Ignorancia legítima

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William Todd Akin, member of the United States House of Representatives. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: ¿Alguien tiene la bondad de explicarme si existe una manera legítima para hacer un daño?

Ya sea que tengamos o no un sistema de creencias establecido como parte de nuestra formación como seres humanos más o menos completos y complejos—algunos más completos y complejos que otros, pero ya eso es otra historia—, tod@s tenemos que estar de acuerdo en que no se justifica, bajo ningún concepto, hacer ningún tipo de daño, el que sea, contra otros seres humanos, contra otras formas de vida con las que convivimos, aun contra el propio medio ambiente en el que llevamos esa convivencia.

Y ciertamente se justifica menos hacerle daño a otra persona—principalmente a una mujer—cuando ese daño se hace con el propósito de satisfacer violentamente un impulso, una necesidad biológica que tenemos todos los seres humanos, sin excepción.  Peor aún, cuando esa misma forma de satisfacción violenta de ese impulso deja huellas difíciles de borrar en la persona que es objeto de la agresión.  Huellas que acompañarán a la víctima por el resto de su vida.

Habiendo hecho constar esto, a mí—como a prácticamente todo el mundo (tal vez con una que otra excepción)—me parecen chocantes las expresiones vertidas por el congresista Todd Akin (Republicano por el estado de Missouri), sobre lo que el llamaría una violación “legítima” (o “auténtica” o “justificada”, según quien traduzca la nota periodística sobre ese tema) y los supuestos efectos de la misma en el cuerpo de la mujer que la sufre.  Para quienes tengan una atención que dure tanto como la de un pececillo dorado en una pecera, cito las expresiones de la discordia (por las cuales el congresista Akin se disculpó ulteriormente), en el contexto de que la convención de su partido se efectúa la semana entrante en (“of all cities“) Tampa, Florida:

“The latest uproar began when Republican Congressman Todd Akin, who is running for a Senate seat from Missouri, set off an explosion with his response to a radio interviewer’s question about abortion rights for rape victims.

“‘It seems to me, first of all, from what I understand from doctors, that’s really rare.  If it’s a legitimate rape, the female body has ways to try to shut that whole thing down,’ said Akin, who, like Ryan, opposes abortion even in cases of rape and incest.”

(“El más reciente escándalo comenzó cuando el congresista republicano Todd Akin, quien aspira a un escaño en el Senado por Missouri, provocó una explosión con su respuesta a la pregunta de un entrevistador de la radio sobre el derecho al aborto para las víctimas de violación.

“‘A mí me parece, en primer lugar, por lo que entiendo de los médicos, que es realmente raro.  Si se trata de una violación legítima, el cuerpo femenino tiene formas para tratar de eliminar todo eso’, dijo Akin, quien, como Ryan, se opone al aborto incluso en casos de violación e incesto.”)

(Fuente: Todd Akin rape remarks highlight divide in GOP over abortion, Christian Science Monitor, 23 de agosto de 2012.  El énfasis completamente intencional es mío.  “Ryan” se refiere aquí al virtual candidato vicepresidencial—al momento de yo escribir esta entrada—, el congresista Paul Ryan, Republicano por el estado de Wisconsin.)

Leo la cita anterior y me pregunto varias cosas.  Por ejemplo, ¿a qué médicos habrá consultado el congresista Akin sobre las consecuencias de una agresión sexual en el cuerpo de la mujer que la sufre?  Me imagino que no habrán sido médicos generalistas o “del campo”, de los que todavía hacen visitas a domicilio—y aunque usted no lo crea, de esos quedan todavía.  Aunque en el peor de los casos—y por razones en las que no creo prudente entrar aquí—yo espero que tampoco hayan sido otorrinolaringólogos.  (Repitan despacio conmigo: o-to-rri-no-la-rin-gó-lo-gos…  OK, si eso no les funciona, llámenlos “ENT” y sanseacabó.)

¿Con qué base los médicos a los que él consultó pueden decir que el riesgo de embarazo en una mujer víctima de agresión sexual (que presumo es lo que se está discutiendo en esa cita) es “realmente raro”?  ¿Será que tienen a la mano estudios clínicos que aseguren de manera objetiva y estadísticamente probable que ese riesgo sea raro?  Si es así—aunque la medicina nunca fue mi área de especialización en biología—, me encantaría ver algún día esa clase de estudio.

Pero más importante aún es esto: ¿con qué base—o como algun@s dirán, con qué cara—el congresista Akin puede afirmar que el cuerpo de la mujer puede repeler esa agresión, puede contraatacar el material genético que en su violento frenesí le está introduciendo el agresor, para impedir que ese material fertilice uno de sus óvulos y desarrolle una nueva vida, la de un ser que no tuvo la culpa de venir al mundo en las circunstancias en las que vino?  Digo, a mí se me ocurre pensar que con un intelecto así de genial, el congresista Akin podría ser un excelente candidato al Premio Nobel de Biología… si no fuera porque como escribí en una ocasión anterior, no existe tal cosa como eso.  Pero bueno, no está de más soñar…

Muchísimo peor aún: ¿a qué se refería el congresista Akin con “a legitimate rape”, “una violación legítima”?  Vuelvo a tomar la pregunta que hice al comienzo de la entrada: ¿cuándo una agresión sexual ha sido o es legítima para este señor?  A lo mejor, a él se le debe haber ocurrido la idea de una confrontación de las que se ven en las películas y teleseries del Viejo Oeste estadounidense, en las que dos hombres se enfrentan entre sí en una presunta igualdad de condiciones, cada uno cuadrado frente al otro, sacando al mismo tiempo sus revólveres para dispararse el uno al otro… y el uno matando al otro “en buena lid”.  En otras palabras, una “pelea justa”, un “fair fight”.

Pero para quienes han vivido esa experiencia, la derrota que significa la agresión, la humillación, el verse despojada de aquello que más se estima… ésa no es una “pelea justa”.

Tal vez le haría un bien al congresista Akin—aunque yo dudo que él tenga la voluntad para hacerlo—leer la carta abierta que le escribe Eve Ensler en respuesta a sus disparates.  Sí, ella misma, la autora de “Los Monólogos de la [CENSURADO]”.  (Y me tendrán que disculpar si lo escribo así, porque sucede que para los Republicanos estadounidenses como el congresista Akin, es una blasfemia que se digan en público palabras como “vagina”…  ¡Huy, se me zafó eso!  I’m sorry!  Ruborizado )

“Como sobreviviente de una violación, repaso una y otra vez en mi cabeza sus recientes declaraciones, aquellas en las que afirma haberse confundido al decir que las mujeres no se embarazan como resultado de una violación legítima y que esas declaraciones fueron pronunciadas ‘sin pensar’.

[…]

“Usted empleó la expresión ‘violación legítima’, implicando así la existencia de ‘violaciones ilegítimas’.  Permítame explicarle el impacto que eso tiene en las mentes, los corazones y las almas de los millones de mujeres en este mundo que han sido víctimas de violación.  El supuesto que subyace a sus dichos es que no es posible tomar en serio a las mujeres ni las experiencias que padecen, que la manera en que entienden la violación ha de ser ponderada por alguna especie de autoridad superior que conoce mejor el tema.  Este supuesto deslegitimiza, minimiza y trivializa el horror, la invasión y la profanación que viven las víctimas, y las hace sentirse tan solas e impotentes como en el momento de ser violadas.

[…]

“Ahora pretende convencernos de que se confundió al decir que nadie se puede embarazar tras una violación ‘legítima’.  ¿De veras cree que el semen eyaculado en una violación es distinto del semen eyaculado en una relación de amor?  ¿Cree que durante la violación ocurre alguna especie de misterio religioso y el esperma se autodestruye gracias a la malignidad de la que es vehículo?  ¿O lo que quería implicar es que las mujeres y sus cuerpos tienen de alguna forma la responsabilidad de rechazar el semen eyaculado en una violación legítima, estigmatizando nuevamente a las víctimas?”

Tomado de: Carta abierta de Eve Ensler a Todd Akin, por Eve Ensler (traducido por Atenea Acevedo), Rebelion.org, 23 de agosto de 2012.  (Versión original: Dear Mr. Akin: I want you to imagine…, por Eve Ensler, Huffington Post, 20 de agosto de 2012.)

Y aunque técnicamente hay cosas en las que personalmente no estoy de acuerdo con Ms. Ensler (como el aborto en general), me parece que ella acierta a describir el desacierto de las expresiones del congresista Akin y las implicaciones de ese desacierto.

Pero francamente, no es mucho lo que se puede esperar hoy en día de muchas de las personas, hombres y mujeres, que se abrazan a la carrera política.  Y esto es cierto en los Estados Unidos, en Puerto Rico, en cualquier parte del mundo.  Personas que por quererse destacar en la cotidianidad pública, por querer que la gente hable de ell@s—en la calle, en los pasillos de la oficina, en la cafetería o en el restaurante, en la sala de espera del consultorio médico, donde sea, para bien o para mal—se sacan de la manga algún disparate y hacen gala de su ignorancia.  (Y si alguien sabe cómo lucirse, es la famosa senadora y otrora “modelo y talento actoral”, Evelyn Lissette Vázquez Nieves, PNP-Mayagüez/Aguadilla)  Puede ser que en algunos casos quieran dejar ver su mala fe cuando las cosas no salen como sus expectativas le decían que iban a salir las cosas.  Como eso de decir, por poner un ejemplo, que la derrota de la propuesta enmienda constitucional para restringir el derecho a la fianza obedeció a que los capos, los “bichotes”, el dueño del “punto”, todos ellos o alguno de ellos, pagaron a los electores para votar contra la propuesta enmienda, como si fuera algo sacado de la vida del capo colombiano Pablo Escobar.

Es más, ahora se me ocurre pensar que tengo otro punto de acuerdo con la carta abierta de Ms. Ensler sobre los señalamientos del congresista Akin:

“Aclaración: lo que hizo no fue despacharse a la ligera una especie de comentario desenfadado, sino una declaración por demás concreta e ignorante que evidencia su falta de conciencia respecto de lo que significa haber sufrido una violación….  Acaso lo que revelan sus palabras sea aún más terrorífico: nos obsequian una ventana a la psique del GOP.”

Tomado de la versión en español de la carta anteriormente citada.  “GOP” es una referencia al Partido Republicano estadounidense, el “Grand Old Party“.

Sí, yo creo que Ms. Ensler tiene razón; es algo que mete miedo, mucho miedo.  Y la idea de que ése sea un atisbo a la mentalidad general de una organización con todo el poder que tiene un partido político—se llame Republicano o Demócrata, PNP o PPD, como sea que se llame—, mete más miedo aún.

Y ese miedo, hay que combatirlo.  ¿Cómo?  Asumiendo una actitud que conlleve valentía y honradez, que conlleve responder honestamente a los retos de la vida, de manera seria, sensata y razonada.  Una actitud que no tenga como su “faro” la ignorancia y el prejuicio.  Y sobre todo, una actitud que busque la paz y el bienestar de tod@s, así como el bienestar propio.

Es más, creo que voy a dedicarle al congresista Todd Akin uno de mis cierres favoritos (con todo y el énfasis—intencional, como siempre):

Si usted no tiene la valentía ni la honradez de responder a los reclamos anteriores… ¡entonces CÁLLESE LA BOCA y deje vivir en paz a estas personas, y búsquese la paz para SU propia vida!  (Ah, y si se siente que con esto le estoy ‘faltando el respeto’… ¡lo siento mucho, pero no venga a exigirme a mí un respeto que usted parece no tener por los demás—y creo que tampoco por usted mismo!)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y legítima, auténtica y justificadamente… ¡yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Las uvas de la discordia… o la discordia de las uvas?

Saludos, mi gente.

Culmina otra Semana Santa que, a pesar de los pesares, pasó de manera relativamente tranquila en Puerto Rico.  Una tranquilidad relativa, sólo quebrada por el revuelo causado por las declaraciones emitidas el lunes pasado por el cantante Ricky Martin en torno a su orientación sexual.  Una “noticia” que aunque a muchos no nos sorprendió (y ustedes saben muy bien por qué lo expreso así, no se me hagan los inocentes), ha corrido por el mundo como las “infames” fotos de los médicos puertorriqueños en Haití (a los que la Junta de Licenciamiento y Disciplina les tiró la toalla un día antes de lo de Ricky, pero allá Juana con sus pollos…)  Y que ha servido de base para el destaque noticioso que muchos de nuestros políticos envidian—y del que siempre parece que están hambrientos como los lobos.

Francamente, yo no sé ni qué llevó a Ricky a “salirse del clóset”, ni creo que eso importe ya.  Pero si como él alega, esto lo hace sentirse libre… pues que sea libre y feliz, eso ya es asunto suyo y de nadie más.  Pero no es a esto a lo que voy—ya del tema se ha dicho suficiente.

Lo que quiero compartir con ustedes hoy es a algo que vi ayer mientras revisaba el boletín del sitio web Salon.com (y que creí pertinente añadir a Lo que me llama la atención).  Se trata de un artículo cuya autora, Jeanette DeMain, relata su experiencia en la búsqueda de comentarios sobre libros en Amazon.com, especialmente sobre las obras maestras de la literatura clásica y contemporánea.  La experiencia de DeMain es mixta: De un lado hay muchos comentarios acertados y excelentes; del otro lado,

"… están las reseñas que me atraen de forma algo masoquista, de ésas que le dan una puntuación de ‘una estrella’ a una obra que me ha conmovido de una manera que no puedo expresar o que ha influido en mí indeleblemente."

Seguidamente, DeMain cita varias de esas reseñas de “una estrella”, algunas de las cuales traduzco a continuación:

Sobre The Grapes of Wrath (Las uvas de la discordia) (John Steinbeck, 1939):

"Aunque he leído muchos libros malos, ninguno se puede comparar con esta obra trillada y maquinada.  Cada línea, cada palabra es deliberada y pretenciosa…  La gente ha llamado propaganda a este libro, pero eso ni siquiera es el comienzo.  En ningún otro lugar usted encontrará un diálogo tan empalagoso, ni un mensaje tan laborioso y falsamente profundo.  Pero recomiendo que todos lean este libro, sólo para gustar del tan absoluto mondongo que millones de personas son capaces de tragarse."

(¿Alguien podría dirigir al morón o morona que escribió eso a la página de Wikipedia sobre este libro, que de entrada menciona que tiene a su haber el Premio Pulitzer de 1940 y el Premio Nobel de Literatura de 1962—cosas que de seguro le serán ajenas—, y cuya versión cinematográfica de 1940 le valió a John Ford el Oscar/Academy Award al mejor director en 1941?)*

¿Qué tal Jane Eyre, (Charlotte Brontë, 1847)?

"Descripción interminable y sin sentido.  ¡¡¡DESCRIPCIÓN, DESCRIPCIÓN, DESCRIPCIÓN!!!  Todo el libro está escrito en metáforas estúpidas.  Los pocos sitios donde de veras hay algún diálogo aburren al lector hasta las lágrimas.  Honestamente, pienso que esto está marcado como un clásico porque es más viejo que la arena.  ¡Caray, yo creo que si yo garabateo algunas palabras en un pedazo de papel, será un clásico en 160 años!  Será lectura requerida en el tercer año de escuela superior, como este ‘cuento’ idiota.  Con su permiso, me voy a empezar mi obra maestra.  Estoy seguro que será mejor que esto."

(Y a esta persona, ¿tanto le molesta la prosa descriptiva?  De nuevo, que alguien dirija a este engendro a la página sobre Jane Eyre en el mataburros cibernético de récord.)

Ni siquiera se salvan del ataque inmisericorde los clásicos para niños, como Charlotte’s Web (E.B. White, 1952):

"Un libro absolutamente sin razón para leerse.  Yo no sentí nada hacia los personajes.  A mí en realidad no me importó que Wilbur [el cerdo] ganara el primer premio [en la feria agrícola].  ¿Y cómo rayos un cerdo y una araña se pueden hacer amigos?  No alcanzo a entenderlo.  La parte de atrás de una caja de cereal es más excitante que este libro.  Fui forzado a leerlo por lo menos cinco veces y lo encontré agotador.  Hasta cuando niño yo encontré que la trama era traída por los pelos.  Debido a este libro horrendo es que como salchichas cada mañana y le digo a mi papá que mate cada araña que veo.  Es un relato traumático que induce al coma y que ha cambiado mi vida para siempre.  En conclusión siento que nadie debería pasar por esa tortura y que este libro debe ser vetado de toda escuela, biblioteca y librería de la Vía Láctea."

Cualquiera diría que esta persona nunca tuvo infancia, o si la tuvo, nunca la disfrutó.  Como tal vez esta otra persona, a quien le dio con criticar así el libro, Where the Wild Things Are (Maurice Sendak, 1963):

"Con todas las reseñas—compré este libro para mi hijo.  Aunque aunque alguna de la gráfica del libro es muy buena, creo que el mensaje es totalmente equivocado.  Él [Max, el niño protagonista del relato] le contesta a su madre y creo que el mensaje para los niños es totalmente equivocado.  Ahorre su dinero—hay muchísimos otros libros que envían un mensaje positivo."

¡Quién sabe y a lo mejor esta misma persona habrá boicoteado la versión semianimada para el cine que se hizo el año pasado (dir. Spike Jonze, 2009)!  Y qué interesante que su preocupación sea el “mal ejemplo” de Max al retar la autoridad de su mamá (aun por más justificada que sea esa preocupación, valga aclararlo) y la necesidad de sustituir ese tipo de mensaje con mensajes “positivos”… ¡aunque habría que ver qué significa eso para esta persona!

Por último, y para no abrumarlos tanto como a mí (y nada más de hacer todas estas traducciones, ya me siento drenado emocionalmente… de veras), veamos esta lumbrera de reseña sobre Nineteen Eighty-four (George Orwell [seudónimo de Eric Arthur Blair], 1949):

"Al principio sí me gustó el libro.  Entonces, comenzó a ponerse porquería para cuando Winston [Smith, el personaje principal] estaba envolviéndose sexualmente con su amiguita.  Odié tanto el libro que hasta se me olvidó el nombre de ella.  Las primeras cien páginas más o menos me gustaron, entonces se puso realmente aburrido.  Así que yo recomiendo muchísimo que NO LEAN ESTE LIBRO.  Y por favor, por amor a Dios no lean ese libro de ‘Un Nuevo Mundo Feliz’ por Hoxley.  Es el doble de peor que 1984.  Francamente, NO LEAN NADA DE GEORGE ORWELL.  Están perdiendo su tiempo."

Francamente, parece que esta persona perdió su tiempo en la escuela, a juzgar por los errores y horrores en su comentario (incluido el error en el nombre del autor de Brave New World, Aldous Huxley) y por su falta de un argumento sólido y contundente.  Y entonces, ¿esta persona va a boicotear un libro como 1984 porque lo encontró aburrido?

Y parece que esta persona no es la única, ya que más adelante, DeMain cita una reseña sobre el libro, The Diary of a Young Girl (Annelies Marie “Anne” Frank, 1947), que se reduce a lo siguiente:

"No me gustó este libro porque era muy aburrido.  Eso es todo lo que hay que decir.  Era muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy aburrido.  Si usted tiene que leer este libro, péguese un tiro antes."

A esta persona yo le diría, “¡Después de usted!”

DeMain pasa entonces a cuestionarse qué clase de persona escribe este tipo de “análisis” (que yo no dignificaría mediante el uso de esa palabra, pero ya para qué):

"En realidad tengo que preguntarme quiénes son estos tipos.  ¿Serán estudiantes disgustados?  ¿’Trolls’?  ¿Descontentos que no tienen nada que hacer?  ¿Creen ellos que están luchando contra molinos de viento y nadando valientemente contra la marea del conformismo al advertirle a otros que no lean libros universalmente reconocidos como clásicos?  (En cuyo caso yo les podría recomendar que leyeran el ‘Don Quijote’ de Cervantes, pero entonces me daría miedo ver las reseñas.)"

Sea como sea, el caso es que tras leer este artículo de Jeanette DeMain me quedé bastante sorprendido con la profundidad de la ignorancia que demuestran algunas personas.  Parecería como si ellos hubieran pasado por la escuela, pero la escuela nunca pasó por ellos.  ¿Será que “el sistema” educativo les falló?  Yo no lo creo, aunque últimamente la calidad de la enseñanza en los planteles escolares estadounidenses parece estar en descenso.  Tal vez estas personas fallaron al no aprovechar las oportunidades que se les dieron—dentro de las limitaciones propias del sistema—para expandir sus horizontes, y se convirtieron en máquinas, en seres sin sensibilidad para con el mundo que los rodea (como el “come salchichas” al que le importa poco si el cerdo Wilbur gana el premio de la feria o al final lo hacen tocineta—o panceta, como la llaman en otros países hispanos).  Seres a los que tal vez les da miedo (¿pánico?) la libertad de pensamiento… o que tal vez no reconocen su responsabilidad, con otros y consigo mismos.

(Me pregunto si alguno de ellos está infiltrado en nuestro gobierno o en nuestra legislatura…  ¡Eso sí que da mucho miedo!)

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya esta entrada se puso muy larga y no quiero que me digan que estuvo muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy aburrida!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

(* Academy Award(s)® © The Academy of Motion Picture Arts and Sciences.  All Rights Reserved.)

LDB

Fue un momento de locura

¡Saludos, mi gente!

Para cuando estén leyendo esto, los ríos de tinta (y también de unos y ceros—después de todo, ésta es la era digital, ¿no?) habrán corrido en lo que se refiere al escándalo surgido desde que el jueves pasado se divulgó la existencia de una serie de 1179 fotos de médicos boricuas que fueron en misión humanitaria a socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití y dieron la impresión de no conducirse como profesionales.  Fotos que a muchos nos hicieron recordar las que varios de los soldados estadounidenses se hicieron tomar en la nefasta cárcel de Abu Grahib , con el fin de mostrar “quién es el que manda” en Irak.  (Y en ese caso, sigo pensando que por mayor que sea nuestra ira contra los confinados de esa cárcel—y hasta los que están todavía en la base de Bahía Guantánamo en Cuba—por ayudar a poner al mundo en el estado de inseguridad que se vive hoy en día, nada… NADA nos da el derecho a humillar a ningún ser humano.  Nos guste o no, así no es que se supone que sean las reglas de juego, sobre todo en el tenso ambiente de nuestros días.)

(Por supuesto, la mención de Abu Grahib me trae a la mente el libro del Dr. Phil Zimbardo que llevo leyendo desde que escribí Cuando la hormiga se quiere perder—y que todavía no encuentro el tiempo para seguirlo leyendo, pero no se apuren, ya aparecerá ese tiempo…)

Fotos que uno de los miembros del equipo médico enviado por el Senado de Puerto Rico tras el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití colocó en su página en Facebook, sin pensar ni medir en el momento las consecuencias que hoy en día le están trayendo.  (Consecuencias que al día en el que escribo, él apenas está empezando a ponderar… ¡pero ya es muy tarde para eso!)

Fotos que salen a la luz al pública al ser encontradas por la periodista de MegaTV, Dianne Cabán Arce, aunque haya quien pueda poner en tela de juicio los motivos para su divulgación.  ¿Será porque la periodista en cuestión tuvo el “atrevimiento” de modelar en bikini para el desaparecido programa de TV, “No te Duermas” (aunque habría que ver el efecto que ello ha tenido en su credibilidad como periodista desde entonces)?  ¿Será porque ella aparentemente estuvo envuelta románticamente con uno de los médicos que estuvo en la delegación y que sale en las fotos?  ¿Será éste otro ejemplo de la furia de la mujer despechada?*

(Y para colmo de males, parece que ella “pisó algunos callos” con la divulgación de las fotos, en tanto algunos de los implicados han estado haciendo amenazas en su contra, las cuales se ha pedido que se investiguen lo antes posible.  Pero así es la vida…)

Fotos que pintan un cuadro de insensibilidad ante el dolor ajeno, que pintan a unos médicos que parece que no tomaron en serio la labor humanitaria a la que fueron, que aparecen retratados en la vestimenta propia de su oficio mientras sostienen en sus manos vasos de bebidas alcohólicas, que se sonríen mientras sujetan una extremidad de un paciente en una mano y en la otra una segueta—con la que se presume que habrán de amputar la extremidad afectada—, que se lucen sujetando rifles, fusiles, carabinas, como para “demostrar” quién es el matón del corillo—y peor aún, con la presunta complacencia y complicidad de soldados a los que no parece importarle su deber con la misma institución que les brinda ese mismo uniforme.  (Y aunque yo tampoco estoy muy de acuerdo que digamos con la existencia de la guerra en este mundo nuestro, aun la institución que la promueve merece que quienes la integran le tengan la debida deferencia… pero ésa es sólo mi opinión.)

(Por no hablar de aquellas fotos en las que se retrata a los pacientes en situaciones poco dignas, como la paciente a la que sólo han dejado en la blusa con la que fue llevada a atender, más una gasa para cubrir sus partes íntimas… ¡y que a nadie se le ocurra hacer algo así en Puerto Rico o Estados Unidos con estas leyes de privacidad que existen actualmente!)

Por supuesto, si a mí me dicen que estas fotos responden a que los médicos en cuestión estaban buscando descargar las tensiones propias de tener que lidiar con la miseria, el sufrimiento y el dolor de los haitianos afectados por un fenómeno natural que casi los deja sin país—algo que por su parte debe alertarnos a nosotros y a los dominicanos para que no nos ocurra lo mismo—, tal vez yo lo podría entender.  Lo malo es que esas fotos han dejado un mal sabor, una mala impresión que ha dado la vuelta al mundo (y si aún no lo creen, hagan una búsqueda en Google con los términos, “Médicos+Puerto+Rico+Haiti”, a ver lo que resulta), que pone a estos médicos a la altura de los soldados burlones de Abu Grahib, en tanto crea la impresión de que estos médicos fueron a hacerles un favor a los haitianos, sin un compromiso real de mitigar su sufrimiento, sin el más mínimo asomo de compasión por las víctimas de esta catástrofe de la naturaleza.

A menos que me vengan a decir algo así como, “Oops!  Lo siento mucho, todo fue un momento de locura…”

Definitivamente, jamás yo me iba a imaginar que la falta de un buen sentido de responsabilidad—individual y colectiva—trajera las consecuencias que nos ha traído esta desagradable situación.  Pero ahí están esas consecuencias, y yo espero que esto nos sirva como un momento de aprendizaje, tanto a quienes lucen la insignia de la irresponsabilidad, como a nosotros, los espectadores de este bochornoso espectáculo.

Y ya, eso era.  Vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


* Por si se me olvida decirles a qué me refiero…

“Heaven has no rage like love to hatred turned
Nor hell a fury like a woman scorned.”

"The Mourning Bride" (1697), por William Congreve (poeta y dramaturgo inglés, 1670–1729).  (FUENTE:  The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition.  Edited by E.D. Hirsch, Jr., Joseph F. Kett, and James Trefil.  © 2002 Houghton Mifflin Company.  Published by Houghton Mifflin Company.  All rights reserved.)

O sea: “No hay ira en el cielo como la del amor que se volvió odio, ni furia en el infierno como la de una mujer despechada.”


LDB