¿A qué mundo he regresado?

Amigas y amigos, mi gente,

Ahora que me saqué del buche lo sucedido con mi padre y cómo eso me ha puesto la vida desde entonces, no me queda más que tratar de retomar las cosas donde las dejé anteriormente (con excepción de las ensartas de disparates que veo a cada rato en Facebook, Twitter, etc., porque una de ésas sale a cada rato—y seguirán saliendo, es cuestión de tiempo Sarcástico ).  Y francamente, las cosas parece que están cada vez más de mal en peor.

Resulta que en 2016, “el americano” habló.  Y al hablar admitió—aún sin quererlo—que lo que le dijo al mundo en 1953 sobre Puerto Rico fue una gran mentira, un gran engaño, una enorme tomadura de pelo.

Una de esas “maldades” que se hacen, sólo porque quienes las hacen se pueden dar el lujo de hacerlas y quedar impunes en el proceso.

Y la “maldad” en cuestión fue decirle al mundo que al haberse constituido un año antes como “Estado Libre Asociado” (whatever it means now), Puerto Rico tenía el poder para gobernarse a sí mismo.  Que aun cuando dependería en parte—en gran parte… en una grandísima parte—de lo que dispusiera el Congreso estadounidense, Puerto Rico tenía el poder para hacer sus propias leyes, y hacerlas cumplir.  Que como país, Puerto Rico podía hacer lo que le diera la gana…

Y lamentablemente, much@s puertorriqueñ@s cayeron en ese engaño.  Desde quienes ayudaron gustosamente a montar la farsa, hasta quienes se prestaron solícitamente para actuarla, e incluso para buscar un papel de mayor protagonismo.  De una y otra tendencia ideológica.  Estadolibristas y estadoístas, un@s y otr@s por igual.

Much@s de es@s un@s y es@s otr@s se adscribieron al mito de que podían hacer lo que les diera la gana.  Y empezaron a hacer lo que les diera la gana.

Y al sol de hoy siguen haciendo lo que les da la gana.

Y quieren seguir haciendo lo que les dé la gana.

Pero en eso de hacer lo que les dé la gana, es@s un@s y es@s otr@s cometieron—¿o ayudarían a cometer?—la torpeza de causar una crisis económica y fiscal.  Una crisis acentuada por una deuda pública de más de US$72,000,000,000 (US$72.000.000.000).  Deuda que, si ustedes se acuerdan bien (y si no, busquen la nota 1 en esta entrada), corresponde a la que el Artículo VI, Sección 8 de la Constitución de Puerto Rico de 1952 dispone que se pague antes que a todo lo demás.  O sea, antes que a la Policía para proteger a los ciudadanos de una ola delictiva cada vez más imparable, antes que al Departamento de Salud para atender  desde los problemas básicos de salud hasta las epidemias de dengue, zika y otros males de difícil pronunciación, antes que al Departamento de la Familia para atender la enormidad de las situaciones de maltrato y violencia familiar, antes que a la Autoridad de Energía Eléctrica para modernizar el sistema de provisión de energía eléctrica…

Oops!  Too late!  El miércoles 21 de septiembre de 2016, hubo un colapso total en el sistema eléctrico de Puerto Rico, del que prácticamente nadie se pudo librar (ni siquiera yo, ahora que estoy haciendo mi vida solo).  Aproximadamente 1.5 (1,5) millones de abonados del servicio eléctrico.  Y aunque luego de las 58 horas que tuve que esperar mientras me restablecían ese servicio, todavía quedaban algunas regiones en Puerto Rico a oscuras, se podría decir que esta crisis había sido superada.  Digo, me parece a mí…

Aunque no sin dejar el mal sabor de que en Puerto Rico, somos rehenes de un sistema eléctrico cuya prioridad es protegerse a sí mismo.  Y en el proceso, proteger a quienes se han enriquecido del mismo.  Y el resto de nosotr@s, ¡que se fastidie!

De eso es de lo que se trata esto.

Y eso es lo que parece que al “americano” no le gustó.  (O al menos, ésa es la teoría.)

En fin, que “el americano” dejó que “los nativos” hicieran y deshicieran como les dio gusto y gana.  Pero llegó el momento de empezar a imponerles disciplina.  Porque ellos no se saben comportar.  Porque no se portan bien.  Y hay que “educarlos”.  Hay que enseñarles a ser “buenos”, “obedientes”, “leales”.

Y sobre todo, porque esos “nativos” no mandan en su propia casa, porque quien manda—quien realmente manda—es el Congreso estadounidense.

Así que ese mismo Congreso se dio a la tarea de proponer una ley, con un nombre muy bonito: Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (‘Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act’, PROMESA).  Una ley federal con un propósito bastante ostentoso:

“Para establecer una Junta de Supervisión que ayude al Gobierno de Puerto Rico, incluidas sus instrumentalidades, en el manejo de sus finanzas públicas, y para otros propósitos.”

O sea, que tienen que venir desde afuera a enseñarnos a manejar los asuntos de nuestra propia casa.  ¿Por qué?  Porque pueden hacerlo.  ¿Y cómo lo van a hacer?  A través de una Junta de Supervisión (¿no será más bien, de Control?) Fiscal de 7 personas designadas por el gobierno estadounidense, o sea, ninguna de las cuales ha sido elegida por los puertorriqueños.

¿Qué tal si les damos un nombre que describa mejor a ese ente?  Un SUPRAGOBIERNO.

Pero de veras, ¿es esto lo que nos hemos buscado?  ¿Es esto a lo que hemos tenido que llegar?  ¿Es éste el precio que tenemos que pagar los puertorriqueños por dejarnos engañar de cuanto estafador nos pide el voto cada 4 años?

La cosa es que el Supragobierno Estadounidense del Territorio de Puerto Rico ya se constituyó.  Y vino a recomendar cirugías mayores para las finanzas públicas del país.  Y eso no le gustó a la administración gubernamental anterior (del PPD, 2013–2016), que quiso hacer malabares con lo que quedaba como gusto y ganas le diera, importándole poco lo que fuera a suceder (cuya actitud se puede resumir en un “¡me vale!”).  Y aunque sus sucesores (del PNP, 2017–2020) han querido sacar pechito tratando de pasarle gato por liebre, con un plan fiscal algunas de cuyas premisas se habrían basado en proyecciones irreales, al final éstos parecían haberse allanado a las exigencias del Supragobierno (por lo menos, mientras escribo esta entrada).

Obviamente, el menos complacido con esta situación ha sido el pueblo.  (Y si me han estado siguiendo por los pasados 13–14 años, sabrán que yo hago la distinción entre el pueblo y el gobierno del país que sea, se llame Puerto Rico o Estados Unidos o Colombia o España o…)  Y entre el pueblo, el estudiantado universitario es el que se ha estado dejando sentir, aunque ello no sea del agrado de algunos pichones de dictador, especialmente de la derecha.  Pero el caso es que cuando las cirugías mayores recomendadas por el Supragobierno incluyen recortar el déficit incurrido por la Universidad de Puerto Rico, nuestro primer y más importante centro docente (y como ex-alumno lo digo con mucho orgullo), a costa de aumentar los costos de matrícula, eliminar programas académicos que algunos creen inútiles en el medioambiente tecnológico del Siglo 21, e incluso, limitar el acceso de vastos sectores de la población a una formación académica que les permita ayudar a echar este país pa’lante… ¡no hay otra salida!

Por supuesto, la ley federal que nos trajo el Supragobierno, tiene básicamente el propósito de que las finanzas de Puerto Rico sean saneadas, al tiempo que se cumpla con pagarle a quienes la Constitución dice que se les debe pagar, antes que a todo lo demás.  Pero una cosa que a mí me hubiera gustado ver en esa ley es que hubiera algún tipo de mecanismo que permitiera llevar a los responsables de meternos en el atolladero en el que estamos hoy en día, a responder por los actos cometidos hacia ese fin.  Algo así como una Comisión de la Verdad.  Sin embargo, lo más cercano a ello podría ser exigir una auditoría de los fondos públicos para ver en qué se gastaron y por qué se contrajo toda esa deuda.  Más aún, ver cuánta de esa deuda se contrajo de manera lícita y cuánta de la deuda se contrajo en contravención de lo que manda la Constitución (en la misma sección citada arriba).

Pero entonces, cuando se trae el tema públicamente, el mismo gobierno que debe ser transparente y rendir cuentas se niega a que se realice una auditoría, porque diz que “no es necesario”.  (¿No será más bien, “por nuestros… ‘pantalones’”?)  ¿Cuál es el miedo a que se realice una auditoría?  ¿Acaso no fue la falta de estados financieros auditados—con la evasión de la responsabilidad de preparar los mismos y someterlos a tiempo—lo que llevó al gobierno federal a imponer un Supragobierno, nuevamente, porque puede hacerlo?  ¿A quién se está tratando de proteger?

A mí me parece haber escuchado en algún lugar que “quien nada debe, nada teme”.  Pero por lo visto, parece haber muchos que temen.  De uno y otro bando.  Ambos, igual de temerosos.

Siendo eso así, ¿qué podrá seguir desde aquí?  ¿Una molestia tan y tan grande de parte de un pueblo que está cansado de dejarse engañar?  Yo no quisiera pensar que lleguemos a extremos peligrosos, pero me temo que eso ocurrirá algún día.  Tarde o temprano, pero algún día.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

LDB

El verano del descontento

A day without immigrants, May 1, 2006. Descrip...
A day without immigrants, May 1, 2006. Descriptions shall come later. (Photo credit: Wikipedia)

Cualquiera diría que las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano por el lado de la cama que está pegado a la pared—y créanme, no es muy agradable despertar así.  Que mientras el mundo se entretenía en Brasil viendo cómo 22 jugadores de bandos opuestos corrían de lado a lado dándole patadas a un balón, en un regio baile mundial que terminó cuando los alemanes le hicieron “flippenfläppenmuckenßpræden” a los argentinos (y por favor, no me pregunten qué significa la claje ‘e disparate que acabo de escribir), en varios lugares de ese mismo mundo había una olla de conflictos por hervir o en plena ebullición.

Tenemos un ejemplo bastante gráfico en el nuevo conflicto entre los israelíes y los palestinos de Gaza—uno de tantos conflictos entre ambos bandos que se remontan a los “good old days” del Antiguo Testamento bíblico—, supuestamente desatado tras el secuestro y asesinato de 3 adolescentes israelíes y el supuesto secuestro y asesinato de un joven palestino en represalia.  Un conflicto en el que cada bando tiene su parte de responsabilidad, en el que cada bando trata de defender lo que entiende es suyo.

Y lamentablemente, un conflicto en el que la respuesta de cada bando no guarda ni la más mínima simetría.  Cohetes palestinos que pocas veces alcanzan su objetivo, ante las astutas defensas israelíes.  Cohetes israelíes que supuestamente alcanzan su objetivo en Gaza… o al menos, eso es lo que se le quiere hacer creer al resto del mundo.

El saldo hasta el momento refleja esa asimetría.  Una gran cantidad de víctimas civiles en el lado palestino, frente a sólo 2 ó 3 civiles del lado israelí (más un par de decenas de militares—pero en Tel Aviv dirán que “eso no es ná’, ellos son reemplazables”).  Hombres, mujeres y niños.  Más o menos un millar de víctimas palestinas en el momento en el que escribo esto.  Víctimas en una cacería de terroristas en la que todo se vale.  Bombardear escuelas, hospitales, balnearios playeros, hasta los refugios administrados por la Organización de las Naciones Unidas (la misma que para ambos bandos es buena cuando les conviene).  Y todo, porque los israelíes alegan que los palestinos de Gaza ocultan sus lanzadores de cohetes en esos mismos lugares, y utilizan a su propia gente como escudos humanos.

Pero déjenme decir algo: tan mal está el que se esconde detrás de gente inocente para atacar y hacer daño a otros, como el que mata o manda a matar a esa misma gente inocente para evitar que “nazcan” los futuros terroristas—y después se lava las manos como Pilatos y trata de manipular la opinión mundial para que ésta acepte su historia como “la realidad”.

Pero ¡ay! de quien trate de descorrer el velo que oculta la otra cara de esa realidad por estar “en el lugar correcto en el momento correcto”, como lo sabe de primera mano el periodista de la NBC estadounidense que tuvo que sufrir una represalia de sus jefes tras ser testigo de primera mano del bombardeo de una playa en la que apenas unos minutos antes había jugado con unos niños que más tarde se convertirían en víctimas.  (Digo, ¿no es para eso que existen los periodistas, para ser testigos de aquello de lo que se hace la historia de la humanidad?)  Y aunque el medio para el que trabaja lo llegó a remover de esa asignación “por su seguridad”—para reemplazarlo con otro periodista de mayor estelaridad cuya “seguridad” debía preocupar igual—, la molestia con dicha decisión ha permitido que él siga ahí, mostrando las cosas desde otra perspectiva.   La de quienes dicen no tener nada que ver con los cohetes que se lanzan contra Israel, la de las ciudades y villas de Gaza destrozadas por una guerra que no parece tener más sentido que el de los viejos odios de antaño, una guerra en la que hay hombres, mujeres, y sobre todo, niños que llevan la peor parte.

Y ya que hablamos de niños que llevan la peor parte, no hay más que mirar un poco más de cerca, al influjo creciente de menores centroamericanos que cruzan la frontera de los Estados Unidos de México con los Estados Unidos de América.  Como todas aquellas masas hacinadas de inmigrantes desamparados y azotados por la tempestad a las que le cantaba la poetisa estadounidense Emma Lazarus (1849–1887) en “The New Colossus”,* llegan buscando respirar en libertad, buscando aquello que llaman “the American dream”.  Y por todo el riesgo que corren sus vidas en el intento, todo lo que encuentran es un sistema de control fronterizo estadounidense que hace lo que puede por atenderlos, a veces más allá de su propia capacidad.

Eso, y los efectos de la ignorancia, el odio y la intolerancia, con los que se han rechazado los vehículos que los tratan de llevar a las facilidades donde se les debía dar el cuido que la más elemental humanidad exige.  Sentimientos que muchos estadounidenses, lamentablemente, lucen como si fuera una medalla de honor, como si eso los hiciera superiores al resto de los seres humanos.  Sentimientos que son alimentados por ideologías que descuentan a quienes no son “iguales” que quienes las impulsan y las propagan, y mucho menos que quienes caen en la trampa de seguirles sin cuestionar esas ideologías.  (Y ésa es la misma gente capaz de esperar a que culmine la administración del presidente Barack H. Obama en enero de 2017—y haya un nuevo presidente—para diz que “residenciarlo”, de tanto que los ciega el odio contra “el otro”.)

Lo malo del caso es que ese odio y esa intolerancia no permiten ver con claridad—mucho menos entender—la(s) razón (razones) por la(s) que tantos niñ@s centroamerican@s se ven obligados a abandonar sus países para hacer ese arriesgado y peligroso viaje hacia el norte.  En particular la violencia generada por las pandillas juveniles en muchos de esos países centroamericanos.  (De paso, aprovecho para recomendarles este informe del 2009 sobre la violencia juvenil y las “maras” y pandillas en El Salvador, especialmente las páginas 6–15, en las que se presenta el marco conceptual del estudio—una excelente descripción que tal vez nos ayude entender un poco mejor ese problema… y quizás en el proceso podamos ver cuán retratados estamos en esa realidad, nos guste o no.)  O la violencia ocasionada por el tráfico de drogas provenientes de la América del Sur, a través de los mismos países centroamericanos, para satisfacer una necesidad de consumo en los propios EE.UU.de A.—o sea, un caso de “oferta y demanda” como cualquier otro, como lo plantea una entrada reciente en el blog “Two Weeks Notice”.  Pero no, tal vez entender eso sea un esfuerzo sobrehumano para las “mentes”—si se les puede llamar así—de aquellas personas para las cuales la ignorancia es su savia, lo que les da la vida.

No me sorprendería que ése sea el mismo caso entre israelíes y palestinos, que desde tiempo inmemorial no pueden entenderse los unos a los otros, no se pueden ver las caras los unos a los otros, y están cegados por su propio odio y su propia intolerancia.

¡Quién sabe!  Tal vez si se acabara con ese odio, con esa intolerancia, con esa ignorancia que te hace levantarte un día y decidir que quieres atacar la casa de tu vecino para liquidarlo a él y a su familia y “prevenir” que éstos te ataquen, o decidir que no le vas a permitir la entrada a tu casa a alguien de otro lugar que esté huyendo de una situación problemática en su propia casa, porque es “diferente” a ti, se podría evitar muchos de los conflictos que han plagado a la humanidad.  Cuántos esfuerzos no se han hecho para acabar con los conflictos alrededor del mundo, principalmente por quienes aún quieren ser optimistas, por quienes no pierden la fe en la discusión sosegada de los asuntos, quienes quieren buscar las causas de los problemas, en lugar de dar palos a diestro y siniestro como “disuasivo”.

Pero como dije al principio, parece que esta vez, las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano de muy mal humor.  Tal vez debería ser tiempo de que esa rabieta se les pase pronto.  O por lo menos, debemos aspirar a que esa rabieta se les calme.  Cuanto antes, mejor.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Cortesía del traductor de Google (con alguna ayudita de mi parte), ésta es la cita del poema de Emma Lazarus a la que hago referencia:

“Dame tus cansados​​, tus pobres,
Tus masas hacinadas anhelando respirar en libertad,
El desamparado desecho de tus rebosantes playas.
Envía estos, los desamparados, azotados por la tempestad, a mí:
Levanto mi lámpara junto a la puerta dorada.”


LDB

Un año bastante difícil para recordar

an old post card
An old postcard - Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, mi gente, llegamos una vez más a ese momento… en el que hacemos un inventario de lo que nos deja el año que está por terminar, con los ojos puestos en la esperanza de que el año que estamos por recibir nos tenga alguna compasión.

Que a juzgar por el desempeño del año 2011, lograr esa compasión va a requerir “de Dios y su santa ayuda”.  Si no me lo creen, he aquí varios botones de muestra, según los recogí en este blog durante los pasados 12 meses:

  1. Actos de violencia de los que no se salva nadie, ni siquiera la congresista estadounidense Gabrielle Giffords (Demócrata por Arizona), a la que un desquiciado quiso matar de un disparo en la cabeza, con el saldo de que ella apenas logró sobrevivir—muy a pesar del aspirante a asesino—, aunque una niña de nueve años (irónicamente, nacida el 11 de septiembre de 2001—no hay que decir nada más) y otras personas no corrieron con mejor suerte.
  2. Y tristemente, tampoco se salvan ni las figuras artísticas conocidas y queridas, como el gran cantor argentino Facundo Cabral, ya sea que estén conscientes o no de si andan con alguien de fiar, alguien que los puede poner en el vórtice del huracán sin querer.
  3. Una marejada de violencia que nos arropa, que nos ahoga, que nos asfixia, y que ya nos ha llevado por encima de los 1000 asesinatos tan sólo en el 2011 (y cuando empecé a escribir esto la noche del 29 de diciembre, la cifra estaba en los 1130 asesinatos), y para lo cual la Policía de Puerto Rico sólo puede sentarse a mirar con los brazos cruzados (¿porque alguien lo quiere así?) cómo los delincuentes se matan unos a otros… ¡y a los demás que estén en medio!
  4. Para colmo, esa misma fuerza policial es incapaz de poner su propia casa en orden, cuando tiene tantos problemas de disciplina y de violaciones a los derechos de sus ciudadanos, tantos “caciques” que quieren perpetuarse en sus puestos, tantos casos de violencia familiar y de género, lo mismo entre los “guardias de palito” que entre la plana mayor…  Una agencia de seguridad pública en esas condiciones, no puede ganarse la confianza ni el respeto de la misma gente a la que se juró proteger y servir… la misma gente que, si se la deja, se tomará la justicia en sus propias manos… ¡si es que no lo ha empezado a hacer!
  5. Añádase a eso un sistema judicial que no hace justicia, que entre otras cosas, prefiere dejar ir a algún poderoso (lo mismo un médico que el dueño de varios “puntos” de drogas) por falta de pruebas, o incluso “atenuar” el delito de violencia doméstica para justificar el que a un agresor, con toda la evidencia en su contra, se le deje libre para matar a la próxima que cometa el error de ser su pareja.
  6. Evidencias cada vez más contundentes de la podredumbre moral de los partidos políticos en Puerto Rico (y me refiero a todos¡A TODOS!), cuando toleran las actuaciones moralmente reprehensibles de sus figuras principales.  Y si de acciones moralmente reprehensibles se trata,
    • ¿Quién puede olvidar la caída en desgracia de cierto vendedor-de-autos-convertido-en-senador, luego de que saliera a la luz su posesión de un costoso automóvil de lujo que alguien le habían “regalado”?  (Por supuesto, sigo creyendo como entonces que sería interesante averiguar cómo fue que le regalaron ese automóvil… o quién le regaló el automóvil… ¿a cambio de qué?)
    • O la del hijo de un conocido alcalde, detenido por la autoridades estadounidenses por sospecha de tráfico de drogas—y que interesantemente, había adquirido antes de su arresto un vehículo de lujo con parte del dinero mal habido de cuanta transacción de drogas hubiese hecho.
    • Y qué decir de funcionarios públicos (por ejemplo, alcaldes) que se escudan detrás del poder—aun de lo más mínimo que le dé una sensación de poder—para hacer y deshacer como les dé gusto y gana, para propasarse con su personal de menor jerarquía, convencido de que lo hace porque puede hacerlo, y porque no importa que una autoridad de mayor relieve le pida cuentas, siempre se saldrá con la suya, porque para eso es que tiene poder.
  7. Figuras públicas que se esconden detrás de prédicas de amor y paz, para esparcir su veneno, para irse a los extremos diciendo que odian el pecado, a la vez que odian al pecador, mientras sacian sus propias ambiciones de riqueza, lujo y ostentación—y en el peor de los casos, esconden de la vista pública su realidad turbia e insalubre, detrás de una fachada de “rectitud” y de “moral”.
  8. Defensas altamente cuestionables de líderes políticos que son sorprendidos en actuaciones con visos de ilegalidad o de depravación moral, y que dejan la impresión de que no importa cuán bajo puedas caer, siempre tendrás un padrino que te justifique, que te defienda, y que le eche excremento a tus enemigos para reducirlos a la vergüenza, al oprobio, porque se atrevieron a meterse contigo sin saber con quién más se estaban metiendo (aun si para ello hay que inventar toda una patraña, con personas desconocidas o no existentes que lancen acusaciones viciosas contra quienes se atreven a retar al poderoso).
  9. Una cada vez mayor disociación entre la realidad que se vive todos los días en Puerto Rico (y hasta en los mismos Estados Unidos)—con figuras políticas marcadas por sus vicios, o con políticos tan incompetentes que prefieren pelearse por nimiedades, por cosas estúpidas y sin mucho valor, a ver si con ello entretienen a un público cautivo—y la realidad virtual que proclaman muchos (desde el gobernador para abajo), en la que todo está bien, en la que todo es normal, en la que la vida cotidiana del populacho no está en peligro, en la que todo es paz y amor.
  10. Peor aún, un desfase entre el punto de vista de los pobres, de quienes necesitan una ayuda, un estímulo para seguir adelante, y la mentalidad de quienes en ánimo de mostrar una superioridad que no es tal, se burlan de los mismos pobres a los que dicen ayudar… los mismos pobres a quienes se les crean innecesariamente expectativas que luego se harán sal y agua, sólo para echarle la culpa al que cayó de tonto en la trampa (¡pues, por eso, por haber caído de tonto!), mientras que quienes están llamados a ayudarlos se adornan de privilegios, lujos y ostentaciones (porque “el hueso… ¡es pa’ los demás!”).
  11. Una intención de explotar económicamente la necesidad de los ciudadanos de servicios públicos eficientes, mediante la aplicación de toda una serie de triquiñuelas para justificar el cobro de dichos servicios—y en el proceso, fomentar la ineficiencia, el desinterés, la negligencia y la irresponsabilidad cívica, todo porque no se deben a los mismos ciudadanos que necesitan esos servicios, sino a quienes se enriquecen a costillas de esos mismos ciudadanos.
  12. Falta de voluntad de los líderes políticos para acoger las sugerencias que se les dan de buena fe, por parte de la gente “de a pie”, de quienes experimentan los sinsabores de la vida diaria.  Añádase a esto una tendencia cada vez mayor a buscar soluciones a los problemas diarios del país, buscando el brillo de las luces de cinematografía, aspirando a ser como las estrellas de Hollywood que tanto se adoran.

Y podríamos añadir a esta lista los dos desastres naturales que le tocó enfrentar a Puerto Rico en agosto, con sus secuelas de destrucción y con las manifestaciones de evidente incompetencia para manejarlas rápida y eficientemente.  ¿Y cómo olvidar la visita a Puerto Rico del presidente estadounidense Barack H. Obama?  Una visita matizada por la astucia, en la que el mandatario dejó a ciertos súbditos de su provincia caribeña vestidos y alborotados, mientras discutía asuntos de vital importancia con un candidato de la oposición política al son de sándwiches de medianoche al mediodía—con su agüita embotellada por el la’o.

Pero también podríamos añadir algunas cosas buenas, como el triunfo de nuestros atletas en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, por ejemplo.  Aunque eso último parezca poco, el bien que hace es mucho.

Sea como sea, mi opinión es que el año 2011 fue un año bastante difícil para recordar.  Un año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia.  De eso habrán dado fe los movimientos de protesta social en los países árabes—algunos de los cuales han sido sucedidos por la caída estrepitosa (y ocasionalmente mortífera) de quienes tratan con mano dura a sus ciudadanos, a su gente, mientras celebran la vida que le escatiman a los demás—y en los centros del poder económico mundial (como los de “Occupy Wall Street” y sus secuelas).  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

¡Y vamos a dejar el 2011 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Que venga el 2012!

LDB

La conspiración del absurdo

Mother Jones, American labor activist.
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Y ya que en la entrada anterior mencioné de pasada el movimiento estadounidense de ideología altamente conservadora, conocido como el “Tea Party”, creí que sería una buena idea compartir con ustedes, amigas y amigos, algo que encontré esta semana en la Internet.  (¡Que va!  Lo hubiera compartido comoquiera, de no haberle dado paso antes al asunto de Calle 13 y el alcalde de San Juan, pero así son las cosas.)  Se trata de un artículo de la revista Mother Jones (la revista se llama así en honor a la activista laboral irlandesa-estadounidense, Mary Harris Jones, 1837–1930), que expone el aparente efecto que dicho movimiento de la derecha reaccionaria ha estado teniendo en varias comunidades estadounidenses, luego de haber logrado algunas victorias (con excepciones como la de Christine “yo no soy una bruja” O’Donnell, mencionada en mi entrada anterior) en las elecciones congresionales intermedias del 2 de noviembre de 2010.

Según el artículo de Mother Jones, luego de enfrentarse al “establishment” político en el Congreso estadounidense, los simpatizantes del “Tea Party” están enfilando sus cañones hacia otro blanco más insidioso (según ellos): hacia las comisiones locales de planificación y zonificación,* que al decir de dichos simpatizantes, están llevando a cabo una conspiración global para “pisotear” las libertades civiles estadounidenses y forzar a los ciudadanos a mudarse hacia un concepto Orwelliano denominado, “zonas de habitación humana”.

¡EXACTAMENTE LO QUE ESTÁN LEYENDO—Y COMO LO ESTÁN LEYENDO!

La causa principal de la incomodidad de l@s simpatizantes de este movimiento conservador radica en un documento cuyo título ellos encuentran siniestro… la Agenda (o Programa) 21, adoptada (junto con una declaración de 27 principios medioambientales) en la Cumbre de Río de Janeiro efectuada en junio de 1992 por la Organización de las Naciones Unidas.  Ahora bien, much@s de quienes leen esto, especialmente aquí en Puerto Rico, se preguntarán qué es eso, o si es de queso y se come con melao.

La Agenda 21 es un documento mediante el cual se procura que los países del mundo se desarrollen de una manera planificada, en la que se consideren los impactos del desarrollo humano sobre su medio ambiente.  Este documento adopta y refina el concepto de desarrollo sostenible (algunos usan indistintamente la palabra “sustentable” como equivalente de la palabra inglesa, “sustainable”) esbozado en 1987 por una comisión internacional, dirigida por la ex-primera ministro de Noruega, Dra. Gro. Harlem Brundtland.**  Según ese concepto,

“Desarrollo sostenible es el desarrollo que atiende las necesidades del presente sin sacrificar la habilidad de las futuras generaciones para atender sus propias necesidades. En sí (el desarrollo sostenible) contiene dos conceptos clave: el concepto de ‘necesidades’, en particular las necesidades esenciales de los pobres del mundo, a las cuales se debe dar una prioridad apremiante; y la idea de las limitaciones impuestas por la situación de la tecnología y la organización social sobre la capacidad del ambiente para atender las necesidades presentes y futuras.”

O sea, que el desarrollo sostenible busca que sea óptima la atención a las necesidades sociales y económicas actuales y futuras, ante las presiones a las que está sujeto el medio ambiente.  Implantar una política de desarrollo sostenible requiere normas estrictas que se hagan cumplir, y cuyos propósitos sean promover la conservación de los recursos naturales, ocasionar un mínimo impacto ambiental en el uso de éstos, e involucrar activamente y beneficiar a los residentes de las áreas objeto del interés particular.

Pero se preguntarán, si lo que acabo de mencionar es lo que plantea la Agenda 21, ¿cuál es el problema que tienen l@s simpatizantes del “Tea Party” con eso?  Pues dicen algun@s de est@s activistas—por lo menos, aquéll@s que se dignan a hablar con los medios de prensa, aunque no les sean santos de su propia devoción—que la Agenda 21 es en realidad una trama para eliminar el derecho a la propiedad privada y privar al pueblo estadounidense de sus más preciadas libertades; en el peor de los casos, su implantación resultaría—según estas personas—en la conversión de los Estados Unidos “en un estado soviético”.  Peor aún, las propuestas para hacer más denso el crecimiento de las áreas urbanas y fomentar el uso del transporte público masivo—algo que me consta que por años y años y años, los planificadores han estado predicando para tratar de resolver el problema de desparramamiento urbano al que me refería un par de entradas atrás—obligaría a la gente a mudarse de sus cómodas viviendas suburbanas hacia “zonas de habitación humana”, a vivir como los hobbits que habitan el universo literario de John Ronald Reuel Tolkien, y (¡Dios reprenda!) a dejar el automóvil—ese símbolo inconfundible del individualismo estadounidense—y tomar el autobús (la “guagua”, como le decimos aquí en Puerto Rico) para ir a trabajar.

(Francamente, ni yo lo hubiera expresado eso con tanto dramatismo.  Es más, ¿dónde están los violines cuando de veras hacen falta?)

Pero no se trata únicamente de combatir los conceptos como el desarrollo sustentable y la planificación densificada.  La hostilidad de l@s simpatizantes del “Tea Party” también va dirigida a lo que conciben como las “elites” que dirigen el presunto proceso de “destrucción” de aquellas cosas que les son sagradas, principalmente los planificadores y representantes de las agencias con responsabilidades de planificación, así como a los lugares de los que vienen esas “elites”, o sea, las ciudades y áreas urbanas altamente densificadas.  Al decir de algunos de los funcionarios afectados, la actitud anti-elitista, que algunas veces raya en lo hostil, junto a la falta de argumentos racionales y juiciosos que respalden sus teorías, resulta en una mezcla tóxica para quienes no estén acostumbrados a lidiar con estos activistas.  (Y ni hablar de las consecuencias de esa mezcla tóxica.)

La verdad es que leo todo esto, y no deja de asombrarme cómo hay gente ignorante, capaz de descarrilar todo un proceso que busca beneficiar a todos por igual (o por lo menos, eso es lo que se pretende), que busca un desarrollo ordenado y planificado, a la vez que se protege el medio ambiente y la manera en que los seres humanos sacan provecho del mismo, sin poner su propia supervivencia en peligro.  No sé cómo lo vean ustedes, pero creo que se trata de gente sin conciencia, gente que cree que las cosas de las que disfrutan estarán ahí para siempre.  Gente que bajo una supuesta consigna de libertad, comete uno de los mayores actos de libertinaje.  Gente que—tal vez sin saberlo—está contribuyendo a colocar los clavos de su propia tumba.

Ya veremos cómo se lidiará con esta clase de mentalidad.  Lo malo es que esto apenas está comenzando…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Desde ya les deseo a tod@s una Feliz Navidad… o para l@s PC (políticamente correct@s) entre ustedes, ¡muchas Felicidades!


* Para información de quienes leen esto fuera de Puerto Rico, a diferencia del proceso de planificación habitual en cada estado de los Estados Unidos, el proceso en Puerto Rico está regido principalmente por una junta que responde a la Oficina del Gobernador (la Junta de Planificación de Puerto Rico).  No obstante, existen una ley (conocida como la Ley de Municipios Autónomos o Ley número 81 de 1991) que le confiere a cada uno de los 78 municipios de Puerto Rico, un mínimo de autoridad para planificar el desarrollo de sus espacios urbanos y rurales, según lo estimen apropiado.

** Our Common Future: From One Earth to One World, por la Comisión Mundial Sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.  Dra. Gro Harlem Brundtland, Presidenta.  Oxford, Inglaterra: Oxford University Press, 1987.


LDB

Misas Sueltas de Junio de 2008

¡Hola, mi gente, dondequiera que estén!

Cualquiera diría que el mundo en general (y Puerto Rico en particular) se dirige hacia un abismo o algo por el estilo.  No hay nada más que ver la desenfrenada carrera que ha emprendido el precio del barril de petróleo, que hasta el viernes 6/13/2008 estaba en US$134.68, según varias fuentes que consulté hoy mientras empiezo a escribir esto (6/15/2008 @ 11:46 UTC -04:00).  (Más abajo las enumero.)*  Y hay hasta quien predice que el precio del petróleo podría dispararse hacia mayores alturas: una de las fuentes que consulté (Oil-Price.net) anticipa que si se sigue la tendencia actual, de aquí a un año el barril podría costar US$174.72.  Lógicamente, los efectos de ese desenfreno no se han hecho esperar, como lo pude comprobar tristemente el lunes pasado cuando le fui a echar gasolina a mi vehículo.  En efecto, ya hace rato que el combustible regular sin plomo, de 87 octanos, se unió a la gasolina premium de 93 octanos y al combustible diesel en superar la marca de los US$3.78 por galón estadounidense (o lo que equivale a US$1.00 por litro; una de esas cosas que sólo pueden ocurrir en un país donde se vende la gasolina por litros, para un@ entonces conducir en millas por hora a distancias medidas en kilómetros… go figure!).  Y peor aún, los costos de la producción y el movimiento de los productos de primera necesidad han aumentado, el costo de producir electricidad también ha aumentado (más sobre eso en breve)…

Y mucho peor que eso es que la causa de que el precio del petróleo se esté yendo al escape, según otras fuentes, es la especulación.  De particular interés es esta cita que me acabo de encontrar, de un artículo de Globalresearch.ca sobre este tema:

The price of crude oil today is not made according to any traditional relation of supply to demand. It’s controlled by an elaborate financial market system as well as by the four major Anglo-American oil companies. As much as 60% of today’s crude oil price is pure speculation driven by large trader banks and hedge funds. It has nothing to do with the convenient myths of Peak Oil. It has to do with control of oil and its price . . . .

Es más: ¿me creerían si les digo que la factura de electricidad de mi residencia para el mes en curso refleja un monto cercano a los US$250.00?  (¡Y eso, que no hace ni dos años pensábamos en mi casa que una factura de electricidad de US$50.00 era cara!)  Lo malo es que apenas un 17% de ese total es el cargo por la electricidad realmente consumida en mi residencia. Pero lo peor es que la mayor parte del monto restante (o un 80% de esa diferencia) es un cargo para la compra de combustible.  Ése es un cargo que para mí nunca ha tenido mucho sentido, y que históricamente la corporación pública que provee la electricidad en Puerto Rico (la Autoridad de Energía Eléctrica [portal en español] [portal en inglés]) ha aumentado o disminuido (más aumentado que disminuido, que conste) según le ha sido conveniente.  (Ojalá y ese cargo se tradujera en un mejoramiento de los salarios y condiciones laborales de los trabajadores de dicha corporación, que a pesar de estar bajo una de las uniones de mayor importancia en el movimiento obrero puertorriqueño—la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego [UTIER]—, todavía es la hora que no han podido negociar su convenio colectivo con la gerencia de la corporación, por las razones que sean.  Pero ya eso es otro asunto.)

¿No sería entonces mejor cambiar el nombre de la corporación pública a algo así como “Autoridad para la Compra de Combustible”, sobre todo si quienes tenemos que cargar con ese muerto somos nosotros?  Digo, esa me parece una buena idea…

El caso es que mientras esto sucede y no se toman medidas para si no poner poner bajo control una situación que no está precisamente bajo su control, amortiguar aunque sea un poco el impacto de esta situación, ¿qué más está ocurriendo en el país?  Van al Desfile Puertorriqueño de New York a exhibirse como el emperador del cuento aquél (el mismo que creyó estar vistiendo lo último en la avenida, mientras el mundo veía su desnudez manifiesta), para entonces ir al siguiente día ante el Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a trasladar la misma discusión inútil de si queremos soberanía o no, o si el caso de Puerto Rico se resolvió en 1953 (cuando la ONU sacó a Puerto Rico de la lista de territorios sobre los que los países colonizadores tenían que informar a dicha organización cada cierto tiempo) y la ONU no tiene que meterse en asuntos que sólo le importan a los EE.UU.  Y entonces regresan aquí a la misma pelea chiquita de todos los días: que si la Resolución Senatorial 99 (de la que escribí no hace mucho) no prosperará en la presente sesión legislativa, aunque los reaccionarios de siempre se apropien de la célebre frase del Gen. Douglas McArthur, “¡Volveré!”; que si la legislatura derrotó la medida que aumentaría automáticamente los sueldos de los legisladores para el periodo 2009–2012, y eso tiene ansiosos a algunos de estos, a los que US$75,000 anuales, más la dieta o per-diem, más otros privilegios (como estipendios para pagar la gasolina de sus “humildes” vehículos oficiales), NO LES ALCANZA para vivir.

Interesantemente, la figura de Cristóbal Colón se hizo sentir… pero no porque hubiese descubierto el nuevo mundo, sino porque este Cristóbal Colón (y me refiero a un representante cameral por el partido que propulsa la estadidad para Puerto Rico, el PNP) quedó al descubierto.  Sí, porque él dice que si no le aumentan su sueldo no podrá renovar su guardarropa como lo hace cada 6 meses, no podrá costear los gastos de lavado y cuido del susodicho guardarropa (US$40.00 semanales, según él lo indica), no podrá llevar a lavar su vehículo oficial cada semana al car wash (apuesto que a él no le gusta ensuciarse las manos lavando su carro; tal vez yo que lavo mi propio carro debería enseñarle a hacerlo)… ¡definitivamente, a él su mísero salario no le alcanza!  PUNTO.

Yo me pregunto si muchos de mis hermanos puertorriqueños nunca han querido entender las consecuencias de elegir para puestos de la mayor responsabilidad a gente que no muestra el más mínimo asomo de esa responsabilidad, el más mínimo decoro, la más mínima integridad.  Total, creo que el refrán dice más o menos que la gente elige lo que se merece…

Mientras tanto, habrá que ver cómo sobrevivimos, sobre todo para que no nos pase esto

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Bye!

* FUENTES: Bloomberg.com: Energy Prices, CNNMoney.com, WTRG Economics, Oil-Price.net.

LDB