Haz lo que yo digo, NO lo que yo hago: Edición “Fuego y Azufre”

OK, pellízquenme los brazos si lo he mencionado anteriormente en este blog.  Pero casi 4 décadas después recuerdo el comentario que me hizo una compañera de estudios en la actual Universidad de Puerto Rico en Humacao, mientras esperábamos el inicio de una clase en el programa de Biología Marina.  La joven, cuyo nombre ya no puedo recordar (aunque sí recuerdo que era del vecino pueblo de Gurabo), pero que era miembro de una iglesia cristiana protestante (hasta donde yo tenía conocimiento), me contaba sobre una situación en la que se había visto un pastor evangélico de su comunidad, en la que enfrentaba algún cargo por un incidente violento, creo que contra una menor de edad.  Puede que yo no recuerde mucho de lo que ella comentó, pero ella hizo un señalamiento que desde entonces llevo grabado en mi cabeza:

“Algunos que dicen ser cristianos son hasta peores que el mismísimo demonio.”

(Y ahora que me doy cuenta, por lo menos en una ocasión mencioné esta anécdota en el blog.  OK, ya está bueno, ¡dejen de pellizcarme, que eso duele!  ¡AAAYYY! Llorón )

Reloj

(OK, mis brazos ya están bien, puedo seguir escribiendo.)

Pues bien, hoy fue una de esas veces en las que me acordé de las palabras de la compañera universitaria de entonces, al ver en mi cuenta de Twitter una noticia en particular.  Una noticia que, queramos o no, nos lleva al trágico evento ocurrido el 12 de junio de 2016, cuando un individuo presuntamente influido por la ideología radical musulmana—la misma que, a mi entender, no es representación fiel de las buenas personas que practican esa religión, y que es detrás de lo que se esconden pandillas de asesinos, como la que se hace llamar “Estado Islámico de Irak y Siria” (o “de Irak y el Levante”) (y sí, eso es ese grupo, y como tal hay que llamarlo, como una pandilla de asesinos que no merece ninguna legitimidad en lo absoluto, ni religiosa ni política)—asesinó a 49 personas—23 de las cuales eran puertorriqueñas—en la discoteca “Pulse” de Orlando, Florida (antes de ser abatido por las fuerzas policiales).  Cuarenta y nueve personas que salieron a divertirse ese sábado por la noche, como cualquiera de nosotr@s lo haría—pero sin pensar que esa diversión acabaría costándoles la vida.

Y no pasaron 4 días desde el trágico suceso, cuando a una persona identificada como pastor evangélico de una localidad en el vecino estado de Georgia se le ocurrió colocar la siguiente expresión en su cuenta de Twitter:

“Been through so much with these Jacksonville Homosexuals that I don’t see none of them as victims. I see them as getting what they deserve!!”

¡Todo porque el escenario de la matanza era un club nocturno frecuentado por—o cuyas actividades están dirigidas a—homosexuales!    (Además de que equivocó el nombre de la ciudad, porque Jacksonville está al norte de Orlando, casi en la colindancia estatal con Georgia.)  Es más, voy a volver a la misma entrada de mi blog que cité hace un momento, porque creo que lo siguiente le cae como anillo al dedo, a éste y a muchos otros a quienes el sayo le cae perfectamente:

“Yo me cuestiono cómo… el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos…  ¿… será de los ciegos que se ufanan de algo así como… ‘mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)’?”

Pero, ¿qué tal si echamos este otro ingrediente en la olla, a ver la clase de guiso que resulta?

“Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las ‘fallas’ de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas ‘fallas’, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos ‘pecador (o pecadora)’—queden retratados en una afirmación como la que cito….”*

[…]

“Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.”

(* La afirmación a la que me refiero está en: Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.)

Pues bien, parece que mi entonces compañera de estudios y yo tenemos razón, muchos años después.

Según esta nota publicada por el portal noticioso Fusion, el mismo pastor evangélico de Georgia que dijo que las 49 víctimas de una ira asesina—y repito, incluidas 23 víctimas puertorriqueñas—recibieron “su merecido” por ser lo que cierto ex-presidente del Senado boricua llamaría “torcidos”, fue arrestado este fin de semana por cargos de acoso sexual simple y agravado, en la persona de un menor de 16 años miembro de su congregación, en hechos ocurridos hacia el año 2010.

¿Alguien tiene una explicación RACIONAL para esto?  Una explicación de por qué una persona que está llamada a predicar la paz, el amor, y más que nada, el perdón de nuestras fallas como seres humanos, busca satisfacer a escondidas los impulsos carnales que tanto le critica y condena a otr@s.  ¡Así cualquiera!  De un lado, condenando los impulsos carnales que—según él—llevaron a los 49 de “Pulse” a recibir el “castigo de Dios”, mientras que del otro lado, cediendo a esos mismos impulsos carnales.

Tal vez le cae perfectamente ajustado el sayo del que sirve a los 2 amos.

Tal vez conviene repasar algo que escribí anteriormente sobre las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes ilegales:

“Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como ‘quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás’, como ‘personas bañadas de «rectitud» de arriba para abajo’—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.”

Y lamentablemente, tanto al asesino de la discoteca “Pulse” como al pastor evangélico que quiso pasar por más santo que Dios, les cae perfectamente ese sayo.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

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El verano del descontento

A day without immigrants, May 1, 2006. Descrip...
A day without immigrants, May 1, 2006. Descriptions shall come later. (Photo credit: Wikipedia)

Cualquiera diría que las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano por el lado de la cama que está pegado a la pared—y créanme, no es muy agradable despertar así.  Que mientras el mundo se entretenía en Brasil viendo cómo 22 jugadores de bandos opuestos corrían de lado a lado dándole patadas a un balón, en un regio baile mundial que terminó cuando los alemanes le hicieron “flippenfläppenmuckenßpræden” a los argentinos (y por favor, no me pregunten qué significa la claje ‘e disparate que acabo de escribir), en varios lugares de ese mismo mundo había una olla de conflictos por hervir o en plena ebullición.

Tenemos un ejemplo bastante gráfico en el nuevo conflicto entre los israelíes y los palestinos de Gaza—uno de tantos conflictos entre ambos bandos que se remontan a los “good old days” del Antiguo Testamento bíblico—, supuestamente desatado tras el secuestro y asesinato de 3 adolescentes israelíes y el supuesto secuestro y asesinato de un joven palestino en represalia.  Un conflicto en el que cada bando tiene su parte de responsabilidad, en el que cada bando trata de defender lo que entiende es suyo.

Y lamentablemente, un conflicto en el que la respuesta de cada bando no guarda ni la más mínima simetría.  Cohetes palestinos que pocas veces alcanzan su objetivo, ante las astutas defensas israelíes.  Cohetes israelíes que supuestamente alcanzan su objetivo en Gaza… o al menos, eso es lo que se le quiere hacer creer al resto del mundo.

El saldo hasta el momento refleja esa asimetría.  Una gran cantidad de víctimas civiles en el lado palestino, frente a sólo 2 ó 3 civiles del lado israelí (más un par de decenas de militares—pero en Tel Aviv dirán que “eso no es ná’, ellos son reemplazables”).  Hombres, mujeres y niños.  Más o menos un millar de víctimas palestinas en el momento en el que escribo esto.  Víctimas en una cacería de terroristas en la que todo se vale.  Bombardear escuelas, hospitales, balnearios playeros, hasta los refugios administrados por la Organización de las Naciones Unidas (la misma que para ambos bandos es buena cuando les conviene).  Y todo, porque los israelíes alegan que los palestinos de Gaza ocultan sus lanzadores de cohetes en esos mismos lugares, y utilizan a su propia gente como escudos humanos.

Pero déjenme decir algo: tan mal está el que se esconde detrás de gente inocente para atacar y hacer daño a otros, como el que mata o manda a matar a esa misma gente inocente para evitar que “nazcan” los futuros terroristas—y después se lava las manos como Pilatos y trata de manipular la opinión mundial para que ésta acepte su historia como “la realidad”.

Pero ¡ay! de quien trate de descorrer el velo que oculta la otra cara de esa realidad por estar “en el lugar correcto en el momento correcto”, como lo sabe de primera mano el periodista de la NBC estadounidense que tuvo que sufrir una represalia de sus jefes tras ser testigo de primera mano del bombardeo de una playa en la que apenas unos minutos antes había jugado con unos niños que más tarde se convertirían en víctimas.  (Digo, ¿no es para eso que existen los periodistas, para ser testigos de aquello de lo que se hace la historia de la humanidad?)  Y aunque el medio para el que trabaja lo llegó a remover de esa asignación “por su seguridad”—para reemplazarlo con otro periodista de mayor estelaridad cuya “seguridad” debía preocupar igual—, la molestia con dicha decisión ha permitido que él siga ahí, mostrando las cosas desde otra perspectiva.   La de quienes dicen no tener nada que ver con los cohetes que se lanzan contra Israel, la de las ciudades y villas de Gaza destrozadas por una guerra que no parece tener más sentido que el de los viejos odios de antaño, una guerra en la que hay hombres, mujeres, y sobre todo, niños que llevan la peor parte.

Y ya que hablamos de niños que llevan la peor parte, no hay más que mirar un poco más de cerca, al influjo creciente de menores centroamericanos que cruzan la frontera de los Estados Unidos de México con los Estados Unidos de América.  Como todas aquellas masas hacinadas de inmigrantes desamparados y azotados por la tempestad a las que le cantaba la poetisa estadounidense Emma Lazarus (1849–1887) en “The New Colossus”,* llegan buscando respirar en libertad, buscando aquello que llaman “the American dream”.  Y por todo el riesgo que corren sus vidas en el intento, todo lo que encuentran es un sistema de control fronterizo estadounidense que hace lo que puede por atenderlos, a veces más allá de su propia capacidad.

Eso, y los efectos de la ignorancia, el odio y la intolerancia, con los que se han rechazado los vehículos que los tratan de llevar a las facilidades donde se les debía dar el cuido que la más elemental humanidad exige.  Sentimientos que muchos estadounidenses, lamentablemente, lucen como si fuera una medalla de honor, como si eso los hiciera superiores al resto de los seres humanos.  Sentimientos que son alimentados por ideologías que descuentan a quienes no son “iguales” que quienes las impulsan y las propagan, y mucho menos que quienes caen en la trampa de seguirles sin cuestionar esas ideologías.  (Y ésa es la misma gente capaz de esperar a que culmine la administración del presidente Barack H. Obama en enero de 2017—y haya un nuevo presidente—para diz que “residenciarlo”, de tanto que los ciega el odio contra “el otro”.)

Lo malo del caso es que ese odio y esa intolerancia no permiten ver con claridad—mucho menos entender—la(s) razón (razones) por la(s) que tantos niñ@s centroamerican@s se ven obligados a abandonar sus países para hacer ese arriesgado y peligroso viaje hacia el norte.  En particular la violencia generada por las pandillas juveniles en muchos de esos países centroamericanos.  (De paso, aprovecho para recomendarles este informe del 2009 sobre la violencia juvenil y las “maras” y pandillas en El Salvador, especialmente las páginas 6–15, en las que se presenta el marco conceptual del estudio—una excelente descripción que tal vez nos ayude entender un poco mejor ese problema… y quizás en el proceso podamos ver cuán retratados estamos en esa realidad, nos guste o no.)  O la violencia ocasionada por el tráfico de drogas provenientes de la América del Sur, a través de los mismos países centroamericanos, para satisfacer una necesidad de consumo en los propios EE.UU.de A.—o sea, un caso de “oferta y demanda” como cualquier otro, como lo plantea una entrada reciente en el blog “Two Weeks Notice”.  Pero no, tal vez entender eso sea un esfuerzo sobrehumano para las “mentes”—si se les puede llamar así—de aquellas personas para las cuales la ignorancia es su savia, lo que les da la vida.

No me sorprendería que ése sea el mismo caso entre israelíes y palestinos, que desde tiempo inmemorial no pueden entenderse los unos a los otros, no se pueden ver las caras los unos a los otros, y están cegados por su propio odio y su propia intolerancia.

¡Quién sabe!  Tal vez si se acabara con ese odio, con esa intolerancia, con esa ignorancia que te hace levantarte un día y decidir que quieres atacar la casa de tu vecino para liquidarlo a él y a su familia y “prevenir” que éstos te ataquen, o decidir que no le vas a permitir la entrada a tu casa a alguien de otro lugar que esté huyendo de una situación problemática en su propia casa, porque es “diferente” a ti, se podría evitar muchos de los conflictos que han plagado a la humanidad.  Cuántos esfuerzos no se han hecho para acabar con los conflictos alrededor del mundo, principalmente por quienes aún quieren ser optimistas, por quienes no pierden la fe en la discusión sosegada de los asuntos, quienes quieren buscar las causas de los problemas, en lugar de dar palos a diestro y siniestro como “disuasivo”.

Pero como dije al principio, parece que esta vez, las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano de muy mal humor.  Tal vez debería ser tiempo de que esa rabieta se les pase pronto.  O por lo menos, debemos aspirar a que esa rabieta se les calme.  Cuanto antes, mejor.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Cortesía del traductor de Google (con alguna ayudita de mi parte), ésta es la cita del poema de Emma Lazarus a la que hago referencia:

“Dame tus cansados​​, tus pobres,
Tus masas hacinadas anhelando respirar en libertad,
El desamparado desecho de tus rebosantes playas.
Envía estos, los desamparados, azotados por la tempestad, a mí:
Levanto mi lámpara junto a la puerta dorada.”


LDB

La niña y los que odian la luz

Title page to Locke's Some Thoughts Concerning...
Title page to Locke’s Some Thoughts Concerning Education (Photo credit: Wikipedia)

Sinceramente, yo me resisto a creer que haya en este mundo quien no quiera lo mejor para sus semejantes.  Yo prefiero creer que todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos el firme deseo de mejorar las condiciones en las que llevamos nuestra vida.  Y que tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros herman@s a llegar más allá de donde están, a superar las barreras que el odio, la intolerancia y el fanatismo nos ponen delante, a lograr el mejor mundo posible.

Yo me imagino que eso era lo que Malala Yousafzai (vía Wikipedia: en español, en inglés), a sus 14 años, tenía en su joven mente cuando se atrevió a levantarse sobre sus propios pies, cuando empezó a abogar—a través de un blog que ella escribía para el portal de la empresa pública británica, BBC—por la educación suya y de otras niñas en Pakistán.  Porque ella estaba está convencida de que otro mundo es posible.  Un mundo en el que todas las personas tienen las mismas posibilidades para realizarse, para ayudar a su gente a ponerse en pie y enfrentar los rigores de la vida diaria, con optimismo, con seguridad, con la confianza puesta en un futuro de plena esperanza.

¿A quién puede hacerle daño algo como eso?  ¿Cuál sería ese daño?  ¿Merece esa buena voluntad ser reprimida como si se aplastara un insecto dañino o la flor de la mala yerba (que por lo demás, no tiene la culpa de su hermosura) con una bota?

Yo me imagino que eso era lo que tenían en mente sus agresores, aquéllos a los que llamaré en adelante, “los que odian la luz”.

20Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo.”  (El Evangelio según San Juan, Capítulo 3, Versión Dios Habla Hoy de 1983.)

13Hay algunos que odian la luz, y en todos sus caminos se apartan de ella.  14El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrón.  15El adúltero espera a que oscurezca, y se tapa bien la cara, pensando: ‘Así nadie me ve’.  16El ladrón se mete de noche en las casas.  Todos ellos se encierran de día; son enemigos de la luz.  17La luz del día es para ellos densa oscuridad; prefieren los horrores de la noche.”  Job, Capítulo 24, Versión Dios Habla Hoy de 1983).

Tal vez eso que acabo de citar era lo que tenían en mente: no dejar que sus propios herman@s se acercaran a la luz, y sumirl@s en la más densa oscuridad.  Una oscuridad que no les permita discernir el camino correcto y racional para sus vidas, y que los obligue a seguir los dictados de una interpretación torcida de lo que por lo demás es una creencia religiosa de bondad y de amor al prójimo.  (Porque gústele a quien le guste, ésa es la verdad.)  Y aunque fuese a plena luz del día, sumidos en esa densa oscuridad del alma se dispusieron a tratar de matar a quien sólo buscaba llevar la luz a los demás.

Y tal vez con eso, sus aspirantes a asesinos creyeron que estaban ganando la batalla ideológica por los corazones y las mentes de los paquistaníes.  Y creyeron que con ello, mataban a la mensajera—porque ella era la que representaba la mala noticia para ellos.

Pero los agresores no contaban con el repudio generalizado de sus conciudadanos, ni el de la comunidad internacional en general.  Tal vez esa era una consecuencia que no deseaban.

Aún así, no deja de ponerme a pensar si no se habrá regado por el mundo la mala semilla del odio a la luz, de querer matar al mensajero, creyendo que con ello mata el mensaje, y en su lugar crear un caldo de cultivo para la ignorancia, para la necedad.  Y ciertamente uno ve eso en todas partes, aun viniendo de quienes alegan estar inspirados por los más nobles ideales.  Gente que cree que al lucir su ignorancia públicamente, le hace un servicio honroso a su propia gente.  Desde quien da a entender que el daño que se le haga a otras personas se deba a que “así lo quiso (o lo quiere) Dios” (que en mucho no se parece al Ser Supremo en el que yo creo, o por lo menos, como a mí se me enseñó en mi etapa formativa) hasta quien pretende inculcar una cultura retrógrada que eche por tierra todos los avances por los que la humanidad ha luchado tanto, todo el caudal de conocimiento que nos ayuda a explicar quiénes somos y por qué estamos donde estamos. toda la esperanza que nos sirve para enfrentar el futuro.  Y no me gustaría pensar en las consecuencias en caso de que eso sucediera.

Por lo menos, hay una esperanza.  Porque para quienes creían que habían podido matar, tanto al mensaje como a la mensajera, la decepción debe serles bastante profunda.  Al momento en que escribo esto, ni el mensaje ni la mensajera están muertos—o por lo menos, así parece que va a ser, según los más recientes despachos que afirman que Malala se está recuperando fuera de su país, y que proyectan una prognosis optimista de recuperación.

Mala noticia para los que odian la luz.  Mala noticia para quienes creen que sumiendo a todo un pueblo en la densa oscuridad de sus almas podrán prevalecer.  Mala noticia para quienes creen que matando el mensajero, logran desaparecer el mensaje para siempre.

Porque… ¿qué tal si Malala Yousafzai es tan sólo la primera?  ¿Qué tal si hay otras Malalas?  ¿Qué tal si son más los que aman la luz que los que la odian?

Yo prefiero creer que esta última es la realidad.  Que hay más gente que ama la luz.  Y a la gente que ama la luz, no la detiene el odio, ni nada.  Absolutamente nada, ni nadie.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

(P.S. Querrán leer también esta entrada escrita para el periódico El Mundo de Madrid, España, en la que también se comenta el caso de Malala Yousafzai.  O este artículo de fondo que le dedica nuestro excelente autor humacaeño, Luis Rafael Sánchez, en El Nuevo Día.)

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Un tiempo para odiar

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Aquí estoy, de regreso de una ausencia involuntaria motivada por varias situaciones, entre las que está un extraño episodio en el cual el lado derecho de mi cara se puso en huelga temporal.  (O si quieren, se los digo de manera directa: durante un par de semanas sufrí una parálisis temporera en los músculos del lado derecho de mi caraTriste  ¡Así como lo están leyendo!)  Afortunadamente, todo está bajo control (y espero que así continúe por mucho tiempo), así que vamos a ver de qué se supone que me hubiera perdido.

O no.  Porque lo que he estado viendo en los días pasados me pone a pensar si no estaremos viviendo en un tiempo en el que el odio—particularmente el odio contra quien(es) son “diferentes”, quien(es) no se conforman a un modelo casi parecido a la “perfección”, según el punto de vista de quienes aspiran a esa “perfección”—parece ser la moneda de curso común.  Y los ejemplos abundan por todas partes.  Desde el fanático político que asesina a varones y hembras jóvenes que no tienen nada que ver, sólo porque éstos apoyan un trato más justo y equitativo para los extranjeros que (por las razones que sean) llegan a sus playas—y que le guste o no al homicida, son tan seres humanos como él, o como ustedes, o como yo—, pasando por el fanático de derecha que filma un vídeo en el que se degrada una religión ajena (sea que la misma hubiese inspirado o no los actos criminales del 11 de septiembre de 2001) y causa una reacción violenta de la parte que se siente agraviada—a la que se le han achacado consecuencias posiblemente trágicas (aunque mientras me siento a escribir esto, ese dato está bajo la sombra de la duda, pero habrá que ver más tarde)—, y hasta toda una figura con su ámbito de poder que se atreve a desplegarle al mundo su ignorancia, su desprecio oculto por quienes defienden aquellas cosas que atentan contra lo que él entiende que son sus “valores”—como la terminación del embarazo resultante de una agresión sexual—, y en el proceso se convierte en el hazmerreir del mundo.

Por cierto, creo que este último es reincidente, porque mientras escribo esto me entero de que el tipo metió las patas otra vez.  ¡Qué joyita!

Pero si estas “joyitas” son las que se destacan alrededor del mundo [ALERTA DE CLISÉ ODIOSO… ALERTA DE CLISÉ ODIOSO… ALERTA DE CLISÉ ODIOSO…], en Puerto Rico no nos quedamos atrás.  Especialmente en el caso de funcionarios de gobierno—o en este caso tan lamentable, funcionarias—que aprovechan para verter todo el odio que llevan dentro de sí contra “el otro”.  Desde toda una ex presidenta de la Cámara de Representantes (por el PNP) y ex jueza del Tribunal Apelativo, que publicó en su cuenta de Twitter la imagen de un candidato opositor (del PPD—con quien aclaro que no comulgo políticamente) en la que se le compara con un famoso mono recién desaparecido… ¿será porque el candidato en cuestión es negro?  Pasando por una asesora legislativa y amiga personal de la anterior, que reaccionó—también en Twitter… qué cosas, ¿no?—a una entrada de la cuenta del presidente estadounidense Barack H. Obama sobre su inminente cumpleaños, con un mensaje en el que la asesora exhortaba al mandatario a comprarle a su esposa ese día un “sundae” con doble guineo (que así llamamos en Puerto Rico al “banano” del resto de América Latina) en un restaurante Burger King™ (no creo que ese restaurante tenga algo así en su menú, por lo menos aquí en Puerto Rico) y después se la llevara de viaje para Kenia, “tu país natal”.  (¿No se les parece eso al mismo discurso de odio e ignorancia de aquellas personas a quienes les molesta que un hombre negro sea quien rija los destinos de “la nación más poderosa del mundo”?)  Y para añadirle sal a una herida colectiva, a una legisladora del PNP (cuando gente como ella comience a entender y apreciar la seriedad del cargo que ocupa, escribiré la palabra “legislador[a]” con mayúscula inicial) que aparentemente estaba aburrida durante la convención política de los demócratas (Charlotte, NC, agosto de 2012), le entraron celos de que al mismo candidato opositor objeto de la comparación indeseable que ya mencioné le diera con mezclarse con la concurrencia (por si estás leyendo esto, mi’jita: eso es lo que se conoce en inglés como “networking”—y si a ti te interesara mejorar tus posibilidades personales y profesionales, podrías aprovechar esa herramienta en lugar de quedarte de “aguacatona” en tu mesa) y se puso a expresar que su opositor andaba “de monito” en el piso de la convención.  Palabras que otra delegada boricua en la misma convención reprodujo en su cuenta de Twitter (que definitivamente ha venido a reemplazar al papel en su función de aguantar todo lo que le escriban)—y que la susodicha legisladora trató de desmentir cuando se dio cuenta de que la habían “manga’o” (o en buen puertorriqueño-calle, la habían agarrado fuera de base), alegando que lo que se dijo que ella dijo no fue lo que dijo y que lo que dijo fue que el susodicho opositor andaba “de bonito”.  Me pregunto si ella creyó que se estaba salvando al usar lo que—a su entender—era un homófono… el cual no tiene nada que ver con los “gays” ni con otros “torcidos”, como los llamaría el líder del cuerpo legislativo al que ella pertenece.  Salvándose de que alguien venga a señalarla como que tiene en su interior un odio por l@s que no sean “blanquitos” como ella, porque sean negros.

Y créanme, aunque no sea de la manera tan abierta que se ve en algunas regiones de los Estados Unidos de América, ese odio existe aquí en Puerto Rico—aunque la “reacción natural” a ello sea negarlo, como quiso hacer la asesora legislativa que le tiró fuerte al presidente Obama, cuando alegó que tenía “dos sobrinas prietas” para justificarse ante el resto del mundo.  O como cuando cierta senadora hizo su famoso señalamiento sobre la capacidad de ciertos hermanos caribeños “no muy brillantes” para ejecutar grandes obras culturales.  Pero no todo el mundo es igual de escurridizo, como quienes se molestan cuando ven un “__________ sucio” (sustituya el blanco con la primera palabra que le venga a la mente en este momento) y lo admiten abiertamente y sin tapujos.  Y yo he podido conocer a dos o tres de esas personas… que por suerte, he tenido la dicha de no volverlas a ver y tengo el deseo vehemente de no volverlas a ver mientras viva.

Pero viendo todo esto, a mí me parece que se le está dando más espacio al odio que a la tolerancia, más espacio al odio que a la aceptación de las diferencias.  Y es aquí donde en el caso que me toca más de cerca—el de Puerto Rico, por supuesto—, tengo que volverme a preguntar si eso no se ha vuelto política pública oficial.

OK, mi gente, sé lo que están pensando: “otra vez a rebuscar en el baúl de los recuerdos”…

“Por supuesto, todos tenemos nuestras frustraciones y el derecho a tenerlas, pero en el caso de un funcionario de alto nivel en un gobierno, el que sea, esa frustración no debe llevarse a un plano en el que se pueda interpretar como una política pública oficial.  Y lamentablemente… ése es un lujo que no se debería dar, ni por descuido…

[…]

“(De) que las semillas de esa política pública no escrita están sembradas, eso es algo que no necesita más evidencia.  Sobre todo, la semilla del odio visceral hacia todo lo que atente contra la filosofía (y estoy siendo demasiado condescendiente en el uso de la palabra ‘filosofía’ en esta oración) y los proyectos políticos de quienes se hacen del poder.  O sea, todo aquello que atenta contra lo que la actual propaganda oficialista llama, ‘el Puerto Rico que todos queremos’….  Y el germen de esa semilla de odio se nota en las expresiones que se hacen… expresiones que se hacen cuando no se tienen argumentos de peso para refutar los planteamientos que se hacen, sobre todo cuando se quiere evitar la difícil tarea de buscar el entendimiento y la concordia (y en el caso de estos funcionarios, ello requeriría un esfuerzo sobrehumano), cuando lo que se quiere es hacer un cisma entre ‘nosotros, los buenos’ y ‘ustedes, los malos’.”

Y lamentablemente, los que se hacen creer que son “los buenos”, que son mejores que los demás, son los que están llevando la voz cantante.  Y eso debe preocuparnos a tod@s, a quienes queremos un mundo más justo.  Y eso es algo que debemos procurar.  Por nuestro propio bien, y por el de nuestr@s hermanos, especialmente aquell@s a quienes hoy vemos como “diferentes”, pero que igual son seres humanos, como ustedes y como yo.  Y esa es la realidad, gústele a quien le guste.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—y que se sepa, que yo también lo haré.

Soy Luis Daniel Beltrán y aquí estoy como siempre, dando cara Sonrisa… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

De agravantes y miedos

English: Picture of supporters of the Austrian...
Image via Wikipedia

¡Hola, qué tal, amigas y amigos, mi gente!

La verdad es que leo y escucho lo que está pasando a mi alrededor, y francamente no lo entiendo.  Por ejemplo, no entiendo cómo puede ser beneficioso para persona alguna que se procure eliminar del Código Penal de Puerto Rico de 2004—el mismo cuyos fundamentos parece que se los pasan por donde no brilla el sol, a juzgar por el recordado caso del asesinato “atenuadito”—ciertos agravantes para lo que conocemos como los “crímenes de odio”.  Pero según trascendió en la prensa la semana pasada, algo en esas líneas es lo que pretende el Proyecto del Senado de Puerto Rico Número 2021, el cual enmendaría el Código Penal a fin de dejar fuera del mismo ciertos agravantes relacionados con ciertos grupos específicos que—le guste a quien le guste—forman parte de nuestra sociedad.

“El Proyecto del Senado 2021 aprobado en reconsideración en el Senado el 10 de noviembre de 2011 cita que ‘se consideran circunstancias agravantes a la pena que el delito fue cometido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, origen, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, edad, ideologías políticas o religiosas, o ser persona sin hogar.’”

(Citado de: ‘Le tiran a quemarropa a TRS por Código Penal’, CyberNews/NotiCel, 6 de diciembre de 2011.  Aquí, ‘TRS’ se refiere al presidente del Senado de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz.)

Hasta ahí vamos bien, ¿sí?  Pero no sé si quienes leen esto fuera de Puerto Rico se habrán dado cuenta de un detallito… pero dejo que sea el director ejecutivo de una fundación de ayuda a ciertos grupos “olvidados” de nuestra sociedad, citado en la misma nota, quien lo exprese adecuadamente:

“Bajo la ley vigente se consideran como circunstancias agravantes a la pena el que un crimen haya sido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, orientación sexual, género, identidad de género, origen, origen étnico, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, religión, edad, creencias religiosas o políticas.”

[…]

Thomas J. Bryan Picó, director ejecutivo de la Fundación Gaviota, entidad que asiste a víctimas de crímenes de odio en Puerto Rico, “… resaltó que en la propuesta enmienda se eliminó la orientación sexual, la identidad de género, el género y el origen étnico.”

(Adaptado y modificado levemente de la fuente antes citada.)

La nota citada aquí agrega que la enmienda fue presuntamente colocada en el proyecto de ley, a fin de complacer los deseos de un pastor evangélico quien, bajo una fachada de “ciudadano responsable”, hizo algún tipo de presión sobre el presidente senatorial (cuya afición por sentirse que tiene todo el poder del mundo, la describimos hace algún tiempo—por no mencionar su afición de lucir su prejuicio como se luce una camisa nueva y limpia, cuando siente que lo atacan por defender ciertas actuaciones cuestionables) para que se aprobara con el tipo de lenguaje al que el funcionario ejecutivo citado se refiere.  Y a no dudarlo, ello ha hecho que se revuelva el avispero, con imputaciones de prejuicio y de fobia por ciertos grupos sociales aquí y allá.

Pero para mí, más importante que el que una persona que quiere presentarle al mundo una imagen de “hombre fuerte”, de una aparente rectitud, ceda a un impulso excluyente, que amenaza con dejar sin protección a quienes menos pueden defenderse, es el hecho de que se pretende volver al reino del prejuicio y del discrimen, de la burla y del desprecio—aunque yo creo que ese reino nunca desapareció por completo.  Y ciertamente, hay varios de estos sectores marginados que se pudieran ver amenazados por esta acción: las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres (especialmente aquéllas que buscan liberarse de la violencia en el seno del hogar, antes de que sea muy tarde) y los extranjeros, particularmente aquéllos que llegan a nuestras playas sin tener el permiso para hacerlo, y que tienen que vivir en las sombras mientras se sacrifican para asegurar el futuro de quienes quedaron atrás.

Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como “quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás”, como “personas bañadas de ‘rectitud’ de arriba para abajo”—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.

A mí me apena mucho ver una cosa como ésa, que habiendo comenzando un nuevo siglo, en el que deberíamos evolucionar hacia una sociedad más justa y equitativa, nos veamos en peligro de ser arrastrados hacia el abismo oscurantista.  Y eso es algo que no se debe permitir, bajo ninguna circunstancia, si queremos sobrevivir los retos que nos da la vida.

Para ello, debemos empezar por rectificar errores como el de eliminar esos agravantes de nuestro Código Penal.  Es, a mi entender, lo más responsable que se puede hacer para el bien de nuestra sociedad, y sobre todo, de sus sectores más marginados.  Y así, nos evitamos consecuencias funestas.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB