Sueños, pesadillas, y «Pepe Isuzu»

Aquéll@s entre nosotros que estábamos creciendo durante la década de 1970, tal vez recordaremos—¿con cariño?—aquella campaña de publicidad gubernamental que rezaba,

“Algunos sueños son pesadillas.”

Ésa era una campaña dirigida a movilizar al puertorriqueño común y corriente en contra de un problema de adicción a las drogas que estaba empezando a crecer (y tod@s sabemos en lo que se ha convertido 4 ó 5 décadas después).  Una campaña cuya idea central era que los que trafican o venden sustancias químicas controladas ofrecen a los usuarios algo así como un sueño.  Un sueño que resulta ser muy nefasto.  Un sueño que se convertirá a la larga en una pesadilla de la que pocos han despertado… ¡digo, si es que logran despertar!

Pensaba en esto hoy, al ver la larga pesadilla en la que hemos estado sumidos durante el año 2015 que está por terminar.  Una pesadilla que tal vez comenzó mucho tiempo antes.

Una pesadilla coronada por 2 eventos sumamente difíciles para mi amado Puerto Rico: una escasez de agua que llevó al gobierno estatal a aplicar una de esas soluciones equivocadas de las que Groucho Marx advirtió agudamente en su tiempo: la de poner a casi todo Puerto Rico bajo un régimen de 6 meses de racionamiento; y una crisis económica y fiscal que reventó como bomba este año, y que dejó al descubierto el desgaste de un modelo político que—muy a pesar de quienes se aferran al mismo como si fuese un salvavidas, creyendo que no se ahogarán como el resto de nosotros—ya hace rato agotó su vida útil.

(Y para colmo de males, apenas hace unos días el procurador general estadounidense nos vino a recordar, a través de un escrito para un caso federal, que el sueño que se le vendió a mi gente en julio de 1952, o sea, unos 6 años, 4 meses y qué sé yo cuantos días antes de comenzar mi existencia, sigue siendo sólo una vana ilusión y que no somos la gran cosa que se nos hizo creer entonces, a nosotros mismos y al resto del mundo.  Y ésa es la verdad, ¡duélale a quien le duela!)

Todo lo que se ha visto este año que está por terminar ha sido un corre y corre.  Una improvisación.  Una búsqueda de cómo salir del lío en el que llevamos varias décadas, mientras que se apacigua a los bonistas (como lo pide la Sección 8 en el Artículo VI de la Constitución de Puerto Rico de 1952).1,2  Décadas en las que se aspiraba a lucir como si nuestra realidad fuera de un país más moderno, aún cuando nuestros cimientos se estuviesen haciendo añicos en el proceso.  Décadas en las que la billetera gubernamental parecía un pozo de dinero que nunca se podría agotar.  Pero, ¿y si al final del periodo acabábamos con menos dinero para sustentarnos que lo que habíamos gastado en sostener nuestra fachada de modernidad?  Pues “no problem!”  Tomamos prestado de lo que le toca a las futuras generaciones para sostenerse… ¡y que siga la fiesta!

(Y pensar que hasta yo mismo había venido diciendo en este blog, que esa jugarreta le podía salir muy peligrosa al país.  Una vez, y otra vez, y otra … ¡y ahí tienen!)

Y con el corre y corre y esa improvisación han venido las soluciones a lo Groucho.  Por ejemplo, se aumentó el impuesto de ventas y uso (IVU) 4½ puntos porcentuales, a 11½%, al frustrarse la implantación de un IVA (VAT) de 16%.  Un IVA más predicado en la propaganda que en la realidad económica del país.  ¿No me lo creen?  Pues juzguen ustedes si lo que recibí a comienzos de 2015 en mi  dirección de correo electrónico oficial3 encaja dentro de lo que acabo de plantear:

“From: Gobernador del ELA
“To: xxxxxxxx@xxxx.gobierno.pr
“Sent: Friday, March 6, 2015 9:28 AM
“Subject: REDUCCIÓN EN TUS CONTRIBUCIONES

“Hemos trabajado en una transformación total del Sistema Contributivo actual, que es uno injusto e ineficiente porque Ia carga contributiva descansa sobre la clase trabajadora y productiva.  La razón de esta transformación es traer justicia y equidad a las miles de empleados asalariados que como tu llevan la principal carga del país.

“Es importante que sepas que la implantación del IVA esta acompañada de una histórica reducción en las tasas contributivas de todos los individuos y corporaciones.  Todos los solteros que ganan S40,000 o menos pagarán $0 contribución sobre ingresos, y así lo verán reflejado en su cheque de nómina.  Los casados que ganen $80,000 o menos no rendirán planillas y tampoco se les retendrá dinero de su cheque por ese concepto.  Esto significa que más de 857,000 personas, de sobre de 1 millón de asalariados que hoy rinden planillas en Puerto Rico, no tendrán que hacerlo en el futuro.

“Como ejemplo, una persona soltera que gana §40,000, NO pagará contribuciones.  Lo mismo ocurre con los casados que tienen ingresos de $80,000 o menos.  También, a modo de ejemplo, si una persona gana $50,000 al año y rinde como soltera hoy paga contribuciones por los $50 mil, a una tasa que podría llegar hasta 25%.  Con la Transformación Contributiva esa misma persona no pagará contribuciones por los primeros $40,000, y solo pagará por los restantes $10,000 a una tasa propuesta de 15%.

“De lo que se trata es de justicia contributiva.  La gente tendrá más dinero en sus bolsillos, y además, se reducirá la evasión.  Con esta transformación los evasores también tendrán que pagar.

“Para que puedas ver de manera individual el ahorro que tendrás con la reducción de las tasas contributivas, te invito a que saques tus números con la nueva calculadora que está disponible en transformacionpr.com.  También puedes accederla directamente en sacatusnumeros.com.

“Si quieres que la comparación sea más clara, busca tu planilla del año pasado (año contributivo 2013) o la del 2014 y úsala como referencia.  Haz tus propios números y llega a tus propias conclusiones.  Ese ejercicio te permitirá ver claramente cuánto dinero adicional tendrás en tu bolsillo para utilizarlo como prefieras.

“Te exhorto a que invites a tus familiares, vecinos y amigos a sacar sus propios números.  En transformacionpr.com también obtendrás información valiosa de cómo funcionará el sistema completo para todas las personas, no importa su nivel socioeconómico.  ¡Infórmate!

“El Gobernador del Estado Libre Asociada de Puerto Rico,

“Alejandro J. García Padilla”

(A todo esto: ¿en qué quedó la famosa “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento” de la que tanto se habló en 2014?  Me imagino que ya nadie se acordará de eso…)

Otras lindezas improvisadas en este año incluyen: retener los reintegros contributivos de muchos de los que cumplieron con su deber ciudadano y pagaron a tiempo—y hasta antes de tiempo—sus impuestos (y por cierto, la mañana del día en el que escribo esto, se decía que se iban a pagar varios de los reintegros en el par de días que quedan antes de que culmine el 2015—¡qué pantalones!); retener el pago del Bono de Navidad de los empleados públicos hasta el último minuto que disponía la ley (¡sí, dije ley!) porque no había dinero en caja… para que entonces aparecieran por arte de magia los US$120,000,000.00 (US$120.000.000,00) necesarios para cubrir los pagos…

Ciertamente, todo eso ha tenido su costo: servicios públicos que si no se están deteriorando están en vías de ello, incluidos los que son esenciales, como el agua; una economía en la que hasta la empresa privada está sintiendo los malestares, con el cierre de varias empresas; y una migración de personas como no se había visto en mucho tiempo, principalmente a distintas ciudades de los Estados Unidos—en unas, con más suerte que en otras.

Pero hay un costo muy importante, tal vez el mayor de todos: el de la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos de todo un país.  Muestra de ello es lo sucedido con el presunto autor de la comunicación que cité hace un momento, el gobernador García Padilla, quien parece que vio la escritura en la pared y hace un par de semanas anunció al país que decidió no postularse para la reelección.  Algo que en su momento yo había visto venir:

«Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección….  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa)….

»Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

»Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y… yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.»

Es más, a mí hasta me da la impresión de que por los últimos 30 ó 40 años, los puertorriqueños nos hemos dejado gobernar por ese icono comercial ochentoso, «Joe Isuzu»—o por su versión boricua menos afamada, «Pepe Isuzu».  Es más, díganme (porque para eso es que está la caja de comentarios, ¿OK?) si la siguiente cita de Wikipedia referente al personaje original (con mi traducción-adaptación del original) le cae a la presente situación como anillo al dedo, o como el sayo del refrán (“Al que le caiga el sayo, que se lo ponga”):

«Joe Isuzu was a pathological liar who made outrageous and overinflated claims about Isuzu’s cars.  (One commercial even cast him as the Boy Who Cried Wolf.)»

O sea, que «Pepe Isuzu» era un mentiroso patológico que hacía reclamos atrevidos y excesivos sobre la marca de automóviles que promovía (de la cual yo llegué a tener uno a mi nombre, y esto no es broma), hasta apareciendo en uno de los anuncios publicitarios como el niño que gritaba, “¡ahí viene el lobo!”.

Peor aún, es la clase de mentiroso patológico que no tiene un color específico.  Puede ser rojo PPD o azul PNP, y quien sabe si hasta verde PIP, aunque el único verde que le interesa a los 3 es el del dinero, muchas veces mal habido.  Es más, voy a aprovechar que lo dije de manera bastante clara en una ocasión, featuring el “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo) «Mandrake Morrison» de los Quíntuples de Sánchez:

“Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento….  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero); en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una ‘estrella’ que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el ‘baseball’… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

“Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una ‘magia hermosa’ que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

“Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.”

Por los pasados 11 ó 12 años, he sido—y cuenten con que en el futuro seguiré siendo—consecuente en decir en este blog que muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario en Puerto Rico, o donde sea, se deben a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que atenernos a las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse—ni siquiera los mentirosos patológicos que parecen tenernos agarrados por el mango como a la proverbial sartén.  Lo mismo da que no hayamos cuidado de nuestras posesiones personales como del medio ambiente de este único planeta en el que nos ha tocado existir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.  Y ya sea que me sienta cómodo o no repitiendo esto, lo tengo que hacer—y lo seguiré haciendo mientras pueda hacerlo.  No hay otra manera de enfrentarlo.

Otra de esas cosas de las que de tanto que la he dicho a lo largo de los años en este blog, ya tiene vida propia y se dice por sí misma, es: ¿Qué es lo que una administración gubernamental—como dije, la que sea—que no cumplió con su responsabilidad cuando debió hacerlo, puede ganar con provocar un hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero como dije entonces, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

Y en lo que el hacha va y viene y el palo del refrán descansa, ¿qué hacer ante una situación así?  Pues como escribí en una ocasión anterior, la gente está teniendo que echar mano de las palabras de Don José de Diego:

“Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

“Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.”

Y eso es algo en lo que deberían pensar los «Pepe Isuzu» de la vida, esos mentirosos patológicos que tratan de vendernos—como dice el de «La Cámara que Vende», “como pan caliente… ¡y con mantequilla!”—reclamos exagerados y excesivos, esos que tratan de huir de la triste realidad, en la esperanza de que la misma no los alcanzará.

O tal vez, creen que la realidad no los alcanzará.  Pero tarde o temprano los alcanzará, como nos está alcanzando a nosotros.  Y tarde o temprano tendrán que sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad.

Y tarde o temprano, esos sueños que nos vendieron serán sus pesadillas.

¡Ojalá y así sea, en el 2016 que está por comenzar, y siempre!

¡Y vamos a dejar el año 2015 ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, sean personas razonables y nos vemos en 2016.  (Eso sí, roguemos por que el nuevo año no nos salga de pesadilla… Sarcástico )


1 La Sección 8 (“Prioridad de desembolsos cuando recursos no basten”) en el Artículo VI (“Disposiciones Generales”) de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1952 establece lo siguiente (énfasis añadido con toda intención): «Cuando los recursos disponibles para un año económico no basten para cubrir las asignaciones aprobadas para ese año, se procederá en primer término, al pago de intereses y amortización de la deuda pública, y luego se harán los demás desembolsos de acuerdo con la norma de prioridades que se establezca por ley.»

2 Pero para una explicación más detallada sobre el tema de la deuda pública del Puerto Rico de 2015 y los mitos sobre la misma, vea este artículo preparado por el Centro para la Nueva Economía (CNE).

3 Que conste que yo no divulgo mi dirección de correo electrónico oficial (ni siquiera mi dirección de correo electrónico regular) aquí en este blog, porque no la quiero para ningún otro propósito que no tenga que ver con mi trabajo.


Es más, aquí vamos de nuevo:

Yo soy Luis Daniel Beltrán… y yo APRUEBO esta entrada. Pulgar hacia arriba

No es el cuento

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. © Luis Daniel Beltrán-Burgos. Derechos reservados.
Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. © Luis Daniel Beltrán-Burgos. Derechos reservados.

“¿Qué digo yo de mí?  ¿Cuál vida me improviso para ustedes?  ¿La del quíntuple que recita «El duelo de la cañada» o «El brindis del bohemio»?, ¿la del amante empedernido?, ¿la del jugador empedernido?

[…]

“¡El cuento no es el cuento!  ¡El cuento es quien lo cuenta!”

(Parlamentos citados de la cuarta escena de Quíntuples, por Luis Rafael Sánchez [Hanover, NH: Ediciones del Norte, 1985].)

No hago más que citar las palabras del “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo, que conste) «Mandrake Morrison» para mirar hacia atrás a una tarde a mediados de la década de 1980 (creo que fue en 1986), cuando tuve la oportunidad de ver una representación de los Quíntuples del escritor humacaeño Luis Rafael Sánchez en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  Por entonces, la tarea de dar vida a estos personajes tan… ¿cómo lo digo?… tan complicados recayó en la actriz teatral y catedrática de “la iupi”, Idalia Pérez Garay, y en el excelente actor puertorriqueño Francisco “Paco” Prado* (que tras de la inesperada muerte de este último, años más tarde de aquella tarde, fue sustituido—también con gran éxito—por el también actor teatral y catedrático de “la iupi”, José Félix Gómez).  A Idalia le correspondía—y entiendo que le ha seguido correspondiendo en reposiciones ulteriores—interpretar a las tres féminas de esta progenie peculiar, mientras que a Paco (y ulteriormente a José Félix) le tocaron en suerte los dos varones, más el que lo habría hecho posible (¿me entienden?), “el divo” «Papá Morrison» (cuya escena es la sexta y última de la obra).

Había que ver con qué deleite y maestría se manejaba Paco por el escenario, navegando entre el patético «Baby Morrison», jaula en mano en eterna búsqueda de su gato «Gallo Pelón», el “irremediablemente bello” (¡y dale, que es tarde!) «Mandrake Morrison» y “el divo” «Papá Morrison».  Como si Sánchez hubiera escrito la obra pensando en él… aunque como Sánchez lo ha expresado en varias ocasiones desde entonces (por ejemplo, en este artículo de “En Rojo” de 2011 [en PDF], que encontré en la fuente en este enlace), la obra fue escrita pensando precisamente en Paco Prado.  Y aunque a su salida del escenario en aquella tarde, no bien pasados unos segundos después de pronunciar sus líneas sobre “el cuento” (precisamente las que cito arriba), se golpeó accidentalmente en el costado derecho con una pieza de utilería (y aún recuerdo el susto que pasamos quienes estuvimos presentes cuando eso sucedió), regresó ulteriormente como todo un PROFESIONAL para la última escena, para recordarnos al final—tanto él como su compañera de escena—lo que es verdaderamente el teatro, esa maroma de complicidad entre el público y los actores para crear una magia hermosa.  Y aún décadas más tarde, a mí me alegra haber sido parte de esa maroma de complicidad.

Por lo menos, la de esa tarde.

Pero a lo mejor ustedes—amigas y amigos, mi gente—se están preguntando a qué viene que yo saque del baúl esta experiencia personal.  (Además del siempre tan necesario desahogo, que conste.)  Pues bien, sucede que esto es lo que me viene a la mente cada vez que oigo tantos de esos cuentos con los que nos vienen a cada rato.

Francamente, hay veces que no estoy seguro de cuál es la “vida” que se está improvisando en esos cuentos.  La del optimista empedernido que nos dice que todo está bien, que se está “salvando” al país de una debacle económica, a pesar de que la realidad (la de que los inversionistas, principalmente los estadounidenses, siguen desconfiando de la capacidad puertorriqueña para cumplir con sus compromisos financieros) dice elocuentemente otra cosa.  O la del que quiere elevar el alma de los puertorriqueños hasta las estrellas, cuando la realidad es que la desilusión y el desengaño son más elocuentes—como la de la familia del niño que inocentemente se habrá dejado utilizar para la propaganda gubernamental de la “isla estrella”, para resultar después que esa misma familia ha tenido que emigrar a Orlando, Florida, en busca de un mejor futuro.  (Y que conste, aunque en una entrada anterior, yo me reafirmé que me quedo aquí para dar mi propia pelea, no le quito ni le añado a su derecho de irse a buscar un mejor futuro.  Total, tod@s tenemos necesidades que satisfacer.  Hasta el mismo Paco Prado tuvo que irse a buscar fortuna en “los niuyores”—¡con el agravante de que por allá le fue mejor que por acá!—, pero ya eso es otra historia.)  O la del que nos dice que está bajando la actividad delictiva en Puerto Rico, sólo para ver cómo decenas de vidas son terminadas de forma violenta (¡hasta 17 en un sólo fin de semana!) y entonces, en lo que luce más como una “perreta”, agarrar la juyilanga y dejarle el canto a alguien que pueda hacer un mejor trabajo.  (Digo, siempre y cuando se lo permita la cultura política que sólo ve la solución por la fuerza, en lugar de ir a las raíces del problema.)

Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento.  Tal vez el [¡YA ESTÁ, NO VOY A REPETIR ESA FRASE AQUÍ!] «Mandrake Morrison» tiene la razón.  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero)’’; en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una “estrella” que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el “baseball”… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una “magia hermosa” que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* NOTA A MÍ MISMO: Cuando tenga un “break”, me gustaría averiguar por qué ca…ramba en la sección de biografías de la Fundación Nacional para la Cultura Popular no se ha incluido una biografía de Francisco “Paco” Prado.  Sea por lo que sea (y espero que no sea por haber hecho su carrera artística en la ciudad de New York), a mí me parece que no se está siendo justo con un SEÑOR ACTOR—así, con mayúsculas—de su excelencia y calibre, que gústele a quien le guste, aportó grandemente a la cultura de nuestro país.  Así que si a quien le compete está leyendo esto y le cae su agüita… séquese primero y póngase en movimiento, ¿OK?)


LDB

¿De quién es la hora?

Hector "Macho" Camacho
Hector “Macho” Camacho (Photo credit: MarkGregory007)

“La vida es una cosa fenomenal, lo mismo pal de alante que pal de atrás.”

Luis Rafael Sánchez, La guaracha del Macho Camacho, 2da ed., Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Flor, 1976.

A mí no me cabe la menor duda de que la vida es una cosa fenomenal.  Y me imagino que para Héctor Luis Camacho Matías (vía Wikipedia: en español y en inglés)—quien poco tiempo después (a comienzos de la década de 1980) haría suya la “persona” que Sánchez utiliza como vehículo para narrar “algunos extremos miserables y espléndidos de las vidas de ciertos patrocinadores y detractores” de la presunta creación musical—la vida también fue una cosa fenomenal.  Una vida llena de triunfos y glorias, de momentos malos y de cosas buenas (como lo cantaría en su momento “el cantante de los cantantes”, a no dudar uno de sus ídolos).  Una vida en la que podía salirse con la suya haciendo gracias para que la gente—o tal vez, alguna gente—se las riera.  O podía no salirse con la suya.

Una cosa fenomenal con sus extremos miserables y espléndidos.

Y ciertamente esa cosa fenomenal es lo que ha desfilado ante nuestros ojos desde el 20 de noviembre de 2012, dos días antes de la festividad anglosajona de Acción de Gracias, cuando se dio la inesperada noticia (tal vez “inesperada” para mí y para muchas otras personas, aunque ello pudiera ser debatible) de que el Macho Camacho había sido abaleado por desconocidos—que a juzgar por la “eficiencia” investigativa de las autoridades locales, todavía lo son cuando escribo esto—mientras estaba sentado en el auto de uno de sus amigos de la infancia (que aunque ya se ha dicho por un tubo y siete llaves creo que me toca a mí ser quien lo diga una vez más: el susodicho amigo también fue tiroteado y perdió la vida en el atentado, tras el cual las autoridades encontraron drogas ilegales en su posesión y en el mismo vehículo) frente a un expendio de licores en su pueblo natal de Bayamón (al oeste de San Juan).  Extremos tan miserables como la espera agónica del país y del mundo por el desenlace, la garata en la que se enfrentaron (en la categoría de peso “fideo mojado”) el director del Centro Médico de Puerto Rico y un conocido cirujano cardiovascular (el mismo que trató de retar al actual gobernador de Puerto Rico en las elecciones de 2012) cuando cada quién trató de explicar a su manera por qué se esperó demasiado a que se declarara la muerte cerebral del occiso—qué feo les quedó eso a ambos profesionales de la salud, pero eso ya es otra historia—y la no menos penosa garata entre algunos de los dolientes por determinar si lo separaban de las máquinas que lo mantenían vivo (una vez la declararan con “muerte cerebral”), o por reclamar su “sitial” en el reino celestial en ciernes.  Especialmente la garata formada entre la más reciente “compañera” del difunto y la que la precedió, sólo porque la primera se atrevió a darle un último beso apasionado al cadáver de su amado…

(¡Huy!  Con su permiso, vengo en un momento, que me siento con deseos de vomitar…)

Portada de 'La guaracha del Macho Camacho', 2da. edición (Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Flor, 1976).

(¡Ahrrrrrg!  Ya estoy de regreso, discúlpenme.  Y sí, esa es la portada de la edición que tengo de La guaracha del Macho Camacho.  Y es un milagro que todavía la tengo.  Pero volvamos al tema.)

Digo, eso es algo que yo no haría, no importa quién fuese el ser querido que veo inmóvil, inerte, en esa caja de metal con bordes relucientes de “oro de los tontos”.

Como fuese, la cosa es que sin proponérselo—porque nadie se busca que le suceda una cosa así, y tengo la impresión de que a pesar de los pesares, él no se estaba buscando ese final para su vida—el Macho Camacho hizo una salida tan espectacular como las entradas que protagonizó antes de sus combates, en medio de la algarabía y el alboroto.  Ya fuera que se le adorara como a un objeto de culto o no—y confieso que él nunca fue santo de mi devoción—, no dejaba de llamar la atención.  Tal vez porque él era el reflejo de una forma de vivir sobrevivir, de un individuo que afronta los retos de una frontera salvaje, conocida como la ciudad de Nueva York (no muy diferente de la que nos pintan los “westerns” estadounidenses), una frontera que lo deshace para luego moldearlo a su medida, y entonces supera esos retos a su manera, como la misma vida se lo enseñó.

No sé, pero creo que dondequiera que él esté, él deberá estarse sonriendo de oreja a oreja, disfrutando de todo el rumbón formado en torno a su trágico final, viendo cómo todos abajo en la tierra se envuelven en loco frenesí, pensando que sí era cierto aquello que alguien que le debió haber “copiado” el nombre (aun cuando nuestra percepción del tiempo y el espacio dictan que la realidad es otra) dijo una vez, de que “la vida es una cosa fenomenal, lo mismo pal de alante que pal de atrás”…

¡Buen viaje, Macho Camacho!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

De noche todos los gatos son prietos

¡Buen día, mi gente!

Aquí estoy con ustedes después de una semana en la que continúa la crisis ocasionada por la presunta propagación del virus de la influenza (no “influencia”, como he escuchado decir a varias figuras públicas… ¡y hasta a algunos periodistas de la televisión!  ¡Ay, por favor!) A-H1N1 y la respuesta—o falta de la misma—del aparato estatal ante esta crisis (que mantenía el saldo de muertes confirmadas en ocho al día de hoy).  Situación que al menos por un día se vio interrumpida por el paso de una onda tropical por Puerto Rico el pasado martes 21—y que me llevó a ver de primera mano cómo el Río Grande de Loíza, aguas abajo de la represa del Embalse Carraízo, se convierte en un turbulento río que no tendría nada que envidiarle a algunos de los grandes ríos estadounidenses.  (Lo único que lamento fue que ese día no tenía mi cámara digital a la mano para tomar un par de fotos del fenómeno y así poderlas incluir en esta entrada… ¡pero ya en otra ocasión será!)

El caso es que mientras sigo esperando a ver si tengo que ponerme todo esto para salir a la calle…

¿Que yo tendré que ponerme guantes y mascarilla para salir a la calle?

… me encuentro con la noticia de lo ocurrido la semana pasada en Cambridge, estado de Massachustetts, relacionada con el arresto del catedrático de la Universidad de Harvard, Henry Louis Gates, hijo.  Noticia que pareció dejar al descubierto una vez más que a pesar de todos los logros que se puedan reclamar, lo que se da en llamar las “minorías” en los Estados Unidos aún tiene ante sí un camino lleno de piedras, entre las cuales están la ignorancia y la incomprensión.  Noticia en la que los detalles son tan diferentes como la noche y el día, como la oscuridad y la luz, como lo negro y lo blanco.

Gates, un profesor de distinguida trayectoria académica y de gran riqueza intelectual—cualidades que tal vez muchos desearían tener, a juzgar por el testimonio personal de una de sus discípulas, la conocida escritora puertorriqueña, Mayra Santos Febres (y les recomiendo encarecidamente que lo lean)—, recién había llegado el 21 de julio de 2009 a su casa en Cambridge luego de un viaje a China en función de su quehacer profesional, cuando se vio forzado a entrar a su propia casa por la puerta trasera de la misma (al encontrar atascada la puerta frontal).  Esto llevó a que alguien, a quien los primeros informes describen como “una vecina de raza blanca” llamara a la línea telefónica de emergencias de la policía local para informar del aparente “escalamiento” de una residencia.  (Pero si nos dejamos llevar por los reportajes noticiosos posteriores a los hechos, lo anterior como que no cuadra, ya que los vecinos entrevistados por los medios de prensa—blancos, negros, y uno que otro que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario—no se proyectan como la clase de persona que no querría tener a alguien “distinto” en su vecindario.  Habrá que ver si la susodicha “vecina blanca” sale a la luz pública a disfrutarse su cuarto de hora de fama, una fama que tal vez ni deseaba en principio…)

Lo que ocurrió después… bueno, eso depende de quién es el que hace el cuento, a menos que resulte que el escritor puertorriqueño, Luis Rafael Sánchez, tuviera razón cuando expresó en su excelente obra teatral, Quíntuples,

El cuento no es el cuento… el cuento es quien lo cuenta.

Según el profesor Gates, el policía que atendió la querella no se identificó en principio como tal (un “no-no” que ha de haber servido a uno que otro libretista febril para eliminar—de una manera que no sea matarlo—un personaje principal en la trama de alguna teleserie detectivesca), pero luego se identificó debidamente y le informó de que se encontraba allí para responder a una querella por un “escalamiento”.  A esto, el profesor Gates alega que cuestionó la justificación de la presencia policial “porque soy un negro en los Estados Unidos”.  Por su parte, el policía que intervino con el profesor Gates, el Sargento James Crowley—de quien se ha dicho que ha ofrecido charlas y seminarios sobre tolerancia racial y sobre cómo evitar la práctica de hacer perfiles étnicos (en inglés, racial profiling)—, alega que sí se identificó debidamente como policía y que le requirió que se identificara como residente en el domicilio objeto del supuesto escalamiento, a lo que el profesor Gates se había negado en principio; que cuando quiso exhortarlo a salir de la casa para poder continuar la discusión sobre la pesquisa, el profesor Gates se comportó de manera altanera e insultante; y que tuvo que arrestarlo finalmente por exhibir una conducta ruidosa y arrogante (¿alteración a la paz?) ante la pesquisa policial.

Y es así como se produce el arresto del profesor Gates, reflejado en la foto que ha dado la vuelta al mundo (y que ustedes verán en otros lugares… menos en este blog, ya que no la muestro para evitarme problemas de derechos de autoría); irónicamente, dos elementos resaltan en la foto: en un primer plano, la presencia de un policía de raza negra como parte del operativo (¿quién dijo que no había diversidad étnica en la policía de Cambridge, Massachusetts?), mientras que en un segundo plano aparece el profesor Gates esposado con las manos al frente.  Y por ahí sigue lo de que Gates estuvo bajo arresto varias horas, que la policía de Cambridge decidió al final retirar los cargos contra Gates (¿habrá sido porque en la policía de Cambridge se dieron cuenta de que los estadounidenses y el mundo los estaban mirando?), y que ninguna de las dos partes (Gates y Crowley) se ha querido disculpar por lo sucedido (hasta el momento en el que escribo esto).

Por lo menos, así estuvieron las cosas, hasta que el miércoles 22, el presidente Barack H. Obama, quien resulta ser un amigo personal del profesor Gates,* aprovechó un intercambio con la prensa (luego de ofrecer un mensaje sobre su propuesta de reforma de salud) para contestar una pregunta sobre lo sucedido el día anterior.  Si bien él aceptó que no tenía todos los detalles a la mano, el mandatario se “esmandó” (como dicen en mi barrio) y dijo que la policía de Cambridge, Massachusetts, “actuó de una manera estúpida” en el arresto del profesor Gates.  Claro está, desde entonces para acá ha tratado de suavizar su posición, la que atribuye…

(Redoble de tambores, por favor…)

¡a una incorrecta y desafortunada elección de palabras!  (¿Dónde o cuándo yo habré escuchado eso antes?)

¡Ah!  Y ahora—para arreglar la clase de boquete que se formó—el presidente Obama ha extendido una invitación al profesor Gates y al Sargento Crowley a zanjar sus diferencias, mientras los tres se dan unas cervecitas fríííííííííías… (¡Qué bonito!  ¡Ellos hacen la fiesta y no me invitan!)

Miren, mi gente, de lo que se trata esto es de un asunto que se ha prestado para hacer juicios apresurados (como el que cada una de las partes ha hecho), de algo en lo que no se tienen todos los detalles a la mano—o los que se tienen no pegan ni con saliva—y que cualquiera puede interpretar a su manera.  Yo no sé cómo ustedes lo vean, pero para mí que a esto le cae como anillo al dedo el refrán que le da el título a esta entrada, y que se explica más o menos así:

De noche todos los gatos son prietos (o pardos).
En circunstancias imprecisas la observación del detalle pasa por inadvertida, por lo cual las diferencias pierden pertinencia.  La obscuridad oculta las faltas.

(Adaptado de la página 90 de Refranes más usados en Puerto Rico, segunda edición revisada y aumentada, por María E. Díaz Rivera.  San Juan, P.R.: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1994.)

Y ciertamente, eso es algo que debieran aprender muchos, especialmente las partes involucradas en este incidente (desde la “vecina de raza blanca” que originó la querella sobre el “escalamiento” hasta el propio presidente Obama—de origen étnico mixto).  Un incidente que demuestra el gran camino que aún queda por recorrer en la convivencia entre etnias en los Estados Unidos.

Habrá que ver quién se anima a emprender ese camino.

Mientras tanto, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Interesantemente, un artículo del Center for Responsive Politics indica que el profesor Gates es algo más que un buen amigo del presidente Obama, al punto de que donó unos US$4,600 a la campaña presidencial de este último en 2008—el máximo que las leyes electorales federales permiten por parte de ciudadanos particulares.


NOTA (27 de julio de 2009 a las 15:23 UTC): La versión que están viendo en este momento tiene algunas correcciones y adiciones menores con respecto a la versión que publiqué originalmente hace unas horas.  Les pido me disculpen si esto les ha creado alguna confusión.

LDB