da validez a esa última pregunta en el párrafo citado.

Sin embargo, por lo menos hay un atisbo de esperanza dentro de esta tragedia sin sentido, y es que se ha dispuesto para que varios de los órganos del cuerpo del atleta malogrado sean trasplantados a pacientes de condiciones graves que los necesitan.  (Por lo menos, se dice—aunque por razones de confidencialidad no se dieron muchos detalles—que la misma noche del viernes 24 se había trasplantado el corazón del joven asesinado al cuerpo de un adolescente que luchaba por su vida.)  Y aunque ello no le devolverá la vida al joven atleta asesinado, por lo menos seguirá vivo en los pacientes que se beneficiaron de los trasplantes, así como lo estará en el recuerdo de sus seres queridos.

Mientras tanto, las cosas continúan mal, como de costumbre.  Con un par de delincuentes que deben estarse jactando de haber burlado a las autoridades, y de haber ocasionado una tragedia en el mismo proceso.  Y con un cuerpo policial que trabaja sin un rumbo fijo, sin un plan de acción que ayude a combatir la delincuencia y que le devuelva la paz y la tranquilidad a una sociedad que se ve amenazada por la violencia.  Y con una familia que llora la pérdida de su ser querido, en medio de una ola de violencia sin sentido.  Así de mal estamos hoy en día.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

The battle lines

Border Patrol agent reads the Miranda rights t...
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Hi, mi gente!

By now, all of you are aware that before the end of this week (and of July, for that matter), the law known by its legislative name, S.B. 1070, will be enacted in the state of Arizona.  As I wrote earlier in this blog, this law puts a large amount of blame for crime in Arizona on the shoulders of Mexicans and other Latin Americans, more specifically those entering the U.S. illegally (which makes me wonder if there are any criminals among the local White-Anglo-Saxon-Protestant population, but I guess that’s another story).  This bill:

Requires officials and agencies of the state and political subdivisions to fully comply with and assist in the enforcement of federal immigration laws and gives county attorneys subpoena power in certain investigations of employers. Establishes crimes involving trespassing by illegal aliens, stopping to hire or soliciting work under specified circumstances, and transporting, harboring or concealing unlawful aliens, and their respective penalties.

S.B. 1070 is interesting in that it amends local law for the following purpose (emphasis is mine):

11-1051. Cooperation and assistance in enforcement of immigration laws; indemnification.

[…]

B. FOR ANY LAWFUL CONTACT MADE BY A LAW ENFORCEMENT OFFICIAL OR AGENCY OF THIS STATE OR A COUNTY, CITY, TOWN OR OTHER POLITICAL SUBDIVISION OF THIS STATE WHERE REASONABLE SUSPICION EXISTS THAT THE PERSON IS AN ALIEN WHO IS UNLAWFULLY PRESENT IN THE UNITED STATES, A REASONABLE ATTEMPT SHALL BE MADE, WHEN PRACTICABLE, TO DETERMINE THE IMMIGRATION STATUS OF THE PERSON.

From what I can see, S.B. 1070 makes state, county, city and town police departments into de facto immigration enforcement agents, just by requiring anyone who is stopped for speeding or found anywhere on the street proof of his legal presence in the U.S., only on mere suspicion.  Supporters of S.B. 1070, including the current Arizona governor, Jan Brewer, claim that this law is needed to address a crime situation which leads back to illegal immigrants—all of them equally, as if there were no honest people among those immigrants—, and which the Obama administration has been unable or unwilling to address.

As expected, there have been several protests, in Phoenix and other cities in the state, and in several cities in the U.S., against what such a legislative bill would stand for.  A legislative bill which, as I see it, is not much different from some of the legislation coming out from legislatures like that of Puerto Rico—and believe me, lately I have seen a lot of “gems” from the Puerto Rican Legislative Assembly, but that’s another story.  A bill which is based in mere suspicion used against someone not fitting the prevailing ethnic pattern, and which may be used for racial profiling by local authorities.  And even though a week later governor Brewer signed into law some amendments to “soften” some of the most controversial aspects of this law, I think it’s still dangerous in that it can lead to abuse just because of mere suspicion, and it can also foster intolerance among the citizens of Arizona.

Worse yet: Some people think, “now, it’s Arizona; next, it could be any of the remaining 49 states”.

Maybe most of those who support S.B. 1070 should know (maybe they do know) that illegal aliens don’t come only through the Mexican border.  How about Canada?  Better yet, how about illegal immigration to “Puerto Rico-USA” from the Dominican Republic and other Caribbean nations?  See, that’s a large problem U.S. Customs and Border Protection has to deal with in Puerto Rico.  (But let’s hand it to the S.B. 1070 supporters, who may not see as wrong the “illegal” immigration from Cuba—even if a “Scarface” comes along every now and then.)  And let’s face it: those entering another country by unlawful means are breaking the law, at least in that respect, but that does not automatically make them criminals (unless they mean to make a life of crime in their new destination).  Are those with that backwards mindset, equally adamant in campaigning against the illegal entry of criminals from Canada and other countries than against the illegal entry of criminals from Mexico and Central America?  Maybe they are not willing to spare some time to understand those subtleties—they have more important things to do.

Of course, they can always hide behind a “tight schedule”, like governor Brewer did when Colombian singer-songwriter Shakira (official website; bio at Wikipedia) wanted to talk with her on behalf of the singer’s foundation for social causes (Fundación Pies Descalzos).  And let me make this very clear: I’m not a fan of Shakira, and I have never liked her voice, the way she sings or even her career path—from starting as the poetic voice of a young generation back in the late 1990s to becoming a diva at the same level of a Beyoncé, a Christina Aguilera, or a Mariah Carey.  (I didn’t even watch the FIFA World Cup opening and closing ceremonies just because she was appearing in both ceremonies.)  But just to be fair, that doesn’t mean that while she was making a good will attempt at a dialog, at offering help, at finding solutions to a problem like that of illegal immigration, she should be tossed aside just like that, because the person with the power to right a potential wrong has a “tight schedule”.  So much for excuses…

So what’s it with the attitude reflected in initiatives like Arizona’s S.B. 1070, by which Hispanic immigrants (and I don’t mean only Mexicans and Central Americans) are treated like “the enemy”?  (And that was just the beginning.  A few weeks after the passing of that law, there was a vote in that state to “correct” the material in course textbooks, to either diminish the cultural contributions of “minorities” or to alienate them from their cultural underpinnings.  What will they think about next?)  Someone over there may think that the world’s most powerful nation is threatened or in imminent danger of being “dissolved” into “tribes”, “defeated” by peoples from different cultural backgrounds.  Maybe what some WASPs know about immigrants comes from the bad things some immigrants do—especially those bringing some bad habits from their countries of origin, and/or who come to the U.S. seeking an easy life—, and so they want to paint every immigrant (legal or illegal) with the same broad stroke.

Could it actually be the fear of crossing their paths with people that is so “different” to them, people who could open their minds to a new, different world, the same world that—whether they like it or not—surrounds them?

Who knows, maybe it is fear, that same fear that makes a man or woman see everyone else as his or her “enemy”.  Anyway, let’s see if fear is going to have the final word.

So let’s leave it right there!  Take care and behave, OK?  Bye!


UPDATE (July 29, 2010): By one of those twists of fortune, a federal judge ordered on July 28 to put a hold to those most controvertible aspects of Arizona Law S.B. 1070.  This should give both parties in the debate a breather, until further review of the impact of the relevant portions of the law governing illegal immigrants.  And as on cue, governor Brewer has vowed revenge has announced that she will go to the courts in defense of that law, which she sees as a “help” the state of Arizona is giving to the U.S. government in implementing immigration laws.  (If you ask me, to that kind of “help” I would respond, “Thanks, but no, thanks!”)  Of course, the battle lines are still drawn, with supporters wanting to increase their fight to get rid of those they see as “undesirables”, even if those “undesirables” are willing to do the jobs others may find “disgusting” and “unworthy”.  Go figure!  But that’s just part of the price to pay.

UPDATE (April 20, 2011): I don’t know about you, but it seems to me that people can develop some backbone every now and then.  Judging by this New York Times editorial, Gov. Brewer has shown some judgment in vetoing what the paper with “all the news that’s fit to print” calls, “two absurd bills: one allowing guns on university campuses; the other requiring presidential candidates to provide detailed proof of citizenship, including a sworn affidavit and a long-form birth certificate, before they could appear on the Arizona ballot.”  Even if she was less than forthright in her veto of the guns-on-campus issue (which I guess it comes on the aftermath of the shooting of Rep. Giffords on January 8, 2011), the editorial states that “Ms. Brewer called the ballot bill ‘a bridge too far.’  That’s saying something coming from a governor who, last year, proudly signed a mean-spirited measure giving local police extraordinary powers to arrest anyone who could not immediately prove they were here legally“.  The editorial ends saying that “(t)his does not mean that Ms. Brewer is a new person politically, but it does suggest that she has limits.”  Congrats!  Good for her!


LDB