La conspiración del absurdo

Mother Jones, American labor activist.
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Y ya que en la entrada anterior mencioné de pasada el movimiento estadounidense de ideología altamente conservadora, conocido como el “Tea Party”, creí que sería una buena idea compartir con ustedes, amigas y amigos, algo que encontré esta semana en la Internet.  (¡Que va!  Lo hubiera compartido comoquiera, de no haberle dado paso antes al asunto de Calle 13 y el alcalde de San Juan, pero así son las cosas.)  Se trata de un artículo de la revista Mother Jones (la revista se llama así en honor a la activista laboral irlandesa-estadounidense, Mary Harris Jones, 1837–1930), que expone el aparente efecto que dicho movimiento de la derecha reaccionaria ha estado teniendo en varias comunidades estadounidenses, luego de haber logrado algunas victorias (con excepciones como la de Christine “yo no soy una bruja” O’Donnell, mencionada en mi entrada anterior) en las elecciones congresionales intermedias del 2 de noviembre de 2010.

Según el artículo de Mother Jones, luego de enfrentarse al “establishment” político en el Congreso estadounidense, los simpatizantes del “Tea Party” están enfilando sus cañones hacia otro blanco más insidioso (según ellos): hacia las comisiones locales de planificación y zonificación,* que al decir de dichos simpatizantes, están llevando a cabo una conspiración global para “pisotear” las libertades civiles estadounidenses y forzar a los ciudadanos a mudarse hacia un concepto Orwelliano denominado, “zonas de habitación humana”.

¡EXACTAMENTE LO QUE ESTÁN LEYENDO—Y COMO LO ESTÁN LEYENDO!

La causa principal de la incomodidad de l@s simpatizantes de este movimiento conservador radica en un documento cuyo título ellos encuentran siniestro… la Agenda (o Programa) 21, adoptada (junto con una declaración de 27 principios medioambientales) en la Cumbre de Río de Janeiro efectuada en junio de 1992 por la Organización de las Naciones Unidas.  Ahora bien, much@s de quienes leen esto, especialmente aquí en Puerto Rico, se preguntarán qué es eso, o si es de queso y se come con melao.

La Agenda 21 es un documento mediante el cual se procura que los países del mundo se desarrollen de una manera planificada, en la que se consideren los impactos del desarrollo humano sobre su medio ambiente.  Este documento adopta y refina el concepto de desarrollo sostenible (algunos usan indistintamente la palabra “sustentable” como equivalente de la palabra inglesa, “sustainable”) esbozado en 1987 por una comisión internacional, dirigida por la ex-primera ministro de Noruega, Dra. Gro. Harlem Brundtland.**  Según ese concepto,

“Desarrollo sostenible es el desarrollo que atiende las necesidades del presente sin sacrificar la habilidad de las futuras generaciones para atender sus propias necesidades. En sí (el desarrollo sostenible) contiene dos conceptos clave: el concepto de ‘necesidades’, en particular las necesidades esenciales de los pobres del mundo, a las cuales se debe dar una prioridad apremiante; y la idea de las limitaciones impuestas por la situación de la tecnología y la organización social sobre la capacidad del ambiente para atender las necesidades presentes y futuras.”

O sea, que el desarrollo sostenible busca que sea óptima la atención a las necesidades sociales y económicas actuales y futuras, ante las presiones a las que está sujeto el medio ambiente.  Implantar una política de desarrollo sostenible requiere normas estrictas que se hagan cumplir, y cuyos propósitos sean promover la conservación de los recursos naturales, ocasionar un mínimo impacto ambiental en el uso de éstos, e involucrar activamente y beneficiar a los residentes de las áreas objeto del interés particular.

Pero se preguntarán, si lo que acabo de mencionar es lo que plantea la Agenda 21, ¿cuál es el problema que tienen l@s simpatizantes del “Tea Party” con eso?  Pues dicen algun@s de est@s activistas—por lo menos, aquéll@s que se dignan a hablar con los medios de prensa, aunque no les sean santos de su propia devoción—que la Agenda 21 es en realidad una trama para eliminar el derecho a la propiedad privada y privar al pueblo estadounidense de sus más preciadas libertades; en el peor de los casos, su implantación resultaría—según estas personas—en la conversión de los Estados Unidos “en un estado soviético”.  Peor aún, las propuestas para hacer más denso el crecimiento de las áreas urbanas y fomentar el uso del transporte público masivo—algo que me consta que por años y años y años, los planificadores han estado predicando para tratar de resolver el problema de desparramamiento urbano al que me refería un par de entradas atrás—obligaría a la gente a mudarse de sus cómodas viviendas suburbanas hacia “zonas de habitación humana”, a vivir como los hobbits que habitan el universo literario de John Ronald Reuel Tolkien, y (¡Dios reprenda!) a dejar el automóvil—ese símbolo inconfundible del individualismo estadounidense—y tomar el autobús (la “guagua”, como le decimos aquí en Puerto Rico) para ir a trabajar.

(Francamente, ni yo lo hubiera expresado eso con tanto dramatismo.  Es más, ¿dónde están los violines cuando de veras hacen falta?)

Pero no se trata únicamente de combatir los conceptos como el desarrollo sustentable y la planificación densificada.  La hostilidad de l@s simpatizantes del “Tea Party” también va dirigida a lo que conciben como las “elites” que dirigen el presunto proceso de “destrucción” de aquellas cosas que les son sagradas, principalmente los planificadores y representantes de las agencias con responsabilidades de planificación, así como a los lugares de los que vienen esas “elites”, o sea, las ciudades y áreas urbanas altamente densificadas.  Al decir de algunos de los funcionarios afectados, la actitud anti-elitista, que algunas veces raya en lo hostil, junto a la falta de argumentos racionales y juiciosos que respalden sus teorías, resulta en una mezcla tóxica para quienes no estén acostumbrados a lidiar con estos activistas.  (Y ni hablar de las consecuencias de esa mezcla tóxica.)

La verdad es que leo todo esto, y no deja de asombrarme cómo hay gente ignorante, capaz de descarrilar todo un proceso que busca beneficiar a todos por igual (o por lo menos, eso es lo que se pretende), que busca un desarrollo ordenado y planificado, a la vez que se protege el medio ambiente y la manera en que los seres humanos sacan provecho del mismo, sin poner su propia supervivencia en peligro.  No sé cómo lo vean ustedes, pero creo que se trata de gente sin conciencia, gente que cree que las cosas de las que disfrutan estarán ahí para siempre.  Gente que bajo una supuesta consigna de libertad, comete uno de los mayores actos de libertinaje.  Gente que—tal vez sin saberlo—está contribuyendo a colocar los clavos de su propia tumba.

Ya veremos cómo se lidiará con esta clase de mentalidad.  Lo malo es que esto apenas está comenzando…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Desde ya les deseo a tod@s una Feliz Navidad… o para l@s PC (políticamente correct@s) entre ustedes, ¡muchas Felicidades!


* Para información de quienes leen esto fuera de Puerto Rico, a diferencia del proceso de planificación habitual en cada estado de los Estados Unidos, el proceso en Puerto Rico está regido principalmente por una junta que responde a la Oficina del Gobernador (la Junta de Planificación de Puerto Rico).  No obstante, existen una ley (conocida como la Ley de Municipios Autónomos o Ley número 81 de 1991) que le confiere a cada uno de los 78 municipios de Puerto Rico, un mínimo de autoridad para planificar el desarrollo de sus espacios urbanos y rurales, según lo estimen apropiado.

** Our Common Future: From One Earth to One World, por la Comisión Mundial Sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.  Dra. Gro Harlem Brundtland, Presidenta.  Oxford, Inglaterra: Oxford University Press, 1987.


LDB

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KFCs Colonel Sanders: More Than Just a Fast-Food Icon – TIME

Le Colonel Sanders, fondateur de KFC aux envir...
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Ayer (15 de septiembre de 2010), mientras revisaba mis mensajes de email me tropecé con un artículo de la revista Time, cuyo autor, Josh Ozersky, comentaba que un 61% de los que contestaron una encuesta del periódico USA Today no tenían ni p…erra idea de quién es el viejito de aspecto bonachón dibujado en los “buckets” de pollo frito de la empresa de comida “rápida” (en buen español de Puerto Rico, “fast food“), Kentucky Fried Chicken (o “KFC“, como se la ha dado a llamar de un tiempo a esta parte).  Un dato que podría comprenderse si se considera que muchos de los que expresaron este fenomenal desconocimiento son jóvenes entre los 18 y los 25 años de edad.  Pero lo peor aún está por venir: Más de la mitad de los adultos jóvenes encuestados señalaron que el “viejito”… ¡había sido inventado por la propia compañía KFC!  (O sea, lo que en buen español puertorriqueño llamaríamos, un gimmick.)

Me imagino que los encuestadores deben haberle explicado a quienes dieron estas respuestas “inteligentes” que el “viejito” en cuestión era nada menos que Harland David Sanders (1890–1980), mejor conocido por el título honorario de “Coronel Sanders” y fundador de KFC.  (Por si no lo pueden asociar con la foto de arriba, en ésa el tendría unos 20 años de edad—o sea, que esa foto será como de hace 100 años al 2010.)  Por supuesto, que se le caiga la cara de vergüenza a estos encuestados en particular… ¡ya ésos son otros veinte pesos!

Sea como sea, el artículo de Time, además de aludir a la trayectoria del Coronel Sanders—desde que empezó a mercadear su famosa “receta original” de pollo frito al estilo de Kentucky, hasta el éxito comercial que ha tenido KFC y su dispersión a través del mundo, incluido Puerto Rico—, cuestiona el que alguna gente quiera creer cosas que no son ciertas (como lo de que la efigie del Coronel Sanders en los productos de KFC sea un gimmick publicitario).  Como lo señala Ozersky, una cosa es no conocer los acontecimientos ocurridos antes de que naciéramos (como bien se encargan de demostrarlo cada año nuestros amigos del Beloit College), pero otra cosa es que…

“Al no saber que Harland David Sanders fue un hombre que existió, que vivió una vida verdadera, la gente pierde de vista más de lo que se pueda imaginar.  Para empezar, el Coronel no era un barón de comida rápida que representaba a su compañía en la televisión, a la manera en la que Dave Thomas (un protegido de Sanders) lo hizo después.  Sanders era la imagen viviente de aquello que significó supuestamente su comida.  Su traje blanco no fue inventado por ningún comité de mercadeo; él lo vistió cada día y nunca fue visto en público en otra vestimenta por los últimos 20 años de su vida….  Fue un fracasado que había sido despedido de una docena de empleos antes de comenzar su restaurante…  Él manejaba un Cadillac con su rostro pintado a los lados antes que alguien supiera quién era, negociaba con los dueños de cafeterías venidas a menos para que usaran su receta y le dieran unos cinco centavos de comisión por cada pollo.  Él dormía en la parte de atrás de su carro y cerraba tratos con un apretón de manos….  Fue de hecho un Coronel de Kentucky, un título honorífico otorgado no por uno, sino por dos gobernadores…. (Y) merece ser recordado al menos por tener una existencia verificable.”
(Traducido y adaptado del artículo de Josh Ozersky citado en esta entrada.  Por cierto, en esta cita se hace referencia a Dave Thomas [1932–2002], el fundador de “Wendy’s”.)

El artículo añade que tras la muerte del Coronel Sanders, la casa que él ayudó a construir (o sea, KFC) parece haber ido en picada, como lo evidencian muchos de los esfuerzos por “reinventarse” a sí misma (incluida la adopción de las tres letras como el nombre con el que se le conoce en público hoy en día).  Esos esfuerzos no parecen haberle caído bien a muchos de los tenedores de esta franquicia, especialmente en el propio sur de los Estados Unidos, los cuales sienten que se ha perdido en el proceso la conexión entre lo que la empresa le vende al público y la visión de su fundador, una visión real, de una persona que existió en la realidad, de un Harland David Sanders que existió en la realidad.

Ciertamente, es preocupante que muchos estadounidenses no le den el debido reconocimiento a uno de los íconos de su cultura popular, un ícono fácilmente reconocido y apreciado en otros países del mundo.  Pero más preocupante—a mi entender—es que haya gente que quiera creer que figuras como el Coronel Sanders nunca existieron, que son una herramienta para el mercadeo de un producto.  A mí me parece que mucha de esta misma gente, si se enterara de la verdad, querría “matar al mensajero por ser el que trae la mala noticia”.  (Por cierto, un ejemplo reciente de esta posición lo dio alguien mediante un mensaje electrónico prejuiciado, en el que se acusaba al sitio investigativo, Snopes.com, de tener una agenda cargada a favor de la ideología liberal y de proteger al actual presidente estadounidense, Barack H. Obama, de las acusaciones—muchas de las cuales se ha demostrado que no son ciertas—de que no cualifica para su actual puesto por haber nacido supuestamente fuera de territorio estadounidense y por ser lo que llamaríamos, un “musulmán ‘de clóset‘”.  Lógicamente, Snopes.com ha tenido que defenderse de ésta y similares acusaciones, con datos firmes y contundentes.  Claro está, que las mentes estrechas que lanzan ese tipo de ataque recapaciten ante el llamado de voces más razonables… ya ésos son otros veinte pesos.)

Pero en fin, no me debería sorprender de una cultura que se alimenta del “aquí y ahora”.  De una cultura que idolatra a la “figura del momento”, hasta que la misma deja de serle de utilidad y otra pasa a ser la “figura del momento”.  De una cultura en la que quienes vinieron antes que nosotros, y que nos legaron aquellas cosas que nos han servido de bloques o ladrillos con los cuales construir la sociedad de hoy en día, o están completamente olvidados… o son un gimmick publicitario para venderle al mundo el pollo frito a la manera del sur de los Estados Unidos, con su “receta original”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Hasta luego.

LDB

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KFCs Colonel Sanders: More Than Just a Fast-Food Icon – TIME.

El pez muere por la boca

¡Qué tal, mi gente!

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero la administración de gobierno que nos ha tocado para estos cuatro años está llena de contrastes.  Por un lado, promete en su programa de gobierno (el del PNP) que procurará resolver la crisis económica puertorriqueña, ocasionada por años (¿no sonaría mejor “décadas”?) de mala administración gubernamental, sin recurrir al despido de empleados públicos.  Por el otro lado, proyecta despedir unos 30000 empleados públicos para lograr un “ahorro” de US$3200 millones (y con los primeros 8000 despidos no han conseguido ni una quinta parte del ahorro pretendido).  Por un lado, proclama un plan para detener el avance de la delincuencia, bajo la premisa de que “está funcionando”.  Por el otro lado, la delincuencia se dispara a niveles alarmantes, hasta en las propias narices de la Policía de Puerto Rico—y ésta, para curarse en salud, alega que ello demuestra el “éxito” de su plan.  Por un lado, promete ayudar al desarrollo de las comunidades pobres, aquéllas que buscan salir de la miseria para construirse un futuro de esperanza.  Por el otro lado, hacen todo lo posible por socavar esa esperanza, ya sea eliminando los instrumentos legales que ayudarían a las comunidades a levantarse en sus pies por su propio esfuerzo (como en el caso de las ocho comunidades alrededor del Caño Martín Peña), o indisponiéndose contra las comunidades que reclaman beneficiarse de aquello que tanto esfuerzo y sacrificio les ha costado defender.

Muestra de lo tercero han sido las expresiones vertidas el 29 de agosto de 2009 por el asesor del proyecto “Portal de Futuro” “Riviera del Caribe”, José R. (“Cheo”) Madera, en la estación radial NotiUno (y recogidas después por la prensa puertorriqueña cuando se divulgaron por otra estación de radio, WKAQ-AM 580, luego de que se le hicieran llegar al periodista de esa emisora, Julio Rivera Saniel), en las que se refirió a los líderes comunitarios del municipio de Ceiba (en la costa este de Puerto Rico) como “crápulas”, “garrapatitas” y “vividores”…

¡Exactamente lo que están leyendo!  Así fue como ese “funcionario público” se refirió a aquéll@s cuyo único “pecado”—si lo entiendo correctamente, y si me equivoco me corrigen (pero con evidencia)—es reclamar una justa participación en la bonanza económica que se espera que resulte del aprovechamiento de los terrenos de lo que hasta hace un par de años se conocía como la base Roosevelt Roads del U.S. Navy (la cual tiene una función importante en la trama del episodio “The Immortals” de la serie televisiva NCIS, estrenado en Estados Unidos en octubre de 2003).  A quienes no tienen porqué estarle aguantando insultos a nadie… ¡a nadie!… como los que les espetó semanas antes el hoy ex-administrador del mismo proyecto, Jaime González* (y que también gracias al periodista Rivera Saniel trascendieron a la luz pública, con el resultado que ya conocemos).

(* Aparte: Habrán notado que ni en esta entrada ni en la anterior me he dignado en utilizar el nombre completo de esta persona, Jaime González Goenaga, ya que su apellido materno es el mismo de uno de mis más recordados amigos de otros tiempos, el profesor Carlos Goenaga Portela, quien murió hará unos 15 años más o menos, haciendo lo que más le gustaba hacer: enseñando a las nuevas generaciones a apreciar y conservar las riquezas del fondo marino, a valorar lo sustantivo por encima de lo aparente.  Y entenderán que prefiero honrar el recuerdo de ese apellido, y no lo contrario.)

Es interesante ver cómo estos insultos vienen de parte de una persona cuyo historial deja un espacio tan grande para la duda, como para un@ caerse si se descuida.  Una persona a la que se le imputa participar en un esquema para cobrar dos veces una factura por servicios prestados como contratista gubernamental, y sobre cuyos contratos actuales—particularmente un contrato por US$96000 con el Senado de Puerto Rico, para asesorarlo en quién sabe qué—parece imperar la “ley del silencio” (como en los sectores marginados que tanto asco le dan), ya que nadie—empezando por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset—sabe nada, y nadie dice nada.

Lo único que sí se sabe es que su contrato como asesor del Portal del Futuro de la Riviera del Caribe fue cancelado el mismo día en que se divulgaron sus tan desafortunadas expresiones (el 9/09/09… ¡uy!), como lo informan tanto El Nuevo Día como Primera Hora en sus ediciones cibernéticas.  Y la razón que invoca quien lo contrató—por cierto, el mismo secretario de gabinete que proclamó a los intereses privados como los dueños de Puerto Rico—fue que “sus servicios ya no son necesarios”.  O sea, que ya cumplió su función como hired gun en el tema del redesarrollo de Roosevelt Roads, y todo lo que necesitaba para coronar su gestión fue menospreciar a quienes no son tan “agraciados” como él, a quienes no tendrán la oportunidad de disfrutar de unos terrenos que—le guste a quien le guste—también son de ellos, a quienes tendrán que enviciarse y seguir jugando a la Loto o al “Pega 3” para poder aspirar a los beneficios del poder.

¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?  ¿De dónde está saliendo todo este despliegue de arrogancia, de prepotencia, de mostrar hostilidad hacia quienes tratan de hacer las cosas bien, quienes tratan de destetar a los más necesitados del mantengo y de la limosna que le tiran quienes se proclaman como los líderes electos del país?  ¿Será que como en el caso de las comunidades del Caño Martín Peña, a los poderosos les molesta esa competencia “por el corazón y las mentes” de los residentes de las comunidades?  ¿O será que a la larga los sectores poderosos y sus aliados gubernamentales querrán “darle un escarmiento” a quienes se atreven a quitarles el control de todo un pueblo (de la misma manera que el mismo partido que hoy está en el poder—el PNP—quiso en su momento “darle un escarmiento” a los independentistas por medio de los lamentables hechos del Cerro Maravilla), y quieren comenzar socavando la confianza de los residentes de las comunidades en sus líderes?

Pero peor aún, ¿es ésa la política pública sancionada oficialmente por la actual administración puertorriqueña?  Yo sigo deseando que ello no sea así, pero cada vez que veo a algún personero gubernamental hacer “con su boca de comer” unas expresiones que laceran la dignidad—la misma que la Constitución de Puerto Rico de 1952 dice en su Carta de Derechos que “es inviolable”—de los sectores que no son “agraciados”, me lleno más y más de dudas.  Pero bueno, a fin de cuentas (expresión que últimamente se suele sustituir con el impropio calco, “al final del día”), dice el refrán que “el pez muere por la boca”… ¡y hasta el momento vamos por dos “peces muertos”!  (Y Dios sabe cuántos más les seguirán después de esto…)

¡Y vamos a dejar eso ahí!  A mi gente buena de verdad: Cuídense mucho y pórtense bien.  Y a quienes se creen mejores que los demás… ¡piénsenlo bien, antes de morir por la boca!


No, todavía no lo puedo dejar ahí, porque no quiero dejar pasar la oportunidad para comentar sobre la noticia de que el Departamento de Educación de Puerto Rico ha mandado a prohibir el uso de ciertos textos literarios en español en el undécimo grado (tercer año de escuela superior) por contener un lenguaje ‘inaceptable’, ‘extremadamente burdo y soez’.  Y lo peor de eso es que el funcionario responsable de ejecutar esta orden, admite “con su boca de comer” (¿les huele aquí también a pez muerto?) que desconocía el valor de los libros en cuestión… ¡porque él no los había leído!  Total, lo único que él estaba haciendo era seguir (irreflexivamente) las instrucciones de sus jefes—más o menos lo mismo que en su momento hizo el Col. Oliver North cuando el escandaloso caso Irán-Contra.

OK, voy con esa frase que ya se ha vuelto un clisé: “Las reacciones no se han hecho esperar.”  (¡Ya está, ahí la tienen!)  Y ciertamente la blogósfera boricua ha sido bastante implacable con el tema.  De todas las reacciones que he visto hasta el momento en que escribo—entre las que quiero destacar las de Edwin, Isabel, Prometeo e Ivonne—, la que me parece la más contundente ha sido la de la escritora Mayra Santos Febres, quien diseca la lista de las obras “prohibidas” en el ánimo de ver si hay alguna razón lógica que justifique por qué no se debe exponer a un adolescente que está empezando a conocer la vida a un “lenguaje soez y chabacano”, que comoquiera lo está escuchando a diario en la calle, y en su propia casa, bajo su propio techo.  (Y por si la señora Santos llegara a leer esto: yo leí en mis años universitarios El entierro de Cortijo y al sol de hoy yo tampoco entiendo porqué estos señores lo están censurando.  ¡Que conste!)  Sobre todo, ella da en el clavo al cuestionar dónde, en qué parte de esos libros, hay algún mensaje “pernicioso” para el desarrollo integral de nuestros niños y adolescentes, que pueda preocupar tanto a las mentes estrechas (que de tan estrechas que son, yo no las llamaría “mentes”, para mí eso no sería lo correcto) que dominan en el país.  Definitivamente, ésa es una entrada cuya lectura les recomiendo encarecidamente.

Y ciertamente es importante cuestionar el por qué de decisiones disparatadas como ésta.  ¿Tendrá alguien tanto miedo de que se enseñe a los estudiantes del sistema escolar público a expandir sus mentes, a cuestionar lo que tanto se da por sentado, a PENSAR?  ¿Le convendrá a alguien que nuestros estudiantes no desarrollen su sensibilidad como seres humanos que son (que somos) y se conviertan en autómatas, en seres que no puedan aprender de la rica experiencia humana?  ¿Será que la misión del sistema educativo puertorriqueño es evitar que se formen “crápulas”, “garrapatitas” y “vividores”, y más bien formar seres que se conformen con no ser “agraciados”?

Yo me niego a creer que eso sea así…


Y ahora sí… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB