Un año bastante difícil para recordar

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An old postcard - Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, mi gente, llegamos una vez más a ese momento… en el que hacemos un inventario de lo que nos deja el año que está por terminar, con los ojos puestos en la esperanza de que el año que estamos por recibir nos tenga alguna compasión.

Que a juzgar por el desempeño del año 2011, lograr esa compasión va a requerir “de Dios y su santa ayuda”.  Si no me lo creen, he aquí varios botones de muestra, según los recogí en este blog durante los pasados 12 meses:

  1. Actos de violencia de los que no se salva nadie, ni siquiera la congresista estadounidense Gabrielle Giffords (Demócrata por Arizona), a la que un desquiciado quiso matar de un disparo en la cabeza, con el saldo de que ella apenas logró sobrevivir—muy a pesar del aspirante a asesino—, aunque una niña de nueve años (irónicamente, nacida el 11 de septiembre de 2001—no hay que decir nada más) y otras personas no corrieron con mejor suerte.
  2. Y tristemente, tampoco se salvan ni las figuras artísticas conocidas y queridas, como el gran cantor argentino Facundo Cabral, ya sea que estén conscientes o no de si andan con alguien de fiar, alguien que los puede poner en el vórtice del huracán sin querer.
  3. Una marejada de violencia que nos arropa, que nos ahoga, que nos asfixia, y que ya nos ha llevado por encima de los 1000 asesinatos tan sólo en el 2011 (y cuando empecé a escribir esto la noche del 29 de diciembre, la cifra estaba en los 1130 asesinatos), y para lo cual la Policía de Puerto Rico sólo puede sentarse a mirar con los brazos cruzados (¿porque alguien lo quiere así?) cómo los delincuentes se matan unos a otros… ¡y a los demás que estén en medio!
  4. Para colmo, esa misma fuerza policial es incapaz de poner su propia casa en orden, cuando tiene tantos problemas de disciplina y de violaciones a los derechos de sus ciudadanos, tantos “caciques” que quieren perpetuarse en sus puestos, tantos casos de violencia familiar y de género, lo mismo entre los “guardias de palito” que entre la plana mayor…  Una agencia de seguridad pública en esas condiciones, no puede ganarse la confianza ni el respeto de la misma gente a la que se juró proteger y servir… la misma gente que, si se la deja, se tomará la justicia en sus propias manos… ¡si es que no lo ha empezado a hacer!
  5. Añádase a eso un sistema judicial que no hace justicia, que entre otras cosas, prefiere dejar ir a algún poderoso (lo mismo un médico que el dueño de varios “puntos” de drogas) por falta de pruebas, o incluso “atenuar” el delito de violencia doméstica para justificar el que a un agresor, con toda la evidencia en su contra, se le deje libre para matar a la próxima que cometa el error de ser su pareja.
  6. Evidencias cada vez más contundentes de la podredumbre moral de los partidos políticos en Puerto Rico (y me refiero a todos¡A TODOS!), cuando toleran las actuaciones moralmente reprehensibles de sus figuras principales.  Y si de acciones moralmente reprehensibles se trata,
    • ¿Quién puede olvidar la caída en desgracia de cierto vendedor-de-autos-convertido-en-senador, luego de que saliera a la luz su posesión de un costoso automóvil de lujo que alguien le habían “regalado”?  (Por supuesto, sigo creyendo como entonces que sería interesante averiguar cómo fue que le regalaron ese automóvil… o quién le regaló el automóvil… ¿a cambio de qué?)
    • O la del hijo de un conocido alcalde, detenido por la autoridades estadounidenses por sospecha de tráfico de drogas—y que interesantemente, había adquirido antes de su arresto un vehículo de lujo con parte del dinero mal habido de cuanta transacción de drogas hubiese hecho.
    • Y qué decir de funcionarios públicos (por ejemplo, alcaldes) que se escudan detrás del poder—aun de lo más mínimo que le dé una sensación de poder—para hacer y deshacer como les dé gusto y gana, para propasarse con su personal de menor jerarquía, convencido de que lo hace porque puede hacerlo, y porque no importa que una autoridad de mayor relieve le pida cuentas, siempre se saldrá con la suya, porque para eso es que tiene poder.
  7. Figuras públicas que se esconden detrás de prédicas de amor y paz, para esparcir su veneno, para irse a los extremos diciendo que odian el pecado, a la vez que odian al pecador, mientras sacian sus propias ambiciones de riqueza, lujo y ostentación—y en el peor de los casos, esconden de la vista pública su realidad turbia e insalubre, detrás de una fachada de “rectitud” y de “moral”.
  8. Defensas altamente cuestionables de líderes políticos que son sorprendidos en actuaciones con visos de ilegalidad o de depravación moral, y que dejan la impresión de que no importa cuán bajo puedas caer, siempre tendrás un padrino que te justifique, que te defienda, y que le eche excremento a tus enemigos para reducirlos a la vergüenza, al oprobio, porque se atrevieron a meterse contigo sin saber con quién más se estaban metiendo (aun si para ello hay que inventar toda una patraña, con personas desconocidas o no existentes que lancen acusaciones viciosas contra quienes se atreven a retar al poderoso).
  9. Una cada vez mayor disociación entre la realidad que se vive todos los días en Puerto Rico (y hasta en los mismos Estados Unidos)—con figuras políticas marcadas por sus vicios, o con políticos tan incompetentes que prefieren pelearse por nimiedades, por cosas estúpidas y sin mucho valor, a ver si con ello entretienen a un público cautivo—y la realidad virtual que proclaman muchos (desde el gobernador para abajo), en la que todo está bien, en la que todo es normal, en la que la vida cotidiana del populacho no está en peligro, en la que todo es paz y amor.
  10. Peor aún, un desfase entre el punto de vista de los pobres, de quienes necesitan una ayuda, un estímulo para seguir adelante, y la mentalidad de quienes en ánimo de mostrar una superioridad que no es tal, se burlan de los mismos pobres a los que dicen ayudar… los mismos pobres a quienes se les crean innecesariamente expectativas que luego se harán sal y agua, sólo para echarle la culpa al que cayó de tonto en la trampa (¡pues, por eso, por haber caído de tonto!), mientras que quienes están llamados a ayudarlos se adornan de privilegios, lujos y ostentaciones (porque “el hueso… ¡es pa’ los demás!”).
  11. Una intención de explotar económicamente la necesidad de los ciudadanos de servicios públicos eficientes, mediante la aplicación de toda una serie de triquiñuelas para justificar el cobro de dichos servicios—y en el proceso, fomentar la ineficiencia, el desinterés, la negligencia y la irresponsabilidad cívica, todo porque no se deben a los mismos ciudadanos que necesitan esos servicios, sino a quienes se enriquecen a costillas de esos mismos ciudadanos.
  12. Falta de voluntad de los líderes políticos para acoger las sugerencias que se les dan de buena fe, por parte de la gente “de a pie”, de quienes experimentan los sinsabores de la vida diaria.  Añádase a esto una tendencia cada vez mayor a buscar soluciones a los problemas diarios del país, buscando el brillo de las luces de cinematografía, aspirando a ser como las estrellas de Hollywood que tanto se adoran.

Y podríamos añadir a esta lista los dos desastres naturales que le tocó enfrentar a Puerto Rico en agosto, con sus secuelas de destrucción y con las manifestaciones de evidente incompetencia para manejarlas rápida y eficientemente.  ¿Y cómo olvidar la visita a Puerto Rico del presidente estadounidense Barack H. Obama?  Una visita matizada por la astucia, en la que el mandatario dejó a ciertos súbditos de su provincia caribeña vestidos y alborotados, mientras discutía asuntos de vital importancia con un candidato de la oposición política al son de sándwiches de medianoche al mediodía—con su agüita embotellada por el la’o.

Pero también podríamos añadir algunas cosas buenas, como el triunfo de nuestros atletas en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, por ejemplo.  Aunque eso último parezca poco, el bien que hace es mucho.

Sea como sea, mi opinión es que el año 2011 fue un año bastante difícil para recordar.  Un año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia.  De eso habrán dado fe los movimientos de protesta social en los países árabes—algunos de los cuales han sido sucedidos por la caída estrepitosa (y ocasionalmente mortífera) de quienes tratan con mano dura a sus ciudadanos, a su gente, mientras celebran la vida que le escatiman a los demás—y en los centros del poder económico mundial (como los de “Occupy Wall Street” y sus secuelas).  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

¡Y vamos a dejar el 2011 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Que venga el 2012!

LDB

El último al que querrán enfrentarse

U.S. Marshal Multi-Agency Team Member with Sei...
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“I’m that man.  Matt Dillon, United States Marshal.  The first man they look for and the last they want to meet.  It’s a chancy job, and it makes a man watchful… and a little lonely.”

(Yo soy ese hombre.  Matt Dillon, Alguacil de los Estados Unidos.  El primer hombre al que buscan y el último al que querrán enfrentarse.  Éste es un trabajo arriesgado, que hace que un hombre sea cauteloso… y un poco solitario.)

Con estas palabras (que me he tomado la libertad de traducir), cada semana durante unos nueve años (1952–1961), la profunda voz del actor estadounidense William Conrad (a quien much@s de l@s de mi generación recordamos mejor como el obeso investigador privado “Cannon”) dejaba establecido quién imponía la ley y el orden en el Dodge City de la década de 1870, en la versión radial del drama del viejo oeste, “Gunsmoke” (cuya versión televisiva se conoce popularmente en el mundo hispanoparlante como “La Ley del Revólver”).  Dejaba establecido quién se estará enfrentando a “malvivientes y asesinos”, quién buscará detener “la violencia que se movió hacia el oeste” (como la señalaba el narrador en el preámbulo a la cita de arriba), al paso de una nación estadounidense que apenas estaba en sus años de formación.

El caso es que estas palabras me vinieron a la mente, luego de haber oído mencionar (para después corroborarlo en la prensa escrita) que el hoy superintendente de la Policía de Puerto Rico y ex-agente del FBI (¿no será más bien, “agente del FBI en destaque”?), José Figueroa Sancha, le dijo a comienzos de esta semana a los “expertos en los dimes y diretes, broncas y bolletes que pasan como análisis y noticias” (y cuando miren las etiquetas o tags de esta entrada, sabrán a quienes me refiero), cuando éstos le preguntaron si él pensaba renunciar, en vista de que la ola delictiva no está dando señas de que va a poderse contener:

“… ahora es que les estoy dando más duro a los criminales, ahora es que los tengo temblando.”

Francamente, yo no podría acusar al funcionario de querer “canalizar” a uno de los héroes de mi niñez, o por lo menos de tener una baja autoestima (aunque entiendo que—contrario a la percepción general—hay criminales que tienen una autoestima… bueno, casi igual de alta que la de él, pero ya ésos son otros veinte pesos).  Y aún cuando parece que el propio superintendente trata de esconder sus propios miedos e inseguridades mediante ciertas decisiones administrativas (como lo reseña esta nota publicada en 2009 en el sitio web de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico [ASPPRO]), un@ no podría decir lo contrario luego de escuchar esas expresiones.

De hecho, una cosa que me llama mucho la atención es que siempre que es el Partido Nuevo Progresista (PNP) el que asume la gobernación de Puerto Rico, algunos de sus funcionarios en posiciones sensitivas relacionadas con la seguridad pública tienden a… ¿cómo lo digo?… a mostrar una confianza extremada en sus capacidades.  (¿O será que las administraciones del Partido Popular Democrático—PPD—han soñado con hacer lo mismo, pero son un poco más tímidas?)  Tal fue el caso en una ocasión cuando la que administró el sistema correccional boricua entre 1997 y 2000, la Lcda. Zoé Laboy Alvarado (hoy abogada en la práctica privada), se presentó a un centro de detención luego de una redada contra una organización de tráfico de drogas, uniformada como para ir a una batalla (¡y ya yo quisiera verla en Irak o en Afganistán!), para increpar públicamente al principal sospechoso de narcotráfico y salir de allí como si nada, oliendo a rosas (calco de la frase idiomática en inglés, “to come up smelling like roses”).  Y todo eso fue frente a las cámaras de los periodistas, o sea, un espectáculo para consumo público.

Y yo me imagino que si muchos años después, el superintendente Figueroa Sancha estaba “canalizando” al “Alguacil Dillon” (y a todo esto, ¿dónde están “Chester” y “Festus” cuando hacen más falta?), probablemente en su momento la funcionaria en cuestión estaba “canalizando” a “McGarrett”, el de “Hawaii Five-0” (la versión original, que conste)Tal vez con el propósito de demostrar quién mandaba entonces… ¡o no!

Y mientras tanto, sigue la vida de día en día, con los ríos de papel y tinta—o su equivalente digital de ceros y unos—que nos relatan los robos, los asaltos, los escalamientos, los asesinatos—hasta por delincuentes que tienen el atrevimiento de pasar por policías, como sucedió aquí en Juncos hace apenas un par de semanas—y, para completar (o será para no quedarnos atrás, ahora que en los Estados Unidos el fenómeno se está dando a conocer de un tiempo a esta parte), abusos contra los estudiantes del sistema escolar, de eso que se conoce como el acoso o “bullying”.  Un fenómeno que casi le cuesta la vida a un niño de 9 años de edad, estudiante de cuarto grado de escuela elemental, tras ser agredido el 27 de octubre de 2010 por cuatro niños estudiantes del sexto grado de escuela elemental. Pero que además de los golpes físicos, que hicieron que él estuviera en cuidado intensivo por varias semanas, ciertamente lo va a dejar con golpes emocionales, que le seguirán por el resto de sus días.

Y entonces, cuando ocurren cosas como éstas, ¿dónde están l@s que irresponsablemente “roncan de guapos”?  ¿Estarán dispuest@s a ponerse de frente contra l@s que acosan a quienes les parecen más débiles, porque creen que así van a fortalecer su propia autoestima (por favor, acuérdense de lo que anoté arriba)?  ¿Estarán dispuest@s a enfrentarse al dueño del “punto”, o al que le suple a éste la droga que destruye a nuestra juventud, o al cobarde que a la menor provocación le entra a golpes a su pareja (o le hace cosas aún peores), o al poderoso que abusa de su poder e influencia y le niega a la comunidad toda oportunidad de mejorar las condiciones de su vida?  En serio, ¿estarán dispuest@s a infundirles el miedo a quienes se apartan de la ley?

O más bien, ¿no será que ell@s proyectan sus propios miedos, queriendo pasar por lo que no son, creyendo que sus acciones no les traerán consecuencias?  Sinceramente, amigas y amigos, eso sí que da miedo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB