Yo no me quito, yo me quedo

English: Silhouette of an airplane to the left
English: Silhouette of an airplane to the left (Photo credit: Wikipedia)

Durante mucho tiempo he visto cómo la gente reacciona a una crisis como la que venimos viviendo por las últimas 4 décadas—puede ser que por más tiempo—en Puerto Rico.  Crisis que nace de la ineptitud y la complacencia con la que se ha manejado la vida pública en este país.  Servicios públicos deficientes, una infraestructura que clama a gritos porque se le dé la debida atención, un cuadro de salud mental que mete mucho miedo, una descomposición social que fomenta la violencia contra todo y contra tod@s, y una clase política que se cree que le vamos a estar riendo las gracias eternamente, mientras una prensa mayormente sensacionalista prefiere no cuestionar—¿no será que de un tiempo a esta parte no se atreve a cuestionar?—y más bien adormece a l@s espectadores(as) con el último chisme del conocido cantante sexualmente enfermito o la conocida modelo-empresaria-icono.

(Como decía la conocida muñeca chismosa de ingrata recordación… “¿he mencionado nombres yoooooooooo?”)

¿Y de qué manera se ha preferido reaccionar a todo este cuadro pésimo?  Muchas personas han dicho que ya no aguantan más y están dispuestas a irse.  A buscar otros horizontes, principalmente en los Estados Unidos.  Donde hay mayores y mejores oportunidades y las condiciones de vida son mejores.

Pero déjenme aclarar algo antes de seguir: No es mi intención juzgar negativamente a quienes piensan de esa manera—tal vez porque si lo hago y me equivoco, tendría que tragarme mis propias palabras.  Total, tod@s tenemos en nuestra propia familia a alguien que se ha sentido derrotado porque sus esfuerzos le han sido “recompensados” con desprecio, desdén, puertas cerradas a sus aspiraciones, etc.  En mi familia ha sido así por bastante tiempo.  Parientes que han tenido que emigrar de los campos a la gran urbe en el norte, a trabajar cosechando las bendiciones de la madre tierra o haciendo puntadas a máquina con hilo y aguja.  O que han emigrado porque las oportunidades de desarrollo profesional no han llegado como lo deseaban, y han tenido que empacar sus sueños y esperanzas en la misma maleta que sus ropas—y por razones que no vienen al caso, sólo voy a decir que ese último caso me toca bastante de cerca.

Así que entonces, ¿qué es lo que queda ante todo este desastre?  O más bien, ¿quienes son los que se quedan—o más bien, nos quedamos?  Nos quedamos quienes tratamos de aguantar como podemos el embate de la ola de mediocridad que nos permea.  Nos quedamos las víctimas propiciatorias de los sacrificios de sus líderes, de aquell@s en quienes—más mal que bien—depositamos la confianza.

Nos quedamos aquí l@s que podemos elegir entre seguir siendo víctimas… o salirnos de ese papel.

Pero entonces, ¿cómo salir de ese papel?  ¿Qué tal si nos quedamos aquí y luchamos por recuperar lo que nos corresponde, particularmente nuestra dignidad, que tanto ha sido pisoteada?

Como lo indiqué arriba, no deseo juzgar a quien se vea en la disyuntiva de irse vs. quedarse.  Sé que no es nada fácil para quien se vea en esa situación.  Ni para mí fue fácil cuando en aras del tan ansiado progreso profesional que había visto en otr@s, quise irme a estudiar un doctorado en ecología en State College, Pennsylvania, allá para agosto de 1990 (¡experiencia de la que sólo duré 11 días!).  Adaptarme a una realidad diferente fue para mí un golpe muy fuerte, además de que las circunstancias que me hubieran ayudado a aguantar ese cantazo no se dieron como yo esperaba.  Y lo peor de ello fue que yo estaba solo.  Solo.  Sin el apoyo de nadie que entendiera la situación por la que pasaba y me hubiera ayudado a hacer más tolerable esa transición en mi vida.  (Aunque valga aclarar que algunos de mis potenciales compañeros de universidad, angloparlantes, hicieron lo que pudieron por ayudar, aunque eso no fuese suficiente.  Pero no me quejo y les agradeceré eternamente por lo que les estuvo a su alcance hacer.)

Así que podrán imaginarse mi alivio al regresar a mi terruño a finales de ese mes, cuando me dije que había regresado a donde tenía que estar, y que cumplir mi misión en la vida no me requería ir más allá de mi grado de maestría en ciencias en biología, que con eso ya estaba más que preparado para lo que me tocaba hacer.  (Por supuesto, también fue un alivio que la carta de renuncia que yo había presentado a mi puesto, la cual entraba en efecto por esos mismos días, fuera dejada sin efecto—pero eso ya es otra historia.)  Y esa misión es simple y sencillamente la de ayudar a poner de pie a mi país, no de rodillas como lo tienen quienes creen que lo pueden tener así por siempre.

Pero volviendo al tema, ¿qué podemos hacer para cumplir con esa misión?  Para empezar, debemos unirnos todos, los que nos quedamos, más allá de las mezquindades que nos inculcan los políticos y algunas figuras públicas cada día.  Debemos generar nuevas ideas, debemos mirar más allá de nuestras narices, más allá de los confines que nos limitan.  A lo mejor en el este del Caribe, o en América del Sur, o en Europa, o África, o quién sabe dónde más, hacen cosas que tal vez nos podrían dar ideas que podamos implantar aquí—y quién sabe si hasta las podamos mejorar en el proceso.  Debemos ser más conscientes de las decisiones que tomamos, y de en quienes confiamos para que dirijan nuestros destinos.  Sobre todo, debemos cuestionar lo que tenemos en estos momentos,  Debemos poner siempre en duda todo lo que nos dicen quienes dicen estar haciendo las cosas “por nuestro bien”, por un lado, mientras que por otro lado buscan su propio bien—y eso último, lo sabemos, y tal vez ell@s saben (aunque no lo quieran admitir) que lo sabemos.  Debemos exigir que cada quien se haga responsable de sus acciones, que no se escondan cobardemente detrás de argumentos manoseados para no hacer las cosas que hay que hacer.  O para hacer cosas que enajenen a quienes no encajan con su estrecha visión particular de cómo deben ser las cosas.

La verdad es que quienes nos quedamos tenemos una tarea enorme por delante.  Una tarea que requiere esfuerzo y sacrificio.  Una tarea para la que tenemos una responsabilidad, con nosotr@s mism@s y con nuestra sociedad, por lo que hay que estar presente para cumplir con la misma.

De mi parte, yo pienso seguir cumpliendo con mi responsabilidad y con mi deber.  Y por ello es que afirmo que…

Yo no me quito.  Eso no está en mi plan de vida.  YO ME QUEDO.

Y ya que yo no me voy a quitar… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

La niña y los que odian la luz

Title page to Locke's Some Thoughts Concerning...
Title page to Locke’s Some Thoughts Concerning Education (Photo credit: Wikipedia)

Sinceramente, yo me resisto a creer que haya en este mundo quien no quiera lo mejor para sus semejantes.  Yo prefiero creer que todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos el firme deseo de mejorar las condiciones en las que llevamos nuestra vida.  Y que tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros herman@s a llegar más allá de donde están, a superar las barreras que el odio, la intolerancia y el fanatismo nos ponen delante, a lograr el mejor mundo posible.

Yo me imagino que eso era lo que Malala Yousafzai (vía Wikipedia: en español, en inglés), a sus 14 años, tenía en su joven mente cuando se atrevió a levantarse sobre sus propios pies, cuando empezó a abogar—a través de un blog que ella escribía para el portal de la empresa pública británica, BBC—por la educación suya y de otras niñas en Pakistán.  Porque ella estaba está convencida de que otro mundo es posible.  Un mundo en el que todas las personas tienen las mismas posibilidades para realizarse, para ayudar a su gente a ponerse en pie y enfrentar los rigores de la vida diaria, con optimismo, con seguridad, con la confianza puesta en un futuro de plena esperanza.

¿A quién puede hacerle daño algo como eso?  ¿Cuál sería ese daño?  ¿Merece esa buena voluntad ser reprimida como si se aplastara un insecto dañino o la flor de la mala yerba (que por lo demás, no tiene la culpa de su hermosura) con una bota?

Yo me imagino que eso era lo que tenían en mente sus agresores, aquéllos a los que llamaré en adelante, “los que odian la luz”.

20Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo.”  (El Evangelio según San Juan, Capítulo 3, Versión Dios Habla Hoy de 1983.)

13Hay algunos que odian la luz, y en todos sus caminos se apartan de ella.  14El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrón.  15El adúltero espera a que oscurezca, y se tapa bien la cara, pensando: ‘Así nadie me ve’.  16El ladrón se mete de noche en las casas.  Todos ellos se encierran de día; son enemigos de la luz.  17La luz del día es para ellos densa oscuridad; prefieren los horrores de la noche.”  Job, Capítulo 24, Versión Dios Habla Hoy de 1983).

Tal vez eso que acabo de citar era lo que tenían en mente: no dejar que sus propios herman@s se acercaran a la luz, y sumirl@s en la más densa oscuridad.  Una oscuridad que no les permita discernir el camino correcto y racional para sus vidas, y que los obligue a seguir los dictados de una interpretación torcida de lo que por lo demás es una creencia religiosa de bondad y de amor al prójimo.  (Porque gústele a quien le guste, ésa es la verdad.)  Y aunque fuese a plena luz del día, sumidos en esa densa oscuridad del alma se dispusieron a tratar de matar a quien sólo buscaba llevar la luz a los demás.

Y tal vez con eso, sus aspirantes a asesinos creyeron que estaban ganando la batalla ideológica por los corazones y las mentes de los paquistaníes.  Y creyeron que con ello, mataban a la mensajera—porque ella era la que representaba la mala noticia para ellos.

Pero los agresores no contaban con el repudio generalizado de sus conciudadanos, ni el de la comunidad internacional en general.  Tal vez esa era una consecuencia que no deseaban.

Aún así, no deja de ponerme a pensar si no se habrá regado por el mundo la mala semilla del odio a la luz, de querer matar al mensajero, creyendo que con ello mata el mensaje, y en su lugar crear un caldo de cultivo para la ignorancia, para la necedad.  Y ciertamente uno ve eso en todas partes, aun viniendo de quienes alegan estar inspirados por los más nobles ideales.  Gente que cree que al lucir su ignorancia públicamente, le hace un servicio honroso a su propia gente.  Desde quien da a entender que el daño que se le haga a otras personas se deba a que “así lo quiso (o lo quiere) Dios” (que en mucho no se parece al Ser Supremo en el que yo creo, o por lo menos, como a mí se me enseñó en mi etapa formativa) hasta quien pretende inculcar una cultura retrógrada que eche por tierra todos los avances por los que la humanidad ha luchado tanto, todo el caudal de conocimiento que nos ayuda a explicar quiénes somos y por qué estamos donde estamos. toda la esperanza que nos sirve para enfrentar el futuro.  Y no me gustaría pensar en las consecuencias en caso de que eso sucediera.

Por lo menos, hay una esperanza.  Porque para quienes creían que habían podido matar, tanto al mensaje como a la mensajera, la decepción debe serles bastante profunda.  Al momento en que escribo esto, ni el mensaje ni la mensajera están muertos—o por lo menos, así parece que va a ser, según los más recientes despachos que afirman que Malala se está recuperando fuera de su país, y que proyectan una prognosis optimista de recuperación.

Mala noticia para los que odian la luz.  Mala noticia para quienes creen que sumiendo a todo un pueblo en la densa oscuridad de sus almas podrán prevalecer.  Mala noticia para quienes creen que matando el mensajero, logran desaparecer el mensaje para siempre.

Porque… ¿qué tal si Malala Yousafzai es tan sólo la primera?  ¿Qué tal si hay otras Malalas?  ¿Qué tal si son más los que aman la luz que los que la odian?

Yo prefiero creer que esta última es la realidad.  Que hay más gente que ama la luz.  Y a la gente que ama la luz, no la detiene el odio, ni nada.  Absolutamente nada, ni nadie.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

(P.S. Querrán leer también esta entrada escrita para el periódico El Mundo de Madrid, España, en la que también se comenta el caso de Malala Yousafzai.  O este artículo de fondo que le dedica nuestro excelente autor humacaeño, Luis Rafael Sánchez, en El Nuevo Día.)

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

¿Y el hueso? ¡Pa’ los demás!

A photo of a marinated steak
Image via Wikipedia

Déjenme ver si entendí bien las expresiones que voy a citar a continuación, hechas por el Secretario de Educación de Puerto Rico, Jesús Rivera Sánchez al comienzo del nuevo año escolar 2011–2012:

“Cuando hoy se le preguntó al funcionario sobre la educación privada que reciben sus hijos, Rivera Sánchez contestó en entrevista con el periodista Julio Rivera Saniel en Radio Isla que ‘por el momento se quedan en la escuela privada donde están por varias razones.  Número uno, yo quiero la mejor educación para mis hijos.  Esa es la mejor herencia que yo les puedo dejar a ellos’.

“‘¿La mejor educación no está en el sistema público?’, le inquirió el periodista.

“‘Yo soy producto del sistema público de enseñanza y estoy sumamente satisfecho y contento con la mayoría de los maestros del sistema.  Y como iba diciendo, mis niños se quedan donde están.  Quiero lo mejor para ellos, y por eso estoy trabajando arduamente para que lo mismo que le estoy dando a mis hijos en la escuela privada, nosotros se lo podamos dar también en el sistema público’, respondió.”

(‘Secretario de Educación reconoce que escuelas públicas no son las mejores’, El Nuevo Día, San Juan, P.R., 8 de abril de 2011)

Todo aquél (o toda aquélla) que tiene hijos tiene que preocuparse por darle lo mejor a sus hijos—eso es algo que no se puede negar bajo ningún concepto.  Sin embargo, ¿qué puede leerse de la cita anterior, cuando la persona que administra un sistema público de enseñanza admite que lo mejor para sus hijos es la escuela privada?  ¿Será que el funcionario—aunque lo niegue públicamente una y mil veces—no confía lo suficiente en el sistema que administra para exponer a sus propios hijos a un ambiente distinto de aquél al que están acostumbrados?  (¿No será más bien, “mal acostumbrados”?)

Puede ser que el funcionario no quiera exponer a sus niños al “trauma” de acudir a una escuela en la que los salones no reciben el debido mantenimiento, o las paredes de los mismos no están bien pintadas, o los patios no están bien desyerbados, o los servicios sanitarios están en pésimas condiciones… o tal vez será que él no quiere que sus hijos—con el permiso de “Doña Florinda”—se junten con “esa chusma”.

Yo no sé, pero para mí que esas expresiones del Secretario de Educación, como que no fueron bien pensadas, como que son más bien un reflejo de una cultura en la cual se distingue entre “los míos” y “los demás”.  Para los míos, lo mejor de la vida.  Para los demás, cualquier otra cosa.  Para los míos, el lujo y la ostentación.  Para lo demás, lo barato, aunque se rompa de tan sólo mirarlo.  Para mí y los míos, lo mejor del asado, la carne más rica y jugosa.  Pero, ¿y qué hay del hueso?  ¡Eso es pa’ los demás!  Para mí y los míos, el poder y la gloria.  Para los demás, la miseria y el desespero.

Aunque valga decir que por lo menos a este funcionario no se le ocurrió “salir de atrás pa’lante” como hizo hace unas semanas el actual gobernador republicano de New Jersey, Chris Christie:

“El confrontativo gobernador de Nueva Jersey, quien apareció en un reciente programa de entrevistas telefónicas para una televisora pública local, en efecto mandó a callar a una señora que le preguntó por qué él envía a sus niños a una escuela privada.

“‘¿Sabe qué?  Para empezar, eso a usted no le importa’, soltó Christie, luego de que se le pidiera justificar cómo él puede imponer recortes al sistema escolar público, al tiempo que mantenía a sus hijos fuera del mismo.

“‘Segundo’, continuó, ‘yo pago 38 mil dólares al año en impuestos a la propiedad para un sistema escolar público… que mi esposa y yo hemos elegido no utilizar, porque creemos, que hemos decidido como padres que creemos que una educación religiosa debe ser parte de la educación diaria de nuestros hijos.  Así que enviamos a nuestros hijos a la escuela parroquial.’”

(Traducido por mí de: Christie to Caller: ‘None of Your Business’ Where My Kids Go to School, FoxNews.com, 21 de junio de 2011.  Y me van a tener que disculpar si cito del medio “justo” y “balanceado”, pero no se me ocurrió una fuente mejor que ésta. Confundido )

(Me pregunto qué clase de educación religiosa habrá tenido este individuo para dispararse una maroma como ésa.  Para mí que él se comportó en este incidente con toda la suavidad y sutileza… ¡de una hoja de papel de lija!  Y si eso es así, yo no quiero saber cómo saldrán los hijos…)

Definitivamente, otro ejemplo de la actitud de “distancia y categoría” que distingue a algunas personas cuando se hacen de su parcela de poder.  O sea, tú te las arreglas como puedas con lo poco que tengas, pero con lo mío, tú no te metes.

Me pregunto si esa energía que personas como éstas gastan en defender sus privilegios mientras los demás arrean con los bueyes que tienen, no sería mejor dedicarla a lograr que los sistemas públicos de enseñanza se mejoren a un nivel que puedan competir favorablemente con los sistemas de educación privada.  Digo yo, que tengan la misma calidad educativa, unas mejores facilidades físicas, unos mejores servicios a los estudiantes… una escuela pública con la calidad de una escuela privada.  (Bueno, una escuela pública que sea como la escuela privada, pero sin la coprofagia.  Y por si les chocó esta palabra dominguera, “coprofagia” significa lo que muchos de ustedes están pensando—¡no se hagan los inocentes!—que caracteriza el ambiente en las escuelas privadas, ¿OK?)  Como dicen, ¡soñar no cuesta nada!

Pero mientras tanto, seguirá habiendo personas que se vanaglorien de estar cenando lo más jugoso del asado, mientras que nos dejan los huesos al resto de nosotros.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Hacia Donde Vamos Desde Aqui?

Hola, mi gente.

Espero que hayan pasado una Semana Santa como se los pedí, reflexionando y “recogiéndose a buen vivir”. Sí, porque no es cuestión de sacar una semana para reflexionar sobre el rumbo de nuestras vidas y sobre el bien (o ausencia del mismo) que hacemos a los demás, sólo para echar ese ejercicio por la borda las otras 51 semanas del año. Debe ser una cuestión de adentrarnos en el mensaje que nos da la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo y asimilarlo, tomar parte en su sufrimiento y hacerlo nuestro, y buscar con ello ser mejores personas que ayuden al bienestar del propio género humano.

Pero tal vez estoy pidiendo demasiado cuando sugiero que todos nos preguntemos, como en el título de hoy, “¿Hacia dónde vamos desde aquí?”

EEEEEEEEEEnigüei,

LO PROMETIDO ES DEUDA. LA SECCIÓN DE HUMOR DE MI SITIO WEB ESTÁ DE REGRESO (COMO DICE LA FRASE EN INGLÉS, WE’RE BACK WITH A VENGEANCE), Y ESTO ES LO QUE HAY DE NUEVO EN LA PÁGINA DE MARZO: Ahora usted aprenderá a hablar en portugués, alemán, africano (?), japonés, italiano, árabe y francés porque sí… Una joven llega hasta el confesionario… Un individuo empeña hasta lo que no tiene para reclamar su herencia… Cuál es el verdadero efecto de “hacer un poco cada día”… Una anciana de 86 años siente revivir la pasión dormida… Los 18 pegadizos (en buen español, bumper stickers) que deberíamos ver por ahí… Y… Las 10 señales de que al conejito de pascua hay que vigilarlo de cerca.

Sitio ‘Web’ de LUIS DANIEL BELTRÁN – Humor

Por cierto, si notan algo extraño en la columna de la derecha en esta página, es que acabo de actualizar mi foto para el profile. De hecho, ésta es una versión de una foto que me tomé ayer (sábado 26 de marzo) en la mañana, a la que le puse un marco dorado alrededor. Otra versión de la foto (la cual estoy usando para un anuncio personal… las lectoras que estén interesadas, favor hacer click en el enlace para comentarios y me piden los detalles) está enmarcada en lo que parece un frame de película fotográfica (de veras se ve bien chévere).

OK, ahora sí los dejo. Seguimos en la eterna batalla, como que somos los héroes de todos los días. Cuídense mucho y pórtense bien, no únicamente en la Semana Santa, sino siempre. Bye!

LDB