Y el león no era tan fiero na’

A still of 2004 Osama bin Laden video
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, mi gente, hace exactamente una semana un acontecimiento hizo opacar la “fiebre” mundial por el casorio de Guille y Kati la boda del Príncipe “Guillermo” y la hoy Princesa “Catalina”—uno de esos eventos “sociales” en el que los monarcas quieren dar la impresión de que siguen siendo relevantes en el mundo, al comienzo del Siglo 21 (y quién sabe si sirvió de inspiración para que alguno de los “beautiful people” de aquí se le ocurriera la “charrería” de imitar el despliegue de lujo y opulencia de un imperio que ya no es ni la sombra de lo que fue)—para dar paso a la muy necesaria clausura (no sé si ésta sea una buena traducción para el inglés “closure”, pero “a lo hecho, pecho”) de un decenio dominado por el miedo.

(Por cierto, también opacó la noticia que resume los trágicos estragos de las inundaciones en el Midwest estadounidense, donde el poderoso Río Mississippi ha dejado muerte y destrucción a su paso, y para colmo, no se espera que ese río baje a su nivel… ¡sino hasta entrado el mes de junio!)

No hace falta decir que se trata de la operación de la casa amurallada de Abbottabad, Pakistán (información en español y en inglés, vía Wikipedia), donde se alojó durante cinco años (más o menos) el criminal más buscado del planeta, Osama bin Laden.  El autor intelectual de los trágicos sucesos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 en New York, NY, Washington, D.C. y Shanksville. PA, en los cuales aproximadamente 3_000 personas perdieron su vida, como víctimas inocentes del celo de un grupo de fanáticos religiosos—sucesos a los cuales dediqué una entrada, al cumplirse su cuarto aniversario, y de los que puedo decir propiamente que estuve a punto de ver relativamente de cerca.

Muchas preguntas han surgido desde entonces.  Como por ejemplo, cómo fue que la inteligencia militar (sí, ya lo sé, esa frase es un “oxymoron”) estadounidense logró dar con el paradero del individuo, después de tanto tiempo y esfuerzo (y de tantas oportunidades que habría dejado escapar).  O cómo es posible que estando la vivienda donde se efectuó la incursión, ubicada en el mismo barrio urbano que una academia militar paquistaní, las autoridades paquistanas no tuvieran ningún conocimiento de que tan “distinguido” huésped estuviera viviendo bajo sus narices.  Por supuesto, ante la duda, las autoridades locales han tenido que recurrir al cuento de “ah, no, yo no sé, no” para poder sacar… esteeeeeeeee… las piernas del agua, o más bien, para que no se piense que le estaban sacando partido a darle albergue al “distinguido” huésped, mientras que se cantaba como colaborador de la parte agraviada en su “guerra contra el terrorismo”.

(Precisamente, la misma guerra que como escribí en la entrada anterior a la que me refiero arriba, tomó el rumbo que no era por razones que sólo se pueden explicar en términos de ventajería política, pero ya eso es otro tema.)

De todos modos, no hace falta decir que la intervención militar estadounidense resultó en la confiscación de material de gran importancia para entender el peligro que la organización terrorista encabezada por bin Laden representaba—y aún representa—para el mundo occidental… y que en el proceso, dejó ver la persona que se escondía detrás del mito.  A mí me llama mucho la atención el hallazgo de las cintas de vídeo que muestran a este individuo como vanidoso, obsesionado con su propia imagen, como el individuo envuelto en mantas y con una gorra tejida que le cubre la cabeza, sentado en el piso mientras observa visuales en los que se habla de él.  Digo, ¿tan preocupado estaba él de cuidar su imagen, de evitar cometer errores (aun cuando “pusiera un huevo” en la grabación de alguno de sus mensajes de propaganda terrorista y tuviera que repetir la toma)?  ¿Tanto se admiraba él?  ¿O tal vez no estaría añorando los “buenos” tiempos del pasado?

(Por cierto, lo primero que me vino a la mente cuando vi ese último video fueron aquellos antiguos comerciales en los que el ex-astro de los Yankees de New York del MLB, Reggie “Mr. Octubre” Jackson—de madre boricua, por cierto—, como portavoz de los televisores marca Panasonic, siempre se aseguraba de que hubiera “algo bueno en la televisión”—siempre y cuando ese “algo bueno” fuera que él estuviera en pantalla haciendo galas de su talento beisbolístico… ¿ya ven por dónde va esto?)

Yo no sé, pero a lo mejor no estarán muy lejos quienes quieran sacarle partido a esa imagen de bin Laden en particular, poniéndolo a pensar, por ejemplo…

“¿Cuándo terminarán con el %^+{#!$ reportaje ése, que yo quiero ver a ‘La Comay’?”

Pero parodias aparte, la pregunta más importante que me hago es si de veras debemos creer que con la muerte de bin Laden, el mundo es ahora un poco más seguro.  Como es de esperarse, los actuales personeros de la organización que bin Laden dirigía hasta su muerte ya han jurado venganza contra los EE.UU., aunque hay quienes ponen en tela de juicio que la manera de ejecutar esa venganza sea igual de intensa que la de hace casi 10 años.  ¿Y entonces?

“¿A dónde irá el mundo desde aquí?  […]  Puede ser que uno (o una) trate de hacer lo que dice el refrán, «A mal tiempo, buena cara».  Puede uno intentar vivir una vida con una semblanza de normalidad… ¡pero las huellas de los trágicos y criminales eventos del 11 de septiembre de 2001 han hecho que nada sea lo mismo!”

Me temo que lo que escribí en este blog el 11 de septiembre de 2005, será nuestra realidad de cada día, por mucho tiempo más.

Y de cara al Puerto Rico BloggerCon 2011 del próximo sábado, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Menos Mal que Murphy No Era Pelotero

¡Hola, mi gente!

Bueno, aquí estoy de regreso, luego de una semana de viaje por Connecticut, donde visité a varios de mis primos que viven allí. La verdad es que para mí fue una experiencia bastante buena, en tanto pude ir a algunos sitios que yo no había visto en visitas anteriores, como la casa de Hartford donde vivió el célebre escritor estadounidense Mark Twain (seudónimo de Samuel Langhorne Clemens, 1835–1910) con su familia entre 1874 y 1891 (año en que la familia se mudó a Europa tras la muerte de una de sus niñas). Y precisamente durante esos mismos años, muchas de sus obras más famosas—por ejemplo, The Adventures of Tom Sawyer (1876), The Prince and the Pauper (1882), Adventures of Huckleberry Finn (1884) y A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court (1889)—vieron las primeras luces. Por ello, tal vez no sea exageración decir que Mark Twain tuvo allí los mejores días de su producción literaria.

(Por cierto, si alguno/a de ustedes interesa más información sobre la casa de Mark Twain en Hartford, yo le aconsejo que visite la página de The Mark Twain House and Museum. Información sobre Mark Twain como tal… bueno, ya hasta eso lo tiene la bendita Wikipedia en español y en inglés. ¡Qué se va a hacer!)

Pero volviendo al tema, además de visitar a los menta’os primos, uno de los propósitos de mi viaje era ir desde Connecticut hasta New York City a ver un juego de béisbol de los Yankees. Imagínense eso: yo nunca había tenido la oportunidad de ver un juego de béisbol de grandes ligas (y por favor, ¡no empiecen con los comentarios y las burlas!), y ésta era la gran oportunidad que se presentaba ante mí. Lo único fue que la oportunidad no sería fácil de lograr, como verán en los siguientes párrafos.

Para empezar, en la fecha que a mi primo y a mí nos interesaba ir (miércoles 27 y jueves 28), los Yankees estaban jugando en Philadelphia. ¡Adió’ cará’! ¿Habrá que hacer entonces el viaje por carro hasta Philadelphia? Debía haber una mejor alternativa. Y por suerte la encontramos, aunque no con los Yankees, sino con los Mets, quienes jugaban los mismos dos días con los Cardenales de St. Louis. A falta de pan, galleta…

Y fue así como después de hacer los trámites por teléfono salimos mi primo y yo, junto con dos de sus sobrinos por parte de la esposa de él, con rumbo a New York City para ver el juego de los Mets con St. Louis. Varias horas después de salir de Connecticut (noten que no voy a dar la duración precisa del viaje, para proteger la privacidad de la mis primos y sus familias) ya estábamos en el Shea Stadium para ver el juego. Sí tuvimos una espera de 45 minutos en lo que se abrían los portones del estadio, tiempo durante el cual pude comprobar el entusiasmo que justifica esa espera entre los fanáticos del béisbol. Ya dentro del estadio tomamos los asientos que pudimos conseguir, en un área que estaba casi alineada con la primera base. Tal vez esa ubicación no sería la mejor en términos de ver “de cerca” toda la acción del partido (como bien lo señaló mi primo, al comparar el Shea con el Yankee Stadium), pero para ser mi primera experiencia con un juego de pelota, era un comienzo. De todos modos, estuvimos esperando unas horas a que los peloteros de los Mets y los Cardenales hicieran sus prácticas de rigor, mientras que el sistema de sonido al fondo del parque nos entretenía al son del hiphop y hasta del raggaetón. (¡¿?!)

Lo que posiblemente no tuvimos en consideración fue que para esa tarde se estaba pronosticando la llegada de un sistema tormentoso que traería mucha lluvia a la ciudad. Así que según iba pasando el tiempo los cielos empezaban a tornarse grises, y yo empezaba a pensar… “¡A que suspenden el juego por la lluvia!” “Con la clase de suerte que yo tengo…”

Y mis peores temores se concretaron hacia las 6:40 PM (UTC -5 +1) cuando el personal del parque empezó a colocar la lona sobre el campo de juego. Al final, el campo quedó así:

No tardó en caer el aguacero, cuando apenas faltaban 20 minutos para la hora en la que se haría el primer lanzamiento (programado para las 7:10 PM [UTC -5 +1]). Y créanme, el aguacero que cayó era bastante fuerte, con tormentas eléctricas en las cercanías. El caso es que estuvimos en la espera de si se podía reanudar la acción esa noche (aunque fuera, para yo no haber perdido mi viaje).

Entonces llegó la mala noticia: a las 7:36 PM (UTC -5 +1) se le informó al público que ante la inminencia de aguaceros adicionales… ¡decidieron aplazar el partido entre los Mets y los Cardenales para una fecha futura! ¡Qué decepción! Pero bueno, por lo menos así regresamos más temprano a Connecticut y por las mismas vías.

Pero eso no quedó ahí. Cuando fuimos a salir del Shea Stadium, los “atentos” y “amables” (según ellos) agentes de tránsito de la NYPD nos hicieron desviar por dentro del área que comparten el estadio y el centro de tenis donde cada año se celebra el U.S. Open. Y lo peor de todo es que estábamos más desorientados que un murciélago al que lo agarra la luz del día. (Peor aún: ¡ninguno de nosotros tenía a mano un mapa de New York City para saber a dónde… diache habíamos ido a parar!) Afortunadamente, logramos conseguir hacer una media vuelta cuando ya creíamos que íbamos a llegar a “Jurutungo Viejo”… o por lo menos al aeropuerto JFK (como dicen los estadounidenses, take your pick!) y emprendimos el regreso a terreno seguro (si así se le puede llamar a la casa de mi primo en Connectiucut, pero eso es otra historia).

En fin (porque sé que esta vez me pasé de largo y los estoy aburriendo), salvo por esta expresión de la Ley de Murphy (la que dice que todo lo que podría salir mal saldrá mal), pasé una semana agradable, olvidando por un momento mis problemas y los problemas que agobian a mi mundo, y llenándome de nuevas fuerzas para afrontar los retos que se avecinan…

OK, vamos entonces a otra cosa.

ESTO FUE LO QUE TRAJO EL MES DE JUNIO A MI SECCIÓN DE HUMOR: Un operario se salva milagrosamente de perder su vida en un rascacielos, ¿y qué recibe por ello como aprecio?… Una relación de pareja, presentada en forma poética… En el mundo del trabajo, ¿quiénes son los “mayas” y los “aztecas”?… Un joven que le había jurado fidelidad a su novia de juventud, de pronto se lleva una gran desilusión… Qué sucede cuando los líderes de la nación más poderosa del mundo van a cenar a un restaurante… Aumenta la incidencia de desempleo y falta de vivienda entre los chimpancés (¡igualito que con los monos que andan sueltos por Lajas!)… ¡Cuidado! ¡La propina que usted deja habla muchísimo de usted!… ¿Qué fue lo que Paris Hilton amenazó con hacer unos días antes de salir de la prisión?… Tres monjes piadosos se van de juerga y le confiesan sus pecados al Abad… Dos deambulantes se la pasan pidiendo en la calle, ¡pero a uno le va mejor que al otro!… Una maestra le pregunta a sus estudiantes del jardín de infantes (kindergarten) quién fue la persona más famosa que existió… Una empresa toma cartas cuando cree que algunos colores (¿dije “algunos”?) e
n la vestimenta pueden causar molestias a clientes y empleados… Y… Cómo P.T. Barnum vino a validar su refrán de que todos los días se tira un… esteeeeeeeeee… un tonto a la calle.

Y PORQUE USTEDES LO PIDIERON… DIGO, USTEDES LO PIDIERON—NO SE ME HAGAN LOS QUE NO… ¡MI SECCIÓN DE HUMOR REGRESA A SU ITINERARIO HABITUAL DESDE LA PRÓXIMA SEMANA!

Ya usted sabe qué hacer: Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán y oprima donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”.

¡Y vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB