La maldad nunca llegará a la meta

¡No otra vez!  Aquí vamos nuevamente.  Otro incidente que se suma a la lista.  Otro incidente que nos recuerda la fragilidad de la vida, y cómo hay quien por la razón que sea (o las razones que sean) se entretiene jugando con ese don preciado que tienen los demás.

Para abonar al estado incómodo en el que ya se encontraba el mundo después de los trágicos actos criminales del 11 de septiembre de 2001—que para mí, son y seguirán siendo algo más que un acto de terrorismo—, dos explosivos de fabricación casera estallaron cerca de la meta de la carrera Maratón de Boston el lunes 15 de abril de 2013, cuando ya habían pasado más de 4 horas desde el inicio de la carrera de 42 kilómetros (26.2 millas) y alrededor de 2 horas desde que el primer corredor llegara a la meta (sólo para que ese logro quedara opacado por la tragedia que no lo llegó a tocar).  Y no eran precisamente petarditos de los que se escuchan a menudo en las fiestas de Navidad y Año Viejo: fueron aparatos explosivos creados con detonantes y materiales sueltos como clavos, balines de los que se disparan con rifles de aire comprimido, bolas de las que se usan en las cajas de bolas con las que tanto mecánico trabaja de día en día, etc., empacados dentro de una olla de presión.  Y no con el propósito de causar un simple susto, sino con el propósito de matar, herir, mutilar gente, tanto la gente inocente que nada tiene que ver como los servidores de primera respuesta.  En otras palabras, causar el mayor daño a vidas humanas que una mente enferma pueda concebir.

Probablemente, esto fue lo primero que a muchos nos vino a la mente (World Trade Center visto desde el observatorio del Empire State Building, New York, NY, julio de 1984).

Tal vez eso fue lo primero que a muchos nos vino a la mente.  El recuerdo de una tragedia como nunca se había vivido en el mundo.  Y aunque no se pueden comparar el precio humano de una y otra tragedia, las 3 muertes resultantes de lo del lunes pasado no dejan de ser demasiado: una joven y alegre madre y esposa de 29 años de edad, una joven estudiante china que buscaba labrarse su futuro a través de la educación universitaria (en una ciudad famosa por sus centros educativos de gran reputación académica) y un alegre y sonriente niño de 8 años de edad.  OK, vamos de nuevo: un alegre y sonriente niño de 8 años de edad.  Y tanto ese niño como las 2 adultas, el único “pecado” que cometieron fue estar “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”: presenciando la llegada de una carrera de maratón como lo haría cualquiera de nosotr@s—como cuando nos paramos a los lados de la calle para ver pasar a los corredores en el Maratón Internacional San Blas en Coamo, o en el “World’s Best 10-K” en el Puente Teodoro Moscoso, o aun en el Maratón Internacional Modesto Carrión aquí en mi pueblo de Juncos.  (O aun en los eventos de pista de las Justas de la Liga Atlética Interuniversitaria que apenas se celebraron el fin de semana en el que escribo esta entrada.)  Y mientras todos esos corredores y corredoras van en busca de alcanzar la meta, como prueba de su capacidad física, de su resistencia, de su tesón y disposición a alcanzar ese lugar tan deseado, nosotros nos colocamos a los lados de la calle para verlos pasar, para alentarlos a seguir hacia adelante, para darles fuerzas, para darles ánimo—aun si el cuerpo del o de la atleta le empieza a decir que ya basta, que ya no puede más.

Pero parece que hay quien o quienes no ven las cosas de esa manera.  Que su único interés es vengar algún tipo de agravio, real o imaginario, en la figura de lo que algunas personas llaman “el gran satán”.  Eso pareció funcionar para los homicidas del 11 de septiembre de 2001 en New York, Washington (D.C.) y Shanksville (PA).  Y a alguien se le ocurrió que le podía funcionar igual: agarrar desprevenida a la gente, en medio de la celebración de un feriado local (el “día de los patriotas” que se celebra localmente en Boston—y que “por casualidad” coincidió este año con nuestra efeméride del natalicio de don José de Diego… aparte de darnos un día adicional para el plazo de radicación de “la dolorosa” planilla de impuestos, que se vencía al día siguiente) y causar el mayor saldo de víctimas que fuera posible, para humillar a toda una nación, pa’ que respeten, pa’ que sepan quién manda en este mundo, pa’ vengar… ¡lo que sea que haya que vengar!

Interesantemente, quienes así pensaron (yo no llamaría a eso “pensar”, pero ya para qué…) estaban conscientes de las consecuencias que su acción habría de provocar en los demás… pero no contaron con las consecuencias que les venían para encima.  Consecuencias que se empezaron a producir apenas 3 días después (más rápido que lo que se pensaba en un principio), cuando gracias a los desarrollos tecnológicos recientes (que estarán con nosotros para bien o para mal) se pudo identificar a 2 sospechosos: una pareja de hermanos varones, de ascendencia de una de las repúblicas que formaban lo que hasta el otro día se llamaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de cabezas cubiertas con gorras como las de los deportistas (“pa’l fronte”, como dicen en la calle), cada uno de los cuales llevaba una mochila (“backpack”) que se notaba “algo pesadita”, caminando de manera sospechosa entre el público (repito, “pa’l fronte”).

Así que no quede duda: el “hermano mayor” sí está observando.  Y esa capacidad de observar llevó al desenlace del hermano mayor—y esta vez me refiero al mayor de los 2 sospechosos—, al caer abatido por las autoridades entre el jueves 18 y el viernes 19, luego de que ambos sospechosos mataran (según se les atribuye) a un agente policial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y robaran violentamente un vehículo de motor.  Y horas después llevó al desenlace del hermano menor, al ser detenido estando escondido en un bote estacionado en una residencia, luego de una intensa cacería humana que mantuvo en vilo a toda una ciudad.

Al momento en el que escribo esta entrada, el detenido no había podido contestar las preguntas de las autoridades sobre los hechos.  Y ciertamente sería interesante saber el por qué colocar 2 bombas en medio de una celebración pública.  En medio de una celebración de sentido patriótico para los estadounidenses, particularmente los bostonianos.

¿Qué pretendían ambos hermanos lograr?  ¿Acaso los Estados Unidos, que se dice que es su patria adoptiva, había cometido algún tipo de agravio que requerían que se les reparara?  ¿Por qué escoger esta fecha, de gran valor para los bostonianos?  ¿Querían humillar, en su propio suelo, a quienes tal vez les estaban dando una mano de ayuda que ni se merecían?

¿Por qué causar muertes, heridas y mutilaciones?  Ciertamente, el hermano menor del sospechoso ya muerto tendrá que enfrentar cara a cara la realidad de que murieron 2 mujeres y un niño de apenas 8 años de edad, además de que sus acciones dejaron cientos de espectadores que quedaron mutilados por todos esos clavos, balines, bolas metálicas y demás.  Y todo ello porque también estuvieron “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”.  Algunas de estas víctimas perdieron sus piernas o sus brazos.  Y el sospechoso sobreviviente tendrá que darle la cara a esas víctimas; ya no es hora de esconderse o acobardarse.

¿Y por qué lo hicieron?  ¿Sería por la emoción de matar a alguien (“for the thrill of it”), como supuestamente habrían confesado en su momento los autores del “crimen del siglo”, Leopold y Loeb?  ¿O sería que alguien los envió a librar una “guerra santa” contra “el gran satán”?  ¿Creerían que con esa acción, ellos podrían alcanzar su meta?

Eso sí suena irónico: ambos sospechosos querían lograr su propia meta… ¡de no dejar que otros alcanzaran la meta!  Habrá que ver lo que se produzca próximamente.

Por lo pronto, vaya desde aquí mi más profunda pena y mi mayor solidaridad con la gente de Boston, y con ella mis mayores deseos de que puedan volverse a poner de pie cuanto antes, sabiendo que la maldad nunca le ganó la carrera a la ciudad de Boston, que la maldad nunca llegó a la meta.

Soy yo, con mi camiseta de los Medias Rojas de Boston.

¡Que así sea!  ¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Algunas Cosas Que Me Llaman la Atencion

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo están?

Pues sí, aquí estoy, luego de sobrevivir al pavo del Día de Acción de Gracias y sus secuelas, el alboroto creado por las recién concluidas “fiestas de pueblo” (que no son ni un remedo de lo que en su tiempo fueron las Fiestas Patronales en honor a la Inmaculada Concepción de María), el enredo que se formó anteayer (30 de noviembre) en la llegada del Trigésimo Segundo Medio Maratón Internacional Modesto Carrión (cuando en los últimos kilómetros del evento se formó una confusión tal que varios corredores tomaron la ruta que no era y unos corredores llegaron a la meta por una ruta y los otros corredores por otra… y aquéllos a quienes les incumbe nunca se dignan en resolver el problema que representa la falta de un control adecuado del tránsito vehicular en la ruta de la carrera… pero eso debería ser un tema para otro día)…

Eeeeeeeeeenigüei, vamo’ a’l mambo.

Lo importante es que me la pasé descansando en estos días, preparándome mentalmente para el próximo fin de semana, cuando celebro el haber llegado a lo que quiero creer que es el punto medio de mi vida (es que quiero ser optimista sobre eso; ya hablaremos sobre eso en la próxima entrada).  Una de las cosas que hice en estos días fue aprovechar una herramienta que hasta el momento me ha resultado muy valiosa.  Se trata de Bloglines.com, un portal de Internet mediante el cual ustedes se pueden poner al día con los temas que más les interesan, ya sean noticias, política estadounidense e internacional, asuntos del hogar, estilos de vida, etc.  (Por cierto, yo conocía a Bloglines.com desde octubre de 2005, pero no vine a acordarme de ese portal sino hasta que lo vi reseñado la semana pasada en uno de los newsletters de Kim Komando.)  Y una de las cosas buenas que tiene ese portal es que permite al usuario marcar aquellos artículos de su interés y publicarlos a manera de un blog (que puede hacerse público o privado, según se desee).  Como es de suponer, se me pegó esa fiebre y ahora puedo anunciarles que tengo mi blog en Bloglines.com (además del que ustedes están leyendo), al que bauticé como Lo Que Me Llama la Atención.

Notarán que en ese blog hay unos cuantos artículos interesantes que me llamaron la atención (y de ahí, el título), como la reflexión que hace el gobernador del estado de South Carolina, Mark Sanford, sobre las causas de la derrota del Partido Republicano en las elecciones presidenciales estadounidenses del 4 de noviembre de 2008 (¡hace ya casi un mes!).  Según el gobernador Sanford, la derrota de los Republicanos no se debió a que el electorado hubiera rechazado—como lo pretenderían los Demócratas y otros ideólogos de la izquierda estadounidense—los principios de impuestos más bajos, un gobierno de menor escala (y que “interfiera” menos en la vida de los ciudadanos, especialmente en la libre empresa) y una mayor libertad individual, esbozados por los ideólogos conservadores.  Más bien lo que hizo el electorado estadounidense, añade Sanford, fue rechazar a quienes hacían campaña abrazados a esos tres principios (y otros principios afines con éstos), pero fueron consecuentes en fallar de manera estrepitosa en el uso de esos mismos principios para gobernar.  En otras palabras, según el gobernador Sanford, los estadounidenses no rechazaron el conservadurismo en las urnas electorales; más bien rechazaron a quienes fingieron ser conservadores (el énfasis es mío).

Ahora bien, ¿qué propone el gobernador Sanford para que su partido recupere el norte que parece haberse perdido?  Primero, él señala que su partido debe ser consecuente en el mensaje que se le lleva al electorado, como si fuese la marca de un producto comercial; así, de la misma manera en que el fabricante de un producto X se esfuerza por fabricar un producto X mejor para aumentar sus ventas (o recuperarse si las ventas están bajando), el partido en el que él milita debe esforzarse por “producir un mejor producto” si quiere recuperar su posición “en el mercado”.  Segundo, si debe haber tal cosa como lealtad dentro de un partido político, la misma debe ser hacia las ideas y los principios básicos (como los que mencioné en el párrafo anterior) y no hacia las personas (¿personalidades?) individuales.  Y tercero, se deben buscar las soluciones a los problemas apremiantes del país, no en una sede central de gobierno (como Washington, DC, en el caso de este artículo), sino en los niveles inferiores (los estados individuales, donde se está más cerca del problema).

La cosa es que cuando terminé de leer ese artículo, pensé que por lo menos, los primeros dos planteamientos del gobernador Sanford deberían tener su aplicabilidad a la situación política de Puerto Rico.  Digo, afrontemos esto.  Los partidos políticos puertorriqueños necesitan ser consecuentes en el mensaje que le llevan al electorado, necesitan ser consecuentes en el cumplimento con las cosas que prometen, o de lo contrario pierden toda su credibilidad.  Y al igual que lo que menciona Sanford, se debe acabar con la lealtad (yo espero que eso no esté llegando al nivel de un culto) a la persona o la personalidad, como si se tratara del “salvador de la patria”—o sea, ¿el “Mesías”? (y para que lo entiendan bien quienes tienen que entenderlo, esa palabra merece usarse con mucho RESPETO)—, y en su lugar se debe regresar a la esencia de todo movimiento político, o sea, a las ideas que el mismo esboza (a lo mejor se evitan las divisiones que dicen demasiado—y nada de ello, positivo—de nuestros partidos políticos de hoy en día).

Digo, a lo mejor me equivoco, pero ésa es sólo mi opinión…

Pero bueno, basta ya de hablar de ese tema, porque hay otra cosa que me llamó la atención (y con la que quiero cerrar esta entrada de hoy).  Pero dejemos que sea mi amigo, el Sargento Viernes, quien se las narre con su es-ti-lo ú-ni-co:

Lunes, 31 de noviembre… Hacía una calor en Los Angeles… Trabajábamos durante el día en la División de Delincuentes Juveniles… Mi compañero es el Sargento Mengano de Tal… Nuestro jefe es el Capitán Zutano de Cual… Soy el Sargento José Viernes… Eran las tres de la tarde cuando mataron a Lola… Perdón… Eran las tres de la tarde cuando nos dirigimos a la Escuela Intermedia Francisca (Paca) Garmendía Domingo… a la Oficina del Director… Allí nos informaron de que un estudiante había atacado a sus compañeros de estudio tirándoles… esteeeeeeeeee… retortijones… El atacante fue descrito como cruel y despiadado… Nuestra tarea: detenerlo.

Pues sí, aunque ustedes no lo crean, la policía en una localidad del estado de Florida intervino a comienzos del mes pasado con un estudiante de escuela intermedia por estarse tirando… esteeeeeeeeee… más bien, por estar soltando sus gases intestinales en pleno salón de clase; igualmente se le imputó apagarle las computadoras a otros estudiantes que las estaban utilizando.  Ulteriormente, el chamaquito fue arrestado por los agentes locales del orden público—luego de confesar su “fechoría”—y puesto bajo la custodia de su madre… aunque habría que ver si eso no sería lo más adecuado, no sea que en su casa se la pasen… esteeeeeeeeee… haciendo alardes de su capacidad para contaminar el aire.  Digo, ¡quién sabe!  Pero por si acaso, vean esta entrada de The Huffington Post (el artículo fue publicado originalmente por The Associated Press a comienzos de noviembre pasado).

Es más, yo creo que si lo que hizo ese manganzón se tipificara como delito… ¡las cárceles de los Estados Unidos (¿qué tal las de Puerto Rico, ah?) no darían abasto con tanto “delincuente” que debe haber por ahí!

Es más, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

P.S. Antes de terminar, quiero expresar desde aquí mi pena y mi solidaridad con los centenares de víctimas (entre muertos y heridos) de los ataques terroristas del fin de semana pasado en Mumbai (antigua Bombay), India.  Que nos sirva esto como una nueva lección en el ejercicio de sobrevivir en un mundo que de la noche a la mañana se ha vuelto siniestro y peligroso, y un recordatorio de que quienes cometen actos tan salvajes como éstos, tarde o temprano responderán por los mismos.

LDB