De agravantes y miedos

English: Picture of supporters of the Austrian...
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¡Hola, qué tal, amigas y amigos, mi gente!

La verdad es que leo y escucho lo que está pasando a mi alrededor, y francamente no lo entiendo.  Por ejemplo, no entiendo cómo puede ser beneficioso para persona alguna que se procure eliminar del Código Penal de Puerto Rico de 2004—el mismo cuyos fundamentos parece que se los pasan por donde no brilla el sol, a juzgar por el recordado caso del asesinato “atenuadito”—ciertos agravantes para lo que conocemos como los “crímenes de odio”.  Pero según trascendió en la prensa la semana pasada, algo en esas líneas es lo que pretende el Proyecto del Senado de Puerto Rico Número 2021, el cual enmendaría el Código Penal a fin de dejar fuera del mismo ciertos agravantes relacionados con ciertos grupos específicos que—le guste a quien le guste—forman parte de nuestra sociedad.

“El Proyecto del Senado 2021 aprobado en reconsideración en el Senado el 10 de noviembre de 2011 cita que ‘se consideran circunstancias agravantes a la pena que el delito fue cometido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, origen, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, edad, ideologías políticas o religiosas, o ser persona sin hogar.’”

(Citado de: ‘Le tiran a quemarropa a TRS por Código Penal’, CyberNews/NotiCel, 6 de diciembre de 2011.  Aquí, ‘TRS’ se refiere al presidente del Senado de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz.)

Hasta ahí vamos bien, ¿sí?  Pero no sé si quienes leen esto fuera de Puerto Rico se habrán dado cuenta de un detallito… pero dejo que sea el director ejecutivo de una fundación de ayuda a ciertos grupos “olvidados” de nuestra sociedad, citado en la misma nota, quien lo exprese adecuadamente:

“Bajo la ley vigente se consideran como circunstancias agravantes a la pena el que un crimen haya sido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, orientación sexual, género, identidad de género, origen, origen étnico, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, religión, edad, creencias religiosas o políticas.”

[…]

Thomas J. Bryan Picó, director ejecutivo de la Fundación Gaviota, entidad que asiste a víctimas de crímenes de odio en Puerto Rico, “… resaltó que en la propuesta enmienda se eliminó la orientación sexual, la identidad de género, el género y el origen étnico.”

(Adaptado y modificado levemente de la fuente antes citada.)

La nota citada aquí agrega que la enmienda fue presuntamente colocada en el proyecto de ley, a fin de complacer los deseos de un pastor evangélico quien, bajo una fachada de “ciudadano responsable”, hizo algún tipo de presión sobre el presidente senatorial (cuya afición por sentirse que tiene todo el poder del mundo, la describimos hace algún tiempo—por no mencionar su afición de lucir su prejuicio como se luce una camisa nueva y limpia, cuando siente que lo atacan por defender ciertas actuaciones cuestionables) para que se aprobara con el tipo de lenguaje al que el funcionario ejecutivo citado se refiere.  Y a no dudarlo, ello ha hecho que se revuelva el avispero, con imputaciones de prejuicio y de fobia por ciertos grupos sociales aquí y allá.

Pero para mí, más importante que el que una persona que quiere presentarle al mundo una imagen de “hombre fuerte”, de una aparente rectitud, ceda a un impulso excluyente, que amenaza con dejar sin protección a quienes menos pueden defenderse, es el hecho de que se pretende volver al reino del prejuicio y del discrimen, de la burla y del desprecio—aunque yo creo que ese reino nunca desapareció por completo.  Y ciertamente, hay varios de estos sectores marginados que se pudieran ver amenazados por esta acción: las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres (especialmente aquéllas que buscan liberarse de la violencia en el seno del hogar, antes de que sea muy tarde) y los extranjeros, particularmente aquéllos que llegan a nuestras playas sin tener el permiso para hacerlo, y que tienen que vivir en las sombras mientras se sacrifican para asegurar el futuro de quienes quedaron atrás.

Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como “quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás”, como “personas bañadas de ‘rectitud’ de arriba para abajo”—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.

A mí me apena mucho ver una cosa como ésa, que habiendo comenzando un nuevo siglo, en el que deberíamos evolucionar hacia una sociedad más justa y equitativa, nos veamos en peligro de ser arrastrados hacia el abismo oscurantista.  Y eso es algo que no se debe permitir, bajo ninguna circunstancia, si queremos sobrevivir los retos que nos da la vida.

Para ello, debemos empezar por rectificar errores como el de eliminar esos agravantes de nuestro Código Penal.  Es, a mi entender, lo más responsable que se puede hacer para el bien de nuestra sociedad, y sobre todo, de sus sectores más marginados.  Y así, nos evitamos consecuencias funestas.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Preguntas preguntativas para el 6 de febrero de 2010

¡Qué tal, mi gente!

Esta vez estoy estrenando la alternativa de colocar entradas para este blog vía correo electrónico, a ver si funciona tan bien como cuando utilizo el Windows Live Writer™ o el ScribeFire™. (Por supuesto, siempre tendré que recurrir a uno u otro, según el caso, a la hora de editar este tipo de entrada—por ejemplo, añadirle etiquetas y categorías—, pero no hay mal que por bien no venga.) Y la estoy estrenando con una pregunta sobre algo que me llama mucho la atención y que me gustaría que aquéllos amigos blogueros que saben cómo se bate el cobre me puedan contestar.

Como tal vez sepan, una de las mayores críticas que se le han hecho a las administraciones de gobierno en Puerto Rico—sean del PNP o del PPD—es que suelen reclutar políticos que por X o Y no salieron electos o reelectos para los puestos para los que se postularon, para puestos de "asesores" en distintos órdenes, ya sea legislación, relaciones públicas, "imagen" y proyección pública (lo que en realidad no pasa de ser un burdo ejercicio de marketting), etc. Muchas de estas "asesorías" se contratan por cuantías que suelen empezar alrededor de los US$20000, y pueden llegar a cuantías extraordinarias de seis cifras. (Y si la cosa es como trascendió esta semana, muchos de los beneficiarios de estos contratos contratan a su vez a parientes y otros dolientes, en tareas "de apoyo" a los beneficiarios principales. Me pregunto si será esto a lo que se refiere la frase en inglés, The gift that keeps on giving…)

Lógicamente, la prensa nuestra de todos los días, como uno de los actores—les guste o no—en el circo nuestro de todos los días, tratan de llegar al fondo de esa manifestación de desgobierno, cuestionando la pertinencia de estas "asesorías" a quienes les salvaguardan los contratos. Y por lo general, la prensa nuestra de cada día suele recibir como respuesta de quienes salvaguardan los contratos, una férrea defensa de los mismos, como si se les fuera la vida en ello. Aducen que el peritaje de los contratados es "necesario", que éstos los ayudan en la redacción de legislación de beneficio para el país. Y yo me pregunto si con la misma vehemencia con la que defienden los contratos que otorgan a políticos fracasados, parientes, dolientes, et al., no podrían defender a los pobres, a los que necesitan ayuda para resolver su situación económica, a quienes claman por los servicios básicos, a quienes procuran que sus calles sean seguras y libres de delincuentes y adictos a drogas.

Es más: me pregunto si ningún miembro de la prensa nuestra de todos los días se ha atrevido a cuestionar directamente a estos mecenas de comienzos del Siglo 21, si lo que se invierte en estos contratos no sería más útil para ayudar a atajar la delincuencia en Puerto Rico, para ayudar a estabilizar la situación económica de Puerto Rico sin tener que despedir empleados públicos (salvo aquéll@s que no están rindiendo una labor efectiva, algo que las propias agencias públicas deberían tomarse la molestia de verificar), para ayudar a las comunidades en áreas de marginación social a ponerse sobre sus pies, en lugar de fomentar una cultura de aprovechamiento fácil de las ayudas sociales (aunque este elemento de la pregunta suene como herejía).

¿Cuánto se apuestan a que los entrevistados cambiarán de tema a otro que no sea tan "peligroso" o darán por terminada la entrevista y se darán a la huída? Porque así son ellos…

Enigüei, ¡vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

(vía email)


Luis Daniel Beltrán, M.S., P.P.L.
Juncos, Puerto Rico

Sin Ley Ni Orden: Intencion Animal

¡Saludos, mi gente! ¡Esto es lo que está pasando!

Seguramente ustedes se habrán enterado ya de lo que se dio a conocer la semana pasada, cuando se reveló que una compañía, supuestamente contratada por el gobierno municipal de Barceloneta (un municipio de la costa Norte de Puerto Rico, famoso por sus sembrados de piñas y por ser la sede de un desarrolo farmacéutico extenso) dispuso de una gran cantidad de perros de los que en Puerto Rico conocemos como “satos” (para que lo entiendan en otros países hispanohablantes, es como decir que son perros “de la calle”) tirándolos por un puente alto (más de 50 pies o 15 metros) de una de las principales vías que conducen hacia San Juan… ¡ASÍ COMO LO ESTÁN LEYENDO! Se dice que dicha compañía había sido contratada con el fin de recoger todos los perros realengos que encontrara en los residenciales públicos de Barceloneta, en supuesto cumplimento a una política pública que impide la tenencia de mascotas en esos residenciales (con multas y otras penalidades).

Por supuesto, cuando se dio a conocer esta noticia, la culpa (como siempre) se hizo ajena. Por ejemplo, el alcalde de Barceloneta citó a una conferencia de prensa en la que negaba que hubiese ordenado que se tiraran los perros por el puente para abajo, y amenazó con quitarle la administración de los residenciales al gobierno estatal (Departamento de la Vivienda) para que sea el municipal el que los administre. (Desde luego, cualquier excusa es buena para muchos alcaldes como éste, cuya apariencia—a mi juicio—da la impresión de que a veces actúa destempladamente. Pero bueno, así es alguna gente…) Por su parte, el dueño de la compañía que tuvo a su cargo el operativo, en un aparente deseo de imitar al Apóstol Pedro, negó más de tres veces (¿qué tal “setenta veces siete”?) haber tenido algo que ver con la desafortunada acción. Pero para hacer más difíciles las cosas, él hizo incinerar unos perros muertos que ya estaban en los refrigeradores de su compañía, porque y que “ya estaban oliendo mal”.

Pero una cosa: ¿y si alguno de los perros que este señor… no no no, este individuo mandó a incinerar, hubiese sido de los que cayeron en la redada en los caseríos de Barceloneta? ¿Serían evidencia de que sí estuvo involucrado, y quiso disponer de ella antes de que la misma lo implicara? Si me preguntan a mí, yo diría que ni en series de TV como Miami Vice o Law & Order: Criminal Intent había visto tanta intriga criminal.

Aparte de eso, todo esto ha tenido el efecto de causar furor, no sólo en Puerto Rico, sino fuera de nuestras costas. Prueba de esto es la cantidad de noticias que a la fecha en que escribo circulan por la Red, como cualquiera de mis lectores puede comprobar haciendo una búsqueda de la siguiente secuencia (sin las comillas) en Google: “Puerto Rico pet massacre”. Y eso atrae la clase de atención negativa que ninguno de nosotros desea. Pero también atrae la preocupación genuina de quienes se ponen de pie y están dispuestos a alzar su voz en contra de la injusticia, especialmente la que se comete contra los pobres y los marginados (como en este caso).

De hecho, valga mencionar que en la Red se están haciendo hasta campañas de peticiones para que las autoridades investiguen lo sucedido y fijen las responsabilidades correspondientes. De éstas quiero destacar la que se lleva a través de The Petition Site para que se le pida al Gobernador de Puerto Rico que ordene una detallada y completa investigación del asunto y se lleve ante la justicia a los responsables de esta matanza, y se penalice a éstos acorde con una ley estatal que condena la crueldad en contra de los animales. La campaña, cuya meta inicial era recolectar 1,000 (1.000) firmas ya había levantado 11.240 (11.240) firmas al momento en que escribo; por cierto, la mía es la número 10,972 (10.972). Si alguno de ustedes está interesado y la campaña no ha cesado, éste es el enlace a la petición.

Mientras tanto, dejo una pregunta en el aire: ¿qué le decimos a los niños de nuestros residenciales públicos, que pueda aliviar el dolor de perder a los que ellos entienden que son sus mascotas, por causa de individuos sin sensibilidad ni sentido de humanidad?

OK, vamos a otra cosa, que ya esto es muy deprimente…

ESTA SEMANA (22–28 DE OCTUBRE DE 2007): En busca de un milagro, un paralítico se echa agua bendita en las piernas… Olvídese de “La Cocina de Giovanna” o del Chef Piñeiro: Aquí les traigo la más novedosa receta de pollo relleno para asar en el horno… Y… Un anciano estadounidense de visita en Francia le da una lección de “civismo” a un funcionario de la aduana local.

Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán y oprima donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”.

¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB