Yo no me quito, yo me quedo

English: Silhouette of an airplane to the left
English: Silhouette of an airplane to the left (Photo credit: Wikipedia)

Durante mucho tiempo he visto cómo la gente reacciona a una crisis como la que venimos viviendo por las últimas 4 décadas—puede ser que por más tiempo—en Puerto Rico.  Crisis que nace de la ineptitud y la complacencia con la que se ha manejado la vida pública en este país.  Servicios públicos deficientes, una infraestructura que clama a gritos porque se le dé la debida atención, un cuadro de salud mental que mete mucho miedo, una descomposición social que fomenta la violencia contra todo y contra tod@s, y una clase política que se cree que le vamos a estar riendo las gracias eternamente, mientras una prensa mayormente sensacionalista prefiere no cuestionar—¿no será que de un tiempo a esta parte no se atreve a cuestionar?—y más bien adormece a l@s espectadores(as) con el último chisme del conocido cantante sexualmente enfermito o la conocida modelo-empresaria-icono.

(Como decía la conocida muñeca chismosa de ingrata recordación… “¿he mencionado nombres yoooooooooo?”)

¿Y de qué manera se ha preferido reaccionar a todo este cuadro pésimo?  Muchas personas han dicho que ya no aguantan más y están dispuestas a irse.  A buscar otros horizontes, principalmente en los Estados Unidos.  Donde hay mayores y mejores oportunidades y las condiciones de vida son mejores.

Pero déjenme aclarar algo antes de seguir: No es mi intención juzgar negativamente a quienes piensan de esa manera—tal vez porque si lo hago y me equivoco, tendría que tragarme mis propias palabras.  Total, tod@s tenemos en nuestra propia familia a alguien que se ha sentido derrotado porque sus esfuerzos le han sido “recompensados” con desprecio, desdén, puertas cerradas a sus aspiraciones, etc.  En mi familia ha sido así por bastante tiempo.  Parientes que han tenido que emigrar de los campos a la gran urbe en el norte, a trabajar cosechando las bendiciones de la madre tierra o haciendo puntadas a máquina con hilo y aguja.  O que han emigrado porque las oportunidades de desarrollo profesional no han llegado como lo deseaban, y han tenido que empacar sus sueños y esperanzas en la misma maleta que sus ropas—y por razones que no vienen al caso, sólo voy a decir que ese último caso me toca bastante de cerca.

Así que entonces, ¿qué es lo que queda ante todo este desastre?  O más bien, ¿quienes son los que se quedan—o más bien, nos quedamos?  Nos quedamos quienes tratamos de aguantar como podemos el embate de la ola de mediocridad que nos permea.  Nos quedamos las víctimas propiciatorias de los sacrificios de sus líderes, de aquell@s en quienes—más mal que bien—depositamos la confianza.

Nos quedamos aquí l@s que podemos elegir entre seguir siendo víctimas… o salirnos de ese papel.

Pero entonces, ¿cómo salir de ese papel?  ¿Qué tal si nos quedamos aquí y luchamos por recuperar lo que nos corresponde, particularmente nuestra dignidad, que tanto ha sido pisoteada?

Como lo indiqué arriba, no deseo juzgar a quien se vea en la disyuntiva de irse vs. quedarse.  Sé que no es nada fácil para quien se vea en esa situación.  Ni para mí fue fácil cuando en aras del tan ansiado progreso profesional que había visto en otr@s, quise irme a estudiar un doctorado en ecología en State College, Pennsylvania, allá para agosto de 1990 (¡experiencia de la que sólo duré 11 días!).  Adaptarme a una realidad diferente fue para mí un golpe muy fuerte, además de que las circunstancias que me hubieran ayudado a aguantar ese cantazo no se dieron como yo esperaba.  Y lo peor de ello fue que yo estaba solo.  Solo.  Sin el apoyo de nadie que entendiera la situación por la que pasaba y me hubiera ayudado a hacer más tolerable esa transición en mi vida.  (Aunque valga aclarar que algunos de mis potenciales compañeros de universidad, angloparlantes, hicieron lo que pudieron por ayudar, aunque eso no fuese suficiente.  Pero no me quejo y les agradeceré eternamente por lo que les estuvo a su alcance hacer.)

Así que podrán imaginarse mi alivio al regresar a mi terruño a finales de ese mes, cuando me dije que había regresado a donde tenía que estar, y que cumplir mi misión en la vida no me requería ir más allá de mi grado de maestría en ciencias en biología, que con eso ya estaba más que preparado para lo que me tocaba hacer.  (Por supuesto, también fue un alivio que la carta de renuncia que yo había presentado a mi puesto, la cual entraba en efecto por esos mismos días, fuera dejada sin efecto—pero eso ya es otra historia.)  Y esa misión es simple y sencillamente la de ayudar a poner de pie a mi país, no de rodillas como lo tienen quienes creen que lo pueden tener así por siempre.

Pero volviendo al tema, ¿qué podemos hacer para cumplir con esa misión?  Para empezar, debemos unirnos todos, los que nos quedamos, más allá de las mezquindades que nos inculcan los políticos y algunas figuras públicas cada día.  Debemos generar nuevas ideas, debemos mirar más allá de nuestras narices, más allá de los confines que nos limitan.  A lo mejor en el este del Caribe, o en América del Sur, o en Europa, o África, o quién sabe dónde más, hacen cosas que tal vez nos podrían dar ideas que podamos implantar aquí—y quién sabe si hasta las podamos mejorar en el proceso.  Debemos ser más conscientes de las decisiones que tomamos, y de en quienes confiamos para que dirijan nuestros destinos.  Sobre todo, debemos cuestionar lo que tenemos en estos momentos,  Debemos poner siempre en duda todo lo que nos dicen quienes dicen estar haciendo las cosas “por nuestro bien”, por un lado, mientras que por otro lado buscan su propio bien—y eso último, lo sabemos, y tal vez ell@s saben (aunque no lo quieran admitir) que lo sabemos.  Debemos exigir que cada quien se haga responsable de sus acciones, que no se escondan cobardemente detrás de argumentos manoseados para no hacer las cosas que hay que hacer.  O para hacer cosas que enajenen a quienes no encajan con su estrecha visión particular de cómo deben ser las cosas.

La verdad es que quienes nos quedamos tenemos una tarea enorme por delante.  Una tarea que requiere esfuerzo y sacrificio.  Una tarea para la que tenemos una responsabilidad, con nosotr@s mism@s y con nuestra sociedad, por lo que hay que estar presente para cumplir con la misma.

De mi parte, yo pienso seguir cumpliendo con mi responsabilidad y con mi deber.  Y por ello es que afirmo que…

Yo no me quito.  Eso no está en mi plan de vida.  YO ME QUEDO.

Y ya que yo no me voy a quitar… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

¡Que vengan los payasos!

clowns
Image by Craft*ology via Flickr

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Antes de comenzar, tengo una noticia de última hora:

“La modelo puertorriqueña Maripily se encuentra en franca recuperación de la cirugía que le realizara ayer el doctor Anire Okpaku, en el Mercy Hospital de Miami, para eliminar la marcada separación que lucía entre sus senos.

“‘i’m back! mi amores de twitter, estoy nuevamente aqui con ustedes. Gracias a Dios me encuentro bien, super contenta, quedaron de show!’, expresó esta mañana Maripily, a través de la red social Twitter.

“La también anfitriona de televisión compartió con Primera Hora unas imágenes de parte del proceso quirúrgico.”

(“Maripily asegura que los senos le ‘quedaron de show’”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

OK, ya mencioné a Maripily, salí de eso.  Pasemos a otra cosa, shall we?

Parece mentira que con el pretexto de evaluar la prestación de servicios en las agencias del gobierno puertorriqueño se cometan barbaridades.  Pero así fue que trascendió en la prensa el viernes 27 de mayo de 2011.  Dos funcionarias gubernamentales… no, creo que sería más justo describirlas como parte de lo que ya conocemos como los “gatilleros” gubernamentales, han estado dejando correr su vena histriónica y se han ido a varias oficinas del Departamento de la Familia (antes llamado “de Servicios Sociales”) a montar un espectáculo bastante patético.  Es más, voy a dejar que la siguiente descripción hable por sí misma:

“Usualmente, visten de forma impecable y elegante para cumplir con sus labores como funcionarias de la Secretaría Auxiliar para Asuntos Gubernamentales y Federales en Fortaleza.

“ […]  En esta ocasión, el outfit de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández cambia drásticamente para estelarizar a ‘Fulana’ y ‘Mengana’, dos mujeres desempleadas que acuden de forma incógnita… a alguna oficina local del Departamento de la Familia (DF) a solicitar los servicios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), el cual les ofrece ayuda económica a las personas o familias de bajos ingresos.

“Su arribo a las oficinas—como parte del show—conlleva que vayan vestidas de forma descuidada, sin maquillaje, un moñito mal hecho y, en ocasiones, con la tira del brassiere por fuera.

“Después de todo, según ellas mismas les han explicado a algunos empleados de Familia, ‘tenemos que vestir como los clientes’.

[…]

“Ahí no queda la cosa, pues el teatro—cuya deprimente función se ha escenificado en unas 36 oficinas del DF—incluye también incurrir en un comportamiento indisciplinado.

“‘Ellas llegan, cada una por su lado, y se sientan en la sala de espera.  Esperan un ratito y de momento una—en mi caso fue la licenciada Fullana Hernández—se para y empieza a decir de forma gritona: ­«Quiero que me atiendan ahora…  Quiero que me den una emergencia».  Entonces la recepcionista trata de explicarle que tiene que hacer turno y esperar por una cita y ahí se alborota el gallinero’, dijo otra fuente, esta vez de la región de Mayagüez, donde casualmente se realizan las visitas sorpresa esta semana….

“Tras Fullana Hernández hacer su aparición estelar, entra a escena Sánchez Bras a realizar un ‘numerito’ similar.

[…]

“… una vez finalizada la actuación, Sánchez Bras y Fullana Hernández continúan tratando con arrogancia a los supervisores de las oficinas, quienes en ocasiones se han quedado con la palabra en la boca.”

(“Bochornoso espectáculo de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A simple vista, lo anterior parece la descripción de uno de esos sainetes de calle con los que Allen Funt (1914–1999) ponía—y sus miles de “herederos putativos” en todo el mundo (que en Puerto Rico van desde Efraín López Neris hasta Tita Guerrero) siguen poniendo—en aprietos a la gente común, la gente de la calle, sólo para terminar indicándole al (a la) incaut@ de turno que mirara hacia donde se ocultaba la cámara mientras le decía, “smile, you’re on Candid Camera!” (o “¡sonríe, estás en ‘La Cámara Cómica’!”, o “¡mira que ‘T-V-O’!”).  Y si las dos funcionarias en cuestión creen que con ello están haciendo un “statement” en forma de chiste, nadie (excepto tal vez, el secretario de la gobernación—el mismo que abogó en su momento por “sacar a patadas” de la Universidad de Puerto Rico a los revoltosos de izquierda, ya fuesen profesores o estudiantes, que a él lo mismo le da) se está riendo a juzgar por reacciones como la que sigue… con perdón de “Minga y Petraca”:

“‘Con ese espectáculo quedaron como «Minga y Petraca»…  Si tienen tanto guille de ser actrices, que se vayan a Hollywood en lugar de estereotiparnos a nosotros, que ya bastante que nos marginan diciéndonos «buscones», «vagos» y «cafres»’, dijo furioso y en su estilo picoso el líder comunitario Roberto ‘Papo Christian’ Pérez.

“Y es que para el vecino del residencial Manuel A. Pérez, en San Juan, el fabuloso plan teatral no es la forma adecuada de fiscalizar el servicio que se ofrece en las agencias gubernamentales.

“‘Por qué mejor no le preguntan directamente a los clientes cómo nos sentimos con el trato, en lugar de estar con este espectáculo.  Ésas no son formas… ¿qué están queriendo decir?  Que los que cogen cupones, incluyendo el montón de profesionales que quedaron desempleados con la Ley 7, somos unos indisciplinados, vulgares y sin educación.  Porque, pa’ que les quede claro, la mayoría del pueblo no somos gente como «Minga y Petraca»’, dijo Papo Christian.”

( “¿María Sánchez Bras y María Fullana Hernández se creen ‘Minga y Petraca’?”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A mí, francamente, me deja un mal sabor el que haya esa clase de funcionario de gobierno en Puerto Rico.  La clase de funcionario que se cree superior al resto de los seres humanos, la clase de funcionario que ostenta su poder y sus influencias, para “restregárselos” en la cara a quienes no tienen acceso a ese mismo poder.  Y no hay que ir muy lejos: sólo hay que recordar la burla de que fueron objeto las comunidades cercanas a la antigua base naval Roosevelt Roads en Ceiba, a manos del funcionario ostentoso e insensible que quiso zafarse del asunto con su “Such is life!” (que no fue el único en burlarse, como lo vimos a la semana siguiente).  Y ésta es la clase de funcionario público que asume una conducta enajenada de la realidad, en la que se resalta en forma burlona lo desagradable de la persona, con tal de “marcar su territorio”.  Y si esta clase de funcionario cree estar actuando en el mejor interés de los ciudadanos, e incluso se va “hasta el ñu” para justificar una maroma como ésa (como lo hizo posteriormente una de las funcionarias en cuestión—que por cierto, fue la encargada de la implantación de la famosa, o infame, Ley Número 7 de 2009)… ¡qué tal si a continuación me hace un chiste de “Pepito”!

Miren, mi gente, de que ha habido—y hay—deficiencias en los servicios que las agencias de gobierno le dan a los ciudadanos, eso no es nada nuevo.  Y en el caso de una agencia como el Departamento de la Familia, que en nuestro caso es la agencia que todo gobierno—que se enorgullezca de serlo—posee para fomentar el bienestar social y atender las necesidades de los menesterosos entre nosotros: niños, adultos, ancianos, personas con incapacidad física, personas que necesitan del apoyo de su gente para ponerse de pie y seguir adelante en la vida… ésa ha sido una realidad dolorosa por muchos años.  Y los elementos que causan ese problema—y hasta lo agrandan—siempre han estado ahí: poco personal para atender la clientela (muchas veces enorme) que viene a solicitar un servicio (problema amplificado por los efectos de la Ley Número 7 de 2009—ya expirada, por cierto), poca competencia del personal asignado a dar ese servicio (aunque aclaro: no son todos, ¿OK?), supervisión deficiente de los empleados, condiciones de trabajo que no son ni para una bestia de carga… y no sigo enumerando porque eso no es lo que quiero hacer aquí.

¿Y qué se ha hecho o se hace para atender esos elementos, para anular, o si no aliviar, su impacto, especialmente su impacto sobre esa misma clientela?

[…]

(¡Por favor, no contesten tod@s a la vez!)

[…]

(“¡No se oye!  ¡No se oye!  ¡No se oye!”)

[…]

OK, me cansé de esperar por la respuesta.  Aunque todavía tengo fe de recibir la misma algún día.  Pero en lo que llega ese día, ¿qué será lo próximo?  ¿Otra incursión de “Fulana” y “Mengana” (que ahora que se sabe a lo que van, seguramente las potenciales “víctimas” estarán en alerta)?  ¿O qué tal si envían los payasos?  ¿Y el resto del circo—con todo y animales?

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Digo, a menos que ustedes quieran que yo vuelva a lo de las “nenas” copa DD de Maripily… ¡yo sabía que no!)  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

La ley de la supervivencia

Glock 35 semiautomatic pistol in .40 S&W
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Yo creo que ya era hora de que ocurriera.  Ya era hora de que alguien hiciera lo posible por defenderse de quienes para satisfacer vicios o por creerse que tienen el derecho de abusar de los demás, tratan de arrebatar lo que otros logran con el esfuerzo propio y con la intención de progresar.  Ya era hora de que alguien dijera, “¡basta ya!”

Mientras nuestros políticos, por no dejar de hacer, protagonizan una nueva controversia en la que las instituciones como el Tribunal Supremo de Puerto Rico, que deben garantizar los derechos de la mayoría, del pueblo, de los ciudadanos de a pie, son tratadas como si fueran el botín de una guerra entre pandillas rivales; mientras la plana mayor de la Policía de Puerto Rico deja ver su complicidad con la agenda ideológica de turno, que la lleva a manipular estadísticas de delitos para crear una falsa impresión de que “se está haciendo algo” y de que por ello, Puerto Rico “se supera” (como si los “líderes” no tuvieran su parte de la culpa de que Puerto Rico esté atrás y no avance); mientras la gran mayoría de los medios de prensa andan más pendientes de las más recientes payasadas de los susodichos políticos y de la más reciente cuita de la modelo empresaria María del Pilar “Maripily” Rivera, quien ahora quiere someterse a una cirugía estética para cerrarse la brecha entre sus pechos (y tengo entendido que esa brecha es del ancho de la Autopista José de Diego a la altura de la estación de peaje de Ft. Buchanan entre Bayamón y Guaynabo—si no más ancho que eso); una mujer que se dice cristiana tuvo que responder al llamado de una ley no menos importante que las leyes divinas: la Ley de la Supervivencia.

Estación de peaje Buchanan, Autopista De Diego (PR-22).  (Imaginen por qué la estoy utilizando como ejemplo... pero ¿qué tal si regresamos a nuestra programación regular, OK?)
Estación de peaje Buchanan, Autopista De Diego (PR-22). (Imaginen por qué la estoy utilizando como ejemplo… pero ¿qué tal si regresamos a nuestra programación regular, OK?)

Todo surge de lo ocurrido el pasado miércoles 11 de mayo, cuando la dueña de un salón de estilismo en Caguas fue objeto de un intento de asalto a manos de un individuo que se le acercó con esa intención mientras ella le daba la espalda.  La víctima, de la que presumo que quiso actuar responsablemente—la clase de responsabilidad que su victimario demostró no tener—se viró y le advirtió que tenía un arma de fuego, pensando que con ello podría disuadirlo.  Por supuesto, los criminales no se distinguen exactamente por tener un sentido de responsabilidad hacia los demás—y por ello, medir las consecuencias… aunque en eso ellos no se diferencian mucho de nuestros “líderes” políticos y gubernamentales, pero ya eso es otro tema—y el del caso que nos ocupa, para no ser la excepción que confirma la regla, le hizo un disparo en el pecho a la dama.

Y amigas y amigos, mi gente, en mi libro eso se llama COBARDÍA.  No hay otra manera de llamarlo que no sea por su nombre: COBARDÍA.

Tal vez a él le hubiera sido mejor escuchar a la señora cuando ésta trató de disuadirlo, ya que ella—aunque herida—logró desenfundar un arma Glock calibre .357* que llevaba en su persona (¿puede alguien explicar esa aparente contradicción?) y le hizo varios disparos a su asaltante, alguno de los cuales lo impactó en… esteeeeeeeeee… bueno, digamos que a él los disparos le podrían reducir sig-ni-fi-ca-ti-va-men-te las probabilidades de formar una familia un día de éstos.

(Sí, ya lo sé.  Si no fuera algo tan trágico, sería completamente gracioso… aunque para el frustrado asaltante, no debe haber sido muy divertido que le pegaran un tiro ahí.  ¡Pero lo siento mucho, mi’jo, la vida no es justa!  Triste   ¡Brega con eso!)

A fin de cuentas, lo sucedido se reduce a que cada quien se vio en una situación en la que lo importante era sobrevivir.  Al delincuente, le era importante sobrevivir ante la amenaza que le representaba enfrentarse a una víctima que le estaba anticipando a él que podía salir lastimado.  A la víctima, le era importante conservar su vida, evitar que un desconocido que le venía pa’ encima con intención de robarle, la convirtiera en parte de la triste situación que se vive con cada vez mayor intensidad en el Puerto Rico de hoy, donde prácticamente cada día cae una vida más, sin que quienes proclaman “protección e integridad” puedan mostrar un mínimo de competencia.  Competencia que deberían tratar de demostrar, si quieren evitar el escenario apocalíptico descrito por el Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha (el mismo que en el 2006 dirigió el operativo del FBI en el que a varios periodistas se les atacó con gas pimienta), de que en Puerto Rico los ciudadanos tomen la justicia en sus manos.  (Un escenario que por otra parte se está tratando de promover, como si Puerto Rico fuera Texas o Arizona, a juzgar por algunos vientos que soplaron recientemente en nuestra “honorable” Asamblea Legislativa.)

El caso es que ésa, a falta de otra, es la ley por la que nos estamos rigiendo de un tiempo a esta parte: la ley de la supervivencia.  Es una ley con la que todos tratamos de cumplir, desde que salimos de nuestras casas a luchar contra el mundo hasta que regresamos a nuestras casas y nos retiramos a descansar—si tenemos esa fortuna de que lo podemos hacer.  Y no todos la llegamos a cumplir, pero siempre se hace el intento.  Y eso es lo que importa.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y sobre todo, cumplan con la ley de la supervivencia.


* CORRECCIÓN, 12 de junio de 2011: Se vé que yo no soy experto en armas de fuego—y eso es algo que en realidad yo no tocaría, ni “con el pétalo de una rosa”—, pero en realidad, lo que debí haber escrito ahí era “calibre 9 milímetros“.  Aclarado queda.


LDB

De mujeres y contrastes

The Revolutionary flag of Lares "The firs...
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¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!

En una misma semana, mujeres muy diferentes entre sí han tomado para sí la mira pública.  Y entre ellas se destacó una activista política, una figura a la mención de cuyo nombre se podía sentir, lo mismo la más elevada reverencia que el miedo más incapacitante, un digno modelo a seguir para sus simpatizantes, o una terrorista para quienes discrepaban de sus ideales políticos, o de la manera como ella los afirmó en un momento importante de su vida.

En medio del ruido generado por aquéllas que son figuras públicas, de las que buscan cualquier manera de hacer que el público, los demás meros mortales, hablen de ella—bien o mal, pero que hablen—, se produjo el fallecimiento de la líder nacionalista puertorriqueña, Dolores (Lolita) Lebrón Sotomayor, ocurrido el domingo 1 de agosto de 2010, por complicaciones de una condición cardiopulmonar que ella padeció durante varios meses.  Huelga decir aquí cuál es su reclamo de un sitial en la historia puertorriqueña de nuestros días, pero creo que es mejor decirlo una vez más, tantas veces como sea necesario para que nadie se atreva a borrarlo de un plumazo, así porque sí: Doña Lolita fue quien encabezó el ataque armado contra la Cámara de Representantes estadounidense, el 1 de marzo de 1954, en el cual participaron también tres varones puertorriqueños.  ¿Para qué fue el ataque?  Para protestar por lo que ellos consideraron entonces—y a comienzos del Siglo 21, muchos de nosotros (aún aquéllos que no somos independentistas ni afiliados) todavía lo consideramos—como el “engaño” cometido por los Estados Unidos de la América del Norte al concederle a Puerto Rico su actual condición política como Estado Libre Asociado (ELAPR).  Una condición política en la cual se “pactan”, entre otras, condiciones de moneda común y defensa común—aunque habría que ver de qué manera el ejército, la marina, la infantería o la fuerza aérea, tendría que venir a defendernos y de quién, pero ya eso es otro tema—, pero se deja en manos del propio Congreso estadounidense asuntos fundamentales como la interacción de Puerto Rico con otros pueblos del mundo, especialmente aquéllos que tenemos tan cerca (físicamente) y tan lejos de nosotros, en nuestro propio vecindario antillano y caribeño.  Más aún, es una condición política en la que algunas de las leyes estadounidenses, como la que establece la pena de muerte como castigo por delitos graves como el asesinato, entran en conflicto evidente con las leyes de Puerto Rico (y la propia Constitución del ELAPR es directa en prohibir la aplicación de ese castigo).

(Curiosamente, según una nota del Washington Post sobre el fallecimiento de Lolita Lebrón, el ataque se produjo en momentos en los que en la Cámara de Representantes estadounidense se discutía un proyecto sobre inmigración.  ¡Justo el mismo tema que es objeto de controversia hoy en día!  Y por favor, que a nadie se le ocurra idea alguna, ¿OK?)

Afortunadamente, no hubo muertos tras el incidente, a pesar de que cinco congresistas fueron heridos.  De hecho, cuando Doña Lolita y los tres fueron arrestados por las autoridades capitolinas federales, ella hizo una expresión muy interesante: dijo que ella no había ido allí a matar a nadie… pero que estaba dispuesta a perder su libertad, a morir por su patria, por Puerto Rico.  Expresión que mantuvo durante el juicio que se le siguió ulteriormente y del cual salió condenada a 50 años de cárcel—sentencia de la cual llegó a cumplir apenas la mitad, al serle conmutada la misma por el entonces presidente James Earl Carter en 1979.  Expresión y actitud que la llevaron ulteriormente a ser parte de la lucha para que la marina estadounidense levantara sus operaciones en la isla puertorriqueña de Vieques (que había establecido allí desde la década de 1940), como resultado de la cual fue encarcelada por varios días durante el 2001—aunque para entonces, ella consideró que había otras maneras de luchar por la independencia para Puerto Rico, aparte de los métodos violentos empleados en el pasado.

Es una pena que el fallecimiento y sepelio de Lolita Lebrón se produjera casi al mismo tiempo en el que salió a la luz el momento difícil por el que atraviesa la modelo y empresaria puertorriqueña, María del Pilar (“Maripili”) Rivera (a quien ya conocieron en esta entrada, además de que sin mencionarla por nombre, la propuse indirectamente para la nueva tradición de los caganers de Puerto Rico), con su esposo, el ex-jugador del Major League Baseball, Roberto Alomar.  (No que Maripili no hubiera pasado ya por momentos difíciles—su último novio conocido antes de su boda con Alomar se suicidó debido a que enfrentaba problemas económicos—, pero vamos a dejar ese punto ahí.)  Sobre todo, ante lo que se ha tendido a criticar como la desmedida atención e importancia que se le ha dado a la crisis matrimonial de Maripili, en comparación con la poca—o si se quiere, superficial—atención e importancia dadas al deceso de quien desde hace más de medio siglo es parte de nuestra historia contemporánea—gústele a quien le guste.

¿Será que en algún punto del camino hemos cambiado nuestras prioridades como sociedad?  ¿Será que le damos más valor a las “hazañas” de las estrellas de la farándula—incluidas de un tiempo a esta parte, aquéllas estrellas que son de más relevancia para otros pueblos hispanos que la que tienen para los puertorriqueños (y esto lo escribo con el mayor respeto hacia mis lectores en México y otros países hispanohablantes)—, en lugar de las figuras que forjan la vida de nuestro pueblo con sus acciones, aunque éstas no sean del agrado de algunas personas?  Tal vez será que hemos llegado al punto de favorecer (y creo que hasta a premiar) la superficialidad y la mutación de principios (algo así como en esta cita de Marx… no de Karl, sino Groucho),* por encima de la honestidad, el compromiso y la verticalidad.

Y aun si yo no comulgara personalmente con los ideales que llevaron a Doña Lolita a hacer lo que hizo en el Congreso ese 1 de marzo de 1954—bastante tiempo antes de mi nacimiento—, tengo que reconocer que esa señora siempre fue honesta, vertical y comprometida con sus ideales.  Fue una persona de esas que ya no se ven mucho por ahí, que asumen una gran responsabilidad, que siempre están dispuestas a sacrificar su bienestar, hasta su propia vida, por hacer lo que consideró justo, sin importarle las consecuencias que ello le acarrearía.  Y lo que ella consideró justo fue buscar que Puerto Rico se independizara de los Estados Unidos de la América del Norte, que Puerto Rico dejara de ser un país sometido al yugo de un país más poderoso (experiencia que vivió durante cuatro siglos bajo el dominio español), sin posibilidades de forjar su propio destino, y se sentara en la misma mesa con otras naciones del mundo, en igualdad de condiciones.

Pero yo creo que ése es el gran problema: A nosotros no nos importa más el brillo farandulero que la integridad.  Y mientras sea así, seguiremos más interesados en el chisme que en el diálogo sincero y honesto, seguiremos más pendientes de las desventuras sentimentales de otros, que de afrontar las realidades que la vida nos pone de frente.  Para mí que eso no se vale… pero tenemos que arar con esos bueyes.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Por cierto, la cita a la que me refería es la siguiente:

“Those are my principles, and if you don’t like them… well, I have others.”
(“Ésos son mis principios, y si a usted no le gustan… pues, tengo otros.”)

Julius Henry “Groucho” Marx (1890–1977)


LDB

Una Nueva Tradicion

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Pues sí, esta entrada les llega con un retraso de un día y cincuenta años. Y antes de que alguien me cuestione que yo esté diciendo semejante disparate, permítanme decir que escribo esto, dos días después de llegar a lo que yo llamo “el primer día del resto de mi vida”. Fue exactamente hace 50 años—un viernes, 6 de diciembre de 1958, a eso de las siete y media de la noche (23:30 UTC)—cuando vi la luz por primera vez en el Barrio Ceiba Norte de Juncos, Puerto Rico.

Aqui estoy yo (Luis Daniel Beltrán Burgos) junto a la casa donde naci, en el Barrio Ceiba Norte de Juncos, Puerto Rico
Aquí estoy yo (Luis Daniel Beltrán Burgos) junto a la casa donde nací, en el Barrio Ceiba Norte de Juncos, Puerto Rico

De paso, ése soy yo con uno o dos años de edad, frente a la casa (alquilada) en la que nací… ¡literalmente hablando! (Resulta que cuando le empezaron los dolores de parto a mi madre, no hubo tiempo de llevarla al hospital y… bueno… ¡ustedes entienden!)

El caso es que han sido unos 50 años en los que he visto muchas cosas. Sueños no realizados (o que difícilmente podría yo realizar en mi vida) y pequeñas victorias. Ejemplos de humildad y ejemplos de arrogancia. Actos que ennoblecen a la humanidad y eventos trágicos que la humillan. He ganado amistades y las he perdido. He sabido lo que es confiar en las personas y lo que es que las mismas personas defrauden la confianza depositada en ellas. He viajado a lugares maravillosos y excitantes, y también a lugares que no desaría volver a ver. He visto alegrías y penas, éxitos y fracasos, salud y enfermedad, aceptación y rechazo, bondad y maldad…

¡Y seguramente veré más de lo mismo por lo que reste de mi vida! Pero así son las cosas…

Eeeeeeeeeenigüei, vamos a lo que me trae hasta aquí. La semana pasada me encontré con una nota en el portal del diario español ABC, que describía en apenas dos párrafos una tradición de la Navidad (o para no ofender a quienes en esta época del año observan cualquier otra efeméride relacionada… the holidays) en varias comunidades de la Madre Patria.  Se trata de… esteeeeeeeeee… OK, perdónenme por lo que voy a anunciar aquí… los caganers.

(Aprovecho para decirle a quienes visitan este blog desde España: “Pido vuestra indulgencia en la presentación de este tema, pero vosotros sabéis que yo no lo hago con mala intención.  Os doy mil gracias.”)

Resulta que como lo indica la nota del diario madrileño, el caganer es una figura que representa a una persona que está defecando (aunque a juzgar por la foto que acompaña el artículo—la cual no publico aquí para no violentar los derechos de autoría sobre la misma—, lo hacen de una forma muy discreta).  Según el ABC de Madrid, el caganer fertiliza la Tierra con sus heces y trae suerte y prosperidad para el próximo año.

¿Será eso mejor que frotarle la barriga a la figura del Buda?  ¿Me ayudará un caganer a tener suerte con el próximo sorteo del millón de la Lotería Tradicional de Puerto Rico?  ¿O con el “Pega 3” de la Lotería Electrónica?  ¿O con el “Pega 4”?  ¿O con la Lotto?  ¿O en el hipódromo Camarero?  ¿O…?

Francamente, yo no sé qué es lo que ustedes piensen sobre el particular, pero la nota me ha estado dejando pensativo desde que la vi.  Es más, quiero plantear la siguiente idea: ¿Qué tal si importamos a Puerto Rico la tradición de los caganers?  Total, aquí hay mucho mo… ¡uy, perdón!… mucha tela de donde cortar.  Y aquí en Puerto Rico, sobran las figuras públicas que podrían ser excelentes caganers.  Digo, no es tanto que les dé con fertilizar el suelo y traernos la prosperidad agrícola hace tiempo perdida…  Aunque por lo menos todavía nos quedan áreas de gran valor agrícola, como el Valle de Lajas o el Valle del Coloso.*  Como dice mi padre, “del agua perdida, alguna es recogida”…

(* Para beneficio de los lectores no puertorriqueños, el Valle de Lajas está situado en el Sudoeste de Puerto Rico, entre los municipios de Guánica y Lajas.  Por su parte, el Valle del Coloso—que debe su nombre a un antiguo ingenio azucarero del mismo nombre—está situado en la costa Noroeste de Puerto Rico, junto a los municipios de Aguadilla, Aguada y Rincón.  Ambos valles costeros son reconocidos como de alta fertilidad y gran productividad para el cultivo de diferentes productos agrícolas, al punto de que están—supuestamente—protegidos bajo varias leyes.)

Así las cosas, me gustaría proponer varias figuras públicas para que nos ayuden a inaugurar esta nueva tradición: los caganers de Puerto Rico.  Empiezo por el gobernador saliente de Puerto Rico, pasando por el gobernador entrante, los líderes actuales y entrantes de la Cámara y el Senado, los legisladores salientes y entrantes por distrito y por acumulación, las camarillas políticas de los cuatro partidos políticos que participaron en las pasadas elecciones, más un montón de figuras públicas tales como periodistas, “analistas” políticos, actores, cantantes, modelos, comediantes, chismosos (¿he mencionado nombres yooooooooo?), etc., etc., etc.

¿Se fijan, mi gente, que en Puerto Rico hay muchísima gente que puede aportar a que se popularice tan “hermosa” tradición (aun si no le haría ni gracia que la vieran—aunque fuera “en efigie”—haciendo lo que los estadounidenses llamarían number two)?

Es más, ¡vamos a dejarlo ahí, que tengo que ir a hacer mi aportación a la causa!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

P.S.  Por si lo quieren saber, la casa que aparece en la foto de arriba sufrió un severo deterioro muchos años después de que nos mudáramos de allí.  De hecho, déjenme enseñarles el lugar, según lo encontré hace un año, cuando salí a tomar unas fotos:

¿Dónde está la casa donde naci?
¿Dónde está la casa donde nací?

Ahora, de la casa en la que vine al mundo hace exactamente 50 años, ahora apenas queda el recuerdo…

LDB