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Me pareció haber escuchado un eco

Shutdown button MouseHover.
Shutdown button MouseHover. (Photo credit: Wikipedia)

La verdad es que hay que ser temerario.  Hay que ser tan capaz de sacrificar las piezas de un juego sólo por mostrarle al mundo que se está ganando una batalla.  Sólo por hacer ver que eso es lo que quieren los combatientes—ya sea que esa expresión de “satisfacción del deber cumplido” sea sincera o un simple desliz mental.

Sea como sea, eso es lo que estoy viendo, ahora que el gobierno de la que se hace llamar “la nación más poderosa del mundo” está de cierre.  Sí, amigas y amigos, mi gente.  El gobierno de los Estados Unidos de América está de cierre (“shutdown”, en el idioma en el que alguna gente en algunos bastiones pudientes de Puerto Rico pretenden que muchos de nosotr@s hablemos, ¡aunque ni ell@s mism@s lo sepan hablar bien!).  Y los empleados del gobierno federal, particularmente los que no desempeñan funciones esenciales e imprescindibles para la nación estadounidense, están de receso.  Un receso durante el cual no pueden cumplir con sus responsabilidades económicas ni atender “como Dios manda” las necesidades de sus familias.  Y esas familias se deben estar viendo en estos momentos en la disyuntiva de no saber si se podrá pagar la hipoteca de la casa este mes, o llevar a los niños a la escuela o a los infantes al cuido, o darles una alimentación digna, o comprar los medicamentos “de mantenimiento” si padecen condiciones de salud que les seguirán hasta la tumba.

Y todo eso, por la maldita temeridad.  Por la temeridad de bandos políticos que no tienen la madurez, ni la fuerza de carácter que se requiere para atender situaciones tan graves como ésta.  Bandos cuya única razón de ser es acumular puntos con sus huestes.  Ya sean republicanos de esos que harían de todo por sacar de carrera a un presidente “otro” (y entenderán por qué lo escribo como lo ven aquí) al que nunca quisieron—y para lo cual, de todos modos, ya se les está haciendo un poquito tarde, a menos que lo quieran hacer el mes antes de las elecciones federales de 2016—o los demócratas encabezados por el presidente Barack H. Obama, empeñados en imponer lo más cercano a una cobertura de salud universal (cariñosamente llamada “Obamacare”) a como dé lugar, son bandos a los que no les importa sacrificar a los demás, siempre y cuando no les toque a ell@s compartir ese sacrificio con los demás—dicho eso con una cara “de lechuga”, así de fresca.

¿Les suena conocido todo lo anterior?  Por supuesto que debería.  Primero, porque en Puerto Rico pasamos por una situación similar en mayo de 2006.  Y esa situación ha sido sacada del baúl de los recuerdos por muchos de los medios puertorriqueños, como para que no se nos olvide que las cosas siempre podrían ser peores, como para enfatizar que en todos lados se cuecen habichuelas.  Que allá tal como aquí, la rencilla partidista está tan metida en el debate público, que no le importa tomar rehenes en aras de un triunfo sobre “los otros”, en aras de ser vistos como “los héroes”, los que salvaron al mundo de su propia destrucción.

(Es más, quien esté interesad@ vaya al archivo de mayo de 2006 y vea todo lo que escribí entonces sobre el tema.)

Y segundo, porque ya vimos lo que pasó cuando hubo una amenaza similar hace un par de años.  Justo cuando se discutía elevar el límite de la deuda gubernamental estadounidense, bajo pena de quedar como un mala paga (o en “buen” puertorriqueño, incurrir en un “default”) llegado el momento.  Aunque por lo menos, en ese momento se logró evitar el cierre del gobierno federal, esta vez no se pudo correr igual suerte.

Es más, aunque l@s acabo de referir al enlace, permítanme abrir mi baúl por un momento y decirlo de nuevo (yo creo que vale la pena repetirlo tanto como pueda—aunque sea actualizando la referencia de tiempo):

“Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender. Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

“Y tanto yo como ésos que se verán afectados… nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense? Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) [en el 2006], parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como ‘héroes’ en una guerra en la que hay salvar al mundo de las ‘hordas asesinas’ que amenazan con destruirlo.

[…]

“Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia? (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…) Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va. Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y ‘triunfar’ sobre ‘el enemigo’.”

Y lo mismo que no vimos que ocurriera en 2011 es lo que estamos viendo ocurrir un par de años después.  Si antes se pudo contener la temeridad de los bandos y evitar que la sangre llegara al río, ya hoy vemos que no se pudo hacer.  Ahora, la gente en los Estados Unidos tendrá que aprender lo que es depender de una claque política—repartida entre dos bandos principales, a cual de los dos más partidista—a la que no parece importarle que los demás se vayan por el abismo para abajo, sólo para quedar decepcionada por las consecuencias de esa dependencia.

Por supuesto, que los estadounidenses aprendan de esta lección, una vez salgan de esta crisis, ya eso será otra cosa—y eso es lo mismo allá, tal como aquí.

¡Así que vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (17 DE OCTUBRE DE 2013): Por qué será que no me sorprende que al filo de la medianoche del 16 para el 17 de octubre, los actores principales de esta comedia decidieran que ya era suficiente.  Ya se decidió que el gobierno federal se mantuviera abierto por otros 90 días y a la vez se pudo evitar que el mismo gobierno quedará como un mal apaga.  Pero no importa cuántos esfuerzos haga cada uno de los actores por quedar como “héroe”, el hecho es que habrá que volver a lo mismo, y que volverá a reinar la incertidumbre.  Y entonces, ¿qué se ha ganado con ello?


LDB

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Lloramos la Muerte o Celebramos la Vida?

Saludos,

Yo creo que coincidirán conmigo en que la semana que acaba de terminar fue muy fuerte, por el papel estelar que jugó la muerte, la misma que nunca se toma unas vacaciones. Comenzamos con la muerte de Theresa Marie Schindler-Schiavo, una mujer de por sí atractiva (en mejores tiempos, claro), cuya lucha por satisfacer una necesidad de cariño y aceptación la llevó a resolver un problema de sobrepeso “de cantazo”, lo que le causó un desequilibrio químico que afectó su corazón y dejó su cerebro sin recibir oxígeno por un tiempo crucial, y que en 1990 la llevó en última instancia a un estado vegetativo persistente, que 15 años después la llevaría al valle de sombra de muerte… Y que lamentablemente la convirtió, sin ella quererlo, en otro peón del ajedrez político. Y cuida’o que tanto estuvieron sus ahora deudos entre prolongarle la vida, quitarle la sonda alimentaria que la mantenía viva, ir al tribunal a pedir que le reconectaran la sonda, recibir tantos NO HA LUGAR de los tribunales…

A esto siguió la agonía y fin de la vida del Papa Juan Pablo II el sábado 2 de abril. Y aquí quiero hacer un aparte, porque aunque en estos momentos me siento un poco distante de mis raíces, no deja de dolerme la pérdida de quien en 26 años de pontificado tuvo una activa participación en los eventos del mundo. Además de todo lo que se ha dicho sobre él en los pasados días, no queda mucho más que decir, excepto que luchó hasta el fin, que siempre libró la buena batalla… Ahora lo que resta es preguntarse como en el título de la semana pasada, ¿a dónde vamos desde aquí?

Para completar, apenas al levantarme lo primero que me da la radio es la noticia del fallecimiento del cantante italoargentino Tony Croatto, a causa de un cáncer que le fue diagnosticado no hace mucho. Tony llegó a Puerto Rico hacia la década de 1970 (si mi recuerdo es correcto), y con su hermana Nelly se dieron a conocer en El Show de las 12 (SÍ, el mismo programa de TV que hace apenas unas semanas fue cancelado después de 40 años de emisión continua, como ya saben de un par de mensajes atrás). Con los años, Tony fue compenetrándose de aquellos elementos culturales que nos caracterizan, al punto de que echó raíces en Puerto Rico y se convirtió en “un jíbaro termina’o”, como diría una de sus canciones.

La verdad es que cuando una persona muere, la vida propia adquiere unos matices diferentes. La vida se ve desde otra perspectiva, como un sendero que quienes nos quedamos en este valle de lágrimas debemos seguir trillando, como una constante aventura que debe vivirse, sentirse, experimentarse… guiados siempre por los faros de luz de quienes trillaron el sendero antes que nosotros, y cuyo recuerdo seguirá con nosotros para siempre…

Para mis tres Huéspedes de Honor de esta semana, cito (más o menos) de la Bendición Irlandesa: “Hasta que nos volvamos a ver, que Dios los tenga en la palma de Su mano.”

Para el resto de nosotros aquí abajo, cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB

P.S. Como muestra de respeto ante el deceso del Papa Juan Pablo II, creí prudente no sacar las páginas de marzo y abril de mi sección de humor. Las mismas estarán de vuelta el próximo fin de semana.