¡Que vengan los payasos!

clowns
Image by Craft*ology via Flickr

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Antes de comenzar, tengo una noticia de última hora:

“La modelo puertorriqueña Maripily se encuentra en franca recuperación de la cirugía que le realizara ayer el doctor Anire Okpaku, en el Mercy Hospital de Miami, para eliminar la marcada separación que lucía entre sus senos.

“‘i’m back! mi amores de twitter, estoy nuevamente aqui con ustedes. Gracias a Dios me encuentro bien, super contenta, quedaron de show!’, expresó esta mañana Maripily, a través de la red social Twitter.

“La también anfitriona de televisión compartió con Primera Hora unas imágenes de parte del proceso quirúrgico.”

(“Maripily asegura que los senos le ‘quedaron de show’”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

OK, ya mencioné a Maripily, salí de eso.  Pasemos a otra cosa, shall we?

Parece mentira que con el pretexto de evaluar la prestación de servicios en las agencias del gobierno puertorriqueño se cometan barbaridades.  Pero así fue que trascendió en la prensa el viernes 27 de mayo de 2011.  Dos funcionarias gubernamentales… no, creo que sería más justo describirlas como parte de lo que ya conocemos como los “gatilleros” gubernamentales, han estado dejando correr su vena histriónica y se han ido a varias oficinas del Departamento de la Familia (antes llamado “de Servicios Sociales”) a montar un espectáculo bastante patético.  Es más, voy a dejar que la siguiente descripción hable por sí misma:

“Usualmente, visten de forma impecable y elegante para cumplir con sus labores como funcionarias de la Secretaría Auxiliar para Asuntos Gubernamentales y Federales en Fortaleza.

“ […]  En esta ocasión, el outfit de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández cambia drásticamente para estelarizar a ‘Fulana’ y ‘Mengana’, dos mujeres desempleadas que acuden de forma incógnita… a alguna oficina local del Departamento de la Familia (DF) a solicitar los servicios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), el cual les ofrece ayuda económica a las personas o familias de bajos ingresos.

“Su arribo a las oficinas—como parte del show—conlleva que vayan vestidas de forma descuidada, sin maquillaje, un moñito mal hecho y, en ocasiones, con la tira del brassiere por fuera.

“Después de todo, según ellas mismas les han explicado a algunos empleados de Familia, ‘tenemos que vestir como los clientes’.

[…]

“Ahí no queda la cosa, pues el teatro—cuya deprimente función se ha escenificado en unas 36 oficinas del DF—incluye también incurrir en un comportamiento indisciplinado.

“‘Ellas llegan, cada una por su lado, y se sientan en la sala de espera.  Esperan un ratito y de momento una—en mi caso fue la licenciada Fullana Hernández—se para y empieza a decir de forma gritona: ­«Quiero que me atiendan ahora…  Quiero que me den una emergencia».  Entonces la recepcionista trata de explicarle que tiene que hacer turno y esperar por una cita y ahí se alborota el gallinero’, dijo otra fuente, esta vez de la región de Mayagüez, donde casualmente se realizan las visitas sorpresa esta semana….

“Tras Fullana Hernández hacer su aparición estelar, entra a escena Sánchez Bras a realizar un ‘numerito’ similar.

[…]

“… una vez finalizada la actuación, Sánchez Bras y Fullana Hernández continúan tratando con arrogancia a los supervisores de las oficinas, quienes en ocasiones se han quedado con la palabra en la boca.”

(“Bochornoso espectáculo de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A simple vista, lo anterior parece la descripción de uno de esos sainetes de calle con los que Allen Funt (1914–1999) ponía—y sus miles de “herederos putativos” en todo el mundo (que en Puerto Rico van desde Efraín López Neris hasta Tita Guerrero) siguen poniendo—en aprietos a la gente común, la gente de la calle, sólo para terminar indicándole al (a la) incaut@ de turno que mirara hacia donde se ocultaba la cámara mientras le decía, “smile, you’re on Candid Camera!” (o “¡sonríe, estás en ‘La Cámara Cómica’!”, o “¡mira que ‘T-V-O’!”).  Y si las dos funcionarias en cuestión creen que con ello están haciendo un “statement” en forma de chiste, nadie (excepto tal vez, el secretario de la gobernación—el mismo que abogó en su momento por “sacar a patadas” de la Universidad de Puerto Rico a los revoltosos de izquierda, ya fuesen profesores o estudiantes, que a él lo mismo le da) se está riendo a juzgar por reacciones como la que sigue… con perdón de “Minga y Petraca”:

“‘Con ese espectáculo quedaron como «Minga y Petraca»…  Si tienen tanto guille de ser actrices, que se vayan a Hollywood en lugar de estereotiparnos a nosotros, que ya bastante que nos marginan diciéndonos «buscones», «vagos» y «cafres»’, dijo furioso y en su estilo picoso el líder comunitario Roberto ‘Papo Christian’ Pérez.

“Y es que para el vecino del residencial Manuel A. Pérez, en San Juan, el fabuloso plan teatral no es la forma adecuada de fiscalizar el servicio que se ofrece en las agencias gubernamentales.

“‘Por qué mejor no le preguntan directamente a los clientes cómo nos sentimos con el trato, en lugar de estar con este espectáculo.  Ésas no son formas… ¿qué están queriendo decir?  Que los que cogen cupones, incluyendo el montón de profesionales que quedaron desempleados con la Ley 7, somos unos indisciplinados, vulgares y sin educación.  Porque, pa’ que les quede claro, la mayoría del pueblo no somos gente como «Minga y Petraca»’, dijo Papo Christian.”

( “¿María Sánchez Bras y María Fullana Hernández se creen ‘Minga y Petraca’?”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A mí, francamente, me deja un mal sabor el que haya esa clase de funcionario de gobierno en Puerto Rico.  La clase de funcionario que se cree superior al resto de los seres humanos, la clase de funcionario que ostenta su poder y sus influencias, para “restregárselos” en la cara a quienes no tienen acceso a ese mismo poder.  Y no hay que ir muy lejos: sólo hay que recordar la burla de que fueron objeto las comunidades cercanas a la antigua base naval Roosevelt Roads en Ceiba, a manos del funcionario ostentoso e insensible que quiso zafarse del asunto con su “Such is life!” (que no fue el único en burlarse, como lo vimos a la semana siguiente).  Y ésta es la clase de funcionario público que asume una conducta enajenada de la realidad, en la que se resalta en forma burlona lo desagradable de la persona, con tal de “marcar su territorio”.  Y si esta clase de funcionario cree estar actuando en el mejor interés de los ciudadanos, e incluso se va “hasta el ñu” para justificar una maroma como ésa (como lo hizo posteriormente una de las funcionarias en cuestión—que por cierto, fue la encargada de la implantación de la famosa, o infame, Ley Número 7 de 2009)… ¡qué tal si a continuación me hace un chiste de “Pepito”!

Miren, mi gente, de que ha habido—y hay—deficiencias en los servicios que las agencias de gobierno le dan a los ciudadanos, eso no es nada nuevo.  Y en el caso de una agencia como el Departamento de la Familia, que en nuestro caso es la agencia que todo gobierno—que se enorgullezca de serlo—posee para fomentar el bienestar social y atender las necesidades de los menesterosos entre nosotros: niños, adultos, ancianos, personas con incapacidad física, personas que necesitan del apoyo de su gente para ponerse de pie y seguir adelante en la vida… ésa ha sido una realidad dolorosa por muchos años.  Y los elementos que causan ese problema—y hasta lo agrandan—siempre han estado ahí: poco personal para atender la clientela (muchas veces enorme) que viene a solicitar un servicio (problema amplificado por los efectos de la Ley Número 7 de 2009—ya expirada, por cierto), poca competencia del personal asignado a dar ese servicio (aunque aclaro: no son todos, ¿OK?), supervisión deficiente de los empleados, condiciones de trabajo que no son ni para una bestia de carga… y no sigo enumerando porque eso no es lo que quiero hacer aquí.

¿Y qué se ha hecho o se hace para atender esos elementos, para anular, o si no aliviar, su impacto, especialmente su impacto sobre esa misma clientela?

[…]

(¡Por favor, no contesten tod@s a la vez!)

[…]

(“¡No se oye!  ¡No se oye!  ¡No se oye!”)

[…]

OK, me cansé de esperar por la respuesta.  Aunque todavía tengo fe de recibir la misma algún día.  Pero en lo que llega ese día, ¿qué será lo próximo?  ¿Otra incursión de “Fulana” y “Mengana” (que ahora que se sabe a lo que van, seguramente las potenciales “víctimas” estarán en alerta)?  ¿O qué tal si envían los payasos?  ¿Y el resto del circo—con todo y animales?

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Digo, a menos que ustedes quieran que yo vuelva a lo de las “nenas” copa DD de Maripily… ¡yo sabía que no!)  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Estampida de Reyes

Picture of Roberto Clemente Coliseum Stadium i...
Image via Wikipedia

Miro las primeras planas de los periódicos del viernes, 7 de enero de 2011, y con toda franqueza, ésta es una de esas veces que se me hace difícil entender cómo puede pasar una cosa como ésta.  Veamos cómo lo describe la periodista Cynthia López Cabán en El Nuevo Día:

“Un caos fue lo que vivieron muchas de las personas que hoy acudieron con sus hijos a buscar regalos en la actividad del Día de Reyes que organiza el Gobierno, este año en el Coliseo Roberto Clemente.

“Y es que un conato de motín se desarrolló a eso del mediodía en el segundo piso del recinto cuando miles de personas, incluyendo niños, intentaban entrar para obtener sus regalos.  Todos quedaron atrapados cuando la Policía tuvo que cerrar los portones que daban acceso al lugar.  Personas brincaron, gritaron, los niños lloraban y una decena de policías buscaba cómo controlar la muchedumbre.  Otros se desmayaron y se marearon.”

Caos, gritos y llanto en Fiesta de Reyes (El Nuevo Día, 6 de enero de 2011)

La verdad es que yo no sé a quién, en su sano juicio, se le ocurre congregar una cantidad enorme de personas—más bien, de familias con niños pequeños—en un lugar cerrado como lo es el Coliseo Roberto Clemente,* situado frente al centro comercial Plaza Las Américas en Hato Rey, para una actividad de repartición de regalos por la festividad del Día de los Tres Reyes Magos (o como también se le conoce, Día de la Epifanía).  Una actividad que sirve al gobierno puertorriqueño, independientemente del color del partido que lo dirija en el momento, para dar una impresión de que está honrando una de las tradiciones que son—se quiera o no—parte de lo que somos como Puertorriqueños.

Pero si mal estuvo congregar una gran cantidad de personas en un espacio cerrado, peor estuvo no tener una planificación efectiva de la logística del lugar.  No prever la cantidad de familias con niños que acudirían a la actividad—atraídos como la proverbial mosca hacia la miel por la novedad de que se regalarían, entre otros, reproductores “mp3” y computadoras portátiles tipo “laptop”—y organizar la actividad para que el proceso de llevara de manera ordenada.  (Por cierto, esto me recuerda el cuarto punto en las listas—en español y en inglés—de los 10 pasos para la formación de una república bananera: regalarle “dulces” o “caramelos” a los ciudadanos, con el propósito de comprar su afecto.)  Y el resultado de esa mala planificación… bueno, a mí se me ocurre compararlo con una de esas ventas del “viernes negro” (término que ya expliqué en una entrada anterior), en las que se forma una estampida justo cuando abren las puertas de la megatienda por departamentos (o el comercio que sea)—y en ocasiones, ese resultado ha sido trágico.

Yo no sé cómo lo vean, pero me luce que lo que en otros años se hacía ordenadamente (con algunas excepciones no muy honrosas), en esta ocasión se improvisó.  Se realizó una actividad en la que se tiró a la gente “a los leones”, sin importar mucho las consecuencias que esto acarrearía.   Y francamente, las consecuencias fueron bastante serias: empujones, golpes, malos ratos, gente conducida como si fueran las reses que llevan al matadero, niños a los que se les hace pasar un susto innecesario, y que probablemente habrán salido de allí traumatizados, con un mal recuerdo de lo que debió ser un día de alegría, en el que se conmemora el reconocimiento de la grandeza de un niño en particular por parte de tres sabios del Oriente cercano (y no hace falta explicar a qué me refiero).

Lógicamente, después de la tempestad debe venir la calma, ¿no?  Y con la calma, la explicación de tan soberana metida de pata, como la ilustra esta cita del Primera Hora:

“El secretario de la Gobernación, Marcos Rodríguez-Ema, catalogó los momentos de tensión que se vivieron en la fila del coliseo Roberto Clemente, donde muchos se desmayaron y se lastimaron por los empujones, como «lamentables».

“Destacó que la actividad «se hizo con la mejor intención», pero «obviamente hubo fallas en la planificación».

“«Lamentamos los inconvenientes que pasaron muchas personas, muchos niños.  También hay que hacer un llamado en este tipo de evento a la cordura, a la paciencia y a los padres, a ver si es prudente que lleven bebés a este tipo de evento donde va a haber muchísima gente», manifestó Rodríguez-Ema.

[…]

“«Creo que, por lo que he visto, creo que fue mucha más gente de lo esperado.  Me parece que definitivamente el sitio donde se tenían que haber repartido los juguetes y los regalos posiblemente no debió ser en un segundo piso, debió ser en el espacio más amplio posible como lo fue el año pasado en el parque (Luis) Muñoz Rivera, y ése es el tipo de situación y cosa que debemos mirar ahora con detalle de cómo se pudo haber mejorado.»”

El Gobierno reconoce errores en el Día de Reyes (Primera Hora, 8 de enero de 2011)

Digo, si el Secretario de la Gobernación de Puerto Rico dice que la actividad del Día de Reyes se hizo “con la mejor intención”… bueno, dice el viejo refrán que así también se hizo el camino hacia el infierno.  Además, si apenas el año anterior se realizó la actividad en un espacio abierto en el que no hubiera posibilidad de formar un tumulto que se saliera de control, ¿por qué el cambio a un espacio cerrado, donde el riesgo de que la gente salga lastimada es mayor?  Y créanme que yo me he visto en locales en los que se ha congregado tanta y tanta gente, al punto de que la preocupación era que el Cuerpo de Bomberos de Puerto Rico fuera a intervenir y a desalojar el local.  Afortunadamente, en esas situaciones la cosa no pasó de ahí, pero la posibilidad no deja de ser un problema.

(Y ahora que lo pienso mientras escribo esto, ¿se imaginan lo que hubiera sucedido si allí, en ese mismo momento, se hubiese producido entonces un temblor de tierra como el de la pasada nochebuena, que mencioné de paso en mi entrada final del 2010?  Con eso lo digo todo.)

Pero lo más que me saca por el techo de esta situación es la tendencia oficialista de culpar a las personas, las familias que asistieron a la actividad, a las que se les crearon expectativas para esta actividad, por un comportamiento que a todas luces se les fomentó, motivado por la expectativa de que se iban a regalar computadoras portátiles y reproductores “mp3”.  Familias a las que se les inculcó un deseo de tener “lo último de la avenida”, tal vez con una expectativa de contentarlas y tenerlas de su lado a la hora de revalidar en el poder.  Pero eso no debería ser de extrañarse cuando se trata con quienes no se ven como parte del problema—que como bien lo dice Alberto Cortez, se olvidan que son “los demás de los demás”—y proclaman a los cuatro vientos que los pobres no salen de pobres porque no les da la gana, porque quieren, porque no aprovechan las dádivas que se les ofrecen en bandeja de plata.

Total, que a veces es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, en lugar de asumir responsabilidades y evitar lo que podría acabar en una tragedia lamentable.  Pero ya eso último me parece demasiado pedir.

Y vamos a dejarlo ahí, que ya habrá más de que (pre)ocuparse en el año que acaba de comenzar.  Cuídense mucho y pórtense bien.


Ubicación de los municipios de San Juan y Carolina, Puerto Rico.
Ubicación del Coliseo Roberto Clemente en San Juan, Puerto Rico.
Ubicación del Estadio Roberto Clemente-Walker y del Complejo Ciudad Deportiva Roberto Clemente, en Carolina, Puerto Rico.

* Para quienes me estén leyendo fuera de Puerto Rico: El Coliseo Roberto Clemente situado en San Juan no debe confundirse con el Estadio Roberto Clemente-Walker, situado a la salida de Carolina hacia el municipio de Canóvanas (que también es aparte del complejo conocido como la Ciudad Deportiva Roberto Clemente, cercano al Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín).


LDB

La Universidad… ¡a palo limpio!

University of Puerto Rico
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, la verdad es que a mí no me gusta lo que veo y escucho en estos días.  No me gusta cuando figuras de autoridad—ésas que deben establecer las pautas para resolver los problemas de nuestra sociedad—abogan por el uso de la fuerza bruta como medio para solucionar los conflictos.  Pero si eso es para preocuparse, más preocupante aún es cuando quien tiene que imponerle el orden y la disciplina a dichas figuras de autoridad, endosa actitudes como ésa.  Y en el proceso, abdica implícitamente de su responsabilidad de lidiar con las consecuencias que esa actitud acarreará después.  Pero vamos por partes.

“Muchos de estos grupos lo que hacen es buscar unos intereses que no son los intereses que te tratan de vender, que son los intereses de los estudiantes.  No, no, no, estos son políticos y la gente lo sabe, la mayoría de la comunidad universitaria lo sabe y los bandidos esos, los profesores bandidos esos que están ahí, que están apoyándolos e incitándolos lo saben también.  Tu sabes, lo que ellos quieren es seguir la cosa ideológica y política usando la universidad que queremos como paño de lágrimas y eso es algo que no se va a permitir.

“¿Cuál fue la excusa de la supuesta huelga que van a hacer?  La chavá cuota.  ¿Qué pasó hace dos días?  Se firmó una ley para que esa chavá cuota sea cubierta por una beca.  ¿Ellos pararon?  ¿Ellos echaron para atrás?  Eso le dio más coraje.  Eso es excusa, vuelvo y te digo, eso es excusa.  Por Dios, hay que abrir los ojos, estos son excusas de estos grupúsculos izquierdosos promovidos por profesores.  Yo los botaría a todos, eso es lo que yo haría.  Pero, obviamente, digo esas cosas y me miran como si estuviera loco, pero yo los botaría a todos.  Profesor que no enseña, profesor que va para afuera, si yo estoy seguro que hay un número de profesores que quieren dar clase en la universidad, en ese sistema, claro que sí.  Estudiantes, de esos estudiantes, el liderato que se tira encima de los portones son personas que llevan estudiando 10, 12, 14 años.  Esos son líderes políticos que cogen uno o dos cursos al año, todos ellos, con nombre y apellido, uno o dos cursos al año para poder decir que son estudiantes de la universidad y dar mensajes de izquierda y eso es lo que vivimos todos los días y lamentablemente, te lo tengo que decir, son favoritos de la prensa y tienen muchísimo acceso a los medios.  Y le ríen las gracias, le ríen las gracias.  Pero si tu me dices, yo los botaría a todos, yo los sacaría de la Iupi a patadas, tu sabes, porque simplemente están creando el desasosiego y no permitiendo que los que verdaderamente quieren estudiar, estudien.  Y a los profesores que se prestan a eso, sácalos, quítale el ‘tenure’, quítale las cátedras, bótalos y pon a otras personas a enseñar que verdaderamente usen su tiempo para enseñarle a los muchachos lo que es ser una persona de valores y a echar a Puerto Rico hacia adelante. Irrespectivamente de cómo piense ideológicamente.”

(“Rodríguez Ema amenaza con botar profesores de la UPR”, El Nuevo Día, 3 de diciembre de 2010.  Énfasis añadidos por mí con toda intención, especialmente donde se observan las contradicciones entre lo que tanto se le predica a los demás, y lo que no se practica.)

Las expresiones que acabo de citar (según las recoge El Nuevo Día) son las que el secretario de gobernación de Puerto Rico, Marcos Rodríguez-Ema, hiciera durante una entrevista concedida en diciembre de 2010 a los “expertos en los dimes y diretes, broncas y bolletes que se hacen pasar por análisis y noticias” (¡y ustedes saben quiénes son y saben que me refiero a ustedes!).  Se tratan estas expresiones de la posibilidad—cada vez más probable, mientras escribo esto—de una nueva huelga en el sistema de la Universidad de Puerto Rico, en protesta por la imposición de una “cuota” de US$800.00 por estudiante, adicional a los créditos matriculados y demás gastos (cuota de construcción, seguro médico, etc.), a cobrarse a partir del semestre de enero a mayo de 2011, para (según se dice) tratar de cubrir el déficit presupuestario del primer centro docente del país.  Más bien, esta “cuota” se ha visto como un intento de “tapar” las fallas en el manejo de las finanzas universitarias—fallas que datan de muchos años, aunque no por ello son necesariamente “cosa del pasado” para los actuales administradores universitarios—mediante el cobro a quienes comoquiera serán l@s más perjudicad@s: l@s estudiantes universitari@s y sus familias.

Como tal vez notarán de las partes de la entrevista a las que hice énfasis con toda intención, Rodríguez-Ema deja ver lo que él describe como su “frustración”—la cual poco después sería justificada tácitamente por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset—con la forma con la que se ha desarrollado la discusión pública de la propuesta “cuota” desde que su implantación se anunciara el verano pasado, tras la huelga que afectó el final del semestre de enero a mayo de 2010.  Por supuesto, todos tenemos nuestras frustraciones y el derecho a tenerlas, pero en el caso de un funcionario de alto nivel en un gobierno, el que sea, esa frustración no debe llevarse a un plano en el que se pueda interpretar como una política pública oficial.  Y lamentablemente, con todo el poder y la influencia que imparte una posición como la del señor Rodríguez-Ema, ése es un lujo que no se debería dar, ni por descuido (a menos que a este funcionario, quien dice ser franco en cuanto a decir lo que piensa, asuma públicamente un papel de “gatillero gubernamental” como el de aquél funcionario que quiso pasarse de listo y humillar a las comunidades alrededor de la antigua base naval Roosevelt Roads… ¡y gracias a Dios que ya no está donde pueda hacer más daño!).

Por supuesto, si mal estuvo esa expresión, aun si la misma, como diría “El Chavo del 8”… “se le chispoteó”, peor estuvo el que las mismas no fueran desautorizadas explícitamente por la persona que tiene la responsabilidad de refrendar la política pública estatal: el gobernador Luis G. Fortuño Bruset.  Cuando la prensa le preguntó si las expresiones de Rodríguez-Ema se debían entender como la política pública a adoptarse por su administración en el asunto de la Universidad del estado, el gobernador no hizo referencia directa, sino que justificó las expresiones de la “frustración” que sienten “muchos puertorriqueños” (que para él deben ser tantos y tantos que se le perdió el conteo) con la situación universitaria actual, y hasta se rehusó molesto a contestar más sobre el carácter de política pública de las expresiones de su subalterno, al alegar que “eso no fue lo que yo dije”.  (¿Molesto?  ¿Por qué?  ¿Por una simple pregunta sobre la política pública del gobierno estatal?  ¿Así de sensitivo es el asunto?)

Tal vez, para el consumo público, la política pública de la presente administración no sea la de intervenir abiertamente de forma violenta contra los manifestantes en su contra, ya sea en la Universidad de Puerto Rico o en las agencias gubernamentales seriamente afectadas por la política de “recuperación” económica y fiscal, o en las comunidades socialmente desventajadas que ven cada día como se les cierran en la cara las puertas de su progreso y desarrollo.  Pero de que las semillas de esa política pública no escrita están sembradas, eso es algo que no necesita más evidencia.  Sobre todo, la semilla del odio visceral hacia todo lo que atente contra la filosofía (y estoy siendo demasiado condescendiente en el uso de la palabra “filosofía” en esta oración) y los proyectos políticos de quienes se hacen del poder.  O sea, todo aquello que atenta contra lo que la actual propaganda oficialista llama, “el Puerto Rico que todos queremos” (que como ya Ivonne lo demostró en su blog, no es el Puerto Rico que TODOS queremos).  Y el germen de esa semilla de odio se nota en las expresiones que se hacen, como la de etiquetar a los disidentes como “grupúsculos izquierdosos”, “políticos” (como si quien expresa esta misma palabra no lo fuera), “profesores bandidos ésos”… expresiones que se hacen cuando no se tienen argumentos de peso para refutar los planteamientos que se hacen, sobre todo cuando se quiere evitar la difícil tarea de buscar el entendimiento y la concordia (y en el caso de estos funcionarios, ello requeriría un esfuerzo sobrehumano), cuando lo que se quiere es hacer un cisma entre “nosotros, los buenos” y “ustedes, los malos”.

Con ese telón de fondo de la guerra entre “buenos” y “malos”, el martes 7 y miércoles 8 de diciembre de 2010 se efectuó un paro de 48 horas en la UPR en Río Piedras.  Paro que se destacó principalmente por los encontronazos en la madrugada del primer día, entre manifestantes encapuchados—que como lo planteó la misma radioemisora que nos trajo la entrevista que cité arriba, no hay manera de saber si eran estudiantes o no, contrario a la certeza oficialista que jura que lo son—y “guardias de seguridad” reclutados por una empresa privada, la Capitol Security, dirigida por José “Chicky Starr” Laureano, un miembro del submundo que gira alrededor de un espectáculo que se hace pasar por deporte: la lucha libre.  Un individuo cuya “práctica profesional” le permite reclamar para sí la inmortalidad por medio de la frase popular, “bregaste bien Chicky Starr” (o sea, “me traicionaste”).  E interesantemente, este mismo individuo aspira actualmente a un puesto político por el actual partido de gobierno en las elecciones generales que se efectuarán el 6 de noviembre de 2012 (algo que nuestros amigos de “El Ñame” también “reseñaron” en su momento).

Sé que ustedes estarán preguntándose lo mismo que yo al llegar a este punto: ¿tan podrida está la fibra moral de un partido político para permitir cosas como ésa?  Digo, si ese partido permite que individuos que se comportan como Don Juan Tenorio cuando están en asuntos oficiales fuera de Puerto Rico, o que manejan esquemas de soborno o extorsión a suplidores y contratistas, accedan a posiciones de alto poder y responsabilidad…  ¡Y el gobierno encabezado por ese mismo partido tiene la “fuerza de cara” de predicarle “valores” a los demás, cuando sus principales personeros no son capaces de demostrar públicamente la práctica de esos valores!  ¡Bastante mal estamos entonces!

Localización de Loíza, al este de San Juan, Puerto Rico

Por cierto, en un artículo de fondo en El Nuevo Día se menciona algo en lo que yo no había pensado antes.  Muchos de estos “matones” “guardias de seguridad” fueron reclutados por la Capitol Security a través de una página en Facebook.  (Pero, ¿no será esto en contra de la ley, ya que estamos hablando de un trabajo peligroso y que requiere de un adiestramiento especializado, especialmente para evitar problemas legales después?)  Resulta que muchos de estos “reclutas” son apenas muchachos que, por lo demás, buscan genuinamente una oportunidad económica que los haga salir de la pobreza en que viven.  Por lo general, muchos de ellos provienen del municipio de Loíza (al este de Carolina, para beneficio de quienes leen esto fuera de Puerto Rico), un municipio que históricamente ha sido objeto de un racismo institucionalizado por parte de administraciones estatales de uno y otro partido (PNP y PPD, ambos son igual de culpables), el mismo que se supone ayude a su progreso y desarrollo comunal y social.  (Sí, amigas y amigos, dije “racismo”.  Porque en Puerto Rico, el racismo también existe, aunque no de la manera tan abierta y descarnada que se da en los Estados Unidos… pero de que existe en Puerto Rico, ¡existe!)  Y entre todos ellos, los hay que tienen ese deseo legítimo de “echar pa’lante”, pero también los hay que sólo les importa hacer daño, sentir esa “nota” de adrenalina (el rush que lo llaman los estadounidenses) que da entrarle a patadas o a golpes a quien ellos consideren su “enemigo”, sin que le importen las consecuencias de sus acciones.  (Y si vamos a juzgar por el testimonio de una de varias estudiantes que durante el paro enfrentaron la furia de los “agentes privados de seguridad”, los hay a quienes no les importa si los echan de nuevo a la prisión, si al final volverán a campear por sus respetos bajo las mismas narices de las “autoridades de ley y orden”… las mismas que son buenas para darle macanazos a los ciudadanos que exigen legítimamente la reparación de agravios, pero no para parar en seco a los verdaderos delincuentes.)

Al fin y al cabo, el paro de 48 horas vino y se fue.  El cometido que tenían los estudiantes en protesta se cumplió de todas maneras.  Pero los mismos que culpan a los demás por los males que los aquejan, los mismos que no creen que en la vida todo se negocia (o no quieren rebajarse a negociar con el enemigo al que hay que derrotar a toda costa), quisieron jugarse una última carta.  Y desde la segunda noche del paro (la del miércoles 8), se ordenó la entrada de la Policía de Puerto Rico al Recinto de Río Piedras, algo que no se había visto en décadas.  Y mientras escribo esto, la Policía está apostada allí, procurando que los “grupúsculos izquierdosos” y los “profesores bandidos ésos” que los apoyan se atrevan a enfrentárseles, “a ver si el gas pela”, a ver si les gusta que les rajen la cabeza a palo limpio, a ver si les gusta que los saquen de la “iupi” a patadas, conforme a una política pública no escrita.  Eso sí, procurando “proteger” los derechos de los estudiantes que quieren estudiar y de los profesores que quieren dar sus clases.  (Que de todos modos los ha habido y los habrá.  Así ha sido a través de todos los periodos en los que ha habido conflictos en la “iupi”.  Así fue también cuando yo estudiaba allí mi maestría en Biología a comienzos de la década de 1980.  Pero también ha habido reclamos legítimos de que a los estudiantes se les haga justicia—nos gustara o no la manera en la que se hacían esos reclamos.)

Francamente, debo insistir en que esto no me gusta.  Y es algo con lo que no estoy de acuerdo, porque lleva a una situación muy peligrosa en la Universidad de Puerto Rico.  Una situación que podría llevar a convertir la Universidad de la que muchos como yo estamos orgullosos, en una fábrica de máquinas de producción continua, seres sin una formación que los sensibilice, seres que no tengan la capacidad de pensar por sí mismos, seres que no viven, sino que apenas existen.

Yo tampoco creo que ése sea el Puerto Rico que todos queremos.  Y a quien venga a decirme lo contrario… gracias, ¡pero NO, GRACIAS!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB