¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
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Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

Receta para un ente que no se atreve a decir su nombre

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Amigas y amigos, mi gente, el programa debe continuar.

Pero no sin que antes haga mención—como lo prometí en mi entrada anterior—del cambio en el nombre de mi blog, que en adelante se conocerá como Desde el Escritorio de Luis Daniel Beltrán.  Ustedes saben, como en esas libretitas de mensajes que se suele imprimir para identificar un mensaje que proviene de una persona en particular (“desde el escritorio de Fulano” o “de Mengano”, etc.).  Total, eso es prácticamente lo que he estado haciendo desde 2003: dejando los mensajes que genero desde mi escritorio, mis impresiones, mi sentir sobre las cosas que pasan a mi alrededor.  Y no creo que eso deje de ser así, mientras pueda seguir teniendo acceso a esta maravillosa forma de comunicación que son las bitácoras cibernéticas, los web logs o blogs.

Habiendo dicho esto, entramos en la segunda mitad del 2010.

Lamentablemente, la segunda mitad del 2010 comienza con las secuelas de la penosa situación ocurrida en los predios del Capitolio de Puerto Rico el miércoles 30 de junio, en el último día de la presente sesión ordinaria de la asamblea legislativa puertorriqueña.  Allí, Puerto Rico y el mundo fueron testigos del uso excesivo de la fuerza bruta por parte de efectivos de la Policía de Puerto Rico contra estudiantes universitarios, mujeres, sindicalistas, y otros que—según se dice—habían acudido allí a presenciar esa última sesión legislativa por el momento, a escudriñar el desempeño de quienes juraron representar los intereses de sus ciudadan@s, a recordarles a los legisladores a quién es que se deben en la realidad.  ¿Y qué recibieron por respuesta quienes fueron allí—según se dice—a “retomar” el Capitolio para el pueblo de Puerto Rico?  Macanazos, gases lacrimógenos, gas pimienta, amagues de disparos de las “fuerzas del orden público”, brutalidad sin sentido y sin proporción.  El saldo: ciudadanos agredidos, tirados en el piso, con los moretones y los golpes a la vista, con los síntomas de la inhalación de los gases, pidiendo piedad a agentes policiales que no parecen saber lo que eso significa, mientras estos últimos hacen gala de su fuerza física (probablemente magnificada por el uso de las mismas sustancias que han hecho caer en desagracia a muchos atletas en años recientes), de su saña y de sus deseos de “cobrárselas” a quienes ven como un enemigo al que hay que neutralizar a toda costa—hasta con el uso de armas de fuego, con o sin intención (como el caso del teniente uniformado que quedó retratado ante el mundo, arma en mano, y del que se dice tiene un largo historial de uso indebido de su fuerza y autoridad).

Y mientras “Roma” ardía afuera, dentro del Capitolio el presidente senatorial, Thomás Rivera Schatz, y varios de sus correligionarios proclamaban que se había devuelto la “paz” y la “decencia” a la mal llamada Casa de las Leyes.  Yo no sé, pero a mí me pareció haber leído en algún lugar algo como esto:

“La paz que se consigue a base del miedo no es paz.”
(Melody Beattie, Finding Your Way Home.)

Yo prefiero creer que mi conocimiento de la vida y sus cosas es el correcto, pero a cada quien, su santo.

A todo esto, el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, defendió al día siguiente la labor de la Policía de Puerto Rico y del superintendente de la misma, José Figueroa Sancha (el mismo que como segundo en mando en el FBI en Puerto Rico, coordinó la redada que culminó en el lamentable incidente aquél de febrero de 2006).  Interesantemente, el ejecutivo estatal se había negado a contestar preguntas de la prensa durante una actividad pública la mañana de ese día, pero accedió a acudir al programa televisivo del titiritero Antulio “Kobbo” Santa Rosa, SuperXclusivo, tal vez porque—aparente y alegadamente—creyó que encontraría un público más receptivo en una conocida muñeca de trapo que cuenta chismes… ¿he mencionado nombre yoooooooooo?  Lamentablemente para él, varios eventos durante esa comparecencia probaron que esa pretensión no sería nada fácil: la intervención de uno de los periodistas presentes durante el incidente, Rafael Lenín López (quien trabaja para la misma estación televisiva, WAPA-TV, y para la radioemisora Radio Isla 1320—y quien, por cierto, fue el moderador del panel en el que intervinieron los compañeros de Poder 5 y Digizen en el recién celebrado Segundo BloggerCon), quien cuestionó valientemente el conocimiento del gobernador sobre el incidente y su apoyo al dirigente policial; y la expresión en vídeo de dos de las perjudicadas por la violencia policial, madre e hija, cuyo suplicio ante “el míster con macana” recorrió el país y el mundo entero a través de las primeras planas periodísticas (como las de El Nuevo Día y Primera Hora).

Al final de la audición, el gobernador se despidió—¿será para nunca más volver?—con una expresión muy interesante (que por cierto, ya la había empleado para referirse a un incidente similar al del miércoles 30, durante la huelga de 2010 en la Universidad de Puerto Rico):

“No voy a permitir que esto se convierta en una república bananera…  Aquí todo el mundo se tiene que responsabilizar.”

Lógicamente, además de la evidente obsesión que se destila de sus palabras, me llama la atención el uso de la frase despectiva “república bananera” (o como la llamaba hace muchos años un viejo comentarista radial derechista, “republiquita de opereta”) para referirse a lo que muchos más que él ven como un intento de reivindicación de los espacios que le han sido arrebatados.  Uso que ha sido muy cuestionado, en particular por el periodista sanlorenceño (por ser oriundo de San Lorenzo, municipio puertorriqueño colindante con el mío), Jay Fonseca, a través de esta intervención en vídeo (a la cual llegué, nuevamente gracias a Poder 5).  Y después de ver ese vídeo, yo también me quedé pensando si el incumbente estatal sabe exactamente (o prefiere no saber) de qué es de lo que se trata, o cómo un país puede convertirse en una república bananera.

Y eso me trae a un artículo que encontré esta semana a través de Global Voices Online, el cual reproduce los 10 pasos a seguir para convertir un país, una nación, en una república bananera.  A continuación, me permito hacer una síntesis de los mismos:

  1. Reduce a tus ciudadanos al nivel de los monos. Trata a tus ciudadanos como incompetentes, inertes y pasivos, hasta que acaben convirtiéndose en eso mismo, en gentuza inerte y pasiva, interesada únicamente en llenarse su estómago cada día (o en buen puertorriqueño, “darse la jartera”).  Arrincona a las masas y enséñales que ése es su lugar, donde se sentirán complacidas con su condición de inercia y pasividad.
  2. Determina quién será el Líder. Aun si fuese elegido democráticamente—hasta los líderes más terribles y nefastos en la historia de la humanidad llegaron así al poder—, el líder tiene todo el derecho de “cortar cabezas” como lo vea conveniente durante su mandato.  En una república bananera, todo gira (o debe girar) alrededor del Líder, el cual es puesto por encima de los restantes meros mortales e infunde un temor reverencial.
  3. Mina la confianza del pueblo. Las masas no deben tener criterio propio, confianza propia, respeto propio, ni oportunidades de autorrealización.  O sea, no deben ser capaces de actuar por su cuenta, porque de lo contrario, entenderían que cada quién pueden lograr las cosas por su esfuerzo propio, sin la ayuda (¿no sería mejor, “sin la bendición”?) del Líder.  Todos los beneficios sociales—como los empleos, donaciones, permisos, concesiones, grados universitarios, etc.—les deben ser dados al pueblo, sin ninguna otra consideración que no sea el juicio y control personal del Líder.  (¿Mérito?  ¿Qué es eso?  ¿Es de queso y se come con melao?)
  4. Conquista al pueblo dándole “dulces” o “caramelos”. Compra la obediencia y el afecto de tus ciudadanos, refiriéndote a ellos como “hermanos y hermanas”, “compañeros y compañeras”, “camaradas”, etc., al tiempo que los acorralas siempre que te convenga.  Así, no te cuestionarán después cuando los lleves con rumbo al matadero o al abismo.
  5. Divide las masas. Debilita las masas, ponlas a pelear entre sí.  Así, podrás controlar su atención.  Crea problemas de manera consciente y planificada, lo que te permitirá obtener ciertas ventajas:
    • Problemas más importantes que requieren mayor atención, quedan relegados a un segundo o tercer plano;
    • Dictas la agenda pública y lo que los demás pensarán y discutirán;
    • Resuelves los problemas de tu propia creación, de la manera más conveniente para ti; y
    • Si causas un problema y te apartas lo suficiente del mismo, a los demás les parecerá como que cediste, cuando en realidad estás comprando tiempo para hacer algo que te sea más importante.
  6. Imponle al pueblo tus grandes obras. Asegura tu sitial en la memoria colectiva de tu país emprendiendo empresas grandiosas (proyectos de infraestructura, edificaciones, campañas, eventos, etc.), ya que las mismas te asegurarán un influjo de dinero y otros recursos, a la vez que te crean las oportunidades para repartirlos como lo creas más conveniente, a quién sea y cuanto sea.
  7. Dosifica el miedo. Inculca el miedo entre tus ciudadanos, en dosis controladas, mediante la presentación y propagación selectiva de escenas y eventos intimidatorios.  Muéstrale a las masas cómo acaban tus oponentes y quienes no comparten tu ideología.  Emplea el uso excesivo de la fuerza represiva al tratar con criminales o sospechosos, o hasta contra oponentes de poca monta.  (“Mano dura contra el crimen”, anyone?)  Demuestra tu fuerza contra los más débiles para logar un efecto que inspire al miedo y la reverencia, combinado con una sumisión y pasividad subconsciente.
  8. Incorpora la irracionalidad en la vida pública. A mayor irracionalidad, a las masas se les hará cada vez más difícil lograr soluciones propias a sus problemas, así como distinguir entre la realidad y la ficción, entre lo existente y lo imaginario, entre la verdad y la falsedad.  Realiza actos ilógicos para lograr que el  pueblo se enoje, actos que operan contra toda razón, lógica o expectativas reales.  Así, cuando lo irracional sea la regla y no la excepción, ahí comenzará el juego de la manipulación.
  9. Dale nombre a tu enemigo. Nombra de manera directa y clara quién es “el enemigo”, el “traidor”, el “oponente”, el que amenaza con virar tu mundo patas arriba, por medio de algún cambio radical o de la comisión de algún acto nefasto, que eche tierra sobre eso que te es más sagrado.  (Odio decir esto, pero me parece que esta es una forma no deseada de interpretar el dicho puertorriqueño, “cada guaraguao tiene su pitirre”.)  Combina esto con la dosificación del miedo, para que así tú puedas quedar como el que “salvará” al pueblo del enemigo de turno.
  10. Incita a la práctica de los rituales. Haz que las acciones de benevolencia, los rituales religiosos, y hasta las actividades recreativas y deportivas, se vistan de un matiz político para que puedas diseminar el poder, de arriba para abajo.

Para ser sincero con ustedes, mientras más repaso esta lista, más me doy cuenta de que todos los elementos que su autor ha observado en (of all places) Macedonia, han estado presentes en el Puerto Rico de los últimos 30, 40 ó 50 años, y se siguen observando en el Puerto Rico de hoy en día, bajo administraciones del PNP y del PPD.  Ninguno de los dos partidos puede reclamar estar libre de polvo y paja, y ciertamente la historia no les da la razón a ninguno.

Así que a mí me parece que quien venga a decirme que “no permitirá que Puerto Rico se convierta en una ‘república bananera’”… está tan peligrosamente alejado de la realidad, o vive en un universo paralelo, y no en el Puerto Rico de hoy en día.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB