Se revela el misterio: La culpa no es de los “animalitos peligrosos”

Household electric meter, USA
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Amigas y amigos, en la prensa de hoy (28 de septiembre de 2010) ha trascendido un análisis de la fórmula empleada por la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) (portal en español; el mismo portal, pero en inglés) por medio de la cual le fajan le roban le cobran el costo de la electricidad a los abonados del sistema eléctrico.  Ciertamente esto debe dar al traste con otras explicaciones fantasiosas sobre por qué los puertorriqueños tenemos que estar pagando precios de oro por un servicio esencial para nuestra vida diaria, para nuestro bienestar y para nuestro desarrollo económico.

Permítanme dar un par de paseítos down memory lane.  Por ejemplo, ¿se acuerdan cuando en junio de 2008 les planteé el caso de la factura de electricidad de mi residencia?  (Y por si acaso, los énfasis son los de la entrada original.)

“¿(M)e creerían si les digo que la factura de electricidad de mi residencia para el mes en curso refleja un monto cercano a los US$250.00?  (¡Y eso, que no hace ni dos años pensábamos en mi casa que una factura de electricidad de US$50.00 era cara!)  Lo malo es que apenas un 17% de ese total es el cargo por la electricidad realmente consumida en mi residencia. Pero lo peor es que la mayor parte del monto restante (o un 80% de esa diferencia) es un cargo para la compra de combustible.  Ése es un cargo que para mí nunca ha tenido mucho sentido, y que históricamente… (la AEE) ha aumentado o disminuido (más aumentado que disminuido, que conste) según le ha sido conveniente….

“¿No sería entonces mejor cambiar el nombre de la corporación pública a algo así como ‘Autoridad para la Compra de Combustible’, sobre todo si quienes tenemos que cargar con ese muerto somos nosotros?”

No pasaron ni cuatro meses del 2008, cuando el entonces director de la AEE le obsequió al pueblo de Puerto Rico esta “joya” explicativa sobre el alto costo de la electricidad—que como joya al fin, le salió bastante cara al final:

“Pues sí, más o menos eso fue que hizo… el Director Ejecutivo de la (AEE)…, Ing. Jorge Rodríguez, cuando contestó a la pregunta de una entrevistadora radial sobre los factores que han llevado al increíble aumento en el costo de la electricidad que se provee a los abonados.  El funcionario citó el caso de un abonado de la AEE que había visto un aumento en la factura de electricidad de su vivienda, que atribuyó a que unos ‘animalitos’ que él no describió habían penetrado el susodicho medidor, y que por ello el abonado tuvo que pedir que se le diera un crédito por la cantidad de electricidad consumida en exceso, cada vez que uno de estos ‘animalitos’ se electrocutaba dentro del medidor.

[…]

“Sea como sea, el caso es que esta expresión del Director Ejecutivo de la AEE le ganó una rechifla bastante grande entre el público general, al punto de que (dos días después), el funcionario se estaba disculpando públicamente por haberla hecho.  Pero ello no quedó ahí, ya que ese mismo día se supo que el abonado que había sufrido la lamentable experiencia con los ‘animalitos’ en su medidor de electricidad, y que había solicitado el crédito en su cuenta… ¡era el propio Director Ejecutivo de la AEE!”

OK, ¿qué tal si hacemos fast forward hasta el día de hoy?  El director del Centro para la Nueva Economía (CNE) reveló algo que voy a dejar que lo expresen las primeras líneas del artículo que lo reseña:

“La fórmula para calcular el factor de ajuste por concepto de compra de combustible ha sido el secreto mejor guardado de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) desde que empezó a utilizarse en 1948, porque la ecuación fue diseñada para proteger sólo a la corporación pública, favorecer la sobrefacturación y castigar al abonado cargándole hasta el doble por su consumo.”

(FUENTE: El misterio de su factura eléctrica: Sepa por qué la electricidad es tan cara.  El Nuevo Día, San Juan, P.R., 28 de septiembre de 2010.)

Según el artículo, la fórmula tiene cuatro componentes:

  1. Un “ajuste” por concepto de la compra del combustible (derivados de petróleo) que se utiliza en la generación de electricidad;
  2. Un “ajuste” por concepto de la compra de la energía producida por dos plantas co-generatrices que operan en la costa sur de Puerto Rico (una—EcoEléctrica—a base de gas natural y otra—AES—a base de carbón);
  3. Un cargo fijo de US$3.00 (US$3,00) para el manejo y servicio de la cuenta del abonado (o sea, para cosas así como el costo del franqueo postal de la factura); y
  4. El cargo por el consumo real de electricidad—que si vuelven un momentito hacia atrás en esta entrada, verán que es el 17% del total al que me refería en el caso de mi factura.

El artículo añade que los dos componentes de “ajuste” utilizan factores similares, algunos de cuyos componentes tienen que ver poco o nada con la electricidad.  Entre estos componentes están el costo de la electricidad consumida por los 78 municipios de Puerto Rico y el costo de la electricidad que la AEE pierde (principalmente por las instalaciones ilegales conocidas popularmente como “pillos de luz”) y no puede cobrar… ¡y no hace falta decir a costa de quién lo vienen a recuperar!  Añádase a esto un “ajuste” inversamente proporcional por el consumo de barriles de petróleo para la generación de electricidad (o sea, que mientras más petróleo se consume en el mes, menos le cobran al abonado, y viceversa)… ¡y póngase a llorar!

Para no estar vaciando el artículo completo aquí, digamos que todo lo anterior se presta para la sobrefacturación, al multiplicar el consumo real de electricidad por una cifra total que resulta ser inflada, o sea, que se paga hasta el doble de lo que debería ser una cantidad justa y razonable por un servicio público.

Francamente, la explicación que da el CNE sobre el alto costo de la electricidad en Puerto Rico me parece más lógica y con más sentido que aquélla sobre los “animalitos” que penetran los medidores de consumo eléctrico y se electrocutan allí, para causar un mayor consumo de energía en el proceso.  Pero al igual que el enfermo que se niega a ver su propia realidad (y ya saben que ése es el primer paso hacia la recuperación), la AEE se niega a aceptar que se esté facturando excesivamente el costo de la electricidad, o hasta que en ese proceso se sea injusto con los abonados.  (Y para lograr que la AEE admita algo así… ¡se necesita de Dios y su santa ayuda!)

Yo, por mi parte, prefiero creer en el análisis ponderado de la situación, en un análisis que me dé una explicación lógica y racional de por qué tengo que pagar un costo exagerado para poder tener asegurado mi bienestar y mi tranquilidad… y no en una “gansería” irresponsable como el cuento aquél de los “animalitos peligrosos”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Con el dedo en el gatillo

Islamic Center Samarinda
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Yo creo que lo he mencionado aquí en una que otra ocasión, pero ante lo visto esta semana pasada merece que lo repita.  Se trata de la anécdota sobre lo que me comentó una compañera de estudios en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, en el sentido de que algunos que se cantan seguidores de Dios, que se proclaman como “santísimos varones de Dios”, de los que se pasan las 24 horas del día predicando el amor al prójimo (esto en su sentido más amplio) y tratando de exhortar a los demás a volverse a Dios… “son hasta peores que el mismísimo demonio”.

Tal es la impresión que me dejó la amenaza hecha—probablemente desde hace más tiempo, pero conocida a comienzos de semana—por Terry Jones, el pastor de una pequeña congregación (aproximadamente 50 miembros) de cristianos evangélicos de Jacksonville, Florida, para quemar ejemplares del Corán—el libro sagrado de la religión musulmana—el 11 de septiembre de 2010, en coincidencia con la conmemoración del noveno aniversario de los siniestros sucesos que cambiaron la historia para siempre.  Amenaza motivada, según se dice, por los planes para la construcción de un centro islámico que incluiría una mezquita, en las cercanías del lugar donde alguna vez estuvieron las estructuras principales del Centro Mundial de Comercio (World Trade Center), y que fueron destruidas aquel aciago martes del 2001 (experiencia de la que por poco me hago partícipe por accidente, como lo escribí en su momento).  Amenaza matizada por la visión de mundo del pastor evangélico en cuestión, en la cual la religión practicada por los musulmanes es—e insisto, es a su modo de ver—un engendro diabólico (y si recuerdo correctamente alguno de los reportajes sobre el trasfondo de esta controversia, el mismo individuo publicó un libro cuyo título—atrevidamente—hace esa misma proclama).

No hace falta decir nada sobre las secuelas de esa amenaza, que no se haya dicho ya.  Repudios por parte de la propia comunidad musulmana, en los Estados Unidos y en otros países (lamentablemente, no todos con las mejores intenciones, especialmente si hay una “guerra santa” de por medio); repudios por parte de las autoridades locales y nacionales estadounidenses, incluso del mismo presidente Barack H. Obama, la secretaria federal de estado Hillary Clinton, y hasta el jefe de las fuerzas militares estadounidenses implicadas en la “guerra contra el terrorismo” que se escenifica en el propio patio de muchos de los creyentes; repudio hasta de parte de figuras públicas como la ex-gobernadora de Alaska, Sara Palin (¿la recuerdan?), de quien francamente yo hubiese esperado más una expresión favorable a la alocada idea de la quema (algo así como “burn, baby, burn”) que la expresión de mesura que hizo al fin y al cabo.

Y el pastor Jones… pues, “bien, gracias” y “pregúntame si a mí todo eso me importa” y “yo sigo pa’lante con la quema”, porque “Dios me dijo que siguiera”.

(De paso, cualquier parecido entre este pastor evangélico y el alcalde de un municipio del interior montañoso central de Puerto Rico, al que “una pastora evangélica” le comunicó una “revelación” de Dios para que el incumbente le cambie el apodo—en palabras de domingo, el “cognomento”—a dicho municipio*… es como para decir a todo pulmón… “¡COGNO!”  Pero volvamos a nuestro programa regular.)

Total, que al final de cuentas se requirió de una llamada del secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, para difuminar una situación que pudo haber sido peligrosa, no solamente para el pueblo estadounidense (que al sentirse provocados ciertos elementos extremistas dentro de la comunidad musulmana—que por lo demás, contiene seres humanos que tienen más cosas en común con los judeocristianos que cosas que los separan… y que las encontraremos si miramos bien, con detenimiento—pudo haber sido la víctima de eventos siniestros de peor magnitud), sino para los soldados que a la fecha libran una guerra provocada por los mismos eventos siniestros cuya conmemoración está enredada sin querer en esta discordia.  Y el pastor Jones accedió finalmente, luego de haber puesto a media humanidad al borde de una verdadera crisis, e incluso de decir que habría de reunirse con el clérigo musulmán a cargo del propuesto centro islámico neoyorquino… ¡cosa que el mismo clérigo musulmán desmintió que fuese a ocurrir!  (Y que de todos modos, no llegó a ocurrir nunca, o al menos hasta el momento en el que escribo.)

Pero una cosa como ésta no deja de preocupar, de todos modos.  Yo me cuestiono cómo una persona prácticamente desconocida, el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos, que promueva un gesto de odio contra uno de los símbolos de una creencia religiosa ajena, diz que para vengar una afrenta contra todo un pueblo y contra el mundo.  Digo, ¿conocerá este individuo el valor que tiene el Corán para los musulmanes?  ¿O será de los ciegos que se ufanan de algo así como… “mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)”?  ¿Sabrá este individuo que un acto como el que se proponía hacer le puede traer—tarde o temprano—consecuencias nefastas, tanto para sí mismo como para un pueblo que busca librarse de una futura amenaza de actos de terror en su propio suelo?

Por lo pronto, ya este señor tuvo su cuarto de hora de fama.  Un cuarto de hora en el que él, sin proponérselo (¿?), tuvo en vilo a medio mundo mientras él tenía su dedo puesto en el gatillo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta luego.


* Por si acaso, me refiero al caso del alcalde de Lares, Puerto Rico, quien bajo la premisa ya mencionada ha querido cambiar el apodo de su municipio, de “La Ciudad del Grito” (por la efeméride del Grito de Lares, ocurrido el 23 de septiembre de 1868) a “La Ciudad de los Cielos Abiertos” (¡!).  Se especula—y yo me suscribo en parte a esa noción—que la acción responde más a la ideología política del alcalde (del PNP a la fecha en que propone esta acción) que a algún ejercicio cultural de beneficio para los ciudadanos locales, y que lo que esa acción pretende es borrar la realidad de un hecho que es parte de la historia puertorriqueña, gústele a quien le guste.  Pero allá Juana con sus pollos…


LDB

Porque YO soy la ley

Close-up of a lamp post outside El Capitolio
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Mi gente, esto es alarmante.  Alarmante. ¡ALARMANTE! No se me ocurre otra manera de calificar lo observado la semana pasada, luego de una serie de situaciones muy lamentables.

Primero, luego de que se llegara a varios acuerdos para poner fin al paro huelgario en la Universidad de Puerto Rico, y de que los estudiantes en paro ratificaran los mismos en una Asamblea Nacional el lunes 21, la administración universitaria—en lo que se ve muy a las claras como un acto de burdo revanchismo—optó por retractarse de dichos acuerdos y reanudó una acción judicial que llevaba para que se sancionara a los estudiantes en paro.  Esto, no sin que antes la asamblea legislativa puertorriqueña aprobara a toda carrera y sin discusión, y el gobernador Luis G. Fortuño Bruset refrendara, una medida para aumentar la cantidad de miembros de la Junta de Síndicos de la UPR, de 14 a 17 miembros, de modo—según se dice—de inclinar aún más la balanza a favor del partido en el poder (el PNP).

(Y no conformes con eso, una de las acciones en disputa, la imposición de una cuota de US$800 por estudiante para poderse matricular a partir de enero, a fin de “cuadrar” el presupuesto universitario, ha sido aprobada por la “new-and-improved” Junta de Síndicos para implantarse a partir de enero de 2011.  Yo no sé, pero a mí me huele a que habrá pelea otra vez…)

Después de eso, ante las acusaciones por corrupción de las que fuera objeto el Senador Héctor “Macaracachimba” Martínez—el mismo que a pesar de su aparente juntilla con un presunto narcotraficante ya fallecido, no quiere que lo llamen ‘narcosenador’—en el ámbito legal estadounidense, casi toda la delegación senatorial de la mayoría (PNP) (menos una senadora que se encontraba fuera de la Isla) hizo un despliegue de apoyo y solidaridad detrás de su figura, como no se había visto anteriormente.  Apoyo que incluso ha llevado al presidente del Senado, Thomás Rivera Schatz, a emprenderla contra el SAC (siglas en inglés para “agente especial a cargo”) del FBI en Puerto Rico, Luis Fraticelli, al que tildó como “el rey de la feca” (o sea, el rey de la mentira).

A mí este “cambio” de opinión me parece sumamente extraño.  ¿Será porque contrario a otras ocasiones, el imputado no es del bando político contrario—como en el caso del hoy ex-gobernador Aníbal Acevedo Vilá (PPD)?  Para eso tanto el FBI como la fiscalía estadounidense eran buenas entonces, ¿no?  ¿O será por alguna públicamente desconocida complicidad de muchos de estos senadores, en los manejos turbios de los que hoy se acusa a su correligionario?  Yo no sé, pero si esto último fuese así, a mí me parece que estos senadores se están subiendo demasiado la falda, a riesgo de que se les vea… esteeeeeeeeee… ¡el refajo!

Para completar, y probablemente para evitar que se cuestionara públicamente la presencia del narcosenador (¡y dale, que es tarde!) senador Martínez en el último día de aprobación de proyectos de la sesión ordinaria actual, el propio presidente senatorial Rivera Schatz, obstruyó—según los afectados, de manera injusta y arbitraria y con aires de fascismo—la labor de los periodistas que cubren el Capitolio insular, impidiéndoles el acceso a la cada vez peor vista “Casa de las Leyes”.  Obstrucción e impedimento que—aun si como argumenta Prometeo, los propios periodistas puertorriqueños ‘se los buscaron’ por dejarse chantajear mediante la pauta de anuncios gubernamentales en los medios para los cuales trabajan—no deja de ser un síntoma de abuso y de la “borrachera” del poder, y una falta de respeto al mismo pueblo al que estos políticos dicen representar, y a los medios que tienen la ingente labor de alertar al público sobre cómo se manejan sus impuestos… y a fin de cuentas, su destino.

Por supuesto, él dirá luego que se sacó a los periodistas del Capitolio porque un “periodista” aparentemente no acreditado “se pasó de la raya”.  ¿Cómo exactamente?  Habrá que darle tiempo a los libretistas de siempre, a ver qué (o a quién) inventan para justificar eso.  Pero entonces, por culpa de un supuesto “periodista no acreditado”, ¿tienen que pagar los platos rotos los demás periodistas que—bueno o malo—están haciendo su trabajo?  Para mí que eso no era.  ¡ESO NO ERA!

Irónicamente, esa obstrucción y ese impedimento contradicen las prédicas de libertad y democracia que constan en la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, las cuales nos atan para bien o para mal.  Así que, ¿con qué cara vienen ellos a hablarle al resto de nosotros de democracia y de buscar “la igualdad” con “nuestros conciudadanos del norte”, si sus acciones son contrarias a lo que predican?  (No en balde, hay muchos puertorriqueños que creen—porque no han dejado de creer de buena fe, con toda la mejor voluntad del mundo—en el mismo ideal anexionista que estos pseudolíderes defienden de la boca hacia afuera, pero que están completamente desencantados, o más bien, desengañados con lo que ven cada día.  Y ésa es la realidad, gústele a quien le guste y duélale a quien le duela. Pero ya eso es otro tema…)

Creo que voy a aprovechar para citar de nuevo lo que escribí un tiempito atrás sobre el afán de protagonismo del “distinguidísimo” líder senatorial, para que no se nos olvide:

“Para mí hay una cosa que es segura, y es que él quiere que la gente hable de él—bien o mal, pero que hablen de él—, que lo vea como el gran protagonista, como un hombre de poder, que puede hacer y deshacer sin que se le cuestione su capacidad, porque quien lo cuestione, quien lo critique es su enemigo, es de los que ‘no le gusta que se digan las cosas positivas que él el Senado está haciendo por Puerto Rico y sólo destacan lo negativo’, como dijo de ‘algunos sectores de la prensa’ puertorriqueña. (Y aunque eso no me impide pensar lo que ya en otras ocasiones he dicho aquí sobre algunos sectores de la prensa, sospecho que por lo demás él es de los que prefiere matar al mensajero cuando éste se atreve a cantarle las verdades.)”

“La vida es como una caja de chocolates…” (23 de agosto de 2009). (Noten que el énfasis en “él” está en el original; otros énfasis, los hago ahora con toda intención.  Y mi referencia a lo dicho en este blog sobre algunos sectores de la prensa… bueno, ustedes ya la conocen: no todos los periodistas—ni todos los medios de prensa en Puerto Rico—son “hermanitas de la caridad”.  Pero eso no significa que tengan que pagar justos por pecadores.)

Yo aún tengo la fe de que la misma prensa puertorriqueña a la que este “distinguidísimo” senador quiere mandar a callar, despierte y se atreva a cantarle las verdades… ¡y prevalezca!  ¡Y cuanto antes, mejor!

Pero en lo que el hacha va y viene, tengo que cuestionar la prepotencia de estas personas, el afán desmedido de conducirse como si estuvieran librando continuamente una batalla contra quienes no comulgan con su visión de mundo, desde los grupos comunitarios cuyo único “delito” es brindarle nuevas posibilidades a los sectores marginados de nuestra comunidad, pasando por los abogados y los grupos que defienden sinceramente—no de la boca para afuera—el medio ambiente de nuestro archipiélago boricua, hasta los estudiantes universitarios que buscan salvar el semillero del que saldrán las nuevas ideas que ayuden a poner a todo un país sobre sus pies.  Digo, ¿qué se gana con crear una seria crisis económica y social, que lo único que hace es empeorar lo que desde el principio ha sido una mala situación?  ¿Qué se gana con estar en una guerra constante contra quienes no encajan dentro de la visión de mundo “oficial”?  ¿Qué se gana con dividir a una sociedad que de por sí ya está enferma, que tiene que lidiar con una crisis delictiva en cada vez mayor deterioro, con una oleada de violencia doméstica (o más correctamente, violencia de género) como nunca se había visto (donde la víctima puede ser acribillada a balazos frente a sus hijos, o hasta se le rocía combustible y se le incendia), con un cuadro desalentador en su salud mental?  ¿Qué se gana con actuar de manera irresponsable y sin ponderar consecuencias?

La respuesta a estas preguntas… bueno, en todo lo que este blog lleva de existencia he gastado demasiados unos y ceros en ella, pero a veces no hay más remedio que repetirla: ¡NADA!  ¡ABSOLUTAMENTE NADA!

¡Y vamos a dejar eso—y la primera mitad del 2010—ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Conoce a tu enemigo… conocete a ti mismo

Sun-tzu
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“If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.  If you know yourself but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat.  If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.”

(Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no deberás temer el resultado de cien batallas.  Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria lograda también sufrirás una derrota.  Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas.)

Sun Tzu (comandante militar chino, 544–496 antes de Cristo)
Citado y traducido de “El Arte de la Guerra” (según traducido al inglés y comentado por Lionel Giles, 1910)

¡Qué tal, mi gente!

OK, puede que parezca extraño que yo encuentre un poco de sabiduría en lo que se considera como un “manual para la guerra”, actividad del género humano con la que personalmente no simpatizo.  Sin embargo, creo que si miramos con atención la cita de arriba (y mi traducción entre paréntesis), veremos que se aplica a muchos eventos recientes (y a otros no tan recientes en los que no voy a entrar hoy—y a muchos de los eventos que aún no han ocurrido, y que ocurrirán muy a nuestro pesar).

(Aprovecho de una vez para dirigir la atención de ustedes al excelente análisis que Elco Lao hace de esta obra en su blog, aplicado al conflicto entre las organizaciones magisteriales principales de Puerto Rico.)

Por ejemplo, el paro huelgario en el sistema de la Universidad de Puerto Rico se ha estado llevando como si fuera una batalla, en la cual las fuerzas antagónicas desplegaron sus capacidades.  De una parte, un estudiantado vigoroso, lleno de vida, que aprovechó los recursos a su alcance, incluidos los adelantos tecnológicos que ya hubieran querido tener los huelguistas de 1981 o aun los de 1948 (obviamente, me refiero a Facebook, Twitter, YouTube y demás), para poder llevar su mensaje al resto de nosotros.  De la otra parte, una administración universitaria cuyo mensaje era predecible, desgastado, reflejo de una mentalidad de “guerra fría” (no muy diferente de la del bando político que la apoya—¡el que sea, siempre ha sido y será lo mismo!), que pretendió recurrir a la manipulación de la opinión pública, e incluso a la violencia, para afirmarse como “los que mandan”.

Mientras escribo esto, esta “batalla” estaba por concluir luego de que gracias a la intervención de un mediador (que se nos dice es un ex-juez de intachable reputación—la misma que parece que le falta a algunos de los participantes en el conflicto), se han podido lograr acuerdos que permitan completar el tiempo lectivo remanente.  Según yo lo veo, esto representa un triunfo para la parte estudiantil en huelga, ya que logró conseguir básicamente todos los puntos en conflicto, incluida la no enmienda a la exención de matrícula por méritos, que no se “privaticen” los recintos universitarios (algo que no creo que ocurra en los propios estados de los EE.UU., particularmente en las universidades llamadas “estatales”, contrario a la noción que algunos puedan tener) y que no se aumenten los costos de matrícula hasta tanto se analice la situación y se agoten todas las medidas que permitan hacer llegar los fondos necesarios a las arcas universitarias.  Del otro lado, la administración universitaria queda como un ejército abocado a sucumbir en cualquier batalla, al aparecer como un bando que cree conocer sus propias fuerzas y las de su enemigo, cuando en realidad no conoce ni una ni la otra.

Paso entonces a otro ejemplo.  En la entrada anterior hice referencia a la repartición de suertes que se ha estado tratando de hacer en Caguas, tras la muerte del alcalde, Hon. William Miranda Marín.  En particular hice referencia a lo siguiente:

“Total, si ha habido quien no ha esperado a que las cenizas del difunto se enfríen—porque, si entiendo bien, su última voluntad fue que lo cremaran—para empezar a hacer campaña para ocupar la silla que hoy queda huérfana, para luego asumir un martirologio que le queda demasiado grande, con cara de ‘yo no fui’.”

Lo menos que se esperaba cuando escribí eso fue la manera en la que sucederían las cosas.  Resulta que el “mártir” en este caso, el representante cameral José “Conny” Varela (PPD), quiso dar todo un espectáculo público y asumir una postura de que él no aspiraba a ocupar la silla alcaldicia recién dejada vacante, y que en su lugar apoyaba que uno de los hijos del difunto, William Miranda Torres, asumiera el puesto como lo han hecho otros alcaldes—en particular los de Orocovis y Bayamón (ambos, del PNP) y el de Carolina (PPD)—a fin de “continuar la dinastía”.  Sin embargo, a mí me parece que el legislador quiso apropiarse del concepto esbozado por Sun Tzu en la siguiente cita (nuevamente en “El Arte de la Guerra”):

“In war, practice dissimulation, and you will succeed….  Let your plans be dark and impenetrable as night, and when you move, fall like a thunderbolt….  He will conquer who has learnt the artifice of deviation.”

(En la guerra, practica el disimulo y tendrás éxito.…  Haz que tus planes sean oscuros e impenetrables como la noche, y cuando te muevas, cae como un rayo….  El que conquiste será aquél que ha aprendido el arte de la desviación.)

Huelga decir que aparentemente, su estrategia de “caer como un rayo” le surtió efecto, cuando ante una asamblea de delegados municipales de su partido, él se presentó sorpresivamente como candidato y prevaleció sobre el mencionado descendiente alcaldesco, en una movida que lo dejó ver como una persona poco confiable, que recurrió a la mentira y al engaño para poder conseguir su parcela de poder y administrar el legado—sin dudas, innegable—del alcalde fallecido.

Tal vez el problema aquí reside en que el representante Varela no se conoce a sí mismo, tan bien como él lo cree.  Y eso, sumado al exceso de confianza, lo debe haber llevado a subestimar a su “enemigo”—su propio partido (PPD), que aun con su innegable ambivalencia ideológica, no se puede descontar—, por lo que al final de cuentas, él podría acabar sucumbiendo aun creyendo que fue el vencedor.  Pero así son las cosas.

Y así podría estar citando ejemplo tras ejemplo de situaciones en las que el conocimiento propio y el de los retos, obstáculos y demás que archivamos convenientemente con el mote de “el enemigo”—o la falta de ese conocimiento—representa el triunfo supremo o las más aplastante derrota… pero creo que estoy estirando demasiado esta entrada.  Mientras tanto, ahora que “la fiebre” (o si lo quieren, la pasión) de la Copa Mundial de Balompié (fútbol, soccer, whatever!) está en todo su apogeo, acabo de recibir una invitación para una práctica amistosa (¡!).  Así que con el permiso de ustedes, me voy a “conocer al enemigo”…  8)

Con un equipo así... ¡que se cuiden el Messi. Ronaldinho, Kaká, David B., et al.!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

De los numeros que no eran y del estofado de tigre

Tiger Woods
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¡Qué tal, mi gente!  Voy a empezar rapidito, que hoy tengo “mucho con demasiado”…

Y empiezo manifestando mi confusión ante la noticia que indica que las cifras que se decían a poco de la victoria electoral del hoy gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de la cantidad de transacciones de personal en el gobierno, hechas durante el periodo de veda electoral de 2008 (lo que las haría ilegales), resulta que son incorrectas.  De las 11000 transacciones ilegales que se estimaba al principio, ahora resulta que las mismas ascienden a 1035 (lo que representa un 9.4% [9,4%] de la cifra originalmente dada a conocer).  La mayoría de esas transacciones ilegales (unas 930) se efectuaron durante los primeros 2 meses de la veda (que a diferencia de lo que establece la ley—que la veda sea desde 2 meses antes de las elecciones hasta 2 meses después de las mismas—incluyó los meses de julio y agosto de 2008).

Pero si malo es eso, peor es el hecho de que dentro del propio gobierno no haya un mensaje coherente que explique fehacientemente discrepancias como ésta.  Más aún, cuando afirmaciones como la de que se hicieron 11000 transacciones ilegales en tiempo legalmente prohibido es uno de los fundamentos para justificar las medidas de “recuperación” económica y fiscal que se han estado implantando—la más notoria de las cuales, como ya ustedes saben, es el despido de 17000 servidores públicos que tendrán que empezar desde el cero a partir de enero de 2010.  De un lado, el propio gobierno insiste en que sus cifras son las correctas, pero del otro lado, la persona que divulgó la cifra “verdadera”, el director de la Oficina de Recursos Humanos del Estado Libre Asociado (ORHELA), el Sr. Samuel Dávila Cid, insiste en que la cifra que él da es la correcta y que no hay razón por la que él deba rectificar la misma.  (Sólo por aquello de ser justo es que puse la palabra “verdadera” entre comillas en la oración anterior.)

Francamente, yo creo una cosa: En algún lugar de la línea recta trazada entre A y B, alguien se está saliendo de la línea.  O si quieren que lo exprese de manera un poco más franca… ¡ALGUIEN ESTÁ MINTIENDO AQUÍ! Pero, ¿con cuál propósito?  Eso último es anybody’s guess, aunque  siempre está esa posibilidad que planteé en una entrada anterior:

Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

Claro está, yo siempre insistiré en que quien comete una falta, debe responder por la misma.  Y si durante el gobierno anterior del PPD se cometió la falta de nombrar personal para las agencias de gobierno, de una manera patentemente prohibida por la Ley Electoral de Puerto Rico (Ley número 4 del 20 de diciembre de 1977, según enmendada)… los responsables de esas acciones también tienen que responder por la falta cometida, y asegurar que cosas como ésa no sucedan nunca más.  Claro está, ello no garantiza que el gobierno actual del PNP no haga lo mismo cuando le llegue ese momento, pero es cuestión de esperar un poco…


OK, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

Aquéll@s de ustedes que pasan de cierta edad—algo que técnicamente me excluye, ya que para esa época yo tendría apenas 3 ó 4 añitos—tal vez recuerden el siguiente diálogo, tomado del clásico western televisivo, Revólver a la Orden (Have Gun—Will Travel):

Paladin: “‘Hey Boy’, hay una antigua receta para hacer estofado de tigre, ¿la conoces?”

‘Hey Boy’: “No, señor.”

Paladin: “Primero, debes atrapar al tigre.”

El diálogo que acabo de citar se produce al inicio del episodio número 79, “First, Catch a Tiger” (estrenado en los Estados Unidos el 12 de septiembre de 1959), cuando el “caballero sin armadura en una tierra salvaje”—o sea, Paladin—hace su habitual ronda por los periódicos que le consigue su valet chino, Kim “Hey Boy” Chang, en busca de un “guiso” (un trabajito, para quienes no conocen el habla coloquial puertorriqueña) que él pueda hacer por la “módica” suma de US$1000.  (Una suma cuantiosa en el Viejo Oeste de 1875… ¡lo que para un mercenario a comienzos del Siglo 21 sería apenas un anticipo o un “pronto pago”!)  Estando en ésas, Paladin se entera de que un comisario y un juez de un pueblito de Wyoming con los que él colaboró para llevar ante la justicia a un delincuente han sido muertos por un asesino contratado por el padre del ajusticiado.  No se sabía mucho del asesino, excepto que sus víctimas morían a traición, por la espalda, de forma tan inesperada como los movimientos del caballo de ajedrez que adornaba la pistolera de Paladin.  El resto del episodio trata la estrategia que el “hombre de negro” tendrá que desarrollar para desenmascarar y “neutralizar” (si me permiten el uso de un término que ni en 1875 ni en 1959 tenía la connotación que tiene hoy en día) al misterioso asesino, y en el proceso evitar ser su tercera víctima.

Caballos de ajedrez

El diálogo que acabo de citar me viene a cuento ante la lamentable situación del jugador de golf, Eldrick Tont “Tiger” Woods, considerado c0mo “el mejor del mundo” en el deporte del golf (o “golfo”, como lo llama un ex-compañero de mi trabajo), al punto de que la semana pasada, la agencia noticiosa The Associated Press lo declaró como el Atleta de la Década de 2000—2009.  Francamente, mientras escribo esto, Tiger debe estarse sintiendo “atrapado”, como que de pronto todo el mundo quiere cocinarlo en estofado, luego de haber exhibido y mantenido una imagen limpia como deportista y como hombre de familia.  Imagen que de la noche a la mañana se vio dañada por el escándalo de infidelidad marital surgido a finales de noviembre de 2009, que salió a la luz tras el accidente de tránsito en el que chocó su SUV (en orden de mameyazos) contra un seto, un árbol, y una bomba de incendios o hidrante.

(Curiosamente, un chiste—más bien, uno de varios—que salió poco después en los tableros de  Usenet decía que Tiger empezó a golpear su carro con el “wood” y lo terminó de golpear con el “iron”… pero qué sé yo de eso, el golf no es lo mío…)

Y lo malo del caso es que da la impresión de que este “tigre” es como los marinos mercantes, de quienes se dice que tienen “una mujer en cada puerto”.  Y no sería de extrañar que en cada ciudad en la que hubiese un torneo de la PGA en el que él estuviese participando, alguna mujer que no fuese su esposa lo esperaba, ya que la prensa tabloide sensacionalista le ha sacado a la luz tantas y tantas amantes que “ni botándolas se acaban”…

(Y a todo esto, ¿no le habrá afectado eso su juego en los últimos años?  Digo, uno nunca sabe…)

Pero algo mucho peor es que como el asesino misterioso al que me referí antes, mucho del daño se hizo a traición, por la espalda, cuando las luces de las cámaras se apagaban y los medios de comunicación y entretenimiento se desviaban de Tiger hacia la siguiente estrella en el programa, cuando el público viraba la espalda, confiado en la imagen de “niño bueno que no rompe un plato”… aunque en este caso, el impacto fue el mismo que el de dejar entrar al toro bravo en la tienda de cristalería.

Y ni hablar del daño que eso le hace a las empresas multimillonarias que lo han auspiciado hasta el momento, algunas de las cuales ahora le están huyendo como el diablo a la cruz… tal vez porque no quieren que alguien tan famoso como Tiger Woods les recuerde de forma pública alguno de esos “gustitos” que se dan sus propios ejecutivos… ¡quién sabe!

Francamente, éste es un interesante ejemplo de cómo la fama que conlleva ser “el mejor [ESCRIBA AQUÍ UNA PROFESIÓN CUALQUIERA] del mundo” no exime a una persona de su naturaleza como ser humano.  Y no lo libra de responsabilidad por las consecuencias que le van a acarrear sus actos (aunque algunos, como el hoy ex-presidente estadounidense, Bill Clinton, se salen con la suya de una u otra manera).  Pero sobre todo, esto pone en evidencia la obsesión de una sociedad contemporánea donde “todos quieren al ganador”, una sociedad dispuesta a seguir ídolos que dan la apariencia de ser los más decentes, los más exitosos, los grandes triunfadores en la vida… para que después resulte que esos ídolos tenían pies de barro, que eran seres humanos como ustedes y como yo, con sus virtudes y sus fallas, con sus fuerzas y sus debilidades.

Yo no sé, pero para mí que eso se parece a lo de “vivir de esperanzas y morir de desilusión”.

Por supuesto, yo espero—y aunque lo veo ahora como un ángel caído, no creo que se deba perder la esperanza—que al haber anunciado que se tomaría una licencia del golf por tiempo indefinido para tratar de reconstruir lo que su conducta destruyó, él aproveche sabiamente esa oportunidad que la vida le está dando.  Y déjenme decirles una cosa (aunque me imagino que ustedes ya la saben): eso NO es nada fácil.  Es algo que requiere mucha paciencia, dedicación, tolerancia, un deseo firme de reparar el daño hecho—a los demás y a sí mismo.  Sólo el tiempo dirá si el “tigre” aprendió su lección… o si se convertirá en estofado.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien (y eso último, con énfasis y todo, va también para Tiger Woods, ¿OK?).  Hasta la próxima.

LDB